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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones. Un saludo muy especial para el misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, para la doctora Kélita Machado de Cunha y también para el doctor Salomón Cunha allá en Jerusalén donde se encuentran, y también para la doctora Nelly Fuentes y su esposo Fernando ahí en Lima, Perú, y para todos los pastores y sus congregaciones en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL, que Dios les bendiga por todo lo que están haciendo, y también por el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística, en donde se trabaja en la Obra de Dios para que Dios siga añadiendo a Su Iglesia los que han de ser salvos para que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Cuerpo Místico de Cristo, y la cual es un Templo espiritual.

Y ahora, leemos en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Nuestro tema es: “CIUDADANOS CELESTIALES.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

A través de la Escritura encontramos que Dios le dice a San Pablo o a través de San Pablo, nos enseña de cosas terrenales y cosas celestiales. El mismo Jesucristo también dice a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, acerca de las cosas celestiales, capítulo 3, verso 1 en adelante para que tengamos el cuadro claro de la conversación que hubo entre Nicodemo y Jesús. Dice:

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?

Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y aquí en este pasaje que leímos nos dice el verso 12:

“Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”

Y ahora, en las cosas terrenales el ser humano tiene que nacer a través de sus padres, pero en las cosas celestiales la persona tiene que nacer del Agua y del Espíritu, o sea, de la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y del Espíritu Santo; así es como se nace del Cielo y así es como se entra al Reino de Dios: naciendo del Agua y del Espíritu, o sea, naciendo del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

El que no nace de nuevo, no puede ver, no puede entender el Reino de Dios, de que hay un Reino celestial y que hay seres celestiales, un pueblo celestial, eso no lo puede entender a menos que nazca de nuevo la persona, no puede ver que hay un Reino celestial al cual pertenecen todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

Por eso San Pablo dice que somos celestiales, dice en la lectura que tuvimos al principio: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Salvador,” de donde también esperamos al Salvador, o sea, del Cielo, de la casa de nuestro Padre celestial donde Jesucristo está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre en el Lugar Santísimo del Templo celestial.

Así como hubo un tabernáculo terrenal que construyó Moisés con el pueblo hebreo en el desierto, del cual Dios le habló, le mostró el diseño, le mostró el tabernáculo que tenía que construir y le fue dicho a Moisés: “Hazlo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.” O sea, que es un diseño divino que le fue dado a Moisés para que hiciera un tabernáculo terrenal, el cual vendría a ser tipo y figura del Templo celestial.

Luego cuando también Salomón construyó un templo, David le dio los planos de ese templo y de todas las construcciones que estarían en ese lugar, y dice el rey David que eso le fue trazado por el dedo de Dios, o sea, que Dios le mostró al rey David cómo tenía que llevar a cabo la construcción de esa casa, de ese templo, y ustedes podrán ver que tendría atrio, lugar santo y Lugar Santísimo, como el tabernáculo que había construido el profeta Moisés.

Encontramos en Primera de Reyes, el capítulo 1 y también en el capítulo 28 y 29 de Primera de Crónicas, todo lo relacionado a la construcción y al establecimiento de Salomón como rey sobre Israel, se sentaría Salomón o se sentó Salomón sobre el Trono de David y obtuvo el Reino de David, porque el que está en el trono es el rey de ese reino, y la Escritura dice que Salomón se sentó en el Trono de Dios sobre Israel, y también dice de ese Trono que es el Trono del Reino de Dios sobre Israel.

Es que el Reino terrenal de Dios es el Reino de David, y el Trono terrenal de Dios es el Trono de David, ese es el Trono y Reino que le corresponde heredar al Mesías Príncipe para establecer el Reino de Dios en la Tierra, restaurar el Reino de Dios en la Tierra y tener como Capital a Jerusalén; es en ese Reino donde el pueblo hebreo recibirá la paz, y la prosperidad y en donde Israel vendrá a ser la cabeza de todas las naciones, cabeza de todas las naciones, porque el Reino del Mesías será mundial y por consiguiente la Capital de ese Reino mundial será Jerusalén, y el Distrito Federal será todo el territorio de Israel.

Es en esa era mesiánica donde Israel recibirá la paz permanente, y en donde estará como cabeza de todas las naciones y toda nación que no le sirva, será destruida, eso es lo que dice la Escritura, por eso también dice la Escritura que el que bendiga a Israel será bendito, sea persona o sea otra nación encabezada en el gobernante de esa nación.

Pero el que maldiga a Israel, sea gobernante de una nación o cualquier individuo, recibirá maldición para sí mismo y su familia y su nación, si es un gobernante. “El que te bendiga, será bendito; pero el que te maldiga, será maldito.”

Y ahora, podemos ver una nación la cual trae bendición o maldición, depende de lo que se haga en favor o en contra de esa nación, y toda persona y toda nación quiere una bendición, ahí tienen un pueblo que el que lo bendiga, será bendito, el que ayude a ese pueblo, será bendito. Todas las naciones que lo ayuden, serán bendecidas y vana tener la bendición de entrar al Reino del Mesías.

Las que se pongan en contra de esa nación, no entrarán al Reino del Mesías, serán destruidas; de eso es que habla la parábola del juicio de las naciones que habló Jesús en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, en donde el Hijo del Hombre cuando se siente en el Trono de Su gloria, que es el Trono de David, reunirá delante de Él a todas las naciones, a unas las pondrá a su derecha, y a otras a Su izquierda; a las de la derecha dirá: “Benditos de mi Padre, benditos, entrad al Reino de mi Padre, entrad al Reino de Dios preparado para vosotros desde antes de la fundación del mundo.”

Y a los de la izquierda dirá: “Apartaos, al fuego preparado para el diablo,” y la explicación porqué unos preguntan: “¿Por qué vamos a entrar?” Los de la derecha; y los de la izquierda también preguntarán: “¿Por qué nos van a echar al lago de fuego, al fuego, al infierno preparado para el diablo?” Porque trataron mal al pueblo hebreo y trataron mal a la Iglesia del Señor Jesucristo, sobre todo trataron mal a la Iglesia del Señor Jesucristo: trae una maldición grande a toda persona que lo haga o a toda nación. Estos pequeñitos hermanos de Jesucristo, sobre todo son los creyentes en Cristo, sus hermanos, pero también se aplica al pueblo hebreo.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo como el pueblo hebreo, son de bendición para quienes los tratan bien, y son de maldición para aquellos que les tratan mal, y no solamente eso, sino que la bendición es para siempre, y la maldición para siempre también, no puede ser quitada ni la bendición ni la maldición, luego que es otorgada por Dios.

Y ahora, hablando de los ciudadanos celestiales, los ciudadanos celestiales están representados en los ciudadanos terrenales; la Iglesia del Señor Jesucristo está tipificada en el pueblo hebreo, y aún más, comenzó con hebreos, y Jesucristo, un judío nacido en la tierra de Israel, circuncidado al octavo día, descendiente del rey David, por consiguiente un príncipe y así por el estilo.

Y encontramos que los discípulos del Señor Jesucristo también eran judíos de diferentes tribus. El Día de Pentecostés trajo la bendición del Espíritu Santo a 120 creyentes en Cristo, o sea, judíos o hebreos, y luego se extendió la bendición a los gentiles porque la bendición pasaría a los gentiles y por eso San Pedro fue enviado a la casa de Cornelio, un oficial romano del ejército romano, pero creyente en el Dios de Israel.

Y luego a través de San Pablo pasó a toda Asia Menor, la bendición del Evangelio de Cristo y por consiguiente el nuevo Pacto que fue dado allá en Jerusalén porque el pacto antiguo bajo la ley, fue dado en otro monte: en el monte Sinaí, pero ahora la ley del nuevo Pacto saldría de Jerusalén, de Sión (la del nuevo Pacto), y esto es bajo la Dispensación de la Gracia.

Ahí tenemos el nuevo Pacto para que entren seres humanos como individuos, Dios trata con gentiles como individuos, con individuos, y con los judíos como nación; ahí está una diferencia, y el que no entiende eso entonces no puede comprender todo lo relacionado al pacto antiguo y al nuevo Pacto.

Y ahora, Dios todavía no ha tratado con Israel como nación bajo el nuevo Pacto, eso hay que dejarlo quietecito porque de eso se va a encargar el Mesías Príncipe de establecer un nuevo Pacto, el nuevo Pacto con Israel como nación, y Él sabrá cómo tiene que hacerlo.

Y para ese tiempo también va a establecer el nuevo Pacto para naciones, va a crear naciones bajo el nuevo Pacto, pero ahora durante estos dos mil años que han transcurrido bajo la Dispensación de la Gracia ¿qué ha estado sucediendo? Dios ha estado creando un pueblo, una raza nueva con Vida eterna. Segunda de Corintios, capítulo 5, verso 17 dice:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”

La Palabra de la reconciliación es el Evangelio de Cristo, que Dios estaba en Cristo reconciliando la humanidad, y ese misterio lo conocemos a través del Evangelio de Cristo y las cartas apostólicas, que es la Palabra de la reconciliación:

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Y ahora, por medio del segundo Adán que es Jesucristo, así como por medio del primer Adán ha venido la raza humana y hemos obtenido como descendientes de Adán y Eva una vida temporera, porque Adán y Eva perdieron la Vida eterna física en el Huerto del Edén cuando pecaron.

Pero en el Programa Divino está que nosotros vivamos eternamente, por consiguiente el segundo Adán, que es Jesucristo, ha venido para darnos Vida eterna, para reconciliarnos con Dios por medio de Su Sacrificio en la Cruz y restaurarnos a la Vida eterna.

Por esa causa Cristo dice: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió (al Padre), tiene Vida eterna y no vendrá a condenación: mas a ha pasado de muerte a vida.” (San Juan, capítulo 5, verso 24).

Por lo tanto, hay un programa de restauración a la Vida eterna, y ese programa es el nuevo Pacto que ha sido establecido por el Ángel del Pacto, Jesucristo, el cual dijo en la última cena con Sus discípulos, tomando el pan y dando gracias al Padre, dio a Su discípulos diciendo: “Este es mi cuerpo, comed,” dando el pan a Sus discípulos, o sea, que tipificó Su cuerpo en el pan; y luego tomando la copa de vino, tipifica Su Sangre en el vino y dando gracias al Padre dice a Sus discípulos: “Tomad de ella todos (o sea, de esta copa) porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).

Y ahora, tenemos un nuevo Pacto prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, y nadie puede establecer un pacto, un Pacto divino, excepto el Ángel del Pacto, el cual le dio al pueblo hebreo a través del Profeta Moisés el pacto allá en el monte Sinaí. Allí estaba el Ángel del Pacto que le había aparecido a Moisés y que a través del profeta Moisés había libertado al pueblo hebreo, y los estaba llevando rumbo a la tierra prometida, pero para ir rumbo a la tierra prometida, tiene que haber un pacto, no puede el pueblo caminar sin una dirección clara de parte de Dios bajo un tratado divino; y por consiguiente, lo que Dios le había dicho a Moisés: “Cuando hayas sacado al pueblo, serviréis a Dios en este monte (en el monte Sinaí),” y allí le fue dado el pacto de esta unión de Dios y el pueblo hebreo. Es un pacto matrimonial entre Dios y el pueblo hebreo.

Así como se lleva a cabo un matrimonio, así fue ese pacto de Dios con el pueblo hebreo, por eso el pueblo tenía que aceptarlo o rechazar ese pacto, y el pueblo dijo: “Sí, seguiremos a Dios, si haremos como Dios dice.”

Y ahora, el nuevo Pacto salió de Jerusalén, del Monte de Sión, Jerusalén; bajo este nuevo Pacto están todas las bendiciones celestiales, bajo este nuevo Pacto el individuo entra a formar parte de los ciudadanos celestiales, porque el nuevo nacimiento no es terrenal, usted no puede decir: “Voy a entrar en el vientre de mi madre para nacer de nuevo,” eso era lo que pensaba Nicodemo, pero eso no es así, es nacer del Agua y del Espíritu, nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, y ahí la persona recibe el Espíritu de Vida eterna, el Espíritu Santo, obtiene el cuerpo angelical y ya tiene Vida eterna, y luego obtendrá el cuerpo físico glorificado que está prometido en la Escritura.

En la lectura que tuvimos de Filipenses, dice que “nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, que lo estamos esperando para que transforme nuestros. Es una promesa divina, ¿para qué? Para que sea nuestro cuerpo transformado como el cuerpo glorificado que Él tiene, una transformación física, y entonces seremos jóvenes representando de 18 a 21 años todos; tendremos la inmortalidad física también y por consiguiente tendremos Vida eterna física como Jesucristo.

Y cuando ya estemos transformados, estaremos una temporada aquí en la Tierra, de unos 30 a 40 días, porque debe ser más o menos como cuando Cristo resucitó: Él estuvo unos 40 días con Sus discípulos apareciendo en diferentes ocasiones, y los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él, también estuvieron apareciendo a diferentes familiares en Jerusalén.

La Escritura dice que resucitaron los santos, muchos de los santos que habían dormido, eso está por el capítulo 27 de San Mateo... les voy a dar el verso para que lo tengan claro, capítulo 27, verso 52 en adelante, 51 en adelante dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

Después de la resurrección de Cristo dice que aparecieron a muchos, salieron de los sepulcros y aparecieron a muchas personas, o sea, Abraham, Isaac, Jacob y todos ellos aparecían a muchos en la ciudad.

Ahora, Cristo luego subió al Cielo, primero se presentó enseguida que resucitó, recuerden que cuando quisieron abrazarlo las mujeres creyentes en Él, Él les dijo que no lo tocaran porque Él todavía no había subido al Padre, pero después más adelante el mismo día permitió que lo abrazaran, que le abrazaran los pies y todo, lo cual significa que ya se había presentado al Padre y ya había regresado; y luego estuvo como unos 40 días apareciendo en diferentes ocasiones a Sus discípulos.

Por lo tanto, ahí tenemos el tipo y figura también de lo que va a ser en la resurrección de los creyentes en Cristo bajo el nuevo Pacto establecido por Dios, todos los correspondientes al nuevo Pacto son ciudadanos celestiales, porque el nuevo nacimiento es celestial, se nace del Cielo, se nace en el Reino de Dios. Por lo tanto, se nace en ese Reino celestial, por eso dice la Escritura que estamos colocados en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro. Nuestras almas han venido del Cielo y el espíritu que recibimos al recibir el nuevo nacimiento, es del Cielo también, y por consiguiente somos ciudadanos celestiales.

Y ahora, veamos lo que nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 9, versos 18 en adelante dice:

“De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre.

Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo,

diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado.

Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.

Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.”

Y ahora, las cosas celestiales que serían purificadas con un mejor sacrificio que el de los animalitos, son los creyentes en Cristo, pertenecen al Cielo, han venido del Cielo para pasar por esta Tierra en el Programa de la Redención. Las cosas celestiales en la Tierra, es la Iglesia del Señor Jesucristo con todos los creyentes en Cristo, son ciudadanos celestiales redimidos por la Sangre de Jesucristo. El verso 11 de este capítulo 9 de Hebreos, dice:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación.

y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”

Eterna redención para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, por lo tanto,

los ciudadanos celestiales son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, esas personas han entrado al Reino de Dios y por consiguiente vivirán eternamente en el Reino de Dios, estas personas serán una bendición grande para el pueblo hebreo, estas personas tienen la bendición de ser reyes del Reino de Dios, de ser sacerdotes del Reino y templo de Dios según el orden celestial de Melquisedec, del cual Jesucristo es el Sumo Sacerdote y los demás sacerdotes, pues son los creyentes en Cristo, pertenecen a un orden sacerdotal celestial, no al orden levítico, no a la descendencia de Aarón, sino al Orden de Melquisedec que es un orden celestial eterno antes del orden levítico o del orden de Aarón.

Por lo tanto, lo celestial es eterno, lo terrenal es temporero; en lo terrenal se refleja, se representa, se simboliza lo celestial, por eso el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, es el tipo y figura del Templo celestial. Y todo lo que era rociado con Sangre cuando Moisés dedicó el tabernáculo a Dios, el pueblo y todos los vasos de servicio del tabernáculo son tipo y figura de lo que hay en el Cielo.

Por lo tanto, bajo el nuevo Pacto están las bendiciones celestiales, las cuales pertenecen a los ciudadanos celestiales, que son personas que han nacido del Agua y del Espíritu, son personas creyentes en Cristo, y “si alguno está en Cristo, nueva criatura es,” pertenece a una nueva raza que Dios está creando con Vida eterna, ya tienen la inmortalidad del alma, ya tienen Vida eterna, y van a tener la Vida eterna física cuando los creyentes en Cristo que han muerto físicamente sean resucitados en cuerpos eternos y glorificados y jóvenes, y los que estén vivos, serán transformados, y entonces tendremos Vida eterna física también.

Son bendiciones para los ciudadanos celestiales. Nuestra ciudadanía terrenal tiene que ver con el cuerpo físico mortal, porque cuando nace el cuerpo físico es que le ponen un nombre y lo registran, esa es la ciudadanía terrenal que corresponde al cuerpo temporero, pero tenemos otra ciudadanía: la celestial, esa tiene que ver con la Vida eterna, esa tiene que ver con todo lo celestial, y por consiguiente estamos sentados con Cristo en lugares celestiales.

Por eso es que en el templo personajes que aparecen, son tipo y figura de personajes del Templo celestial; por ejemplo, Aarón y sus hijos que son sacerdotes, son tipo y figura del orden celestial de Melquisedec, del Sumo Sacerdote Melquisedec, que es el Mesías, el Ángel del Pacto, Sumo Sacerdote del Templo celestial y también Rey, Rey Sacerdote, y por eso todos Sus hijos que son los nacidos del Agua y del Espíritu creyentes en Cristo, pertenecen a esa realeza, por eso son Reyes y pertenecen a ese orden sacerdotal celestial.

Por lo tanto, ese es el Reino celestial de Dios al cual pertenecen todos los creyentes en Cristo. El Reino de Dios restaurado en la Tierra va a tener a todos esos creyentes en Cristo nacidos de nuevo como Reyes, como Sacerdotes y Jueces, o sea, que esas personas serán los que estarán con el Mesías Príncipe en ese Reino terrenal que va a ser establecido en la Tierra para bendición de la familia humana.

El cumplimiento de la Venida del Mesías será la Venida del Ángel del Pacto, el cual va a estar en la Tierra en el Día Postrero, y va a gobernar sobre el Trono de David al mundo entero, y eso será la bendición más grande para Israel, para el pueblo hebreo; todo estará a favor del pueblo hebreo y en favor de toda la humanidad, de todas las naciones.

Hay tantos problemas en las naciones, que los políticos tratan de resolver por un lado, y por otro lado se empeoran las cosas, por eso es que la humanidad desea la Venida del Mesías, la venida de un hombre que gobierne el mundo entero con verdad, con justicia y traiga la paz y por consiguiente la felicidad para la familia humana. Por eso el Ángel del Pacto es el deseado de todas las naciones, tiene que venir para establecer el Reino prometido que traerá la paz para la humanidad.

Y ahora, hemos llegado al tiempo en que esa promesa tiene que ser cumplida, todas las naciones están a la expectativa, todos los políticos saben que algo va a pasar, todos los líderes religiosos saben que algo está por pasar, e Israel también lo sabe.

Por consiguiente las palabras de Jesús son muy importantes cuando dijo que “cuando veamos que suceden estas cosas, levantemos nuestras cabezas porque nuestra redención está cerca,” o sea, la redención del cuerpo que es la transformación de nuestros cuerpos para los que vivimos, y la resurrección en cuerpos eternos de los creyentes en Cristo que ya han muerto.

Nuestra redención, la redención del cuerpo, la glorificación está muy cerca, por lo cual estamos esperando nuestra redención física, la transformación de nuestros cuerpos, para lo cual estamos esperando la Venida del Señor, por eso la promesa es para los ciudadanos celestiales, que pueden decir: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, con el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

La Gran Voz de Trompeta o trompeta final; a la final trompeta dice San Pablo, “porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles, o sea, cuerpos glorificados, y nosotros los que vivimos, seremos transformados.” (Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58).

La final trompeta es el final mensaje de Dios, el mensaje del Evangelio del Reino siendo predicado en la Tierra, el mensaje del Reino, tan sencillo como eso. Por eso dijo Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 14: “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”

La predicación del Evangelio del Reino estará girando alrededor de la segunda Venida de Cristo porque Su venida es para transformar nuestros cuerpos y para restaurar el Reino de Dios en la Tierra, que será la restauración del Reino de David.

Y ahora, ciudadanos celestiales sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús, con nuestra fe puesta en Cristo, esperamos nuestra transformación; está muy cerca , ¿y por qué no ha ocurrido todavía? Porque hasta que entre al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último que formaría parte de ese Cuerpo Místico de creyentes, Cristo no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo, donde está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre por todo aquel que lo recibe como único y suficiente Salvador, y por todo aquel que ya es un creyente en Cristo que comete alguna falta, error o pecado y lo confiesa a Cristo, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado. O sea, que nos mantiene limpios de todo pecado, lo cual está tipificado en el Lavatorio de Pies que se efectúa en la Santa Cena.

Y ahora, podemos ver que estos ciudadanos celestiales son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, tienen la Sangre de Cristo aplicada en sus vidas por medio de la vida de la Sangre que es el Espíritu Santo, porque la vida está en la Sangre, y el Espíritu Santo es la vida de la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, todos necesitan el Espíritu Santo para tener la vida de la Sangre de Cristo aplicada en sus vidas. Para este tiempo final hay una bendición muy grande para los ciudadanos celestiales que están representados en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, porque aquellos templos también tipifican la Iglesia del Señor Jesucristo, porque la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual compuesto por piedras vidas que son seres humanos que han recibido a Cristo como Salvador y están formando ese Templo espiritual.

De Adán hasta Jesucristo, hasta Cristo, corresponde al Atrio del Templo, del Templo humano, formado por seres humanos; de los apóstoles hasta el séptimo mensajero de la Iglesia entre los gentiles, en la séptima edad de la Iglesia gentil, corresponde al Lugar Santo; y por esa causa el candelero o candelabro con siete lámparas, tipifica la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por siete edades representada en las siete lámparas, y esas siete luces de esas siete lámparas, esas mechas encendidas representa al mensajero encendido con el Espíritu Santo de cada edad.

Pero luego tenemos que pasar a la etapa del Lugar Santísimo que corresponde a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, en la cual nos encontramos y en donde Cristo está juntando a Sus escogidos, los que formarían la parte de ese Templo espiritual, formarían la parte del Lugar Santísimo del Templo espiritual.

En esa etapa de la Iglesia es que se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo y cambiará, saldrá del Lugar Santísimo y cambiará de Sacerdote a Rey, de Cordero a León, y por consiguiente comenzará un nuevo ciclo divino muy importante para la familia humana, pero ya no habrá intercesión en el Cielo; “el que sea justo, practique la justicia todavía, o sea, el santo, santifíquese todavía;” y el que está sucio porque no fue limpiado por la Sangre de Cristo cuando tuvo oportunidad, ya no habrá Sangre en el Cielo para hacer intercesión por la persona.

Por lo tanto, se quedará así y pasará por la gran tribulación para ser purificado si cree en el Dios de Israel, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y cree en Jesucristo, por lo tanto las vírgenes insensatas que no tenían aceite en sus lámparas y por consiguiente no tenían la vida de la Sangre, pasarán por la gran tribulación y morirán en la gran tribulación, serán purificadas en la gran tribulación juntamente con ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, y todo el pueblo hebreo también pasará por esa etapa de purificación que vendrá para el planeta Tierra, para las vírgenes insensatas y también para el pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

El planeta Tierra con los problemas que tiene, tendrá en erupción los volcanes que existen, habrá muchos terremotos, muchos maremotos y también una tercera guerra mundial que será atómica; eso traerá el día ardiente como un horno para la raza humana, y no hay forma de evitarlo porque ya está en la profecía bíblica hablado lo que va a suceder.

¿Y qué podemos hacer para escapar? Solamente van a escapar los ciudadanos celestiales escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales van a ser transformados y van a obtener el cuerpo eterno, el cuerpo nuevo igual al cuerpo glorificado de Jesucristo, van a ser glorificados; y los que murieron creyentes en Cristo nacidos de nuevo, van a ser resucitados en cuerpos eternos, y luego irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero que durará tres años y medio mientras la Tierra estará pasando por esa etapa de purificación. Tan sencillo como eso ha de suceder.

Y ahora, los ciudadanos celestiales estarán preparados para su transformación en el Día Postrero, porque estarán recibiendo la fe para ser transformados bajo la trompeta final o Gran Voz de Trompeta, bajo la predicación del Evangelio del Reino, para así ser transformados. Tendrán esa fe para ser transformados.

Escasamente la gente tiene fe para ser sanadas, para sanidad divina, pero se necesita fe genuina para ser transformados, que es algo mayor que una sencilla sanidad; va a ser una sanidad total, será una sanidad del cuerpo, una transformación en donde serán transformados los creyentes en Cristo, tendrán un cuerpo joven y eterno que representará de 18 a 21 ños de edad, para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo.

Eso es lo que Dios tiene para los ciudadanos celestiales, para los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Recuerden que esas personas pertenecen al Cielo, son ciudadanos celestiales, pertenecen al Templo celestial, pertenecen a la Jerusalén celestial, eso es lo que nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos...”

¿Dónde están los nombres de esas personas? En el Cielo escritos porque son personas que han nacido del Cielo, el nuevo nacimiento es del cielo y por consiguiente así como tenemos registrado nuestro nombre de nuestro nacimiento terrenal en la nación donde hemos nacido, ahora el nuevo nacimiento por cuanto es del Cielo, tiene nuestro nombre en el Cielo escrito en la Jerusalén celestial.

“...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos (los espíritus de los justos son los cuerpos angelicales de los creyentes en Cristo),

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora, podemos ver que aunque no hay un templo en Jerusalén del pueblo hebreo como lo hubo en el tiempo de Salomón y los demás reyes, porque fue destruido en el año setenta de la era cristiana por el General romano Tito Vespasiano cuando entró con su ejército y destruyó a Jerusalén, destruyó el templo y llevó, y se llevó del templo los utensilios para Roma. De ahí hacia acá el pueblo hebreo no ha tenido templo, ha tenido sinagogas en diferentes lugares de la tierra de Israel y otras naciones, pero el templo ya no lo ha tenido.

Bajo el nuevo Pacto los ciudadanos celestiales tienen un templo celestial en la Jerusalén celestial, el Templo de Dios es un Templo eterno con un orden sacerdotal eterno, el Orden de Melquisedec.

Y ahora, podemos ver que por causa del pueblo hebreo no tener el templo en Jerusalén, la gloria de la Shekinah, la gloria de Dios que libertó al pueblo hebreo, que les acompañó en el camino y que entró al tabernáculo que construyó Moisés y luego entró al templo que construyó el rey Salomón, ya no está allá en Jerusalén, no está el templo; pero la gloria de Dios está en el Templo celestial, y la gloria de Dios ha estado en Su Iglesia por medio de la presencia del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Y la gloria de Dios va a estar en toda Su plenitud en ese Templo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos en Cristo, y entonces en la Iglesia del Señor Jesucristo, ese Templo espiritual estará la gloria de Dios en toda Su plenitud en el Lugar Santísimo de ese Templo, que es la Edad de la Piedra Angular, ahí es donde está la promesa para la gloria de Dios estar en toda Su plenitud, lo cual estamos esperando.

Por lo tanto, toda persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero escuchará la Voz de Cristo el buen Pastor. Cristo nos representó en ovejas, y Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Por lo tanto, la Voz de Cristo el buen Pastor, ha estado recorriendo la Tierra, la Voz de Cristo el buen Pastor, es el Evangelio de Cristo que ha estado siendo predicado en todas las naciones, ese es el llamado para las ovejas del Señor. Él dijo: “También tengo otras ovejas, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz y habrá un rebaño y un pastor.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18).

La Voz de Cristo el buen pastor es el Evangelio siendo predicado, las ovejas son las personas que escuchan el Evangelio de Cristo y lo reciben como Salvador, y el redil de esas ovejas es la Iglesia del Señor Jesucristo, y el buen Pastor es nuestro amado Señor Jesucristo.

Por lo tanto, ¿quiénes son esas ovejas? Somos nosotros los que creemos en Cristo, los que lo recibimos como nuestro Salvador, y por consiguiente esas son las personas de las cuales San Pablo dice: “Nuestra ciudadanía está en los Cielos,” somos ciudadanos celestiales.

Por eso la angustia existencial ha desaparecido de nuestros corazones, de nuestras mentes, de todo nuestro ser, porque sabemos de dónde hemos venido: somos ciudadanos celestiales, hemos venido del Cielo, de la Jerusalén celestial donde está escrito nuestro nombre desde antes de la fundación del mundo, hemos venido a la Tierra para un y por un propósito divino: para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en nuestra alma, creer y recibirlo como nuestro Salvador para obtener nuestra redención.

Y sabemos a donde vamos, sabemos porqué estamos en la Tierra y sabemos a dónde vamos: vamos a la eternidad, vamos al Reino eterno del Señor para vivir con Él por toda la eternidad, y tenemos una invitación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero: “Bienaventurados los que son convidados, llamados a la Cena de las Bodas del Cordero,” le dice el Ángel a Juan el apóstol en Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10.

O sea, que yo soy bienaventurado porque escuché y recibí la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Estamos invitados, convidados a la Cena de las Bodas del Cordero, por eso estamos preparándonos para la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo, en la casa de nuestro Padre celestial.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y lo haga un ciudadano celestial. Para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted, y en las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos minutos.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, los que están presentes y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también y para toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma.

Ustedes son ovejas del Señor porque están escuchando el Evangelio de Cristo, la Voz de Cristo, lo cual Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna,” es para darnos Vida eterna que se predica el Evangelio y se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.

Es Vida eterna lo que recibe la persona que recibe a Cristo como Salvador, no hay otra persona que nos pueda dar Vida eterna, solamente hay uno y Su Nombre es Señor Jesucristo, y Él es mi Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también.

Pronto se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, y luego seremos transformados. Hasta que se complete no habrá resurrección de los muertos ni transformación de los vivos; es que ninguna oveja del Señor se puede perder, tienen que estar todas en el redil del Señor, la Iglesia del Señor, el Cuerpo Místico de Cristo.

En las demás naciones puede continuar viniendo a los Pies de Cristo, y los que están aquí presentes también, pues Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Goiania y también en toda la República del Brasil y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando porque eres una oveja del Señor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Lo más importante es la vida, sin la vida las demás cosas no tienen valor, y si la vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna. Sin Vida eterna el ser humano no puede vivir eternamente, ¿y cómo puede conseguir la Vida eterna? A través de Cristo. Solamente Cristo tiene la exclusividad de la Vida eterna y la otorga a aquellas personas que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Jesucristo, Su Hijo, el que tiene a Su Hijo, al Hijo, a Cristo, tiene la Vida eterna; el que no tiene al Hijo, a Cristo, no tiene la vida, no tiene la Vida eterna; y sin Vida eterna no hay futuro eterno, sin Vida eterna no hay esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios.

Todos necesitamos la Vida eterna, y por consiguiente todos necesitamos a Jesucristo que es el que tiene la exclusividad de la Vida eterna y la otorga a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, en las demás naciones si están listos, ya con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra, de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma; creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrifico de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, el Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados porque vosotros le habéis recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

La pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el bautismo es tipológico, el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Por lo tanto, en el bautismo en agua la persona se está identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo en agua es tipológico como les he dicho. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua, por lo cual pueden ser bautizados conscientes de la tipología, del simbolismo del bautismo en agua.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y dejo con ustedes al reverendo Josué Cunha para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

“CIUDADANOS CELESTIALES.”

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