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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros y sus congregaciones presentes y también en otras ciudades y otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. Para esta ocasión ya que el tema más importante para toda la humanidad es la Venida del Señor para el Día Postrero, leamos lo que dijo Jesucristo contestando las preguntas de Sus apóstoles en el capítulo 24 de San Mateo, versos 1 en adelante. Dice de la siguiente manera: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema para esta ocasión es: “LAS PROFECÍAS DEL TIEMPO DEL FIN SIENDO ABIERTAS.” A través de todos los tiempos se han estado cumpliendo las profecías divinas; y todo lo que Dios ha hecho a través de la historia del ser humano, ha sido cumplir lo que Él ha prometido, y lo que Él ha prometido son las profecías correspondientes a cada tiempo, por lo cual es importante que nosotros para conocer las cosas que han de suceder en nuestro tiempo, examinemos las profecías correspondientes a este tiempo. Nos dice la Escritura que la profecía no fue dada por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo, y nos dice que estemos atentos a las profecías, a la Palabra profética que es lo más seguro, la cual alumbra como una antorcha que alumbra en lugar oscuro. Por lo tanto, la profecía o las profecías son de suma importancia para la familia humana, para todas las naciones, porque a través de las profecías es que sabemos las cosas que han de suceder en este planeta Tierra, y aun en el sol, la luna y las estrellas. Por lo cual todos estamos llamados a conocer la Palabra profética, y sobre todo la Palabra profética correspondiente a nuestro tiempo; y la Palabra profética correspondiente a tiempos pasados es importante conocerla y conocer el cumplimiento de ella en tiempos pasados, porque así como se cumplió en tiempos pasados, se cumplirá también la Palabra profética correspondiente a nuestro tiempo. Vean cómo nos dice el apóstol Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 19, dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Fue Dios por medio de Su Espíritu que habló a través de los profetas. Para que tengamos el cuadro claro de la forma en que Dios habla, podemos ver lo que dice en Zacarías, capítulo 7, verso 11 en adelante, 11 al 12, dice: “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.” Aquí tenemos la forma en que Dios habla al pueblo: Dios habla por medio de Su Espíritu, el cual es el Ángel del Pacto, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, del mundo o dimensión de los espíritus; de la dimensión de los Ángeles es el cuerpo del Ángel de Dios, es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión. Ese Ángel del Pacto que le apareció al profeta Moisés en una zarza allá en el monte Sinaí, es un cuerpo angelical, cuerpo teofánico, el cual es llamado el Ángel de Dios o Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, o sea, el cuerpo angelical de Jesucristo, por lo cual Jesucristo podía decir en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” Y Él no tenía cincuenta años, unos treinta años y algo, y ahora está diciendo que es antes que Abraham, ¿cómo usted puede entender eso? Pues sí, en Su cuerpo físico de carne tenía unos treinta años o treinta y algo de años, porque había nacido ese cuerpo a través de la virgen María, pero en Su cuerpo angelical es antes que Abraham y es antes que Adán también. Él en Su cuerpo angelical es el Verbo que era con Dios y era Dios, por medio del cual Dios creó todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho, todo fue hecho por medio de Él, Dios creó todas las cosas por medio del Ángel del Pacto, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical. Eso es lo que nos dice el apóstol San Juan, en el evangelio según San Juan, capítulo 1, versos 1 al 14, y también San Pablo en Colosenses, capítulo 1, versos 12 al 23. Él es antes que todas las cosas, todas las cosas por Él fueron hechas, él dice: “Las que hay en la tierra y las que hay en el cielo también, sean tronos, sean potestades, todo fue creado por medio de Él y para Él.” Hebreos también, capítulo 1, verso 1 al 3 el apóstol San Pablo nos dice hablando acerca de Jesucristo palabras muy importantes que tienen que ser atesoradas por el ser humano, y sobre todo por todos los cristianos. Capítulo 1, verso 1 en adelante de Hebreos, dice San Pablo: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas.” ¿Cómo habló Dios? Por medio de los profetas: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.” Ahora, vean cómo nos dice que así como Dios habló por medio de los profetas al pueblo hebreo, ahora dice: “En estos postreros días,” porque en los días en que Jesucristo está viviendo en la Tierra y está predicando, ya habían comenzado los días postreros, porque los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros que son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio de Adán hacia acá. Y ya en los días en que Jesús tenía de tres a siete años de edad, comenzó el quinto milenio de Adán hacia acá, y por consiguiente comenzaron los días postreros, por eso es que San Pablo y San Pedro están de acuerdo en que aquellos días en que Jesucristo vivía y luego en el tiempo en que el Espíritu Santo vino sobre los creyentes en Cristo el Día de Pentecostés, ya eran los días postreros. Por eso es que también San Pedro el Día de Pentecostés en el capítulo 2 del libro de los Hechos, dice que Dios prometió por medio de Joel que derramaría de Su Espíritu en los días postreros, y Dios derramó de Su Espíritu el Día de Pentecostés, lo cual es un testimonio claro que ya habían comenzado los días postreros, y todavía estamos viviendo en los días postreros. Siendo que los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, es importante saber en cuál de los días postreros delante de Dios estamos viviendo, porque para el Día Postrero delante de Dios hay una promesa muy grande de parte de Dios hablada a través de Jesucristo nuestro Salvador, y esa promesa es de suma importancia para todos los Creyentes en Cristo, pues aquí estamos en la Tierra para vivir una temporada y luego tenemos que dejar este planeta Tierra, porque el propósito por el cual hemos llegado a la Tierra es para que hagamos contacto con la Vida eterna a través de Cristo y obtengamos la salvación y Vida eterna, que todos seamos rociados con la Sangre de Cristo al recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, seamos bautizados en agua en Su Nombre y Él nos bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en nosotros el nuevo nacimiento. Ese es el plan divino para toda persona; pero no toda persona lo comprende, por lo cual Cristo ordenó a Sus discípulos en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” ¿Ven? El propósito de nuestra vida en la Tierra es para que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo y obtengamos la salvación y Vida eterna al creer en Cristo y ser bautizados en agua en Su Nombre, y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento y así es como entramos al Reino de Dios con Vida eterna. Las mismas palabras que le habló Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, donde dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Ya podemos ver la forma en que se entra al Reino de Dios. Desde el Día de Pentecostés hacia acá han estado entrando al Reino de Dios millones de seres humanos, los cuales han hecho contacto con Cristo que es la Vida eterna y han obtenido la salvación y Vida eterna; millones luego cuando les llegó el tiempo de morir físicamente, partieron de esta Tierra y están en el Paraíso descansando de sus trabajos, de sus afanes terrenales, porque están en el cuerpo angelical, y el cuerpo físico fue sepultado en la tierra. En el Paraíso están en esos cuerpos angelicales, y allí no hay que trabajar, no están los afanes que tenemos acá en la Tierra, no hay que madrugar para ir al trabajo, no hay tráfico aéreo ni tampoco automovilístico; allí se vive en paz, no hay noche, tampoco tienen necesidad de comer, no tienen las necesidades que nosotros tenemos acá, en esa parte, en ese sentido están mejor que nosotros, porque acá tenemos que estar luchando para el sostén de nuestra familia. Ahora, ellos están allá muy felices, ni se cansan tampoco de estar allá, pero desean regresar a la Tierra en donde recibirán un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, y glorificado, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, el cual está prometido para todos los creyentes en Cristo. En la Venida del Señor en el Día Postrero a Su Iglesia, Él va a resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente, de lo cual el mismo Jesucristo dice en San Juan, capítulo 6, verso *39 al *40: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Esta resurrección en el Día Postrero que Jesucristo va a efectuar, es exclusivamente para los creyentes en Él que han muerto físicamente, y para los que estén vivos creyentes en Él, la promesa es que serán transformados, eso lo encontramos también en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, donde el apóstol San Pablo nos da esas buenas noticias de lo que Jesucristo va a hacer en el Día Postrero. Dice el capítulo 15, versos 49 en adelante de Primera de Corintios, dice el apóstol San Pablo: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (o sea, como hemos traído la imagen de Adán, traeremos la imagen de Jesucristo que es el Segundo Adán). Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.” O sea, que no podemos vivir eternamente con este cuerpo mortal, corruptible y temporero, porque no resiste, antes el cuerpo físico resistía hasta 900 y algo de años, pero ya nuestros cuerpos no resisten tantos años; ya a los 100 años la mayor parte de las personas tienen que andar con un bastón aunque sea. Y ahora, la promesa es: “He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio del Reino de Dios): No todos dormiremos...” O sea, que no todos vamos a morir. Se dice dormir porque los creyentes en Cristo no mueren, sigue viviendo en el Paraíso, por eso es que cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro le dice a Sus discípulos: “Lázaro nuestro amigo, duerme.” Ellos pensaron que se refería al sueño que nosotros todos los días tenemos, y dicen Sus discípulos: “Si duerme, estará bien,” pero entonces Cristo, como no comprendieron, les dice: “Lázaro nuestro amigo, ha muerto, y voy a levantarlo, voy a despertarlo.” Lo va a resucitar, y entonces comprendieron, y ya llevaba cuatro días que había muerto. Cuando llega, habla con Marta y le dice: “Lázaro resucitará, tu hermano va a resucitar.” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en el día postrero.” ¿Ven? Ella ya sabía que para el Día Postrero es que Jesucristo va a resucitar a todos los creyentes en Él, y entonces Jesucristo le dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27). Estando Jesucristo, el que va a resucitar a todos los creyentes en Él en el Día Postrero, estando allí podía resucitar a Lázaro, porque tenía el poder que Él va a usar en el Día Postrero para resucitar a todos los creyentes en Él, y como ejemplo, como tipo y figura de la resurrección que Él va a llevar a cabo para todos los creyentes en Él, resucitó a Lázaro el cual ya llevaba cuatro días que había muerto. Por lo tanto, ya estaba en condición difícil, pero Jesucristo lo resucitó. Y no importa cuántos años o cuántos cientos de años o cuántos miles de años tengan algunos creyentes que han muerto, cuánto tiempo tengan de haber muerto, Cristo los resucitará en el Día Postrero, y los va a resucitar en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, pues aquí lo dice en esta lectura que estamos teniendo, dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados (vendrá una transformación): en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta.” ¿Qué es la final trompeta? El mensaje final de Dios para Su Iglesia y para toda la humanidad, es llamado el mensaje final, es llamado también la gran Voz de trompeta o trompeta final, es la Voz de Dios hablándole a Su pueblo en el Día Postrero. Dice: “Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles (los muertos creyentes en Cristo resucitarán en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y joven para toda la eternidad), y nosotros (o sea, los que vivimos) seremos transformados.” Y entonces también tendremos un cuerpo inmortal, incorruptible, glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, y joven para toda la eternidad. Dice: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” Y de ahí en adelante ya no morirán los creyentes en Cristo que fueron resucitados en cuerpos glorificados y los que fueron transformados estando vivos en la Tierra. También de esto mismo nos habló el apóstol San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, cuando dice en el capítulo 4, versos 13 en adelante... para esa ocasión o esa temporada había muerto una persona importante en la Iglesia de Tesalónica, y San Pablo escribe una carta de consuelo a la Iglesia. Dice capítulo 4, verso 13 en adelante de Primera de Tesalonicenses: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” Es una promesa divina para todos los creyentes en Cristo, y esta es una de las profecías importantes para el Cristianismo, dada por Jesucristo y confirmada por los apóstoles que nos dieron más luz acerca de esta promesa divina; y sobre todo el apóstol San Pablo dio más luz acerca de la Venida del Señor para el Día Postrero y la resurrección de los muertos creyentes en Él y transformación de los vivos. Eso ocurrirá en el Día Postrero, pero no sabemos en qué año del Día Postrero, o sea, no sabemos en qué año del séptimo milenio, el cual conforme al calendario gregoriano ya comenzó, y tenemos, dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá, ya tenemos unos once años, ya entramos al año número once conforme al calendario gregoriano. Y ahora, es también en el Día Postrero en donde otras profecías van a ser cumplidas; por ejemplo, la Venida del Señor, una manifestación grande en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en medio del Cristianismo, en donde la plenitud de Dios, la plenitud de Cristo, va a ser manifestada en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde va a estar el Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical, donde va a estar el Espíritu Santo en toda Su plenitud manifestándose, y donde va cada persona que va a ser transformada a recibir la fe para ser transformada. Será en el Día Postrero para los creyentes en Cristo que estén viviendo en el Día Postrero, y luego el arrebatamiento o rapto de la Iglesia del Señor Jesucristo para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, la cual se llevará a cabo en el Cielo. Y por cuanto la Venida del Señor y el rapto va a ocurrir en el Día Postrero, y luego que ocurra el rapto o arrebatamiento comienza la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo que durará un lapso de tiempo de tres años y medio; para ese tiempo de tres años y medio la Tierra va a estar pasando por lo que es conocido en medio del Cristianismo como la gran tribulación, en donde los juicios divinos han de caer sobre la raza humana. La naturaleza completa va a estar alterada completamente y van a ocurrir muchos problemas en medio de la humanidad, mientras en el Cielo habrá una fiesta muy grande llamada la Cena de las Bodas del Cordero, a la cual dice la Escritura que han sido convidados, invitados muchas personas, y que esas personas son bienaventuradas. Vean aquí Apocalipsis, capítulo 19, versos 6 en adelante, dice: “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.” Son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero. ¿Y cómo son llamados? ¿Cómo son convidados? Cuando se predica el Evangelio de Cristo se está haciendo la invitación para ser participantes, ser invitados a la Cena de las Bodas del Cordero, porque Cristo es el Novio, el Esposo, y la Iglesia es la Novia; San Pablo dice que Él ha desposado a la Iglesia como una Novia, como una virgen pura a Cristo, así como María estaba desposada con José, aunque no se habían unido todavía, no se habían casado, estaba desposada, comprometida. Así está la Iglesia del Señor Jesucristo con Jesucristo el Hijo de Dios, Él es el Novio. Y ahora, encontramos que va a haber una gran fiesta en el Cielo llamada la Cena de las Bodas del Cordero en donde van a estar los que han sido convidados y han aceptado esa invitación; yo fui convidado y acepté la invitación y voy a estar allí, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también, esa es la invitación. Y ahora, dice Juan: “Yo me postré a sus pies (o sea, a los pies del Ángel que le hablaba) para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” De este Ángel el reverendo William Branham dice que es un espíritu de profeta. Recuerden que un espíritu es un cuerpo angelical, un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión. En el libro del Apocalipsis nos dice, hablando de este Ángel, dice el capítulo 22 del Apocalipsis, versos 6 en adelante: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” Las profecías de este Libro las trae el Ángel de Jesucristo enviado para mostrar las cosas que deben suceder: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” Este Ángel enseña que al único que hay que adorar es a Dios, y por eso por medio de Cristo adoramos a Dios, porque Dios se hizo carne y habitó entre los seres humanos y fue conocido esa manifestación de Dios en carne por el nombre de Jesucristo, el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas, luego dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14). Y ahora, aquí en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...” Jesucristo dice que Él envía Su Ángel, Su Mensajero para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias, para dar testimonio ¿de qué? De todas las cosas que deben suceder, o sea, para traer la profecía apocalíptica de todas las cosas que han de suceder: “...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” Y aquí Cristo se identifica como la raíz y el linaje de David, como el descendiente de David y como la estrella resplandeciente de la mañana, Él es esa estrella resplandeciente de la mañana, la Columna de Fuego que le apareció a Moisés allá en una zarza que ardía y no se consumía, el que a través de Moisés libertó al pueblo hebreo, el que los guió rumbo a la tierra prometida; les alumbraba el camino durante la noche, y durante el día era una nube que les cubría del sol. Y ahora, las profecías del tiempo del fin siendo abiertas, en el libro del Apocalipsis encontramos en símbolos todas esas profecías de las cuales también habló Jesucristo, de las cuales también hablaron los apóstoles, y de las cuales también habían hablado los profetas del Antiguo Testamento y aun el mismo Jesucristo estuvo hablando acerca de las cosas que sucederían en el Día Postrero. Por ejemplo, Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” El Evangelio del Reino es el Evangelio de la Dispensación del Reino, el mensaje de la Dispensación del Reino, el cual predicaba Jesucristo y Juan el Bautista, los cuales hablaban del Reino de Dios y Su establecimiento en la Tierra, lo cual es el Reino de David que será restaurado en medio del pueblo hebreo, y será un Reino que gobernará sobre todo el planeta Tierra, porque como Hijo del Hombre el Mesías será un profeta, será un Rey profeta que gobernará sobre el planeta Tierra y Su Capital será Jerusalén. Ahí estará el Trono de ese Rey, el cual es el Trono de David al cual el Mesías Príncipe es heredero, por eso el Ángel Gabriel, cuando le apareció a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, que le dice: “Muy favorecida, el Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres,” y comienza a decirle la bendición tan grande que tenía de parte de Dios, le dice que va a tener un niño y que le ponga por nombre Jesús, y le dice que Dios le dará el Trono de David su padre, y reinará para siempre y Su Reino no será dejado para otro, será un Reino para siempre. Ese es el Reino que va a ser restaurado al pueblo hebreo, es el Reino que gobernará sobre el planeta Tierra, y bajo la corona de ese Rey todos los reyes del planeta Tierra estarán reinando, pertenecerán a ese Reino los pueblos, las naciones y los reyes que entren al Reino del Mesías. Esa es una de las profecías que para el tiempo final o Día Postrero será abierta, será cumplida y traerá grandes bendiciones para toda la humanidad. También la profecía de la Venida del Señor para el Día Postrero es la profecía que contiene la promesa más grande para el Cristianismo, para el Judaísmo y para toda la humanidad. La fe y la esperanza de la humanidad, del Judaísmo y del Cristianismo y de todos los que creen en Dios, está en la Venida del Señor para el Día Postrero. Ahí es donde está la única esperanza que hay para la raza humana, no hay otra esperanza para el ser humano. Por eso es que el apóstol San Pablo, hablando de la esperanza que tienen los cristianos, nos dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21 de la siguiente manera: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...” ¿Y cómo puede estar en los cielos si nacimos aquí en la Tierra físicamente? Pues tenemos una ciudadanía terrenal, cada persona la ciudadanía del país, de la nación donde nació, pero la ciudadanía celestial que tenemos es la del nuevo nacimiento, porque el nuevo nacimiento es del Cielo. Por lo tanto, pertenecemos a la Jerusalén celestial como creyentes en Cristo, miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo nuestro Salvador: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.” Lo esperamos del Cielo porque está en el Cielo. Ahora, ¿para qué lo esperamos y para qué Él va a venir? Dice: “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (transformará estos cuerpos físicos, para eso es que Él viene), para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya...” O sea, para que sea un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado que Él tiene y joven para toda la eternidad. En Jesucristo está la fuente de la juventud, Él es la fuente de la juventud, Él es la fuente de la Vida eterna. ¿Y cómo lo va a hacer? Dice: “...por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Todas las cosas están sujetas a Cristo porque en una nación todo está sujeto al que está sentado en el trono; en un reino el que está sentado en el trono es el que tiene el poder sobre todas las cosas, él reina sobre todo, sobre seres humanos, sobre animales y sobre todo el medio ambiente, y así Cristo al subir al Cielo y sentarse en el Trono de Dios obtuvo todo poder en el Cielo y en la Tierra, por eso Él dijo en el capítulo 28, verso 16 al 20 de San Mateo cuando vino a Sus discípulos ya resucitado antes de irse al Cielo, dice: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” Porque el que está sentado en el trono es el que tiene el poder. Algunas personas entonces piensan: “¿Entonces Dios no tiene poder, el Padre, porque todo el poder lo tiene Cristo?,” es que Dios el Padre está dentro del cuerpo glorificado de Jesucristo. Así que, Dios está en Cristo, y Dios estaba en Cristo cuando estuvo Jesucristo en la Tierra, estaba en Cristo reconciliando al ser humano, y estaba en Cristo y a través de Cristo llevando a cabo los milagros, sanidades, predicación y así por el estilo. Y ahora, vean cómo dice Cristo que Él está sentado en el Trono celestial, antes de Él subir al Cielo en el capítulo 26 de San Mateo, Él dice que verán al Hijo de Hombre sentado a la diestra del poder de Dios (capítulo 26, verso 64 de San Mateo), cuando estaba siendo juzgado por el sanedrín. Pero aquí en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21 Él mismo da testimonio que está ya sentado en el Trono. Dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Aquí Él da testimonio que se sentó en el Trono del Padre, y en esa misma forma en que sucedió en el Cielo cuando Cristo se sentó con el Padre en Su Trono, Él promete al vencedor sentarlo con Él en Su Trono. Cristo está sentado en el Trono del Padre, el Trono celestial, pero el Trono de Jesucristo no es el Trono que está en el Cielo, el Trono de Jesucristo es el Trono de David al cual dice el Arcángel Gabriel que es el heredero; dice que Dios le ha dado el Trono de su padre David, y se sentará en ese Trono. En ese Trono terrenal, el Trono de David, es que Él promete sentar con Él al vencedor. Y ahora, hay grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo, y en la restauración del Reino de Dios en la Tierra que es el Reino de David que será restaurado, estarán con Cristo reinando en la Tierra todos los creyentes en Cristo, de los cuales dice la Escritura que Cristo “con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Él.” (Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 9, Apocalipsis también, capítulo 5, verso 7 al 11 y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6). Y leemos el verso 4 al 6 para que tengamos el cuadro claro donde nos habla de ese Reino, y dice: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años (o sea, resucitaron). Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.” La primera resurrección es para los que van a entrar al Reino del Mesías, los que van a entrar a ese Reino milenial, ahí estarán todos los creyentes en Cristo de edades pasadas que han muerto y serán resucitados, y los que están vivos en el Día Postrero, los que sean transformados, van a entrar a ese Reino del Mesías, van a estar con Cristo en ese Reino Milenial, luego de la Cena de las Bodas del Cordero; y también los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos que van a recibir el mensaje final, el Evangelio del Reino, en el Día Postrero por medio de los ministerios de los dos Olivos, de los ministerios de Moisés y Elías, van a morir durante la gran tribulación, pero van a resucitar para entrar al Reino del Mesías, en donde estarán sirviéndole al Mesías en ese Reino. Ahora, sigue diciendo... dice: “Y vivieron y reinaron con Cristo mil años (ese es el Reino del Mesías). Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.” La primera resurrección es para vivir eternamente con cuerpos eternos. La segunda resurrección será después del Reino Milenial para ir al juicio final donde Dios por medio de Cristo juzgará a toda la humanidad, a todos los que han vivido en este planeta Tierra: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” Las personas que tendrán parte en la primera resurrección, o sea, que resucitarán en la primera resurrección serán reyes y sacerdotes en el Reino del Mesías, serán los miembros del gabinete del Reino del Mesías. Ahora, podemos ver que hay grandes promesas para todos los creyentes en Cristo, hay grandes profecías correspondientes al tiempo del fin. Él dio señales también que indicarán el tiempo del fin, y Él dice que cuando veamos la higuera, que es Israel, reverdecer, y ya reverdeció: es una nación libre y soberana, y los demás árboles también reverdecer, los cuales son las demás naciones que se van libertando y convirtiéndose en naciones libres y soberanas, esa es la señal del fin del tiempo, y dice: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, levantad vuestras cabezas porque vuestra redención está cerca.” (San Lucas, capítulo 21, versos 27 al 28). Nuestra redención está cerca, dice Cristo, estamos viendo esas señales en pleno cumplimiento. ¿Qué es nuestra redención? La redención del cuerpo, la redención del ser humano creyente en Cristo será para los que estén vivos la transformación de sus cuerpos, y para los que murieron, la resurrección en cuerpos eternos, esa es la redención para los creyentes en Cristo. Por eso es que San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” O sea, para el día en donde los cuerpos de los que estén vivos creyentes en Cristo serán transformados, y de los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos, cuerpos glorificados. “LAS PROFECÍAS DEL TIEMPO DEL FIN SIENDO ABIERTAS.” Todavía hay más profecías, por ejemplo, en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31 dice que verán... será vista la señal del Hijo de Hombre en el Cielo, y entonces todas las naciones, las tribus de la Tierra se lamentarán, y dice: “Y enviará el Hijo de Hombre...” “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos.” Los Ángeles con la gran Voz de trompeta, o sea, con el mensaje final de Dios, con el mensaje del Evangelio del Reino, predicándolo, son los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, que estarán siendo manifestados en la Tierra y estarán predicando el mensaje del Evangelio del Reino en donde estarán mostrando el tiempo para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, la restauración del Reino de David. Y con el mensaje del Evangelio del Reino van a ser llamados ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, y por cuanto son doce mil de cada tribu, doce por doce son ciento cuarenta y cuatro mil, eso es para los hebreos, para los que llamamos en términos generales: los judíos, tiene eso su momento exacto. Ellos no creen a los predicadores, pero ellos van a recibir a los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías que estarán siendo manifestados por el Espíritu Santo, y ellos saben que será en un hombre del Día Postrero. Tan sencillo como eso. Están muy adelantados en ese conocimiento; la paz para Israel, la paz permanente, está prometida en el Reino del Mesías, fuera de ese Reino se puede obtener paz temporal, pero que de momento puede desaparecer, aun el apóstol Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 al 11, dice: “Cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá destrucción repentina.” Pero dice el apóstol Pablo que eso no va a ser para los creyentes en Cristo, sino para el mundo, ¿por qué? Porque los creyentes en Cristo ya estarán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, esas otras cosas corresponden a la gran tribulación donde se van a cumplir esas profecías correspondientes al tiempo final o Día Postrero. El tiempo final o Día Postrero, vean ustedes, como Día Postrero es el séptimo milenio, pero como el fin del tiempo son los tres años y medio que están por llegar, que es la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27. Por lo tanto, hay grandes profecías para el Día Postrero, para el tiempo final, para la Iglesia del Señor Jesucristo y también para los judíos, hay grandes bendiciones; aunque la humanidad está con tantos problemas que hay momentos que parece que las naciones no van a salir de los problemas que tienen, y que van a colapsar esas naciones en todas las esferas de la sociedad, que van a colapsar en la economía y demás partes de la nación. Pero es que eso es lo que dice la Escritura, y con la venida de la Piedra no cortada de manos en el tiempo de la Venida del Señor, la Piedra no cortada de manos que es la segunda Venida de Cristo, va a encontrarse en la Tierra con los pies de hierro y de barro cocido, que es la etapa final del reino de los gentiles, conforme a Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45. Va a haber un cambio de forma de gobierno en el planeta Tierra, y va a ser establecido el Reino de Dios en la Tierra como está en las profecías del tiempo del fin. ¿Qué podemos hacer? Asegurar nuestro futuro con Cristo en Su Reino eterno es lo único que podemos hacer, para así tener la esperanza de vivir en el Reino del Mesías en paz, y ser felices en el Reino del Mesías cuando sea establecido en la Tierra. Antes del establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra, vamos a pasar unos días muy felices, tres años y medio en el Reino de Dios, en el Cielo, en la Cena de las Bodas del Cordero, aunque en la Tierra se estará pasando por un tiempo muy, pero que muy difícil; pero el que el planeta Tierra esté pasando por etapas de grandes problemas, no significa que usted y yo tengamos que pasar por eso, la promesa es que Dios no nos ha puesto para ira, sino para salvación, y por eso nos va a sacar de aquí de la Tierra, nos va a llevar a la Cena de las Bodas del Cordero para disfrutar. Hay personas que dicen: “Yo fui a la fiesta más grande que se haya llevado a cabo,” todavía usted no ha ido a ninguna fiesta grande, la fiesta más grande que se llevará a cabo es la Cena de las Bodas del Cordero, y ahí yo voy a estar, y los voy a ver a ustedes, ¿a quiénes? A cada uno de ustedes también los voy a ver allá en la Cena de las Bodas del Cordero. Esa es una promesa, es una profecía para el tiempo del fin para los creyentes en Cristo, es una promesa, una profecía para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Dios tiene muchas bendiciones para todos los creyentes en Cristo, y siempre deseamos asegurar el futro nuestro y el futuro de nuestras familias, ¿y qué compañía de seguros nos puede asegurar el futuro de nuestra familia? No la hay, el futuro eterno mucho menos. Pero hay un seguro de Vida eterna en el Reino de Dios, y lo tiene Jesucristo para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes. Yo ya tengo ese seguro de la Vida eterna, “el que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene Vida eterna, y yo le resucitaré en el Día Postrero.” Esa es la promesa para todos los creyentes en Cristo. Si hay alguna persona que todavía no tiene ese seguro y no tiene esa esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios con Jesucristo, puede obtener esa esperanza y ese seguro en estos momentos, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar acá al frente los que están aquí presentes y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para que también queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Los que están allá en Venezuela pueden pasar al frente también, los que todavía no han recibido a Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, los que están también allá en la República de Colombia, diferentes lugares, pueden también pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador si todavía no lo han recibido. Los que están allá también en el Ecuador pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo, los que están en el Perú también pueden recibirlo como Salvador, los que están también en Bolivia pueden recibirlo como Salvador, los que están allá en Chile pueden recibirlo como Salvador también, los que están en Paraguay pueden recibirlo como Salvador también, los que están en la Argentina pueden recibirlo como Salvador, los que están en el Brasil pueden recibirlo también como Salvador, pueden pasar al frente para recibirlo como Salvador, los que están en diferentes ciudades y lugares de la República Mexicana pueden recibirlo como Salvador también, los que están allá en Costa Rica, en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala, en Panamá, en Honduras, en Norteamérica y en todas las demás naciones, allá en Puerto Rico también pueden recibirlo como Salvador en estos momentos para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que lo están recibiendo como único y suficiente Salvador. Recordando que solamente hay una esperanza, y es Jesucristo, Él es nuestra única esperanza de Vida eterna, el Señor Jesucristo dijo en una ocasión en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios, no hay otra forma de buscar a Dios, no hay otra forma de obtener la Vida eterna, solamente a través de Jesucristo. Es una bendición muy grande la promesa de Vida eterna dada por Cristo para todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, no hay otra persona que tenga una promesa de Vida eterna, solamente Jesucristo para todos los que lo reciben como Salvador, Él dijo en una ocasión: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna.” Él es el único que puede darle Vida eterna al ser humano, todo Dios lo ha dado a Jesucristo, Él le ha dado poder para que le dé Vida eterna a aquellos que Él desee darle Vida eterna, ¿y a quién Él desea darle Vida eterna? A todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Él dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9, y la cita anterior que les dí es San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). Jesucristo, como les dije al comienzo, es el Ángel del Pacto, el Ángel que le apareció al profeta Moisés, el Ángel que le aparecía a los profetas del Antiguo Testamento, y luego se hizo carne, se hizo hombre, habitó en un cuerpo de carne que nació a través de la virgen María. Por eso la virgen María es la mujer más bienaventurada de todas las mujeres, porque fue el instrumento de Dios para que naciera Jesucristo, el Hijo de Dios. Por eso el Ángel Gabriel le dice: “Bendita tú entre todas las mujeres.” Ninguna otra mujer ha traído un hijo a este mundo por creación divina. “LAS PROFECÍAS DEL TIEMPO DEL FIN SIENDO ABIERTAS.” En esta ocasión han sido abiertas para nosotros las profecías, la Escritura, para comprender el tiempo que nos ha tocado vivir y qué hacer en este tiempo, y no hay otra cosa más importante que podamos hacer sino recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y así asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. San Pedro decía en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12: “Porque no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.” No hay otro nombre, solamente hay un Nombre, y ese Nombre es Señor Jesucristo. En ningún otro hay salvación. Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si ya están en las demás naciones listos, nos pueden avisar. Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, para lo cual en las demás naciones también pueden estar puestos en pie para la oración. Los niños de diez años en adelante también pueden recibir a Cristo como Salvador, pueden pasar al frente para que queden incluidos. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo como Salvador en estos momentos: Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén. La Sangre de Jesucristo nos ha limpiado de todo pecado y ha desintegrado el pecado al confesarlo a Cristo y lo ha enviado, lo ha regresado al originador del pecado que es el diablo. Hemos sido justificados como si nunca en la vida hubiésemos pecado. Ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo,” porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Usted me dirá: “Yo he creído en Cristo y lo he recibido como mi Salvador, ahora quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, la que quita nuestros pecados, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor, es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Ahí está el simbolismo, la tipología. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando la persona muere, pues tiene que ser sepultada, y tipológicamente cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales la persona está siendo sepultada tipológicamente, y cuando la levanta de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna. Como Cristo murió, fue sepultado y resucitó para nunca más morir, así también sucede en la persona, está dando testimonio de lo que ha pasado en su vida al creer en Cristo y recibirlo como Salvador, y Cristo le bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en usted el nuevo nacimiento. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al reverendo Andrés Cruz Gallego para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Hay agua, bautisterios, hay ropas bautismales y también hay bautistas, ministros que les bautizarán. Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo al reverendo Andrés Cruz Gallego con ustedes, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Ustedes que están en otras naciones y recibieron a Cristo en estos momentos como Salvador, también pueden ser bautizados en el país donde ustedes se encuentran, en la ciudad donde se encuentran, pues allá también hay ministros que les bautizarán, hay bautisterios, hay ropas bautismales y ministros para bautizarles. Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. “LAS PROFECÍAS DEL TIEMPO DEL FIN SIENDO ABIERTAS.”

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