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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, junto a sus pastores y sus congregaciones en diferentes lugares. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística, con la cual se lleva el Evangelio de Cristo y se da a conocer el Programa Divino correspondiente a la primera Venida de Cristo, y también al Programa Divino correspondiente a la segunda Venida de Cristo, y son llamados los escogidos, las ovejas del Señor, los hijos e hijas de Dios en el Redil del Señor que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

También aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando a AMISRAEL. AMISRAEL en estos días está trabajando mucho, está trabajando fuertemente en toda esta área de Veracruz y en otros lugares, otros estados, como el Estado de Tabasco y demás lugares donde las lluvias y las inundaciones han estado causando grandes estragos y el pueblo ha estado sufriendo mucho. AMISRAEL está para ayudar, para trabajar en favor del pueblo, en favor de la paz de los hogares, de los individuos y de las naciones.

Por lo tanto, aprecio y agradezco mucho ese respaldo que le están dando a AMISRAEL, no sé si ya el misionero Miguel Bermúdez Marín pasó el video, ¿no lo tienen aquí? No hay lugar donde se pueda ver... ¿no lo tienes, Miguel? ¿Pero será el mismo que hemos pasado? El último... está bien.

Leemos una Escritura que se encuentra en Isaías, capítulo 41, versos 4 al 13, y dice de la siguiente manera:

“¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros.

Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la tierra se espantaron; se congregaron, y vinieron.

Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate.

El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.

Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.

Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “ESFUÉRZATE QUE YO SOY TU AYUDADOR.” Por lo cual así como ha pasado en tiempos pasados: siempre ha habido un mensajero con un pueblo, un mensajero con un pueblo, ambos esforzados con Dios como su ayudador.

Encontramos a través de la historia bíblica que Noé fue un hombre esforzado juntamente con su familia, trabajando en la Obra de Dios construyendo el arca para la salvación de él con su familia y con todos los que entraron al arca: animales, reptiles y aves. Y en aquel tiempo lo criticaron mucho, porque anunciar que vendría un diluvio e inundaría al planeta Tierra y perecerían los seres humanos, era algo inaceptable por la ciencia y por la política y por lo seres humanos, porque en aquel tiempo no llovía. Es como anunciar en Lima, Perú un aguacero que va a inundar Lima, Perú, allí no llueve, la lluvia que hay allí es un ‘serenito’ que cae, una llovizna que cuando está cayendo, las personas dicen: “está lloviendo,” y uno mira, y para nosotros eso es una llovizna que hasta sin sombrilla, sin paraguas uno se va caminando.

Pero, si Dios lo dice, pues Dios lo va a hacer; por lo tanto el diluvio fue Palabra de Dios hablada, revelada a Noé, y cuando Noé la habló vino a ser la Palabra de Dios. Mientras es revelado o está en la mente de Dios todavía no es la Palabra, pero cuando es comunicado al mensajero que Dios tiene para ese tiempo y él lo habla, es la Palabra de Dios creadora hablada; mientras no es hablado es el pensamiento de Dios. Es como cuando usted está pensando algo, todavía no es la palabra suya porque usted no la ha hablado, pero cuando la habla ya esa es su palabra, pasa a esa etapa, a esa fase.

Y ahora, tenemos la promesa de la ayuda de parte de Dios, pero se requiere ¿qué? Ser esforzado, esforzarse y ser valiente, no temer, porque Dios está con nosotros. Así fue con Noé, así fue con Moisés, con Abraham también; así fue con Moisés, un hombre con un pueblo esforzado, Moisés y el pueblo, más Moisés que el pueblo, y Dios estaba con él. El pueblo tenía muchos problemas y Moisés también, pero Dios estaba con él. O sea, que uno no puede mirar los problemas, sino ver que Dios está con nosotros y que hay promesas divinas para ese pueblo y ese mensajero.

Para Moisés y el pueblo estaban las promesas de Génesis, capítulo 15, donde Dios había prometido a Abraham, del verso 12 al 19, que su simiente sería extraña en una tierra ajena y sería esclava allí, pero que a los cuatrocientos años... por cuatrocientos años y a los cuatrocientos años cumplidos ya, Dios los libertaría con mano poderosa, o sea, con juicios divinos; eso es como cuando alguien le va a quitar algo a otra persona, y lo hace con mano fuerte, con las manos fuertes; eso habla de batalla, de forcejeo.

Y ahora, Dios con mano fuerte, mano poderosa traería los juicios, las diez plagas para la liberación del pueblo hebreo, dice: “Y a la nación a la cual servirán, juzgaré Yo.” Dios las juzgaría, Dios es el Juez y dictaría la sentencia, que fueron las plagas, la diez plagas que vinieron sobre Egipto; y el pueblo lo sacó rumbo a la tierra prometida. Pero vean, ellos tenían algo que los egipcios no tenían: tenían el sacrificio del cordero pascual el cual protegía y guardaba los primogénitos del pueblo hebreo de la muerte.

La noche en que la muerte iba a entrar por Egipto e iba a morir todo primogénito, comenzando desde el primogénito hijo del rey, el heredero al trono, en todo Egipto todos los primogénitos morirían, excepto aquellos que estarían en los hogares hebreos en donde estaría la sangre del cordero pascual que cada padre de familia había sacrificado, y había colocado la sangre de ese cordero en la puerta de su hogar.

Ahora vean, algo tan sencillo, pero ¿por qué eso funcionaba? Porque aquello era tipo y figura de la Sangre de Cristo, la Sangre del Cordero de Dios, que es Cristo. Recuerden que Juan el Bautista dijo, mirando a Jesús dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Y ahora, por cuanto era tipo y figura de Cristo y Su Sangre, por eso funcionó. Dios está estableciendo allá esos tipos y figuras para lo que va a suceder luego más adelante durante la Dispensación de la Gracia, en donde la muerte espiritual estaría pasando por la tierra en medio de las generaciones, en medio de la humanidad, y estarían muriendo espiritualmente millones de seres humanos; pero también millones de seres humanos a través de la Dispensación de la Gracia estarían sellados con la Sangre de Cristo en la puerta de su corazón, y estarían en la Casa de Dios que es la Iglesia del Señor, y la puerta de esa Casa tendría la Sangre del Cordero pascual y la puerta es Cristo. Él tendría la Sangre que nos protegería de la muerte, protegería a todos los que estarían dentro de esa Casa; y ahí están los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

De eso es que nos habla San Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 18 al 29, en donde habla de los primogénitos de Dios escritos en el Cielo. Y en diferentes lugares habla de esos primogénitos, aquellos primogénitos allá son tipo y figura de los primogénitos escritos en el Cielo que vendrían a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, lo que fue allá algo histórico, ahora se cumple nuevamente en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo que es la Casa de Dios, donde el Padre de familia, allá como el padre de familia tomó un corderito, lo sacrificó y colocó la sangre del cordero en la puerta de su hogar, y luego el cordero lo asó y lo colocó dentro de la casa, y durante esa noche estuvieron comiendo el cordero pascual, estuvieron comiendo la Pascua.

Y por eso es que Cristo que es el Padre de Familia, el cual ha sido colocado sobre la Casa de Dios conforme a Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6 (como Hijo sobre Su Casa ha sido colocado Cristo), Él ha colocado Su Sangre sobre la puerta, y la puerta también es Cristo, la Sangre ha estado en Él, y vean ustedes, Él también es el Sumo Sacerdote.

Por lo tanto, Él con Su Sacrificio ha hecho esa labor para la preservación de la vida fue allá en los hogares hebreos, y para la preservación de la Vida eterna es acá en el nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento; por eso Cristo dijo en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante, esto fue en la víspera de la Pascua...

Recuerden que el cordero pascual era sacrificado no en la Pascua sino en la víspera de la Pascua, después, ya digamos que a eso de las 6:00 de la tarde, a la caída del sol comenzaba el día de la Pascua; siempre los días conforme al calendario hebreo comienzan en la tarde y terminan al otro día en la tarde. Luego, un día, digamos que comienza a las 6:00 de la tarde, y luego termina a las 6:00 de la tarde del otro día, digamos, en donde ya se entrelaza un día con otro día.

Y ahora, Cristo en la víspera de la Pascua, en la noche de la víspera de la Pascua; porque luego durante el día de la víspera de la Pascua, ya cuando saliera el sol Él sería condenado y sería crucificado. Él, tomando el pan, dice capítulo 26, versos 26 en adelante, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

 En el pan representó, tipificó Su cuerpo físico. Recuerden que Él dijo en el capítulo 6 de San Juan: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene Vida permaneciente en sí.” Él también dijo: “Yo soy el pan de Vida,” y dijo: “El que come de este pan, vivirá eternamente,” en el capítulo 6 de San Juan, todo eso está.

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, en el vino tipificó Su Sangre que Él iba a derramar en la Cruz del Calvario para la remisión de los pecados de todos aquellos que lo recibirían como único y suficiente Salvador.

Y ahora, la Vida de la Sangre es el Espíritu Santo; por lo tanto la persona que ha recibido el Espíritu Santo, ha recibido la Vida de la Sangre y tiene la evidencia de que la Sangre está aplicada en la puerta de su corazón; y ahora, eso es para individuos.

A través de la historia encontramos personas y un pueblo esforzado, como el caso del profeta Moisés y el pueblo hebreo siendo libertados de la esclavitud de Egipto y siendo llevados al Sinaí, cruzando primeramente por el Mar Rojo, y luego recibiendo la ley en el monte Sinaí, y luego continuando su viaje rumbo a la tierra prometida en esa trayectoria que les tomó cuarenta años.

Durante cuarenta años ellos tuvieron la poderosa mano de Dios manifestada, y vieron que Dios estaba con ellos, aparecía allá en la Columna de Fuego durante la noche, y durante el día en una nube que estaba con ellos. La Columna de Fuego y la nube estaban sobre el tabernáculo y ellos veían ahí la presencia de Dios.

Cuando la presencia de Dios está con un pueblo, está la ayuda de Dios, la ayuda divina. Con ese pueblo también luego que fue hecho, construido el tabernáculo, encontramos que estaba el arca del Pacto dentro del tabernáculo; y por consiguiente el pueblo que tenía el tabernáculo y tenía el arca del Pacto, era un pueblo ayudado por Dios, era un pueblo bendecido por Dios; porque donde esté el Arca, ahí también estará la bendición de Dios, porque el Arca tipifica a Cristo, y donde esté Cristo, está la bendición de Dios.

Si Cristo está en el corazón de la persona, está la bendición de Dios en la persona y está la ayuda de Dios en y para la persona, y en el pueblo en que esté el Arca del Pacto, en el Nuevo Testamento, Cristo, ese pueblo es ayudado por Dios, es bendecido por Dios, es protegido por Dios.

Así como fue con el pueblo hebreo, ahora en el Nuevo Testamento encontramos a la Iglesia del Señor Jesucristo los llamados escogidos, predestinados escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, los cuales forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo es un pueblo ayudado por Dios, es un pueblo esforzado pasando por diferentes etapas, con los apóstoles primero, allá en el tiempo de los apóstoles desde el Día de Pentecostés en adelante; y luego pasando de la tierra de Israel a Asia Menor con el apóstol San Pablo; luego pasando a Asia Menor con cinco mensajeros en diferentes edades; y luego pasando a Norteamérica donde Dios tuvo un profeta mensajero, el reverendo William Branham, con un pueblo esforzado, un profeta mensajero esforzado con un pueblo esforzado, trabajando en la Obra de Dios y caminando hacia adelante rumbo a la Tierra Prometida del cuerpo eterno y glorificado, y a la Tierra Prometida del Reino del Señor Jesucristo.

En lo espiritual, dentro del Reino del Señor Jesucristo, ha estado la Iglesia desde que nació en el campo espiritual, pero en el campo físico va estar cuando seamos transformados y todos tengamos el cuerpo físico glorificado, igual al cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo.

Luego de ese séptima etapa o edad que se cumplió en Norteamérica, ¿dónde encontraremos un pueblo y un mensajero esforzado en el Programa Divino trabajando en la Obra de Dios, y caminando rumbo a la Tierra Prometida? Pues en la América Latina y el Caribe, en la América Latina incluyendo el Caribe. Por lo tanto, pueblo esforzado por Dios, la Palabra que Dios dio a Josué fue la siguiente, y vamos a leerla para que tengamos un cuadro claro del porqué ser esforzados. Josué, capítulo 1, versos 5 en adelante, dice... vamos a leer desde verso 1, dice:

“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo:

Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.

Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.”

Por eso algunas veces encontraremos algunas personas, si conocen estos pasajes, que cuando van a comprar una propiedad, un terreno o algo, van y caminan por el lugar, por el terreno; y si también hay una casa, entran a la casa, caminan en ella creyendo esa promesa; uno de ellos estuvo con ustedes hace unos momentos: el doctor Miguel Bermúdez Marín, y eso no falla cuando se cree de todo corazón.

“Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eúfrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida...”

Y esas Palabras fortalecen a cualquiera, le suben la fe, le aumentan la fe a cualquiera.

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida...”

Por lo tanto, cuando la persona ve que alguien se levanta contra él, dice: “Pobrecita persona, no sabe que Dios está conmigo y que Él me cuidará, me defenderá.” Esa promesa es también para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, como también la promesa: “El que te bendiga, será bendito; y el que te maldiga, será maldito.” Esa promesa también es para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes; esa promesa también es para la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, y para cada creyente como individuo y para cada mensajero de la Iglesia del Señor Jesucristo, cada uno en la edad que le toca vivir... verso 5:

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.” Y esa promesa es también para todos nosotros.

“Esfuérzate y sé valiente...”

Y eso es también para nosotros; personas esforzadas en la Obra del Señor, personas que trabajan en la Obra del Señor con esfuerzo y personas valientes, como Josué y Caleb cuando fueron a la tierra prometida enviados por Moisés, ellos dos con los otros diez príncipes, otros diez espías príncipes de las otras tribus que fueron para espiar, para ver la tierra, espiaron la tierra, vieron todo y trajeron el informe a Moisés; pero diez de ellos dijeron: “Sí, la tierra es buena, pero allí hay unos gigantes hijos de Anac, el gigante, que cuando nos miraban nosotros parecíamos para ellos como langostas.”

Como esas langostas que se comen, que acá las preparan asadas o fritas con mucho condimento, así como esas langostas que Juan el Bautista también comía, así les parecía esos gigantes aquellos espías hebreos, los miraban y los veían pequeñitos; y así también de seguro se encontraban ellos, ellos pensaban: “Estas personas tan altas y nosotros tan pequeñitos.” Y entonces vinieron con ese informe: “La tierra es buena, pero se traga la gente, y allí hay unos gigantes que nos ven a nosotros como langostas.” Y desanimaron al pueblo, y Dios se enojó contra esos espías, luego murieron más adelante esos espías.

Pero Josué y Caleb dijeron: “La tierra es nuestra,” ¿por qué? Porque ya estaba en la Palabra prometida, y lo que Dios ha dicho y usted lo cree, es suyo. Es como en un testamento o en una escritura, si dice que usted es el dueño de ese lugar, aunque esté viviendo otra persona, usted es el dueño, conforme a la ley será sacado; y así sucedía con la tierra prometida, Dios la dio al pueblo hebreo y eso es un juicio celestial que se llevó a cabo.

Y ahora, encontramos que se tiene que ser esforzado y valiente para poder entrar en posesión de lo que Dios ha prometido, usted creyendo con toda su alma y esforzándose y siendo valiente, obtendrá lo que Dios ha prometido; es usted una persona que con la fe y por la fe conquista las promesas creyéndolas, esforzándose y siendo valiente y trabajando en ese Programa, en ese proyecto, las conquista, las hace una realidad en su vida.

Así es para la Iglesia del Señor Jesucristo. De edad en edad la Iglesia del Señor Jesucristo ha sido esforzada y valiente, Dios le ha tenido siempre un mensajero de edad en edad esforzado y valiente también, y han caminado hacia adelante en el Programa Divino, y Dios ha cumplido para la Iglesia para cada edad y para el mensajero, lo que Dios prometió para ese tiempo.

Y ahora nos encontramos en el Día Postrero en el tiempo final, luego de las siete edades de la Iglesia ahora nos encontramos en la Edad de la Piedra Angular como un pueblo esforzado y valiente, trabajando en todo lo que Dios ha prometido para que se haga una realidad; porque un pueblo esforzado y valiente es trabajador, no es vago, porque si es vago ¿en qué se está esforzando? En nada, es un pueblo que no tiene fuerza, no está esforzándose en trabajar en el Programa Divino, es un pueblo despreocupado por el Programa Divino, flojo, como dicen algunos.

Y con un pueblo flojo no se llega a ningún lugar, siempre los que son flojos están diciendo: “Sí, eso es verdad, pero es para otro tiempo, eso es verdad pero eso Dios lo va a cumplir sin nosotros tener que hacer nada.” No, El socio de Dios en el Programa Divino es el ser humano, el socio de Dios en la Dispensación de la Gracia es cada mensajero del Señor Jesucristo para la Iglesia y el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ella con sus mensajeros son socios de Dios en el Programa de Dios para la Dispensación de la Gracia, por lo tanto tiene que ser un pueblo con un mensajero en cada edad, el pueblo y el mensajero esforzados, creyendo lo que Dios ha prometido y siendo valientes; valientes porque van a ser atacados en diferentes formas para tratar de destruirlos, pero el pueblo tiene que ser valiente y tiene que ser esforzado caminando siempre hacia adelante, sabiendo que Dios es nuestro ayudador, que todas las cosas van a obrar para bien y que Él se va a encargar de nuestros enemigos.

En la lectura que tuvimos hablaba de los enemigos también. Por lo tanto, si Cristo tuvo enemigos, lo atacaron, trataron de destruírlo, trataron de desprestigiarlo hablando mal en contra de Él, diciendo que Él era un hombre comilón y bebedor de vino y amigo de publicanos y de pecadores, para producir una mala fama contra Cristo para que nadie creyera en Él, Cristo dice que si a Él lo persiguieron, a nosotros también nos perseguirán.

Por lo tanto, conscientes de eso tenemos que ser valientes y esforzados; si en el tiempo de Moisés y Josué, en el tiempo de Moisés se levantaron en contra de él y del pueblo hebreo muchas naciones, luego para Josué tenía también que ser lo mismo, se iban a levantar reyes y pueblos contra Josué y el pueblo que él llevaba a la tierra prometida. Así es para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Josué así como Moisés tipifica a Cristo, Josué tipifica al Espíritu Santo y al mensajero del Día Postrero. Por lo tanto, vean, Josué al tipificar a Cristo tiene hasta el Nombre del Señor: Yeshua, el nombre de Jesús en hebreo, y también el nombre de Josué hijo de Num, el cual fue nombrado por ese nombre por Moisés, su nombre era Oseas hijo de Num.

Y ahora, este pueblo esforzado del Día Postrero llegará a la Tierra Prometida del cuerpo eterno y glorificado, llegará a conquistar todas las promesas que Dios ha hecho para la Iglesia del Señor Jesucristo para ser cumplidas en el Día Postrero. Para la Iglesia del Señor Jesucristo tenemos la promesa de una Gran Carpa-Catedral, esa es una promesa, fue vista por el reverendo William Branham con anticipación cuando él fue trasladado a través de la cortina del tiempo, fue llevado al Día Postrero, al Día del Señor que es el séptimo milenio; y por consiguiente esa promesa corresponde a la Edad de la Piedra Angular, que será la Edad que estará vigente en el Día Postrero, porque las otras edades ya pasaron.

Por lo tanto no hay nada para ser cumplido en cuanto a la Visión de la Carpa con la primera edad porque ya ellos se fueron y San Pablo también se fue, su mensajero, y los apóstoles, el tiempo de los apóstoles ya pasó también. Tampoco para la segunda edad de la Iglesia entre los gentiles, porque ya esa edad y su mensajero durmieron, se fueron, están en el Paraíso; y para la tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, ya ellos y sus mensajeros terminaron su labor en la tierra y sus edades también terminaron; aunque el reverendo William Branham quiso hacerla una realidad en su tiempo, no puedo porque no era para su tiempo. Pero pasamos, subimos a la Edad de la Piedra Angular en donde Dios va a cumplir toda promesa que Él ha hecho para Su Iglesia.

Por lo tanto, es en esa etapa de la Iglesia, en esa Edad en donde la resurrección de los muertos en Cristo va a suceder, y donde los vivos en Cristo van a ser transformados y todos vamos a tener cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo y jóvenes para toda la eternidad, representando ¿de cuánto? De 18 a 21 años que es la edad de la juventud o la etapa de la flor de la juventud.

Nadie quisiera pasar de 18 a 21 años; por eso que algunas se quitan la edad después que pasan de los 21 años, ya quieren pararse en 21 años, y llegan a los 31 y algunas veces quieren decir que tienen 21. Pero no se preocupen, en el cuerpo nuevo que hemos de tener vamos a estar representando de 18 a 21 años de edad; porque ese es el pueblo esforzado y valiente que con nuestro Josué: el Espíritu Santo en medio de la Iglesia, estará pasando a la Tierra Prometida del cuerpo nuevo y eterno y a la Tierra Prometida del Reino del Mesías.

“ESFUERZATE QUE YO SOY TU AYUDADOR.”

Eso es para la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, y después para el pueblo hebreo. Siempre el pueblo ha tenido un mensajero, un profeta mensajero; por eso es que cuando Dios le dijo a Moisés que iba a morir, Moisés le dijo que le dijera cuál era la persona que Él iba a colocar como su sucesor en su lugar, dice Moisés: “Para que el pueblo no sea como ovejas sin pastor.” El pueblo sin un mensajero, sin un líder, es como ovejas sin pastor.

En los días de Jesús también encontramos que Jesús decía que veía al pueblo como ovejas sin pastor, pero Jesús era el buen Pastor; por eso Él dijo: “Yo soy la puerta, y el que por mí entrare será salvo.” Por lo tanto, todos necesitaban a Cristo en aquel tiempo, porque allá estaba el buen Pastor, el líder para todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora, a través de las diferentes etapas de la Iglesia podemos ver al Espíritu Santo guiando a la Iglesia por medio del mensajero de cada edad, el cual ha sido el mensajero, el mensajero esforzado y valiente con el pueblo de Dios caminando hacia la Tierra Prometida. Recuerden que es el Espíritu Santo en cada mensajero el que está guiando al pueblo; porque el socio de Dios para toda la Obra de Dios es el ser humano.

Por lo tanto conociendo esto, entonces tenemos que comprender que el Programa Divino se lleva a cabo con seres humanos, y que en medio de seres humanos de edad en edad tiene un mensajero al cual usa el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo para guiar a Su pueblo. Y así encontramos un pueblo y un mensajero esforzado, siendo ayudado por el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, por el Dios de Israel.

¿Y quién es ese pueblo? Somos nosotros, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son ese pueblo; ese pueblo es la Casa de Dios, la Familia de Dios que aparece en Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22, la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, el trigo de la parábola del trigo y de la cizaña que dio Cristo en San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43.

Por lo tanto, pueblo esforzado y valiente: Dios está con nosotros y nos ayudará, porque Él es nuestro ayudador, y nos ayudará en todo lo que hagamos conforme al Programa Divino para nuestro tiempo, nos ayudará en la evangelización, nos ayudará en la obra misionera, nos ayudará en la construcción de auditorios, de locales para reunir al pueblo, nos ayudará para el cumplimiento de La Gran Carpa-Catedral también, que fue vista el reverendo William Branham.

Pueblo esforzado y valiente ayudado por el Dios de Israel: Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

 Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que sea parte de ese pueblo esforzado y valiente ayudado por el Dios de Israel, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Dios es nuestro ayudador y el que nos sostiene y el que nos guía. Podemos decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará.” El mismo Cristo lo dijo también, en el Salmo 23 está dicho, y en San Juan, capítulo 10 está dicho también: “Yo soy el buen Pastor,” el Dios de Israel velado en carne humana en la persona de Jesús, dijo: “Yo soy el buen Pastor.” Él confortará nuestra alma, Él pastoreará nuestra alma con Su Palabra, “porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” Ese es el alimento para el alma del ser humano, así como para nuestro cuerpo físico las carnes, los vegetales, las ensaladas, las frutas; todo eso es el alimento para nuestro cuerpo físico.

Todos necesitamos ser ayudados por el Dios de Israel, todos necesitamos ser fortalecidos por el Dios de Israel, todos necesitamos ser protegidos por el Dios de Israel; y todos necesitamos servir al Dios de Israel por medio de Cristo nuestro Salvador; porque el que sirve a Cristo, está sirviendo al Dios de Israel por medio de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden también venir a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador; y también los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” Por lo tanto, Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también.

Estamos esperando que lleguen las personas que vienen de camino, que como ustedes quieren vivir eternamente, quieren que Cristo les dé la Vida eterna. Recuerden que Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, es nada menos que el Ángel del Pacto hecho carne, el Ángel del Pacto vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús. Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo: en Jesucristo, el que tiene al Hijo, a Cristo, porque lo recibió como Salvador, tiene la Vida (o sea, la Vida eterna); el que no tiene a Cristo, pues no tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a terminar; y si se le termina sin haber recibido a Cristo, pues no va al Paraíso.

Cristo es nuestro ayudador, nuestro Salvador, todos necesitamos a Cristo porque todos queremos vivir eternamente; y la Vida eterna Dios nos ha dado, la ha dado en Cristo, está en Cristo, Él tiene la exclusividad de la Vida eterna, y por consiguiente hay que venir al que tiene la exclusividad de la Vida eterna para impartirla a todos los que lo reciben como su Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir, puede pasar acá al frente, y en las demás naciones también y en las demás ciudades o comunidades de la República Mexicana también pueden venir a los Pies de Cristo.

El ser humano hace muchas decisiones en su vida, algunas pequeñas y otras muy grandes; pero ninguna de ellas le coloca en la Vida eterna, excepto recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, esa es la decisión más grande que un ser humano puede hacer, y debe hacerla mientras está vivo, después que muere ya no hay oportunidad para hacer esa decisión y recibir la Vida eterna por medio de Cristo, es mientras vivimos aquí en la Tierra; porque hemos sido enviados a este planeta Tierra para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y creer, obedecer, creer y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre, ser limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego, y producir así en nosotros el nuevo nacimiento, por cuanto el nuevo nacimiento es del Cielo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21).

San Pablo era un conocedor de todo ese Programa Divino de la Venida del Señor para el Día Postrero y la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estamos vivos. Y ahora nosotros tenemos también que ser conocedores de esas promesas divinas, porque ese es el proyecto divino para el Día Postrero.

Con nuestras manos levantadas al Cielo los que están presentes y los que están en otras naciones, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y todos con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, para lo cual tendrán la oportunidad de ser bautizados en esta ocasión.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor. El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, cuando Juan lo vio que iba, que entró a las aguas bautismales, en las aguas del Jordán para ser bautizado, Juan le dice: “Yo tengo necesidad ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y si a Cristo le convenía cumplir toda justicia, cuánto más nosotros; y entonces lo bautizó, y entonces vino el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma, y una Voz del Cielo, la Voz de Dios, el Padre, dijo: “Éste es mi hijo amado en quien tengo complacencia.”

Y ahora, vean primero la persona será bautizada en agua como Cristo, y después el Espíritu Santo es enviado del Cielo a la persona. El bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; por eso nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva Vida con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo cual pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección siendo bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Recuerden que Juan el Bautista dijo acerca de Cristo cuando lo vio y lo señaló, dijo: “Este es el que bautiza con Espíritu Santo y Fuego.” Ese sería el que vendría después de Juan el Bautista, al cual Juan le estaba preparando el camino; por eso Cristo dijo: “Yo enviaré del Padre el Espíritu Santo.”

Por lo tanto, Él lo envía a todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo. Dejo con ustedes al reverendo Mauro para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“ESFUERZATE QUE YO SOY TU AYUDADOR.”

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