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Muy buenos días, amables y amados hermanos presentes y también los que están en otras naciones, y a todos los ministros, un saludo muy especial para ustedes. Para esta ocasión leemos en Primera de Corintios, capítulo 11, versos 23 en adelante, donde el apóstol Pablo nos dice:

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;

y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;

mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.”

DISCERNIR LA PALABRA.”

Dios nos bendiga a todos y nos permita entender, discernir Su Palabra.

Discernir la Palabra es muy importante, lo cual es entender la Palabra al estudiarla, al obtener la revelación de esa Palabra. Por eso es que en la parábola del sembrador, Jesucristo nos dice en San Mateo, capítulo 13 que hay cuatro clases de terreno; en esa parábola tan hermosa del capítulo 13, versos 18 al 23 que está la explicación que le da a esa parábola que había hablado, dice... antes cuando está hablando en parábolas a Sus discípulos, vean lo que ocurre en este mismo capítulo 13, cuando Él les habló esa parábola pero sin explicarles su significado.

Las parábolas contienen un misterio, o son un misterio de algo que Dios quiere dar a conocer; y conocer el contenido, el significado de esa parábola, tiene para la persona la bendición de la revelación divina, ha obtenido esa revelación divina.

Ahora, los discípulos preguntan al Señor: “¿Por qué tú les hablas en parábolas?” Dice capítulo 13, verso 10 en adelante:

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?”

Ahora, ¿cómo les gusta a ustedes que se les hable? ¿Por parábolas o la explicación de las parábolas? Y si no hay parábolas, entonces se habla todo sin necesidad de usar parábolas, porque las parábolas es para ocultar algo importante del Programa Divino; y luego conocer el significado de esa parábola es conocer el significado que estaba encerrado en esa parábola, y entonces la persona conoce el misterio divino que fue hablado en parábolas. Dice:

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”

Las parábolas son muy buenas, pero cuando se habla directamente es mucho mejor, pero algunas veces necesitamos usar parábolas, pero que nos den la explicación que está en esa parábola, y eso era lo que Jesús hacía. Dice que a Sus discípulos les es dado conocer los misterios del Reino de los cielos, mas a los demás... dice:

...mas a ellos no les es dado.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas...”

Ahora, vean por qué:

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

De oído oiréis, y no entenderéis;

Y viendo veréis, y no percibiréis.”

Cuando les hablaba en parábolas al público, ellos no entendían lo que Jesús les estaba diciendo, pero venían los discípulos aparte y le preguntaban: “Explícanos la parábola del sembrador, la parábola de la cizaña en el campo.”

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyen pesadamente,

Y han cerrado sus ojos;

Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos,

Y con el corazón entiendan,

Y se conviertan,

Y yo los sane.”

Se requiere creer y entender para obtener la salvación, así también para la sanidad física que tanto el ser humano necesita:

Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

Es una bendición, una bienaventuranza para aquellos discípulos del Señor Jesucristo estar viendo lo que ellos estaban viendo, y oyendo lo que ellos estaban oyendo. ¿Y qué estaban viendo ellos? El cumplimiento de las profecías de la venida del Mesías en un hombre sencillo nacido en Belén de Judea y criado luego en Nazaret.

¿Y qué estaban escuchando? Estaban escuchando la Voz de Dios a través de un hombre llamado Yeshua o Jesús, estaban escuchando al que todos querían ver y escuchar, porque todos estaban esperando la venida del Mesías y querían escuchar al Mesías en Su venida. O sea, que lo que ellos estaban escuchando era la verdad y nada más que la verdad, estaban escuchando la Voz de Dios por medio de un hombre en el cual Dios estaba en toda Su plenitud.

Por lo tanto, la explicación que Él daba a las profecías bíblicas era la verdad, la explicación que Él daba a las parábolas era la verdad porque hubo parábolas dadas por los Profetas, diferentes Profetas como Isaías, Ezequiel, Jeremías, Zacarías y demás Profetas, y el mismo Moisés.

Ahora, en esta parábola del sembrador los discípulos quieren saber qué significa todo eso que Él habló en esa parábola:

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende...”

Escuchan la predicación del Evangelio y no entienden; recuerden que oír es entender.

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”

La Palabra del Reino, el Evangelio, tanto el Evangelio del Reino allá que predicaba Jesús y que predicaba Juan el Bautista, como luego la predicación del Evangelio del Reino en la esfera espiritual, que es el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz, porque Cristo es nuestra paz, nos dice San Pablo en el capítulo 2 de Efesios, verso 11 en adelante.

Ahora, vean cómo Cristo enumera a las personas que escuchan la predicación del Evangelio, las coloca en cuatro renglones, cuatro grupos, y toda persona se encuentra en uno de estos grupos, toda persona que escucha la predicación del Evangelio en el país donde vive. El verso 20, sigue diciendo:

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo.”

Eso se ve en las actividades, campañas evangelísticas y también en las actividades en las Iglesias, congregaciones cuando se predica y se hace el llamamiento, con gozo vienen personas recibiendo al Señor, reciben la Palabra:

Pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”

Esos son los que entran con gozo recibiendo al Señor, son bautizados y luego viene la aflicción por alguna causa de enfermedad o problemas económicos o problemas con alguna persona, que él tenga con otra persona u otra persona con él, o problemas en la Iglesia donde está, o venga una persecución a él como individuo en la casa, que lo critiquen porque ahora se convirtió al Señor Jesucristo, algunos piensan: “Bueno, yo no recibí al Señor y me metí a la Iglesia para que después se burlen de mí,” y luego como no quiere que se burlen de él por causa de Cristo, se aleja, o por algún otro problema, o por algún problema que surja en la congregación, dice: “No, yo no vuelvo, ahí hay problemas.”

Problemas los hay en todos los lugares, el mismo cuerpo físico que tenemos está lleno de problemas, ¿entonces usted va a decir: “Yo no quiero ese cuerpo”? No, más bien quiere que cada día esté mucho mejor, y ora a Dios para que le dé buena salud, pues ore también por la congregación, la Iglesia donde usted asiste, para que Dios le dé cada día más salud espiritual a cada persona de la Iglesia y a la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes.

Ahora vean, ese segundo grupo está un tiempo, son las personas que llegan alegres, están un mes o un año y después se desaparecen, y usted los encuentra: “Oye, pero hace tiempo que no te veo en la Iglesia.” –“No, he tenido problemas, o veo muchos problemas en la Iglesia y no he querido ir más.” Se está perdiendo la salvación y Vida eterna, y esto fue que no echó raíz, no se arraigó, dejó de asistir a la Iglesia quizás gradualmente, no estaba tan interesado quizás en estudiar la Escritura, estar siempre alimentándose espiritualmente.

Uno tiene que estar siempre aprendiendo cada días más y más de la Palabra de Dios. Es como los que comienzan a aprender en las computadoras: si se cansan y lo dejan, ¿que se pierden? Todos los adelantos que hay; cuando dice: “Voy a ver otra vez,” usted está tan atrasado y su computadora ya no sirve, hay otras más modernas y ya necesita una que tenga más capacidad para todas las cosas que usted desea.

Ahora, pasemos al grupo número tres:

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”

Están pensando siempre en conseguir dinero, y el día que en el Cristianismo se tiene como el día principal que es el domingo, porque domingo resucitó el Señor Jesucristo, del cual el reverendo William Branham dice que nunca falte el domingo a la Iglesia, irse a pescar o hacer otra cosa, es pecado delante de Dios, dice el reverendo William Branham. Es como el sábado para los judíos, y el viernes para los musulmanes o islámicos.

Así que, el que está pensando el domingo también en el negocio, “y cuánto me puedo ganar este domingo,” y deja de ir a la Iglesia porque tiene un negocio, se está colocando en ese grupo mencionado por Cristo como un terreno lleno de espinas, matas espinosas y así por el estilo, y por lo tanto no va a llevar fruto:

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra...”

No es solamente escuchar, sino entender, no es solamente escuchar una parábola, sino hacer como los discípulos: “Señor, explícanos la parábola.” No es solamente escuchar el Evangelio, sino entender el Evangelio, porque si no lo entiende, en algún momento va a dejar al Señor y se va a convertir a otra religión, sea la que sea, ¿por qué? Porque en el ser humano hay una necesidad espiritual en el alma, el ser humano es un ser espiritual que está metido dentro de un cuerpo de carne. Por lo tanto, va a estar buscando a Dios; y si deja al Señor Jesucristo, la Sangre de Cristo, entonces no está como su protección, queda la persona sin la Sangre de Cristo y por lo tanto no tiene nada con lo cual limpiar sus pecados y entonces vienen muchos problemas a la persona, como dijo Pablo: para los que no disciernen el cuerpo del Señor, y Él es la Palabra.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Cada uno de ustedes que me escuchan en esta ocasión presentes o en otras naciones, está en uno de estos cuatro grupos. Yo sé dónde estoy: en ese cuarto grupo que oye y entiende la Palabra y lleva fruto a treinta o a sesenta o a ciento por uno. ¿Y quién más está en ese grupo? Cada uno de ustedes también.

Cada persona en el tiempo que le toca vivir está llamado a estar en la Palabra correspondiente para el tiempo en que ha venido a la Tierra a vivir, tiene que estar en la edad y el mensaje correspondiente a esa edad, y estar interesado en entenderlo, no que solamente le entre por un oído y le salga por otro, como dicen: no tener oídos de lagartija, que le entra por un lado (un oído) y le sale por el otro, esa es otra parábola, pero ya ustedes la entienden, porque ya ustedes saben el significado desde hace tiempo, antes de yo decirles esa parábola aquí.

Es importante estar bien fundamentados en la Palabra, en el mensaje correspondiente para el tiempo, edad y dispensación que le toca vivir a la persona, porque si no lo está, en algún momento será removido; si uno no está bien firme en la edad y dispensación y mensaje correspondiente al tiempo en que vive, no entiende por qué está en la Iglesia y en algún momento se va.

Nunca debemos alejarnos del Señor, recuerden que Cristo dijo: “El que pone su mano en el arado y mira atrás, no es apto para el Reino.” No podemos dejar a Cristo, Él nunca nos ha dejado a nosotros, Él vino por nosotros para efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Es importante discernir la Palabra, el mensaje, el Evangelio y la etapa que nos ha tocado vivir en el Programa Divino, y así estaremos tan firmes que no nos moverá nada de nuestro lugar en Cristo, y seremos transformados cuando Él venga con los santos resucitados , y luego nos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero antes de irnos tiene que cumplirse la visión que vio, que tuvo el reverendo William Branham de una gran Carpa-Catedral, y le fue dicho que eso es la Tercera Etapa, y hablando de la Tercera Etapa, le fue dicho que en la tercera (o sea, la Tercera Etapa) Él viene por ellos, o sea, viene por mí. ¿Y por quién más? Por cada uno de ustedes también. Estamos en un tiempo muy importante en donde todas esas promesas tienen que ser cumplidas.

Adelante trabajando en la Obra del Señor y entendiendo la Palabra divina, la Palabra profética que es como una antorcha que alumbra en lugar oscuro. La luz de la mañana fue en el Este, Medio Oriente, la tierra de Israel. La luz de la tarde corresponde al Oeste, al continente americano, del cual toda la América Latina juntamente con el Caribe y Norteamérica, es parte.

La luz es Cristo en medio de Su Iglesia manifestándose, tipificado en el candelabro en el cual hubo siete lámparas que alumbraban en el Lugar Santo. Ahí encontramos en la tipología que cada lámpara es cada edad de la Iglesia, cada luz es la Columna de Fuego, el Espíritu Santo, alumbrando, pero tiene que tener algo para manifestarse: es una mecha que es el Mensajero correspondiente a cada edad a través del cual alumbra el Espíritu Santo en cada edad en medio de Su Iglesia, y luego al final, después de las siete edades, también habrá luz, cada edad está representada en la luna, y luego viene la luz del sol.

Ahora, en el Día Postrero corresponde al Occidente la luz de la tarde, pues en la naturaleza está tipificado todo eso. La primera Venida de Cristo fue en el Este, allá fue la mañana; la segunda Venida de Cristo será en la tarde, en el Occidente.

Por eso el Cristianismo, la Iglesia, está esperando la venida del Señor. La luz, Cristo, estará resplandeciendo en el Oeste en este tiempo final, viene a través de cada Mensajero desde el Este: la tierra de Israel, Asia Menor, Europa, Norteamérica, el reverendo William Branham, y luego en este tiempo final tiene que resplandecer nuevamente.

Ahora, podemos ver que para cada edad en que resplandeció Cristo por medio del Espíritu Santo, la Columna de Fuego, hubo un hombre. Por lo tanto, hubo un hombre que encendió la luz de su tiempo, ¿quién fue? Fue el Mensajero correspondiente a cada edad a través del cual un hombre de otra dimensión, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, se manifestó y alumbró en cada edad.

Para el Día Postrero habrá otro hombre para que la luz de la tarde en su segunda parte resplandezca en el Occidente; como alumbró en la parte Norte del continente americano, estará alumbrando en la parte latinoamericana.

Estará alumbrándonos el Ángel del Pacto, Cristo, el Espíritu Santo, en este tiempo final, alumbrándonos, dándonos luz en toda Su Palabra, porque la luz viene por medio de la Palabra prometida para el tiempo en que se está viviendo.

Por lo tanto, estamos llamados a discernir la Palabra prometida para nuestro tiempo, y estar bien agarrados de esa Palabra correspondiente a nuestro tiempo.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando un día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto.

Dejo al reverendo José Benjamín Pérez con ustedes nuevamente.

DISCERNIR LA PALABRA.”

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