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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros y sus congregaciones también, y ministros en otras naciones y sus congregaciones también. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes; es un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.     Para lo cual leemos en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 1 en adelante, donde nos narra lo que aconteció el día de pentecostés, cincuenta días después de la resurrección de Jesucristo, y diez días después que Jesucristo subió al Cielo.     Cristo les había dicho que quedaran en Jerusalén hasta que fueran investidos de poder de lo alto (capítulo 1, versos 1 al 10 del libro de los Hechos); y luego dice el verso 8 del capítulo 1 del libro de los Hechos:     “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.     Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.”     Luego en el capítulo 2, diez días después, dice:     “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.     Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;     y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.     Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.     Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.     Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.     Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?     ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?     Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,     en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,     cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.     Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?     Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.     Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.     Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.     Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:         Y en los postreros días, dice Dios,         Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,         Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;         Vuestros jóvenes verán visiones,         Y vuestros ancianos soñarán sueños;         Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días         Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.         Y daré prodigios arriba en el cielo,         Y señales abajo en la tierra,         Sangre y fuego y vapor de humo;         El sol se convertirá en tinieblas,         Y la luna en sangre,         Antes que venga el día del Señor,         Grande y manifiesto;         Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Nuestro tema es para esta ocasión: “TODO AQUEL QUE INVOCARE EL NOMBRE DEL SEÑOR, SERÁ SALVO.”     El ser humano al venir a este planeta Tierra tiene una interrogante que le causa la angustia existencial, y es que no sabe de dónde ha venido, no sabe porqué está aquí en la Tierra, y no sabe a dónde va cuando muera su cuerpo físico, y tiene una gran preocupación el ser humano, y solamente puede safarse, puede librarse de esa angustia existencial, cuando escucha la predicación del Evangelio y recibe a Cristo como Salvador y obtiene la salvación.     Ahora, para poder entender bien claro el porqué el ser humano es de esa forma, vamos al Génesis, donde dice Dios: “Hagamos al hombre;” el hombre es la corona de la creación de Dios, y por consiguiente de la creación es la parte más importante. Vean las palabras de Dios habladas en el Génesis, capítulo 1, verso 26 al 27:     “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (o sea, imagen, conforme a la imagen de Dios, conforme a esa imagen divina, y conforme a la semejanza divina); y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.     Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”     Y ahora, Dios había dicho: “Hagamos al hombre (¿cómo?), hagamos al hombre a nuestra imagen.” Y también dice: “Conforme a nuestra semejanza,” o sea, a imagen y semejanza de Dios; y cuando aquí nos dice: “Creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó.” No dice: “Y a Su semejanza. ¿Por qué? Cuando se habla de la imagen de Dios, se está hablando del cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel de Dios o Ángel del Pacto, es llamado también el Verbo de Dios, el Verbo del cual dice San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.” Y sigue diciendo esa Escritura:     “Este era en el principio con Dios.      Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.         En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”     Y ahora, nos dice que todas las cosas fueron hechas por el Verbo que era con Dios y era Dios. ¿Y cómo se entiende que era con Dios y era Dios? Sencillamente que era el cuerpo angelical de Dios y era con Dios, porque Dios estaba dentro de ese cuerpo angelical.     La Escritura nos dice en el Antiguo Testamento que muchas personas vieron a Dios cara a cara, lo vieron cuando vieron al Ángel de Dios, un hombre de otra dimensión porque la imagen de Dios es un cuerpo angelical y por consiguiente es de otra dimensión, de la dimensión de los Ángeles, a través de ese cuerpo angelical es que Dios habló a existencia toda la creación, ahí está el origen de la creación, lo cual la ciencia está buscando.     El Verbo que era con Dios y era Dios, encontramos que siempre aparecía en las diferentes ocasiones en forma de fuego, una llama de fuego o en forma de un hombre de otra dimensión. Habló con Adán, habló también con Abraham, habló también no solamente con Abraham, sino que también comió con Abraham; es el mismo hombre del capítulo 14 del Génesis que le aparece a Abraham cuando Abraham regresa de la victoria en contra de cinco reyes con los cuales o sobre los cuales había obtenido la victoria, y cuando regresa con el botín, Abraham paga los diezmos a Melquisedec.     Melquisedec sin padre, sin madre, es nada menos que el mismo Dios en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico, por eso San Pablo nos habla que no tiene ni principio ni fin de días (en el capítulo 7 de Hebreos, hablándonos acerca de Melquisedec); es Rey de paz, Rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo, Sacerdote del Templo celestial.     De ese Orden del Templo celestial ese hombre: Melquisedec, que le apareció a Abraham, es el Sumo Sacerdote de ese Templo celestial, le apareció a Abraham en cuerpo angelical, cuerpo teofánico, una teofanía, un cuerpo que puede aparecer y puede desaparecer porque es de otra dimensión; así es el cuerpo de los Ángeles, pueden aparecer a algunas personas, y desaparecer, y aún más, pueden aparecer a algunas personas y otras que estén presentes no verlo, y a quienes quiere ese Ángel que sea visto, a ese se deja ver.     Esa es la clase de cuerpo de Dios, cuerpo angelical, en ese cuerpo es que Dios se aparecía a los profetas, y por esa causa es que cuando le aparece a algunos profetas, ellos dicen que han visto a Dios cara a cara; por ejemplo, el caso de Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32, en donde pasó toda la noche Jacob luchando con un varón, con un hombre: era el Ángel de Dios, y no lo soltó, y el Ángel le decía: “Suéltame que raya el alba,” tenía que irse, y Jacob le dice: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas.” Así es que hay que agarrarse de Dios bien agarrado hasta recibir la bendición de Dios, y la bendición más grande es la salvación; hay que agarrarse de ese Ángel que se agarró Jacob.     Y ahora, luego Jacob dice que vio a Dios cara a cara y fue librada su alma, y por eso le puso por nombre al lugar donde eso ocurrió: Peniel, porque eso tipifica o representa o significa el rostro de Dios: Peniel.     Y luego en el capítulo 13 del libro de los Jueces, el padre de Sansón: Manoa, y la esposa de Manoa, se encontraron también con el Ángel de Dios, el cual le dijo que iba la señora Manoa a tener un niño, y luego Manoa que no estaba presente en ese momento, ora a Dios para que Dios envíe nuevamente a ese hombre, a ese varón, a ese Ángel, y Dios lo envía y Manoa habla con él y luego lo invita a una comida, y el Ángel le dice: “Yo no comeré de tu pan, pero si tú quieres sacrificar, ofrendar a Dios, sacrificar, ofrécelo a Dios,” y entonces trajo un cabrito preparado, lo colocó sobre una peña y el Ángel con su vara tocó la peña y el fuego consumió el holocausto, el sacrificio, y en esa llama de fuego subió el Ángel, y entonces Manoa dijo... conoció que era el Ángel de Dios y dijo a su esposa: “Hemos de morir.” porque en la Escritura dice, le dice Dios a Moisés: “No me verá hombre y vivirá, no podrá ver mi rostro ningún hombre y vivir.” Y ya Manoa sabía eso, pero la esposa de Manoa le dice: “No vamos a morir, porque si no, no nos haría la promesa de que vamos a tener un niño.”     O sea, por lógica ya ella sabía que no iban a morir. Manoa sabía que era el Ángel de Dios y la señora Manoa también, un hombre que le aparece pero de otra dimensión, y por eso sube en esa llama de fuego y desaparece.     Ese mismo fue el que le había aparecido a Moisés en una llama de fuego también, y le dice: “Yo soy el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.” Y le había dicho también: “Yo soy el Dios de tu padre,” el Dios de Amram, que es el padre de Moisés.     Moisés quiere saber cuál es el Nombre de ese que le aparece y que lo envía a Egipto para libertar al pueblo hebreo, y Él le dice en el capítulo 3 del Éxodo, versos 13 al 16, cuál es Su Nombre, le da cuatro letras: YHWH, cuatro consonantes pero que tienen una pronunciación, es que en hebreo, pues no se colocan las vocales, pero Moisés escuchó la pronunciación, por lo tanto, sabía pronunciar ese Nombre, el Nombre eterno de Dios, el cual es un misterio para los seres humanos.     Y ahora, ese que le aparece a Moisés es Dios, Moisés quería verlo físicamente, y en una ocasión le dice a Dios que lo quería ver, y Dios le dice: “No me verá hombre y vivirá, nadie podrá ver mi rostro y vivir, pero yo voy a colocarte en una hendidura de la roca, voy a colocar mi mano sobre ti y voy a pasar delante de ti proclamando el Nombre (el Nombre de Dios), y cuando haya pasado, quitaré de mi mano de sobre ti y entonces verás mis espaldas.” Él vio a un hombre de espalda, ese era el Ángel de Dios.     A través de la Escritura encontramos que diferentes personas, como Gedeón también, vio un varón, un hombre, le habló y lo envió para que librara a Israel; ese hombre que hablaba con Gedeón era nada menos que el Ángel de Dios, era nada menos que la imagen del Dios viviente, la imagen visible, pero de otra dimensión, y es nada menos que el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto; es llamado también el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Y ese Ángel del Pacto es el que libertó por medio del profeta Moisés al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.     Encontramos que ordenó sacrificar un cordero cada familia hebrea, colocar la sangre sobre el dintel y los postes o marco de las puertas del hogar de cada familia hebrea, y el cordero asado dentro de la casa durante esa noche de la pascua comiendo ese cordero, y cuando pasara Dios para herir a los primogénitos de Egipto, vería la sangre en la puerta de esos hogares hebreos y no entraría la muerte a esos hogares hebreos, y por lo tanto, sería preservada la vida de los primogénitos hebreos que estaban viviendo en esos hogares hebreos.     Pero los egipcios no tenían la revelación de cómo librar la vida de los primogénitos, ni siquiera el faraón tenía ese conocimiento, y cuando a la medianoche pasó la muerte, el Ángel de la muerte, por Egipto, comenzando desde el primogénito del faraón, murieron todos los primogénitos en Egipto, incluyendo los primogénitos de los animales y de los presos y de los esclavos, excepto los primogénitos de los hebreos.     Es que ese cordero pascual tipificaba al Cordero de Dios, al Hijo de Dios, al Mesías que vendría para morir por todos los hijos e hijas de Dios, y así sería preservada la vida, la Vida eterna para los hijos e hijas de Dios, esa es la única forma para preservar la vida de los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.     Recuerden que la Escritura nos habla de los nombres escritos en el Cielo, los nombres de los primogénitos que serían los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, los que creerían en Cristo como su único y suficiente Salvador. Vean en Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante dice:     “Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,     a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.”     Esos primogénitos que están escritos en el Cielo (o en los Cielos) en el Libro de la Vida del Cordero, son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales escucharían la predicación del Evangelio de Cristo, creerían en Cristo, lo recibirían como su único y suficiente Salvador, esos serían los que con la Sangre del Cordero de Dios, que es Jesucristo, del cual Juan el Bautista cuando vio a Jesucristo dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” Él, Jesucristo, con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario, llevaría a cabo la Obra de Redención para la salvación del ser humano, para la salvación y Vida eterna de todos aquellos que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.     Por eso continúa diciendo aquí el apóstol San Pablo, leemos nuevamente:     “A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.”     Los espíritus de los justos son los cuerpos angelicales o teofánicos de los justos, los creyentes en Cristo, dice:     “A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”     La Sangre rociada de Cristo con la cual nos limpia de todo pecado, habla mejor que la sangre de Abel, que fue derramada cuando Abel ofreció a Dios un corderito, y fue derramada esa sangre, y también cuando Caín mató a Abel, y la sangre de Abel fue derramada en la tierra, la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario habla mejor que la de Abel. Es la Sangre que redime al ser humano, que quita el pecado del ser humano y por consiguiente la persona queda justificada ante Dios, como si nunca en la vida hubiese pecado.     Los sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba, tanto desde antes de la liberación del pueblo hebreo de Egipto, recuerden: Abraham sacrificaba a Dios animalitos, Isaac también, Jacob también, los patriarcas también, porque son tipo y figura del Mesías y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.     Luego le es dada la ley al pueblo hebreo y están establecidos estatutos, ordenanzas para el pueblo hebreo, en los cuales están las ordenanzas y estatutos del orden que se tendría en el tabernáculo que le fue mostrado a Moisés en el monte Sinaí, el cual fue construido y fueron restablecidas esas ordenanzas y leyes para el pueblo hebreo, en donde se efectuaba la pascua y luego también se efectuaba el sacrificio de expiación el día diez del mes séptimo de cada año, conforme a Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29.     Ese día diez del mes séptimo de cada año cada persona que se había arrepentido de sus pecados y pedía perdón a Dios por sus pecados, cuando el sumo sacerdote sacrificaba el macho cabrío de la expiación y llevaba la sangre al Lugar Santísimo y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio, y luego hacía o llevaba a cabo las demás cosas que tenía que efectuar en el Lugar Santísimo y entraba también luego con el incensario y colocaba también en el incensario el fuego del altar, y llegaba dentro y esa nube de humo cubría todo el propiciatorio, ahí la presencia de Dios era vista por el sumo sacerdote en esa nube de luz; la luz de Dios se manifestaba allí en medio de los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio de oro, el propiciatorio es la tapa del arca.     El propiciatorio tipifica el Trono celestial de Dios, y al colocar la sangre allí, quedaban perdonados los pecados de todos los hebreos que se habían arrepentido y habían pedido perdón a Dios, y cuando terminaba las labores el sumo sacerdote que venía a ser el intercesor delante de Dios, al llevar la sangre al Lugar Santísimo y colocarla, esparcir con su dedo siete veces sobre el propiciatorio, estaba haciendo ahí la intercesión por el pueblo, cuando terminaba sus labores, salía y proclamaba el Nombre de Dios, y los que se habían arrepentido quedaban perdonados y reconciliados con Dios para vivir un año más.     Era vida temporera, pero tenía que efectuarse eso año tras año hasta que se llevara a cabo un Sacrificio perfecto que quitara el pecado de una vez y quedaran reconciliados para siempre para toda la eternidad, quedaran reconciliados para vivir eternamente en el Reino de Dios.     Ese sacrificio tipificaba el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para con Su Sangre limpiarnos de todo pecado, obteniendo el perdón de nuestros pecados y quedar reconciliados con Dios para toda la eternidad, tan sencillo como eso; y eso es lo que anuncia el Evangelio de Cristo.     Por eso encontramos en San Lucas, capítulo 24, versos 45 en adelante, y vean lo que nos dice:     “Entonces (ya Cristo resucitado, dice) les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.”     Sin el entendimiento abierto para entender las Escrituras, nadie puede comprender las Escrituras, porque este es un Libro divino aunque está escrito por seres humanos inspirados por el Espíritu Santo. La Biblia es el pensamiento de Dios transmitido a los seres humanos a través de los profetas de Dios y por consiguiente para entender la mente de Dios no hay mente humana que lo pueda hacer, tiene que ser que Dios le abra el entendimiento a la persona para comprender los pensamientos divinos expresados en la Biblia.     ¿Cómo va a comprender una persona que con un sacrificio que se efectuaba allá de un animalito los pecados eran perdonados y quedaban cubiertos los pecados con la sangre de ese animalito y quedaban reconciliados para vivir un año más? No se puede eso comprender a menos que la mente de la persona sea abierta por el Espíritu de Dios, y eso es entonces revelación divina. Por revelación divina la persona es que puede entender la Palabra de Dios.     Y ahora, continuemos leyendo:     “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendieran las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.”     Por eso Jesucristo, conociendo las Escrituras, podía decir que al tercer día Él iba a resucitar, Él lo sabía, Él decía: “Destruyan este templo,” pero cuando decía: “Destruyan este templo,” no se refería al templo que estaba allí frente a ellos. El templo siempre tipifica a Cristo, y también tipifica a la Iglesia del Señor Jesucristo y también tipifica al Templo celestial.     Y ahora, Cristo decía: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” muchas personas pensaban que estaba hablando del templo físico que estaba allí presente y le decían a Jesucristo: “En cuarenta y seis años fue construido este templo, ¿y tú en tres días lo vas a levantar?” Pero Él hablaba no del templo físico sino de Su cuerpo.     Recuerden que el cuerpo del ser humano es templo de Dios, dice el apóstol San Pablo, es que el ser humano, como les dije al principio, es a imagen y semejanza de Dios: la imagen es el cuerpo angelical, el espíritu de la persona, y la semejanza física es el cuerpo de carne.     Dios, luego que había creado a Su imagen a Adán, luego más adelante del polvo de la tierra toma y forma un cuerpo físico y coloca a Adán, que es alma viviente y tiene su cuerpo espiritual, lo coloca dentro del cuerpo de carne, y ese cuerpo de carne es la semejanza física, la semejanza de Dios, pero la imagen de Dios es el cuerpo angelical.     Y ahora, continuamos aquí, dice... Cristo sabía que Él iba a resucitar, estaba prometido en la Escritura, y Él lo proclamaba así, por eso fue que cuando fue crucificado y luego fue quitado de la cruz y colocado en el sepulcro de José de Arimatea, los líderes religiosos, los sacerdotes, le hablan a Pilato para que asegure bien y ponga una guardia frente a la tumba, porque Él había dicho que al tercer día iba a resucitar. Pero eso no impidió que resucitara de los muertos, resucitó y está vivo, y vivirá eternamente, y nosotros con Él.     Ahora, continuamos aquí leyendo lo que Cristo les dice:     “...y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”     El arrepentimiento se predica en el Nombre del Señor Jesucristo, y el perdón de pecados se predica ¿en qué Nombre? En el Nombre del Señor Jesucristo, por eso se predica el Evangelio de Cristo conforme a como Él dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, cuando dice:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Los que no creen, se pierden la bendición de la salvación y Vida eterna, la salvación y Vida eterna se predica en el Nombre del Señor Jesucristo porque Él es el único y suficiente Salvador, Él es el único que murió por los pecados del ser humano para así que el ser humano tenga la oportunidad y bendición de obtener la salvación y Vida eterna, porque no hay otro Nombre en el cual podamos ser salvos, no hay otro Nombre dado por Dios en el cual podamos ser salvos, sino en el Nombre del Señor Jesucristo. De eso es que nos habla San Pedro en el capítulo 4, verso 12 del libro de los Hechos: no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Hay solamente un Nombre, y es: Señor Jesucristo.     Y ahora, el arrepentimiento y el perdón de pecados se predica en el Nombre del Señor Jesucristo, por orden del mismo Señor Jesucristo.     Y ahora, a través de la historia del Cristianismo se comenzó a predicar el Evangelio de Cristo el Día de Pentecostés, y se continúa predicando hasta que Cristo complete Su Iglesia, hasta que se complete el número de los que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador y obtendrían por consiguiente el nuevo nacimiento, serían las personas que, al recibir a Cristo como Salvador, luego serían bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en las personas el nuevo nacimiento.     Por eso veamos lo que nos dice en el libro de los Hechos el apóstol Pedro luego de presentar el Evangelio de Cristo, dice en el capítulo 2, verso 32 en adelante dice:     “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.     Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.     Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,     Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.     Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.     Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?     Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.     Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.     Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.     Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.     Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”     Y ahora, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y el verso 47 dice la forma en que permanecían luego ellos; 46 y 47 dice:     “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,     alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia (y el Señor añadía ¿a dónde?) Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Los que han de ser salvos son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo.     Y ahora, vemos el porqué las personas escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, creen en Cristo, son bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en las personas el nuevo nacimiento. Parece algo que surgió allá en Israel y pensaban: “Es una nueva secta religiosa que ha surgido,” y en el tiempo de San Pablo decían que era un camino de herejía, y San Pablo decía: “Conforme al camino que llaman herejía, sirvo al Dios de mis padres.” Pero lo que en un tiempo es llamado herejía, luego más adelante es llamado la verdad absoluta de parte de Dios para bendición del pueblo.     No hay otra forma, no hay otro medio de salvación para el ser humano, el mismo Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otro camino para llegar a Dios, y por consiguiente no hay otro camino para llegar a la Vida eterna, solamente hay uno y ese es Jesucristo.     Ahora vean lo que nos dice aquí, Jeremías dijo en el capítulo 31, versos 31 al 36 que Dios establecería un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no como el pacto antiguo, no como el pacto que había hecho con los padres, sino que sería un nuevo Pacto.     Y ahora, todo Israel sabe que Dios ha prometido hacer un nuevo Pacto, y en el capítulo 26 de San Mateo, Jesucristo habla de ese nuevo Pacto, y dice en el capítulo 26, versos 26 al 29... esto fue en la última cena que tuvo Cristo con Sus discípulos en la víspera de la pascua, dice la Escritura:     “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”     O sea, que en el pan representó, tipificó Su cuerpo físico, Él en una ocasión había dicho: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida en sí mismo, no tiene vida permaneciente en sí.” ahora, veamos, eso sería como se comió el pueblo hebreo el cordero pascual allá en Egipto, y la sangre fue colocada en el dintel y los postes de los hogares hebreos, de la puerta de los hogares hebreos. Ahora, el verso 27 continúa diciendo:     “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;     porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     En el vino tipificó Su Sangre que sería derramada en la Cruz del Calvario para la remisión de los pecados del ser humano.     Y ahora, la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Jesucristo derramada en la Cruz del Calvario, por eso el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 13 y el capítulo 12; en el capítulo 12 nos dijo en el verso 24:     “A Jesús el Mediador del nuevo pacto...”     Si es mediador, es el Sumo Sacerdote, porque el mediador en el tabernáculo y luego en el templo que construyó Salomón, era el sumo sacerdote, el cual entraba al Lugar Santísimo con la sangre de la expiación. Y ahora, el mediador del nuevo Pacto es Jesucristo:     “...y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”     La Sangre rociada de Cristo, es la Sangre del nuevo Pacto con la cual nos limpia de todo pecado, Cristo en el Cielo nos confiesa como personas que lo hemos recibido como su único y suficiente Salvador, recuerden que Él dijo:     “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.     Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).     Y ahora, no hay un tabernáculo, el que construyó Moisés ya no existe, no está, tampoco hay un templo en Jerusalén, fue destruido, el último que hubo fue el que construyó Herodes, y Herodes lo construyó y duró la construcción cuarenta y seis años; el que construyó Salomón no existe, fue destruido por el general romano Tito Vespasiano, y aún antes de eso... el general romano el que destruyó fue el que construyó Herodes, antes de eso había sido destruido el que Salomón construyó, y fue hecha una reedificación, fue hecho otro templo y fue destruido también.     Y ahora después de la destrucción del templo de Jerusalén por Tito Vespasiano en el año ‘70 de la era cristiana, no ha sido construido otro allí, ¿por qué? Porque allí está un templo, dos templos allí del Islam, y nadie se atreve destruir esos templos para construir un templo judío, se formaría una guerra, eso vendrá más adelante con un terremoto, y luego más adelante en el Reino del Mesías ya las cosas van a cambiar, porque el Mesías amará a islámicos y a judíos también.     El mundo árabe es amado por Jesucristo, y el mundo hebreo también, son familia, vienen de Abraham. Por lo tanto, hay una bendición para los musulmanes y hay una bendición para los hebreos. Así que, podemos ver que al venir de Abraham, hay una bendición para ellos. Los problemas que hay allá son problemas de familia, y como problemas de familia hay que saber tratar esos problemas para que haya paz; es el mismo Dios, el Dios de Abraham es el Dios del pueblo musulmán y del pueblo hebreo.     Ahora, no hay sacrificio por el pecado como lo hubo en el templo que estaba allí presente en los días de Jesús y como lo hubo en el tiempo del rey Salomón, en el tiempo de los profetas y así por el estilo, y tampoco hay sacrificio como los hubo en el tiempo de Moisés en el tabernáculo; y cuando no hay sacrificio por el pecado, entonces Dios ve los pecados del pueblo y por consiguiente viene el juicio divino, vienen problemas, las maldiciones que están habladas en el monte Ebal, pero si hay un Sacrificio por el pecado y la persona se acoge a ese programa, a ese Sacrificio, entonces están las bendiciones habladas sobre el monte Gerizim.     Ahora, ¿cómo van las personas a tener la Sangre de un Sacrificio de Expiación por el pecado en el templo o tabernáculo que Moisés construyó, o el templo que construyó Salomón, si ya no existen? Entonces tiene que haber un templo en algún lugar donde esté la Sangre de Expiación por el pecado del ser humano, al cual nosotros nos acerquemos para obtener la misericordia de Dios, el perdón de nuestros pecados, y ser limpios con esa Sangre, ser perdonados y por consiguiente quedar como si nunca en la vida hubiésemos pecado.     Ese Templo está en el Cielo, y el Sumo Sacerdote de ese Templo, que fue representado, tipificado en Aarón y en cada sumo sacerdote que sucedía a Aarón, ahora ya no se necesita un templo terrenal para hacerse un sacrificio con un animalito, porque ya el Sacrificio perfecto fue hecho en la Cruz del Calvario por Jesucristo, y Él como Sumo Sacerdote está en el Cielo en el Templo celestial. Él es el abogado bajo un nuevo Pacto en el Templo celestial para abogar por toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, esa es la labor del Sumo Sacerdote, la labor de un abogado; Él con Su Sangre preciosa limpia a todo persona que lo recibe como Salvador, le otorga el perdón, lo limpia de todo pecado y queda justificado ante la presencia de Dios, como si nunca en la vida hubiese pecado.     Él es el que perdona nuestros pecados y con Su Sangre nos redime, nos limpia de todo pecado y nos restaura a la Vida eterna. La persona que ha recibido a Cristo como Salvador ya tiene Vida eterna, está en la esfera espiritual, su alma tiene Vida eterna y su cuerpo espiritual tiene Vida eterna y solamente le falta la Vida eterna física que será otorgada en la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes para toda la eternidad, y para los que estén vivos creyentes en Cristo: la transformación. Serán transformados y por consiguiente serán adoptados, la adopción es la redención del cuerpo en donde las personas recibirán el cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo.     Igual a ese cuerpo será el cuerpo que Cristo les va a dar a todos los creyentes en Él cuando los transforme, y a los que murieron, cuando los resucite, los resucitará en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados; eso es lo que nos dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, dice:     “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.     Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”     O sea, con el cuerpo físico corruptible no podemos heredar incorrupción, se va a corromper el cuerpo físico, va poniéndose viejo y después se muere y los gusanos se lo comen, los gusanos de su propio cuerpo; pero vean la buena noticia para los creyentes en Cristo     “He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio del Reino de Dios): No todos dormiremos...”     “No todos dormiremos” quiere decir “no todos moriremos”, porque se usa el término dormir para los creyentes en Cristo, porque los creyentes en Cristo no mueren, sino que duermen, su cuerpo físico muere pero ellos están en el Paraíso, por lo tanto están dormidos a esta dimensión terrenal, no están viviendo en esta dimensión terrenal sino en otra dimensión llamada el Paraíso o sexta dimensión, la dimensión de los Ángeles, ellos están muy bien en ese lugar, no tienen que madrugar como tenemos que madrugar nosotros para ir al trabajo, no tienen que tomar el embotellamiento del tráfico, no tienen que regresar cansados del trabajo; allí no es un lugar para ir a trabajar, sino para ir a reposar de los trabajos terrenales, es un lugar de descanso, no tienen que ir a trabajar, no tienen que ir a hacer compra para comer porque en ese cuerpo angelical no se come, no tienen que dormir, porque no se cansan; y no tienen que prender, pagar el boleto o ticket de energía eléctrica, porque no se paga energía eléctrica, allí no hay oscuridad, todo el tiempo es de día, no se cansan tampoco, por eso es llamado el Paraíso.     Ahora, ellos van a regresar del Paraíso como regresaron también del seno de Abraham, cuando Cristo resucitó, los santos del antiguo Testamento: Abraham, Isaac, Jacob, los profetas, todos ellos resucitaron cuando Cristo resucitó, y para que tengan la cita, eso está en el capítulo 27 de San Mateo, verso 51 en adelante dice:     “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;     y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;     y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él...”     Salieron de los sepulcros después de la resurrección ¿de quién? Después de la resurrección de Cristo, o sea, que Cristo es el primero de la resurrección, de la resurrección a Vida eterna, porque hubo resurrección en otras personas, pero no a Vida eterna, Cristo resucitó a Lázaro, pero después, cuando se puso viejo, murió, ¿ven? Porque no resucitó a Vida eterna, el único que resucitó a Vida eterna es Jesucristo, es el primero, primicia de la resurrección, y con Él resucitaron los santos del Antiguo Testamento, Él los buscó allá en el paraíso o seno de Abraham, y los trajo de nuevo a la Tierra, y dice:     “Y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad (o sea, a Jerusalén), y aparecieron a muchos.”     Aparecieron a muchas personas, de seguro muchas personas decían: “¿Y quiénes serán estas personas tan jóvenes?” Porque se resucita en cuerpo eterno, en cuerpo joven, en cuerpo inmortal, así que ver a Abraham y a Sara jovencitos de 18 a 21 años caminando por Jerusalén, de seguro decían: “Y esos jóvenes ¿quiénes serán? ¿Y estos otros jóvenes?” Y como eran días en que iban para las fiestas que se efectuaban en esos días: “Bueno, estos son turistas de seguro, un grupo de jóvenes que vino a algún congreso,” pero eran los santos del Antiguo Testamento que habían resucitado con Cristo.     Y ahora, eso fue para la primera Venida del Señor, para la segunda será la resurrección de los creyentes en Cristo que han muerto y la transformación de los que estén vivos, eso es una promesa y vamos a terminar de leerla aquí:     “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.”     O sea, que va a haber un grupo de personas creyentes en Cristo que no va a morir, que van a estar vivos en la Tierra cuando Cristo venga con los santos del Paraíso resucitados en cuerpos eternos; y miren, para encontrarse con los que van a ser transformados, porque después de eso estarán una temporada aquí de unos 30 a 40 días, como estuvieron con Cristo unos 40 días en la Tierra, estuvieron... Cristo apareciéndole a Sus discípulos, comiendo con ellos, no menos de ocho ocasiones apareció a ellos, y después 40 días estuvo con ellos ya resucitado y después subió al Cielo para ocupar Su posición en el Cielo en el Trono de Dios.     En el Trono de Dios, representado en el propiciatorio que estaba en el Lugar Santísimo sobre el arca del Pacto, porque ese propiciatorio, donde esparcían la sangre, tipifica el Trono celestial de Dios, y ahora Cristo luego sube al Cielo, ya había presentado Su Sangre y Su obra y luego sube al Cielo para sentarse en el Trono como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su Salvador.     Por lo tanto, todo el programa de la redención que se lleva a cabo en la Tierra bajo la predicación del Evangelio de Cristo, se opera desde el Templo celestial, no de un templo terrenal, ya no está el tabernáculo que construyó Moisés ni el templo que construyó el rey Salomón, ni siquiera el de Herodes está.     Pero todo está siendo trabajado, operado, llevado a cabo, desde el Trono celestial, desde el Templo celestial, el Trono celestial, el Trono del Padre es el propiciatorio sobre el cual Cristo está sentado con Su propia Sangre como Sumo Sacerdote ofreciendo esa labor de intercesor, de mediador.     Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, y Su Nombre es Señor Jesucristo, nos dice la Escritura, no hay otro mediador, solamente hay uno, y es Jesucristo, Él es Melquisedec. Por eso es que Él decía: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” no podían comprender cómo un hombre que tenía unos 30 o 33 años de edad podía decir que era antes de Abraham. En Su cuerpo físico tenía esa edad, pero en Su cuerpo angelical era antes que Abraham, y antes que Adán y era antes que toda la creación, fue por medio de Él que Dios creó todas las cosas. Y ahora, continuemos aquí, dice:     “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.”     Viene una transformación para de seres mortales venir a ser seres inmortales, venir a ser personas con cuerpos eternos, cuerpo glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Recuerden que es un proyecto, un Programa Divino. Dice:     “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta (¿qué es la final trompeta? El mensaje final de Dios); porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”     Es una promesa divina, la final trompeta es el final mensaje de Dios que es el Evangelio del Reino siendo predicado en la Tierra, y cuando estén escuchando la predicación del Evangelio del Reino en conjunto con el mensaje del Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, recuerden: ese es el tiempo para la Venida del Señor con los creyentes en Cristo que murieron, trayéndolos en cuerpos glorificados, cuerpos resucitados glorificados, y viniendo a Su Iglesia para la transformación de los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que estén vivos en la Tierra.     La final trompeta: el mensaje final. De eso también nos habla en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 11 al 18, cuando nos habla que el Señor descenderá con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios.     Por lo tanto, es un Programa Divino, y para comprenderlo tiene que ser nuestra mente abierta por el Espíritu Santo, así como fue abierta la mente de los creyentes en Cristo, los apóstoles, para poder comprender el porqué Jesucristo tenía que morir, tenía que resucitar y estar con ellos nuevamente, y luego predicarse el Evangelio de Cristo, predicarse el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones.     Era un proyecto divino que solamente Jesucristo lo comprendía, las demás personas no comprendían ese proyecto divino; algunos por medio de los estudios teológicos entendían algunas cosas y les daban sus propias interpretaciones como sucede en nuestro tiempo, que se le ha estado dando las diferentes interpretaciones de los diferentes grupos religiosos del Cristianismo a través de estos dos mil años.     Pero en el tiempo final en el cual nosotros vivimos es que va a ser abierto completamente todo el Programa Divino correspondiente a la segunda Venida de Cristo con los creyentes en Él que Él va a resucitar para luego la transformación de los creyentes en Cristo que estarán viviendo en esta Tierra. Sigue diciendo:     “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”     Es necesario para poder vivir con el cuerpo físico eternamente, tenemos que ser vestidos de inmortalidad, nuestro cuerpo físico tiene que pasar a ser transformado, a ser un cuerpo glorificado como el de Jesucristo nuestro Salvador, y eso colocaría a la Iglesia del Señor Jesucristo ya transformados, transformados todos con cuerpos eternos, cuerpos inmortales, los colocaría como una nueva raza, una raza con Vida eterna, una raza inmortal, una raza con todo el poder como Jesucristo también lo tiene.     La Escritura dice que Jesucristo con Su Sangre nos ha redimido, en el Apocalipsis, que es el libro de más símbolos, es un libro simbólico, dice en el capítulo 1, verso 5:     “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,     y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”     Él con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado, los ha quitado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, ¿para quién?     “Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”     Eso en el capítulo 1. En el capítulo 5 también del Apocalipsis nos dice el verso 9 al 10:     “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;     y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”     Ahora vean lo que Jesucristo ha hecho al morir por nosotros en la Cruz del Calvario: con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra. El gabinete del Reino de Cristo, el gabinete de Cristo para Su Reino Milenial, son los creyentes en Él que han sido hechos reyes y sacerdotes, por eso en el Reino del Mesías el gabinete de Cristo será compuesto por todos los creyentes en Él.     En el capítulo 20 del Apocalipsis, versos 4 al 6 dice:     “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”     El Reino del Mesías, el Reino Milenial, será gobernado por Cristo y los creyentes en Cristo, reinarán con Cristo estas personas, han sido hechas para nuestro Dios reyes y sacerdotes y también son jueces, porque los santos juzgarán al mundo, dice San Pablo en Primera de Corintios.     Por lo tanto, el poder político lo tendrá Cristo como Rey con Su gabinete: los creyentes en Él, o sea, que ese grupo de la administración de ese Reino serán los creyentes en Cristo, ese es el poder político; el poder religioso lo tendrá Cristo que es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. Él es el Melquisedec que le apareció a Abraham, le apareció en Su cuerpo angelical, pues el poder religioso lo tendrá Cristo como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, y todos los creyentes en Él que han sido hechos sacerdotes también.     Y el poder judicial de ese Reino lo tendrá Cristo como el Juez de la corte suprema de ese Reino, el Juez supremo, y los que forman ese poder judicial serán los creyentes en Cristo que han sido hechos jueces también, son los que juzgarán al mundo, y en ese Reino también estarán juzgando, ese poder judicial estará a cargo de Cristo como el Juez al cual Dios ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos, y Su gabinete serán los creyentes en Él, tendrán la posición también de jueces.     Todo eso es para aquellos que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en su alma, creyeron y han dado testimonio público de su fe en Cristo, dando testimonio público recibiéndolo como su único y suficiente Salvador, y así han estado invocando el Nombre del Señor Jesucristo como su único y suficiente Salvador y han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y por consiguiente ha sido invocado sobre ellos el Nombre del Señor en el bautismo.     Esas son las personas que han escuchado, han creído y han invocado el Nombre del Señor y han sido salvas, millones de seres humanos creyentes en Cristo, que en su mayoría ya están en el Paraíso porque murieron físicamente, pero queda un grupo en la Tierra que ha creído en Cristo, y siguen aumentándose los creyentes en Cristo a medida que se predica el Evangelio de Cristo y se da la oportunidad a las personas de que den testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, luego de haber escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, haber nacido la fe de Cristo en su alma, haber creído en sus corazones, porque “la fe viene por el oír, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”     Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi Salvador, y por eso fui salvo, fui bautizado en agua en Su Nombre, y ahora, ¿quién más? Cada uno de ustedes también.     Si hay alguna persona presente que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y nació la fe de Cristo en su alma y su alma anhela la salvación y Vida eterna, puede recibirlo ahora como Salvador, puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como Salvador, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.     Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, y los niños de diez años en adelante presentes o en otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.     Vamos a dar unos minutos mientras continúan viniendo a los Pies de Cristo las personas para que oremos por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado.     Todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo, es la promesa divina para los Días postreros, es la promesa divina para la Dispensación de la Gracia, es la promesa divina para todos los que recibirán a Cristo como único y suficiente Salvador.     Todos queremos ser salvos, todos queremos vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Ya sabemos que hay un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, sabemos que hay una Sangre en el Templo de Dios, en el Cielo, en el Lugar Santísimo, en el Trono de Intercesión que es el Trono de Dios celestial. Ese es el propiciatorio en el Cielo. Cristo dijo:     “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33). Y también Cristo dijo que cuando un pecador se arrepiente, hay gozo en el Cielo, es porque entra al Reino de Dios, es porque obtiene la salvación y Vida eterna.     También Cristo dijo en San Mateo, capítulo 18, versos 10 al 14 de la siguiente manera... y también en San Lucas, capítulo 19,verso 10, dice:     “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”     O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, pero vean lo que nos dice en San Mateo, capítulo 18, verso 10 al 14 dice:     “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”     Los ángeles de estas personas son los cuerpos angelicales de estas personas, o sea, el espíritu o cuerpo angelical o teofánico de estas personas ven el rostro del Padre celestial:     “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.     ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?     Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.     Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”     No es la voluntad de Dios que nos perdamos, la voluntad de Dios es que seamos salvos, que vivamos eternamente en el Reino de Dios, para eso fue que vino Cristo:     “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” San Juan, capítulo 3, verso 16.     La voluntad de Dios es que seamos salvos, que vivamos eternamente, Él nos amó y por eso envió a Jesucristo para que muriera por todos nosotros, para que así seamos reconciliados con Dios y seamos restaurados a la Vida eterna, y todos queremos vivir eternamente.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Lo más importante es la vida, y sobre todo la Vida eterna, sin la vida no hay valor para las riquezas, no hay valor para las profesiones, la vida es lo más importante, cuánto más la Vida eterna.     La decisión más grande que un ser humano hace, es una sola; hay muchas decisiones importantes que el ser humano hace, pero una sola es la más grande, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, porque esa es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.     En las demás naciones pueden estar también puestos en pie para orar por todos los que han recibido a Cristo, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer a la Vida eterna, Señor, sálvame, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Y con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Es la Sangre de Cristo la que nos ha limpiado de todo pecado. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.     El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Jesucristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es a la semejanza física de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo en términos espirituales. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Reino eterno.     Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y venga el Espíritu Santo como vino sobre Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Si Él necesitó ser bautizado, cuánto más nosotros, y sobre todo entendiendo el simbolismo del bautismo en agua que es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con cada uno de ustedes. Dejo al ministro aquí presente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Y que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Con ustedes el reverendo Alejando Sarria para decirles cómo hacer para ser bautizados, y en cada nación, en cada lugar, al ministro correspondiente.     “TODO AQUEL QUE INVOCARE EL NOMBRE DEL SEÑOR, SERÁ SALVO.”

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