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Reciban mis condolencias, la esposa de don Natividad Contreras, doña Flor de María García e hijos: Miguel Ángel, José Natividad, Lorena y Nora, los nietos y demás familiares, y también los amigos de don Natividad y de su familia. Todos hemos venido a este planeta Tierra para pasar una temporada aquí con el propósito de que cada persona, la cual tiene libre albedrío... así como Dios tiene libre albedrío, toda persona lo tiene para elegir entre el bien y el mal, entre la Vida eterna con Cristo en Su Reino o la muerte, separación eterna de Dios. La muerte segunda es en el lago de fuego, donde las personas que no escogieron la Vida eterna entonces pasarán a ese lugar y dejarán de existir en alma, espíritu y cuerpo; pero los que escogieron la Vida eterna al recibir a Cristo como Salvador, vivirán eternamente en el Reino de Cristo con cuerpos eternos, jóvenes, inmortales y glorificados igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Todos necesitamos comprender que la vida aquí en la Tierra es temporera, tiene un propósito nuestra estadía en la Tierra: es que seamos rociados con la Sangre de Cristo, para así ser limpios de todo pecado, ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego, y producir el nuevo nacimiento en nosotros, nacer en el Reino de Cristo; y así pertenecer a Su Reino, con la promesa de vivir eternamente con Él en Su Reino. Estamos aquí por y con un propósito divino en este planeta Tierra, y todos necesitamos comprender cuál es el propósito de nuestra existencia en esta Tierra. Y tenemos que comprenderlo antes de que terminen nuestros días en esta Tierra, porque de otra forma pasaremos por este planeta Tierra sin saber que tuvimos la oportunidad de obtener la Vida eterna. Recuerden las palabras de Jesucristo cuando dijo (ya resucitado) a Sus discípulos en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso es el Programa divino para el ser humano para que escoja la Vida eterna, porque Dios desea que el ser humano viva eternamente, porque Dios creó al ser humano para que viva eternamente, así como Dios vive eternamente; pero le dio libre albedrío al ser humano para que él escoja entre la Vida eterna o la muerte eterna o separación eterna de Dios. Por lo tanto, toda persona tiene esa responsabilidad delante de Dios: escoger. Y Dios dice: “Escoge la vida, para que vivas tú.” Le toca a la persona escoger. El ser humano hace muchas decisiones en esta vida terrenal: decide estudiar, decide trabajar, decide ser un profesional, otros no lo deciden y nunca lo son; uno tiene que hacer decisiones en la vida porque le van a dar un resultado. El que no escogió estudiar no puede esperar un buen trabajo en una oficina, porque ahí van lo que estudiaron. Y así es en el Programa Divino, depende lo que usted escoja, será el resultado. Ahora, de todas las elecciones que usted hace, de todo lo que usted escoge en su vida, solamente hay una cosa que lo coloca en la Vida eterna; ¿y sabe qué es? Escoger a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. No hay otra cosa que coloque al ser humano en la Vida eterna. Y todos tenemos la misma oportunidad de vivir eternamente, porque Cristo está disponible para darle al ser humano la Vida eterna. El mismo Jesucristo dijo en una ocasión, allá en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, que el que ve al Hijo y cree en Él, Dios le da Vida eterna. Y dice: “Yo le resucitaré en el Día Postrero.” El Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, y en algún año del Día Postrero, en algún año del séptimo milenio, y ya entramos al séptimo milenio de Adán hacia acá conforme al calendario gregoriano. Pero no sabemos en qué año va a ser esa resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los que estén vivos en ese momento; pero la promesa es que Él va a resucitar a los creyentes en Él que han muerto y lo va a hacer en el Día Postrero; y va a transformar a los vivos que estén presentes en ese tiempo pero creyentes en Cristo. Por lo tanto, quien único tiene grandes promesas de Vida eterna y de ser transformados son los creyentes en Cristo, porque esas son las personas que están dentro del nuevo Pacto que Dios ha establecido con la raza humana. Y la sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Cristo. Recuerden que Él dijo en la última Cena que tuvo con Sus discípulos, cuando tomó el pan y dio gracias al Padre, y partió y dio a Sus discípulos, dice a ellos: “Comed, este es mi cuerpo,” o sea, que Él tipificó en el pan Su cuerpo. Y luego toma la copa de vino, da gracias al Padre y dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” No hay otra cosa que pueda remitir vuestros pecados sino la Sangre de Cristo; esa es la Sangre que remite nuestros pecados. Recuerden ustedes cuando escriben una carta, colocan la dirección de la persona a la cual usted la envía, pero acá en la esquinita usted pone remitente y coloca el nombre suyo. Y si no llega a la persona a la cual usted la envía, se la remiten a usted. ¿Pero saben ustedes una cosa? Jesucristo le remite los pecados al originador del pecador cuando la persona confiesa a Cristo sus pecados, Cristo los toma, y por medio de la Sangre de Cristo los desintegra y regresan al original, al dueño originalo que fue el diablo. Tan sencillo como eso. Es la única forma de deshacernos de los pecados que hayamos cometido o que cometamos; porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. “Si alguno ha pecado, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, Su Hijo.” Él quita nuestros pecados, los desintegra, como el cloro desintegra la mancha de tinta; y usted luego no encuentra la tinta, ¿por qué? Lo desintegró, volvió a lo que era antes de existir esa tinta que usted pudo ver. Y así hace Dios cuando confesamos a Cristo nuestros pecados, son colocados dentro de la Sangre de Cristo, desaparecen, regresaron al dueño original: al diablo, que fue el originador del pecado, y usted aparece sin pecados delante de Dios. Dios lo ve a usted y a mí sin pecados; y nunca se acuerda de los pecados que cometimos. Si todos pudiéramos ser como Dios en eso: que olvidáramos las cosas malas que nos hacen, pero el único que pueder hacer eso es Dios. Dios no se acuerda más de nuestros pecados porque fueron echados dentro de la Sangre de Cristo y desaparecieron; y ahora somos justificados, fuimos justificados. Por lo tanto, tengo buenas noticias para ustedes: Quien vivió en este cuerpo que está aquí colocado, ya él no está ahí, porque el ser humano es alma viviente; ya terminó su tiempo en ese cuerpo de carne. Don Natividad terminó su tiempo en su cuerpo de carne y pasó al Paraíso, a otra dimensión. Recuerden que el ser humano viene de otro mundo, de otra dimensión, para pasar una temporada aquí en la Tierra, cuando termina ese tiempo, que algunos se les termina siendo unos niños, o jovencitos, o ya adultos, y otros bien ancianos; cuando se termina ese tiempo, hay que dejar el cuerpo, terminó nuestro tiempo en la Tierra y vamos a otra dimensión. Los que eligieron la Vida eterna, van al Paraíso; los que no eligieron la Vida eterna, los que no eligieron a Cristo que es el que nos da la Vida eterna, porque Él es el camino, la verdad y vida; “y nadie viene al Padre sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios, y por consiguiente no hay otra forma de obtener la Vida eterna. Por lo tanto, cuando termina nuestro tiempo aquí en la Tierra, ya después de eso no hay más oportunidad para el ser humano decir: “Ahora yo quiero buscar a Dios.” Buscar a Dios es mientras estamos en estos cuerpos mortales; luego pasamos al Paraíso. Los que recibieron a Cristo como Salvador van al Paraíso cuando terminan sus días aquí en la Tierra; y los que no recibieron a Cristo, pues van a otro lugar, al cual no quisieran ir; pero le toca a la persona elegir aquí. Si no quiere ir a un lugar donde fue el hombre rico de la parábola que dio Cristo, si quiere ir al Paraíso, hay una forma: recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo tanto, el que tiene a Cristo, tiene la Vida eterna. Recuerden a Cristo hablando acerca de las ovejas que el Padre le dio para que las busque, Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Eso es en San Lucas, capítulo 19, verso 10 en adelante; y en San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14; “porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos una de estas ovejas.” Cristo comparó a todas esas personas o al ser humano en y con ovejas. Por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco; y Yo les doy Vida eterna.” ¿Qué otra persona puede darle Vida eterna a usted o a mí? No la hay, solamente hay UNA y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Don Natividad escuchó la predicación del Evangelio de Cristo, creyó en Cristo, lo recibió como Salvador, fue bautizado en agua Su Nombre, Cristo lo bautizó con Su Espíritu, y obtuvo la Vida eterna. Por lo tanto, luego que uno ha obtenido la Vida eterna, en cualquier momento que terminen sus días aquí en la Tierra, está bien, porque ya aseguró lo más importante que es la Vida eterna. Por eso el apóstol Pablo decía: “No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” Estaba hablando a personas que habían perdido un familiar y a la iglesia a la cual asistía esa persona. Dice: “Porque el mismo Señor descenderá del Cielo con aclamación, Voz de arcángel y Trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero; y luego los que estemos vivos, seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire.” ¿Ve? Quien único tiene esas promesas son los creyentes en Cristo. Y eso es lo que el alma de toda persona desea tener: la Vida eterna. Y tener la esperanza de que algún día (si está vivo) va a ser transformado; pero si muere, va a ser resucitado por Cristo en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y joven por toda la eternidad, para vivir con Cristo en Su Reino eterno. Don Natividad escogió la Vida eterna, por lo tanto él está en el Paraíso y está mirando hacia acá, y nos ve aquí, y nos ve conscientes de que sabemos dónde él está, y de que esperamos su regreso en la resurrección para estar nuevamente con nosotros. Por lo tanto, alentaos los unos a los otros en estas palabras, dice el apóstol San Pablo; consolaos en estas palabras de parte de Dios a través del apóstol Pablo y a través también de Jesucristo nuestro Salvador que nos ha dicho para los creyentes en Él: “Y Yo les resucitaré en el Día Postrero.” Por lo tanto, Don Natividad, que nos está escuchando desde el Paraíso, sabe que va a regresar para estar con nosotros, y por consiguiente sabe que lo estamos esperando. También yo tengo mi familia, mis padres que partieron, pero regresarán. Que Dios me los bendiga y les guarde, y consolaos los unos a los otros en estas palabras. Pasen todos muy buenas noches. “PALABRAS DE CONDOLENCIAS A LA FAMILIA CONTRERAS.”

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