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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y en esta ocasión nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender Su Palabra. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico y aprecio ese sentir tan hermoso con el cual lo están haciendo, haciéndolo de todo corazón con amor divino, con amor a Jesucristo.

Hay muchas personas que siempre preguntan acerca del tiempo, para las navidades, en donde algunos desean colocar una parte del bono que reciben, y otros desean colocarlo todo, y preguntan si lo pueden hacer: si sale desde lo profundo de su corazón, desde lo profundo de su corazón, bien lo pueden hacer, que Cristo lo coloque como tesoros siendo hechos en Su Reino para disfrutar las recompensas en el Reino del Mesías.

Y todo lo que están haciendo en todo el año, también Dios lo colocará como tesoros siendo hechos en el Reino de los Cielos. Recuerden que Él dijo: “Haced tesoros en el cielo,” y así es como se hace tesoros trabajando en el Obra del Señor, trabajando con nuestras propias manos, trabajando en todos los aspectos de la obra, colaborando con tiempo y también económicamente y en todas las formas en que se trabaja en el Reino de los Cielos, en la Obra del Señor. Apocalipsis 22, verso 12, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Así que de acuerdo a como haya trabajado, va a ser recompensado. El que trabajó mucho, será recompensado mucho, por eso el apóstol Pablo decía que el que siembra poco, poco cosechará, y el que siembra mucho, mucho cosechará.

El consejo es que sembremos al máximo para que cosechemos mucho en el Reino del Señor. Recuerden que la buena tierra son los hijos del Reino, los hijos e hijas de Dios, los cuales oyen la Palabra y la entienden y llevan fruto, unos a treinta, unos a sesenta y otros a ciento por uno.

Así que, unos llevan más fruto que otros, y por eso unos van a cosechar grandes galardones, más galardones que otros que trabajaron poco. Por lo tanto, queremos que todos tengan la oportunidad de trabajar mucho en la Obra del Señor, sembrar mucho para que los escogidos del Día Postrero tengan los galardones más grandes en el Cielo, lo cual es posible para los que viven en este tiempo, para los que ya vivieron en otras edades, ya no tienen más oportunidad de sembrar más, porque ya ellos hicieron la labor correspondiente a su tiempo.

Por lo tanto, sembremos mucho y cosecharemos mucho, sembremos mucho en el Reino de Cristo, y Él dará grandes galardones a todos sus hijos de este tiempo final.

También aprecio mucho el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística en todas las naciones, porque con la obra que se lleva a cabo, la enseñanza del Evangelio, para el recogimiento de los escogidos en el tiempo final.

Así como ha sucedido en otras edades, pues la orden de Cristo fue:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

También aprecio mucho el respaldo que le están dando a AMISRAEL, ustedes han visto las labores que ha estado llevando a cabo AMISRAEL y el éxito que ha tenido en ellas. Por lo tanto, están todos ustedes respaldando a AMISRAEL y sus labores, lo cual es un trabajo de éxito asegurado. O sea, que estamos invirtiendo trabajo, colaboración, el respaldo en todos los sentidos, económicamente y también de trabajo con AMISRAEL, y yo aprecio mucho ese respaldo que le están dando. Que Dios les bendiga por lo que están haciendo, y les recompense en Su Reino grandemente.

Para esta ocasión leeremos un pasaje muy importante que Cristo habló, donde Cristo habló en forma parabólica (en parábolas), diciendo en el capítulo 19 de San Lucas, verso 10, y luego pasamos, pasaremos al capítulo 18 de San Mateo, versos 10 al 14. En San Lucas, capítulo 19 nos dice Cristo en el verso 9 al 10:

“Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Y nos da una explicación más clara el capítulo 18 de San Mateo, versos 10 al 14 que dice:

“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “¿DÓNDE ESTÁS TU?”

Y esta situación aquí que muestra Cristo es paralela a la del tiempo de Adán y Eva. Dios colocó a Adán y Eva en este planeta Tierra con Vida eterna, pero todavía no estaban adoptados, estaban en una etapa de prueba; ellos pecaron, Eva pecó y dio a Adán, y Adán pecó también, y luego que fueron abiertos sus ojos comprendieron que estaban desnudos y tomaron hojas de higuera para cubrir su desnudez; primero no se avergonzaban, estaban desnudos y no se avergonzaban, estaban en inocencia.

Es como los niños, pueden estar desnudos todos, niñitos y niñitas y no se avergüenzan, pequeñitos, porque no saben nada del pecado, pero después que llegan a cierto momento en sus vidas, ya si se avergüenzan.

Y ahora, en la etapa de la inocencia o Dispensación de la Inocencia, Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban, pero cuando fueron abiertos sus ojos al pecar, luego ya se avergonzaban y se cubrieron con hojas de higuera.

Al escuchar la Voz de Dios que los visitaba cada día, ya cuando habían pecado escuchan la Voz de Dios y se escondieron, y vean lo que dice aquí, capítulo 3, verso 7 en adelante:

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”

Y ya el ser humano comienza a echarle la culpa a otra persona, Adán comienza a echarle la culpa a otra persona, a la persona más cercana, a su mujer, y ahí encontramos que Dios aunque el ser humano había pecado, no dejó de aparecerle, de visitarlo en el Huerto del Edén, porque así como todo buen amigo, cuando tiene algún problema su amigo, no va a dejar la amistad o va a dejar de visitarlo; más bien lo visita, trata de verlo para animarlo, darle ánimo, no se vaya a quitar la vida.

Y ahora, en esta misma forma acá, el Hijo del Hombre viene para buscar y salvar lo que se había perdido, así como vino Dios en el Huerto del Edén para salvar a Adán y a Eva, por eso allí se establece lo que sería el Sacrificio de Cristo para la salvación del ser humano; Dios le da pieles a Adán y a Eva porque las hojas de higuera no funcionan.

Las religiones no es lo que quita el pecado, es la Sangre de Cristo derramada en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, sin derramamiento de Sangre no hay remisión de pecados, no puede haber redención para el ser humano.

Por lo tanto, el Hijo del Hombre viene para buscar y salvar lo que se había perdido, llevando a cabo su Sacrificio en la Cruz del Calvario en donde Su cuerpo físico, no de esta creación porque fue creado por Dios, y es puesto en Sacrificio llevando nuestros pecados para que nosotros podamos vivir eternamente, y por eso es que Él dice en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante: “También...” vamos a leerlo:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.”

Vean, Él pone Su vida por las ovejas, estas almas de Dios, estas personas que vienen de Dios:

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

Ya sabemos que el buen Pastor es Cristo, y sabemos que el rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿y las ovejas quiénes son? Pues somos nosotros, esas son las personas que Él dice:

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

¿Cómo van a escuchar la Voz de Cristo? La voz de Cristo por medio de Su Espíritu Santo a través del Evangelio de Cristo, el Evangelio de Jesucristo es la Voz de Cristo hablando por medio del Espíritu Santo usando instrumentos de carne, mensajeros, ministros llevando el Evangelio de Cristo por todos los lugares:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso.

La Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo, por eso se le llama también el Evangelio de nuestra salvación y se le llama también el Evangelio de la paz, de la paz para el alma del ser humano, la paz de Dios, la cual Cristo da a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, porque por medio de Cristo la persona es restaurada a la Vida eterna, es reconciliada con Dios y entonces tiene paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Sin Cristo el ser humano no tiene paz con Dios, no está como amigo de Dios, de esto es que habla San Pablo en Efesios, capítulo 2, versos 11 en adelante donde dice... Efesios, capítulo 2, versos 11 en adelante dice:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca.”

Vean, nos reconcilia con Dios, Cristo, y nos da las buenas nuevas de paz, de paz para con Dios al ser reconciliados por medio de Cristo.

Y ahora, el creyente en Cristo está en paz con Dios, no está en guerra con Dios sino en paz con Dios:

“Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahora, podemos ver aquí cómo es que hemos sido reconciliados con Dios y ahora tenemos paz para con Dios. También en Primera de Tesalonicenses el apóstol Pablo habla en el capítulo 5, y nos dice, verso 1 en adelante, dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo (por medio de nuestro Señor Jesucristo),

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

Y ahora, no nos ha puesto Dios para ira, no somos hijos de ira, sino que somos hijos de luz para salvación. Estamos reconciliados con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador; tenemos otras Escrituras aquí, siendo que los domingos es día de estudio bíblico, en el capítulo 5 de Segunda de Corintios, dice verso 14 en adelante:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;

y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Y luego el capítulo 6, verso 2 nos dice de este mismo capítulo... de esta misma carta de San Pablo, Segunda de Corintios, capítulo 6, verso 2 dice:

“Porque dice:

En tiempo aceptable te he oído,

Y en día de salvación te he socorrido.

He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

El día de la gracia, la Dispensación de la Gracia es el tiempo de salvación para todos los que oyen la Voz de Dios, como la escuchó Adán y Eva en el Huerto del Edén, la Voz de Dios llamando y buscando a Adán y a Eva.

Y ahora, la Voz de Dios por medio de Cristo, por medio del Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, ha estado buscando al ser humano, como Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer; y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.”

Si oyes hoy la Voz de Cristo, dice San Pablo en el capítulo 3, verso 7 de Hebreos, y capítulo 3 también de Hebreos, verso 15 y capítulo 4, verso 7: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Es la Voz de Cristo, la Voz de Dios, la misma Voz que le dice a Adán y a Eva: “¿Dónde estás tú?” Esa es la misma Voz de Cristo, el Ángel del Pacto por medio del Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo en esta Tierra buscando a cada persona que está representada en una oveja del Señor, que se había descarriado, pero el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido, o sea, que vino a buscar y salvar esas ovejas que se habían descarriado, y escucharían Su Voz y vendrían al buen Pastor y Él les colocaría en Su rebaño y en Su redil para vivir eternamente.

“¿DÓNDE ESTÁS TU?”

Cada ser humano en la Dispensación de la Gracia está como Adán estaba: escondiéndose, y Dios lo llama, Cristo lo llama para darle Vida eterna, para reconciliarlo con Dios y colocarlo en el Reino de Dios.

Yo escuché esa Voz, la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo a través del Evangelio de Cristo, y respondí, vine a Él y Él me recibió en Su Reino, Él me salvó, lo recibí como mi único y suficiente *Salvador.

No hay otro medio de salvación, no hay otra persona que te pueda salvar a ti o a mí, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo, Él me salvó a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, y al escuchar Su Voz, Su Evangelio en esta ocasión, nació la fe de Cristo en su alma y está creyendo en Cristo y creyendo en la primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por sus pecados, ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador, para así Cristo con Su Sangre preciosa limpiarlo de todo pecado, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en usted el nuevo nacimiento y así Cristo colocarlo en Su Reino.

Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto, te digo que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6). Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo y así la persona recibe el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, pueden pasar al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, y los que están en otras naciones también pueden recibir a Cristo como Salvador, los que todavía no lo han hecho para que Cristo les reciba en Su Reino y así obtengan la Vida eterna.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo y estaremos orando por usted. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino. Recuerden que es un asunto de salvación y Vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cristo ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido, Él mismo lo ha dicho: “Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial (dice Cristo) que se pierda uno de estos pequeñitos,” y dice que los Ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de nuestro Padre, dice: “De mi Padre en el cielo.” Los Ángeles de estos pequeñitos son los cuerpos angelicales de estos pequeñitos, de estas ovejas del Señor que escucharían Su Voz y lo recibirían como único y suficiente Salvador.

Es importante saber que cada oveja del Señor, cada hijo e hija de Dios tiene un cuerpo angelical celestial que ve el rostro de nuestro Padre celestial, dice Cristo; ese es el Ángel guardián de cada cristiano, de cada persona creyente en Cristo.

Ese es el Ángel del cual la Escritura dice que el Ángel de Jehová, el Ángel del Señor mora, habita alrededor del creyente y lo defiende, el Ángel del Señor acampa alrededor de la persona y lo defiende.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, muchas ovejas en esta ciudad, en todo el departamento o distrito o estado, y también en toda la República Mexicana y los está llamando en este Día Postrero, y en toda la América Latina y en Norteamérica y en todas las naciones, y los está llamando para completar Su Iglesia, para completar Su redil de ovejas, de hijos e hijas de Dios.

Esto es para completar Su Iglesia en este Día Postrero y pueda Cristo completar su labor de intercesor en el Cielo, salir del Trono de Intercesión, tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo; y resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos, inmortales, glorificados como el que tiene Cristo, y a nosotros los vivimos y permanecemos vivos, transformarnos, y entonces tener cuerpos inmortales, cuerpos eternos, cuerpos jóvenes que representarán de 18 a 21 años de edad, cuerpos glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Ese es el propósito divino para con todas las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna, es Vida eterna lo que Cristo le da a la persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Todos queremos la Vida eterna, si esta vida que es temporera es tan buena, cómo será la Vida eterna, como será vivir en un cuerpo eterno; si vivir en un cuerpo temporero, mortal, corruptible es tan bueno, cómo será vivir en un cuerpo inmortal y joven para toda la eternidad, un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Cuando estemos en ese cuerpo nuevo podremos decir: “La decisión más grande que yo hice en mi vida, fue recibir a Cristo como mi Salvador, porque no hay otra decisión más grande.” Lo más importante es por consiguiente la salvación de nuestra alma, porque eso es lo que somos: alma viviente; el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, y lo más importante es el alma de la persona, porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente; el cuerpo de la persona es el que tenemos, y es temporero; el espíritu de la persona es otro cuerpo, un cuerpo espiritual de otra dimensión; pero el alma es lo que en realidad es la persona.

Es como Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Señor Jesucristo hablando del Padre dijo: “El Padre mayor que Yo, es,” ¿ven? Así es el ser humano: alma, espíritu y cuerpo, pero podemos decir: “Mi alma es mayor que mi cuerpo físico,” porque eso es lo que es en sí la persona: alma viviente.

Lo más grande que usted tiene, es el alma; el cuerpo es importante para vivir en esta dimensión terrenal, pero es por un tiempo, y mientras estamos en este cuerpo físico es que tenemos la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador para que nos dé la Vida eterna, porque la exclusividad de la Vida eterna Dios la ha dado a Jesucristo. Dice la Escritura en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13: “Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo (o sea, en Jesucristo); el que tiene al Hijo (o sea, a Cristo porque lo recibió como Salvador), tiene Vida eterna; mas el que no tiene al Hijo (porque no lo ha recibido como Salvador), no tiene la vida (o sea, no tiene la Vida eterna),” podrá decir: “Yo tengo vida,” pero esa vida es temporera, pero la Vida eterna la tienen solamente los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y la buena noticia, dice el mismo Juan en esa misma carta, Primera carta capítulo 5, versos 10 al 13, y vamos aquí a leerlo, la buena noticia que él nos da, dice:

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (la buena noticia es que tenemos Vida eterna), y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

“Porque no hay otro Nombre dado a los hombres, en que podamos ser salvos,” dice San Pedro en el capítulo 4, verso 12 del libro de los Hechos, predicando allí en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, sabemos que no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos, el Nombre de salvación es Señor Jesucristo; por lo tanto, todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, de otro modo no hay esperanza de Vida eterna para el ser humano; la esperanza de Vida eterna para el ser humano está en Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

El que cree en Cristo, tiene Vida eterna; el que no cree en Cristo, no tiene Vida eterna. Por lo tanto, ¿de qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” Dice Cristo en San Mateo, capítulo 16, verso 26 al 28, y dice: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”

Así que, es una bendición grande recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, es un asunto de Vida eterna para nuestra alma, porque ¿de qué le vale al hombre vivir en esta Tierra y ser rico y ganar todo el mundo, y perdiere su alma? Porque el alma es lo que en realidad es la persona: alma viviente.

Si pierde su alma de nada le sirvió vivir en esta Tierra, será condenado y dejará de existir porque será echado en el lago de fuego, tan sencillo como eso, y es mejor saber que eso es así mientas estamos vivos, para entonces buscar a Cristo, recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, porque Él es el único que nos puede salvar de la segunda muerte que es el lago de fuego.

En los demás países pueden seguir viniendo a los Pies de Cristo, y los niños de diez años en adelante también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, también los que están aquí presentes. Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para lo cual estemos puestos en pie para la oración por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

En las demás naciones también puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti y en Tu primera Venida dos mil años atrás, y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador; te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes han creído en Cristo y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua no quita los pecados, el agua no tiene poder para quitar los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Por lo tanto, siendo un mandamiento del Señor Jesucristo el cual también Cristo cumplió cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando Juan bautizaba a todos los que creían su mensaje, llegó Jesucristo allá el Jordán en Judea y entra a las aguas del Jordán, y Juan cuando lo ve le dice, la pregunta: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó y vino el Espíritu Santo sobre Jesús.

Luego de ser bautizado por Juan el Bautista, luego de subir de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino y se posó sobre Jesús, y la Voz del Cielo dijo, el Padre: “Éste es mi hijo amado, en quien tengo complacencia,” es identificado como el Hijo de Dios, y cada persona que recibe a Cristo y luego es bautizada y luego recibe el Espíritu de Cristo, es reconocida como un hijo o una hija de Dios, ha nacido de Dios, ha nacido del Cielo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultada la persona. Y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Así de sencillo es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor, porque el bautismo en agua en el Nombre del Señor es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Y ahí estamos mostrando que nos identificamos con Su muerte, sepultura y resurrección y que estábamos con Él y en Él cuando Él murió, fue sepultado y resucitó. Así como Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Donde quiera que es llevado un grano de trigo, ahí va una planta de trigo con muchos granos de trigo, aunque las personas no lo vean, pero el agricultor lo entiende, siembra ese grano de trigo y nace la planta de trigo, crece y lleva muchos granos de trigo.

Cristo murió como el grano de trigo, fue sepultado, y el Día de Pentecostés una planta de trigo: la Iglesia del Señor Jesucristo, nació para llevar muchos granos de trigo, o sea, muchos hijos e hijas de Dios que Cristo en Espíritu Santo se reproduciría, produciría por medio de Su Iglesia, en Su Iglesia.

Por lo tanto, la Iglesia es la planta de trigo, ¿y quiénes son los granos de trigo? Todos los que recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, los que están presentes y los que están en otras naciones.

Dejo al ministro Epifanio López para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país y en cada ciudad y en los diferentes lugares de la República Mexicana, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“¿DÓNDE ESTÁS TU?”

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