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Muy buenas noches, amados y amables hermanos y amigos presentes, y los que están en otras naciones y ministros compañeros en el ministerio en el Cuerpo Místico de Cristo; es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.     Para lo cual leemos en *San Mateo, capítulo 9, versos 23 en adelante; este es el caso de una persona ciega de nacimiento, ya quizás era mayor de edad, digamos de 18 años en adelante, y lo conocían muy bien, pedía limosnas (era ciego de nacimiento), pero Jesús lo libertó, lo sanó. Y esto no había ocurrido en Israel, de que un hombre ciego de nacimiento fuera sanado o le fuera devuelta la vista, dice así el capítulo 9, versos 22 en adelante, dice:     “Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.     Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.     Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador (o sea, Jesús, que ese hombre Jesús es pecador, el que lo había sanado).     Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.     Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?     El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?     Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.     Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.     Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.     Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.     Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.     Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.     Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.     Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?     Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?     Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.     Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “¿CREES TÚ EN EL HIJO DE DIOS?”     Y la pregunta del hombre que había sido sanado fue: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?” Se requiere saber quién es el Señor para la persona creer en Él; por lo tanto es importante la predicación del Evangelio de Cristo a través del cual se enseña quién es el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios.     ¿Crees tú en el Hijo de Dios? La pregunta de las personas es: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”     ¿Quién es el Hijo de Dios? Porque usted no puede creer si no sabe quién es el Hijo de Dios, cómo usted va a creer en el Hijo de Dios si no sabe quién es. Ahora, a través de la Escritura veamos quién es el Hijo de Dios; en Proverbios, capítulo 30, verso 4, tenemos ahí una pregunta muy importante, la cual es... verso 4, dice, de Proverbios, capítulo 30:     “¿Quién subió al cielo, y descendió?”     Es la misma pregunta que es hecha, o la contestación está aquí: capítulo 3 de San Juan, verso 13 en adelante, dice:     “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.”     Así que:     “¿Quién subió al cielo, y descendió?”     Pues el Hijo del Hombre, dice Cristo que es el que subió al Cielo y descendió, ya tenemos esa contestación a esa pregunta: ¿quién subió al Cielo y descendió? Es el Hijo del Hombre, Cristo.     “¿Quién encerró los vientos en sus puños?     ¿Quién ató las aguas en un paño?     ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?     ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?”     ¿Cuál es el Nombre del que creó todas las cosas y el Nombre de Su Hijo? Pues el que hizo todas estas cosas fue Dios, el que creó los Cielos y la Tierra. ¿Y el Nombre del Hijo de Dios? El Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso.     Y ahora, en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:     “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.     Este era en el principio con Dios.     Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”     Ahora, vean que fue por medio del Verbo que era con Dios y era Dios por medio del cual Dios creó todas las cosas. Luego en ese mismo capítulo 1, de San Juan, verso 14, dice... verso 9 primero de este mismo capítulo 1, de San Juan, dice:     “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.     En el mundo estaba (verso 10), y el mundo por él fue hecho (¿por quién fue hecho el mundo? Por esa luz verdadera que alumbra a todo hombre); pero el mundo no le conoció.    A lo suyo vino, (o sea, al pueblo hebreo) y los suyos no le recibieron.     Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;     los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.     Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”     Y ahora, el Verbo que era con Dios, esta luz verdadera que alumbra a todo hombre, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y cuando se hizo carne fue conocido por el nombre de Jesús o Señor Jesucristo en español, en hebreo pues Yeshua.     Y ahora, ya estamos viendo quién es el Señor Jesucristo, en una ocasión allá en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, Jesucristo dice a los judíos, con los cuales estaba platicando en una discusión que ellos tenían con Jesús, y Jesús les dice: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día, y lo vio y se gozó.” Esto fue cuando los tres ángeles fueron a visitar a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra y comieron con Abraham, se materializaron allí.     Y ahora, Abraham se gozó con ellos y sobre todo con uno de ellos que fue el que le preguntó a Abraham, cuando le dijo: “Abraham, por este tiempo el próximo año, Sara tu mujer dará a luz un niño, el niño prometido.” Ella se rió en su corazón, porque ya tenía 89 años de edad, y tener un hijo el próximo año, sería a los 90 años. ¿Y qué hombre o qué mujer está pensando tener un hijo si tiene 89 y va a cumplir 90 el próximo año? Pero Abraham había recibido la promesa de parte de Dios de que él iba a tener un hijo y que sería por medio de Sara, su esposa. Y Abraham no miraba que Sara se estaba poniendo ya avanzadita en edad y tampoco él miraba que él también ya tenía... llegó hasta los 99 años, y todavía no había llegado el niño; y esa promesa le fue hecha a Abraham mucho antes, cuando tenía unos 75 años, digamos, por ahí; y él creyó la promesa y continuaba creyéndola año tras año y esperando año tras año que su esposa Sara quedara embarazada; y cuando ya no tienen relaciones íntimas, cualquier persona podía decir: “Ya se acabó la fe de Abraham para creer que Sara va a tener un niño.” Pero no se le acabó, dice que Abraham creía esperanza contra esperanza, ¿qué quiere decir eso? Que estaba esperando, creyendo y esperando, lo que no se podía creer y lo que no se podía esperar. Esperanza contra esperanza, esperando aquello en lo cual no había esperanza, porque ya su esposa estaba anciana y él también. ¿Pero hay alguna cosa imposible para Dios? Si no la hay, y Él la prometió, Él la va a cumplir, no importa el tiempo que pase.     Todos los creyentes en Cristo son descendientes de Abraham por la fe en Cristo, son hijos de Abraham por la fe, tienen la misma fe de Abraham, esperando lo que no se puede esperar. ¿Y saben ustedes que el Cristianismo ha estado esperando algo que no se puede esperar? Lleva dos mil años esperando el Hijo de Abraham, el Hijo de la promesa, el Hijo prometido, la Venida del Señor para el Día Postrero, la segunda Venida de Cristo; y pasan los años y todavía los Cristianos siguen esperando la Venida del Señor, tienen esa misma fe de Abraham, ¿qué esperan? Lo que Dios ha prometido, aunque muchos digan: “Ya no se puede esperar, ya es muy tarde, ya la Iglesia lleva dos mil años,” pueden decir: “está anciana.” Pero recuerden una cosa: que aunque Sara estaba anciana y Abraham también, Dios los rejuveneció.     Después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, Abraham se fue para otro lugar; y Abimelec, rey de Gerar se enamoró de Sara. ¿Y qué rey se va a enamorar de una anciana de 89 años, y más cuando hay tantas jóvenes, mujeres jóvenes con las cuales o de las cuales él puede escoger alguna para casarse con ella? ¿Y qué tenía esa mujer de 89 años que le interesó al rey? Dios la había rejuvenecido; y Abraham también estaba rejuvenecido. Eso habla de la transformación que recibe la Iglesia del Señor, una transformación espiritual para que pueda dar a luz el hijo prometido, y no vamos a explicar mucho de eso. Y en el campo espiritual también como individuos del hijo prometido cada hijo de Dios que será transformado en el Día Postrero y los creyentes en Cristo que han partido que serán resucitados en cuerpos eternos, estarán rejuvenecidos todos.     Ahora, el misterio más grande, aunque ese es un misterio, dice Pablo: “He aquí os digo un misterio: no todos dormiremos, más todos seremos transformados.” Pero dice que es un misterio y con ese misterio va también el misterio de la Venida del Señor para el Día postrero, porque nos dice San Pablo, en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos al Señor; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (un cuerpo glorificado, eterno y joven para toda la eternidad, es lo que está siendo prometido ahí), con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”     Ahora, vean que es una promesa para todos los creyentes en Cristo que siempre han estado esperando la Venida del Señor, ¿para qué? Para ser transformados, y para los muertos en Cristo para a ser resucitados. Ellos esperaron la Venida del Señor estando vivos y aun siguen esperando la Venida del Señor estando en el Paraíso en cuerpos angelicales, porque pasará por el Paraíso primero antes de venir a transformar a los que están vivos. Así como pasó por el Paraíso donde estaba Abraham, Isaac, Jacob y todos ellos allá cuando Cristo murió; fue al infierno primero en cuerpo espiritual, y después de ahí luego de tener una batalla, una lucha donde le quitó las llaves al maligno, al diablo, y dejó todos los pecados del ser humano allá, los regresó al que originó el pecado, al diablo y luego pasa por el Paraíso donde está Abraham, Isaac, Jacob y los profetas; y bien temprano en la mañana del domingo de resurrección, el domingo en donde se mecía la gavilla delante de Dios, resucita con los santos; y la Escritura dice que con Él resucitaron los santos que habían dormido, muchos de los santos que habían dormido resucitaron con Cristo (San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante), y aparecieron a muchos en la ciudad, resucitaron, se levantaron entre los muertos y aparecieron a muchos en la ciudad después de la resurrección de Cristo.     Y ahora, pasará algo parecido siguiendo el mismo modelo: Cristo pasará por el Paraíso, viniendo Cristo de la séptima dimensión, del Trono del Padre, luego que tome el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos, lo abra en el Cielo y haga Su reclamo y venga para reclamar lo que ha sido redimido con Su Sangre, pasando por el Paraíso, la sexta dimensión; allá se llevará a cabo un juicio, Dios juzgará a los mensajeros de cada edad con el pueblo de cada edad, y luego resucitarán en cuerpos eternos y glorificados y aparecerán a los creyentes en Cristo del Día Postrero que estarán en la etapa correspondiente a este tiempo final. Y cuando los veamos seremos transformados.     Después estaremos una temporada aquí en la Tierra. Recuerden que Cristo luego de resucitado estuvo unos cuarenta días en la Tierra apareciendo en diferentes ocasiones; no menos de ocho ocasiones apareció a Sus discípulos y comió con ellos y los discípulos pudieron tocar Su cuerpo, porque el cuerpo glorificado es tangible, el cuerpo glorificado puede comer, no tiene ningún problema; vamos a decir que es el tipo de cuerpo más perfecto que podrá tener un ser humano, no habrá un cuerpo más perfecto que ese. Y yo tengo la promesa de que voy a tener uno, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también, ¿por qué? Porque hemos creído en Cristo.     ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Yo creo en el Hijo de Dios, Jesucristo. ¿crees tú? Pues para usted también es esa promesa.     Y ahora, vean aquí la promesa en San Juan, capítulo 6, porque usted no puede estar creyendo una cosa que usted no conoce, usted tiene que creer lo que está en la Palabra; lo que dice la Palabra, eso es lo que usted tiene que creer, ¿por qué’? Porque eso es lo que Dios ha hablado a través de Sus diferentes mensajeros de las diferentes dispensaciones y edades; y lo tenemos registrado en la Biblia. Los diferentes mensajeros de las diferentes edades de la Iglesia recibieron la revelación de Dios para su tiempo, y los creyentes de su tiempo creyeron y recibieron las bendiciones de Dios para ese tiempo; y el séptimo mensajero de la séptima edad también recibió la revelación de Dios para su edad, la habló, y los que iban a creer, creyeron.     Todos creemos en lo que Dios habló por medio de San Pedro, San Pablo y los diferentes mensajeros, y lo que habló por el reverendo William Branham, el séptimo mensajero de la séptima edad de la Iglesia entre los gentiles. Y a la luz de la apertura de los Sellos, de ahí en adelante vemos y entendemos todas las cosas que Él habló antes de la apertura de los Sellos de Apocalipsis. Uno tiene que saber a la luz de qué va a creer.     Ahora, vean por qué los Cristianos creen que habrá una resurrección y una transformación para los que estén vivos y una resurrección para los muertos creyentes en Cristo, San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:     “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.     Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”     Es una promesa de Jesucristo para los creyentes en Él. Las demás personas no tienen que creer esto que está aquí, sino los creyentes en Cristo, porque la resurrección en cuerpos glorificados, eternos y jóvenes, es para los creyentes en Cristo; y la transformación para los creyentes en Cristo que estén vivos en ese tiempo; y eso será, no en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, porque ya esas edades pasaron y no ocurrió la resurrección. ¿Entonces para qué tiempo será? Para la Edad de Corona, la Edad de la Piedra Angular, una Edad eterna.     Y ahora, encontramos que es una bendición muy grande ser un creyente en Cristo: tiene todas las promesas divinas que están dentro del nuevo Pacto, Pacto que estableció Cristo, y Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21; y también Jesucristo en el capítulo 26, versos 26 al 29, de San Mateo, dice hablando con Sus discípulos cuando en la última Cena con Sus discípulos, en la víspera de la Pascua, toma el pan, lo parte y da a Sus discípulos y dice: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo.” Y luego tomando la copa de vino, dice, dando gracias al Padre, da a Sus discípulos y dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” La Sangre ¿de qué? Del nuevo Pacto, esa es la Sangre de Jesucristo, es Sangre divina, ninguna sangre humana podía quitar el pecado, solamente la Sangre divina, la Sangre de Cristo, la Sangre de un cuerpo creado por el mismo Dios.     Y ahora, ¿y por qué es tan importante esa Sangre? ¿Y por qué ese poder? Vamos a ver porqué. Conociendo quién es Jesucristo es que podemos saber por qué la Sangre de Cristo es tan importante y es la única que puede quitar el pecado del ser humano. Malaquías, capítulo 3, verso 1 al 2, dice:     “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”     Ese fue Juan el Bautista; y a quien le preparará el camino es al Mesías; y el que lo envía es aquél al cual le va a preparar el camino.     “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”     Le va a preparar el camino al que lo está enviando. Sigue diciendo:     “...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”     ¿Quién dice que vendrá y a quién le estará preparando el camino ese precursor que fue Juan el Bautista? Al que vendrá después de él, que será ¿quién? “Y vendrá a Su Templo el Señor (Dios el Padre), y el Ángel del Pacto; a Dios el Padre viniendo en el cuerpo angelical Suyo, que es el Ángel del Pacto, es que le está preparando el camino. ¿Y cómo va a venir? Vendrá en Su Templo. Cristo dijo en San Juan, capítulo 2. “Destruyan este templo y en tres días Yo lo levantaré.” San Juan, capítulo 2, verso 19 en adelante, dice:     “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.     Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?”     Es que Cristo estaba allá en el área del templo, y cuando dice: “Destruyan este templo,” están ellos pensando que es el templo que está allí, porque no hay otro templo sino el que está allí en Jerusalén. Pero vean lo que dice aquí:     “Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”     Recuerden que somos templo de Dios y el Espíritu de Dios mora en nosotros. El Señor vino a Su Templo, Dios el Padre y el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo vino a Su Templo humano y estaba morando en Su Templo humano, Jesucristo. Él decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras, Yo no hago nada de mí mismo y no hablo nada de mí mismo.” Y también Él decía en San Lucas, capítulo 4: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido (y comienza a explicar para qué había sido ungido), para dar buenas nuevas a los pobres, para predicar el Evangelio, para dar buenas nuevas a los pobres, predicar el Evangelio de salvación,” y el Espíritu Santo a través de Él estuvo hablando, era el Espíritu de Dios en Él.     “Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”     Ahora, vean quién era el que estaba en Jesucristo: Dios el Padre y el Espíritu Santo; Dios, el Creador del universo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente; y estaba ¿dónde? En el cuerpo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso; por eso es que el apóstol San Pablo nos dice en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3:     “...para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,     en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”     Y ahora, el apóstol Pablo nos enseña que es importante tener ese conocimiento, alcanzar ese pleno entendimiento, para conocer el misterio de Dios el Padre y Cristo, y así saber quién es Jesucristo y quién es el que está en Jesucristo haciendo esa obra: abriendo los ojos de los ciegos, resucitando a los muertos y predicando el Evangelio del Reino.     Encontramos también en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, que el apóstol Pablo nos dice:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,     en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;     el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”     ¿Cuál es la imagen de Dios? Jesucristo en Su cuerpo angelical. ¿Cuál es la semejanza física de Dios? Jesucristo en Su cuerpo de carne.     “...y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,     hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”     Ahora, podemos ver que fue Dios creando el universo completo por medio de Jesucristo, pero alguna persona podía decir: “Pero si Jesucristo nació en Belén de Judea hace unos dos mil años atrás y el universo fue creado hace millones de años” Pues a través de Jesucristo en Su cuerpo angelical fue que Dios creó el universo hablando la Palabra creadora; pero en Su cuerpo de carne, que nació en Belén de Judea, creó ojos a los ciegos; a los que habían nacido ciegos de nacimiento creó ojos, caminó sobre las olas del mar, multiplicó los panes y los peces, resucitó a los muertos, sanó a los leprosos, y así por el estilo, porque es el mismo Dios dentro de un templo humano, dentro de un velo de carne, llevando a cabo toda esa Obra divina.     Y ahora, ya estamos viendo quién es Jesucristo, quién es el Hijo de Dios, para creer en Él. Vamos a ver si es el Hijo de Dios o no: San Lucas, capítulo 1, verso 30 en adelante, dice... esto fue la visita del Ángel Gabriel a la virgen María, dice:     “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.     Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.     Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo (¿cómo sería llamado el que nacería de la virgen María? Hijo del Altísimo, Hijo de Dios); y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;     y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”     ¿Quién es el Hijo de Dios? Es Jesucristo, el que nació de la virgen María en Su cuerpo físico; es el Hijo de Dios por medio de la Obra que Dios hizo a través del Espíritu Santo creando en el vientre de María esa célula de vida que formó el cuerpo de Jesús; por eso es llamado el Hijo de Dios.     Y en Su cuerpo angelical, por cuanto Su cuerpo angelical salió de Dios, pues es Hijo de Dios en Su cuerpo angelical, el Unigénito de Dios en Su cuerpo angelical.     Y en Su cuerpo físico es el Primogénito de Dios, el primero creado por la mano de Dios en el vientre de una mujer, y como Primogénito es el único, el Unigénito, como el Unigénito el único que salió así de Dios en Su cuerpo angelical; por eso es la imagen del Dios viviente, o sea, el cuerpo angelical de Dios, ese es Cristo en Su cuerpo angelical; por eso podía decir: “Antes que Abraham fuese Yo soy.” ¿Cómo era? Era el Ángel del Pacto, era Jesucristo en Su cuerpo angelical; y estábamos en Él, así como nuestro cuerpo físico estaba en nuestro padre terrenal, y así como Leví estaba en Abraham cuando Abraham pagó los diezmos a Melquisedec; y allí Leví también diezmó a Melquisedec porque estaba en los lomos de Abraham.     Y ahora, estamos viendo quién es el Hijo de Dios, la pregunta del hombre que había sido sanado, el cual era ciego de nacimiento y fue sanado, pregunta: “¿Quién es Señor,” porque Cristo le dice: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” El hombre le dice a Jesús, “¿Quién es, Señor, para que crea en él?” Y Jesucristo le dice: “Pues le has visto, (porque lo estaba viendo, estaban allí, pues le ha visto), le estás viendo y el que habla contigo, él es.” Y el hombre le dijo: “Creo, Señor; y le adoró.” Es necesario ver, entender, ver, comprender quién es Jesucristo, quién es el Hijo de Dios, para creer en Él y adorarlo.     Por lo tanto, sabiendo ya quién es, y si quieren un poquito de información de quién es, les voy a leer un lugar donde tendrán un poco más de información de quién es el Hijo de Dios. Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante, dice:     “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.     Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.     Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.     Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”     Y ahora, este Ángel del Pacto que le apareció a Moisés y lo envío a Egipto para la liberación del pueblo hebreo, es Jesucristo en Su cuerpo angelical, en el cual estaba, está y estará eternamente Dios; por eso es que cuando le aparecía este Ángel a Moisés y le había aparecido también a Jacob, y le había aparecido también al padre de Sansón, Manoa, ellos decían... por ejemplo Jacob dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” (Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32). Y Manoa le dice a su esposa cuando vieron al Ángel del Pacto que le había hecho la promesa de que tendrían un hijo, y Manoa cuando lo vio y subió en la llama de fuego del sacrificio que le ofreció a Dios, Manoa dice a su esposa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara,” porque todas las personas que veían al Ángel de Dios, al Ángel del Pacto estaban viendo a Dios. Estaban viendo a Dios en Su cuerpo ¿qué? Angelical, es como cuando una persona lo ve a usted, dice que vio ¿a quién? Pues que lo vio a usted; y si lo ve a usted cuando muere su cuerpo físico y ve que pasa una persona y desaparece y ve que es igual a la persona que él conocía, dice: “Fulano de tal pasó por ahí,” pero lo que pasó fue el cuerpo espiritual, la teofanía, cuerpo teofánico; y en el Paraíso, los que están allá están en cuerpos teofánicos y se conocen los unos a los otros.     Pero sin embargo la Escritura nos dice en San Juan, capítulo 1, verso 18. “A Dios nadie le vio jamás.”Y ahora, todos lo que confesaron estos profetas del Antiguo Testamento que habían visto a Dios, ahora aparentemente se cae por el piso, cae por el piso lo que ellos dijeron: que habían visto a Dios, no.     Sigue diciendo: “Nadie jamás ha visto a Dios, el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer, le declaró, el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, el cuerpo angelical de Dios, el Verbo que era con Dios, que salió de Dios, salió del seno de Dios, este le ha dado a conocer.” ¿Quién ha dado a conocer a Dios en el Antiguo Testamento? El Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical; y cuando se hizo carne, lo dio a conocer estando en carne humana, dio a conocer a Dios y las Obras de Dios a través del ministerio que tuvo.     Y estando en Espíritu desde el Día de Pentecostés en adelante en medio de Su Iglesia, ha estado dando a conocer a Dios a través de la predicación del Evangelio por medio del Espíritu Santo que está en medio de la Iglesia; por eso dice la Escritura que el Espíritu Santo daría testimonio de Cristo; a través de la predicación del Evangelio de Cristo el Espíritu Santo ha estado dando testimonio de Jesucristo, dando a conocer al Hijo de Dios, a Jesucristo, dándole a conocer en Su manifestación en carne como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano; y yendo más profundamente, dándole a conocer también como el Ángel del Pacto, dándole a conocer como la imagen del Dios viviente, ese el Mesías, el Cristo, el Ungido, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical y el Ángel del Pacto en Su cuerpo de carne, ungido con la presencia de Dios.     Y ahora, podemos ver quién es Jesucristo, Él es el Hijo de Dios en Su cuerpo angelical y es el Hijo de Dios en Su cuerpo de carne.¿Quién es Él para que crea en Él? Pues Él es el Ángel del Pacto, Él es el Templo humano de Dios, Él es el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, Él es el Rey de reyes y Señor de señores, Él es la simiente de David que se sentará en el trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo por toda la eternidad, por el milenio y por toda la eternidad. Él es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios.     Por cuanto a través del Evangelio de Cristo siendo predicado obtenemos ese conocimiento de quién es el Hijo de Dios, Jesucristo, lo hemos recibido como único y suficiente Salvador. Yo lo recibí y Él me ha dado Vida eterna. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.      Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, y ahora ha visto quién es Jesucristo, quién es el Hijo de Dios, lo puede recibir ahora como Salvador y estaremos orando por usted; para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que oremos por usted.     Vamos a dar unos minutos mientras llegan acá al frente para orar por ustedes, los que todavía no lo han recibido como Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino. Él dijo: “El que me confesare delante de los hombres Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos, más el que me negare delante de los hombres Yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33). “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga Vida eterna.”     Para eso es que el Hijo de Dios vino y murió en la Cruz del Calvario: para que todo aquel que en Él crea no se pierda, más tenga Vida eterna. No hay otra forma de recibir la Vida eterna, solamente hay una y es a través de Jesucristo nuestro Salvador.     En todas las diferentes naciones y ciudades, e iglesias y congregaciones, pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, luego de saber quién es el Hijo de Dios: es el Señor Jesucristo.      Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo aquí y en otros lugares repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento; quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.     Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, y Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     El bautismo en agua no quita los pecados, porque el agua no tiene poder para quitar los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual es tipológico, el cual es a la imagen, a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, está siendo sepultado, porque ya murió al mundo al recibir a Cristo como Salvador; y cuando es levantado de las aguas bautismales está resucitando a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ahí tiene la tipología, el simbolismo del bautismo en agua.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados e identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos veremos por toda la eternidad en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador.     Que Dios les bendiga y les guarde, a los que están presentes y a los que están en otras naciones también, los cuales pueden ser bautizados los que están en otras naciones que recibieron a Cristo en estos momentos como Salvador también.     Dejo al ministro correspondiente aquí para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación, en cada ciudad, y en cada iglesia dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Con ustedes el ministro aquí presente.     “¿CREES TÚ EN EL HIJO DE DIOS?”

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