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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros y diferentes creyentes en Cristo presentes y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones: que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes. Para esta ocasión leemos un pasaje de la Escritura en el libro de los Hechos, capítulo 16, versos 25 en adelante, donde nos dice una de las experiencias por las cuales pasó el apóstol San Pablo, en donde nos dice que él estuvo preso en una ocasión, y vean lo que sucedió: “Pero a medianoche...” o sea, están en la cárcel, verso 24 para que vean: “El cual...” el carcelero, dice, el carcelero... dice así: “El cual, recibido este mandato (o sea, habían azotado a Pablo), los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida (o sea, esa misma noche) se bautizó él con todos los suyos (o sea, con toda su familia y demás personas que allí estaban). Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.” Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema es: “¿QUÉ HAREMOS PARA OBTENER LA SALVACIÓN Y LA VIDA ETERNA?” tomado de las palabras del carcelero que dijo a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” “¿QUÉ HAREMOS PARA OBTENER LA SALVACIÓN Y VIDA ETERNA.” Por cuanto el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, y Dios es eterno, el ser humano fue creado para vivir eternamente, y por eso es que ninguno de los animales o aves trata o quiere vivir eternamente, solamente el ser humano es el que desea vivir eternamente, porque fue creado a imagen y semejanza de Dios. Por eso el ser humano en su interior sabe que vino de la eternidad y por consiguiente comprende que hubo algún problema que causó que la familia humana perdiera la Vida eterna, y cuando leen las personas la Biblia, comprenden que el problema fue en el Huerto del Edén, el problema causado por la serpiente en el cual Satanás o el diablo se metió y engañó a Eva y causó que el ser humano perdiera la vida, pues Dios le había advertido a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera, ese día moriría. Por cuanto Adán y Eva tenían Vida eterna, perderían o morirían a esa Vida eterna y luego solamente les quedaría vida temporera que se les iba a terminar en algún momento. Ahora, podemos ver el porqué luego que Adán y Eva pecaron en el Huerto del Edén, continuaron viviendo, pero no continuaron viviendo en la Vida eterna la cual perdieron, sino una vida temporera que a Adán se le terminó en cierta ocasión, cuando tenía ya cientos de años, pero se le terminó, cuando tenía 930 años Adán murió. De Eva no se nos dice la edad que tenía cuando ella murió, pero de seguro vivió cientos de años también. Encontramos que al ser humano se le han estado acortando los años de vida, encontramos que hubo una persona: Matusalén, que vivió 969 años, la persona que más ha vivido en el cuerpo terrenal, vivió más años que Adán, el cual solamente logró vivir en el cuerpo físico, luego que pecó, solamente logró vivir 930 años. Ahora, por más que viva el ser humano en el cuerpo físico, al final el cuerpo físico tiene que morir. El cuerpo físico que hemos obtenido es una herencia que nos ha dejado Adán y Eva, pero es un cuerpo sin Vida eterna; y el ser humano ha estado buscando la fuente de la juventud eterna, o sea, que ha estado buscando la Vida eterna, para lo cual el ser humano tiene o ha hecho muchas religiones, porque el ser humano por naturaleza es espiritual, es un ser espiritual por cuanto tiene alma, espíritu y cuerpo, así como Dios lo tenemos en la Biblia como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ese es el misterio divino, el misterio de Dios el Padre y de Cristo, y por eso la Biblia nos dice que en Jesucristo moró la plenitud de la divinidad, Él decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido,” y enumera las cosas para las cuales había sido ungido. O sea, que Dios el Padre y el Espíritu Santo estaban en Jesucristo, Dios el Padre y el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo estaban morando en un cuerpo de carne llamado Jesús, y eso era Isaías, capítulo 7, verso 14 que nos dice: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros).” Por lo tanto, Dios estaba visitando a Su pueblo en la persona de Jesús o Jesucristo o Yeshua como también era llamado en aquellos días, pero que ha sido traducido para el español como Jesús, y en inglés: Jesus, y así lo encontramos en diferentes idiomas traducido, pero es la misma persona que vivió en la tierra de Israel y murió cuando tenía unos 33 años de edad en una cruz como el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano. Estuvo tipificado en el cordero pascual que el pueblo hebreo sacrificó en Egipto, cada padre de familia sacrificó un cordero pascual de un año para la preservación de la vida de cada hijo primogénito que tenía cada padre de familia hebreo, pero que vivían allá en Egipto. La sangre de ese cordero pascual fue colocada en el dintel y los postes de los hogares hebreos, porque en la noche de la pascua fue sacrificado en la víspera de la pascua y tenían que tener ese cordero luego asado en el hogar, y tenían que estar comiendo ese cordero con hierbas amargas, y en la noche de la pascua Dios traería la plaga de la muerte sobre todos los primogénitos que estarían en Egipto, seres humanos y también animales. Todo primogénito moriría en esa noche, excepto aquellos que estarían en hogares donde la sangre del cordero pascual estaría aplicada, y el cordero pascual asado siendo comido por los que estarían en esos hogares. Esa noche pasó la muerte sobre los primogénitos por todo Egipto, y murieron todos los primogénitos comenzando con el hijo primogénito del faraón. Pero sobre los hogares hebreos la muerte no se detuvo, no entró a esos hogares porque tenían la señal de la sangre aplicada sobre el dintel y los postes de sus puertas. Todo eso es tipo y figura del Cordero pascual, el Mesías, que vendría para morir como la pascua para los creyentes, para la preservación de la vida de todos los primogénitos, de todos los hijos primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por esa causa es que Juan el Bautista, el cual anunciaba que después de él vendría uno mayor que él, el cual los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, cuando vio a Jesús caminando en el lugar o por el lugar donde Juan estaba predicando y bautizando, dice Juan el Bautista señalando a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Al señalar a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, está por consiguiente dando a conocer o revelando que Jesucristo tiene que morir para la preservación de la Vida eterna de todos los hijos e hijas de Dios, de todos los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. El mismo Jesucristo también en San Juan, capítulo 3 dice, del verso 11 en adelante: “De cierto, de cierto te digo (esto es hablando con Nicodemo), que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Aquí está Cristo mostrando que Él va a ser levantado y esto se cumple cuando Él fue levantado en la Cruz del Calvario, para que todo aquel que ve a Cristo como el Cordero de Dios, que ve a Cristo como el Sacrificio de Expiación por el pecado y cree en Él, no se pierda, mas tenga Vida eterna. También Él fue tipificado en el sacrificio... esto del cordero pascual fue en el capítulo 2 del Éxodo, verso 11 al 29, y en Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29 encontramos el día de la expiación para la reconciliación de cada persona con Dios, en donde se sacrificaba el macho cabrío de la expiación y el sumo sacerdote, el cual lo sacrificaba, tomaba en una vasija la sangre y entraba al Lugar Santísimo y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio en medio de los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio, porque ese propiciatorio en el tabernáculo y luego en el templo que construyó Salomón, es el Trono de Dios en el templo que representa el Trono celestial de Dios. El sumo sacerdote, luego que finalizaba sus labores en el Lugar Santísimo, luego salía y buscaban al otro macho cabrío por Azazel y colocaba sus manos sobre ese macho cabrío que no era para ser sacrificado, y confesaba los pecados del pueblo sobre ese macho cabrío, y luego enviaban ese macho cabrío lejos, por el desierto a través de un hombre ya destinado para ese propósito. Y llevaba así los pecados del pueblo lejos, y el pueblo, las personas que se habían arrepentido y confesado sus pecados a Dios y habían pedido perdón a Dios, quedaban reconciliados con Dios por un año más, luego el próximo año tenía que efectuarse el mismo sacrificio porque todo eso era tipo y figura de un sacrificio perfecto que sería llevado a cabo más adelante por el Mesías Príncipe, el cual moriría por el pecado del pueblo. Por eso es que Isaías, capítulo 53 nos habla de un sacrificio expiatorio, y nos dice en el capítulo 53, verso 7 en adelante, dice: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” Aquí podemos ver que esta Escritura fue cumplida en Jesucristo, el Mesías, el cual tenía que venir a la Tierra en Su primera Venida para morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado de Su pueblo. Por esa causa fue que también el Espíritu Santo profetizó por medio del Arcángel Gabriel al profeta Daniel, fue una profecía con relación al pueblo hebreo y a la Venida del Mesías donde nos dice la Escritura que el Arcángel Gabriel, al cual yo siempre le he llamado: el Ángel profeta de otra dimensión, dice la Escritura en el capítulo 9 de Daniel, verso 20 en adelante: “Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas (siete semanas y sesenta y dos semanas, son sesenta y nueve semanas); se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí...” Y ahora, aquí tenemos las profecía que la vida del Mesías va a ser quitada, y esto será después de las sesenta y nueve semanas, las primeras siete semanas y luego las segundas sesenta y dos semanas, que suman sesenta y nueve semanas de años y que son unos cuatrocientos ochenta y tres años, porque las setenta semanas completas son cuatrocientos noventa años. Y ahora, al concluir, o llegar a su final la semana número sesenta y nueve, el Mesías se presentaría al pueblo, comenzaría Su ministerio, el cual comenzó luego que Juan el Bautista lo bautizó, y tuvo unos tres años y medio de ministerio, a la mitad de la semana número sesenta, porque Su ministerio fue a la semana número setenta, pero a la mitad de la semana número setenta le fue quitada la vida al Mesías. Para el tiempo en que Jesús apareció y fue bautizado por Juan el Bautista, tenía cerca de 30 años, y por consiguiente comenzó la semana número setenta cuando Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y el Espíritu Santo vino sobre Jesús y ahí la Voz del Cielo dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia.” Y ahora, si alguna persona no ha podido creer que Jesucristo o Yeshua no es el Mesías prometido, entonces hay que buscar en la historia quién llena los requisitos para ser el Mesías y que haya comenzado su ministerio en la semana número setenta y que haya muerto a la mitad de esa semana número setenta. Solamente hay una persona que cumple esos requisitos, y es el Señor Jesucristo, Él es el Cordero de Dios que vino para quitar el pecado del mundo como Juan lo anunció, Juan el Bautista, Él vino con una misión divina: de poner Su vida por todas las ovejas del Padre que están escritas en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y Él también dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30). Y ahora, dice que la vida al Mesías le sería quitada, Él pondría Su vida en Expiación por el pecado del pueblo, por el pecado de todos los escritos en el Cielo; en Jesucristo se cumplió esta profecía de Daniel, capítulo 9, versos 20 al 27. Ahora vean lo que ha continuación dice, el verso 26 dice: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.” Aquí la profecía dice que el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario. La ciudad de Jerusalén fue destruida por el pueblo romano, dirigido por el general romano Tito Vespasiano en el año setenta de la era cristiana, luego de tener cercada la ciudad por unos dos años; alrededor de dos años la tuvo cercada y le daba la oportunidad a los que quisieran salir de la ciudad, y los creyentes en Cristo que habían oído, escuchado a Jesús decir que cuando vieran a Jerusalén cercada de ejércitos, había llegado el tiempo de la destrucción de Jerusalén, y el que estuviera en Jerusalén saliera de Jerusalén, y el que estuviera fuera de Jerusalén no entrara a Jerusalén, porque había llegado el tiempo para su destrucción. La señal para la destrucción de Jerusalén era que sería cercada por los ejércitos romanos. Por lo tanto, todo esto pasaría luego que el Mesías llevara a cabo la Obra de Redención, luego que la vida al Mesías le fuera quitada, más adelante Jerusalén sería destruida y el templo también sería destruido. Por eso es que cuando Jesús tuvo Su entrada triunfal a Jerusalén como Rey en el capítulo 19 de San Lucas, versos 37 en adelante dice: “Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían. Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.” Por cuanto Jerusalén no conoció el tiempo de la visitación divina en la persona de Jesús, en la persona de Jesucristo, Jerusalén sería sitiada como lo fue por el ejército romano dirigido por Tito Vespasiano, el general romano, y luego de tenerla sitiada por unos dos años, destruyó a Jerusalén, crucificó a miles de judíos colocando esas cruces en las murallas, y destruyó los edificios y aun destruyó el templo, por cuanto no conoció el tiempo de la visitación divina en la persona del Mesías, Jesucristo. Cuando Cristo estuvo tomando la última cena con Sus discípulos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante, Él tomando el pan lo partió y dio a Sus discípulos, diciendo a Sus discípulos: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo,” o sea, que en el pan representó, tipificó Su cuerpo, San Pablo dice: “Este es mi cuerpo que por muchos o por vosotros es partido,” (Primera de Corintios, capítulo 11, versos 23 en adelante). Y luego: “Y tomando la copa y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Bebed de ella todos, porque esto es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Y en el vino contenido en la copa tipifica Su Sangre que sería derramada más adelante (o sea, al otro día), sería derramada en la Cruz del Calvario, y Él dice: “Porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto,” del nuevo Pacto que Dios dijo en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, donde Dios dice que hará un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no como el pacto que Él había hecho con Su pueblo. San Pablo explicando este Pacto en el capítulo 8 de Hebreos, dice: “Porque si aquel primero...” Hablando del pacto que le fue dado en el monte Sinaí. Veamos lo que dice. Capítulo 8, verso 5 en adelante, dice: “Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero (o sea, el primer pacto) hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Senor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero ; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Eso es lo que dice el apóstol Pablo sobre el nuevo Pacto establecido por Jesucristo al morir como el Sacrificio de Expiación por el ser humano, Él es nuestra Expiación. San Pablo, conocedor de estos misterios divinos, nos dice en Colosenses, capítulo 1, versos 13 al 15: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” La reconciliación del ser humano es por medio de Jesucristo, por medio de Jesucristo es que el ser humano es reconciliado con Dios, porque Su Sacrificio es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; nadie puede ser limpio de todo pecado, excepto por la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador, y nadie puede ser reconciliado con Dios bajo el nuevo Pacto, si no es por medio de Jesucristo. Bajo el nuevo Pacto tenemos el Sacrificio para nuestra reconciliación, el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. El apóstol Pablo, el cual por revelación divina recibió todo ese conocimiento divino, nos dice en Romanos, capítulo 5, verso 6 en adelante: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” Solamente hay un Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano para obtener el perdón de sus pecados, ser limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo y ser reconciliada la persona con Dios, y así tener paz para con Dios por medio de Jesucristo que es nuestra paz. Toda persona tiene la misma oportunidad de obtener el perdón de sus pecados, ser limpio de todo pecado por medio de la Sangre de Cristo y ser reconciliado con Dios y ser restaurado a la Vida eterna, ser sellado en el Programa Divino con Vida eterna, el programa de la redención, de la salvación. No hay otro Salvador, Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). También el apóstol Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12, dice: “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” También San Pedro en el capítulo 2 del libro de los Hechos, predicando el Día de Pentecostés y explicando lo que ocurrió allí, dice que Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne en los días postreros. Comenzaron los días postreros cuando Cristo ya tenía de 3 a 7 años de edad, porque los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros que son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, porque un día delante del Señor es como mil años para los seres humanos.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4). Y ahora, San Pedro dice que Joel dijo que los días postreros Dios derramaría de Su Espíritu, y dijo también San Pedro predicando ungido por el Espíritu Santo en el verso 21 del capítulo 2 del libro de los Hechos: “Y todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo.” Por esa causa es que cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo donde se invoca el Nombre del Señor, y la persona luego recibe el Espíritu Santo. Encontramos que cuando San Pablo, en el capítulo 22 del libro de los Hechos, habla acerca de la experiencia que él tuvo cuando él se encontró con el Señor en la Columna de Fuego, en esa llama de fuego, en esa Luz más fuerte que el sol (luego quedó ciego), escuchó una Voz que le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” y San Pablo sabiendo que era la misma Voz que le había hablado a Moisés desde aquella Luz sagrada en el capítulo 3 del libro del Éxodo, sabía que ese era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob hablándole, y entonces San Pablo se sorprende en que esa Voz le dice: “¿Por qué me persigues?” Y le pregunta: “Señor, ¿quién eres?” y la Voz le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues,” o sea, “Yo soy Yeshua a quien tú persigues.” Es el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, apareciéndole a San Pablo o Saulo de Tarso, el cual perseguía a Jesús, al estar persiguiendo a los creyentes en Jesucristo. Saulo luego que llega al lugar donde le indicó el Señor, pues lo llevan de mano porque está ciego, llega allá a Damasco, al lugar que le fue indicado. Allí luego llega dirigido por el Espíritu Santo una persona llamada Ananías, un varón piadoso, dice San Pablo en el libro de los Hechos, capítulo 22, verso 10 en adelante: “Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco. Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” En el bautismo en agua es invocado el Nombre del Señor Jesucristo, y el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, cree en Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador, luego tiene la oportunidad la persona de ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo luego le bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá por consiguiente en la persona el nuevo nacimiento. El apóstol Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 38 en adelante, dice: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Y en el verso 46 al 47, dice: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Los que han de ser salvos, eran y todavía siguen siendo añadidos, eran añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, y todavía siguen siendo añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo los que han de ser salvos, por lo cual se predica el Evangelio a toda criatura, conforme al mandato de Cristo que dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso. “¿Qué haré para ser salvo?” Pregunta el carcelero de Filipo a San Pablo y a Silas. San Pablo le dice: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.” La pregunta: ¿qué haremos para ser salvos? ¿Qué haremos para obtener la salvación y la Vida eterna? Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa. Por lo cual el que cree en Cristo de todo corazón, lo recibe como Salvador porque la fe viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación, por lo cual si has creído en Cristo como Salvador y has sido bautizado en agua en Su Nombre y has recibido Su Espíritu, has obtenido la salvación y Vida eterna, aunque tu cuerpo físico muera, tu alma tiene Vida eterna, en alma y espíritu tienes Vida eterna. Pero en el cuerpo físico todavía no tienes la Vida eterna, literalmente hablando, pero la vas a tener cuando Cristo transforme tu cuerpo en Su venida en el Día Postrero en el cual estamos viviendo. Estamos viviendo en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia. Cristo prometió resucitar a los creyentes en Él en el Día Postrero, por lo tanto, son los creyentes en Cristo los que tienen esta esperanza, esperanza de Vida eterna, ¿por qué? Porque han obtenido la salvación y Vida eterna y han sido reconciliados por Dios o con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por eso Él es nuestra paz, Cristo es nuestra paz. Ahora, vean la promesa aquí de la resurrección para los creyentes en Cristo. San Juan, capítulo 6, verso 39 en adelante, dice: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Aun Jesucristo, hablando con Marta la hermana de Lázaro el que había muerto y ya llevaba cuatro días que había muerto y ya estaba sepultado en una cueva, Cristo le dice a Marta... o Marta le dice a Cristo en el capítulo 11, verso 21 del libro de San Juan o Evangelio según San Juan, dice: “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” Marta sabía que la resurrección es para el Día Postrero, y ella sabía que su hermano va a resucitar en el Día Postrero y que ella también va a resucitar y todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que han muerto físicamente, van a resucitar en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá. Pero no sabemos el día ni el mes ni el año, pero es para el Día Postrero, en alguno de los años del séptimo milenio se llevará a cabo la resurrección de los muertos en Cristo cuando ya se haya completado la Iglesia del Señor Jesucristo, cuando Cristo haya hecho la Obra de Intercesión hasta por la última persona que entrará a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo. Mientras tanto Jesucristo no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo, Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, Él es nuestro abogado en el Cielo. Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo. Y ahora, continuemos aquí leyendo: “Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.” Eso fue lo que Él le dijo, y ella le contesta que ella sabía que resucitaría en el Día Postrero: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” ¿Y quién más cree esto? Y yo también Jesucristo es el Hijo de Dios que ha venido al mundo para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, Jesucristo es el Ángel del Pacto, el Hijo de Dios que ha venido al mundo para salvar al ser humano, a todos aquellos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz, nace su fe, la fe de Cristo en su alma y lo reciben como único y suficiente Salvador confesando a Cristo sus pecados y siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. El bautismo en agua es tipológico, el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, y luego Dios les bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá el nuevo nacimiento en la persona. Por lo cual toda persona, al recibir a Cristo como Salvador, muere al mundo. Al ser sumergido en las aguas bautismales en el Nombre del Señor Jesucristo, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por lo cual sabiendo, conociendo estas cosas, conocemos lo que tenemos que hacer para obtener la salvación y Vida eterna. Ya con este conocimiento toda persona puede obtener la salvación y Vida eterna que Él ganó para nosotros en la Cruz del Calvario. Yo lo recibí como mi único y suficiente Salvador y nunca lo he negado y nunca lo negaré. La Escritura dice en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33, y lo vamos a leer para que tengamos el cuadro claro, capítulo 10, versos 32 al 33 del Evangelio según San Mateo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” Si le negamos, Él nos negará, si le negamos como nuestro Salvador, como el Mesías Príncipe que murió por nosotros en la Cruz del Calvario y tenemos por inmunda la Sangre de Cristo, la cual es Sangre divina, la Sangre de nuestra redención, con Su Sangre Él nos redimió, con Su Sangre nos limpia de todo pecado, por lo tanto, es la Sangre de la expiación. Si negamos a Cristo como nuestro Salvador, o luego de estar ya creyendo en Cristo y habiendo sido bautizados en agua en Su Nombre, si lo dejamos, dice Cristo: “El que pone su mano en el arado, y mira hacia atrás no es apto para el Reino,” sería peor, ya ser un creyente en Cristo y dejar a Cristo, que nunca haber sido un creyente en Cristo, porque el que deja a Cristo no hay otro sacrificio por el pecado del ser humano, eso es lo que dice San Pablo en Hebreos, capítulo 6, versos 4 en adelante: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios (o sea, del Evangelio de Cristo) y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.” O sea, que es imposible que se lleve a cabo otra crucifixión en donde Jesucristo derrame Su Sangre por los seres humanos, no hay otro sacrificio para el ser humano, que el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Si lo dejamos a Él, no hay otro sacrificio que Él puede hacer por usted o por mí. Sigue diciendo el apóstol Pablo: “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.” La bendición es para los que reciben a Cristo como Salvador y entran por consiguiente al nuevo Pacto, son limpiados con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, son limpiados de todo pecado, y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en las personas el nuevo nacimiento y así son colocados en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo. Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, del verso 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.” Todos queremos entrar al Reino de Dios, todos queremos obtener la salvación y Vida eterna, la cual se obtiene únicamente, exclusivamente por medio de Cristo nuestro Salvador, “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.” Ya yo creí y recibí la salvación y Vida eterna, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también que están presentes o en otras naciones. Si hay alguna persona aquí presente o en alguna otra nación que está escuchando en estos momentos y todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, pero nació la fe de Cristo en su corazón, en su alma al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y está creyendo, ha creído en Cristo, ahora puede dar testimonio público de su fe en Cristo para salvación, recibiéndolo como único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar aquí al frente de los que están presentes, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente en el lugar donde ustedes se encuentran en la iglesia o auditorio donde ustedes se encuentren para que oremos por usted. Ya usted sabe la respuesta a la pregunta del carcelero de Filipo que le pregunta a San Pablo y a Silas: “¿Qué haré para ser salvo?” Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa, porque “no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente hay UNO, y ese Nombre es SEÑOR JESUCRISTO,” Yeshua en hebreo. Él es nuestro Salvador, no hay otro Salvador, no hay otro que haya muerto como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano para reconciliar al ser humano con Dios, solamente hay uno y Su Nombre es: Señor Jesucristo, Él es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y vino con una misión divina: morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Todavía Él está como Sumo Sacerdote en el Cielo en el Templo celestial allá en el Trono de Intercesión, en el propiciatorio celestial Jesucristo está todavía como Sumo Sacerdote con Su propia Sangre intercediendo ante el Padre por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador. Por eso Él dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.” El alma del ser humano desea la salvación y Vida eterna, por eso esas inquietudes espirituales que tiene el ser humano acá en lo profundo de su alma, de su corazón, y algunas veces algunas personas no entienden qué es lo que sucede en su alma, y encuentran que hay un vacío y que nada lo puede llenar. Ni ser ricos puede llenar ese vacío, ni ser famoso puede llenar ese vacío. Solamente hay uno que puede llenar ese vacío, y es Jesucristo. Él dijo el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos, allá en el templo en Jerusalén, en el capítulo 7, versos 37 al 39, levantando la Voz, o sea, hablando fuerte para que todos lo escucharan, dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en Él, pues aún no había venido el Espíritu Santo porque Jesús todavía no había sido glorificado.” Y dijo: “Ríos de agua viva correrán por su interior,” hablando ¿de qué? Del Espíritu Santo. Jesucristo llena el interior del ser humano, ese vacío lo llena con el Espíritu Santo, el agua del Espíritu Santo que corre por el interior de la persona y lo llena de salvación, de paz y Vida eterna, y entonces la persona tiene su futuro asegurado, su futuro asegurado con Dios en el Reino de Dios. Todos necesitamos asegurar nuestro futuro eterno con Jesucristo nuestro Salvador, porque Él es la respuesta a la pregunta: ¿qué haremos para obtener la salvación y Vida eterna?” Pues recibir, creer y recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. El que en Él cree, no se perderá, tendrá Vida eterna y vivirá en el Reino de Cristo por toda la eternidad. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga (¿qué?) vida eterna.” (San Juan, capítulo 3, verso 16). Y eso es para mí, ¿y para quién más? Pues para cada uno de ustedes también. Ya tenemos solucionada la pregunta: ¿Qué haremos para obtener la salvación y Vida eterna? Creer y recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a Cristo, pueden continuar pasando al frente los que están en otras naciones también. Y los niños de diez años en adelante también pueden recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, pues ya tienen conciencia del bien y del mal. Estamos pendientes que nos avisen de las demás naciones cuando estén ya listos para orar por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Los que están allá en Venezuela, en Colombia, en Ecuador, en Perú, en Chile, en Bolivia, en Argentina, en Brasil, en México, en Guatemala, en Panamá, en Costa Rica, en Nicaragua, en Honduras, en El Salvador, y en las demás naciones, y en todas las islas del Caribe y todas las demás naciones, Norteamérica, África, Japón, China, también en Canadá y demás naciones, pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Estamos esperando que nos avisen cuando estén listos ya todos en las demás naciones para la oración. Ya el próximo domingo también tendremos una actividad como esta en Villahermosa, están invitados todos los que quieran estar en esa actividad, es una actividad de salvación y Vida eterna, porque eso es lo más importante para el ser humano: la salvación y Vida eterna, y solamente encontramos la salvación y Vida eterna en Jesucristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo para orar ya por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo, todos puestos en pie también, los que están en las demás naciones también, nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración todos los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión: Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén. Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén. Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” El bautismo en agua es tipológico, no quita los pecados, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, y en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque estábamos en Él y con Él cuando Él estaba en la Tierra, y eternamente estábamos en Él, así como nuestro cuerpo físico estaba en nuestro padre terrenal. Y ahora, el bautismo en agua, siendo un mandamiento de Cristo para todos aquellos que lo reciben como Salvador, los cuales al recibir a Cristo como Salvador mueren al mundo, y al ser sumergidos en las aguas bautismales, tipológicamente están siendo sepultados, y cuando son levantados de las aguas bautismales por el ministro, están resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por lo cual pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador. Continúen pasando todos una tarde feliz. Dejo con ustedes al ministro, reverendo Epifanio López, para que les indique cómo hacer y hacia dónde dirigirse para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor. Hay ropas bautismales y hay bautisterios también y ministros que les bautizarán, a ustedes que están aquí presentes y han recibido a Cristo en estos momentos, y a los que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma que hará el reverendo Epifanio López aquí presente, al cual dejo con ustedes. Dios les bendiga y les guarde a todos. “¿QUÉ HAREMOS PARA OBTENER LA SALVACIÓN Y VIDA ETERNA?”

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