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Mis saludos para todos los ministros internacionales en este Congreso Internacional de Ministros, y también a todos los ministros nacionales y los ministros también que se encuentran en otras naciones en estos momentos y a sus congregaciones; y quiero expresar un especial saludo al doctor Luis Felipe Graham Zapata aquí presente y también a mi amigo, Licenciado Máximo Moscoso Pintado, director de asuntos religiosos del Estado de Tabasco, y también a todos ustedes amigos y hermanos presentes en esta ocasión.     Y quiero expresar también mi aprecio y agradecimiento a la Iglesia La Voz de la Piedra Angular aquí en Villahermosa, y a su pastor, su ministro, reverendo Andrés Cruz Gallego por acoger este Congreso Internacional de Ministros y por el amor y cariño que esta Iglesia y su pastor le ha expresado a todos estos ministros internacionales que se encuentran aquí presentes. Ha sido un éxito este congreso de ministros, así tienen que estar los ministros: bien unidos para trabajar por el bienestar de la humanidad.     Para esta ocasión conmemoramos el día más importante, el día de más beneficio, el día de gloria, un día de gloria, el día de la resurrección del Señor Jesucristo, el primero que se levantó de los muertos para no morir, porque hubo otros tiempos en donde se levantaron de entre los muertos personas, los cuales resucitaron, pero luego volvieron a morir, pero Jesucristo se levantó de entre los muertos para nunca más morir, permanece vivo y joven como cuando subió al Cielo.     Ahora, veamos con la Escritura este evento tan importante y el beneficio que ha traído y traerá para generaciones venideras; capítulo 28 de San Mateo, versos 1 al 10 nos dice la historia de este importante evento en la vida de Jesucristo:     “Pasado el día de reposo,  al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.     Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.     Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.     Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.     Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.     No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.     E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.     Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,     he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.     Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “JESUCRISTO HA RESUCITADO.”     Esa es la proclama más grande que se haya dado en este planeta Tierra, la resurrección de un hombre, resucitado para vivir eternamente en ese cuerpo que ha resucitado.     Ahora, ya que esto ocurrió con el Señor Jesucristo y vive y vivirá eternamente Jesucristo en ese cuerpo que resucitó glorificado, ¿quién es entonces Jesucristo? Para algunas personas Él fue un profeta, para otras personas Él fue el profeta Elías, para otros fue Juan el Bautista que había resucitado y que por esa causa hacía esos milagros, para otros fue un revolucionario el cual consolaba a los pobres, por lo tanto viene a ser visto como un populista; y para otros líderes religiosos fue un falso profeta, un hombre que decían que tenía demonios, que era un endemoniado y que era una persona no grata, amigo de publicanos y de rameras, de personas de una baja categoría.     Pero para otros, como para San Pedro cuando Jesucristo pregunta: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo de Hombre?” Cada uno dijo la opinión que hubo en medio del pueblo. Pero luego Jesús pregunta a Sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?” Pedro dice: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús le dice: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre.”     ¿Por qué no se lo pudo revelar carne ni sangre? Pues la opinión de los seres de aquel tiempo, tanto líderes religiosos en su mayoría y de gente del pueblo, gente de diferentes posiciones en la sociedad, la mayor parte de ellos tenía una opinión muy mala acerca de Jesús.     Por lo tanto, la opinión religiosa de aquel tiempo no era favorable para Jesús, por lo tanto, por medio de la opinión religiosa Pedro no podía saber que aquel hombre, aquel joven llamado Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.”     Como sucedió también en el caso de Natanael, al cual Cristo le dice: “Cuando estabas debajo de la higuera, te vi.” Y él le pregunta a Jesús: “Señor, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel.” Todo eso fue por revelación del Cielo que vino a estas personas, pues de otra forma ellos no podían saber quién era ese joven que nació en Belén de Judea y se crió luego en Nazaret.     Y ahora, dos mil años después la pregunta es: ¿Quién dice usted que es Jesucristo? Porque lo que pensaron o dijeron otros fue importante, y eso coloca a la persona en lo que será el futuro de ellos; lo que creyeron acerca de Cristo, trae o positivo o negativo para el futuro eterno de la persona.     Ahora, ¿quién era Jesucristo? En San Juan, capítulo 1, versos 1 en adelante nos dice:     “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.     Este era en el principio con Dios.     Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.     En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (sigue diciendo).     La luz en las tinieblas resplandece (y sigue diciendo), y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”     Y luego habla acerca de otro hombre; todo esto que ya les he citado habla de Jesucristo como el Verbo, ¿qué es el Verbo? La Palabra, el Verbo, el Ángel del Pacto que le había aparecido a Moisés, el Verbo, la imagen del Dios viviente, en palabras más claras el cuerpo angelical de Dios.     Ahora, veamos el verso 14, dice:     “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”     Jesucristo es el Verbo hecho carne, o sea, el Ángel del Pacto hecho carne, el Ángel de Dios; de eso nos da testimonio también el profeta Malaquías cuando nos dice en el capítulo 3 de Malaquías, verso 1 al 2, dice:     “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor.”     Ahora, nos habla que enviará Su mensajero, ¿quién va a enviar Su mensajero? Aquél que va a venir después de Él; ese mensajero es reconocido como Juan el Bautista, el cual vino con el espíritu y virtud de Elías como estaba profetizado aquí en Malaquías, y como el Ángel Gabriel le dijo al sacerdote Zacarías cuando le apareció y le dijo que iba el sacerdote Zacarías a tener un hijo, y le dio hasta el nombre que le tenía que poner: Juan.     La esposa de Zacarías que era descendiente de Aarón, era de las hijas de Aarón, era estéril y ya estaba avanzada en edad, por eso Zacarías dijo: “¿Cómo será esto? Mi esposa ya es vieja (o sea, mayor de edad), ¿cómo va a ser esto? O sea, esto es inconcebible, no puede ser,” el Ángel le dice: “Por cuanto dudaste, vas a quedar mudo hasta que sea cumplido lo que yo te he dicho,” y le dijo: “Yo soy Gabriel que estoy delante de la presencia de Dios.” (San Lucas, capítulo 1, verso 1, ahí lo encuentra).     Y ahora, Malaquías dice que vendría ese mensajero, y el Ángel Gabriel le dice al sacerdote Zacarías que ese mensajero va a ser un hijo que él va a tener, pero ya está anciano Zacarías, mayor, muy avanzado en edad y como dicen acá, ‘grande,’ y su esposa también mayor de edad, fuera del tiempo de tener niños y para colmo estéril.     Y ahora, tuvieron el niño, también luego le aparece el Ángel Gabriel a la virgen María seis meses después y le da la buena noticia de que ella va a concebir y va a tener un niño y le da hasta el nombre que le tiene que colocar al niño: le colocará por nombre Jesús, y le dice que Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre Israel para siempre y Su Reino no tendrá fin, San Lucas, capítulo 1, verso 30 al 36.     Ahora, vean quién es ese niño, vean quién es Jesucristo: es el heredero al Trono de David y al Reino de David, es el heredero al Reino de este planeta Tierra; pero el Reino de este planeta Tierra es algo pequeño, muy pequeñito comparado con algo que Él dijo, y recibir el Reino de este planeta Tierra para gobernar sobre el planeta Tierra es lo más grande que una persona podría recibir aquí en la Tierra en términos políticos.     Cristo siendo el Verbo que era con Dios, o sea, el Ángel del Pacto, veamos algo más aquí en Malaquías para que podamos comprender el misterio de Dios el Padre y de Cristo, como dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3. Estábamos leyendo acerca del precursor, del que le prepararía el camino al Señor:     “Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”     ¿Quién vendría? ¿A quién le prepararía el camino ese mensajero? Le prepararía el camino al Señor y al Ángel del Pacto; el Señor, Dios el Padre y al Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés. El Ángel del Pacto es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios. Por esa causa es que Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, podía decir:     “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.     Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”     Cualquier persona que hable estas cosas le podrían decir lo mismo, porque Abraham llevaba ya cientos de años de haber muerto y ahora Jesús dice que es antes de Abraham, que Él es antes de Abraham, ¿cómo se entiende esto, ya que son palabras de Cristo y son una verdad divina?     Cristo en Su cuerpo de carne tenía unos 30 a 33 años cuando está hablando estas cosas.     ¿Pero cómo una persona que es nacida en la Tierra tiene de 30 a 33 años de edad puede decir que era antes que Abraham? Sencillo: es que Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, lo cual es el cuerpo angelical de Dios, y dice la Escritura: “Y aquel Verbo fue hecho carne,” o sea, el Verbo, el Ángel del Pacto se hizo carne, el cuerpo que nació de la virgen María es ese cuerpo de carne que se hizo el Verbo, se creó el Espíritu Santo un cuerpo en el vientre de la virgen María, el cual célula sobre célula fue creciendo hasta que llegó al tiempo de su nacimiento.     El velo de carne tenía cierta cantidad de años, pero el cuerpo angelical de Dios que estaba dentro de Jesús es llamado el Ángel del Pacto, también es llamado el Espíritu Santo. Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.     Y ahora, antes que Abraham, antes de Abraham dice Cristo: “Antes de Abraham, antes que Abraham, Yo soy.” ¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? En Su cuerpo angelical, era el Ángel del Pacto que era antes que Abraham, era antes que Adán también y era antes que toda la creación. Dice la Escritura:     “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.     Este era en el principio con Dios.     Todas las cosas por él fueron hechas.”     Fueron por medio de Cristo, el Ángel del Pacto que Dios creó el Universo completo. Fue por medio de ese cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, que Dios creó todas las cosas, habló por medio de Él a existencia todas las cosas; para más información en Colosenses, capítulo 1, verso 1 al 24, nos da detalladamente ese misterio de Jesucristo.     Por eso es que Jesucristo también dice: “El Padre y Yo una cosa somos.” Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, era nada menos que Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Isaías, capítulo 7, verso 14). Y en el libro o Evangelio según San Mateo también nos dice en el capítulo 1, verso 23:     “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”     Era Emanuel, era Dios con nosotros en medio de la raza humana en un cuerpo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso. Dios hizo a Jesús, según dice San Pedro lleno del Espíritu Santo en el libro de los Hechos, capítulo 2, dice que Dios lo ha hecho Señor y Cristo (libro de los Hechos, capítulo 2, verso 36).     Dios ha hecho a Jesús Señor y Cristo, ¿y qué significa que lo ha hecho Señor y Cristo? Señor: Dios Padre, y Cristo: el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo; por eso en Jesús estaba la plenitud de la Divinidad que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, por eso decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” era Dios en Jesucristo, y por eso también decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido,” y comenzó a decir para lo cual había sido ungido, y entre las cosas que dijo para las cuales había sido ungido, dijo: “Para predicar el año de la buena voluntad del Señor.”     En Jesús estaba Dios el Padre, y en Jesús estaba el Espíritu Santo, por eso estaba la plenitud de la Divinidad, era Emanuel, Dios con nosotros en medio de la raza humana caminando en un cuerpo de carne llamado Jesús, Dios identificándose con la raza humana para reconciliar la raza humana con Dios por medio de esa manifestación en ese cuerpo de carne llamado Jesús.     Dios estaba en Cristo, y todavía está, y estará eternamente. Cristo tomó nuestros pecados, por eso fue que pudo morir, por eso Él decía: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mi mismo para volverla a tomar.” Él volvería a tomar la vida, volvería a vida física, pero al resucitar, resucitó cuerpo glorificado porque así será la resurrección también de todos los muertos creyentes en Cristo, serán resucitados en cuerpos glorificados, eternos, inmortales y jóvenes para toda la eternidad.     Así también resucitó Jesucristo, por eso fue que María Magdalena y otras personas no lo reconocían cuando resucitó, y mucho menos por cuanto lo vieron todo desfigurado en la Cruz del Calvario, y ahora que aparezca un joven diciendo que Él es Jesucristo, era inconcebible para la mente humana.     María Magdalena no lo conocía y Él le dice: “María,” y cuando le dice: “María,” ahí lo reconoció, de seguro dijo: “María,” como en otras ocasiones la había llamado por su nombre; también los caminantes a Emaús, los caminantes de Emaús no lo reconocían e iba con ellos caminando y hablándoles la Escritura; hubo un cambio en Su cuerpo como habrá un cambio en los cuerpos de los que vivieron en la Tierra creyentes en Cristo y murieron: cuando resuciten, resucitarán en cuerpos jóvenes, inmortales, incorruptibles, cuerpos glorificados como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo.     Por eso si usted tiene un familiar que murió y era creyente en Cristo y era anciano o anciana, recuerde, cuando regrese en la resurrección será una persona joven que representará de 18 a 21 años de edad; eso está prometido para todos los creyentes en Cristo, y está prometido que será para el Día postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.     Cristo es el que ha prometido resucitar a los creyentes en Él que mueran creyendo en Cristo, y a los vivos ha prometido la transformación para ser jóvenes, inmortales con cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo.     Esto será así porque Cristo Jesús resucitó de entre los muertos y por consiguiente Su cuerpo es inmortal; fue hecho mortal cuando tomó el pecado de la raza humana para poder morir y llevar los pecados del ser humano, ¿a dónde? Al infierno y regresarlos al diablo, a Satanás que es el príncipe del infierno, es el príncipe de las tinieblas, del reino de las tinieblas.     Por eso cuando Cristo murió y fue sepultado, en Espíritu y alma Cristo estaba en el infierno en una batalla allá regresando los pecados del ser humano al diablo que fue el originador del pecado, y tomó las llaves del infierno y de la muerte, se las quitó al diablo, salió del infierno, pasó por el Paraíso donde estaba Abraham, Isaac y Jacob y los santos del Antiguo Testamento, y los resucitó con Él el domingo de resurrección. Por eso hoy estamos conmemorando el día más glorioso para la raza humana, el día no solamente de la victoria de Jesucristo sino de la victoria de la raza humana.     En los días de Jesucristo, cuando Él murió, toda la humanidad tenía que morir, pero el pecado de los seres humanos, de toda la humanidad fueron colocados en Cristo; Él tomó nuestros pecados y por eso se hizo mortal y murió, y gracias a que Él murió, los pecados de la humanidad fueron quitados de la humanidad y pudo la humanidad continuar existiendo.     Recuerden que Jesucristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda.” Si Él no moría porque no tenía pecados, entonces todos los seres humanos tenían que morir porque todos tenían pecado, y Jesucristo estaría caminando por la Tierra pero sin tener con quién hablar, no habría momentos de reuniones con personas, estaría solo, ¿le gustaría a usted estar en un planeta solo? ¿Qué va hacer? No tendría sentido la vida suya, si lo colocan en Júpiter allá para que viva allá, pero solo.     Así pasa con Jesucristo, pero Él dijo: “Pero si el grano de trigo cae en tierra y muere, mucho fruto lleva,” o sea, muchos hijos e hijas de Dios vendrían en ese programa que está tipificado en el grano de trigo.     Una persona puede tomar un grano de trigo y decir, uno que sepa, un agricultor, puede decir: “Yo tengo aquí una planta de trigo con muchos granos de trigo, y también tengo muchas plantas de trigo con muchos granos de trigo,” ¿qué le van a decir: “Tú estás loco,” pero lo siembra, nace una plantita de trigo, echa mucho trigo, recoge todo ese trigo y dice: “¿Ves? Yo te dije que tenía una planta de trigo, mírala ahí, y mira muchos granos de trigo: los tengo aquí. Ahora, te dije también que también tenía muchas plantas de trigo y muchos granos de trigo, y te lo voy a probar.”     Siembra todos esos granos de trigo, nacen esas plantas de trigo y producen muchos granos de trigo y le dice: “Ven ahora para que veas las plantas de trigo que yo te dije que había en aquel granito de trigo: aquí las tienes, y te dije que tenía también muchos granos de trigo: aquí los tienes, mira todas las plantas de trigo tienen muchos granos de trigo, y los voy a cosechar.”     Con un solo grano de trigo se llena el planeta Tierra de muchas plantas de trigo y muchos granos de trigo para alimentar toda la humanidad. Tan simple como eso, pero tiene un proceso; el que conoce el proceso puede visualizar todo el potencial que hay en un grano de trigo; eso fue lo que Cristo está mostrándole a Sus discípulos, el potencial que está en Él para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios.     Adán tuvo la oportunidad, Adán y Eva, y la perdieron; luego de pecar se reprodujeron pero en muchos hijos e hijas con vida temporera, y eso es lo que heredamos nosotros: vida temporera, viene esa herencia de Adán y Eva, pero con Vida eterna solamente a través de Cristo es la reproducción; por eso es que es necesario entender las palabras que Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios,” o sea, no lo puede entender, lo puede entender el que es creyente en Cristo nacido de nuevo, y luego como no lo comprendió lo que le dijo, le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios,” y toda persona desea entrar al Reino de Dios.     Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, escuchar y creer en Cristo y recibirlo como Salvador, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo y así nace como una nueva criatura en el Reino de Cristo, nació a la Vida eterna, y luego en la resurrección de los muertos en Cristo obtendrán el cuerpo físico eterno, y en la transformación de los que estén vivos recibirán el cuerpo eterno y glorificado para vivir eternamente como descendientes del Segundo Adán que es Jesucristo, y la segunda Eva que es la Iglesia del Señor Jesucristo.     Nadie puede nacer de nuevo, nadie puede nacer en el Reino de Dios fuera de la Iglesia del Señor Jesucristo, nadie puede nacer de nuevo en el Reino de Dios a menos que sea a través de Cristo y Su Iglesia, porque Su Iglesia, representada en la planta de trigo, y Cristo representado en el grano de trigo, son los que producen muchos granos de trigo, mucho fruto, muchos hijos e hijas de Dios.     Y ahora, Cristo ha resucitado de los muertos para vivir eternamente, sentarse en el Trono de Dios, lo cual Él dijo que iba a suceder, recuerden que en una ocasión allá cuando está siendo juzgado por el concilio del sanedrín, le pregunta el sumo sacerdote si Él es el Hijo de Dios... vamos a ver, capítulo 26 de San Mateo, verso 63 al 65:     “Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.     Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”     Y ahora, Jesucristo aquí dice que será visto el Hijo de Hombre viniendo en las nubes y será visto el Hijo de Hombre, será sentado el Hijo de Hombre en el Trono de Dios, se sentará a la diestra de Dios, ¿y habrá ocurrido eso? También en San Lucas, capítulo 19, verso 11 al 12, dice:     “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.     Dijo, pues: Un hombre noble (recuerden que este hombre noble es Jesucristo por cuanto Él pertenece a la dinastía del rey David, un descendiente del rey David, era un Príncipe)... un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.”     Se va al Cielo cuando resucita, en cierto tiempo sube al Cielo para recibir un Reino, Él se sentaría a la diestra de Dios en el Trono celestial del Reino celestial que controla, que gobierna todo el Universo. Y ahora veamos si se sentó o no en el Trono: Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:     “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.     Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”     ¿Se sentó o no se sentó en el Trono celestial? Se sentó en el Trono celestial. Y ahora, se sentó en el Trono del Padre que es el Trono celestial, y ahora al vencedor Él dice: “Le daré que se siente conmigo en mi Trono.” El Trono del Padre es el que está en el Cielo, y el Trono de Cristo es el Trono de David que Él va a tomar, a reclamar en el tiempo final para sentarse sobre el Trono de David y reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.     Y ahora, podemos ver claramente también lo que vio uno de los seguidores de Cristo; allá en el libro de los Hechos nos habla de un seguidor de Cristo llamado Esteban, el cual fue apedreado, Saulo de Tarso estuvo allí presente y él estuvo de acuerdo con que apedrearan a Esteban.     Esteban cuando estaba muriendo allí en el capítulo 7 del libro de los Hechos, vean lo que sucedió, capítulo 7, verso 53 en adelante, dice:     “Vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.     Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.     Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,     y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.”     Esteban también lo vio sentado a la diestra de Dios en el Cielo antes de morir. Que toda persona tenga la visión que tuvo Esteban, que podamos ver que Jesucristo está sentado a la diestra de Dios allá en el Trono de Dios, y que es el que ha heredado el Reino de Dios, ha heredado toda la creación porque toda la creación fue hecha por Él y para Él (eso nos dice Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3).     Por lo tanto, todos tenemos que tener la visión de quién es Jesús y dónde está Él: Él está en el Cielo en el Trono de Dios. Recuerden que es importante tener una visión clara de quién es Jesucristo para poder comprender la bendición tan grande que es la resurrección de Cristo dos mil años atrás.     Y ahora, toda persona tiene el privilegio, el derecho, la oportunidad y bendición de tener un Redentor, un Salvador que es el Señor Jesucristo, el cual perdonará sus pecados y con Su Sangre lo limpiará de todo pecado, será bautizado en agua en el Nombre del Señor, y Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona entrará al Reino de Dios para vivir en el Reino de Dios por toda la eternidad.     Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores y está sentado en el Trono celestial de Dios, por eso fue que cuando Él estuvo hablando antes de partir al Cielo, dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Y si todo poder le ha sido dado en el Cielo y en la Tierra, ¿qué poder le ha sido dado? Le ha sido dado el Trono, ha sido colocado en el Trono de Dios como Rey de reyes y Señor de señores, porque el que está en el Trono es el que tiene el poder, eso es indiscutible.     Y ahora, Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores, por eso en Apocalipsis, capítulo 19 aparece como Rey de reyes y Señor de señores. Es importante estar conscientes de quién es Jesucristo, la obra que Él ha llevado a cabo de redención en la Cruz del Calvario, con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes y reinaremos con Él sobre la Tierra.     Es importante que todo ser humano sepa que hay un Redentor que murió en la Cruz del Calvario dos mil años atrás, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga Vida eterna. La única forma en que el ser humano puede obtener la Vida eterna es a través de Jesucristo, no hay otra forma en que usted puede obtener la Vida eterna, y no puede buscar otra forma porque la Escritura dice: “Porque no hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos,” no hay otro nombre, y si no hay otro nombre, solamente hay uno, y ese Nombre es: Señor Jesucristo. “Dios nos ha dado Vida eterna,” dice Primera de Juan, capítulo 5.     Y ahora, si Dios nos hadado Vida eterna, si Dios le ha dado Vida eterna al ser humano, todos queremos la Vida eterna; los conquistadores españoles estaban buscando la fuente de la juventud, por consiguiente estaban buscando la Vida eterna, y estaban buscándola en algún riachuelo o algún río, pero no la encontraron, porque la Vida eterna vean dónde está y cuál es: dice Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13:     “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.     Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”     ¿Dónde está la Vida eterna la cual todo ser humano quiere? Está en Jesucristo el Hijo de Dios:     “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”     O sea, el que tiene el Hijo de Dios: a Jesucristo, tiene la Vida eterna, y el que no tiene a Jesucristo porque no ha creído y no ha recibido como Salvador a Cristo, pues no tiene la vida, no tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar en algún momento, ¿y después qué va a hacer?     “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”     La buena noticia es que tenemos Vida eterna porque hemos creído en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, porque Él resucitó de entre los muertos dos mil años atrás el domingo de resurrección, para sentarse a la diestra de Dios y otorgarle Vida eterna a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante).     Y ahora, ustedes que me escuchan aquí presentes y los que están en otras naciones, ustedes están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, ustedes están escritos en el Libro de la Vida, por esa causa han venido para escuchar la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo en este domingo de resurrección.     Por eso es que usted está escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz.” Ahora, la segunda parte de la identificación es: “Y me siguen.”     Por lo tanto, cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo nace la fe de Cristo en su alma, porque la fe viene por el oír, el oír ¿qué? El oír el Evangelio de Cristo, la Palabra de Dios, “y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”     Ya usted creyó porque nació la fe de Cristo en su alma, ya usted ha creído, y ahora tiene la oportunidad si no ha recibido a Cristo como Salvador todavía, tiene la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador en estos momentos, dando testimonio público de su fe en Cristo para que así Cristo lo reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente allá donde se encuentran para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo en esta ocasión dentro de algunos minutos.     Recuerden que recibir a Cristo como Salvador es un asunto de Vida eterna: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna,” es para recibir la Vida eterna que recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.     El ser humano hace muchas decisiones en la vida, y entre ellas muchas importantes, pero ninguna decisión que el ser humano hace en la Tierra lo coloca en la Vida eterna, excepto una, una sola decisión en la vida del ser humano coloca al ser humano en la Vida eterna, y es la decisión de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.     Le toca al ser humano recibirlo como Salvador porque tiene libre albedrío, por lo tanto, le toca al ser humano esa parte, esa decisión; la parte más difícil la hizo Cristo en la Cruz del Calvario: morir por nosotros para redimirnos, para reconciliarnos con Dios, y ahora a nosotros nos toca aceptar, aceptar lo que Él hizo, creer en lo que Él hizo para nuestra salvación.     “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene Vida eterna y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida” (San Juan, capítulo 5, verso 24), son palabras de Jesucristo, el cual resucitó el día de resurrección, el día domingo de resurrección que era en ese tiempo el día en que se ofrecía la gavilla mecida a Dios, y Dios la recibía.     Dios tiene mucho pueblo en la ciudad de Villahermosa, y en todo el Estado de Tabasco y en toda la República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final, y también tiene mucho pueblo en toda la América Latina y los está llamando en este tiempo final.     Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante:     “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”     La Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo siendo predicado, y el rebaño, el redil es la Iglesia del Señor Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Pues somos todos nosotros, toda persona que recibe a Cristo como Salvador es una oveja del redil del Señor Jesucristo.     Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dice: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.” Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también.     Cuando estemos ya con el cuerpo glorificado, transformados y estemos en el Reino del Mesías y un poco antes en la Cena de las Bodas del Cordero, entonces comprenderemos lo importante que fue este momento de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.     En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pueden continuar pasando al frente en las demás naciones y aquí también, para dentro de algunos minutos ya oraré por todos ustedes que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y lo han recibido como Salvador y estarán dando testimonio público de vuestra fe en Cristo dentro de algunos minutos. Cristo dijo:     “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le  confesaré  delante de mi Padre que está en los cielos.     Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).     También Cristo dice: “No es la voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos, uno de estos mis hermanos más pequeños;” no es la voluntad de Dios que se pierda una persona, sino que la voluntad de Dios es que toda persona viva eternamente, y por esa causa ha hecho un programa de salvación por medio de Cristo, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador para ser reconciliados con Dios y ser restaurados a la Vida eterna.     Todavía vienen más personas que como ustedes desean vivir eternamente, nació la fe de Cristo en vuestra alma y vienen para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo, “porque no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente hay uno, y ese Nombre es Señor Jesucristo,” de eso es que nos habla San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12, que no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Los que están en otras naciones también puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.     Vamos a dar unos segundos más porque todavía veo que vienen más personas que como ustedes escucharon y nació la fe de Cristo en sus almas y han creído y vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.     Lo más importante para el ser humano es la vida, aún más que la profesión más importante que una persona pueda tener, ¿por qué? Porque sin la vida no vale ninguna profesión, las profesiones son una añadidura a la persona, pero la Vida eterna es lo principal. Sin vida la persona no se puede llevar el dinero que tenía en la Tierra, no se puede llevar la profesión, no se puede llevar nada, por lo tanto lo más importante para el ser humano es la vida. Y si la vida que tenemos es importante y es temporera, cuánto más la Vida eterna.     Por lo tanto, la Vida eterna es lo más importante para el ser humano, y se obtiene gratuitamente a través de Jesucristo. Nadie puede obtenerla en otra forma, solamente a través de Jesucristo nuestro único y suficiente Salvador.     Todavía vienen más personas... con nuestra manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones también, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu resurrección para dar la Vida eterna a todos los seres humanos y para sentarte en el Trono celestial.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Cristo, de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Salvo si cree, y es bautizado en agua en el Nombre del Señor, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego; o condenado si no cree: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo; y el que no creyere, será condenado.” Solamente hay una de dos cosas que la persona puede hacer: o creer o no creer; no creer y ser condenado, o creer y ser salvo y vivir eternamente con Cristo en Su Reino.     El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua, el cual es tipológico, simbólico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; ahí está el simbolismo del bautismo en agua, y al ser bautizados en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.     El ser humano cuando recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.     Por lo tanto, hoy es día de resurrección para usted, para resucitar en el Reino de Dios, resucitar a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, en la fase o etapa en que se encuentra el Reino de Dios que es la esfera espiritual; y después más adelante viene la esfera física que será la glorificación o transformación de nuestros cuerpos para tener cuerpos eternos, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad, iguales a Jesucristo nuestro Salvador, así seremos físicamente también.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Continúen pasando una tarde feliz, o un día feliz, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.     Dejo al reverendo Andrés Crus Gallego para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y los que están en otras naciones también pueden ser bautizados; dejo al ministro también correspondiente en cada nación para que haga en la misma forma. Y que Dios les bendiga y les guarde a todos.     “JESUCRISTO HA RESUCITADO.”

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