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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.     Felicidades a todas las madres en Bolivia, hoy es el día de las madres allá en Bolivia, que Dios las bendiga y les guarde, y también en las demás naciones donde también sea el día de las madres.     Mis saludos para doña Raquel, Raquel Jordán, madre de Joel Lara, que Dios la bendiga grandemente allá en Bolivia, le guarde y le dé mucha salud y muchas bendiciones del Cielo; y también para su hija Cielo, que Dios la bendiga y le guarde grandemente también allá en Bolivia, y un saludo para la congregación allá en Bolivia, de Joel Lara donde ella se encuentra en estos momentos, saludo para Joel y para toda su familia y todos los hermanos allá reunidos.     Y también un saludo muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Cali, Colombia. Dios te bendiga Miguel y a todos los que están allá reunidos en esta noche; y también para Puerto Rico, un saludo a Puerto Rico al reverendo José Benjamín Pérez y a la congregación allá en Cayey, Puerto Rico; y para los hermanos de New York, la congregación que pastorea Marco Antonio Paz, que Dios te bendiga Marco Antonio y a toda la congregación, los que están aquí y los que están allá también en New York; y a todos los ministros y congregaciones en Norteamérica, en la América Latina y en todas las naciones.     Para esta ocasión leemos un pasaje muy importante que se encuentra en Primera de Pedro, capítulo 1 (Primera de Pedro, verso 7), y nos dice... verso 3 en adelante, dice:     “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,     una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,     que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.     En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,     para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,     a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;     obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.     Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,     escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.     A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Este pasaje que hemos leído nos muestra que la vida del creyente en Cristo tiene que ser una vida con la fe puesta en Cristo, sin importar las pruebas, los problemas por los cuales pase en su vida, en su vida familiar, en su trabajo, en su nación, no importa los problemas que tenga su nación, no importa los problemas que tenga el medio ambiente, no importa los problemas de su hogar, los problemas de su persona, la dirección de Dios es que con la fe puesta en Cristo vivamos sirviendo a Cristo, sabiendo que nuestra redención está cerca; y sabiendo que mientras vivimos en estos cuerpos mortales estamos en una conexión, como en los aeropuertos que usted va para una ciudad u otro país, pero hace conexión en alguna ciudad, y de ahí pasa a otro vuelo.     Y aquí en la Tierra estamos para una conexión, aquí en la Tierra es que nos conectamos con el vuelo que va al Cielo, al Paraíso, nos conectamos con Cristo cuando hemos venido a vivir a este planeta Tierra.     Así que siendo un lugar y una etapa para tener, hacer esa conexión con Cristo y así montar en el vuelo que nos lleva al Cielo con Cristo, Él dice que Él quiere que nosotros estemos donde él está, Él quiere que nosotros vivamos donde Él está, Él quiere que vivamos con Él por toda la eternidad.     Por lo tanto, los problemas por los cuales pasamos en la Tierra, lo que hace es afirmar nuestra fe, darnos cuenta que no hay esperanza en esta Tierra; solamente hay una, y es Jesucristo nuestro Salvador. Sabemos que vendrá un tiempo en donde ya no tendremos pruebas, no tendremos problemas, pero antes de esa etapa vienen las pruebas, mientras estamos en estos cuerpos mortales.     ¿Qué prefiere usted: primero las pruebas y después la felicidad total sin problemas y con un cuerpo eterno? ¿O quiere eso primero y después a lo último las pruebas, terminar con pruebas? No. Es como las victorias, las victorias son luego de las batallas, luego de las guerras; usted no puede decir que ha tenido una victoria si no ha tenida una lucha, una batalla, puede ser una batalla espiritual o de algún otro tipo de batalla.     Por lo tanto, con la fe puesta en Cristo obtendremos la victoria, llegaremos a la meta y seremos a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador. Esa es la meta: llegar a ser eternos, inmortales, con cuerpos jóvenes para toda la eternidad, ese es el plan de Cristo. Yo ni para mí ni para ustedes tengo otro plan, ese es el plan que nos llevará a vivir eternamente con Cristo en Su Reino.     Tenemos que estar conscientes que mientras estamos en estos cuerpos vienen problemas en la vida terrenal, a unos más y a otros menos, y tenemos que mantener nuestra fe en Cristo.     Algunas personas cuando están económicamente bien y no tienen problemas, dicen: “Así es que yo quiero servir a Cristo, sin problemas.” Y algunos vienen a los Pies de Cristo, dicen: “Para no tener problemas.” Pero Cristo lo que dijo es: “Si alguno me sigue, tome su cruz y sígame.” Si Cristo tuvo problemas, cuánto más nosotros, y recuerden que el enemigo de Dios, el diablo siempre tratará de darle problemas a los hijos de Dios. Eso fue así en el tiempo de Job también, fue así en el tiempo de Moisés, fue así en el tiempo de Abraham, fue así en el tiempo de Adán también; comenzando la raza humana se metió el diablo a molestar.     Pero algún día saldrá para siempre de en medio de la raza humana y será echado al lago de fuego donde dejará de existir, él y los ángeles que se rebelaron en contra de Dios en esa rebelión que Lucero, Luzbel o ese ángel caído hizo en contra de Dios en el Cielo.     Tenemos que estar conscientes de estas cosas para saber el porqué de las luchas aquí en la tierra, y aún las guerras entre naciones, todos esos son problemas en medio de la raza humana, y son el efecto de luchas que hay en otras dimensiones.     Por lo tanto, con nuestra fe puesta en Cristo, sin desmayar, caminemos hacia adelante siempre sirviéndole a Cristo en las buenas y en las malas, y luego algún día cuando tengamos el cuerpo eterno, todo será en las buenas.     Cristo es la única esperanza para el ser humano, Él es el única esperanza para el perdón de los pecados y ser limpios de todo pecado, Él es la única esperanza de redención para el ser humano, Él es la única esperanza de salvación, Él es la única esperanza de Vida eterna.     No hay otra forma de obtener la Vida eterna, excepto a través de Jesucristo nuestro Salvador, Él realizó el Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario, por eso es que ya no se necesita un templo como el que hubo en Jerusalén en medio del pueblo hebreo, en donde se sacrificaba un macho cabrío por el pecado del pueblo cada año el día diez del mes séptimo de cada año, y las personas que arrepentidos de sus pecados pedían perdón a Dios, el día en que el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo con la sangre de expiación y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio.     El propiciatorio es la tapa del arca del Pacto, es de oro puro y tiene dos querubines, uno a cada lado mirando el uno hacia el otro, y hacia donde está el arca del Pacto, y hacia donde están las tablas de la Ley dentro del arca del Pacto.     El propiciatorio es tipo y figura del Trono que está en el Cielo, donde está Dios sentado en el Trono; por eso cuando fue dedicado el tabernáculo por Moisés, fue dedicado a Dios y también el templo que construyó Salomón, cuando fue dedicado a Dios, vino la presencia de Dios en aquella nube y entró al templo y se colocó dentro del Lugar Santísimo sobre el propiciatorio en medio de los dos querubines de oro; porque en el templo aquel era el Trono de Dios en el templo terrenal. Así como en el Templo celestial el Trono de Dios es el asiento de Dios en donde Cristo está sentado a la diestra de Dios el Padre, y está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre.     ¿Ven? Así como el sumo sacerdote llevaba la sangre de la expiación al Lugar Santísimo y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio, Cristo cuando murió, resucitó y subió al Cielo, fue al Lugar Santísimo pero del Templo celestial; y sobre el propiciatorio o Templo celestial o Trono celestial, colocó Su propia Sangre, y convirtió el Trono celestial en un Trono de misericordia para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga Vida eterna; y Cristo con Su Sangre limpia a la persona de todo pecado, y queda como si nunca en la vida hubiese pecado; Dios lo mira, no ve pecado en la persona, está justificada la persona delante de Dios como si nunca en la vida hubiese pecado.     Y lo mantiene limpio, porque cuando comete algún error, falta o pecado, lo confiesa a Cristo, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado, y así lo mantiene limpio de todo pecado, lo cual está tipificado también en el lavatorio de pies, que se efectúa cuando la Santa Cena se lleva a cabo. Y la Santa Cena nos recuerda el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, con el cual Él llevó a cabo la Expiación y con el cual nos salvó y con Su Sangre nos limpió de todo pecado; así quitó el pecado del mundo.     Y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador y recibe, cree en Su Sacrificio, Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación, se hace una realidad en la persona el perdón de sus pecados, y queda limpio de todo pecado, porque ha venido a Cristo confesando sus pecados, y Cristo lo ha limpiado de todo pecado.     El día que Cristo murió en la Cruz del Calvario, fue un día muy especial, Cristo había dicho: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24). El día que Cristo murió, era el día en que la raza humana tenía que morir, por causa del pecado; era el momento o día del juicio de Dios sobre la raza humana.     Pero Cristo se hizo pecado por nosotros, Dios cargó en Él el pecado de todos nosotros; Cristo se hizo pecado por nosotros, tomó nuestros pecados, se hizo pecador por nosotros, se hizo mortal por consiguiente, y murió y fue al infierno; porque la paga del pecado es muerte, y la persona al morir como pecador entonces va al infierno, el lugar para los pecadores, el lugar donde Cristo tuvo que ir porque Él tomó nuestros pecados para que nosotros no tengamos que ir a ese lugar tan malo, tan solitario que no está la presencia de Dios; y Cristo tuvo que ir allá llevando nuestros pecados, así los llevó lejos nuestros pecados, y allá los dejó, remitió Él nuestros pecados.     Cuando usted envía una carta y no la recibe la persona, usted colocó en la esquinita el remitente, el ‘remite,’ y pone su nombre, ¿y qué pasa? Se la regresan a usted.     ¿Saben ustedes una cosa? Que cuando Cristo murió, remitió nuestros pecados al dueño original, que es el diablo, se los llevó allá: carta devuelta.     Él no se esperaba eso de seguro, fue el diablo el que envió a la raza humana el pecado, pero se lo devolvieron. Cristo se lo llevó de nuevo cuando murió y fue al infierno, y por eso es que le quitó las llaves del infierno y de la muerte y pudo resucitar; pudo tomar las llaves del infierno y de la muerte, quitárselas al diablo, salir del infierno y pasar al Paraíso donde estaba el seno de Abraham, donde estaba Abraham, Isaac, Jacob y todos estos hombres de Dios, Abraham y también Adán, todos ellos; y cuando resucitó en la mañana del domingo de resurrección, con Él resucitaron los santos del Antiguo Testamento, y dice la Escritura que aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén, a muchos de sus familiares (eso está en San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante) y esa fue la resurrección de los santos del Antiguo Testamento con Cristo nuestro Salvador.     Habrá también, vean, resurrección y luego el rapto de ellos; hubo también un rapto, el de Enoc, séptimo desde Adán, hubo otro rapto, el del profeta Elías... el de Enoc, el de Elías (segundo), el de los santos del Antiguo Testamento (tercero), el de Cristo (cuarto).     Luego para el Día postrero vendrá la resurrección y rapto de los escogidos para ir a la Cena de las Bodas del Cordero (*quinto), y la resurrección y rapto de los dos Olivos. Al final de la gran tribulación las cosas... traerá un cambio para la raza humana, y luego se regresa a la Tierra Cristo con Su Iglesia en cuerpos eternos, glorificados, inmortales para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David, y ahí nos veremos nosotros con cuerpos glorificados y podremos decir: “Se me acabaron los problemas, ya no tengo más problemas, y en la etapa en que tuve problemas en la tierra, mantuve mi fe puesta en Cristo.”     Así que mantengamos nuestra fe puesta en Cristo, y caminemos hacia adelante siempre sirviendo a Cristo nuestro Salvador, y si alguno todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted.     Vamos a dar unos segundos, unos minutos para que así puedan pasar acá al frente y en los demás países también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador. Vamos a dar unos minutos para que así puedan pasar al frente cada uno en el país, en la iglesia o auditorio donde se encuentren, y todos los que están aquí, pues pueden pasar acá al frente también.     Recuerden que no hay esperanza para el ser humano, excepto Jesucristo, Él es nuestra única esperanza, y Él es el único Salvador, el único que con Su Sangre limpia al ser humano de todo pecado, el único que ha hecho la promesa de darnos Vida eterna, y la hace una realidad cuando la persona lo recibe como Salvador, le da Vida eterna al alma de la persona; y cuando seamos transformados, pues tendremos Vida eterna física en el cuerpo físico y seremos jóvenes para toda la eternidad.     Vamos a dar la oportunidad a los que están también en otras naciones, vamos a pedirle que nos avisen si tienen la oportunidad y las facilidades de avisarnos cuando estén listos en las demás naciones.     Dios tiene mucho pueblo en medio de todos los latinoamericanos, y los está llamando en este tiempo final, y tiene mucho pueblo en Norteamérica, en la América Latina, en el Caribe y en todas las naciones; y este es el tiempo del llamado final de Dios para completar Su Iglesia, y luego habrá completado Su Obra de Intercesión en el Cielo y luego saldrá del Trono del Padre o del Trono de Intercesión, se convertirá en el León de la tribu de Judá; y entonces será el Rey para tomar el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo, reclamar a todos los que Él ha remido con Su Sangre preciosa y efectuar la redención física, que será la resurrección para los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación para los que estamos vivos en este tiempo final, y permanezcamos vivos hasta ese momento.     Vamos a estar puestos en pie para la oración por los que han venido a los Pies de Cristo, ya en todas las demás naciones están listos, si falta alguno por venir, puede pasar al frente... vamos hacer la oración por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo:     Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino y hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra. Señor, Dios eterno presento a Ti todas estas personas que en diferentes países han venido a los Pies de Cristo; en el Nombre del Señor Jesucristo los presento a Ti, y Te pido los recibas en Tu Reino y les perdones y con Tu Sangre les limpies de todo pecado y los bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que sean bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego Padre, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.     ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Y ahora, en las diferentes naciones me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo en estos momentos al venir a los Pies de Cristo, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     El bautismo en agua es tipológico, por eso cuando la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, se está identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida.     Por lo tanto, el ser humano se identifica así con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cristo fue bautizado también por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados para identificarnos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Es tipológico el bautismo, pero es un mandamiento del Señor, dijo:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Se pierde la Vida eterna, pierde la bendición más grande que un ser humano puede recibir en esta Tierra, pues para eso es que estamos en esta Tierra: para que recibamos la Vida eterna.     ¿Para qué fue engendrado su cuerpo en el vientre de su madre? Para que recibiera vida y pudiera nacer en esta Tierra. ¿Y para qué se ordenó predicar el Evangelio a toda criatura? Para que la gente crea y reciban Vida eterna, nazcan de nuevo, nazcan en el Reino de Dios, como dijo Cristo a Nicodemo. A Nicodemo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” No lo puede entender, y Nicodemo pensaba que era nacer otra vez a través de su madre, pero Cristo está hablando en términos espirituales, y Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”     Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, por eso se predica el Evangelio y las personas que escuchan, creen y dan testimonio público de su fe en Cristo, están naciendo del Agua, del Evangelio de Cristo; y cuando son bautizados y Cristo los bautiza luego con Espíritu Santo y Fuego, están naciendo del Espíritu Santo; del Agua y del Espíritu han nacido, y por consiguiente han nacido en el Reino de Dios, han entrado al Reino de Dios el cual está en la esfera espiritual, y esas son las personas que luego van a estar en el Reino de Dios en la esfera física cuando sea establecido en este planeta Tierra.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dejo con ustedes al ministro aquí, Joel, para que les indique a los que vayan a ser bautizados en esta ocasión, qué hacer para ser bautizados y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Con ustedes el reverendo Joel Ortiz, para indicarles y continuar la actividad en esta noche.     Que Dios me los bendiga y les guarde, y continuaremos viéndonos por toda la eternidad.     “CON LA FE PUESTA EN CRISTO.”

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