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Muy buenos días, ministros, compañeros en el ministerio en el Cuerpo Místico de Cristo y todos sus colaboradores, copastores también, y damas que trabajan en el Reino de Cristo presentes, y jóvenes también que trabajan en el Reino de Cristo y que por consiguiente son colaboradores de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador; y también los niños, porque veo niños también y niñitas que trabajan en la Obra del Señor y están aquí presentes; y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Para esta ocasión veo que han estado escuchando la Palabra a través de las grabaciones y también escuchando al misionero Miguel Bermúdez Marín, que es para mí el misionero más grande en toda la América Latina y el Caribe, y a través del cual Dios nos ha bendecido grandemente a todos los ministros y a todas las iglesias, todas las congregaciones. Por lo tanto, el misionero Miguel Bermúdez Marín es una bendición para la Iglesia del Señor Jesucristo. Se ha mantenido firme en el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, y les ha ayudado a todos para el crecimiento de la Obra del Señor en todos los países, y ha mantenido el Evangelio de Cristo en alto junto a cada uno de ustedes. Que Dios lo bendiga grandemente y lo use cada día más y más, y lo mantenga en medio de Su Iglesia hasta la transformación y el rapto; y a mí también. Yo deseo permanecer vivo hasta ese momento, al igual ¿que quiénes más? Que cada uno de ustedes también; porque la Escritura dice que habrá un grupo que va a ser transformado, cuando dice San Pablo, hablándonos de la transformación, donde dice: “He aquí os digo un misterio, he aquí todos...” Vamos a leerlo para que lo tengan claro, porque ahí es que usted puede basar su fe: en que va a estar vivo para la transformación. Primera de Corintios, capítulo 15, verso *49 en adelante, dice: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.” O sea, que no vamos a entrar al Reino físico del Señor, en la forma física, con este cuerpo de carne sino con un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, porque la carne y la sangre ¿qué? No pueden heredar el Reino de Dios. Ese Reino en el cual vamos a vivir físicamente por toda la eternidad pero con un nuevo cuerpo joven, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Cristo. Ahora, ¿para qué tiempo dice? Dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados...” Ahí está la promesa de una transformación, en donde nuestros cuerpos mortales serán transformados en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados. Y para los que murieron, una resurrección en cuerpos eternos y glorificados, jóvenes, por lo tanto estaremos esperando nuestros familiares que murieron; físicamente lo que murió fue su cuerpo físico, el cuerpo físico es el que muere, el espíritu y el alma sigue viviendo en otra dimensión; pues el ser humano es cuerpo, espíritu (que es otro cuerpo de otra dimensión) y alma, y lo más importante, lo más grande es el alma, porque eso es lo que en realidad es la persona. Pero el cuerpo puede ser cambiado, recibimos un cuerpo angelical cuando recibimos a Cristo, ¿ven? Y ése es para vivir con Él si partimos, vamos al Paraíso en ese cuerpo espiritual, y regresamos con ese cuerpo espiritual a la Tierra para obtener el cuerpo físico glorificado que Él ha prometido. Pero habrá un grupo de personas que van a ser transformados sin ver muerte. Vamos a verlo aquí, dice: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos (en un abrir y cerrar de ojos), a la final trompeta...” La final Trompeta es el mensaje final, porque la Voz de Dios está tipificada en una Trompeta. Por eso nos habla Isaías, capítulo 27, verso 13, que a la final Trompeta o Trompeta final o con gran Trompeta van a ser recogidos los hebreos, o sea, ciento cuarenta y cuatro mil, y eso será la fiesta de las trompetas, donde se toca la Trompeta, esa gran Voz de Trompeta o Trompeta final en Levítico, capítulo 23, versos 24 al 25. Eso es lo que llama al pueblo hebreo: esa Trompeta. Y esa misma Trompeta es en medio del Cristianismo la Voz de Dios, la Voz de Cristo hablándonos Su mensaje final. Así como Cristo ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo, pues Él dijo: “Yo estaré con vosotros (¿cuántos días?) todos los días (¿hasta cuándo?) hasta el fin del mundo.” Y Él es el que ha estado hablándole a Su Iglesia, Él ha estado en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Y por eso dice: “El que tenga oídos para oír (¿qué?) oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” De edad en edad ha estado en medio de Su Iglesia hablando a través del mensajero correspondiente a cada tiempo; y por medio de ese mensajero el Espíritu Santo ha estado llamando y juntando a los escogidos de cada tiempo. Tan simple como eso. Siempre ha sido una sola persona: Cristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia, usando diferentes instrumentos; porque el socio de Dios es el ser humano, y Dios no obra, a menos que sea a través del ser humano, de un instrumento que Él tenga: “Porque no hará nada el Señor sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7). Ahora, continuamos aquí leyendo, dice: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (o sea, los creyentes en Cristo que murieron) serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” Ahora, dice que será a la final Trompeta; y los muertos en Cristo van a resucitar primero y luego nosotros los que vivimos, porque yo me cuento en ese grupo que va a estar vivo, seremos ¿qué? Transformados. ¿Y para qué tiempo será eso? Será para la final Trompeta, ¿y en qué tiempo tocará la Trompeta final, la Voz de Dios, la Voz de Cristo? Cristo dice en San Juan, capítulo 6, verso 39 en adelante: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” ¿Para qué tiempo es que Cristo va a resucitar a los creyentes en Él? Dice que es en el Día Postrero. ¿Para qué tiempo entonces sonará la Trompeta final? Para el Día Postrero. Tan simple. ¿Y qué es la Trompeta final? La Voz de Cristo hablando un mensaje dispensacional, por eso es una gran Voz de Trompeta que se une, se entrelaza con el mensaje de la Dispensación de la Gracia. El mensaje del Evangelio del Reino se entrelaza con el mensaje de la Dispensación de la Gracia, y ambos mensajes, el de la Gracia y el del Reino, giran alrededor de una sola persona, giran alrededor de Cristo, giran alrededor de la primera Venida: el Evangelio de la Gracia, y de la segunda Venida de Cristo: el Evangelio del Reino. Tan sencillo como eso. Por eso se entrelazan el uno con el otro en el Día Postrero, y en ese entrelace es que suena la Trompeta final o gran Voz de Trompeta, el mensaje del Evangelio del Reino, para llamar y juntar a los escogidos del Día Postrero y darles la fe, la revelación, la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. En Filipenses está, vamos a terminar el verso 40: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Los únicos que pueden estar esperando la resurrección para el Día Postrero, que es para el milenio postrero, porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4, lo recuerdan muy bien). Siendo para el Día Postrero, sabemos que los que estén viviendo en el Día Postrero, en el séptimo milenio de Adán hacia acá, alcanzarán, la mayor parte de ellos, el cumplimiento de esa promesa estando vivos: serán transformados. No importa la edad que tengan, porque la muerte no escoge edad, por lo tanto un jovencito puede partir y uno que tenga muchos años continuar viviendo y ser transformado; pero el que partió, si es un creyente va a resucitar, y el ancianito que vive en el Día Postrero, cuando ocurra la transformación, si es un creyente nacido de nuevo, va a ser transformado. Así que, no se preocupen por la edad. Recuerden que es la elección. Si usted fue elegido en el programa de la elección para estar vivo y ser transformado estando vivo, no importa la edad que tenga, va a ser transformado. Si fue seleccionado por Dios para ser resucitado, no importa lo jovencito que sea, va a partir, pero va a ser resucitado; lo importante es que vamos a tener un cuerpo nuevo y eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Por lo tanto, tenemos que mantenernos firmes en la fe en Cristo, sin desviarnos de Cristo. Recuerden que no hay otro Nombre dado a los hombres en que podemos ser salvos, solamente hay UNO y ese Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. De eso era que hablaba San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12, que “no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos,” solamente en el Señor Jesucristo encontramos la salvación y Vida eterna. Les decía ayer en la noche que cuando la persona recibe a Cristo, sus pecados son echados en la Sangre de Cristo y desaparecen; como cuando usted coloca una gotita de tinta o una prenda con una manchita de tinta en el cloro, desaparece. Usted dice: “¡Un milagro, desapareció! ¿Dónde está?” No la encuentra, ni en la tinta la encuentra, regresó a lo que era antes de ser tinta. Y el pecado cuando es echado en la Sangre de Cristo, desaparece; Dios no lo encuentra tampoco, porque Dios dice que se olvidará, no recordará nuestros pecados, porque regresan a lo que era antes y regresan a su original, a su origen, y el origen del pecado es el diablo; regresaron al diablo y allá regresaron y él va a ser juzgado por esos pecados. Por lo tanto, el creyente en Cristo está justificado delante de Dios, no tiene pecados porque ya fueron echados en la Sangre de Cristo; si comete alguna falta, error o pecado, lo confiesa a Cristo y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado, desapareció. Dios no lo mira a usted como un pecador, lo mira como un santo, creyente en Cristo, lo ve justificado, sin pecado. Así es que Dios nos ve y así es que tenemos que vernos los unos a los otros; y si podemos ver alguna falla o algo en algún hermano, pues oran por él para que la persona lo confiese a Cristo, Cristo con Su Sangre lo limpie de todo pecado, y Dios lo vea sin pecado; y también nosotros verlo en esa misma forma. No estamos para acusar, sino para orar por los demás. El acusador es el diablo, y el acusador va a recibir todo aquello de lo cual él acusa a un cristiano. Y ahora, Cristo hablando con la mujer samaritana, le habla algo muy importante que es necesario conocer. El capítulo 4 de San Juan, versos... eso fue allá en la tribu de Efraín, la tribu de Efraín es la que tiene la bendición de la primogenitura. Vamos a leer desde el principio, capítulo 4, verso 1 en adelante, dice: “Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)...” Jesús no bautizó ni siquiera a Sus discípulos. No aparece en la Biblia que Jesús bautizaba, aunque aquí dice que Jesús bautizaba, pero explica: “...(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)...” Dice: “...salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.” Recuerden que José es el heredero de la primogenitura por medio de la bendición que Jacob le echó a Efraín y a Manasés. Por eso en Primera de Crónicas, capítulo 5, verso 1 al 3, aunque hoy no es domingo estamos como en un estudio bíblico, es importante tener esto en claro. Primera de Crónicas, capítulo 5, verso 1 en adelante, dice: “Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José).” Y nadie le ha quitado ese derecho de primogenitura a José y los hijos de José: Efraín y Manasés. Por eso cuando el reino fue dividido, el reino de David fue dividido en dos a causa de los pecados que cometió Salomón de permitir la idolatría en Israel; y luego, de él mismo adorar dioses ajenos, la ira de Dios se encendió sobre Salomón, y le dijo que iba a romper su reino, el reino de David, pero no en los días de Salomón por amor a David, sino en los días del hijo de Salomón, Roboam. Y cuando Salomón escuchó eso de parte de Dios a través del profeta Natán, se puso muy triste. Después de ser un hombre tan sabio, la sabiduría que tenía que usar ahí, de no adorar ni permitir la idolatría en Israel, no la usó; por eso le trajo ese problema grande a Israel. Luego, un profeta que tiene... compra una capa nueva y se la coloca, el profeta luego le aparece a Jeroboam, un descendiente de Efraín, un descendiente del que tiene la primogenitura, un descendiente de José. Y parte la capa en doce pedazos y le da diez pedazos a él y se queda con dos. Y le dice: “Así ha dicho el Señor: Diez tribus te van a ser dadas (las tribus del Norte), y le van a ser dejadas dos tribus a David, o sea, al reino de David.” Eso iba a cumplirse en los días de Roboam, el hijo de Salomón. Vean, la mayor parte le fueron dadas a la tribu de José, encabezada ahí por Jeroboam, y por eso es que el reino del Norte luego cuando se dividió, se le llama “el reino del Norte,” o se le llama “el reino de Efraín” o se le llama “el reino de Israel.” Y a las dos tribus que quedaron, que le quedaron a David (siempre ‘el David’ después que se convierte en un título para un descendiente de David siempre, porque significa “amado”) le tocan dos tribus, se queda con dos tribus Roboam. Y ese reino con dos tribus, que su capital es Jerusalén, es llamado “el reino de Judá,” reino de Judá con un descendiente del rey David y reino de Israel que le fue dado a un descendiente de José, a través de un descendiente de Efraín. Pero la promesa es que va a ser restaurado ese reino de David, que van a ser unificadas esas tribus, y que esos dos palos, dos cetros, el del reino del Norte y el del reino del Sur van a ser unidos, van a ser juntados por Dios; como fueron juntadas las doce varas o dos cetros en la mano del profeta así van a ser juntados en la mano de Dios, y así va a ser restaurado el reino de David. Por lo tanto, en el Día Postrero el Mesías será ese Rey que unificará a las doce tribus, unificará al reino del Norte con el reino del Sur, y eso será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, la restauración del reino de David. Y siendo que en ese Reino van a estar los creyentes en Cristo también nacidos de nuevo, que van a resucitar los que murieron y los que estén vivos van a ser transformados, luego de la Cena de las Bodas del Cordero, regresarán a la Tierra con el Señor para el establecimiento de ese Reino. Y ahí van a estar como reyes y sacerdotes todos los creyentes en Cristo que van a estar con cuerpos eternos y glorificados. Van a tener una parte muy importante en ese Reino, la parte principal, en palabras más claras: ese es el Gabinete de Gobierno del Mesías. Y siempre en un gobierno o en un reino, lo más alto que es, es el rey y su gabinete. Eso es el Rey y la Reina: Cristo y Su Iglesia. Por lo tanto, la bendición para los creyentes en Cristo es la más grande de toda la Biblia. Son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro, nos dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante. Pero ahora vamos a continuar aquí leyendo, miren todo lo que había en este pasaje del lugar de Sicar, allá en Samaria, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob, fue un pozo que Jacob hizo, y vean, dice: “...Entonces Jesús, cansado del camino...” Se cansaba, todavía no había sido glorificado. Cuando ya esté el cuerpo glorificado, ya no hay cansancio, porque es un cuerpo perfecto, eterno. Mientras tanto está en la etapa o proceso para ser adoptado, ser glorificado, ser convertido en un cuerpo glorificado, eterno. “Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.” Por ahí, por el mediodía, de 6:00 a 12:00, la hora sexta viene a ser las 12:00. A esa hora las doncellas están en sus hogares, es la hora en que están preparando ya la comida o van a comer, y como esta mujer samaritana tenía sus problemas inmorales, iba a la hora que las doncellas no estaban, para que ellas no se burlaran de ella. Dice: “Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” Como ocurre en algunas naciones, y aún en las mismas naciones; hay personas que no se tratan con personas de un nivel más bajo económico o de un nivel social más bajo, o por alguna otra causa, o por su afiliación política o por su afiliación religiosa. “Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Vé, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.” Se le revela, le habla claro a una mujer samaritana. Ahora: “ADORACIÓN Y SERVICIO A DIOS.” De esto es que le habla Cristo a esta mujer samaritana, pues el ser humano es espiritual. Y por eso, entienda o no entienda, sabe que hay un mundo espiritual, y sabe que hay un Dios eterno, y sabe que dentro de sí tiene inquietudes espirituales, y por eso el ser humano siempre ha estado buscando a Dios y algunas veces se ha enredado en cosas religiosas, cosas espirituales que no son las correctas. Y por eso es que hay tantas religiones en el mundo y tantos caminos espirituales, y muchas personas dicen: “Todos los caminos conducen a Dios.” Pero Cristo no enseña eso. Cristo dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” Esa es la enseñanza de Cristo. Hay un solo camino a Dios, es Cristo. (Eso fue en San Juan, capítulo 14, verso 6). Y en San Mateo, capítulo 7, verso 13 al 14, Cristo dice que hay un camino ancho que lleva a la perdición, pero que hay un camino angosto que lleva a la vida; y que hay una puerta angosta, y el que entra por ella (que le recomienda entrar, por la cual le recomienda entrar), es la puerta de la vida, y es Cristo, el cual Él dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo; y entrará y hallará pastos.” (San Juan, capítulo 10, ¿verso qué?, verso 9). Él es la Puerta y también es el Camino que lleva a la Vida eterna. Por lo tanto, para adorar a Dios, servir a Dios, tenemos que entrar al lugar correcto. En Israel encontramos que fue construido el templo, llamado el templo de Salomón, donde el pueblo iba para servir a Dios en, principalmente tres fiestas durante el año, también llevaban ofrendas y diezmos allá al templo; era llamada la Casa de Dios, el Templo de Dios donde estaba la presencia de Dios, así como el tabernáculo que construyó Moisés en el desierto era la Casa de Dios o Templo de Dios donde estaba la presencia de Dios. En el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, están los tipos y figuras de lo que se cumpliría en el Cristianismo. Y por eso encontramos que San Pablo en Hebreos, capítulo 3, nos dice de la siguiente manera y lo vamos a leer para que tengamos el cuadro claro, porque la adoración tiene que ser en la Casa de Dios, ya no es en un monte literal, ni en Samaria ni en Jerusalén. Cristo dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí Yo estaré.” Y allí estarán esas personas ¿qué? Reunidas en el Nombre del Señor, adorando y sirviendo a Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Hebreos, capítulo 3, verso 1 en adelante o verso 3 en adelante, para no leer mucho dice... es importante este pasaje, vamos a comenzar en el verso 1: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús.” Ahora, así como intercedió el sumo sacerdote en el templo terrenal, tanto en el tabernáculo que construyó Moisés como en el templo que construyó Salomón, y llevaba el sacrificio, la sangre del sacrificio también al Lugar Santísimo y esparcía con su dedo siete veces, sobre el propiciatorio, ahora el Sumo Sacerdote, en y bajo el nuevo Pacto, está en el Cielo, en el Templo celestial, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Él es el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, según ese orden celestial del Sacerdocio celestial; el sacerdocio levítico, sacerdocio de Aarón y sus descendientes, es el tipo y figura de un Sacerdocio celestial que hay en el Templo celestial de Dios. Ese orden celestial es mencionado como el orden de Melquisedec, Jesucristo es el Sumo Sacerdote de ese orden celestial, y por eso con Su propia Sangre lleva dos mil años, alrededor de dos mil años más o menos (tendríamos que arreglar el calendario para poner la fecha exacta), desde que subió al Cielo. Y ahora, ha estado como Sumo Sacerdote intercediendo por cada persona que tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que escucha el Evangelio de Cristo, nace su fe en Cristo, nace en su alma, en su corazón; porque la fe viene por el oír la Palabra, y la fe crece por el seguir oyendo la Palabra; así como el conocimiento para una persona viene por lo que escucha de sus padres, y sigue creciendo por lo que escucha luego de sus maestros, y sigue creciendo por lo que sigue escuchando en su vida. Y ahora, la fe viene por el oír. Con el corazón se cree, no se cree con los sentidos sino con el alma, con el corazón, porque el sentido del alma es el libre albedrío para creer o dudar; para ser un creyente o ser un incrédulo, tiene un sentido la persona y es el libre albedrío, para elegir: para creer la Palabra de Dios o no creer la Palabra de Dios. Y la persona elige si cree o no cree la Palabra de Dios, donde está todo el Programa Divino que Él llevó a cabo en el pasado, que está llevando a cabo en el presente y que llevará a cabo en el futuro. Cada creyente en Cristo está bien fundamentado en la Palabra de Dios. Por eso tiene lo que comúnmente se llama en medio del Cristianismo el Antiguo y Nuevo Testamento. Y ahora, en la Casa de Dios es que se tiene que adorar a Dios, o sea, la persona tiene que estar como un miembro activo de la Casa de Dios. Recuerden que Dios le apareció a Moisés y luego le dijo: “Te será dada por señal que traerás el pueblo a este monte (al Sinaí) y serviréis a Dios sobre este monte, en este monte.” Y ahí le fueron dados los diez mandamientos y ordenanzas y leyes para todo Israel. Encontramos, por consiguiente, que la profecía era que el pueblo sería traído, sacado de Egipto, y llevado al monte Sinaí; pero para llegar hubo muchos problemas. Pero Moisés tenía la Palabra, el Ángel del Pacto estaba en Moisés, velado en Moisés. Ponía la Palabra Dios, como le prometió a Moisés, en la boca de Moisés, o sea, la ponía en el corazón, la mente y la boca, y Moisés la hablaba y eso era el Ángel del Pacto en él hablando a través de Moisés. Moisés era el que tenía la revelación. Ninguna otra persona tenía la revelación del Programa Divino para aquel tiempo. Ninguna otra persona sabía lo que había que hacer, solamente Moisés; y Moisés lo comunicaba a Aarón, para que Aarón hablara al pueblo, porque Moisés tenía problemas, era tartamudo; y a muchas personas no les gusta escuchar hablar a una persona con problemas porque no se le entiende mucho, “y con un mensaje tan importante, cómo lo iban a entender,” piensa Moisés. Pero originalmente la voluntad de Dios era que Moisés fuera la persona que hablara, Dios sabía cuál era su problema y lo escogió así, así le agradó; y como a Dios le agrade, así es la perfecta voluntad de Dios. Pero tener un buen ayudante no es malo, y tener muchos buenos ayudantes es muy bueno, siempre y cuando no metan en problemas a las personas. Y ahora, en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, están los tipos y figuras de lo que sucedería más adelante en una nueva dispensación: la Dispensación de la Gracia. Por eso en el sumo sacerdote está representado el Mesías, y en los demás sacerdotes están representados todos los creyentes de los cuales la Escritura dice que son Reyes y Sacerdotes; también en los reyes están representados los creyentes en Cristo. Y están en la esfera espiritual, por lo tanto no tienen que meterse en la política de este mundo porque ni Cristo quiso el reino de este mundo, para ser Rey sobre este mundo. Él tiene la promesa del Reino de Dios, es el heredero del Reino de Dios que va a ser establecido en este planeta Tierra, y Él mismo lo va a establecer. El reino de los gentiles es temporal o temporero, el Reino de Dios es para toda la eternidad. Y ahora, para adorar a Dios y servir a Dios tiene que ser en la Casa de Dios; y estarán adorando en Espíritu y en verdad. Pero Él no tiene una casa literal, aquella casa, el tabernáculo en el desierto y el templo que construyó el rey Salomón, son tipo y figura de la Casa de Dios en y del Nuevo Testamento. Y esa Casa, vamos a ver aquí, el capítulo 3 que estamos leyendo de Hebreos, para refrescar la memoria dónde nos habíamos detenido, leemos desde el verso 1: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial (ese llamamiento celestial que por medio del Evangelio de Cristo es efectuado), considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús (Él es el Sumo Sacerdote de nuestra profesión, y está en el Cielo como Sumo Sacerdote); el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.” Y ahora, la Casa de Dios en el Nuevo Testamento, que es la Casa de Cristo, es Su Iglesia, los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Y por eso la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual, formado por piedras vivas, como dice Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10, “piedras vivas, para ser un Templo Santo en el Señor.” Y ahora, es en esa Casa, la Iglesia del Señor Jesucristo, donde han sido colocados todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales tienen sus nombres ahí escritos, por los cuales Cristo ha estado intercediendo por estos dos mil años, y los cuales han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, y la fe de Cristo ha estado naciendo en el alma, en el corazón de ellos, y han creído en Cristo; porque la fe viene por el oír la Palabra y con el corazón se cree, han creído de todo corazón en Cristo pero con la boca se confiesa para salvación; se hace confesión, confiesan a Cristo como único y suficiente Salvador, son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento. Así han nacido del agua y del Espíritu, como le dice Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo, y la persona obtiene el nuevo nacimiento, nace de nuevo, nace en el Reino de Cristo como un hijo o una hija de Dios, y ya es parte de ese Templo espiritual, de esa Casa de Dios donde todos sirven a Dios, adoran a Dios en Espíritu y en verdad. Ahí es donde está la Sangre de Cristo, como estaba la sangre del cordero pascual en la puerta, en el dintel y los postes de los hogares hebreos, ahí en la Casa de Dios, está la Sangre de Cristo, el Cordero de Dios que murió para quitar el pecado del mundo. En esa Casa, la Iglesia del Señor Jesucristo, se adora a Dios en Espíritu y en verdad, y por consiguiente, se sirve a Dios. Fue tipificada en una escalera que vio Jacob allí en el capítulo 28 del Génesis, cuando iba huyendo de su hermano Esaú y se encontraba ya por cierto lugar rumbo a la casa de su abuelo y abuela, o sea los padres de Rebeca. En el capítulo 28, verso 10 en adelante, dice (del Génesis): “Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto (ya se había desaparecido el sol y ya estaba comenzando la oscuridad); y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.” El Señor Jesucristo en San Juan, capítulo 1, verso 51, hablando con uno de Sus discípulos cuando llegó a él traído por Felipe, cuando trajo a Natanael, y cuando Cristo lo ve en el capítulo 1, verso 47 al 51 de San Juan, dice: “Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” El Cielo fue abierto cuando Cristo efectuó el Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario; y luego más adelante subió al Cielo, y después regresó y estuvo unos cuarenta días con Sus discípulos apareciendo a ellos en diferentes ocasiones (no menos de ocho veces); y luego subió al Cielo, y está todavía allá como Sumo Sacerdote en el Templo celestial haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador. Cristo siendo la Puerta, y Dios mostrándole a Jacob esa escalera por donde suben y bajan ángeles de Dios y Jacob diciendo luego: “Dios está en este lugar, y yo no lo sabía.” Y eso es Dios estando en Su Iglesia, y los judíos no lo saben, Jacob, Israel no lo sabe. Vean, han pensado que es una religión más. Pero luego Jacob dice: “Esto no es otra cosa sino casa de Dios y puerta del cielo.” Y ahora, la Casa de Dios no es el tabernáculo que construyó Moisés, porque eso corresponde al antiguo pacto; tampoco es el templo que construyó Salomón, porque eso corresponde al antiguo pacto, eso corresponde a la Dispensación de la Ley. Ahora, en la Dispensación de la Gracia, el templo no está ni allá en el desierto donde estaba el tabernáculo, ni tampoco en la tierra de Israel, ni tampoco en Jerusalén; el Templo es la Iglesia del Señor Jesucristo, no es otra cosa sino Casa de Dios y Puerta del Cielo. Ahí es que entran y por ahí es que entran y suben al Reino de Dios, al Reino celestial, estas personas de las cuales Cristo dijo en una ocasión que “en el Reino de Dios o en el Cielo ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios;” en la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento, cuando resuciten los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y sean transformados los vivos, ya eso de casarse o darse en casamiento no existirá; no existirá para casarse o darse en casamiento y tener hijos, ya eso no existirá para los creyentes en Cristo que van a tener un cuerpo eterno y glorificado, serán como los ángeles de Dios, serán a imagen y semejanza de Jesucristo, cuerpos eternos, cuerpos glorificados físicos, y cuerpos eternos espirituales también. Por lo tanto, estarán adorando y sirviendo a Dios en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, todos los creyentes en Cristo. Y la Iglesia es universal, donde estén dos o tres reunidos en el Nombre del Señor Jesucristo, ahí está Cristo, porque esa es la Casa de Dios: la Iglesia del Señor Jesucristo; es mundial, es universal. Por lo tanto, donde estén dos o tres reunidos en el Nombre del Señor, estará Cristo en Espíritu Santo en medio de esas personas. Ha estado pasando la Iglesia del Señor Jesucristo por diferentes etapas porque está siendo construido ese Templo con piedras vivas; comenzó la construcción de ese Templo allá en Jerusalén, se extendió por todo Israel, luego pasó a otra etapa en Asia Menor, luego pasó a otra etapa en Europa, donde se cumplieron cinco etapas de la construcción de ese Templo espiritual; y luego, pasa a una séptima etapa a Norteamérica, siempre acercándose más y más al Lugar Santísimo de ese Templo espiritual. Comienza en el Este, pues la entrada a ese Templo es como la entrada al tabernáculo y al templo que construyó Salomón, la puerta de entrada está por el Este y por esa puerta es que se entra a esa Casa, y la Puerta es Cristo. ¿Ve? Y por el Este estaba, se realizaba el sacrificio de expiación, y por el Este, allá en el Medio Oriente, en la tierra de Israel, se realizó el Sacrificio de Expiación de Cristo en la Cruz del Calvario. A medida que ha ido avanzando el tiempo, la construcción de ese Templo espiritual se ha estado llevando a cabo de Este a Oeste. Y ahora nos encontramos que la séptima etapa de la Iglesia entre los gentiles se cumplió en Norteamérica, y todo eso que se ha construido desde la tierra de Israel hasta Norteamérica, corresponde al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, y por eso aparece un candelabro con siete lámparas, que son las siete etapas o edades de la Iglesia, con las siete mechas encendidas que son los siete mensajeros con el Fuego del Espíritu Santo, en donde Cristo ha estado alumbrando en medio de Su Iglesia en esa etapa del Lugar Santo de Su Iglesia. Pero luego se tiene que continuar en la construcción del Templo espiritual de Cristo, que corresponde al Lugar Santísimo de ese Templo. Y eso corresponde a este tiempo final, donde piedras vivas son llamadas y juntadas en la Iglesia del Señor Jesucristo para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, de ese Templo espiritual, formar parte del Lugar Santísimo de ese Templo. Es ahí donde estará la manifestación de Dios del Día Postrero, como lo estuvo en cada edad de la Iglesia, en donde Dios se manifestó por medio del mensajero de cada edad, Dios en Espíritu Santo a través de cada uno de Sus mensajeros. Para el Día Postrero estará Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia en una nueva etapa: la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia, que es la etapa que corresponde al Lugar Santísimo. Ahí es donde estará la manifestación de Dios del Día Postrero en Su Iglesia, en Su Templo, y ahí estarán los verdaderos adoradores, adorando al Padre en Espíritu y en verdad. ¿Dónde adora usted? Tiene que ser en la Casa de Dios, el Templo espiritual de Cristo, y tiene que ser en la etapa que corresponde al tiempo en que usted está viviendo. Fuera de esa etapa no funciona la adoración y el servicio a Dios, tiene que ser en el tiempo que corresponde a la etapa que usted vive en esta Tierra. Ya estamos en un tiempo muy avanzado, en donde de un momento a otro se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, se completará la construcción de ese Templo espiritual. Y así como Moisés dedicó el tabernáculo a Dios y entró la presencia de Dios y se colocó sobre el propiciatorio en el Lugar Santísimo sobre el arca del pacto, lo mismo que ocurrió cuando Salomón dedicó el templo a Dios, descendió la Columna de Fuego, la Presencia de Dios; así también cuando sea dedicado el Templo al Señor Jesucristo, ese Templo espiritual sea dedicado a Dios cuando se complete la construcción de ese Templo, la presencia de Dios en toda Su plenitud entrará a Su Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo, al Templo del nuevo Pacto, y morará en toda Su plenitud. Grandes cosas van a estar sucediendo en la Iglesia del Señor Jesucristo, y una vez más será vista la presencia y manifestación de Dios en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. El Cristianismo tiene una bendición grande prometida para el Día Postrero. Bajo esa bendición será que la resurrección de los muertos en Cristo va a ocurrir y la transformación de los vivos; en ese tiempo será que va a ocurrir todo eso que está prometido para el Cristianismo, para la Iglesia del Señor Jesucristo. Los judíos van a ser bendecidos también, van a ver esa manifestación de Dios y van a decir: “Esto es y éste es el que nosotros estamos esperando.” Pero Él viene por Su Iglesia, para transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, a esa unión de Cristo con Su Iglesia. Recuerden que un pacto con el pueblo hebreo es un pacto de unión de Dios con el pueblo hebreo y del pueblo hebreo con Dios, como el pacto que se hace en un matrimonio de una joven con un joven. El nuevo Pacto es la nueva unión o nuevo matrimonio o matrimonio de Dios con Su Iglesia, la Iglesia o pueblo del nuevo Pacto. Por lo tanto, permanecen fieles a Cristo, pues en lo espiritual han sido unidos con Cristo; pero falta la parte física, que será la unión física en donde físicamente serán una misma carne: cuerpos eternos, inmortales y glorificados; así como en lo espiritual son un mismo espíritu: espíritu angelical como el cuerpo angelical del Señor, así también lo tienen los creyentes en Cristo. Eso es recibir el Espíritu de Cristo, ese cuerpo angelical, y de ese cuerpo angelical de Cristo vienen los cuerpos angelicales de todos los creyentes en Cristo; y eso es tener el Espíritu de Cristo, y eso es el nuevo nacimiento para los creyentes en Cristo. Y esos son los que estarán adorando siempre a Dios en espíritu y en verdad. “ADORACIÓN Y SERVICIO A DIOS.” Estarán adorando a Dios en espíritu y en verdad en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y estarán sirviendo a Dios en la Casa de Dios. Todo el trabajo que harán en la Iglesia del Señor Jesucristo, es un trabajo, una labor y un servicio en la Iglesia del Señor Jesucristo como miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, por lo cual el apóstol Pablo decía en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 58: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” Él va a recompensar a cada uno según sea ¿qué? Su obra, Él mismo lo dice: “He aquí vengo pronto...” Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Todos queremos un galardón grande de parte de Cristo. Y va a ser tan grande como la obra que usted haya llevado a cabo en la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, usted va a ver, va a decidir de qué tamaño usted quiere su galardón. Yo les recomiendo siempre que trabajen y luchen por un galardón grande. “ADORACIÓN Y SERVICIO A DIOS.” ¿Dónde? En la Casa de Dios, el Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo. Manteniéndonos firmes siempre en la fe en Cristo, que nadie pueda arrancar a Cristo de nuestra alma. No podemos comprometer nada si está en juego que sea sacado Cristo de nuestra alma. Cristo es el centro de nuestra vida. Cristo es el Ángel del Pacto, el que libertó al pueblo hebreo a través de Moisés y el que le dio la Ley al pueblo hebreo, el que le dio el pacto al pueblo hebreo, de esa unión del pueblo hebreo con Dios, es una unión matrimonial en términos espirituales. Y es el mismo que nos ha dado el nuevo Pacto del cual Él habló en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, cuando tomando el pan en la última Cena, parte y da a Sus discípulos, y dice: “Tomad, comed, este es mi cuerpo.” San Pablo dice: “Este es mi cuerpo que por vosotros o por muchos es partido.” Y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, da a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” La Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Cristo, ya no es sangre de animalitos. Juan (el Bautista) sabiendo que el cordero pascual tipificaba al Mesías, dice cuando ve a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y ahora, bajo el nuevo Pacto el pueblo tiene un Cordero pascual que es Jesucristo, que murió en la Cruz del Calvario para la preservación de nuestra vida, para que podamos vivir eternamente en el Reino de Dios. Sin Cristo el ser humano está perdido, sin Cristo el ser humano no está reconciliado con Dios. La reconciliación viene por medio de Cristo, y nuestra paz es Cristo. Por lo tanto, bien agarrados de Cristo, bien fundados en Cristo, como dijo Cristo en la parábola del que edificó su casa sobre la roca, que luego vinieron vientos, problemas y todas estas situaciones, y el río creció, pero la casa permaneció porque estaba fundada sobre la roca. Está fundada sobre la Roca de la revelación, de quién es Cristo, nuestro único y suficiente Salvador. El que fundó su casa sobre la arena, vinieron vientos, vino tormenta, vino lluvia, subieron los ríos, y se la llevó; pero el que fundó su casa sobre la Roca que es Cristo, permaneció. Por lo tanto, permaneceremos firmes, sin ser movidos, no importan los problemas, los vientos, las tormentas, las persecuciones que vengan porque estamos fundados sobre la Roca, que es Cristo, la Roca inconmovible. Problemas siempre los hubo a través de la historia bíblica, siempre los habrá; y en Deuteronomio, capítulo 8, dice que era para probar si servirían a Dios o no servirían a Dios las personas; eso lo que hace es que prueba a las personas, es probada la fe de las personas. Pero la fe de los creyentes se afirma cuando vienen esos problemas, cuando vienen esas persecuciones, esas situaciones, y nadie le puede sacar a Cristo del alma, y nadie los puede mover del nuevo Pacto, y nadie los puede mover de su fe en Cristo; y por consiguiente, nadie los puede mover de la protección de la Sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado y nos mantiene cubiertos con Su Sangre; conscientes de que hemos venido para ser rociados con la Sangre de Cristo. Sin Cristo el ser humano está sin protección, porque no tiene la Sangre de Cristo, y por consiguiente, los pecados de la persona permanecen ahí; cuando Dios lo mira, lo ve con los pecados. Y el diablo acusa a esa persona delante de Dios y por consiguiente la persona tiene muchos problemas en la vida; y el juicio divino cae sobre las personas que no están protegidas con la Sangre de Cristo. Por lo tanto, es importante que estemos firmes en Cristo, recordando siempre que a través de la historia bíblica todos los creyentes en Cristo han pasado por diferentes pruebas, diferentes etapas, pero siempre han dado testimonio de que están dispuestos a dar la vida por Cristo. Dieron la vida en el tiempo allá del imperio romano cuando se los echaban a los leones, dieron la vida cuando los quemaban también; porque el creyente en Cristo ama a Cristo de todo corazón, adora a Dios a través de Cristo, y sirve a Dios a través de Cristo. Cristo es el centro de su vida, el cual dio Su vida por nosotros, y nosotros estamos dispuestos a dar nuestra vida por Cristo y la fe en Cristo. “ADORACIÓN Y SERVICIO A DIOS.” Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo nuevamente con ustedes al misionero Miguel Bermúdez Marín (si está por aquí todavía, tiene un compromiso, tiene que salir a tiempo). Así que les dejo con Miguel o con el misionero reverendo Miguel Bermúdez Marín (si está todavía aquí) o si no, al reverendo Andrés Cruz Gallego. Dios les bendiga y les guarde, y mañana nos vemos Dios mediante. Parecía culto, escuela bíblica de domingo, pero ahora me recordé que hoy es sábado y mañana es domingo; mañana estaré con ustedes nuevamente. Dios les bendiga y les guarde a todos. “ADORACIÓN Y SERVICIO A DIOS.”

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