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Muchas felicidades a todos los presentes, ministros y sus congregaciones presentes y también los que están en otras naciones; y también un saludo a mi esposa Erica, a mi hija América y a Yahannah; y también al doctor Miguel Bermúdez Marín y su esposa Rut y su hija también aquí presente; y también al doctor Salomón Cunha y su esposa Kélita allá en Jerusalén; y también a los ministros que nos visitan en estos días desde diferentes países de la América Latina y otras naciones. Ha sido para mí un privilegio grande trabajar con ustedes todos ministros y sus congregaciones y todos los presentes, trabajar con ustedes en este año 2010 que ha pasado. Fue un año de grandes bendiciones, un año de grandes éxitos, y continuamos trabajando en este nuevo año juntos en el Programa Divino, y continuaré trabajando con ustedes hasta que seamos transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Para esta ocasión les expreso mi aprecio y mis felicitaciones por el respaldo que le han dado al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico en este año pasado 2010, y el respaldo que le estarán dando en este año 2011. Yo también respaldo ese proyecto. Es un proyecto en beneficio de la familia humana, en beneficio de todas las religiones: del Cristianismo, del Judaísmo, del Islam y demás religiones, es un proyecto en favor del Programa Divino, de la Obra de Dios para este tiempo final. Por lo tanto, Dios hará realidad ese proyecto usando a seres humanos como ustedes y yo. Para esta ocasión leemos en Levítico, capítulo 25, verso 8 al 13, donde nos dice: “Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia. El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis. En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión.” Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. “EL AÑO DEL JUBILEO.” A través de la Escritura encontramos que este era un año muy importante en el cual se proclamaba libertad en toda la Tierra, se tocaba la trompeta del año del jubileo el día de la expiación, o sea, el día diez del mes séptimo, en el cual encontramos que ese año cincuenta era el más importante de todos, porque en ese año cincuenta el día diez del mes séptimo de cada año se tocaba la trompeta de jubileo y los siervos quedaban libres, las propiedades que habían sido vendidas o habían sido tomadas por alguna deuda, regresaban a su dueño original sin pagar ni un solo centavo. Todo eso tiene una realidad que más adelante se va a manifestar, así como las otras fiestas son fiestas que conmemoran eventos pasados, pero que hablan de eventos futuros que han de ocurrir en la Tierra, o sea, que son conmemoraciones de eventos históricos y también son profecías de eventos futuros que han de ser cumplidos en medio de la raza humana. Tenemos por ejemplo el sacrificio del cordero pascual que se efectuó allá en Egipto en la víspera de la salida del pueblo hebreo de Egipto. La sangre de ese cordero pascual se colocaba en la puerta de los hogares hebreos en el dintel y los postes, o sea, en el marco de las puertas, para la preservación de la vida de los primogénitos, porque en la noche de la pascua se llegaba al momento en que los primogénitos tenían que morir en ese reino de Egipto, no importaba de quién fuera hijo ese primogénito. Pero para los primogénitos hebreos Dios ordenó al profeta Moisés el sacrificio de un cordero pascual de un año sin defecto, y la sangre aplicada en el dintel y los postes preservaría la vida de los primogénitos, Dios dijo: “cuando vea la sangre, pasaré de vosotros;” o sea, no habrá muerte en ese hogar o esos hogares, no habrá muerte de los primogénitos. Luego bajo la trayectoria del pueblo hebreo por el desierto cada año para la misma fecha conmemoraban ese evento de la víspera de la pascua, y luego efectuaban la pascua con un cordero que era sacrificado y lo comían asado en sus hogares como sucedió allá en Egipto, conmemorando, recordando, aquel gran momento en que Dios libró a todos los primogénitos que estaban en los hogares hebreos y tenían la sangre aplicada en el dintel y los postes de sus puertas. Eso es la parte histórica, la muestra o conmemoración del día de la pascua, pero tiene una visión profética en donde visualiza, y por consiguiente es una profecía, de que un cordero pascual que será un hombre: el Mesías, ha de morir para la preservación de la vida de todos los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, por lo cual cuando llegó ese tiempo, Juan el Bautista, precursor de la primera Venida de Cristo, al ver a Jesús, el cual había sido bautizado por Juan el Bautista en el capítulo 1 de San Juan, versos 29 al 36, al ver a Jesús dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y si era el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, pues tenía que morir para con Su Sangre limpiar de todo pecado al ser humano y proteger la vida de esa persona, para así preservar la Vida eterna de esa y para esa persona. Por lo tanto, todos los primogénitos escritos en el Cielo según San Pablo hablando a los hebreos en el capítulo 12, versos 22 al 24, habla de los primogénitos escritos en el Cielo, habla de la Sangre de Cristo, la Sangre del Pacto, y nos habla de Dios el Juez de todos. Tenemos ahí una visión clara del cumplimiento profético de la pascua que celebraba o conmemoraba Israel a través de todos esos siglos, desde que fue efectuada en Egipto y luego comenzó a ser conmemorada cada año en medio del pueblo hebreo. Y cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario se cumplió allí el Sacrificio del Cordero pascual. Por eso es que Cristo podía decir: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.” Pues la vida que la persona tiene es vida temporera, y la Vida eterna la obtiene la persona al recibir a Cristo como Salvador y por consiguiente tendrá aplicada la Sangre del Cordero pascual en la puerta de su corazón, allá en el alma, en donde la Sangre de Cristo está colocada. Luego tenemos otras fiestas que en conmemoración se efectuaban: Tenemos los panes sin levadura que comían luego de la víspera de la pascua, y luego de la pascua comían panes por siete días, y luego encontramos también (esa es la fiesta de los panes son levadura, segunda fiesta)... luego encontramos también la fiesta de las gavillas o de la gavilla mecida. Esa gavilla mecida es Cristo resucitado, el cual es primicia de los que durmieron; y con la resurrección de Cristo se levantaron también los santos del Antiguo Testamento, del antiguo pacto. Esa fiesta también se cumplió con la resurrección de Cristo, el cual se levantó victorioso con cuerpo glorificado, está sentado a la diestra de Dios en el Trono celestial, y nunca más morirá físicamente, pues Su cuerpo ya está glorificado, inmortal y joven para toda la eternidad. Luego tenemos la fiesta de pentecostés, la cual se cumplió el Día de Pentecostés cuando vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes en Cristo que estaban unánimes y juntos allá en el aposento alto esperando la venida del Espíritu Santo, luego que Cristo despidiéndose de Sus discípulos les dice: “No se vayan de Jerusalén, sino, queden en Jerusalén hasta que sean llenos del Espíritu Santo y poder, dentro de no muchos días.” O sea, les dijo que en pocos días el Espíritu Santo vendría sobre ellos, y eso sería el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, pues Cristo dijo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Él dijo que enviaría el Espíritu a los creyentes y que el Espíritu vendría en Su Nombre. Toda la obra que hace el Espíritu Santo, la hace en el Nombre del Señor Jesucristo, por eso cuando le aparece a San Pablo, allá, Cristo en Espíritu Santo, Cristo, el Ángel del Pacto, y Saulo le dice: “Señor, ¿quién eres?” Porque la Columna de Fuego le apareció a San Pablo, y desde la Columna de Fuego escucha una Voz que le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Y Saulo le dice, le pregunta: “Señor, ¿quién eres?” Él sabía que era el Señor, el mismo que le había aparecido a Moisés en aquella zarza allá en el Sinaí, y que le había dicho: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Y ahora, Saulo le pregunta: “Señor, ¿quién eres?” Y Él le dice: “Yo soy Jesús a quien tú persigues.” Pero estaba persiguiendo a los cristianos; es que los cristianos nacidos de nuevo son el Cuerpo Místico de Cristo, son la parte física que Cristo tiene en esta dimensión terrenal; por eso por medio de ellos obra siempre cumpliendo Su programa que Él tiene para cada etapa de Su Iglesia. El mismo Espíritu que estaba en Jesucristo vendría a Su Iglesia, a los creyentes en Él, y por eso la Iglesia del Señor Jesucristo es un Cuerpo Místico con el Espíritu que estuvo en Jesucristo, obrando ese Espíritu a través de Su Iglesia. Y ahora, el Día de Pentecostés y la bendición prometida allí, vean, fue derramado allí el Espíritu y se cumplió el Día de Pentecostés; y todo el tiempo de la historia de la Iglesia pasando por las diferentes etapas o edades, corresponde al Día de Pentecostés, donde Dios ha estado derramando de Su Espíritu sobre toda carne que lo recibe como único y suficiente Salvador. Pedro mismo dijo el Día de Pentecostés a los que estaban allí presentes y escucharon el mensaje que Pedro predicó, y le dicen a Pedro y a los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro les dice lleno del Espíritu Santo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo, porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, para los que están lejos y para los que están cerca, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Esa bendición de la promesa del Espíritu Santo es para todos los que son llamados a través del Evangelio de Cristo y reciben a Cristo como su Salvador y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Y hasta cuándo será? Hasta que haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo el último elegido de Dios, escogido, escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, o sea, hasta que haya entrado hasta el último miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Luego de ahí en adelante ya vendrá Cristo del Trono de Intercesión, del Cielo, se presentará ante el Padre, tomará el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, resucitará a los muertos creyentes en Él y a los vivos creyentes en Él los transformará, y entonces todos con cuerpos glorificados estarán una temporada aquí en la Tierra de treinta a cuarenta días en donde se estarán llevando a cabo actividades. Recuerden, cuando Cristo resucitó y resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento, Cristo continuó teniendo actividades con Sus discípulos y estuvo hablándoles acerca del Reino de Dios por cuarenta días. Durante esos cuarenta días apareció a Sus discípulos no menos de ocho ocasiones, y por lo tanto, estuvo hablándoles acerca del Reino de Dios. Por lo tanto, en esos días de la resurrección de los santos creyentes del Antiguo Testamento, encontramos que también ellos aparecieron a muchos de sus familiares, dice el capítulo 27 de San Mateo, verso 51 en adelante. Por lo tanto, los santos podían comer como Jesucristo también, ya resucitado, podía comer; creían que era un espíritu, pero no era un espíritu, era Jesucristo glorificado, era Jesucristo resucitado glorificado, y pide algo de comer, le dan un pedazo de pescado y un panal de miel y comió delante de ellos. Cuando los muertos en Cristo del nuevo Pacto del Cristianismo resuciten en cuerpos glorificados, podrán comer, porque en el cuerpo glorificado se puede comer; y los que están vivos y sean transformados, también podrán comer. Encontramos que así como Cristo y los santos del Antiguo Testamento resucitados estuvieron unos cuarenta días en la Tierra apareciendo a sus familiares, a diferentes personas, y Cristo a Sus discípulos y también a los de Su casa; así también va a ser cuando los muertos en Cristo resuciten, aparecerán a sus familiares y aparecerán a los creyentes en Cristo, a los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, y cuando los veamos, seremos transformados. Ahora, podemos ver la bendición tan grande que hay para los creyentes en Cristo, por eso cada creyente en Cristo tiene la promesa y la esperanza de vivir eternamente en un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo. Encontramos la fiesta de pentecostés, que fue la venida del Espíritu Santo siendo cumplida esa fiesta, y todavía se están recibiendo bendiciones de esa fiesta, porque esa fiesta cubre desde el Día de Pentecostés hasta el día en que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo y se cierre la Dispensación de la Gracia, y así se cerrará la Dispensación, la puerta de la Dispensación de la Gracia. También tenemos otra fiesta muy importante, que es la fiesta de las trompetas. En la primera Venida de Cristo, vean, ya cuatro fueron cumplidas, cuatro fiestas, y quedan tres fiestas: la fiesta de las trompetas, la fiesta de la expiación y la fiesta de los tabernáculos o fiesta de las cabañas. En el aspecto histórico conmemoran eventos pasados, en el aspecto profético es una profecía que habla de eventos que vendrían a suceder más adelante, o sea, eventos futuros, como las cuatro fiestas primeras se fueron cumpliendo en la parte correspondiente a la profecía, y aún nos quedan tres fiestas: la fiesta de las trompetas, la cual también es año nuevo para los judíos, para el Judaísmo, y esa fiesta la conmemoran en el mes de septiembre. Este año pasado se cumplió esa fiesta el día 9 de septiembre, este próximo año se cumplirá el 29 de septiembre, o sea, se cumplió... quiero decir, se llevó a cabo el nuevo año judío, o sea, comenzó el nuevo año judío, siempre se celebra o conmemora año nuevo judío. Ahora, en la parte profética de esa fiesta de año nuevo o Rosh Hashanah, la parte profética de esa fiesta de las trompetas es la trompeta de la cual habla el Nuevo Testamento y también habla Isaías, capítulo 27, verso 13. En Isaías, capítulo 27, verso 13 nos dice que habrá una gran trompeta sonando, dice capítulo 27, verso 13 de Isaías: “Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.” Esa gran trompeta es esa fiesta de las trompetas siendo cumplida, en donde el juicio divino va a estar siendo anunciado a la raza humana. Esa fiesta es muy importante porque después de esa fiesta viene el día de la expiación, el día diez del mes séptimo de cada año del calendario judío, y eso es el Yom Kipur o día del perdón, que es lo que viene diez días después de la fiesta de las trompetas. Esas dos fiestas son muy importantes no solamente para el Judaísmo sino para toda la humanidad. Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra en carne humana en Su ministerio terrenal, Él comenzando Su ministerio tomó el libro del profeta Isaías que le fue entregado para leerlo en la sinagoga donde Él se había criado allá en Nazaret, un sábado; como siempre acostumbraba Él asistir a la sinagoga y leer la Toráh, la Escritura, le fue dado el libro del profeta Isaías, y encontrando el lugar donde estaba escrito el pasaje de Isaías, capítulo 61, versos 1 al 2, dice... y recuerden que esa Escritura de Isaías, capítulo 61, verso 1 al 2 corresponde a la venida del Mesías y la obra que Él estará haciendo en Su Venida, lo que Él estará hablando y lo que Él estará llevando a cabo. Vean, en el capítulo 4 de San Lucas, versos 16 en adelante, dice: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Encontramos que esta lectura que Él tuvo aquí en la Biblia en el libro del profeta Isaías, ahora la localizamos en el capítulo 61, versos 1 en adelante, y el verso 2, dice: “...a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro...” Pero Él no lo leyó nada más que hasta donde dice: “A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová,” y ahí se detuvo. Y luego dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” ¿Por qué no continuó leyendo ese pasaje donde dice: “Y el día de venganza del Dios nuestro”? Este pasaje de Isaías, capítulo 61, verso 1 al 2, habla de la Venida del Mesías, y por cuanto la Venida del Mesías tiene dos partes: Su primera Venida y Su segunda Venida conforme el Cristianismo lo entiende, en Su primera Venida Él vino para proclamar el día o el año de la buena voluntad del Señor. Y por cuanto para eso fue que Él vino, hasta ahí tenía que leer, y la segunda parte que dice: “Para proclamar o predicar el año o el día de venganza del Dios nuestro...” “Y el día de venganza del Dios nuestro.” ¿Por qué no lo leyó? Porque eso es para la segunda Venida del Señor, en donde Él vendrá proclamando, predicando el día de venganza del Dios nuestro. O sea, dando a conocer el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana. Por eso es que a través de la Escritura se habla del día de venganza del Dios nuestro en el cual el Cristianismo lo ha enmarcado bajo el nombre de la gran tribulación. La gran tribulación es el lapso de tiempo de los juicios divinos sobre la raza humana que durarán tres años y medio esos juicios cayendo sobre la raza humana, repitiéndose las plagas que fueron vistas, que fueron manifestadas allá en Egipto cuando Moisés fue para la liberación del pueblo hebreo. Por lo tanto, en la fiesta de las trompetas, en la predicación en donde suena esta trompeta de Levítico, verso 24, donde dice: “Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación.” Esa fiesta de las trompetas está para cumplirse en este tiempo final, por consiguiente bajo el cumplimiento de esta fiesta de las trompetas se estarán anunciando los juicios divinos, o sea, el día de venganza del Dios nuestro, los juicios o plagas que caerán sobre el planeta Tierra. Y luego el día de la expiación se va a materializar también para el pueblo hebreo. En el campo espiritual encontramos que Cristo es la Expiación nuestra por nuestros pecados, y encontramos que durante todo este tiempo se ha estado predicando o tocando la trompeta del año del jubileo bajo la Dispensación de la Gracia, anunciando el misterio de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención llevada a cabo en la Cruz del Calvario, mostrando a la humanidad que Cristo siendo crucificado es la Expiación por nuestros pecados. Ahora, para los judíos viene un tiempo en donde se realizará tanto la fiesta de las trompetas como la fiesta de la expiación bajo una nueva dispensación: la Dispensación del Reino, que estará entrelazándose con la Dispensación de la Gracia, en donde se estará sonando o tocando la gran Voz de trompeta del Evangelio del Reino, y eso será la trompeta del año del jubileo para el pueblo hebreo, en donde se le estará anunciando que en el Programa Divino se ha llegado al ciclo divino del año del jubileo para su liberación como pueblo elegido de Dios, pueblo primogénito de Dios, pueblo amado por Dios, para luego venir la restauración del Reino de David, del Reino de Dios al pueblo hebreo. Para el Cristianismo esta trompeta del año del jubileo sonando será la predicación del Evangelio del Reino, en donde se estará recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; es la trompeta que anuncia la liberación, el tiempo para la liberación y por eso corresponde al año cincuenta, la fiesta del año del jubileo, y esa fiesta del año cincuenta o fiesta que se lleva a cabo cada cincuenta años en medio del Judaísmo, encontramos que los cuarenta y nueve años que le anteceden son el tipo y figura del tiempo por el cual pasaría el Cristianismo, y el año cincuenta es el tipo y figura que representa la Edad de la Piedra Angular, en donde se llevará a cabo la liberación de todos los creyentes en Cristo, los que murieron siendo resucitados en cuerpos eternos, y los que estén vivos, siendo transformados. Ahora, no sabemos en qué día, mes o año o década de ese ciclo divino se va a efectuar la resurrección de los muertos y la transformación de nosotros los que vivimos. Pero lo importante es saber que ese año cincuenta del jubileo representa la etapa de oro de la Iglesia del Señor luego de las siete etapas de la Iglesia del Señor a través de ese tiempo que ha transcurrido de Cristo o del Día de Pentecostés hacia acá. La Iglesia subiría a una nueva etapa, una nueva edad, una edad de oro, en donde esas promesas van a convertirse en una realidad, y así como el Día de Pentecostés se convirtió en una realidad para cada creyente en Cristo llamado desde el Día de Pentecostés hasta nuestro tiempo, produciendo una transformación interior en cada creyente en Cristo, produciendo el nuevo nacimiento y colocándolos en el Reino de Dios con Vida eterna, así también el año del jubileo que viene a ser el año cincuenta, es un pentecostés en una escala mayor, en una escala más alta, en donde vendrá la transformación física para todos los creyentes en Cristo, lo cual será la adopción, o sea, la redención del cuerpo. Para lo cual, así como entraron al Día de Pentecostés ciento veinte creyentes en Cristo con los cuales comenzó o nació la Iglesia, así también entrarán a ese ciclo divino todos los que van a ser transformados estando vivos, y los muertos en Cristo, ellos ven, porque lo que murió fue el cuerpo físico, pero ellos están vivos en el Paraíso y miran desde allá hacia acá y ven todo lo que está pasando en medio del Cristianismo, y están esperando la resurrección de ellos, la redención física que será la resurrección en cuerpos glorificados. Y los que están vivos en el Día Postrero, están esperando la redención física que será la transformación, para tener cuerpos inmortales, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, por lo cual el año del jubileo será, siendo el año cincuenta, el cual tipificaba el tiempo de la Edad de la Piedra Angular, la edad de oro de la Iglesia, tiempo en donde van a resucitar los muertos en Cristo y los vivos van a ser transformados, cincuenta es pentecostés, y pentecostés es cincuenta. Aquello que sucedía allá el Día de Pentecostés, de lo cual todavía estamos recibiendo beneficio en la esfera espiritual, ahora se moverá a la esfera física en el cumplimiento del año cincuenta, año de pentecostés, es un nuevo pentecostés para la transformación física de los creyentes en Cristo y resurrección de los muertos en Cristo. Ahora, el Día de Pentecostés encontramos que trajo la venida del Espíritu Santo y produjo una transformación, pero observen una cosa: esas personas que recibieron el Espíritu Santo el Día de Pentecostés, el día cincuenta desde la partida de Cristo hasta el Día de Pentecostés, estuvieron con Cristo, o sea, eran creyentes en Cristo. Es para cristianos también la transformación de los que estarán vivos y la resurrección de los muertos creyentes en Cristo; y luego que Cristo estuvo por unos cuarenta días con Sus discípulos ya resucitado apareciendo en diferentes ocasiones, no menos de ocho veces, no menos de ocho ocasiones, luego les dijo: “Permanezcan en Jerusalén hasta que sean llenos del Espíritu Santo dentro de no muchos días,” sería dentro de unos diez días. Pero Él no les dijo a ellos cuántos días faltaban para llegar el Espíritu Santo, para recibir el Espíritu Santo. Esas personas estaban unánimes juntas orando y esperando la venida del Espíritu Santo en el aposento alto, y aun el mismo día cincuenta ellos estuvieron durante la tarde y la noche esperando el Espíritu Santo, y en la mañana llegó el Espíritu Santo, fue derramado el Espíritu Santo sobre ciento veinte personas. Estaban todos unánimes y juntos, no solamente juntos, sino unánimes también, pensando en la misma cosa, estaban de acuerdo en lo mismo que estaban esperando, no tenían interpretaciones diferentes de lo que estaban esperando, tenían un conocimiento claro de lo que estaban esperando, y no estaban en disputas en cuanto a asuntos doctrinales, sino que estaban esperando la venida del Espíritu Santo que les fue dicho por el Señor Jesucristo. Fue en la mañana, temprano en la mañana, bien temprano en la mañana que vino el Espíritu Santo. Hemos visto que para el año de pentecostés, en donde vendrán grandes bendiciones de parte de Dios, en el Día Postrero desde la tarde y etapa de noche, estarán esperando esa transformación los vivos en Cristo, y los muertos, pues esperando su regreso con Cristo a la Tierra para tener los cuerpos inmortales, pues Cristo cuando termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, pasará por el Paraíso como hizo cuando estuvo muerto: pasó por el Paraíso donde estaba Abraham, Isaac y Jacob y todos los patriarcas, y los santos, los profetas y todas esas personas, y resucitaron con Cristo. Cristo pasará por el Paraíso donde están los santos creyentes en Cristo que han muerto físicamente, y los traerá con Él en la resurrección, los resucitará, y a los vivos que estén en la Tierra creyentes en Él, los transformará, tan sencillo como eso; y eso será nada menos que un nuevo pentecostés, un nuevo pentecostés en donde tendremos Vida eterna espiritual en el alma y Vida eterna física en el cuerpo, cuerpo glorificado. Eso será una doble porción: la porción espiritual y la porción física para todos los creyentes en Cristo, por lo cual estamos esperando ese glorioso día. Ahora recuerden, el Día de Pentecostés no comenzó en la mañana, comenzó en la tarde anterior a la mañana, porque los días conforme al calendario judío comienzan en la tarde, y esa luz que se ve en la tarde ya luego de la caída del sol, pertenece a un nuevo día que allí está comenzando, y luego pasa un momento de oscuridad y luego amanece, el sol que habían estado viendo por el Oeste donde se puso, es el mismo sol que luego sale en el Este, en el Oriente. Estamos viviendo en un tiempo muy glorioso en donde la luz que ustedes están viendo por años en el Oeste, va a comenzarse a ver, a salir, por el Este, y cuando ustedes vean que comenzará a esclarecer en el Este, la tierra de Israel, el Medio Oriente, recuerden: todo lo prometido en el año de pentecostés va a ser una realidad (como fue el día de pentecostés), para una transformación espiritual: vendrá una transformación física para los creyentes en Cristo, y una resurrección en cuerpos eternos y glorificados para los creyentes en Cristo que murieron físicamente. Por lo tanto, estemos apercibidos, porque algo grande está preparándose para acontecer en este tiempo final. Estamos en la etapa, en la edad correcta, porque ya las siete edades o siete etapas pasaron; ya los cuarenta y nueve años que anteceden al año cincuenta de pentecostés, año cincuenta de jubileo, ya transcurrieron, y hemos entrado a ese año cincuenta de pentecostés. Pero recuerde: estamos en la tarde, en la tarde de ese ciclo divino, pero va amanecer, va a haber un nuevo amanecer, y por consiguiente va a haber un nuevo cuerpo para todos los creyentes en Cristo que murieron, y nuevo cuerpo para todos los vivos al ser transformados. “EL AÑO DEL JUBILEO.” Hemos visto las bendiciones tan grandes que hay en ese año del jubileo que aparecen en Levítico, capítulo 25, versos 8 al 13, y esas bendiciones son para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Que pronto amanezca el año del jubileo, el año de pentecostés. Que pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpo eternos, que pronto los vivos en Cristo sean transformados, que pronto Cristo complete Su Obra de Intercesión en el Cielo y entre al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Que pronto se cumplan todas estas promesas y pronto nos lleve Cristo con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, a la casa del Padre celestial. Ese es mi deseo y mi petición a Dios por cada uno de ustedes y para cada uno de ustedes y para mí también. Yo no quiero que ustedes queden aquí en la Tierra ni tampoco quiero yo quedar aquí en la Tierra para pasar por la gran tribulación. Tenemos una invitación a la Cena de las Bodas del Cordero, por lo cual esperamos que pronto seamos transformados y los muertos en Cristo resucitados. Estamos escuchando esa gran Voz de trompeta y estamos recibiendo la fe para ser transformados, la revelación para ser transformados en el momento señalado por Jesucristo. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también en este nuevo año 2011; y nos prepare, estemos listos lo más pronto posible y Cristo pronto complete Su Iglesia, pues queremos ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero lo más pronto posible. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Recuerden que Cristo no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo hasta que entre a Su Cuerpo Místico de creyentes hasta el último elegido escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.” Todos queremos vivir eternamente, todos queremos entrar a ese ciclo divino y a esas bendiciones que hay en el ciclo divino, o sea, todos queremos ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y queremos que eso ocurra antes que las cosas se pongan peores aquí en la Tierra, pues las señales físicas que estaríamos viendo en el Día Postrero ya las estamos viendo, lo cual indica que estamos muy cerca de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de los que están vivos. Estamos muy cerca a la salida de Cristo del Lugar Santísimo para tomar el Libro y hacer Su Obra de Reclamo. Y donde más deben saber de esto es ¿dónde? En Puerto Rico, porque tienen en el escudo de Puerto Rico al Cordero sobre el Libro de los siete Sellos, con los siete Sellos colocados allí. Los escudos de las naciones son del Señor, son de Dios, son inspirados por Dios. Así que debemos saber la bendición tan grande que contiene ese escudo que fue otorgado por los reyes de España, los reyes Fernando e Isabel, y eso fue por allá por el 1516; estuve leyendo que es el escudo más antiguo del nuevo mundo, o sea, el escudo más antiguo del continente americano. No lo hicimos nosotros, sino que eso lo hicieron hace cientos de años, y lo otorgaron a Puerto Rico, lo cual tiene un significado muy importante para el pueblo puertorriqueño, pueblo bendecido por Dios. Hay personas que en algunos países le llaman a los puertorriqueños y a Puerto Rico y a los puertorriqueños: los benditos. Hay algo muy especial de parte de Dios para Puerto Rico y sus habitantes, una bendición muy grande, y en esa bendición todos los puertorriqueños pueden experimentar el amor de Dios hacia los puertorriqueños y hacia todos los cristianos. Puerto Rico tiene una bendición muy grande de Dios, la conozcan o no la conozcan. Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también, ya enseguida que estemos listos en los demás países, estaremos orando por todos. Con nuestra manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido en estos momentos a los Pies de Cristo y están presentes o en otros países: Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, ya hiciste la obra de salvación y ahora te pido que se haga una realidad en mi vida, sálvame, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén. Con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén. Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16) ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Todo eso en la esfera espiritual. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista; si Él tuvo necesidad de ser bautizado, cuánto más nosotros. El bautismo en agua es tipológico y es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, la persona cuando es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, se está identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Bien pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y luego de los bautismos estaremos tomando la Santa Cena en donde estaremos recordando la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, el cual tomando el pan dijo y partiéndolo al dar gracias a Dios, dijo: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo que por vosotros o por muchos es partido.” Y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, da a Sus discípulos y dice: “Tomad o bebed de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Dentro de algunos minutos, luego de los bautismos en agua, estaremos tomando la Santa Cena y también el Lavatorio de Pies en el cual está representado que Cristo nos mantiene limpios, con Su Sangre nos mantiene limpios de todo pecado, porque cuando alguno creyente en Cristo peca ante Dios por alguna causa, lo confiesa a Cristo y Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado y así lo mantiene limpio de todo pecado al creyente en Él. Ahí tenemos el significado del Lavatorio de Pies. Recuerden que Cristo dijo a Pedro, Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás.” Y Jesús le dice: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.” Pedro le dice: “No solamente los pies, sino la cabeza también, todo el cuerpo.” Jesús le dice: “El que está limpio no tiene necesidad de ser lavado completo, sino solamente los pies.” Y el que ha creído en Cristo ya fue limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo al recibirlo; y ahora, si falla en alguna cosa es como cuando se le ensucian los pies a una persona que ya estaba limpio, solamente tiene necesidad de lavarse los pies, y así Cristo con Su Sangre nos limpia cualquier falta, error o pecado, y así nos mantiene limpios delante de la presencia de Dios. Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo al reverendo José Benjamín Pérez con ustedes para que les indique cómo hacer para ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador, y luego la Santa Cena y Lavatorio de Pies, y así para todos los países también dejo al ministro correspondiente en cada país para que haga en la misma forma. Dios les bendiga y les guarde, y nos vemos Dios mediante en el próximo domingo en que estaré nuevamente con ustedes. “EL AÑO DEL JUBILEO.”

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