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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes, y todos los ministros de las diferentes naciones que han venido para pasar este fin de semana en la conmemoración o recordación de Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel el Pacto, sean sobre todos ustedes ministros de diferentes naciones, y también de la República mexicana y de otras naciones, y de Brasil, de Colombia, de Chile, de todas las naciones; y también a todos los que están a través del satélite Amazonas.     Para esta ocasión es muy importante saber acerca de este tiempo, es muy importante saber quién es el Señor Jesucristo; porque ese día víspera de la Pascua allá en Jerusalén dos mil años atrás, alrededor de dos mil años atrás, fueron crucificadas tres personas, tres cruces levantadas, pero uno de ellos era Jesús; y la historia que más nos interesa es la de Jesús. Los otros no hicieron nada que fuera de beneficio para la humanidad; uno de ellos no creyó, el otro sí creyó, ése se colocó en la posición favorable aun en su último momento de vida en la Tierra.     Ahora, leemos las palabras del apóstol Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 1 al 11; por cuanto esta fue una etapa difícil para Cristo, es importante estudiar y también comprender que la Iglesia pasaría por etapas, y sobre todo en este tiempo final, una etapa difícil también, como pasó a través de edades pasadas. Capítulo 15, versos 1 en adelante de Primera de Corintios, dice San Pablo:     “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;     por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.     Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;     y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;     y que apareció a Cefas, y después a los doce.     Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.     Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;     y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”     “Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí,” dice San Pablo.     “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.     Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.     Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Nuestro tema es: “CRISTO MURIÓ POR NUESTROS PECADOS CONFORME A LAS ESCRITURAS.”     La muerte más importante que ha ocurrido en el planeta Tierra es la de Jesucristo. ¿Por qué? En la Biblia se le conoce como el Segundo Adán.     Ahora, el ser humano allá en el Huerto del Edén pecó; el ser humano tenía libre albedrío y por consiguiente tenía que elegir entre el bien y el mal. El ser humano siendo a imagen y semejanza de Dios, era y es la corona de la creación.     Ahora encontramos que luego de la caída comenzaron a efectuarse sacrificios de animalitos, y el primero fue el que Dios realizó para darle vestiduras a Adán y a Eva, pieles de un animalito; y ahí comenzaron los sacrificios por el pecado, los cuales encontramos a través de la historia del pueblo hebreo que han sido practicados (y esto desde Adán).     Pero los animalitos, por cuanto no tienen alma, la sangre de ellos no puede quitar el pecado del ser humano, solamente lo cubre; pero daba testimonio, esos sacrificios daban testimonio de que algún día vendría un Cordero pascual perfecto el cual sería un hombre: el Mesías Príncipe, el cual moriría por los pecados del ser humano, el cual se haría pecado por los seres humanos, tomaría los pecados de los seres humanos y se haría mortal.     Cristo dijo: “Nadie me quita la vida, Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” (San Juan, capítulo 10). También Él decía: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” (San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58).     ¿Y quién es este personaje llamado Jesús de Nazaret el cual dice que era antes que Abraham y había nacido en Belén de Judea hacía alrededor de treinta a treinta y tres años? Y ahora en Su ministerio mesiánico está diciendo que era antes que Abraham, el padre de la fe; no podían comprender las personas de aquel tiempo, y quizás muchos de nuestro tiempo tampoco lo pueden comprender; ¿por qué, cómo una persona que nace en cierto tiempo dice que es antes de ese tiempo? Pues muy sencillo: que diga la Escritura quién es Jesucristo y entonces sí comprenderemos; que diga la Escritura quién es el Mesías prometido para venir al pueblo hebreo y quitar el pecado del mundo, quitar el pecado como lo dice la Escritura. En Daniel, capítulo 9, dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo para que tengamos un cuadro claro de quién es Jesucristo. Daniel, capítulo 9, versos 22 en adelante, dice (esto fue Gabriel hablándole a Daniel):     “Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.”     Y la sabiduría y el entendimiento que da este Ángel Gabriel es la mejor que puede recibir una persona, es el mejor profesor que puede tener un profeta como Daniel.     Ya todos los creyentes en el Dios de Israel quisieran tener al Arcángel Gabriel como su profesor; da sabiduría y entendimiento.     “Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado...”     Y cuando un Ángel como Gabriel le dice a una persona: “Tú eres muy amado,” o sea, muy amado en el Cielo; a cualquier persona le llena de alegría que en el Cielo lo aman.     “...Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.     Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad...”     Ahora, está hablando de la expiación y durante ese lapso de tiempo o en esos ciclos, al final, en la semana número setenta sería efectuada la expiación por el pecado.     “...expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.     Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.     Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí...”     Y ahora, son siete semanas primero y luego le siguen sesenta y dos semanas más, que suman sesenta y nueve semanas; y luego de esas sesenta y nueve semanas, después de esas sesenta y nueve semanas, pues viene la semana número setenta, después de esas sesenta y nueve semanas se va a quitar la vida al Mesías, y por consiguiente en la semana número setenta. El ministerio de Jesucristo fue de unos tres años y medio en la semana número setenta, y ahí murió, a la mitad de la semana número setenta; y restan tres años y medio para el pueblo hebreo porque esa es una profecía para el pueblo hebreo; son setenta años de trato de Dios con el pueblo hebreo.     Ahora, ya han transcurrido unos dos mil años, alrededor de dos mil años que sucedió la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, ¿y cómo encaja la segunda parte de la semana número setenta, si ya han transcurrido alrededor de dos mil años? Se abrió una brecha, se detuvo la semana número setenta en la mitad para Dios tratar bajo un nuevo Pacto con gentiles, y también entran hebreos y de otras nacionalidades.     Y ahora, en algún momento cuando se termine el trato o el Programa de Dios con Su Iglesia gentil, volverá a tratar con el pueblo hebreo; y todo esto va a suceder en el Día Postrero como está prometido, y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Ese Día Postrero es el que Cristo prometió para llevar a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él que han partido, y por consiguiente la transformación de los vivos para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.     ¿Pero quién es este personaje llamado Jesús? Que cuando está muriendo en la Cruz del Calvario vienen tinieblas sobre la Tierra y surge un sinnúmero de cosas: el sol se oscureció por una cuantas horas, la tierra tembló, y dice que muchos de los santos que habían dormido fueron despertados, y luego se levantaron luego que Cristo resucitó. Es que Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y no solamente importante en este planeta Tierra sino en el Universo completo; es la persona más importante que Dios tiene, más importante que todos los ángeles juntos; y por consiguiente más importante que todos los seres humanos juntos, de todos los tiempos juntos.     Entonces, ¿quién es esta persona que dice: “Antes que Abraham fuese, Yo soy?” Quién podría decir eso, excepto una persona que está aquí en la Escritura; en Malaquías, capítulo 3, hablando acerca de la Venida del Mesías, nos dice de la siguiente manera:     “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”         Ese mensajero ya todos sabemos que fue Juan el Bautista que vino con el espíritu y virtud de Elías, el espíritu y poder de Elías precursando la primera Venida de Cristo. El Ángel Gabriel le dijo que ese hijo que iba a tener Zacarías y su esposa Elisabet vendría en el poder de Elías, en el espíritu y poder de Elías (eso está por el capítulo 1 de San Lucas).     Ahora, veamos, ya ese mensajero precursor vino y se llamó Juan el Bautista, pero luego de él el próximo ministerio tenía que ser el del Mesías, un ministerio mayor, del cual Juan decía: “Después de mí viene uno mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado. Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.” O sea, Él será el que dará el Espíritu Santo, y por consiguiente producirá el nuevo nacimiento en las personas.     Ahora, veamos a continuación:     “...y vendrá súbitamente a su templo el Señor (¿quién vendrá a Su templo? El Señor, Dios el Padre) a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”     Ahora, vendrá Dios el Padre a Su templo, y el Ángel del Pacto, al cual busca el pueblo hebreo. Dios el Padre y el Ángel del Pacto, el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, llamado también el Ángel de Dios, o llamado también el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión; ése es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente. Sigue diciendo:     “He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”     ¿Quién vendría? ¿A quién le estaba precursando, preparando el camino Juan el Bautista? Al Señor, y al Ángel del Pacto; es que el Señor es Dios el Padre y el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, el Ángel de Dios que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud allá en Egipto, y que aparecía en una Columna de Fuego y en otras ocasiones aparecía en forma visible en la forma de un hombre pero de otra dimensión; a Moisés le apareció y también a Josué (en Josué en el capítulo 5), le apareció como el capitán o general del ejército de Dios; y apareció con una espada en Su mano, el mismo Ángel que en una ocasión le había aparecido a David en Jerusalén, el cual estaba trayendo el juicio divino sobre Jerusalén. Ese Ángel del Pacto trae bendiciones y también juicios divinos al pueblo hebreo y a todas las naciones, está ligado a las bendiciones y a los juicios divinos.     Y ahora, veamos lo que nos dice el Ángel Gabriel en San Lucas, capítulo 1, hablando acerca del nacimiento de Cristo, dice... vamos a leer acerca del nacimiento; ya todos sabemos quién es este personaje, pero si quieren demos un repasito aquí en San Lucas, capítulo 1, verso 30 en adelante, dice:     “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.     Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.     Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;     y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”     Ahora vean, ese niño que iba a nacer a través de la virgen María es el heredero al Trono de David y Reino de David.     Y ahora, veamos el nacimiento cómo fue. Capítulo 2, verso 10 en adelante, dice:     “Pero el ángel les dijo (a los pastores): No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:     que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”     Y usted ve esas palabras ahí y piensa: “Bueno, ¿qué significará todo eso?” Vamos a ver; en el libro de los Hechos el apóstol Pedro predicando en el Día de Pentecostés dice en el verso 36 en adelante [capítulo 2]:     “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.     Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?”     ¿Qué entonces significaba que Dios había hecho a Jesús Señor y Cristo? Significaba que ahí estaba el Señor, Dios el Padre, y también estaba el Cristo que es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical o teofánico de Dios.     Habíamos leído en Malaquías que la promesa del que vendría después de Juan el Bautista sería el Señor viniendo a Su templo.     En una ocasión Cristo allá en San Juan, capítulo 2, dijo: “Destruyan este templo y en tres días Yo lo levantaré.” Ellos le dicen a Jesús (los judíos): “En cuarenta y seis años fue construido, levantado este templo, ¿y Tú en tres días lo vas a levantar?” Pero dice la Escritura: “Pero, Él hablaba de Su templo humano, de Su cuerpo,” y luego cuando resucitó fue que comprendieron los discípulos que estaba hablando de Su cuerpo físico y no del templo de piedras. Es que el ser humano es un templo para Dios.     En ese cuerpo de carne llamado Jesús estaba Dios con el Ángel del Pacto, o sea, con Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico llamado el Espíritu Santo; y al Pedro decir que Dios ha hecho a Jesús Señor y Cristo, ahí tenemos la trinidad, lo que le llaman la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo en un hombre llamado Jesús. Por eso la Escritura dice: “Grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en carne, Dios...” (eso está en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16). Y en Isaías, capítulo 7, verso 14, dice:     “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido ¿es qué? Dios con nosotros).”     Era Dios en Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne llamado Jesús. Por eso Jesús decía: “El Padre que mora en mí Él hace las obras.” Y también decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Era Ungido, el Mesías, el Cristo; porque Cristo o Mesías lo que significa es Ungido; el Cristo: el Ungido.     Y ahora, en San Juan, capítulo 1, versos 1 en adelante, dice:     “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.     Este era en el principio con Dios.     Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.     En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.     La luz en las tinieblas resplandece...”     Pero las tinieblas, ¿qué pasó? No la comprendieron, no comprendieron esa luz.     “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.”     Capítulo 1, verso 8 en adelante:     “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.     A lo suyo vino (el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.     Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”     ¿Esto es a quiénes? Vamos a ver a quiénes es esta promesa:     “...los cuales no son engendrados (verso 13) de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”     Por medio del Espíritu Santo son engendrados en el Cuerpo Místico de Cristo como hijos e hijas de Dios; por eso es que Cristo es el Segundo Adán y la segunda Eva es la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de la cual Cristo, el Segundo Adán, se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios.     Y ahora:     “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14).     Y ahora, el verso 18 nos dice... vean a través de la Escritura encontramos en el Antiguo Testamento que hay personas que han dicho: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma,” ese fue Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis; y en el libro de los Jueces, capítulo 13 Manoa y la señora Manoa, que fueron luego padres de Sansón, cuando vieron al Ángel de Dios que subió en una llama de fuego, dijeron: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.” Al ver al Ángel dijeron que habían visto a Dios cara a cara; porque el Ángel es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente, esa teofanía angelical.     Y ahora, ya estamos viendo cómo Dios se viene acercando al ser humano hasta que se crea un cuerpo de carne en el vientre de la virgen María; por eso la virgen María es la mujer más bienaventurada de todas, porque es la única que por obra y gracia del Espíritu Santo ha concebido y ha dado a luz un hijo; no hay otra mujer en la cual haya sucedido esto. Hubo una que tuvo la oportunidad y la perdió, y esa fue Eva; en la forma en que vino Jesús a esta Tierra tenían que venir todos los hijos de Dios para venir con Vida eterna.     Y ahora, a causa del pecado murió Adán y Eva, murió a la Vida eterna, porque Dios había dicho: “El día que coman, el día que coma (le dice a Adán) ese día morirás.” Murió a la Vida eterna y le quedó solamente vida temporera o temporal que se le acabó a los 930 años; y a Eva no sabemos a los cuántos años se le terminó.     Pero siendo que el ser humano es la corona de la creación de Dios y Dios tiene un programa con el ser humano, encontramos que desde el Génesis comienza a llevarse a cabo el sacrificio por el pecado; el primero lo llevó a cabo Dios por Adán y Eva, y les dio vestiduras; de ahí en adelante encontramos a los seres humanos efectuando sacrificios por el pecado, lo heredaron de Adán.     Ahora, todo eso es tipo y figura del Mesías Príncipe que en Su primera Venida vendría como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo, y vendría como el Cordero de Dios; Juan el Bautista dice, cuando ve a Jesús en el capítulo 1, versos 29 al 36: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”     ¿Cómo va a quitar el pecado del mundo? Pues hay una forma establecida por Dios para que el pecado sea quitado, y fue tipificado en aquellos sacrificios de animalitos; pero con esos sacrificios de animalitos los pecados no eran quitados, solamente cubiertos de la presencia de Dios; pero el sacrificio del Mesías Príncipe quitaría el pecado, lo desintegraría como una gotita de tinta es desintegrada si la echa en un vaso de cloro, en un vaso de blanqueador (lleno de blanqueador). Así es la Sangre de Cristo con el pecado, eso lo hace la Sangre de Cristo: desintegra el pecado, y por consiguiente regresa al lugar de donde vino, y vino del diablo, pues regresa al diablo el pecado y la persona queda limpia delante de Dios; cuando Dios ve la persona, la mira, no ve pecado en la persona.     Por eso es tan importante que cada persona confiese sus pecados a Cristo para que Cristo con Su Sangre lo mantenga limpio de todo pecado. No hay otra forma que usted pueda hacer para quitar el pecado de usted, la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, es lo único que limpia al ser humano de todo pecado.     Y ahora, ya estamos viendo más claramente este personaje de la historia, el más importante de la historia de la raza humana; es el eslabón entre el ser humano y Dios, así como la serpiente era el eslabón entre el ser humano y la raza animal; la serpiente nunca fue el eslabón perdido entre el hombre y Dios, sino entre el ser humano y la raza animal.     Y ahora, a través de estos sacrificios que se efectuaban quedaban cubiertos los pecados, cada año tenían que efectuar el pecado de la expiación, y recordar en la Pascua el sacrificio que hizo cada padre de familia allá en Egipto, cada padre de familia hebreo para la preservación de la vida de los primogénitos de las familias hebreas; siendo que aquel sacrificio de aquel cordero tipifica el sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Por eso San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7, dice:     “...porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”     Y ahora, miren así como hubo tinieblas allá en Egipto y hubo hasta señales allá en Egipto, ahora cuando Cristo está crucificado, cuando es crucificado, vean: señales en el sol, señales en la naturaleza; y también la resurrección: los santos se levantaron de los sepulcros, despertaron, fueron despertados, pero luego se levantaron cuando Cristo resucitó; y entraron a la ciudad de Jerusalén y aparecieron a muchas personas.     Ahora, allá en el orden del sacrificio de animalitos hubo un orden sacerdotal del cual Aarón fue el sumo sacerdote y luego cuando murió, un hijo suyo tomó su cargo; es hereditario esa posición de sumo sacerdote. Tiene que ser siempre un descendiente de Aarón, aunque en muchas ocasiones de seguro hubo diferentes sumos sacerdotes que no eran descendientes de Aarón, porque lo alteraron por motivos quizás políticos o económicos; pero se supone que todos los sumos sacerdotes fueran descendientes de Aarón.     Cuando el sumo sacerdote moría, los que habían cometido algún crimen involuntariamente y se habían refugiado en las ciudades de refugio y no podían salir de esa ciudad, porque si salía la persona, el vengador de la sangre, un familiar cercano al que murió, lo mataba y era sin culpa: vengó la sangre de su pariente; pero cuando el sumo sacerdote moría, quedaba libre la persona y se podía regresar a la ciudad en que vivía, aunque de seguro no iba allá, no fuera que pensara que a lo mejor un familiar de la persona que había muerto no estuviera muy al tanto que había muerto el sumo sacerdote.     Ahora, vean cómo quedaba libre, ya no tenía culpa, quedaba libre; eso es tipo y figura del sumo sacerdote del Templo celestial, Melquisedec, que en Su Venida a la Tierra moriría y quedarían libres los que estaban condenados a muerte, y ahora puede regresar a la Ciudad, a Su Ciudad celestial, puede regresar por consiguiente a la Vida eterna. Por eso San Pablo dice en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:      “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;     el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”     Para que seamos iguales a Él, con cuerpos angelicales y cuerpo físicos glorificados; y por consiguiente seamos eternos y jóvenes para toda la eternidad.     Ahora, la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es la muerte en Su cuerpo físico o del cuerpo físico del Sumo Sacerdote celestial, es la muerte física del cuerpo físico de Melquisedec; por eso Cristo es Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, no del orden de Aarón sino de Melquisedec, para que así con la muerte de Él puedan regresar a Dios, a la Ciudad de Dios, la Jerusalén celestial, de donde esperamos al Salvador, el cual transformará el cuerpo físico nuestro para que sea un cuerpo glorificado como el que Él tiene.     Y ahora, en los días de Jesús, y sobre todo cuando llegó a esa semana, la semana Santa, la semana donde se conmemoraba la Pascua, la Pascua primera que había sido efectuada allá en Egipto, esos días, eran los días más peligrosos como los días de la semana en que Dios iba a libertar al pueblo hebreo y le ordenó a Moisés que le comunicara al pueblo que cada uno tomara un corderito sin defecto de un año y lo tuviera por cuatro días; y luego en el día de la víspera de la Pascua lo sacrificara y colocara la sangre sobre el dintel y los postes de la puerta de la casa, y así serían protegidos de la muerte los primogénitos que estarían en esa casa. Era un tiempo de muerte para todos los primogénitos: seres humanos y animales también; no había excepción de personas, excepto para aquellos que estarían dentro de hogares donde estaba la sangre del cordero pascual aplicada.     En los días de Jesús encontramos que cuando llega el tiempo para celebrarse la Pascua Jesús se acercó a Jerusalén, mandó a preparar un lugar para cenar con Sus discípulos y todo eso en la víspera de la Pascua; y recuerden que los días para el pueblo hebreo comienzan en la tarde, ¿qué quiere decir eso? Que el sábado comienza hoy a la caída del sol, y usted dice: “No, pero hoy es viernes,” pero se entrelaza el viernes con el sábado en la tarde a la caída del sol.     Y ahora, estamos hoy en víspera del sábado; así también en la víspera de la Pascua Cristo está con Sus discípulos cenando durante la noche, les habló muchas horas, oró por ellos, les explicó más claro todo, y luego se fue con ellos al monte, a un huerto; allí estuvo con ellos orando y hablando, hasta que vinieron guardias de los sacerdotes, también soldados, y Judas Iscariote. Fue una noche muy importante, en donde ya el pecado de la humanidad había llegado a Jesús; cuando está en el Getsemaní orando, ahí todo el pecado había venido sobre Jesús, y era la hora más negra sobre la Tierra porque era la hora de las tinieblas, y del príncipe de las tinieblas; era una hora de muerte, en ese tiempo en que murió Cristo toda la humanidad tenía que morir por sus pecados.     Vean, como sucedió en el tiempo de Noé, que todo aquel pueblo, gente antediluviana murió por el diluvio, y solamente quedó Noé y su familia, más algunos animales y aves, porque Noé tenía, efectuaba el sacrificio por sus pecados y los de su familia, por eso halló gracia delante de Dios.     La hora más negra fue la noche de la Pascua, allá en Egipto fue la noche más difícil, donde la muerte vino a Egipto, recorrió a Egipto, murió el hijo del faraón, el primogénito del faraón, y murieron los primogénitos de los egipcios, hasta de los siervos, de los esclavos, de los presos, de los animales, del faraón, no importaba la posición de la persona; pero lo que importaba para Dios era la sangre: “Veré la sangre y pasaré de vosotros,” dijo. En la hora más negra hubo una salida de salvación para las almas, la vida de los primogénitos.     Para los días de Jesús hubo una salida para la raza humana, aunque la raza humana no lo ha comprendido bien todavía, pero Cristo sabía cuál era la salida para que la raza humana no desapareciera. Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).Cristo es el grano de trigo, la simiente original, y la Iglesia del Señor Jesucristo es la planta de trigo, producto del grano de trigo, así como la Iglesia es el producto de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario.     Y ahora, en la noche de la víspera de la Pascua la humanidad pasó el momento más difícil, y luego en la noche de la Pascua también, de lo cual hablaremos mañana porque la noche de la Pascua está ligada a la muerte, a la sepultura de Cristo, y el tiempo que estuvo muerto Su cuerpo físico en el sepulcro, y Su espíritu y Su alma bajaron adonde bajan los pecadores; porque tenía los pecados de toda la humanidad, murió como pecador. Por eso Él decía: “Padre, Padre, ¿por qué me has desamparado?”     A la hora de la muerte toda persona se encuentra desamparada si no tiene a Dios, si no ha creído en Cristo, y por consiguiente no sabe hacia dónde va; pero una cosa sí sabe: que no va al Cielo, que no va al Paraíso, porque no se preocupó de su salvación, de la salvación del alma.     Y ahora, el día de la muerte de Cristo fue el día en que la humanidad tenía que morir, pero Él al tomar nuestros pecados, tomó, por consiguiente, la paga del pecado que es muerte, porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios ¿es qué? Vida eterna; o sea, que Cristo tomó nuestros pecados, y nos dio ¿qué? Vida eterna.     “El misterio de la muerte del Señor Jesucristo,” recordando que Él es el Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo Celestial, y por eso ha estado por dos mil años, alrededor de dos mil años como Sumo Sacerdote allá en el Cielo desde que subió al Cielo, haciendo intercesión.     La muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es lo que ha salvado a la humanidad. Él mismo dijo: “Porque el Hijo del Hombre no vino a condenar al mundo, sino a salvar al mundo.”     Pero la humanidad no sabe, no entiende, que si está existiendo el ser humano en la Tierra es porque UNO, una persona salvó la raza humana dos mil años atrás aproximadamente en la Cruz del Calvario. Gracias a Jesucristo, el Hijo de Dios, por la salvación de la humanidad, y por la salvación de nuestra alma.     Cristo murió por nuestros pecados, esa fue la causa por la cual Cristo murió. Murió tomando nuestros pecados, para así efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y con Su Sangre redimirnos, limpiarnos de todo pecado y hacernos para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes para reinar con Cristo por mil años en el planeta Tierra, y luego por toda la eternidad.     El misterio de Dios el Padre, y de Cristo, Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo. En Cristo estaba la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso la Escritura nos dice que Dios ha hecho a Cristo, a Jesucristo o a Jesús, Señor y Cristo; por eso llamamos a Jesús SEÑOR JESUCRISTO, porque Dios lo hizo, lo ha hecho Señor y Cristo. Él es la manifestación de Dios en toda Su plenitud en carne humana.     Ahora, el velo de carne vino, surgió de la Tierra, surgió del vientre de una mujer por la obra del Espíritu Santo en María, la mujer más bienaventurada de todas las mujeres que han pisado el planeta Tierra.     “EL MISTERIO DE LA MUERTE DEL SEÑOR JESUCRISTO.”     Hemos visto por qué tenía que venir Jesucristo a la Tierra, por qué tenía que morir; si Él no moría, nosotros teníamos que morir, porque estábamos sentenciados a muerte, condenados a muerte; pero ahora, dice la Escritura: “El que en Él cree no es condenado, mas ha pasado de muerte a vida.” Tan sencillo como eso.     Cristo murió por nuestros pecados, debemos estar conscientes de esa verdad bíblica, y apreciar el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, la muerte de Cristo, como el único Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, que salva al ser humano para la eternidad, eternamente.     Cristo murió por nuestros pecados para que nosotros no tengamos que morir, sino que podamos vivir eternamente. Si muere su cuerpo físico, no se preocupe, resucitará en el Día Postrero en la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, y aparecerá nuevamente en la Tierra, y aparecerá jovencito; pero si permanece vivo hasta ese momento, pues será transformado, estará escuchando la Trompeta final o gran Voz de Trompeta, que es el Evangelio del Reino en conjunto con el Evangelio de la Gracia, y estará recibiendo la fe para ser transformado; así es como está prometido que seremos preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Todos queremos vivir eternamente, todos queremos ir a la Cena de las Bodas del Cordero, para lo cual se predica el Evangelio de Cristo, y se le da la oportunidad a las personas que lo reciban como único y suficiente Salvador. Ya yo lo recibí como mi Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.     Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente para que podamos orar por usted, para que así Cristo tome sus pecados y con Su Sangre lo limpie de todo pecado.     Ya Él hizo, efectuó el Sacrificio, ahora se hace efectivo en la persona cuando la persona lo recibe; porque un perdón no es perdón hasta que la persona lo acepta. Un cheque o una cantidad de dinero que hayan asignado para usted, no es dinero efectivo hasta que usted lo tiene encima, hasta que usted lo ha recibido; si no lo ha recibido, ya sea en su cuenta o en su mano, al tenerlo en la cuenta, si se lo depositan en la cuenta está en su mano, ya se hizo realidad para usted; así es la salvación y Vida eterna para toda persona: no se hace una realidad hasta que la persona reciba a Cristo como Salvador, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí.”     Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Villlahermosa, de Ciudad México, de Bogotá, de Lima, Perú, de Santiago de Chile, de Buenos Aires, de Asunción, Paraguay, de la Paz, Bolivia, de Ciudad Guatemala, de ciudad San Salvador o El Salvador, ciudad de Tegucigalpa, y también todas las ciudades de cada una de las naciones, y los está llamando en este tiempo final. Y deseamos que Dios pronto complete Su Iglesia, porque cuando la complete, entonces nos llevará de aquí de la Tierra a la Casa del Padre Celestial, nos llevará adonde Él lleva ya dos mil años como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.     En todas las demás ciudades y naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Lo más importante en la vida del ser humano es tener a Cristo, recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, es lo único que le garantiza a la persona la Vida eterna; porque no hay otro Salvador, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. No hay otro Salvador en el cual podamos tener Vida eterna.     Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     La muerte de Cristo también la conmemoramos, la recordamos en el bautismo en agua, porque cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino Celestial.     Por lo tanto, es importante para el ser humano escuchar la predicación del Evangelio de Cristo para saber quién es Cristo, qué es Cristo, qué fue la muerte de Cristo; no fue una muerte corriente, fue la muerte del Segundo Adán, fue la muerte del Hijo de Dios, fue la muerte del velo de carne en el cual Dios moraba en toda Su plenitud. En palabras más claras: fue la muerte del cuerpo físico de Dios, para entenderlo en forma más sencilla, porque Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo.     Grande es el misterio de la Piedad: Dios ha sido manifestado en carne, así como cada uno de nosotros hemos sido manifestados en carne al venir a la Tierra, estamos manifestados en estos cuerpos de carne, es una manifestación de nosotros como alma y espíritu en cuerpos de carne.     Por eso las obras que hacen nuestros cuerpos son las obras del alma y del espíritu de la persona. Si le quita el alma y el espíritu al cuerpo, le habla y no dice nada, le dice que haga algo y tampoco hace nada, ¿por qué? Porque el cuerpo físico es solamente un templo, un velo de carne del alma y del espíritu de la persona.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En las demás naciones también puestos en pie para orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, esta ocasión tan importante en la cual conmemoramos la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, recordamos la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, todos los presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra, de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.     Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo haya sido bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.     Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.     Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: El que creyere y fuere bautizado será salvo, ¿cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Para lo cual ahora dejo al reverendo Andrés Cruz Gallego para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en estos momentos.     Mañana estaré nuevamente aquí en la actividad correspondiente, y el domingo en la mañana para el tema “LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.” Mañana será sobre el tema de “LA SEPULTURA DE CRISTO,” Cristo sepultado, por viernes en la noche, diríamos, conforme a la forma de hablar de acá, y sábado en la noche, y ya domingo en la mañana la resurrección; ¿dónde estaba Jesucristo mientras estuvo sepultado? Mañana veremos dónde estaba.     Que Dios me les bendiga y les guarde a todos, y les ayude y les conserve para Su Reino para toda la eternidad.     Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     Con ustedes el reverendo Andrés Cruz Gallego.     “CRISTO MURIÓ POR NUESTROS PECADOS CONFORME A LAS ESCRITURAS.”

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