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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y también los que están en diferentes naciones en sus Iglesias y demás lugares conectados con esta transmisión de esta actividad aquí en Villahermosa, en la Iglesia “La Voz de la Piedra Angular,” y un saludo muy especial al doctor Miguel Bermúdez Marín allá en el Brasil: que Dios te bendiga Miguel y a todos los ministros allá que están contigo y a todos los hermanos que allí están.     Y un saludo muy especial también para la Iglesia allá en Puerto Rico, al reverendo José Benjamín Pérez y a todos los miembros de la junta de la Iglesia allá en Puerto Rico y a todos los hermanos en Puerto Rico, Dios les bendiga grandemente, y así también para todos los ministros y congregaciones en diferentes naciones.     Para esta ocasión leemos un pasaje muy importante que nos habla de un tema que tiene que ver con la Iglesia del Señor Jesucristo, es Primera de Corintios, capítulo 12, verso 11 en adelante, dice:     “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.     Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.     Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.     Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.     Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?     Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?     Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?     Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.     Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?     Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.     Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.     Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;     y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.     Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,     que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.     De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.     Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.     Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.     ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?     ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?     Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Nuestro tema es: “NOSOTROS SOMOS EL CUERPO DE CRISTO.”     El apóstol Pablo en esta carta y en este pasaje que hemos leído, nos muestra que la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, los creyentes en Jesucristo nacidos de nuevo, forman la Iglesia del Señor y por consiguiente son los miembros del Cuerpo de Cristo.     Así como un esposo y una esposa vienen a ser una sola carne, y el fruto de ellos vienen a ser los hijos, que son miembros de esa familia, de ese matrimonio, tienen el mismo espíritu, han recibido la misma clase de espíritu y han recibido la misma clase de carne, la misma clase de cuerpo, cuerpo humano pero descendiente de ese matrimonio.     La Iglesia del Señor Jesucristo tiene muchos hijos que la forman; es un Cuerpo Místico de creyentes formada por todos los creyentes en Cristo. Ella siendo el Cuerpo Místico de Cristo como la Esposa de Cristo, es la ayuda idónea que Dios le ha dado a Su Hijo Jesucristo, el cual es el segundo Adán, así como le dio una compañera idónea al primer Adán, a Adán allá en el Huerto del Edén, la cual era hueso de sus huesos y carne de su carne, y el espíritu femenino que estaba en Adán fue colocado en Eva.     Y Cristo colocó Su Espíritu en Su Iglesia, la cual nació de Cristo, y el Día de Pentecostés colocó Su Espíritu en ella, y por eso Cristo y Su Iglesia vienen a ser una sola carne, por esa causa es que por medio de Su Iglesia Cristo ha estado obrando estos dos mil años del Día de Pentecostés hacia acá, Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).     La Iglesia del Señor Jesucristo está bajo el nuevo Pacto que Dios prometió hacer con la casa de Israel y con la casa de Judá, capítulo 31, versos 31 al 36 de Jeremías, y por consiguiente, lo que Cristo prometió en la última cena que tuvo con Sus discípulos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante, se hace una realidad en la Iglesia del Señor Jesucristo. Dice:     “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.     Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;     porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     Y ahora, Cristo establece aquí que la Sangre del nuevo Pacto es Su Sangre que sería derramada en Su muerte, lo cual se cumplió cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario derramando allí Su Sangre.     Y ahora, la Sangre de Cristo siendo la Sangre del nuevo Pacto, nadie entra al nuevo Pacto sin el Sacrificio de Cristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario. En Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, nos dice el apóstol Pablo:     “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,     os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”     Aquí San Pablo nos dice que la Sangre del Pacto eterno es la Sangre de Jesucristo. No hay otra sangre para el Pacto de Dios con el ser humano, no hay otra sangre para el nuevo Pacto, es la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario, y Él se presentó ante el Padre y allí sobre el propiciatorio del Templo celestial colocó la Sangre del nuevo Pacto, y ha estado en el Cielo en el Trono de Dios, el cual, estando Cristo como Sumo Sacerdote en Él sentado, ha sido convertido en Trono de Intercesión.     Lo que era el propiciatorio sobre el arca del pacto, el cual (el propiciatorio) el cual tenía dos querubines de oro, uno a cada lado mirando el uno y el otro hacia el frente del uno y el otro, y por consiguiente mirando al arca del pacto, el propiciatorio era de oro puro, y venía a ser la tapa del arca del pacto en donde estaban las tablas de piedra con los mandamientos divinos.     Y en medio de los querubines de oro sobre el propiciatorio estaba la presencia de Dios en esa luz divina, la Columna de Fuego, esa nube de luz, de fuego, que aparecía a Moisés y que guió al pueblo hebreo rumbo a la tierra prometida, por consiguiente allí estaba nada menos que el Ángel del Pacto, el cual les dio el pacto allí en el Monte Sinaí entregando a Moisés las tablas de piedra de la Ley.     Encontramos que ese propiciatorio o tapa del arca del pacto que era de oro con dos querubines, era nada menos que el Trono de Dios en la Tierra, en el tabernáculo que construyó Moisés por orden divina, el cual viene a ser el tipo y figura del Templo celestial.     Lo que Moisés vio allá en el monte en esa visión que tuvo del Cielo, luego lo hizo en la Tierra, hizo la representación del Templo celestial. Por eso el Trono celestial está representado en el propiciatorio con los dos querubines de oro, en esa tapa del arca del pacto.     El arca del pacto fue colocada en el Lugar Santísimo una parte del templo, una tercera parte del templo, del tabernáculo, era cuadrada, tenía unos veinte codos por veinte codos, estaba cubierta, era de madera cubierta de oro, porque el oro representa la divinidad.     Ese lugar en el tabernáculo, el Lugar Santísimo, no tenía luz, era oscuro por consiguiente, pero cuando el sumo sacerdote entraba, encontraba alumbrado todo, ¿por qué? Porque la presencia de Dios estaba allí y Dios les luz, era la Luz divina, Dios que es luz, sobre el propiciatorio, sobre ese lugar, que es el Trono de Dios en ese tabernáculo en el Lugar Santísimo, el cual representa el Trono de Dios celestial.     Mientras es colocada la Sangre sobre el propiciatorio, hay misericordia para el pueblo, y mientras la Sangre de Cristo está en el Trono de Dios, es el propiciatorio celestial donde Cristo hace intercesión delante del Padre por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.     Y la misericordia de Dios se extiende hacia la persona, es reconciliada con Dios, es perdonada, limpiada con la Sangre de Cristo de todo pecado y es reconciliada con Dios, Dios le bautiza con Espíritu Santo y Fuego luego que la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y por consiguiente ha nacido la persona del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo ha nacido la persona, ha nacido en el Reino de Dios.     Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” El Reino de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo está en la esfera espiritual. Todos los creyentes en Cristo forman la Iglesia del Señor Jesucristo, son el Cuerpo de Cristo, ese Cuerpo Místico de creyentes, y están cubiertos con la Sangre de Cristo, la Sangre del nuevo Pacto.     Por eso la misericordia de Dios está extendida a esas personas que forman el Cuerpo Místico de Cristo llamado la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de la cual Jesucristo se reproduce en la esfera espiritual a través de Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios.     Nadie puede obtener el nuevo nacimiento, nadie puede nacer en el Reino de Dios, excepto a través de la unión de Cristo y Su Iglesia. Él es el segundo Adán y nadie nace en ese Cuerpo Místico de Cristo, el cual está y es el Reino de Dios en la esfera espiritual, nadie nace en él a menos que sea por medio de Cristo y la Iglesia del Señor Jesucristo en esa unión de amor divino de Cristo con Su Cuerpo Místico de creyentes.     Es el único Cuerpo Místico de creyentes que está dentro del nuevo Pacto, que tiene un trato con Dios y Dios con él bajo un nuevo Pacto; y está cubierta, la Iglesia del Señor Jesucristo, ese Cuerpo Místico de creyentes, está cubierta con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.     Por lo tanto, tiene la protección divina, eso no quiere decir que no ha pasado o no esté pasando o no pasará por etapas de pruebas, de persecuciones, de situaciones diferentes, porque todas las pruebas, persecuciones y situaciones diferentes son para que las personas sean probadas si realmente creen en Cristo y se mantienen firmes en la fe en Jesucristo o no.     Así como sucedió con el pueblo hebreo luego de ser sacados, libertados de la esclavitud en Egipto, luego encontramos que tuvieron muchísimos problemas, aun luego de recibir la ley divina allá en el Monte Sinaí, la cual fue dada por comisión de Ángeles, pues el Ángel del Pacto la dio al pueblo hebreo, la entregó a Moisés, que era el representante del pueblo hebreo, y Moisés la pasó al pueblo.     Ahora, si es el pueblo de Dios libertado de la esclavitud en Egipto por la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto a través del profeta Moisés, ¿por qué tuvo tantos problemas aun para ser libertados y aun luego que salieron y aun luego que llegan al Sinaí? También cuando ya reciben la Ley y continúan viajando, fueron etapas muy difíciles en las cuales el pueblo decidía apedrear a Moisés en diferentes ocasiones; o sea, no fue fácil para Moisés, y era el hombre más humilde de todo el pueblo, era el líder, era el hombre en el cual estaba Dios velado en carne humana guiando Su pueblo.     Ahora, los problemas no indican que son o no son el pueblo de Dios, sino que en la vida todos pasan por diferentes pruebas, y las pruebas luego producen el efecto que se requiere para que la persona se mantenga firme creyendo en Dios, o diga: “Yo ya no voy a servir más a Dios.”     Es como en la escuela y en la universidad: la persona entra a estudiar, recibe toda las clases, pero luego le vienen las pruebas, los exámenes, y ahí o la pasa o no la pasa; y si no la pasa, va a repetir la prueba. El que no aprende y no pasa o no pasa porque no aprendió bien, entonces tiene que repetir las pruebas en muchas ocasiones o repetir el año completo.     Podemos ver que en la trayectoria del pueblo hebreo por el desierto, muchas pruebas le surgieron. Es como en la escuela y en la universidad, durante todo el tiempo de estudio para una profesión, durante el año tiene unas cuantas pruebas, exámenes.     Ahora, vamos en Deuteronomio, capítulo 8, versos 1 en adelante, dice:     “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.     Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.     Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”     ¿Y qué es lo que sale de la boca de Dios? La Palabra. Ahora vean por qué le vinieron todas esas pruebas; así es en la vida del creyente en Cristo y por eso es que el apóstol dice que todo obra para bien, vamos madurando como creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.     Miren una cosa: aun la tierra que Dios le prometió a Abraham, a Isaac y a Jacob y a los patriarcas, y a Moisés para el pueblo hebreo, cuando llegan, estaba habitada; y Dios había dicho: “Yo les doy por heredad esa tierra,” y cuando llegan no la pueden tomar a menos que tengan que luchar, tuvieron que luchar cada pedazo de tierra que Dios le había prometido como heredad.     Así que en la vida como creyentes en Cristo tenemos que luchar, pasamos por diferentes pruebas, y eso nos ayuda a madurar en la fe, y es en esas etapas en donde la persona se afirma. Vean, en la parábola del sembrador, en el capítulo 13 de San Mateo nos dice que hay diferentes clases de personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, escuchan la Palabra del Reino que es el Evangelio de Cristo, y dice, verso 16 en adelante del capítulo 13:     “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.     Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.     Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:     Cuando alguno oye la palabra del reino (o sea, el Evangelio de Cristo) y no la entiende...”     Por eso es tan importante que la persona entienda la Palabra. Algunas veces usted encuentra que llegan muchas personas, reciben a Cristo, son bautizados, están un tiempito y después desaparecen, se apartan del Señor. Vean:     “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”     Muchas personas escuchan, dicen: “Es bueno ese mensaje,” pero después el enemigo arranca del corazón eso que fue sembrado. Algunas veces ni reciben a Cristo como Salvador, pero reconocen que es Palabra de Dios lo que escucharon. El enemigo, el malo, usa muchas formas para sacar eso que fue sembrado en el corazón de la persona.     Ahora, eso es una clase de persona, no dice que fue un creyente, sino que escuchó la Palabra, ese fue el que fue sembrado junto al camino:     “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo.”     Recibe a Cristo como Salvador, hasta es bautizado en agua en el Nombre del Señor: “Pero no tiene raíz en sí.”     ¿Ven? La persona tiene que continuar escuchando el Evangelio de Cristo, estudiando la Palabra, la Biblia, llenándose cada día de más conocimiento de Dios. No es solamente la persona decir: “Mañana es domingo, tengo que estar en la Iglesia;” y eso es todo para él. Durante la semana está llamada la persona a estar también leyendo su Biblia, orando a Dios, aun el apóstol Pablo dice que los alimentos son santificados por la oración que hacemos a Dios dando gracias a Dios por los alimentos y pidiendo a Dios la bendición sobre ellos, son santificados los alimentos.     Así que, durante todos los días de la semana estamos llamados a estar en contacto con Dios. El salmista David oraba unas cuantas veces al día, no menos de tres veces. ¿Cuántas veces ora usted? Y era un rey, o sea, que el orar a Dios no es asunto de que la persona tiene que ser un pobrecito que necesita dinero o necesita comida.     Miren, el rey no necesitaba dinero, era rico; comida tampoco, tenía en abundancia, pero él decía: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, como el siervo clama por las corrientes de las aguas, así clama oh Dios por ti, el alma mía.” Y era un rey, era un político, pero era un hombre espiritual conforme al corazón de Dios. Todos estamos llamados a ser conforme al corazón de Dios.     Encontramos que tenemos que estar todos los días en contacto directo con Dios por medio de Cristo, porque Él es nuestro intercesor, Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, el que con Su Sangre nos mantiene limpios de todo pecado; porque cuando cometemos alguna falta, error o pecado, la confesamos a Cristo, y Cristo con Su Sangre nos limpia de todo pecado, es echado el pecado dentro de la Sangre de Cristo, como cuando usted coloca una gotita de tinta en el cloro, desparece. Así desaparece el pecado en la Sangre de Cristo.     ¿Y qué se hizo la gotita de tinta? Regresó a lo que era antes de ser una gotita de tinta, ¿y qué pasa con el pecado cuando es echado en la Sangre de Cristo? Desaparece, vuelve a su origen, y el origen del pecado es el diablo, volvió al diablo, retornó al diablo.     Algunas personas dicen: “¿Cómo puedo yo regresar al diablo todos mis pecados? Pues echándolos en la Sangre de Cristo. Tan sencillo como eso. Es como cuando una carta es enviada a una persona, y la persona no la recibe, ¿qué sucede? La devuelven al que la envió; y Cristo devuelve al diablo todos nuestros pecados. Eso es lo que hace Cristo con Su Sangre: remite, al dueño original del pecado, le remite todos nuestros pecados, eso hace la Sangre de Cristo, la Sangre del nuevo Pacto.     Por eso aparecemos ante Dios justificados, como si nunca en la vida hubiésemos pecado, eso es lo que sucede con los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que delante de Dios, son vistos por Dios sin pecado. Tan sencillo como eso. La Sangre de Cristo ha sido el cloro que ha quitado la mancha del pecado de cada creyente en Cristo.     Cada persona como individuo es un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, si es un creyente en Cristo, y como individuo es también un templo espiritual y Dios mora en Espíritu Santo en el corazón, en el alma de esa persona, porque el alma es el Lugar Santísimo del individuo.     Por eso en algunas ocasiones cuando se predica el Evangelio de Cristo y se da la oportunidad para las personas venir a los Pies de Cristo, algunas veces algunos predicadores dicen: “Dale tu corazón a Cristo, para que Cristo entre a tu corazón,” porque el corazón tipifica el alma de la persona, con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.     Por lo tanto, el ser humano al ser alma, que es lo que en realidad es la persona, espíritu (un cuerpo parecido al nuestro pero de otra dimensión) y cuerpo, cuerpo físico de carne de esta dimensión, la persona es trina: alma, espíritu y cuerpo, y por consiguiente es como el tabernáculo que construyó Moisés y como el templo que construyó el rey Salomón, que tenía atrio, que tipifica el cuerpo de la persona, tenía Lugar Santo que representa el espíritu de la persona, y tenía alma: Lugar Santísimo que tipifica el alma de la persona, que es lo más importante de la persona: el alma, y en el tabernáculo el Lugar Santísimo es lo más importante.     El cuerpo físico tiene cinco sentidos, el espíritu también, pero el alma tiene solamente uno: el libre albedrío, para creer o dudar, para creer y aceptar la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, o dudar, no creer y rechazarlo.     Por lo tanto, las palabras del apóstol: “Con el corazón se cree,” porque usted no cree con la mente, es con el corazón, con el alma; con la mente usted entiende muchas cosas a medida que va pasando el tiempo y va comprendiendo las bendiciones tan grandes que usted ha recibido al recibir a Cristo como Salvador, va comprendiendo la herencia grande de los hijos de Dios en el Reino de Dios, la herencia de la Vida eterna que no lo puede conseguir sino en Dios a través de Cristo.     La esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios, en ese Reino del cual Cristo es el heredero, y el que gobernará, el cual está sentado en el Trono de Dios, en el Trono del Padre y todo ha sido encomendado a Él, sean Ángeles, sean potestades, sean principados, sea del mundo invisible o del que sea, o del visible, todo le pertenece a Cristo, porque todo le pertenece al Trono de Dios, al Reino de Dios.     Dios dice: “Mía es la tierra y su plenitud.” Ahora, este planeta Tierra, la posesión de este planeta Tierra le fue quitada a Adán y a Eva cuando pecaron, pero será restaurado el planeta Tierra a los hijos e hijas de Dios porque es una herencia divina que pertenece a los hijos e hijas de Dios.     El Mesías Príncipe reclamará toda la herencia de Dios para los hijos de Dios, por lo tanto, el Reino del Mesías, que gobernará sobre toda la humanidad, traerá la restauración del Reino de Dios a los hijos de Dios. “No temáis manada pequeña porque al Padre le ha placido daros el Reino.” Esto es para los creyentes en Cristo, y ya en la esfera espiritual lo tienen los hijos de Dios, los creyentes en Cristo. Esa fue la parte del Reino que ha obtenido la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso en el libro del Apocalipsis, capítulo 1, verso 4 en adelante, dice:     “Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono.”     Esos siete espíritus son los siete Mensajeros que vienen de etapa en etapa, de edad en edad, uno en cada edad, a la Iglesia del Señor Jesucristo, vienen en carne humana y vienen a ser el Mensajero de la edad en que aparecen, están representados en el candelero o candelabro con siete lámparas que estaba en el templo o tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón. Cada lámpara corresponde a una edad, y cada luz encendida corresponde al Mensajero lleno del Espíritu Santo, resplandeciendo el Espíritu Santo, la Columna de Fuego, a través de ese Mensajero en esa edad, en esa lámpara correspondiente a ese candelero, y son siete lámparas encendidas en el candelero o candelabro. Sigue diciendo:     “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.”     ¿Quién es el soberano de los reyes de la Tierra? Jesucristo dice aquí el apóstol Juan. Él escribe lo que Jesucristo envió por medio de Su Ángel a Juan para que lo escriba y lo envíe a las diferentes Iglesias de Asia Menor.     “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre (¿y quién fue el que nos amó y con Su Sangre nos lavó de nuestros pecados? Jesucristo),     y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.”     Ahora, vean lo que ha hecho Cristo con todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, todos los miembros de la Iglesia: los ha lavado con Su Sangre y los ha hecho para nuestro Dios ¿qué? Reyes y Sacerdotes. Él nos ve como Reyes y Sacerdotes porque eso es lo que Cristo ha hecho para nosotros, aunque en algún país puede un rey o un príncipe y una princesa salir por la ciudad sin vestiduras reales, y se confunde entre la multitud, y solamente el que lo conoce sabe que ese es un príncipe o una princesa, pero los que no lo conocen pasa como uno más del bonche de gente que están caminando por la calle.     Así pasan los miembros de la Iglesia de Jesucristo por este planeta Tierra: como uno más de la multitud de seres humanos aquí en la Tierra; pero cuando Dios mira, dice: “Ahí va un príncipe o una princesa, van caminando, son mis hijos.” Así nos mira Dios, y Dios nos ve cómo Jesucristo nos ha hecho: nos ve como Reyes, nos ve sin pecados y nos ve como Sacerdotes también, por lo cual cuando oramos por una persona para lo que se requiera, esa oración va directa a Jesucristo el Sumo Sacerdote, el cual dijo: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré,” dice Cristo. Él es el Sumo Sacerdote, el cual está ante la presencia de Dios, y por consiguiente Él dice que Él lo hará, Él dice que Dios lo concederá, es Él el que lo va a pedir de acuerdo a lo que nosotros hemos pedido, Él pasa esa petición al Padre, “todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.” Será hecho, será concedido.     Por lo tanto, usted no se tiene que preocupar del mecanismo, pues ya lo conoce, “le paso a Jesucristo todo lo que yo quiero que Dios me conceda,” ¿cómo lo hace? Pues orando, orando en el Nombre del Señor Jesucristo; como dice San Pablo también: “Todo lo que hagáis ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo.” Y el mismo Cristo dice: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre.” Hay que usar el Nombre del Señor Jesucristo, esa es la llave.     Y ahora, ¿esto es para quién? Para los que son miembros del Cuerpo de Cristo, y el Cuerpo de Cristo es Su Iglesia; por lo tanto, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los creyentes en Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, y cada creyente en Cristo miembro de la Iglesia puede decir: “Yo soy de ese Cuerpo de Cristo una parte.” Cada persona es una parte de ese Cuerpo Místico de Cristo. Todos juntos somos el Cuerpo de Cristo, dice San Pablo, y yo lo creo. Por lo tanto, el privilegio más grande que puede tener una persona al pertenecer a un grupo, es pertenecer al grupo de creyentes en Cristo que forman el Cuerpo de Cristo visible aquí en la Tierra.     Las manos que Cristo tiene aquí, las manos físicas que Cristo tiene aquí son nuestras manos; para llevar el Evangelio los pies que tiene son nuestros pies, por eso son benditos los pies de los que anuncian buenas nuevas, de los que anuncian la paz, y Cristo es nuestra paz. Se anuncia a Cristo para que traiga la paz al alma de la persona, para que traiga la paz entre Dios y la persona, es reconciliado con Dios y entonces está en paz con Dios.     Es importante conocer todas estas cosas para saber lo que significa ser un creyente en Cristo y saber que pertenecemos a un Cuerpo Místico de creyentes llamado: “La Iglesia del Señor Jesucristo,” bajo el nuevo Pacto que Dios estableció con Su pueblo, con Su Iglesia.     Estas son las personas de las cuales San Pablo dice: “Nuestra ciudadanía está en los cielos,” porque la ciudadanía suya terrenal, los que nacieron en México, ¿dónde está? En México; los que nacieron en Brasil, ¿dónde está su ciudadanía terrenal? Pues en Brasil; y así por el estilo la ciudadanía terrenal del nacimiento físico está y es del país del cual usted nació.     Pero la ciudadanía de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, ¿dónde está? En el Cielo, en la Jerusalén celestial, porque el nuevo nacimiento es del cielo y por consiguiente esas personas son ciudadanas celestiales. “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya,” para que sea un cuerpo glorificado, y necesitamos ese cuerpo glorificado que es eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad.     Todo miembro del Cuerpo Místico de Cristo cree esas promesas, y espera el cumplimiento de todas esas promesas; por eso espera, si muere físicamente, ir al paraíso en el cuerpo espiritual que es un cuerpo angelical o teofánico de la sexta dimensión, y espera allá hasta la resurrección, es un lugar muy hermoso el cual, al saber cómo es, ya todo el mundo quisiera irse, ¿pero entonces quién se va a quedar aquí en la Tierra para trabajar en la obra del Señor?     Dice la Escritura que habrá algunos que estarán vivos cuando la resurrección de los muertos en Cristo ocurra, y luego esas personas que estarán vivas creyentes en Cristo, serán transformadas, no tendrán que ver muerte, esas serán las personas del tiempo final, del Día Postrero que en su mayoría no tendrán que partir de esta dimensión terrenal.     Pero habrá también algunos que tendrán que partir porque los días de nuestra vida aquí en la Tierra quien los determina es Dios; por eso es que algunas veces usted ve una persona jovencita que se muere o un niñito o un bebé, pero también ve algunos ancianitos que pasan de cien años, y algunos dicen: “Este es más viejo que Matusalén, ciento y pico de años y todavía no se muere, y ya se le murieron los hijos y aun los nietos se están muriendo y él todavía vivo.” ¿Y cuál es el secreto? Bueno, que Dios en su libro puso que va a vivir más de cien años, y a los nietos o los hijos les puso que van a vivir menos de cien años.     El ser humano no tiene dominio de los días que va a vivir en la Tierra, es Dios. Por lo tanto, todos, conscientes de eso, aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, y le agradecemos a Él que nos da años para trabajar en Su obra, así hacemos tesoros en el Cielo, todos quieren tener tesoros en el Cielo, pues así tenemos la oportunidad de hacer tesoros en el Cielo trabajando en Su Reino, en Su obra como miembros del Cuerpo Místico de Cristo.     Recuerden que Él dijo que hagamos tesoros ¿dónde? En el Cielo, o sea, que nos recomendó hacer esos tesoros en el Cielo, y nos muestra cómo se hacen. El mismo Jesús, los apóstoles, San Pablo también nos muestra mucho cómo se hacen esos tesoros. El apóstol Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 58: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”     También hay otras Escrituras que nos dice que el Hijo de Hombre cuando venga con Sus Ángeles, recompensará, pagará a cada uno según sea ¿qué? Su obra, y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, dice:     “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”     O sea, que no va a recibir un galardón, una recompensa mayor de lo que usted haya trabajado en la obra del Señor. Tan sencillo como eso. O sea, una persona no se puede hacer la ilusión de que va a recibir una recompensa mayor de la que va a recibir uno que trabajó mucho, porque el mismo Cristo nos enseñó a trabajar y hacer tesoros en el Cielo.     Por lo tanto, la recompensa será de acuerdo a lo que haya trabajado, pero la Vida eterna es para todos, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, y esa es la recompensa más grande: Vida eterna.     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, y también dice).     Yo y el Padre uno somos.”     ¿Por qué Cristo puede decir eso? Porque el Padre estaba ¿dónde? En Él, y el Espíritu Santo estaba ¿dónde? En Jesucristo; en Él estaba la plenitud de la Divinidad que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.     Y ahora, podemos decir con claridad, con entendimiento: “Nosotros somos el Cuerpo de Cristo porque somos creyentes en Cristo, lo hemos recibido como Salvador al escuchar la predicación de Su Evangelio, hemos sido bautizados en agua en Su Nombre, Él nos ha dado Su Espíritu Santo y ha producido en nosotros el nuevo nacimiento, hemos nacido en el Reino de Dios por el Espíritu de Dios, y por eso somos el Cuerpo de Cristo, miembros de la familia de Dios.” Como dice el apóstol Pablo en Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22:     “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.     En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.”     Como están muchas personas que piensan: “Cuando uno se muere ahí termina todo,” están sin esperanza y sin Dios; pero el creyente en Cristo está con esperanza, con Dios, sabiendo que vivirá eternamente:     “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”     Vean lo que ha hecho: que estando lejos, alejados de Dios y de la ciudadanía del pueblo de Dios, ahora nos ha hecho cercanos, nos ha acercado a Dios:     “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (por eso es que la Escritura dice que los creyentes en Cristo son hijos de Abraham, por la fe en Cristo),     aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,     y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”     En el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, están reconciliados judíos y gentiles, no importa la nacionalidad de la persona, en el Cuerpo Místico de Cristo están reconciliados todos por medio del Cuerpo de Cristo que fue crucificado, ofrendado como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.     “Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.     Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos (esto es a los gentiles), y a los que estaban cerca (pues los judíos);     porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”     Y por consiguiente venir a ser miembros de la familia de Dios. Veamos más adelante esto:     “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios),     edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (por eso no se puede poner otro fundamento a y en medio de los creyentes en Cristo, el fundamento es Jesucristo, no hay otro fundamento. La Iglesia del Señor Jesucristo está fundada sobre la revelación de Jesucristo, el Salvador, el Mesías),     siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio...”     Ese edificio es ¿quién? La Iglesia del Señor Jesucristo, ese Templo espiritual, así como el ser humano es un templo espiritual y así como Jesucristo dice: “Destruyan este templo y en tres días lo levantaré,” San Juan, capítulo 2, verso 17 al 22, y todos pensaban que estaba hablando del templo allí que estaba en Jerusalén, pero dice la Escritura que Él hablaba de Su cuerpo como el templo, porque el cuerpo físico es un templo, y el templo de Dios, donde Dios estaba morando en toda Su plenitud, era Jesucristo, Él vino a Su templo, Dios vino a Su templo, el Ángel del Pacto vino a Su templo, Su templo humano: Jesucristo:     “...en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”     La Iglesia del Señor Jesucristo va creciendo a medida que se predica el Evangelio y las personas reciben a Cristo como único y suficiente Salvador; así como una construcción de concreto, de bloques y así por el estilo se le van colocando las diferentes partes de concreto, de bloque, de cristal, de madera y así por el estilo, va creciendo, se ve que se comienza por el fundamento, y después va viendo que va creciendo un edificio a medida que le van añadiendo más partes que forman ese edificio, y a medida que van siendo añadidas más personas al Cuerpo Místico de Cristo, van siendo añadidos más miembros de ese Templo espiritual.     Por eso dice San Pedro, Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10, que somos piedras vivas para ser un templo santo en el Señor, y por consiguiente la principal piedra del ángulo, la piedra de fundamento es Jesucristo, y de ahí se va construyendo ese Templo.     Cristo, la piedra del ángulo, la piedra angular, Cristo, también la piedra de fundamento, en Su primera venida es el fundamento, y en Su segunda venida es la piedra que corona. La última piedra colocada en el Templo místico de Cristo, la segunda venida de Cristo a Su Iglesia.     Luego que todas las demás piedras estén ya colocadas, Su venida es la piedra del ángulo, la piedra con la cual se corona esa familia, la familia de Dios, el Templo de Dios, el Cuerpo de Jesucristo.     Todo lo que Dios hizo, está haciendo o hará en el futuro, es por medio de Jesucristo, el Ángel del Pacto. Y todo lo que Cristo ha estado haciendo, está haciendo y hará, será a través de Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes.     Por eso es que estando Cristo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” ha estado, está y estará en medio de Su Iglesia, ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo usando diferentes miembros de Su Iglesia; colocó apóstoles, profetas, pastores, evangelistas, maestros y así por el estilo en Su Iglesia, para por medio de ellos manifestarse y llevar a cabo las labores que Él tiene que hacer en esta Tierra.     Todos son instrumentos de Cristo, todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, por lo cual siendo miembros de esta familia, de este Templo espiritual que va creciendo cada día hasta que llegue hasta el último que será parte de ese Cuerpo espiritual, cuando llegue el último, miren lo que pasará, dice:     “En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”     Así como el tabernáculo que construyó Moisés es un templo en el cual Dios moraba, así como el templo que construyó Salomón fue un templo en el cual Dios moraba, y diferentes reconstrucciones del templo que se hicieron en Jerusalén, también la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual, Templo místico en el cual mora Dios en Espíritu Santo y por consiguiente de ahí vienen las bendiciones de Dios para todas las personas.     Estar en el Cuerpo Místico de Cristo, es estar en el lugar de la bendición de Dios. El rey David decía que para él era un privilegio, una bendición y un deseo estar en los atrios de la casa de Dios. Y ahora, ser parte de la Casa de Dios espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo, es estar en lugar de bendición donde Dios envía bendición.     El rey David se conformaba con estar en los atrios, ahora la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado en esa Casa y forma esa Casa, y ha estado pasando por diferentes etapas, ha estado pasando por la etapa del Lugar Santo, y ahora, ha pasado al Lugar Santísimo que es el lugar más importante, el lugar llamado el Lugar Santísimo de la Iglesia, de ese Templo espiritual, también es la etapa o edad de oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular.     Ese es el lugar más importante del Cuerpo Místico de Cristo, la Casa de Dios, del Cuerpo de Cristo; es la etapa donde la resurrección va a ocurrir cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo. Recuerden que todo el tabernáculo y el templo fue hecho (el templo que construyó el rey Salomón), con piedras.     Y ahora, Cristo está construyendo un Templo, una Casa para Dios morar en toda Su plenitud, es la Iglesia del Señor Jesucristo, y ya va por el Lugar Santísimo. Cuando se complete esa construcción con la última piedra, el último escogido que sea colocado ahí, entonces Cristo coronará con Su venida ese Templo, será dedicado a Dios, como dedicó Salomón y Moisés el tabernáculo y entró la presencia de Dios en la Columna de Fuego, así entrará la plenitud de Dios a la Iglesia del Señor, los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos, los que vivimos seremos transformados, y de ahí una temporada en la Tierra, y de ahí pasaremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.     Luego la Tierra pasará por diferentes etapas difíciles, las cuales nosotros no queremos estar aquí en la Tierra en esos días, ese lapso de tiempo que corresponde a la última parte de la semana número setenta, la segunda parte de la semana número setenta, que consta de tres años y medio que corresponde a la gran tribulación, donde la Tierra va a ser renovada para luego ser establecido el Reino del Mesías en la Tierra.     En estos días estaremos o continuaremos hablando de todas estas cosas que van a pasar, a suceder, en esta Tierra en este tiempo final, creo que con lo que ya hemos escuchado tenemos un cuadro claro de lo que es el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo de Cristo aquí en la Tierra, Sus manos que Él usa en la Tierra, Sus pies para caminar y Sus manos para llevar las cosas y Su boca para que Su Palabra sea escuchada, es la Iglesia del Señor Jesucristo. A través de todos los miembros de la Iglesia Él obra en este planeta Tierra, por lo tanto, podemos decir con certeza: “Somos el Cuerpo de Cristo.”     Si hay alguna persona que todavía no es parte del Cuerpo de Cristo porque no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Los que están en otras naciones y en otras ciudades, también pueden venir a los Pies de Cristo y estaremos orando por usted, para lo cual pueden pasar acá al frente para así orar por usted. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos.     Dios tiene mucho pueblo, y los está llamando en este tiempo final, para lo cual puede venir a los Pies de Cristo para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.     Todavía Jesucristo está en el Cielo en el Trono del Padre como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, por lo tanto, todavía hay oportunidad de salvación para el ser humano.     La salvación y Vida eterna es lo más importante para todo ser humano, no hay cosa más importante que la Vida eterna. Todos queremos vivir eternamente, y la promesa es que será en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes para toda la eternidad.     La solución al problema que tiene el ser humano, que nace, crece y se va poniendo viejo y después se muere, la solución a ese problema la tiene Cristo para todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.     Estamos en la etapa espiritual del Reino del Señor, y cuando venga la etapa física entonces recibiremos el cuerpo físico, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad, pero primero tenemos que pasar por la etapa espiritual.     El futuro de los creyentes en Cristo, de los miembros del Cuerpo de Cristo, es glorioso. Todos podemos vivir eternamente. Hay un programa de Vida eterna, lo tiene Cristo, por eso es que todos necesitamos a Jesucristo como único y suficiente Salvador.     Todavía vienen más personas que como ustedes desean vivir eternamente, desean formar parte del Cuerpo Místico de Cristo. Los que están en otras naciones todavía pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también para que Cristo les reciba en Su Reino.     Todos en la vida hacemos decisiones. Ahora, ¿cuál de las decisiones que usted ha hecho en su vida, decisiones terrenales, le ha colocado en la Vida eterna? Ninguna, porque solamente hay una que coloca al ser humano en la Vida eterna, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, tan sencillo como eso, para lo cual la persona necesita escuchar la predicación del Evangelio de Cristo. Para eso es que Cristo ordenó ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura. Dice:     “Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Tuvo la oportunidad de ser salvo, de vivir eternamente y la despreció. Es que cada persona tiene libre albedrío, y por eso cada persona es responsable de su alma, y por esa causa es que al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, entendemos, descubrimos y creemos en Cristo y le entregamos nuestra alma a Él, para que Él nos dé Vida eterna.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones también. Dios tiene mucho pueblo aquí en Villahermosa, y los está llamando, tiene mucho pueblo en todo el Estado de Tabasco y en toda la República Mexicana, y los está llamando. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón. Él te está llamando para darte Vida eterna. Ninguna otra persona te puede dar Vida eterna, solamente Jesucristo.     Y ahora, con nuestras manos levantadas al Cielo, los que están presentes y están recibiendo a Cristo como Salvador, y los que están en otras naciones también, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los niños también, todavía pueden venir los niños, si no han venido a los Pies de Cristo todavía.     Todos queremos vivir eternamente, y Cristo tiene el programa de Vida eterna para el ser humano. Él dijo: “El Padre le ha dado a Cristo el tener Vida eterna en Sí mismo, y el darle Vida eterna a los que Él quiera.” ¿Y a quiénes quiere Cristo darle Vida eterna? Pues a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, quiere darle Vida eterna al ser humano, para lo cual vienen a Cristo las personas y Él les da Vida eterna.     Con nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.     El bautismo en agua es tipológico; es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y es un mandamiento del Señor, el que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Pedro dijo cuando le preguntan: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Él dice:     “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.     Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”     Libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 48; y dice también que el Señor añadía a Su Iglesia los que habían de ser salvos, porque los que son añadidos a la Iglesia son salvos, reciben la Vida eterna y vivirán eternamente.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.     Cuando Él establezca Su Reino literal en la Tierra, que será un Reino que tendrá su Capital en Jerusalén, y todo el territorio de Israel será el Distrito Federal, eso será la restauración del Reino de David, y el Trono será el Trono de David, y el Señor, el Mesías, el Cristo, el Rey, será el Hijo de David.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     Mañana lunes, 28 de febrero, conmemoramos la aparición de la nube que apareció en el año 1963 en el Estado de Arizona, nube en la cual estaban los Mensajeros de las siete edades de la Iglesia y otro Ángel muy diferente a los demás, el cual tenía el séptimo Sello.     Así que mañana es el día en que todos recordamos ese evento en el cual el reverendo Branham estuvo y fue arrebatado para estar con esos Ángeles que allí aparecieron, fue arrebatado, no físicamente, sino en espíritu, en cuerpo angelical o espiritual.     Así que, mañana recordemos ese día, oremos por la Iglesia del Señor Jesucristo, oremos también por el pueblo hebreo, Dios tiene una bendición muy grande para el pueblo hebreo, para los judíos, y recuerden que el Reino, el establecimiento del Reino, está ligado al pueblo hebreo, a los judíos, será un Reino judío.     Así que, oremos por el pueblo hebreo y para que pronto el Reino de Dios, el Reino del Mesías, sea establecido en la Tierra, y Jerusalén venga a ser la Capital del mundo, y la paz de Israel y para Israel y para toda la humanidad, para todo el Medio Oriente que la necesita, y más en estos días, está convulsionado en estos días, que pronto el Reino de Dios sea establecido en la Tierra y venga la paz para todo el Medio Oriente, porque la paz saldrá de Jerusalén para todas las naciones en el Reino del Mesías, el cual será un Reino mundial.     Oremos por Israel y por todo el Medio Oriente, por todas las naciones, por toda la humanidad, y sobre todo por el Cuerpo de Cristo, que es Su Iglesia, para que pronto se complete el número de la Iglesia del Señor Jesucristo y ocurra la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos en Cristo.     Continúen pasando todos una tarde feliz, y los que creyeron y recibieron a Cristo y están presentes o en otras naciones, pueden ser bautizados, para lo cual dejo al ministro aquí presente, el reverendo Andrés Cruz Gallego, que les indicará cómo hacer para ser bautizados, y en cada nación y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones Jesucristo nuestro Salvador.     “NOSOTROS SOMOS EL CUERPO DE CRISTO.”

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