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amigos y hermanos presentes, ministros y hermanos de diferentes Iglesias, y también visitantes y también ministros e Iglesias en otras naciones que están conectados con el satélite Amazonas o internet en esta ocasión.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.     Es un privilegio grande para mí estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en Primera de Corintios, capítulo 2, verso 6 en adelante (6 al 16), y dice de la siguiente manera:     “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.     Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,     la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.     Antes bien, como está escrito:         Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,         Ni han subido en corazón de hombre,         Son las que Dios ha preparado para los que le aman.     Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.     Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.     Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,     lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.     Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.     En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.     Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “NOSOTROS TENEMOS LA MENTE DE CRISTO.” Son las palabras que nos da San Pablo en este pasaje: “Nosotros tenemos la mente de Cristo.”     Este misterio de una persona tener la mente de Cristo y por supuesto los creyentes en Cristo, es el misterio por el cual hay personas que entienden el Programa Divino, entienden el Evangelio de Cristo, y hay otras personas que no tienen la mente de Cristo y no pueden comprender, les es locura el Evangelio de Cristo; le es locura para algunas personas, que haya personas que creen en Cristo, que lo han recibido como Salvador, que han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y que Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en esas personas el nuevo nacimiento, y han sido limpios con la Sangre de Cristo, y hay personas que dicen: “¿Cómo o puede ser posible eso? Si la Sangre de Cristo fue derramada en la Cruz del Calvario dos mil años atrás, ¿cómo puede todavía ser efectiva la Sangre de Cristo y las personas ser limpios con la Sangre de Cristo?” Pues es un misterio divino que solamente puede ser comprendido, creído y comprendido por aquellos que tienen la mente de Cristo.     Veamos un pasaje, el cual es un poco profundo pero que es sencillo de entender, para que vayamos viendo este misterio de la mente de Cristo en los creyentes en Cristo. En Efesios y también en Hebreos el apóstol San Pablo, conocedor del Programa Divino, el cual con la mente Cristo obrando en él, operando en él, obtuvo el conocimiento de todos estos misterios divinos, vean, este misterio es grande; dice capítulo 1 de Hebreos, verso 1 al 3:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,     en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”     Ahora, aquí nos dice que Dios por medio de Cristo hizo el universo, y la persona que no tiene la mente de Cristo dice: “El apóstol Pablo puede estar equivocado,” porque el universo lleva millones de años, y Jesucristo nació en Belén de Judea hace unos dos mil años atrás; alrededor de dos mil años han transcurrido del nacimiento de Cristo hasta ahora.     Puede la persona decir: “Hay un error ahí, el apóstol San Pablo está equivocado.” No está equivocado, está correcto, vamos a ir un poquito más:     “El cual, siendo el resplandor de su gloria (o sea, el resplandor de la gloria de Dios), y la imagen misma de su sustancia (¿quién es la imagen de Dios? Jesucristo), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”     Y ahora, el apóstol San Pablo nos dice: “Luego de haber llevado a cabo la purificación de nuestros pecados por medio de Su cuerpo, por medio de Sí mismo, muriendo en la Cruz del Calvario, ahora se ha sentado a la diestra de Dios en el Cielo, se ha sentado a la diestra de la majestad”.     El mismo Jesucristo había dicho en San Mateo, capítulo 26, verso 64, que Él se iba a sentar a la diestra de Dios. Veamos aquí si lo dice o no lo dice. Esto fue cuando estaba siendo juzgado por el concilio del sanedrín. Vamos a pasar aquí a este lugar, capítulo 26 de San Mateo, verso 60 en adelante, dice:     “Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos,     que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.     Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? (le pregunta el sumo sacerdote a Jesús) ¿Qué testifican éstos contra ti?     Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.     Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.     Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.     ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos (o sea, los miembros del concilio del sanedrín), dijeron: ¡Es reo de muerte!     Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban,     diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.”     Eso sucedió de esta forma, es historia, y la historia no se puede negar, pero todo esto ya estaba en la mente de Dios, ya estaba destinado o predestinado que sería de esta manera. Por lo tanto, ninguna persona debe levantarse en contra del pueblo hebreo por esto que sucedió, porque todo esto que sucedió fue para preservación de la Vida eterna para el pueblo hebreo y también para los que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que a través de la predicación del Evangelio de Cristo luego creerían en Cristo y lo recibirían como único y suficiente Salvador, creerían en el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.     El mismo Jesucristo en la Cruz, dijo: “Padre, perdónalos, porque ellos no saben lo que hacen.” Por lo tanto, nadie debe condenar al pueblo hebreo por esto que sucedió; más bien toda persona debe decir: “Gracias a Dios porque esto sucedió para la salvación y Vida eterna de todos los que escucharían el Evangelio de Cristo y creerían y obtendrían la salvación y Vida eterna.      Si no hubiera acontecido la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, no estaríamos nosotros aquí. El mismo Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”     Cristo es el grano de trigo o tipificado en el grano de trigo, porque Él es la simiente de Dios, y por consiguiente a través de Jesucristo, que es el Segundo Adán, vendrían a Vida eterna y con Vida eterna la manifestación de los hijos de Dios en el Reino de Dios. O sea, que nacerían en el Reino de Dios todos los hijos e hijas de Dios por medio del Segundo Adán que es Jesucristo. Así como por medio del primer Adán nosotros hemos nacido en esta Tierra como descendientes del primer Adán, y Eva, la esposa de Adán; pero por cuanto ellos perdieron la Vida eterna allá en el Huerto del Edén al pecar contra Dios, la herencia física que nos dejaron fue una vida temporal que nos dura una cantidad de tiempo, pero a la larga se acaba.     Como le pasó también a Adán, que luego que pecó, continuó viviendo físicamente, pero no continuó viviendo la Vida eterna, sino una vida temporera que se le acabó a cierta cantidad de años, o sea, que le duró 930 años.     Toda persona quisiera vivir 900 años, el más que duró después de la caída del ser humano en el Huerto del Edén, fue Matusalén: 969 años. Pero vean, no importa cuántos años, muchos o pocos, al final y el final es la muerte, porque la vida física que hemos heredado al nacer en la Tierra, es vida temporal o temporera que hemos heredado de Adán.     Ahora, vino el Segundo Adán, Cristo, y la vida que heredan los creyentes en Cristo es la Vida eterna, todo creyente en Cristo nacido de nuevo ha obtenido la Vida eterna, ya su alma tiene Vida eterna y ya su espíritu tiene Vida eterna.     El ser humano es trino, pero es uno solo, y tiene cuerpo, el cual es temporero o temporal, tiene espíritu, el cual si no es creyente en Cristo, es temporal. Pero si... aunque es temporal, si muere, sigue viviendo la persona en ese cuerpo espiritual, un cuerpo parecido al cuerpo que tenemos aquí en la Tierra, pero de otra dimensión.     Y cuando el juicio final, entonces ahí se dictará la sentencia para los que no sirvieron a Dios, y dejarán de existir físicamente y también espiritualmente, o sea, dejarán de existir en cuerpo físico y dejarán de existir también en cuerpo espiritual.     Recuerden que en el juicio final todas las personas que no fueron parte de la primera resurrección, porque la primera resurrección es para Vida eterna, se resucitará en un cuerpo eterno y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo, los que no pertenezcan a esa primera resurrección, resucitarán en la segunda resurrección que será después del Reino milenial del Mesías; y será (esa resurrección) para presentarse ante el Trono Blanco del juicio divino donde Dios por medio de Cristo juzgará a toda persona que ha vivido en este planeta Tierra y no formó parte de los que resucitaron, pertenecientes a la primera resurrección, resurrección que es para Vida eterna. La otra será, la segunda resurrección, es para presentarse ante el Trono de Dios para ser juzgados.     Luego la segunda muerte es el lago de fuego donde serán echados los que saldrán condenados para dejar de existir en cuerpo, espíritu y alma. Recuerden que el ser humano es cuerpo, lo cual es temporero, es espíritu, otro cuerpo pero de otra dimensión parecido a nuestro cuerpo, y es alma, que es lo más importante.     El ser humano es alma viviente, eso es que lo que el ser humano es, pero tiene un cuerpo espiritual llamado espíritu, y tiene un cuerpo físico de carne en el cual vive. Es que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza. Dios el Padre tiene una imagen, en el ser humano, que es alma viviente, su imagen es el cuerpo angelical o espiritual parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.     Y la imagen de Dios es Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios o Ángel de Jehová, el cual es nada menos que Jesucristo en Su cuerpo angelical, y por eso es que Jesucristo puede decir en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58:     “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”     Eso fue cuando fue visitado Abraham por tres Ángeles el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y Abraham les ofreció un becerro tierno, el cual le fue preparado por el siervo de Abraham para Dios y Sus Arcángeles Miguel y Gabriel, y comieron con Abraham; también les fueron dadas, también comida de harina, unas tortillas de harina y también leche y queso, todo lo que se le coloca en la mesa a un huésped o visitante especial.     Estaban ahí en sus cuerpos teofánicos, cuerpos angelicales, pero que se hicieron visibles y por lo que se puede ver pudieron comer. ¿Cómo ocurrió? Lo vamos a entender bien cuando ya estemos con cuerpos glorificados y estemos ya con el Señor Jesucristo y con todos los Ángeles allá, entonces vamos a entender todo.     Luego Ese que se quedó, que le dijo a Abraham: “El próximo año por este tiempo, Sara tu mujer tendrá un hijo,” el hijo que le había sido prometido, del cual Dios le había dicho que le pusiera por nombre Isaac, Ese que está hablando con Abraham y dándole esta promesa o confirmándole lo que le había prometido, es Jesucristo en Su cuerpo angelical y por consiguiente es el cuerpo angelical de Dios, en donde Dios ha morado y a través del cual Dios creó todas las cosas.     Por eso San Pablo en la lectura que tuvimos hace algunos minutos, dice que:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,     en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”     Dios hizo el universo por medio de Cristo, o sea, por medio de Su cuerpo angelical. Dios estando en Su cuerpo angelical habló a existencia todas las cosas cada una en su debido momento, y vinieron a existencia. Ese es el misterio de Dios el Padre y de Cristo, es que Jesucristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente. Por eso San Pablo dice: “Él es la imagen de Dios,” y es... dice: “La imagen misma de su sustancia.” y también dice San Pablo en Colosenses, ahí nos da mucha información acerca de Jesucristo, porque algunas personas piensan que Jesucristo fue algún hombre que apareció y después murió, y algunos no saben ni qué en realidad fue lo que sucedió y quién en realidad es ese hombre.     Vean, Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, el apóstol Pablo, dice:     “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;     el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,     en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”      La redención es por medio de Cristo, el perdón de pecados es por medio de la Sangre de Cristo:     “Él es la imagen del Dios invisible.”     ¿Cuál es la imagen de Dios? Jesucristo, ¿y desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo, por eso es que Cristo decía: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Cristo, Jesucristo en Su cuerpo angelical, es antes que Abraham, es antes que Adán también, y es antes que todas las cosas. Vamos a ver, porqué es la imagen del Dios viviente, o sea, el cuerpo angelical de Dios: ese Ángel del Pacto, ese Ángel de Jehová, de Dios, que aparece en el Antiguo Testamento, es Cristo en Su cuerpo angelical, o en palabras más claras, el cuerpo angelical de Dios donde Dios moraba, mora y morará eternamente.     Por eso es que cuando Jacob se encontró con el Ángel con el cual luchó y se agarró de él y no lo soltó hasta que el Ángel bendijo a Jacob (capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis), y el Ángel le decía: “Suéltame porque raya el alba, tengo que irme.” Y Jacob le decía: “Yo no te soltaré, no te dejaré hasta que me bendigas.” Y el Ángel le pregunta: “¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu nombre?”     El Ángel sabía cuál era el nombre, pero hay cosas que... todas las cosas Dios las sabe, pero hay cosas que uno tiene que hablarlas, decirlas a Dios; por ejemplo, Dios sabe todas nuestras necesidades, pero se requiere que nosotros pidamos a Dios, oremos a Dios. “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre (dice Cristo) yo lo haré, les será concedido.”     Y ahora, Cristo es ese Ángel del Pacto, o sea, el cuerpo angelical de Dios con el cual luchó Jacob y recibió la bendición. Jacob le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi nombre el cual es oculto, el cual es admirable?”     Todos los que se encontraron con el Ángel de Dios, con el cuerpo angelical de Dios donde Dios estaba y a través del cual Dios hablaba, quisieron conocer el nombre de ese Ángel, porque ese es el Nombre de Dios.     Vamos a ver si en el Ángel está el Nombre de Dios, es importante conocer quién es Dios y quién es Jesucristo. Recuerden que la buena tierra es aquella donde es sembrada la simiente, la Palabra, y entiende, oye y entiende la Palabra; San Mateo, capítulo 13, verso 23, esa es la buena tierra, y lleva fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno.     Ahora, vayamos aquí, Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 21 nos dice:     “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.     Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”     ¿Dónde está el Nombre de Dios? En el Ángel de Dios, porque eso todos los que se encontraron con el Ángel de Dios querían saber el Nombre del Ángel de Dios, porque saber el Nombre del Ángel es saber el Nombre de Dios, porque el Nombre de Dios está en el Ángel de Dios.     Y ahora, Jacob luego que el Ángel se va, luego de bendecirlo, le coloca por nombre al lugar donde había tenido esta experiencia maravillosa, vamos a ver, dice capítulo 32, verso 27 en adelante, dice:     “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.     Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.     Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.     Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”     ¿Cómo es posible que un hombre como Jacob diga que vio a Dios cara a cara? El misterio es que vio a Dios en el cuerpo angelical, y al ver el cuerpo angelical de Dios en el cual estaba Dios, pues estaba viendo a Dios.     Es como nosotros, usted mira hacia acá y me ve a mí, y yo miro hacia allá y lo veo a usted, les veo a ustedes, y decimos... yo digo: “Yo los estoy viendo a ustedes.” Y ustedes dicen: “Nosotros lo estamos viendo a usted.” Pero luego, si yo les digo que ustedes no me están viendo y que yo no los estoy viendo a ustedes, usted podrá decir: “Pero es raro eso, porque yo lo estoy viendo a usted, y usted nos está viendo a nosotros.”     Yo lo que estoy viendo es el cuerpo físico de ustedes, pero yo no estoy viendo el alma de ustedes que es lo que usted es en realidad, usted es alma viviente, y usted lo que está viendo es mi cuerpo físico, pero usted no me está viendo a mí, porque yo soy alma viviente, yo estoy dentro de este cuerpo de carne.     ¿Ven? Por eso aunque decimos: “Sí, nos estamos viendo.” Pero lo que estamos viéndonos es el cuerpo físico, la casa terrenal, y así es con las palabras de Jacob, vio a Dios cara a cara, pero lo que estaba viendo era el cuerpo angelical de Dios, estaba viendo ese cuerpo teofánico, estaba viendo la imagen del Dios invisible que es el cuerpo angelical de Cristo.     Ahora, Manoa, el padre de Sansón y la madre de Sansón, la señora ¿qué? Manoa, dicen que un Ángel le apareció, ellos no sabían cuál era el Ángel (Jueces, capítulo 13), y ese Ángel le dijo a la señora Manoa, que iba... ella era estéril, y le dice que va a tener un hijo ella, y le dice que no tome sidra ni vino ni nada, y se cuide en las comidas y que será nazareo, por lo tanto no le podían cortar el cabello. Recuerden a Sansón, la fuera de Sansón estaba en el cabello, es que el cabello era la señal o el tipo y figura de la fuerza, si le cortaban el tipo y figura, se quedaba sin fuerzas.     Y ahora, encontramos que ella le cuenta a su esposo que un Varón de Dios le apareció, un hombre que era el Ángel de Dios, aunque ella no sabía que era el Ángel de Dios, aparecía en la forma de un hombre, porque el cuerpo angelical, cuerpo teofánico de Dios, como el cuerpo teofánico o angelical de cada creyente en Cristo es parecido al cuerpo físico que tiene, pero de otra dimensión, un cuerpo angelical.     Y Manoa oró a Dios para que enviara nuevamente a ese Ángel, y Dios lo envió de nuevo, le aparece a la señora Manoa, y la señora Manoa va corriendo a su esposo y le dice: “El Varón que me apareció en días pasados, me apareció ayer o en días pasados, está ya presente, volvió,” estaba en la finca, en el terreno donde ellos sembraban, y Manoa sale corriendo, va a donde su esposa le dice que está el varón, el Ángel, y le dice: “¿Eres tú el Varón que le apareciste a mi esposa hace poco, en estos días?” Él le dice: “Sí, yo soy.” –“¿Y qué será con el niño que le dijiste que vamos a tener?” –“Se hará (Él le dice) se hará como yo le dije, hará esto así, así y así.” Y entonces Manoa le dice: “Espérate un momento, te voy a preparar comida.”     Recuerden que como Abraham le había preparado comida a los tres Ángeles que le aparecieron, pues Manoa, como leía la Biblia, entonces quiso hacer en la misma forma que Abraham hizo, pero el Ángel le dice: “Aunque prepares lo que prepares, no comeré de tu pan. Si quieres sacrificar, sacrifícalo a Dios.” Y entonces así hizo Manoa, colocó el cabrito que había preparado, y el caldo, todo sobre una piedra, puso la carne y encima le echó el caldo y lo ofreció a Dios, y el Ángel que estaba allí subió en la llama de fuego.     Recuerden que los sacrificios, pues se colocan y se les pone fuego para que sean quemados y llegue, en el fuego y el humo, llegue a la presencia de Dios. Y cuando Manoa mira, ve al Ángel que se dirige al sacrificio y sube en la llama de fuego, y Manoa dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara, y la Escritura dice que nadie ha visto a Dios y que nadie puede ver a Dios, porque el que ve a Dios, morirá.”     Eso fue lo que le dijo Dios a Moisés: “No me verá hombre y vivirá.” Pero le dice a Moisés: “Yo voy a colocarte en la hendidura de la peña y voy a pasar delante de ti (eso fue con Moisés allá por el Éxodo), y cuando haya pasado, y haya pasado proclamando el Nombre de Dios, el Nombre de Jehová, entonces quitaré mi mano, porque la pondré delante de ti, y luego quitaré mi mano y entonces me verás, verás mis espaldas.”     Cuando pasa va a ver las espaldas de un hombre que está pasando frente a Moisés, ese es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo angelical de Jesucristo, y para que lo entiendan mejor, porque un espíritu es un cuerpo pero de otra dimensión, ese Ángel de Jehová o Ángel de Dios, ese cuerpo angelical de Dios es llamado también el Espíritu Santo. Tan simple, tan sencillo como eso.     Ahí tienen el misterio del Espíritu Santo, de ese personaje tan importante, es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente.     Y ahora, pasamos a Manoa de nuevo: Manoa cuando vio que subía el Ángel en la llama de fuego, Jueces, capítulo 13, le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara,” y la esposa le dice... y no sabían que era el Ángel de Dios hasta ese momento, que era la imagen del Dios viviente. Y la esposa de Manoa, la señora Manoa le dice: “No hemos de morir (por la lógica lo supo), porque si vamos a morir, entonces Dios no nos diría que vamos a tener un niño.” ¿Ven? Si le promete que van a tener un niño, entonces no van a morir aunque hayan visto a Dios cara a cara.     Ahora, estamos viendo quién es Jesucristo en Su cuerpo angelical; en Su cuerpo de carne, pues nació en Belén de Judea, y en los días en que Jesucristo está en la Tierra y dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” pues tiene de 30 a 33 años de edad Su cuerpo físico, pero Su cuerpo angelical es antes de la creación del universo, es antes de la creación del mundo invisible y del mundo visible. Y recuerden que el mundo invisible fue primero, y luego el mundo visible. La Escritura dice en Hebreos, capítulo 11, que “lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”     Y ahora, estamos viendo porqué Cristo puede hablar en esa forma de decir que Él es antes que Abraham, pensaban que estaba loco, solamente con la mente de Cristo es que la persona puede comprender estos misterios divinos, solamente la mente de Dios es la que trae a conocimiento estos misterios que son incomprensibles a la mente humana, no a la mente de Dios.     Y ahora, dice que el espíritu todo lo escudriña, aun lo escondido de Dios. O sea, el Espíritu de Dios, que es el cuerpo angelical de Dios, Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, es el que escudriña todo lo oculto de Dios; en palabras más claras, Él es el que recibe todo ese conocimiento divino y lo pasa a la raza humana, por medio de cuerpos físicos que vienen a ser los profetas de Dios de diferentes tiempos. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele sus secretos a sus siervos, sus profetas.”     Por eso es tan importante la Palabra de Dios traída por medio de los instrumentos de Dios, porque es nada menos que el pensamiento divino revelado al ser humano por medio del Ángel del Pacto, por medio del Espíritu Santo hablando a través de seres humanos, eso lo encontramos también en Zacarías, capítulo 7... capítulo 7, verso 11 en adelante de Zacarías, dice:     “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;     y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros.”     ¿Cómo Dios le hablaba al pueblo hebreo? ¿Cómo Dios le habla a la raza humana? Dice:     “Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu...”     Es por medio del Espíritu, el cuerpo angelical de Dios, que Dios le habla al ser humano, pero dice:     “...para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros.”     O sea, que el Espíritu Santo a través de los Profetas le hablaba al pueblo hebreo, y esas palabras que el Espíritu Santo traía, eran las palabras de Dios el Padre, las palabras de Dios el Padre traídas por el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, traída a los Profetas, y a través de los profetas le hablaba al pueblo.     Ese es el misterio de la forma en que Dios hablaba: por los profetas, y luego habló por medio de Jesucristo en quien estaba Dios en toda Su plenitud. Padre, Hijo y Espíritu Santo, ese misterio de Padre, Hijo y Espíritu Santo estaba en Cristo en toda Su plenitud ahí manifestado ese misterio. Ese es el misterio de Dios el Padre y de Cristo del cual San Pablo habla en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3: “En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.     Y ahora, continuemos aquí con Colosenses, nos detuvimos aquí donde dice:     “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (Colosenses, capítulo 1, verso 14. Sigue diciendo).     El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.     Porque en él fueron creadas todas las cosas...”     Y ahora, esto es un misterio: “En Él fueron creadas todas las cosas,” y también dice que Él es antes de la creación, el primogénito de toda creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, y como fueron creadas en Cristo todas las cosas, dice:     “...las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”     Por medio de Él. Por medio de Cristo todo fue creado, ¿y para quién? Para Jesucristo. Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).     Así como en un grano de trigo una persona que sabe de la agricultura puede mirar y decir: “Ahí yo veo, en esa semilla que es una semilla original y buena, yo veo una planta de trigo.” Otra persona le dice: “Tú estás loco, yo no veo nada,” porque no sabe, no tiene la ciencia, el conocimiento de la agricultura y entonces no entiende nada.     Pero el agricultor dice: “Yo te voy a probar que yo estoy viendo una planta de trigo,” la toma (el grano de trigo), lo siembra, y al poco tiempo le dice a la persona: “Ven, ahora tú la puedes ver, pero yo la vi antes porque yo conozco ese misterio de la semilla y de la siembra y cosecha.”     Por eso tenemos que conocer la ciencia de Dios, para conocer las cosas de Dios, y esto se obtiene solamente por la mente de Cristo para poder entender todas estas cosas.     Recuerden, Cristo hablando de personas, los tipifica con trigo, con cizaña, con árboles de olivo también, todo eso tipificando estas cosas del Reino de Dios para que se le haga más fácil a las personas y puedan comprender mejor, porque está usando las cosas que ya las personas conocen para traer esas parábolas de esos misterios divinos.     Y ahora, en Cristo fueron creadas todas las cosas, Él es la semilla de toda la creación, y por medio de Él Dios hablaba a existencia cada una de las cosas que tenían que venir a existencia, y luego acontecían, sean primero las invisibles, las que están en otra dimensión, y luego las físicas:     “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (es antes de toda la creación... es el verso 17 del capítulo 1 de Colosenses);     y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia...”     La cabeza de la Iglesia, el Novio, el Esposo de la Iglesia, porque Él es el Segundo Adán y Su Iglesia es la segunda Eva, y a través de Su Iglesia Cristo de edad en edad a través de la Dispensación de la Gracia ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios, a través de la predicación del Evangelio de Cristo las personas reciben esa simiente, la Palabra, creen, porque la fe viene por el oír la Palabra, nace la fe de Cristo en su alma y luego que creen con el corazón, porque “con el corazón se cree para justicia, luego con la boca se confiesa para salvación;” confiesan a Cristo como único y suficiente Salvador recibiéndolo como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, sus pecados son perdonados porque han confesado a Cristo como Salvador, confesando a Cristo sus pecados y pidiendo perdón a Cristo, y Cristo luego los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en las personas el nuevo nacimiento, así nacen en el Reino de Dios, nacen a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso fue que Cristo dijo:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, crean de todo corazón en Cristo, lo reciban como Salvador y sean bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en esas personas el nuevo nacimiento, nacen en el Reino de Dios, nacen en y a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, y esa es la familia de Dios bajo el nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto que es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.     Recuerden que en Hebreos también San Pablo dice en el capítulo 13, verso 20 al 21, que la Sangre de Cristo es la Sangre del nuevo Pacto, y el mismo Cristo en la última cena con Sus discípulos, cuando tomó el pan y dando gracias al Padre da a Sus discípulos y les dice: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo.” Y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre da a Sus discípulos y dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     La Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario, es la Sangre que nos limpia de todo pecado, es la Sangre que nos redime, es la Sangre que estaba prometida para ser la Sangre de la redención del ser humano, es la Sangre redentora. Sin esa Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario no hay redención para el ser humano. Y toda persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha sido limpiado con esa Sangre redentora, ha sido redimido, y por consiguiente ha entrado al Reino de Dios.     Recuerden, en el capítulo 3 de San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6 llegó Nicodemo a ver a Jesús de noche, y le dice al Señor: “Sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas cosas que tú haces si Dios no está con él (todas esas señales, milagros).” Y Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios, no lo puede entender.”     Y Nicodemo pensó que se refería a nacer físicamente: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer?” Pero Cristo le está hablando en términos espirituales, Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”     Nacer del Agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo, entonces la persona ha nacido en el Reino de Dios, ha entrado al Reino de Dios, es parte del Reino de Dios, es parte de la familia de Dios por medio del Segundo Adán y la segunda Eva, por medio de Jesucristo y la Iglesia del Señor Jesucristo.     Por eso los hijos de Dios bajo el nuevo Pacto, ¿dónde están? En la Iglesia del Señor Jesucristo. No puede nacer de nuevo una persona fuera de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque es por medio de Su Iglesia que Cristo se reproduce en hijos e hijas de Dios, en esa manifestación de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia es que se produce el milagro del nuevo nacimiento, del nacimiento de millones de seres humanos en el Reino de Dios, naciendo en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios.     Y ahora, podemos ver que este misterio de Cristo y Su Iglesia es grande, porque en Adán y Eva están tipificados Cristo y Su Iglesia.     Y ahora, así como en el grano de trigo está una planta de trigo con muchos granos de trigo aunque no se pueda ver, pero después que se siembra el grano de trigo y nace, ya la persona lo puede ver.     Cuando Jesucristo estaba aquí en la Tierra, Su Iglesia estaba en Él, como cuando Adán estaba en la Tierra, Eva estaba en él, pero cuando entonces Dios durmió a Adán y tomó de su costado y formó una compañera para Adán, entonces luego Adán la pudo ver, pero primero estaba en él. Y la Iglesia del Señor Jesucristo estaba en Cristo, así como una planta de trigo ¿dónde está antes de ser vista? Está en un grano de trigo. Tan sencillo como eso.     Y los granos de trigo ¿dónde están? Pues en el grano de trigo también; todos los que vendrían a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿dónde estaban? En Cristo, por eso estábamos en Él y por eso cuando Él estaba en la Tierra, estábamos nosotros caminando en Él, estábamos dentro de Él, así como cuando Abraham dio los diezmos de todo a Dios, a Melquisedec, dice que también Leví, el cual estaba en los lomos de Abraham, diezmó. Es que cada persona, el cuerpo físico de cada persona, está en su padre; los genes que están en el padre, son los que formarían el cuerpo físico de sus hijos.     Y ahora, estábamos todos en Cristo, y el universo completo estaba en Cristo, y aun no solamente cuando Él estuvo aquí en la Tierra estábamos en Él, sino antes de la fundación del mundo estábamos en Cristo también, y tenía que llegar el momento en que apareciéramos aquí en la Tierra en cuerpos físicos para entrar al programa de la redención y ser restaurados a la Vida eterna, porque por el pecado en el Huerto del Edén cayó la raza humana, y por lo tanto, aparecemos en una raza que perdió la Vida eterna.     Pero por cuanto estábamos en Cristo, él nos redime, o sea, nos regresa a la Vida eterna. El regreso a la Vida eterna solamente es por Cristo, no hay otra persona que pueda regresar el ser humano a la Vida eterna, por eso Jesucristo es nuestro Salvador, nuestro Redentor, es el pariente cercano del ser humano, es el eslabón entre Dios y el ser humano para llevarnos a Dios.     Y ahora, podemos ver quién es Jesucristo. Para que tengan un poco más de información acerca de Cristo, leemos un poquito más aquí de este capítulo 1 de Colosenses, nos detuvimos... leemos el verso 18, de ahí en adelante; dice:     “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;     por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (toda la plenitud de Dios estaba en Él y por consiguiente todo el Programa divino estaba en Él),     y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas (la reconciliación del ser humano y de toda la creación, la reconciliación del ser humano con Dios, es por medio de Cristo), así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.     Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado     en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;     si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”     Y ahora, por medio de Cristo el ser humano es reconciliado con Dios y es restaurado a la Vida eterna, por eso en Cristo están todos los misterios divinos, pasan de Dios el Padre a Cristo, la Vida eterna pasa de Dios el Padre a Cristo para que Él le dé Vida eterna a todos, a todos los que Él quiera.     ¿Y a quién quiere Él darle Vida eterna? Vamos a ver, en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante, dice:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”     ¿A quién dice Cristo que le va a dar Vida eterna? A Sus ovejas que el Padre le ha dado, las cuales escuchan Su Voz y le siguen, escuchan Su Voz, el Evangelio, escuchan la predicación del Evangelio que es la Voz de Cristo y lo siguen, ¿y Él les da qué? Vida eterna.     ¿Para qué se predica el Evangelio de Cristo? Para que las personas escuchen la Voz de Dios, la Voz de Cristo, lo reciban como Salvador y Cristo les dé Vida eterna; no es para pertenecer a una religión más, es para recibir la Vida eterna, no hay otra forma para recibir la Vida eterna, y no hay otra forma para el ser humano acercarse a Dios dentro del nuevo Pacto, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”     ¿Cómo va a llegar a Dios una persona? ¿Cómo va a acercarse a Dios? Solamente puede acercarse a Dios por medio de Cristo, no hay otra forma. ¿Y cómo puede ser reconciliado el ser humano con Dios? Por medio de Cristo. ¿Y cómo puede ser limpio de todo pecado? Por medio de Cristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario.     Y ahora, son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo los que han de ser salvos, los cuales escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y obtienen la salvación y Vida eterna:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Cada persona tiene libre albedrío, y por consiguiente cada persona es responsable por sí misma, y cada persona tiene la oportunidad de creer o no creer, de ser un creyente o ser un incrédulo. Si es un incrédulo, perderá la oportunidad de Vida eterna, si es un creyente, creerá en Cristo, lo recibirá como Salvador y obtendrá la Vida eterna.     Eso es así para el que estudió y para el que no estudió, para el pobre y para el rico también, para todo ser humano, y Dios lo hizo así de sencillo para que todos tengan la misma oportunidad. Dios ha colocado delante del ser humano, como en el Huerto del Edén colocó el Árbol de Vida y también el árbol de la ciencia del bien y del mal, delante del ser humano está el Árbol de la Vida que es Cristo, para que el que coma de ese Árbol, de Cristo, pueda vivir eternamente.     Recuerden que Él dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí,” no tiene Vida eterna el que no coma la carne y beba la Sangre de Cristo, o sea, el que no crea en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.     Y ahora, podemos ver que Dios ha hecho muy sencillo, muy descomplicado todo, para que toda persona pueda obtener la Vida eterna.     Y ahora, son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, creen y lo reciben como único y suficiente Salvador.     Hemos visto quién es Jesucristo: es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y que está vivo, murió y resucitó, está glorificado y vivo por consiguiente para toda la eternidad.     Y ahora, dice la Escritura que no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. Todas estas cosas necesitamos escucharlas, creerlas, entenderlas para que nuestra fe esté bien firme en la Palabra de Dios y por consiguiente en Cristo nuestro Salvador.     Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, y por Él fueron hechas:     “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.     En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.     La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella (dice).     Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.     Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.     No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.”     No era él la luz, no era Juan la luz, era Jesucristo, el que vendría después de Él; y hablando de Cristo dice:     “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.     En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.” San Juan, capítulo 1, verso 9, y todo ese capítulo 1, verso 1 al 18, dice también:     “A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.     Mas a los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (dice);     aquellos que son engendrados no de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”     Vamos a leerlo para que lo tengan tal y como lo dice aquí, porque todo el mundo quiere ser hijo de Dios, y aquí tenemos la forma en que nacen los hijos de Dios. Dice San Juan, capítulo 1, verso 12 en adelante:     “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;     los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”     Estos son los que creen en Cristo y reciben el Espíritu de Cristo y obtienen por consiguiente el nuevo nacimiento, nacen como hijos de Dios:     “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”     Y el Verbo que era con y era y creó todas las cosas, ahora se hizo carne, o sea, el Ángel del Pacto se hizo carne, este cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto, en el cual estaba, está y estará Dios, ahora también se formó un cuerpo de carne que nació a través de la virgen María y que le fue puesto por nombre: Jesús, esa es la semejanza física de Dios, ese cuerpo físico llamado Jesús.     El Verbo, el cuerpo angelical, el Ángel del Pacto hecho carne, eso era lo que estaba prometido en Malaquías, capítulo 3 que vendría, vendría el Señor, el Ángel del Pacto, el Señor vendría a Su templo, Dios el Padre y el Ángel del Pacto, o sea, el cuerpo angelical de Dios, el Espíritu Santo.     Luego dice el verso 18, de este mismo capítulo 1 de San Juan:     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”     Y ahora vean, en el Antiguo Testamento vimos que Jacob dijo que vio a Dios cara a cara y fue librada su alma, y también Manoa, el padre de Sansón, dice que vieron a Dios él y su esposa, y pensaban que iban a morir, pero ahora acá en San Juan, dice: “A Dios nadie le vio jamás.”     ¿Hay alguna contradicción ahí en la Biblia? No la hay. Lo que pasa es que Dios el Padre, Dios, el que estaba dentro del Ángel del Pacto, a ese nadie le vio jamás, pero cuando vieron al Ángel del Pacto, las personas decían: “Hemos visto a Dios cara a cara, estaban viendo la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios.     Y luego cuando las personas más adelante vieron a Jesús ¿qué estaban viendo? Dentro de un momentito les voy a decir lo que estaban viendo. Ahora, aquí dice:     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”     A través del Ángel del Pacto que es llamado también el Hijo de Dios, el cuerpo angelical de Dios que salió de Dios... usted y yo somos hijos de nuestros padres terrenales, porque salimos de ellos, y el Ángel del Pacto que salió de Dios, pues es llamado el Hijo de Dios en el cuerpo angelical, o el Ángel, la imagen del Dios viviente. Pero el Hijo de Dios, la parte física, es el cuerpo físico que nació de la virgen María.     Y ahora, veamos lo que nos dice la Escritura:     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (le declaró).”     Siempre que decían: “Dios le apareció aquí a tal o cual persona, a tal o cual profeta,” era a través del Ángel del Pacto que es llamado aquí en la Escritura que hemos tenido, es llamado el Hijo de Dios o el unigénito de Dios, fue a través de Cristo, el Ángel del Pacto. Y luego cuando las personas veían a Jesucristo aquí en la Tierra, le preguntaron en una ocasión en el capítulo 14, verso 6 en adelante de San Juan, donde dice:     “Jesús les dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.     Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”     “Le conocéis y le habéis visto.” ¿Y a quién estaban viendo y a quién conocían? A Jesús. ¿Y a quién estaban viendo? A Jesús. Vamos a ver lo que sigue diciendo:     “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.     Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?     ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.     Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”     Y ahora, ¿dónde está el Padre? Estaba en Jesucristo, estaba dentro de Él. ¿Y dónde estaba el Espíritu Santo? Estaba en Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, la imagen de Dios ¿dónde estaba? En Jesucristo, por eso en Jesucristo moró la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo estaba en Jesucristo. Tan sencillo como eso, es el misterio de Dios el Padre y de Cristo, es el misterio que estaba en Jesucristo.     Un hombre decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” está diciendo una cosa muy grande que muchos de los que lo escucharon podían pensar que Jesús estaba un poquito mal de la mente, pero era la mente de Dios la que estaba operando, el Espíritu Santo estaba operando en Jesucristo y dando a conocer estos misterios divinos.     Miren, otro lugar en San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30 dice:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.     Yo y el Padre uno somos.”     ¿Cómo eran uno? Pues Dios el Padre con Su cuerpo angelical, el Espíritu Santo estaba dentro ¿de qué? De ese cuerpo de carne llamado Jesús, tan sencillo como eso; así como usted es alma, espíritu y cuerpo, usted es alma viviente, es lo que usted es, es lo mayor que usted tiene: el alma, porque eso es lo que usted es en realidad, y por eso es que Jesús decía: “El Padre es mayor que yo, y el Padre es el que obra.”     Ahora, cualquier persona puede decir, usted toma alguna cosa y puede decir: “Fulano de tal la tomó, él es el que hizo tal cosa,” pero si usted examina bien, fue el alma suya, usted que es alma viviente por medio de Su espíritu que está dentro del cuerpo físico, obró, operó el cuerpo físico para hacer las cosas, para trabajar, para comer y así por el estilo.     Cuando sale el alma y el espíritu del cuerpo suyo, ¿qué pasa con el cuerpo? Cualquier persona le habla y no hace nada, ¿por qué? Porque el que hacía las cosas era el alma que estaba dentro, que es en realidad la persona: alma viviente.     El cual, el cuerpo, es una casa terrenal, un templo terrenal donde al ser humano le toca vivir por una temporada, cuando termina la vida de ese cuerpo físico, lo que muere aquí en la Tierra es el cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión.     La vida no se acaba cuando muere el cuerpo físico, continúa; la vida para algunos va a terminar cuando se lleve a cabo el juicio final y unos sean echados al lago de fuego, para ellos terminará la vida; pero para los que vivirán eternamente con cuerpos eternos, para esos nunca terminará la vida, porque tendrán Vida eterna.     Por eso es que estamos en esta Tierra una temporada para confirmar nuestro lugar en la Vida eterna, y la persona es la que va a decidir, por eso tiene libre albedrío, porque Dios tiene libre albedrío y le dio libre albedrío al ser humano, porque hizo al ser humano a Su imagen y semejanza, y por eso la persona tiene la necesidad de tomar en serio lo que es la vida y lo que será su futuro eterno.     Es una decisión personal, para lo cual escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, cree y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador. El mismo Cristo dijo en San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33.     “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.     Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”     Nadie quiere que Cristo lo vaya a negar delante del Padre celestial, todos queremos que Cristo nos confiese delante del Padre celestial como creyentes en Cristo que lo hemos recibido como nuestro Salvador, y que hemos sido bautizados en agua en Su Nombre y que Él nos ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en nosotros el nuevo nacimiento.     Todos queremos que Él nos confiese delante del Padre celestial como creyentes en Cristo, en Él, para que Dios produzca el nuevo nacimiento en nosotros. Ya yo le confesé como mi único y suficiente Salvador públicamente, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.     Si hay alguna persona que todavía no lo ha confesado públicamente como Salvador a Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, y los que están en otras naciones también pueden hacer en la misma forma pasando al frente en donde se encuentren, y los que están aquí presentes pueden pasar acá al frente para confesar a Cristo como Salvador, si todavía no lo han recibido como único y suficiente Salvador y estaremos orando por usted.     El propósito de la predicación del Evangelio de Cristo es que todas las personas reciban a Cristo como Salvador y tengan así la oportunidad de obtener la Vida eterna. La mente de Cristo operando en usted es la que le abre el entendimiento para entender y creer y recibirlo como Salvador. Es la mente de Cristo la que opera cuando se predica el Evangelio de Cristo y opera en la persona, y nace la fe de Cristo en su alma.     Recuerdan a Cristo cuando le habló a Pedro y a los apóstoles, y dice, pregunta a ellos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Y comienzan los discípulos de Cristo a decirle: “Unos dicen que tú eres Elías, otros dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres tú alguno de los profetas que ha resucitado.” Y Cristo les pregunta a ellos: “Y ustedes, ¿quién dicen ustedes que soy yo?” Pedro le dice: “Tú, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Cristo le dice: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”     Es una revelación divina, directa de Dios por medio del Espíritu Santo a cada persona para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para reconocer que Cristo es el Mesías, que Cristo es el Salvador, que Cristo es nuestro Redentor, que Cristo es el que nos reconcilia con Dios.     No hay otro Salvador, porque no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo (libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12, y la cita anterior que les dí, de Pedro confesando a Cristo como el Mesías, como el Cristo, el Hijo de Dios, está en San Mateo, capítulo 16).     Es importante entender el propósito por el cual vivimos en este planeta Tierra. La Escritura dice que hemos sido predestinados, elegidos para ser rociados con la Sangre de Jesucristo, ese es el propósito por el cual vivimos en esta Tierra, ser rociados con la Sangre de Cristo y ser redimidos, ser limpiados de todo pecado.     Sin Cristo el ser humano está sin esperanza en este mundo, con Cristo el ser humano está con la esperanza de una Vida eterna en cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Es importante entender todas estas cosas espirituales para que nuestra estadía aquí en la Tierra sea de beneficio para nosotros, para que podamos decir luego: “Mi estadía en la Tierra fue muy importante, obtuve la salvación y Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.”     La salvación y Vida eterna es lo más grande que nosotros podemos obtener. La salvación y Vida eterna nos asegura el futuro más glorioso que una persona puede tener: vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno, y eso usted no lo consigue con estudios académicos o con dinero que usted pueda pagar en este planeta Tierra, solamente lo obtiene recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Continúan viniendo a los Pies de Cristo todavía más personas, por eso estamos esperando unos minutos en lo que llegan las demás personas, y en los demás países también continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo.     Allá en Puerto Rico, en República Dominicana, en Haití, en Cuba y también en las demás islas del Caribe; también allá en Norteamérica, en Panamá, en Guatemala, en Costa Rica, en Nicaragua, en Honduras, en El Salvador, en toda la República Mexicana, también allá en Venezuela, en Colombia, en Brasil, en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Chile, en República Argentina (en la República de Argentina), en Uruguay, en Paraguay también, y también en otras naciones como Canadá, África, Japón, China, en todos esos países en estos momentos también tienen la oportunidad de escuchar y venir a los Pies de Cristo.     Cristo está llamando y juntando Sus escogidos en este tiempo final, porque estamos ya en el Día Postrero, y cuando complete Su Iglesia, producirá Cristo la resurrección de los creyentes en Él que han muerto físicamente, y a los vivos creyentes en Él los transformará, y entonces todos tendremos cuerpos eternos, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad.     Todas estas cosas fueron reveladas por la mente de Cristo a través de los profetas y de los apóstoles y de los diferentes mensajeros que Dios ha enviado a Su pueblo, y nosotros estamos interesados en saber cuáles son las promesas y la herencia divina para todos los creyentes en Cristo.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, pueden continuar viniendo, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Es importante que confirmemos nuestro lugar en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, el ser humano hace muchas decisiones en su vida terrenal: comer, dormir, trabajar, estudiar, trabajar y así por el estilo, pero ninguna de esas decisiones coloca al ser humano en la Vida eterna, solamente hay una decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.     Todavía vienen más personas de camino para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. No queremos pasar por esta Tierra sin primero confirmar nuestro lugar con Cristo en la Vida eterna.     En esta vida terrenal se pasan por diferentes etapas en las cuales hay etapas donde uno sufre mucho y hay etapas donde lo pasa mejor; pero sea que sufra o no sufra, lo importante es que haya recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, porque así ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, y en el Reino de Cristo entonces ya allí no se va a sufrir, ya estaremos en cuerpos glorificados con Cristo como reyes, como sacerdotes y jueces en el Reino del Mesías, en el Reino de Cristo. Estaremos como miembros de la realeza, como miembros del gabinete del Reino de Jesucristo nuestro Salvador.     Vamos a estar con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados, y los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Creo en Tu Obra redentora en la Cruz del Calvario, creo que allí Tú ganaste mi salvación; que se haga una realidad Tu salvación en mi. Sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo,” pues Él dijo:     “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Ustedes me dirán: “Yo he creído en Cristo, lo he recibido como mi Salvador, quiero ser bautizado en agua en Su Nombre. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, la Escritura nos dice, San Pablo nos dice que el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     Por lo tanto, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección porque estábamos con Él y en Él cuando Él murió, cuando Él fue sepultado y cuando resucitó, y cuando subió al Cielo también.     Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida con Cristo en Su Reino eterno.     Por lo tanto, comprendiendo el simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados, y sabiendo, reconociendo que es un mandamiento del Señor, que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” El apóstol Pedro dijo, cuando le preguntan:     “Varones hermanos, ¿qué haremos?     Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.     Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”     Eso está en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 38 y hasta el 47 también, en donde dice que el Señor añadía a Su Iglesia cada día los que han de ser salvos.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Dejo al ministro, reverendo Andrés Cruz Gallego para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país y en cada auditorio y en cada Iglesia que están conectados en estos momentos y que están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, dejo al ministro correspondiente en cada país para que haga en la misma forma y sean bautizados allá también los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.     Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador, y nos continuaremos viendo para las próximas actividades que estemos juntos, que llevemos a cabo durante las próximas ocasiones.     Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     “NOSOTROS TENEMOS LA MENTE DE CRISTO.”

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