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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, ministros y diferentes personas de diferentes iglesias, y también los de esta congregación. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.     Quiero reiterar mis condolencias a la esposa de nuestro hermano y amigo, el pastor Natividad Contreras por su partida, y también a sus hijos y nietos y también yernos y yernas, y a esta congregación la cual él pastoreaba.     Sabemos que él está mirándonos desde la sexta dimensión, desde el Paraíso, y está muy feliz al vernos aquí reunidos, pues de allá se ve hacia acá y se disfrutan las actividades que los creyentes en Cristo llevan a cabo; y algún día regresarán en cuerpos glorificados y eternos para estar nuevamente con nosotros, pero como jóvenes en cuerpos eternos, pues esa es una promesa de Jesucristo para todos los creyentes en Cristo y por consiguiente esa es una promesa para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también; es una promesa que se convertirá en una realidad para todos los creyentes en Cristo que han partido, y la transformación para todos los creyentes en Cristo que estén vivos en el momento de la resurrección de los muertos en Cristo.     Dice el apóstol Pablo y también nuestro amado Señor Jesucristo hablándonos de la resurrección y el poder de la resurrección, de la siguiente manera en San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18, donde dice Jesucristo:     “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,     así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.     También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.     Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.     Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”     “EL PODER DE LA RESURRECCIÓN.”     Cristo en este pasaje nos muestra que Él tiene ese poder para poner Su vida por nosotros, por Sus ovejas, y luego para volverla a tomar, para resucitar, ¿por qué? Porque Él tiene el Espíritu Santo, y el poder está en el Espíritu Santo, es el Espíritu Santo el Espíritu de Dios , el que resucitó a Cristo de entre los muertos, y estaba en Jesucristo y está en Jesucristo. Ahí tenemos el poder de la resurrección.     El apóstol San Pablo conocedor de este poder de la resurrección, dice que ni la muerte, ni la vida, ni Ángeles ni principados nos podrán apartar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Él nos enseña que habrá una resurrección para todos los creyentes en Cristo, que Cristo realizará esa resurrección.     Es que a Cristo están sujetas todas las cosas, todo está sujeto a Cristo: este mundo, el planeta Tierra completo y el universo completo. Por eso Cristo decía en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.”     Por lo tanto, todo el poder le pertenece a Cristo, ¿por qué? Porque Dios está en Cristo; y si Dios está en Cristo, todo el poder está en Cristo, Dios está en Cristo manifestando Su poder, es Dios por medio de Cristo, por medio del Ángel del Pacto, que manifiesta Su poder, y por eso está todo el poder de Dios en Jesucristo, y Cristo ha colocado Su poder en Su Iglesia.     Por lo tanto, podemos ver a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo allá en el tiempo de los apóstoles cómo el poder de Dios estaba en la Iglesia del Señor Jesucristo manifestándose, tanto en la predicación del Evangelio en donde los corazones eran abiertos y la fe de Cristo nacía en el corazón, porque la fe viene por el oír, y por el oír la Palabra, nace la fe de Cristo en el alma, y luego con la boca se confiesa a Cristo como único y suficiente Salvador, ¿para qué? Para salvación.     El programa de redención, el programa para Vida eterna es sencillo, para que los pobres y los ricos, los que no han estudiado y los que han estudiado tengan la misma oportunidad, no importa la clase económica o social a la cual pertenezcan las personas, todos tienen la misma oportunidad para obtener la salvación y Vida eterna, con la promesa de que habrá una resurrección para los creyentes en Cristo que hayan muerto, y una transformación para los que estén vivos en el momento de la resurrección.     Los creyentes en Cristo han estado esperando la Venida del Señor llamada en medio del Cristianismo la segunda Venida de Cristo. ¿Y para qué han estado esperando la Venida del Señor? Vamos a ver para qué está prometida la Venida del Señor para el Día Postrero.     Cristo dice en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante, 39 al 40:     “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.     Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”     La resurrección es para el Día Postrero, de eso fue que le habló Cristo también a Marta la hermana de Lázaro, cuando le dice: “Tu hermano resucitará.” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero.” Jesús le dice: “Yo soy la resurrección y la vida.” Es como cuando alguien nos puede decir: “Va a venir una persona dando grandes cantidades de beneficios, de dinero.” Y luego viene alguna persona y habla con usted, y esa persona le dice: “Va a venir un beneficio muy grande para todas las personas.” Y la persona puede decirle: “Sí, yo sé que va a venir.” Y la persona le dice: “Pues yo soy el que voy a traer ese beneficio.”     “Yo soy la resurrección y la vida,” le dice Cristo a Marta, por lo tanto, allí estaba el hombre que va a hacer la resurrección general de todos los creyentes en Él, y podía hacer la resurrección de Lázaro, porque para eso fue que Él llegó en esa ocasión.     Recuerden, allí en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 en adelante y un poco antes también, cuando Jesucristo estaba por otro lugar predicando, y le llega la noticia que Lázaro está enfermo y no fue a verlo, y espera, y más adelante le llega la noticia de parte del padre que Lázaro ha muerto, y le dice Cristo a Sus discípulos: “Lázaro nuestro amigo duerme, y voy a despertarlo.”     Está hablando en términos espirituales, no era que estaba durmiendo del sueño físico que siempre tenemos nosotros todos los días, ni que iba a despertarlo de ese sueño, sino que lo que quiere decir es que Lázaro había muerto, y Jesucristo dice que va a resucitarlo.     Pero los discípulos no entienden esas palabras en términos figurados, y Cristo entonces les habla claramente porque ellos le dicen: “Bueno, si Lázaro duerme, estará bien.” Pero entonces Cristo les habla claramente, y les dice: “Lázaro nuestro amigo, ha muerto, vamos allá.”     Y cuando llegan enseguida le reclaman: “Si Tú hubieses estado aquí, hubieras estado aquí, Lázaro nuestro hermano, no habría muerto,” porque sabían que iba a orar por Lázaro. Y Jesús les dice: “Lázaro va a resucitar.” Y Marta le dice: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero.” Ella sabía que la resurrección es para el Día Postrero, y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, porque un día delante del Señor para los seres humanos es un milenio, son mil años.     Y ahora, Cristo le dice a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esa es una promesa no solamente para Marta y María y Lázaro, sino para mí también, ¿y para quién más? Pues para cada uno de ustedes y para todo creyente en Cristo, la promesa es que la persona aunque muera físicamente su cuerpo, no morirá eternamente, va a resucitar en un cuerpo glorificado.     Y aún más, aunque el cuerpo físico muera, la persona sigue viviendo en el cuerpo angelical en el Paraíso, que es otra dimensión parecida a esta dimensión donde hay árboles, hay aves, hay lagos y hay gente también, pero en otros cuerpos, cuerpos inmortales, la clase de cuerpo de los Ángeles, cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos; pero ellos van a regresar para tomar cuerpos físicos en los cuales podrán vivir en esta dimensión terrenal y podrán comer también.     Por lo tanto, cuando los muertos en Cristo resuciten, nos vienen a visitar y podrán comer. La muestra está en Jesucristo que cuando resucitó creían que era un Espíritu, y Él les dice: “No, ¿tienen ustedes algo de comer? Pues el Espíritu no tiene carne y hueso como yo tengo. ¿Tienen algo de comer?” Le dan un pedazo de pescado y un panal de miel y come delante de ellos, así será también con los creyentes en Cristo cuando ellos resuciten. Estuvo Cristo unos cuarenta días apareciendo en diferentes ocasiones, no menos de ocho ocasiones, y en cada ocasión comía con ellos.     Y aún más, tenemos un detalle de Jesucristo: sabía cocinar; porque cuando está en la playa y los discípulos están pescando y no hallan nada, y Él les dice: “Tiren las redes hacia tal lugar,” hacen así, bogan mar adentro, tiran la red, y cuando uno de los discípulos le dice al otro: “Es el Señor.” Pues está amaneciendo, no se distinguía bien, pero eso lo había hecho en otras ocasiones también, cuando ellos no encontraban nada para pescar Cristo les decía lo que tenían que hacer, y grande multitud de peces obtenían, pero en esta ocasión solamente ciento... ¿cuánto? 153 peces, 153 peces grandes; 153 peces escogidos, representa los escogidos del Día Postrero.     Siendo que ya estaba resucitado, ahí tenemos lo que Él va a hacer en el Día Postrero: están los escogidos del pueblo hebreo que son ciento cuarenta y cuatro mil que nadie los ha podido pescar, y están los escogidos del Día Postrero, del Cuerpo Místico de Cristo, pero tenemos un detalle muy importante en San Mateo, capítulo 13, para que tengamos el cuadro claro de lo que Cristo estará haciendo en el Día Postrero; capítulo 13, verso 47 en adelante, dice:     “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces.”     Recuerden que el Evangelio es esa red, y cuando es echada al mar, el mar representa multitudes de gentes, naciones, pueblos y lenguas, es echada en medio de las naciones, pues Cristo dijo:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”     O sea, “echen la red,” y también Él dijo a los discípulos cuando los estuvo llamando para que lo siguieran, dijo: “Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres.” Y cuando los envía a predicar, envía a echar la red del Evangelio ¿para qué? Para recoger peces.     Y ahora, aquí tenemos lo que va a pasar en el tiempo final:     “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces.”     Por eso es que en el Cristianismo hay buenos peces y malos peces, hay gente buena, pero también algunas veces aparecen algunos que no son tan buenos:     “Y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.     Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos (ese es el momento en que los malos van a ser separados de los buenos, y los malos, vean qué sucederá),     y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”     Van a ser echados a la gran tribulación en el Día Postrero, en el lapso de tiempo de tres años y medio en donde el juicio divino va a estar cayendo sobre los malos; vean, de eso es que nos habló Malaquías también en el capítulo 4 cuando nos dice, verso 1 en adelante:     “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama (ahí tienen a los malos, y lo que les estará sucediendo).     Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”     Para los buenos, saldrá el Sol de Justicia, eso es la Venida del Señor. Recuerden que Él dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” la Luz de la Vida eterna.     Aquí tenemos la promesa de lo que estará sucediendo en el tiempo final, en el Día Postrero. Sigue diciendo:     “Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.     Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.     He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”     Antes de comenzar la gran tribulación el ministerio del profeta Elías estará nuevamente en la Tierra. Tenemos la promesa de los dos Olivos, los cuales son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios prometidos para el Día Postrero; esos son los ministerios que toman la red, la sacan del mar, sacan lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera, lo echan a la gran tribulación, y todo eso está prometido para el tiempo final.     Así será el final del siglo, así será el final de la Dispensación de la Gracia, así será el final del reino de los gentiles también, así terminará el reino de los gentiles siendo echados al horno de fuego donde será el lloro y el crujir de dientes que es siendo echados a la gran tribulación donde el juicio divino será derramado sobre la Tierra.     Pero los justos, los escogidos, los creyentes en Cristo serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, esa es la bendición más grande que estarán recibiendo los creyentes en Cristo en el Día Postrero. Para eso es la Venida del Señor en el Día Postrero, tienen que ser recogidos los escogidos bajo el ministerio de los Ángeles del Hijo del Hombre, tanto los escogidos del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo, como también los escogidos del pueblo hebreo que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu.     Esos son los escogidos para los cuales el Hijo del Hombre, Cristo, envía Sus Ángeles con gran Voz de Trompeta para llamar y juntar Sus escogidos. Todo esto está prometido para el tiempo final, para el Día Postrero.     Y ahora, veamos la bendición tan grande que hay para los creyentes en Cristo, Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...”     Así como tenemos una ciudadanía terrenal del país donde nacimos, tenemos una ciudadanía celestial, porque el nuevo nacimiento es del Cielo y todos los que han nacido del Cielo, su ciudadanía es celestial, es del Cielo, de donde está Jesucristo sentado a la diestra de Dios. Por eso estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús:     “...de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (lo esperamos del Cielo, de la Casa del Padre celestial);     el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra...”     Va a transformar nuestros cuerpos. ¿Para qué estamos esperando la Venida del Señor? Para nuestra transformación, para nuestra adopción, porque no hay otra persona que pueda transformar nuestros cuerpos, no hay otra persona que pueda hacer estos cuerpos inmortales, solamente Cristo puede transformarnos y entonces tendremos cuerpos eternos y glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo. Dice:     “...el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”     Como el cuerpo que tiene Jesucristo, glorificado, será el cuerpo que hemos de tener cuando Él transforme nuestro cuerpo, y para los muertos en Cristo los resucitará en cuerpos eternos, glorificados, igual al cuerpo que Él tiene, por el poder de la resurrección, por el poder con el cual fue resucitado el cuerpo luego de tres días, “destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” dice Cristo en el capítulo 2 de San Juan, versos 17 en adelante, y Él no hablaba del templo de piedras, Él hablaba de Su cuerpo como templo de Dios.     Recuerden que el apóstol Pablo nos dice: “¿No sabéis que vosotros sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Así también era en Cristo, templo de Dios Jesucristo, y el Espíritu de Dios ¿dónde moraba? En Jesucristo, por eso Él decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Era el Ungido, el Cristo, el Mesías, ahí lo está diciendo (San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante).     Y ahora, Su Venida será para transformar nuestros cuerpos, para los que estemos vivos, y para los que murieron, pues resucitarlos en cuerpos eternos, con Él vendrán del Paraíso todos los creyentes en Cristo que ya han muerto físicamente, los cuales están en sus cuerpos angelicales, vendrán con Él para la resurrección de ellos en esta Tierra. Va a ser un día glorioso para los cristianos, un día glorioso para todos los creyentes en Cristo, para los que partieron y para los que están vivos si tienen familiares creyentes en Cristo que han partido, será un día de regocijo también porque los verán nuevamente pero glorificados, con cuerpos eternos, y ellos les dirán: “Ahora nunca más moriré, ahora estaremos juntos para toda la eternidad.” Y cuando los veamos seremos transformados.     Luego de un tiempo ya estando en esos cuerpos eternos glorificados, digamos de 30 a 40 días ya estando en esos cuerpos y teniendo actividades, recuerden que Cristo cuando resucitó luego estuvo unos 40 días apareciendo a Sus discípulos, tuvieron actividades, pero entre ellos, y estuvo hablándoles del Reino de Dios, y también hizo milagros entre ellos. Habrá una grande manifestación en medio de la Iglesia del Señor, en medio de los escogidos, y luego subió al Cielo.     Así será también para los creyentes en Cristo: luego de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación nuestra estaremos en el cuerpo eterno y glorificado una temporada aquí en la Tierra; pero tenemos un compromiso de ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y no se me va a hacer tarde para llegar a la Cena de las Bodas del Cordero. Y creo que a ninguno de ustedes se le va a hacer tarde tampoco, cuando llegue al momento de salir, ya con el cuerpo eterno, iremos a la Cena de las Bodas del Cordero, por lo tanto, una bendición grande le espera a los creyentes en Cristo.     El tipo y figura de los que van a ser raptados o trasladados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, está en el profeta Enoc que fue arrebatado al Cielo para no ver muerte, y también en el profeta Elías que fue arrebatado en un carro de fuego, lo que llamarían un platillo volador en nuestro tiempo u ovnis en nuestro tiempo.     En estos días supe que había aparecido sobre Jerusalén, allá sobre donde está o donde estaba el templo de Salomón, por ahí el mes pasado, por ahí como el 27, un ovni o platillo volador, y estuve viéndolo en internet todo allí lo que fue captado por las cámaras.     Eso fue lo mismo que vio Abraham y vio Lot allá en Sodoma y Gomorra, tres Ángeles, Dios con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel que son los principales, y como fue en los días de Lot, así será la venida del Hijo del Hombre. Por lo tanto, estarán nuevamente en la Tierra en algo muy importante esos Ángeles, y tienen que ver con el arrebatamiento o rapto de los creyentes.     Así como Elías fue arrebatado al Cielo en un carro de fuego, serán arrebatados al Cielo los escogidos, los que serán transformados, serán llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en carros de fuego, lo que llaman platillos voladores u ovnis. Por lo tanto, podemos ver que hay una relación de esos carros de fuego con los creyentes en Cristo.     En una ocasión el profeta Eliseo estando en su casa, los ejércitos de Siria o Asiria llegaron y lo rodearon, porque cuando el rey en ese otro país se reunía con sus generales y planeaba algo en contra de Israel, ya Eliseo siendo profeta tenía la visión de lo que estaba sucediendo allá, y le decía al rey: “Mira, van hacerte una emboscada en tal lugar,” y entonces el rey de Israel se preparaba y cuando venían para atacarlo, ya estaba preparado el rey de Israel, y fallaban en ese intento de ataque a Israel, y entonces el rey de Siria o Asiria (de Siria), dijo en una reunión con sus generales: “Aquí hay alguien que luego que nosotros planificamos todo, se lo hace saber al rey de Israel.”     Y uno que sabía que en Israel había un profeta llamado Eliseo, dice: “No señor mío, todos somos fieles, lo que sucede es que allá en Israel hay un profeta llamado Eliseo, y lo que tú hablas aquí ya él lo está escuchando allá, ya él, como es profeta tiene las dos conciencias juntas y puede ver lo que está pasando aquí y puede escuchar todo.” Y el rey dice: “Entonces vayan a buscar a ese hombre.” No dice que era para matarlo, pero quizás podía ser para matarlo o quizás podía ser para decirle: “Tú ven a trabajar conmigo, tú eres el hombre que yo necesito aquí.”     Recuerden que los reyes de la antigüedad encontramos que ellos tenían videntes, profetas, como el rey Nabucodonosor que tenía al profeta Daniel y otros reyes que siguieron al rey Nabucodonosor luego se quedaron también con Daniel. También el rey de Egipto tenía a José, un profeta también, porque cuando ellos detectaban que había en la Tierra un profeta, trataban de llevárselo como hacen algunas naciones cuando saben que hay un buen científico en alguna nación, enseguida van hablarle: “Te vamos a dar una beca para que estudies acá, te especialices mejor, y te vamos a dar un trabajo de profesor en la universidad,” y le proporcionan muchas cosas: “Y te vamos a dar la ciudadanía también para que no te vayas de entre nosotros.” Porque va a beneficiar ese país, pues así hacían esos reyes en la antigüedad.     Y ahora, rodean la casa de Eliseo, se llena de ejércitos los montes que rodean la casa de Eliseo, y Eliseo lo más tranquilo, y su siervo Giezi le dice: “Señor mío, los ejércitos de Siria nos han rodeado, los montes están llenos de los ejércitos,” y Eliseo le dice: “Hijo, estate tranquilo, son más los que están con nosotros que los que están en contra.”     Pero Giezi no veía los que estaban a favor de Eliseo, solamente veía los que estaban en contra, y luego más adelante vuelve y le dice: “Estamos rodeados.” Le dice: “Tranquilo, son más los que están con nosotros que los que están en contra, Señor, ábrele los ojos a éste para que vea.” Y cuando le abrió los ojos Dios a Giezi, vio los montes llenos de carros de fuego, vio los montes llenos de carros de fuego, vio los montes llenos de ángeles con sus carruajes; y luego sale Eliseo y hiere con ceguera a todo el ejército enemigo, una ceguera rara, porque podían ver, pero no podían ver que Eliseo era el profeta, no podían ver que ese era el hombre que ellos estaban buscando, y él llega y les dice a ellos: “¿A quién buscan, están buscando a Eliseo?”     – “Sí estamos buscando al profeta Eliseo.”     –“Pues vengan conmigo, yo los voy a llevar.” Y se los lleva, y se los lleva al rey allá: “aquí los tiene.” Y cuando se encuentran en medio del ejército del rey de Israel, entonces se dan cuenta que cayeron en las manos del rey de Israel, y el rey le dice a Eliseo: “¿Qué quieres que haga con ellos.” Eliseo le dice: “Dales comida, lo que tienen es hambre, dales comida y envíalos de regreso a su rey, a su señor.” Hizo una labor de paz.     Otra persona hubiera dicho: “Pues te los traje, acábalos, mátalos.” Pero Eliseo sabía el valor de la vida, de la vida de un ser humano. La vida de un ser humano tiene un valor muy grande, Dios es el que da la vida y le toca a Él quitarla cuando Él decida quitársela a una persona.     “EL PODER DE LA RESURRECCIÓN.”     Eliseo tenía el poder de la resurrección también, luego que él murió, pasó cierto tiempo y hubo un ataque de los enemigos contra el pueblo de Israel e iban llevando una persona para sepultarla y cuando ven a los enemigos que vienen, soltaron al muerto, soltaron a la persona que llevaban y cayó en donde estaban los huesos de Eliseo; y cuando cayó ahí resucitó; porque el poder de la resurrección estaba hasta en los huesos del profeta Eliseo. Bueno, y cuando resucitó no se va a quedar ahí para que lo maten de nuevo.     “EL PODER DE LA RESURRECCIÓN.”     Poder de Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, el poder de la resurrección manifestado por medio del Espíritu Santo es el que resucitará a los creyentes en Cristo que han partido y transformará a los creyentes en Cristo que estén vivos en el Día Postrero. Ese es el poder de la resurrección de Jesucristo, del cual Cristo dijo: “Yo tengo el poder para poner mi vida y tengo el poder para volverla a tomar, para resucitar de nuevo.” Ese es el poder con el cual Él resucitará a los muertos creyentes en Él y a nosotros nos transformará; por eso estamos esperando Su Venida, por eso estamos esperando la resurrección de los muertos en Cristo y por eso estamos esperando nuestra transformación y el rapto o arrebatamiento para ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.     Si hay alguna persona que no tiene esa esperanza porque no ha recibido a Cristo como Salvador todavía, puede recibirlo y estaremos orando por usted en algunos momentos, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted.     Es importante tener esta esperanza, porque de otra forma la vida no significaría mucho para nosotros en esta Tierra; pero vivir con la esperanza de vivir eternamente con Cristo en Su Reino, de recibir un cuerpo eterno y glorificado como el que tiene Jesucristo vale la pena vivir en esta Tierra, vale la pena haber nacido en esta Tierra porque tiene un propósito divino nuestra vida en esta Tierra.     Todo ser humano necesita conocer el propósito de su existencia en esta Tierra, estamos aquí para ser rociados con la Sangre de Cristo y ser limpiados de todo pecado, ser redimidos para poder vivir con Cristo por toda la eternidad. Cristo es nuestro Salvador, es nuestro Redentor, es el que nos ha reconciliado con Dios y con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado.     Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo lo puede hacer en estos momentos y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden recibir a Cristo si todavía no lo han recibido para que queden incluido en la oración que estaremos haciendo.     Si todos son creyentes en Cristo ya, que han recibido a Cristo, entonces paso al reverendo Miguel Bermúdez Marín para que continúe y concluya nuestra parte en esta ocasión.     Continúen pasando una noche feliz llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.     “EL PODER DE LA RESURRECCIÓN.”

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