ImprimirImprimir

Muy buenos días, reverendo José Benjamín Pérez y a todos los presentes aquí y también a todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, ministros e Iglesias. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.     Para esta ocasión leemos un pasaje muy importante ya que hoy es domingo de ramos, o sea, domingo de la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, y dice este pasaje en el capítulo 21 de San Mateo, versos 1 al 10, de la siguiente manera:     “Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,     diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.     Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.     Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:     Decid a la hija de Sion:         He aquí, tu Rey viene a ti,         Manso, y sentado sobre una asna,         Sobre un pollino, hijo de animal de carga.     Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;     y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.     Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.     Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna  al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!     Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?     Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Nuestro tema para esta ocasión es: “EL REY CABALGANDO SOBRE UN POLLINO.”     Así dijo el profeta Zacarías que el Rey vendría sobre un pollino; tenemos esa Escritura en Zacarías, capítulo 9, verso 9, donde nos dice:     “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”     Esta Escritura podemos ver que fue cumplida por el Señor Jesucristo entrando a Jerusalén ese día domingo; para eso estaba la profecía: para dar a conocer lo que haría el Mesías, el Rey, el Mesías Príncipe, el Príncipe de paz.     Ahora, encontramos que ese día domingo era muy importante porque pertenecía a un ciclo divino, a un ciclo en donde todos se preparaban para la pascua, era un tiempo muy, pero que muy importante.     Por lo tanto, ese tiempo lo conocía Jesús y Él era el único que sabía lo que iba a suceder y por consiguiente lo que Él iba a llevar a cabo. Él era el único que podía cumplir esa Escritura, Él era el único que podía traer a luz esa Escritura para alumbrar a todos con el cumplimiento de esa profecía. Por eso Él decía: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.”     Cristo, encontramos que siendo la persona que cumplió las promesas de la Venida del Mesías para aquel tiempo, era la luz para el pueblo; todas las profecías mesiánicas correspondientes a la primera Venida del Mesías vinieron a la luz para alumbrar el entendimiento y el corazón de los seres humanos.     Él sabía lo que estaba haciendo, porque la Escritura daba testimonio de Él y de las cosas que Él llevaría a cabo, por eso Él dijo: “Escudriñad las Escrituras, porque en ellas parece que tenéis la Vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.”     Por consiguiente, a través de las profecías de la Escritura bíblica, se podía saber que Dios para aquel tiempo cumpliría la Venida del Mesías, y sobre todo el ministerio del Mesías que tendría tres años y medio de ministerio y cumpliría la primera parte de la semana número setenta; o sea, siendo que la semana número setenta consta de siete años, la mitad de esa semana son tres años y medio, y a los tres años y medio el Mesías moriría y no por Sí, o sea, no sería de muerte natural ni por vejez ni por accidente ni porque se quitaría la vida, sino porque le quitarían la vida al Mesías; y eso cumpliría la obra del Cordero de Dios como fue el cordero que cada familia hebrea sacrificó allá en Egipto en la víspera de la pascua.     Por eso Juan el Bautista cuando vio a Jesús dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36). Juan el Bautista sabía que Jesús, el Mesías vendría para quitar el pecado del mundo conforme a la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 22 al 27.     Jesús también sabía que Él tenía que morir, pero después más adelante el templo y la ciudad de Jerusalén sería destruidos, y por eso Él profetizó acerca de la destrucción de Jerusalén y del templo, y por consiguiente el continuo sacrificio que se efectuaba en el templo, sería quitado.     Cristo conocía todas esas cosas, porque siendo el Mesías es nada menos que el Ángel del Pacto que se hizo carne, el Verbo que se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo; ese mismo Verbo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo fue el que dio esas profecías a los profetas, y a través de los profetas la habló al pueblo de Israel.     Por lo tanto, el Señor Jesucristo conocía bien todas las Escrituras, y en una ocasión les abrió el entendimiento a Sus discípulos para que entendieran las Escrituras; porque las Escrituras siendo el pensamiento divino expresado a través de los profetas y diferentes mensajeros de Dios, encontramos que “nadie entendió la mente de Dios, pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios,” dice San Pablo. Solamente el Espíritu de Dios conoció la mente de Dios, y por consiguiente las personas creyentes en Cristo al tener la mente de Dios, el Espíritu de Dios, pueden obtener la revelación de Dios para el tiempo que les toca vivir.     Y ahora, el Señor Jesucristo sabía que lo iban a rechazar, porque esta profecía de la Venida del Mesías siendo recibido por Israel, corresponde a la segunda Venida del Señor, que para los judíos, para ellos será la primera Venida porque no supieron que aquella aparición de Jesús era la primera Venida del Mesías.     Él vino como Cordero de Dios dice Juan el Bautista, pero era el Rey, pero no era el tiempo para manifestarse como Rey, porque es en Su segunda Venida que Él se manifestará como Rey, Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la tribu de Judá, así como a la primera Venida del Señor como Cordero de Dios que acompañaba el ministerio de Sacerdote y profeta, en Su segunda Venida le acompañará el ministerio de Rey, y por consiguiente el símbolo de león, del León de la tribu de Judá.     Por esa causa en Apocalipsis, capítulo 10 cuando desciende del cielo Cristo con el Librito abierto en Su mano clama como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo sus voces, porque viene no como Cordero, sino como León. Cuando Él tomó ese Título de Propiedad en el capítulo 5 del Apocalipsis, el anciano había dicho que se presentara alguien digno para tomar ese Libro y abrir esos Sellos, y nadie se presentaba porque no hubo ninguno digno ni en el Cielo ni en la Tierra ni debajo de la Tierra para tomar el Libro y abrir esos Sellos.     ¿Dónde estaba Jesucristo? Estaba en el Trono del Padre, estaba en el Trono de Intercesión haciendo intercesión por los últimos que faltaban cuando fue hecho ese llamado para que se presentara uno digno.     Y cuando Juan está llorando mucho porque nadie se presentaba y por consiguiente todo regresaría a como era antes de existir el ser humano, de existir los animales, de existir el planeta Tierra y demás planetas y galaxias, todo desaparecería.     Pero el anciano le dice a Juan. “Juan, no llores, he aquí el León de la tribu de Judá.” Ahora, el anciano presenta a Juan o... presenta a Jesucristo como el León de la tribu de Judá, así como Juan el bautista presentó a Jesús como el Cordero de Dios: “He aquí el Cordero de Dios,” ahora el anciano en el Cielo presenta al Señor, como el León de la tribu de Judá, y cuando Juan el apóstol mira, ve un Cordero como inmolado, es que el mismo Cordero de Dios que es Jesucristo y murió por nosotros en la Cruz del Calvario, es el mismo León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores.     Ahora, encontramos que Jesucristo en Su entrada triunfal a Jerusalén se encuentra en el mismo ciclo divino que corresponde a este tiempo final, en donde la segunda Venida de Cristo se convertirá en una realidad para los creyentes en Cristo, porque Él viene por Su Iglesia, por los creyentes en Él y viene con los que ya murieron, los resucitará en cuerpos glorificados y estarán con Él en Su Venida, y viene para transformar a los que están vivos creyentes en Cristo nacidos de nuevo, y por consiguiente necesitan recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Los siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo, del Ángel Fuerte descendiendo del cielo con el Librito abierto en Su mano y clamando como cuando un león ruge, esos siete Truenos, que es la Voz de Cristo como león, le darán la fe para ser transformados y raptados a los creyentes en Cristo.     Y ahora, Cristo viene con el Título de Propiedad que perdió el ser humano cuando pecó allá en el Huerto del Edén. Cristo allá cuando entra a Jerusalén se encuentra en un ciclo divino correspondiente a una etapa de piedra angular; y por eso Cristo, el Mensajero de esa etapa, de esa edad, es la piedra angular, la piedra del ángulo, la piedra que los edificadores desecharon, la piedra que los líderes religiosos de aquel tiempo que son los edificadores, desecharon.     Y ahora, encontramos que siempre que aparece un mensajero dispensacional, es la piedra angular de esa dispensación y de esa edad, y su etapa o edad viene a ser la Edad de Piedra Angular; así fue en el tiempo de Adán, de Set, de Noé, también de Abraham, también de Moisés, también de Jesús, y así será también para este tiempo final.     Por eso es que Cristo profetizando dice que como fue en los días de Noé y como fue en los días de Lot, así será la Venida del Hijo de Hombre, así será el día en que el Hijo de Hombre se revelará, se manifestará.     Este tiempo final es paralelo al tiempo de Noé y al tiempo de Abraham y de Lot, y es paralelo al tiempo de Moisés y es paralelo al tiempo de Jesús, y por consiguiente es un tiempo de edad de piedra angular.     La Iglesia del Señor Jesucristo ha estado subiendo, como en una montaña, de etapa en etapa; de edad en edad ha subido cada día más arriba en la construcción o edificación de la Iglesia del Señor Jesucristo, y para este tiempo final la Iglesia subirá a la etapa correspondiente a la edad de piedra angular, la Edad de la Piedra Angular de la Iglesia, una edad perfecta con un mensaje perfecto, con la gran Voz de trompeta o trompeta final, la Voz de Cristo, la Voz de los siete Truenos clamando. Cristo, el Ángel Fuerte, Él ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo en Espíritu Santo, Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” y también Él dijo: “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”     El Evangelio del Reino es el Evangelio que Cristo y Juan el Bautista predicaban, en donde les anunciaban el Reino de Dios, ese es el mensaje que será predicado en el Día Postrero juntamente con el mensaje del Evangelio de la Gracia, juntamente con el Evangelio de Cristo.     El Evangelio del Reino es la trompeta final o gran Voz de trompeta, el mensaje final de Dios, Dios hablándole a Su Iglesia y a toda la humanidad con un mensaje: el mensaje del Evangelio del Reino, es el mensaje también del cual habla Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, que dice:     “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”     Y si ese mensajero viene con el Evangelio del Reino, con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, pues tiene que ser un predicador, ¿y qué contiene de las cosas que contiene ese mensaje? Veamos lo que dice... y recuerden que es un mensaje para toda nación, tribu, lengua y pueblo:     “Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado (la hora del juicio divino, dice que ha llegado, la hora de su juicio ha llegado); y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”     O sea, viene enseñándole acerca de Dios a las personas y a los pueblos, viene enseñándole que adoren a Dios, que le den honra porque la hora de Su juicio ha llegado. La hora del juicio divino es donde Cristo, el Mesías se manifiesta como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, y como Juez para juzgar las naciones.     Ahora, Cristo entra a Jerusalén como Rey, porque estaba en el ciclo divino en el cual en el tiempo final, en el Día postrero, Cristo vendrá como Rey y por consiguiente allí está el tipo y figura de lo que va a pasar en el Día Postrero, pero eso es un misterio que solamente Cristo conoce, y aquel a quien Cristo lo quiera revelar.     Recuerden que Cristo dijo en una ocasión: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste esas cosas de los sabios y de los entendidos y las revelaste a los niños, porque así te agradó.” (San Mateo, capítulo 11, versos 25 al 27).     Habrá un pueblo, una Iglesia: la Iglesia del Señor Jesucristo que obtendrá la revelación de este misterio de la Venida del Hijo de Hombre, de la Venida del Señor con Sus Ángeles, y eso le va a dar la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Él va a ser reconocido por Israel el Mesías Príncipe, el cual Israel está esperando. Él vendrá como Rey, como León de la tribu de Judá. Recuerden que en Apocalipsis es presentado como el León de la tribu de Judá en el capítulo 5 del Apocalipsis. Y en el capítulo 22 del Apocalipsis, verso 16 al 17, dice:     “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”     Cristo es la raíz y el linaje de David. Y ahora, dice:     “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”     Aquí lo que el Espíritu dice es lo que ha estado hablando por medio de los diferentes mensajeros bajo la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, y continuará hablando en este tiempo final. Esa misma Voz, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 25 al 29, que la Voz que estremeció la tierra allá en el tiempo de Noé y también la estremeció en el tiempo de Moisés allá en el monte Sinaí, dice que estremecerá una vez más la tierra, y no solamente la tierra, sino los cielos también. Por lo tanto, la Voz de Dios estará hablándole a Su pueblo a toda la humanidad. Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 21, verso 5 al 7, dice:     “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.     Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.     El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”     Y ahora, aquí como en los días en que Jesús aparece a la mujer samaritana en el capítulo 4 de San Juan y le habla de una agua de vida, de agua de vida, de una fuente de agua de vida que salta para Vida eterna, y luego en el capítulo 7, versos 37 al 39 de San Juan, dice Jesucristo, el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos, vean cómo habla. Dice capítulo 7, versos 37 al 39 de San Juan:     “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.     El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.     Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”     Aquí Jesucristo está ofreciendo agua de vida, esa agua de vida es el Espíritu Santo que derramaría sobre todos los creyentes en Él. Vean, dice:     “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él.”     Es una promesa para los que creen en Él, los cuales escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en esas personas el nuevo nacimiento; y por consiguiente son llamados hijos de Dios conforme a Apocalipsis, capítulo 21, verso 5 al 7, el que “tomare de esa agua de vida.” Dice Cristo en Apocalipsis, capítulo 21, verso 6 al 7, dice:     “Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.”     Así como ofreció de la fuente del agua de la vida agua que salta para Vida eterna, ahora en Apocalipsis también lo está haciendo.     Ahora, siendo que Él se identifica como la raíz y el linaje de David, Él está como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, está ofreciendo del agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo a todos los que le recibirán como único y suficiente Salvador.     Para este tiempo final hay una promesa muy grande, recuerden que aquel tiempo de la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, era el ciclo divino en donde Israel si lo recibía como Rey, el Reino del Mesías comenzaría; recuerden que los mismos discípulos de Jesucristo y todo el pueblo que lo tenía como profeta, creían que el Reino de Dios iba a ser establecido en esos días.     Por eso en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 1 al 10 ya Cristo resucitado le preguntan: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?” Ellos esperaban la restauración del Reino de Dios en ese tiempo; y también encontramos en el capítulo 19 de San Lucas, que ellos esperaban el establecimiento del Reino de Dios para ese tiempo, San Lucas, capítulo 19, verso 11 en adelante, dice:     “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.”     Y como estaba cerca de Jerusalén, creían que Cristo se dirigía a Jerusalén para establecer el Reino de Dios, o sea, para reclamar Su Trono, el Trono de David y comenzar allí el Reino de Dios nuevamente en la tierra:     “Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver...”     Ese hombre noble es Jesucristo, porque Él es de la nobleza, Él es de la realeza; la realeza es la descendencia del rey David, esa es la realeza del Reino de David, a esa realeza también pertenecen todos los creyentes en Cristo que han sido lavados con la Sangre de Cristo y han sido hechos por Dios (o por Cristo) reyes y sacerdotes y reinarán con Cristo sobre la tierra.     Y ahora, Él habla aquí de las diez minas, les reparte a diez personas una mina a cada uno para (eso es dinero)... para que lo multipliquen y cuando Él regrese, le den cuenta. Cuando Él regrese en Su segunda Venida Él pedirá cuenta, pero recuerden que Él tenía que irse a un país lejano, a un lugar lejano para recibir el Reino.     Se fue al Cielo, subió al Cielo cuando resucitó subió al Cielo, se presentó ante Dios el Padre como la gavilla mecida que es presentada a Dios, y luego regresó para estar con Sus discípulos una temporada de 40 días, y luego de 40 días subió al Cielo y allá se sentó a la diestra de Dios como Él había dicho: “Y veréis al Hijo de Hombre sentado a la diestra de la majestad en las alturas.” (San Mateo, capítulo 26, verso 64). También San Lucas y San Marcos nos habla de esto mismo.     Y ahora, Cristo recibió el Reino celestial, por eso está sentado en el Trono de Dios, y el que está sentado en el Trono es el que tiene el Reino, es el Rey. ¿Y qué de Dios: Dios perdió el Reino? No, porque Dios está dentro de Jesucristo. Recuerden que Él dijo en una ocasión: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” ¿Y dónde mora el Padre? En Cristo, Dios está en Cristo aun el apóstol Pablo dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.     Era nada menos que el Verbo hecho carne, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo en un cuerpo de carne, o sea, el Ángel del Pacto, el Verbo, ese Ángel de Dios o Ángel de Jehová como le llaman en algunas ocasiones, ese Ángel que le apareció al profeta Moisés se vistió de un cuerpo de carne humana llamado Jesús.     Y Dios que estaba en el Ángel del Pacto, en ese cuerpo angelical que es la imagen del Dios viviente, entró con Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne llamado Jesús, esto fue la primera Venida de Cristo para el Cristianismo y para todos los que estaban esperando en aquel tiempo. En Malaquías, capítulo 3, verso 1 al 2 nos dice que enviará su mensajero delante de Él, “el cual le preparará el pueblo, y luego vendrá a Su templo el Señor (o sea, Dios el Padre), y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros.”     O sea, que Dios el Padre vendría a Su templo, Su templo humano. Recuerden que Cristo dijo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” pensaban que estaba hablando del templo que estaba frente a ellos, pero no, Él estaba hablando de Su cuerpo; recuerden que un cuerpo humano es un templo; tiene atrio: el cuerpo físico, tiene Lugar Santo: el espíritu de la persona, tiene Lugar Santísimo: el alma de la persona.     Recuerden que el ser humano es trino: cuerpo, espíritu y alma, y lo más importante es el alma, así como lo más importante del tabernáculo y del templo que construyó Salomón, es el Lugar Santísimo, es el lugar de morada de Dios, y es el lugar donde tiene que estar la Palabra de Dios, haber llegado hasta ahí, pasar hasta ahí por medio de la fe en Cristo.     Y ahora, el Dios Todopoderoso estaba en Su templo humano llamado Jesús, ahí tenemos la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; ese es el misterio que hay que conocer del cual San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3 dice que nosotros debemos conocer ese misterio. Veamos cómo es dicho por el apóstol San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 en adelante:     “Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,     en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”     En ese misterio de Dios el Padre y de Cristo, Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, es la plenitud de Dios, la plenitud de la Divinidad en un velo de carne llamado Jesús; allí estaba el Espíritu Santo que es el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, y ahí estaba Dios el Padre.     Recuerden que Cristo dijo: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también Él dijo en San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido,” y comenzó a explicar para qué había sido ungido: “Para predicar el año de la buena voluntad del Señor, el Evangelio de la paz,” el Evangelio de nuestra salvación.     Y ahora, encontramos que cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, el Espíritu Santo en forma de palo descendió sobre Jesús y permaneció en Él, era Dios el Padre por medio del Espíritu Santo, por medio del Ángel del Pacto a través de Jesucristo el velo de carne, llevando a cabo las Obras de Dios que estaban prometidas para ser cumplidas por Dios.     Por eso Él podía decir también: “Yo he venido en Nombre de mi Padre,” eso está por ahí por San Juan, capítulo 5, verso... por el verso 43 (les voy a dar el número para que lo tengan claro, el número del verso... capítulo 5, verso 43, está correcto).     Y ahora, encontramos que Dios le ha dado un Nombre que es sobre todo Nombre, para que en el nombre Jesús se doble toda rodilla, Él recibió más excelente Nombre que el de los Ángeles, porque recibió el Nombre de Dios.     Recuerden que Cristo es el Ángel del Pacto que se hizo carne, y Dios dijo que el Nombre suyo estaba ¿dónde? En Su Ángel, el Ángel del Pacto, eso está en el Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante dice:     “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.     Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.     Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.     Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.     Ahora, encontramos que ese Ángel es Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Jesús podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58). Cristo en Su cuerpo angelical es, era desde antes de la fundación del mundo, por medio de Él fue que Dios creó todas las cosas (Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3 y Colosenses, capítulo 1, versos 1 al 23).     Y ahora, sabiendo quién es Jesucristo, el Ángel del Pacto, sabiendo que Él es el Príncipe de paz, él es nada menos que el Rey que entró cabalgando en un pollino, un burrito pequeño, un burrito sobre el cual ninguna persona se había montado todavía, ese es el Rey que Israel estaba esperando, pero lo estaba esperando como Rey; vino como Cordero pero Él se presentó allí como Rey ese día de Su entrada triunfal a Jerusalén, y fue rechazado.     Si lo recibían no se llevaría a cabo el Sacrificio de la Expiación por el pecado del ser humano, y entonces el Reino que Él tendría sería un Reino de pecadores, un Reino sin Vida eterna. Por eso cuando el diablo le ofreció el reino a Cristo, Él no lo aceptó.     Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 en adelante dice que los reinos de este mundo van a pasar, van a ser de Cristo. Todo tiene su tiempo, dice capítulo 11, verso 15 en adelante de Apocalipsis:     “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”     ¿De quién van a ser todos los reinos de este planeta Tierra? De Cristo, del Señor:     “Y los veinticuatro ancianos...”     Recuerden que los veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jacob, esos patriarcas hijos de Jacob, y los doce apóstoles del Señor Jesucristo; esos son los veinticuatro ancianos. Recuerden que Cristo dijo a Sus discípulos: “Vosotros que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos y juzgaréis a las doce tribus de Israel.” Eso está... capítulo 19, versos 26 en adelante de San Mateo, dice:     “Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.     Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?     Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (o sea, en el Reino del Mesías, eso será en la restauración del Reino de David o restauración del Reino de Dios en la tierra) ...De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria (o sea, en el Trono de David), vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”     Esa es una promesa muy grande para esos apóstoles del Señor Jesucristo, y los Mensajeros de las diferentes etapas de la Iglesia, esos siete mensajeros también tendrán una bendición muy grande, paralela a la de los apóstoles; también tendrán tronos y con su pueblo, con su grupo de su edad juzgarán también a las gentes, porque el juicio lo llevará a cabo el Mesías Príncipe porque Él es el cual, al cual Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos, y a todo lo que Cristo es heredero, también lo son todos los creyentes en Él.     Por eso San Pablo dice en el capítulo 6 de Primera de Corintios: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles?” Por lo tanto, Cristo cuando se siente en el Trono de Su Padre, se sentará como Rey, como León de la tribu de Judá y como Juez, por eso juntará o reunirá delante de Él todas las naciones, como dice el capítulo 25 de San Mateo, y las juzgará, pondrá a su derecha a las naciones representadas en ovejas, y a la izquierda pondrá las naciones representadas en cabritos, y a las que están representadas en ovejas las colocará en Su Reino, y las que están representadas en cabritos las echará al fuego, al fuego del infierno preparado para el diablo y sus ángeles (capítulo 25, versos 31 al 46 de San Mateo).     Y ahora, cuando Cristo esté como Rey en la tierra en Su Trono, las cosas van a ser favorables para todos los creyentes en Cristo; ya las cosas, todas, estarán en las manos del Señor, el reino terrenal le pertenecerá al Mesías Príncipe, ya será quitado de las manos del enemigo de Dios que se lo arrebató a Adán y a Eva unos seis mil años atrás.     Ahora, el Reino de Dios en la Tierra será restaurado no solamente el Reino de David a nivel del territorio de Israel, sino el Reino de David sobre todas las naciones también, y bajo la corona del Rey, del Mesías, reinarán los reyes de esas naciones que entrarán al Reino del Mesías.     “EL REY CABALGANDO SOBRE UN POLLINO.”     ¿Por qué una cosa tan sencilla? Porque vendría en forma humilde en esa ocasión. Encontramos que el rey David tenía una mula, y cuando fueron a coronar a Salomón, el rey David dijo: “Busquen mi mula y monten a Salomón mi hijo sobre ella, y proclamen a Salomón rey,” y se sonaba la trompeta. “Y toquen las trompetas,” eso nos habla de la fiesta de las trompetas, y nos habla (eso es de Levítico, capítulo 23, verso 24 al 25)... y nos habla también de la gran Voz de trompeta o trompeta final que antecede a la resurrección de los muertos en Cristo y a la transformación de los que vivimos, “porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero, resucitarán incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados,” esa es la promesa para todos los Creyentes en Cristo.     Por lo tanto, para este tiempo final hay una bendición muy grande, miren, luego de la enterada triunfal de Cristo a Jerusalén, en el capítulo 23 miren lo que Él dice... capítulo 23, versos 37 al 39, dice:     “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!     He aquí vuestra casa os es dejada desierta.     Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.”     Se repetirá. Ya había entrado a Jerusalén, su entrada triunfal y ahora está diciendo que lo van a ver hasta que digan: “Bendito el que viene en el Nombre del Señor.” Eso corresponde a la segunda Venida de Cristo. Por eso en Apocalipsis, nos habla tanto del león, del Ángel Fuerte clamando como cuando ruge un león, y siete truenos emitiendo sus voces, la Voz de Cristo como León, como Rey y como Juez.     Y ahora, esto está ligado a la segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, por lo cual Cristo viene con el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero donde están escritos los nombres de todos los creyentes en Él, todos los que lo han recibido como Salvador; viene para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.     Por lo tanto, el ciclo divino en que estuvo Jesucristo sobre la tierra en Su ministerio de tres años y medio, se estará repitiendo en este tiempo final, y por consiguiente se repetirán todas esas cosas que sucedieron allá; pero ya Él como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, como Hijo de David heredero al Trono de David.     “EL REY CABALGANDO.”     Ahora, vamos a ver algo muy importante, porque así como vino esa bendición para Israel, recuerden, estas cosas también tendrán un cumplimiento en la esfera espiritual para los creyentes en Cristo.     Vamos a ver un lugar que nos habla de algo que en lo espiritual estará en el Día Postrero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo llevándose a cabo; dice el reverendo William Branham en el mensaje: “¿Cuál es la Atracción en el Monte?” página 18 en español, párrafo 119, dice:     “¡Oh! Habrá una verdadera Lluvia Temprana y tardía en los últimos días sobre ese pequeño grupito que lo acompaña (o que lo acompañaba) cuando venía sobre este asno insignificante, humilde y sin duda, sin denominación, clamando: hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor. ¿Qué pasa hoy? ¿Cuál es la atracción en el monte?”     Para este tiempo final bajo la Lluvia Temprana y Tardía, las dos lluvias de enseñanza, la lluvia de la enseñanza del Evangelio de la Gracia y la lluvia de la enseñanza del Evangelio del Reino, la lluvia de la enseñanza del Evangelio de la Gracia que es la Lluvia Temprana, gira alrededor de la primera Venida de Cristo como Cordero de Dios, llevando a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario; y la Lluvia Tardía gira alrededor de la segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.     Por lo tanto, para el Día postrero habrá un grupo, no grande, que estará recibiendo la Lluvia Tardía y la Lluvia Temprana, las dos lluvias a la misma vez, dos lluvias de enseñanza: Evangelio del Reino y Evangelio de la Gracia. Por lo tanto, ese grupo va a ver la repetición de esa profecía, estamos en el tiempo en que esa profecía se hará una realidad en medio del pueblo de Dios.     Ahora, encontramos que para los días de Jesús y de Juan el Bautista también y de Moisés también en su tiempo y de otros hombres de Dios, cuando llegaba el tiempo para una bendición mayor para la persona, para Dios coronar ese ministerio de esa persona, su ministerio llegaba a una etapa que parecía ser la más débil y parecía que ese ministerio iba a desaparecer, y es estando en esa etapa que parecía ser la más débil de todas, Dios coronaba ese ministerio.     Así fue en el pasado, vean, Juan el Bautista, vean también a Jesús en su etapa más difícil, pero vean, fue coronado Su ministerio, fue coronado Él en el Cielo, fue coronado, se sentó a la diestra de Dios en el Cielo; y encontramos también a San Pablo, llegó una etapa tan débil en su ministerio, que decía: “Demas me ha dejado, y Alejandro el calderero me ha causado muchos males,” y así por el estilo, San Pablo se había quedado solo y mandaba a buscar algunos de los ministros compañeros que lo conocían, para que lo acompañaran.     Cuando el ministerio llega a una etapa en que parece muy débil, como que va a desaparecer ya ese ministerio, Dios lo corona: Que sea así en este tiempo final, y va a ser así. Por lo tanto, manténganse cada uno de ustedes firme en el Evangelio de Cristo, nunca dejen a Cristo, Cristo dice: “El que me confesare, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Mas el que me negare, yo le negare delante de mi Padre que está en los cielos.”     Nunca se aparte de Cristo, apartarse de Cristo significa apartarse de la Sangre que limpia al ser humano de todo pecado, significa apartarse del nuevo Pacto y de la Sangre del nuevo Pacto que es la Sangre de Cristo.     Cristo mismo dijo que la Sangre suya era la Sangre del nuevo Pacto allá en la última cena que tuvo con Sus discípulos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29; apartarse de Cristo es apartarse de la Vida eterna, apartarse de Cristo es apartarse de Dios.     Por lo tanto, manténgase firme en Cristo, nunca niegue a Cristo, nunca niegue el Evangelio de Cristo, nunca niegue las cartas apostólicas que contienen la explicación también de las doctrinas del Cristianismo.     Manténgase firme creyendo la Palabra de Dios, creyendo en el Evangelio y siguiéndole y sirviéndole todos los días de vuestra vida, “y no temáis manada pequeña porque al Padre le ha placido daros el Reino,” dice Cristo a los creyentes en Él.     Si alguien trata de apartarlo del camino de Cristo, no le preste atención, si no lo puede ayudar para que se encamine nuevamente en el camino de Dios, pues entonces déjelo tranquilo y no le preste atención a quien trate de apartarlo del camino de Dios; y nunca tropiece en nada y por nada en su vida. Siga a Cristo no importa los problemas que le vengan a las Iglesias, como le vinieron en el tiempo de Jesús y de los apóstoles.     Seguir a Cristo significaba la muerte para los creyentes en Cristo, para los apóstoles a los cuales mataron, excepto a Juan el apóstol. Pero San Pablo decía: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.”     Por lo tanto, nunca se aparte de Cristo, manténgase sirviendo a Cristo todos los días de vuestra vida, si alguien trata de apartarlo del camino de Dios, del Programa de Dios para nuestro tiempo, no le preste atención.     Es importante que sepa usted cómo actuar cuando vienen esas persecuciones y cuando vienen momentos difíciles. Recuerden que el reverendo William Branham dijo que la Tercera Etapa en la cual Dios en toda Su plenitud se manifestará, vendrá, será en una Gran Carpa-Catedral, y también será en un tiempo en el cual vendrá una apretura para los creyentes en Cristo.     Por lo tanto, esas cosas acompañan a esa Tercera Etapa que vendrá en una Gran Carpa-Catedral, fue hablada por el reverendo William Branham porque él en visión vio esa Gran Carpa-Catedral muchos años atrás, y por consiguiente se va hacer una realidad en algún lugar, y habrá personas, ministros y congregaciones que estarán respaldando ese proyecto divino, estarán respaldando con sus oraciones y colaborando en todas las formas para que se haga realidad la Visión de la Carpa, estarán orando para que Dios realice lo que Él prometió.     Estamos en un tiempo muy, pero que muy importante en el Programa Divino. Manténgase trabajando en la Obra del Señor, manténgase trabajando en el Programa de Dios para nuestro tiempo y manténgase fiel a Cristo todos los días de vuestra vida, y evangelizando, llevando el Evangelio de Cristo para que así Cristo llame y junte todas sus ovejas hasta la última oveja del Señor.     Y cuando terminemos nuestros días en la tierra, los que estemos vivos en Su Venida y en la resurrección de los muertos en Cristo, pues seremos transformados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Por lo tanto, estemos firmes con Cristo, Él para este tiempo se convertirá en el León de la tribu de Judá cuando termine Su Obra de Intercesión en el Cielo y por consiguiente haya entrado a Su Cuerpo Místico de creyentes hasta el último elegido, hasta el último que formaría parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.     Es importante que toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo si todavía no lo ha recibido como Salvador, lo reciba para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona el nuevo nacimiento, y así nazca en el Reino de Dios.     Por lo tanto, si hay alguna persona presente, puede pasar al frente y estaremos orando por usted, y el reverendo José Benjamín Pérez estará orando por ustedes, y en cada país también pueden pasar a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estará efectuando el reverendo José Benjamín Pérez.     Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar en el llamamiento y en la oración por los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en Puerto Rico y en todas las naciones.     Que Dios les continúe bendiciendo, y para el fin de semana estaré en Villahermosa con los ministros también que van a estar allá ese fin de semana.     Que Dios les bendiga y les guarde, y con ustedes dejo al reverendo José Benjamín Pérez para que ore por ustedes y por todos los que a través del satélite Amazonas están conectados con esta actividad.     “EL REY CABALGANDO SOBRE UN POLLINO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter