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Muy buenas noches, amados y amables amigos y hermanos presentes allá en esta actividad; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión a través de internet, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Disculpen que no pude estar con ustedes personalmente por motivos fuera de mi voluntad, pero estoy con ustedes a través de internet para compartir con ustedes estos momentos alrededor de la Palabra divina y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Sabemos que hay un misterio muy grande en cuanto al Cristianismo que gira alrededor de la primera Venida de Cristo en carne humana, en el cual estaba la plenitud de Dios. El apóstol Pablo nos enseña que estábamos en Cristo y que nosotros, cuando Él murió, también nosotros estábamos muriendo con Él; cuando Él fue sepultado, estábamos siendo sepultados con Él; y cuando Él resucitó, estábamos resucitando con Él.

Porque así como el cuerpo físico suyo y el mío estaban en nuestro padre terrenal, cuando él estuvo aquí en la Tierra y nació en la Tierra, y dondequiera que él estuvo, estábamos con él y en él, o sea, nuestro cuerpo físico, así como cuando usted toma un huevo que vino por medio de la unión de un gallo y una gallina, ahí usted tiene un pollito, o puede pensar: una gallina o un gallo, un ave.

¿Pero cómo usted lo sabe? Porque lo que está viendo es un huevo, porque ahí está la vida y por consiguiente ahí está la simiente para reproducirse en una gallina o en un gallo, un pollito que tiene que nacer después de cierto tiempo.

También en el grano de trigo hay muchos granos de trigo, para lo cual se requiere que sea sembrado en tierra, pase por el proceso de la siembra, crecimiento y luego nace el fruto: muchos granos de trigo, y luego viene la cosecha.

¿Dónde estaban esos granos de trigo y la planta de trigo? En aquel granito de trigo que fue sembrado, así como ¿dónde estaban los pollitos que nacieron? Pues en un huevo que puso una gallina que se había unido a un gallo.

¿Y dónde estaba el cuerpo suyo y el mío antes de aparecer en la Tierra? Pues estaba en nuestro padre, y por medio de la unión de nuestro padre terrenal y nuestra madre terrenal, fue concebido, fue engendrado y entonces pasó por el proceso de ser engendrado, crecimiento y más adelante nacimiento, y entró en el espíritu en ese cuerpecito, y por eso estamos viviendo.

Esa es la forma para la preservación de la vida terrenal. La ley de la reproducción provee para que la raza humana, como las demás razas, no desaparezca, por eso la orden fue que se multiplicaran, para lo cual hay un proceso para la multiplicación.

Y ahora, siendo que estábamos en Cristo, “si alguno está en Cristo (dice la Escritura), nueva criatura es,” ha nacido de nuevo en el Reino de Dios, de lo cual dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Nicodemo no comprendía y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer?” Pero entonces Cristo le explica: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu, es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo y se produce en la persona el nuevo nacimiento; ese es el mecanismo divino establecido por Dios para la reproducción de los hijos e hijas de Dios por medio del segundo Adán que es Jesucristo. Tan simple, tan sencillo como eso.

Por eso estábamos en Cristo, y la Iglesia del Señor Jesucristo estaba en Cristo y el Día de Pentecostés nació la Iglesia del Señor, la cual vino de Cristo; cuando fue herido en la Cruz, salió agua y Sangre, y ahí estaba saliendo lo que se requiere para el nacimiento, reproducción de los hijos de Dios, hijos e hijas de Dios por medio del segundo Adán, que es Jesucristo.

Por lo tanto, los hijos del primer Adán aparecen ya en una raza caída y por consiguiente sin Vida eterna, aparecen por medio de la unión de un hombre y de una mujer, un acto físico. Los hijos de Dios por medio del segundo Adán, de Jesucristo, nacen por medio de la unión espiritual de Cristo y Su Iglesia. Cristo es el segundo Adán y Su Iglesia es la segunda Eva, y todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son nada menos que los miembros de la familia de Dios, la familia de Dios del segundo Adán y la segunda Eva, que es la Iglesia del Señor.

Y así como cuando se lleva a cabo el matrimonio de una pareja, de unos novios, la Escritura nos dice que vienen a ser una sola carne.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo es el Cuerpo Místico de Cristo, Cristo y Su Iglesia son una sola carne, y por consiguiente tenemos que discernir el cuerpo de Cristo, el cuerpo de Cristo que murió en la Cruz del Calvario, que murió ¿para qué? Para efectuar nuestra redención, murió como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, murió como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, representado en el cordero pascual que cada familia hebrea sacrificó.

Cada padre de familia sacrificó un cordero pascual para la preservación de la vida de los primogénitos en el hogar; podía ser el primogénito en el hogar del padre de familia y el hijo mayor de la familia, de los hijos de esa persona, el mayor era el primogénito. Para preservación de la vida del primogénito se requirió un cordero, un cordero pascual y su sangre aplicada en el dintel y los postes del hogar de cada familia hebrea.

Y ahora, aquel sacrificio pascual o de la pascua representa a Jesucristo muriendo por nosotros para la preservación de la vida de todos los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por eso Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, cuando ve a Jesús que viene a una de sus actividades, donde Juan está predicando y bautizando, cuando lo ve dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Juan está ahí mostrando que Jesucristo es el Cordero pascual, el Cordero de Dios que va a quitar el pecado del mundo y por consiguiente va a morir, lo presentó como ese sacrificio del cordero pascual que se materializaría en Jesucristo.

Tenemos los tipos y figuras del Antiguo Testamento. La pascua que fue llevada a cabo en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos, luego a través de los años se conmemoraba, era en conmemoración aquella pascua, aquel sacrificio de un cordero pascual que cada familia efectuó allá en Egipto para preservación de los primogénitos.

Los que no tenían ese sacrificio y la sangre aplicada en sus hogares, la muerte entraba y moría el primogénito de cada familia de Egipto; y si alguno de las familias, alguna familia de Israel no tenía ese sacrificio y no tenía la sangre aplicada en el dintel y los postes de sus hogares, también moría el primogénito. Eso era así para toda persona. Pero el que tuviera la sangre aplicada en el dintel y los postes de su hogar, se le preservaba la vida al primogénito.

Así también encontramos que en la casa de los hijos de Dios, en donde está el siervo fiel y prudente, el Espíritu Santo manifestado en el mensajero de cada tiempo, la Sangre es aplicada en la puerta de esa Casa de Dios que es la Iglesia del Señor Jesucristo, y la Sangre es la Sangre de Cristo que está ahí en la Iglesia del Señor Jesucristo que también es un Templo espiritual. Así como la sangre de la expiación ¿dónde estaba? En el tabernáculo que fue construido, y fue llevada hasta el Lugar Santísimo.

Y ahora, toda persona para la preservación de su vida, todo primogénito para la preservación de su vida, la Vida eterna, tiene el Sacrificio de Cristo y Su Sangre aplicada en el corazón de cada creyente en Cristo, así como en la Iglesia está la Sangre de Cristo en la puerta, y la puerta es Cristo, la Sangre de la expiación, la Sangre para la preservación de la vida de los primogénitos está en la puerta que es Cristo. Y los que están dentro de esa casa (la Iglesia, que es la Casa de Dios) están seguros, su vida, la Vida eterna de cada persona dentro de la Casa de Dios, la Iglesia del Señor, está preservada para la persona vivir eternamente con Cristo en Su Reino.

Por eso es que se predica el Evangelio de Cristo, y cada persona tiene que discernir el cuerpo de Cristo que fue sacrificado por nosotros, saber porqué vino Jesucristo, porqué murió en la Cruz del Calvario, entender que Él es el Cordero pascual, el Sacrificio del Cordero pascual para la preservación de nuestra vida para poder vivir eternamente. Y Él es también el sacrificio de expiación de Levítico, capítulo 23, versos 26 en adelante, para la reconciliación de cada persona con Dios.

Por eso en la última cena que tuvo Jesucristo con Sus discípulos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29 y San Lucas, capítulo 22, Cristo al terminar de cenar tomó el pan y dando gracias al Padre lo partió y dio a Sus discípulos diciendo: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo;” San Pablo dice que es el cuerpo del Señor que por muchos es partido, en Primera de Corintios, capítulo 11, verso 23 en adelante.

Y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, Jesucristo dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, y la única Sangre que remite los pecados nuestros, que los quita y los envía de regreso al originador que es el diablo, es la Sangre de Cristo, es la Sangre que nos redime. Todas esas cosas tenemos que comprenderlas para así estar por consiguiente discerniendo el cuerpo del Señor.

Recuerden que la Vida eterna solamente la podemos obtener o preservar por medio de Cristo, el Salvador del ser humano; no hay otro Salvador, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Vean cómo dice Colosenses, capítulo 1, verso 15, y un poquito antes dice, capítulo 1, verso 12 en adelante de Colosenses, dice:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

La redención del ser humano es por la Sangre de Cristo. Sin la Sangre de Cristo el ser humano no puede ser redimido, ese es el Sacrificio de redención, ese es el Sacrificio para nuestros pecados ser quitados por la Sangre de Cristo al ser perdonados y limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo y ser reconciliados con Dios, no hay otra forma para el ser humano ser reconciliado con Dios.

Por eso es que Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). No hay otra forma en que el ser humano se pueda acercar a Dios, solamente por medio de Cristo y Su Sacrificio efectuado en la Cruz del Calvario con el cual nos limpió de todo pecado con Su Sangre y nos redimió, nos regresó a Dios, nos reconcilió con Dios; no hay otra forma para ser reconciliados con Dios, y no hay otra forma para el ser humano acercarse a Dios, por eso San Pablo decía: “Y todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.”

Ese es el Nombre más importante que hay en la Tierra y en el Cielo. Dios lo ha colocado en Su Trono, está a la diestra de Dios, y es Su Nombre, Nombre sobre todo nombre en la Tierra y en el Cielo, no hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Capítulo 4, verso 12 del libro de los Hechos.

Por lo tanto, todos los que han recibido a Cristo como Salvador y han sido bautizados en agua en Su Nombre, y han recibido el Espíritu de Cristo, han sido sellados en el Reino de Dios con Vida eterna; son parte, miembros del Cuerpo Místico de Cristo, son parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, tienen asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Si muere su cuerpo físico, pasan a vivir a otra dimensión, en otra dimensión; pasan a vivir con cuerpos angelicales en donde no trabajan, ni comen, ni duermen, porque allí no hay los afanes que tenemos acá en esta vida terrenal, pero ellos esperan allí por la Venida del Señor al Paraíso, para que los resucite en cuerpos nuevos y eternos, regresen con Cristo a la Tierra, aparezcan a los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que estarán vivos en la Tierra en este tiempo final y también Cristo resucite a los creyentes en Él, los miembros de Su Iglesia en el Día Postrero para lo cual está prometida la resurrección de todos los creyentes en Cristo.

Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, y son palabras de Cristo, versos 39 en adelante:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Esa es la promesa gloriosa de esperanza para todo creyente en Cristo: si muere, será resucitado en el Día Postrero, y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, ese es el Día del Señor como día milenial, “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4.

Ahí podemos ver que hay un tiempo, un día milenial en el cual Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él y va a transformar los que estén vivos. Por lo tanto, la única esperanza para los creyentes en Cristo es la Venida del Señor para el Día Postrero, para la resurrección de los muertos creyentes en Él y para la transformación de los vivos, para luego ir a la Cena de las Bodas del Cordero con Jesucristo, que durará tres años y medio allá en el Cielo mientras en la Tierra las personas, las naciones estarán pasando por el lapso de tiempo llamado la gran tribulación, que durará tres años y medio y que será llamado también el día de venganza del Dios nuestro en donde juzgará Dios a toda nación y a todo individuo, en donde las naciones que van a entrar al Reino del Mesías serán señaladas, y en donde las que no van a entrar, desaparecerán con los juicios divinos que caerán sobre el planeta Tierra.

Por lo tanto, necesitamos tener asegurada nuestra Vida eterna, nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, necesitamos ser reconciliados con Dios, necesitamos ser perdonados y limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo.

Ya yo lo hice, ¿y usted? Si no lo ha hecho todavía, si no lo ha recibido como Salvador todavía, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar al frente allá donde usted se encuentra para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Pueden continuar pasando al frente ustedes que se encuentran en el auditorio correspondiente, ya sea en la República Mexicana o en otra nación, pueden continuar pasando al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Ya el ministro me avisará cuando ya hayan pasado todos los que habrán recibido a Cristo como único y suficiente Salvador: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.”

El Evangelio siendo predicado es la Voz de Cristo, y Cristo por Su Espíritu hablándole al corazón de cada creyente, por eso fue que Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16 dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

 ¿Ven lo simple que es para la persona obtener el perdón de sus pecados y ser reconciliado con Dios?. Por lo tanto, usted tiene la oportunidad de entrar al Reino de Dios para vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Él lo ha hecho todo simple para que no se requiera ser una persona universitaria para obtener la salvación y Vida eterna, desde la persona que no sabe leer y escribir, hasta el que está educado en la universidad, tiene la misma oportunidad. Por lo tanto, es una oportunidad única mientras vivimos en la Tierra para poder obtener la Vida eterna.

Ya estamos preparándonos para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, ya me van a avisar cuándo ya ustedes estén listos, continúen pasando al frente los que han escuchado la Voz de Cristo y no lo habían recibido como Salvador, o se había apartado del camino del Señor y ahora Dios le habló nuevamente, le ha dado una nueva oportunidad para ser reconciliado con Dios.

Estamos esperando que pasen todos los que faltan por pasar al frente para la oración por todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes países. Todavía están pasando en diferentes países porque han escuchado la Voz de Cristo en sus almas, sus corazones, han escuchado el llamado de Cristo, y la Escritura dice: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.”

Es la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo a través del Evangelio de Cristo llegando a lo profundo de nuestra alma, de nuestro corazón; es la Voz de Cristo llamando a Sus hijos, a Sus ovejas, Cristo dijo: “El es que es de Dios, la Voz de Dios oye.” (San Juan, capítulo 8, verso 47). Y también dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna, y nadie las arrebatará de mi mano, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). Y también en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante Él dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.”

El pastor es Cristo, el rebaño es Su Iglesia, la Voz del Señor es el Evangelio de Cristo siendo predicado, y las ovejas ¿quiénes son? Cada uno de ustedes y yo también, que escuchamos la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, y nació la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibimos como único y suficiente Salvador y así entramos a formar parte de la familia de Dios, así es como entramos al Reino de Dios, así es como nacemos en el Reino de Dios.

Ya vamos a orar por todas las personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador; con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados repitan conmigo la oración que estaremos haciendo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, Te ruego perdones mis pecados, doy testimonio público de mi fe en Ti y te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino eterno, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, todos con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado. Ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Y me preguntarán ustedes: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón en Cristo y lo han recibido como Salvador, pueden ser bautizados en estos momentos y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso del Señor Jesucristo.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo, y recuerden: el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es tipológico.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida en el glorioso Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente con ustedes allá donde ustedes se encuentran, en las diferentes naciones donde ustedes se encuentran, para que así les indique cómo hacer para ser bautizados. Hay agua, ropas bautismales y también bautisterios en el lugar donde usted se encuentra en estos momentos, por lo tanto, bien puede ser bautizado en estos momentos.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando unos momentos gloriosos, llenos de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador y con una esperanza de Vida eterna.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“PALABRAS DE SALUDO.”

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