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Felicidades a todas las madres en este su día. Yo estoy aquí porque mi madre me dio a luz y he tenido esa bendición de nacer en esta Tierra para compartir con ustedes momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.     Que Dios bendiga a todas las madres y siempre las use grandemente para bendición de la familia humana; son tan importantes las madres, que la Escritura misma nos habla de la Iglesia del Señor Jesucristo representada en una mujer, en una novia, con la cual Cristo se reproduce en hijos e hijas de Dios.     En lo espiritual ya la Iglesia está casada con Cristo y ha estado reproduciéndose por estos dos mil años que han transcurrido del Cristianismo, ha estado reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios, los cuales han estado entrando al Reino de Dios, naciendo del Agua, o sea, del Evangelio de Cristo, y del Espíritu, del Espíritu Santo, recibiendo el espíritu y obteniendo así el nuevo nacimiento, han estado naciendo en la esfera espiritual en el Reino de Dios.     Y cuando resuciten los que ya partieron y los que estén vivos sean transformados, entonces literalmente, físicamente, entrarán también al Reino de Dios con cuerpos eternos y glorificados, y todo eso por la unión de Cristo y Su Iglesia, Cristo es el Segundo Adán y Su Iglesia es la segunda Eva, está representada en Eva la Iglesia del Señor Jesucristo, y está representada también en la virgen María, la cual dio a luz al Hijo de Dios, y por eso representa ella a la Iglesia del Señor que daría a luz hijos e hijas de Dios en la unión con Cristo; la Iglesia unida con Cristo se reproduce (Cristo a través de Su Iglesia) en muchos hijos e hijas de Dios.     Así que las madres están bien representadas en la Escritura, la representación máxima de una madre está en la Iglesia del Señor Jesucristo; y la representación de la Iglesia, tipificada la Iglesia, está en una novia y en una esposa.     En cierta forma ya es esposa porque está teniendo muchos hijos e hijas de Dios la Iglesia por medio de Cristo, y en otro sentido es la novia todavía hasta que sea transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Recuerden que la unión de un hombre y de una mujer, de unos novios, la unión en el matrimonio es un pacto que ellos tienen, aceptan y es confirmado, y le es leído por el ministro; y por eso la Iglesia del Señor Jesucristo está bajo un pacto de unión con Cristo, así como el pueblo hebreo bajo el pacto dado por Dios a través de Moisés, es la esposa de Dios bajo ese pacto; bajo el nuevo Pacto la Iglesia del Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso.     Un saludo para el reverendo, misionero Miguel Bermúdez Marín allá en la República Mexicana, allá en Acapulco, que Dios te bendiga Miguel y también a todos los ministros presentes y también los que están en otras naciones, juntamente a las congregaciones en diferentes países e Iglesias que están conectadas con esta transmisión vía satélite o internet.     Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra la Escritura en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.     Para esta ocasión leemos un pasaje de Primera de Juan, capítulo 4, el cual es muy importante. Capítulo 4 de Primera de Juan nos dice:     “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.     En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;     y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.     Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.     Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.     Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “EL ESPÍRITU DE DIOS Y EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO.” Ese es nuestro tema: “EL ESPÍRITU DE DIOS Y EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO.”     Todos observamos que a través de la historia del ser humano hay una batalla, el ser humano vive en medio de una batalla en todos los países, tanto espiritual como física también. El ser humano tiene que estar luchando, tiene que estar esforzándose, porque el planeta Tierra, desde la caída del ser humano en el Huerto del Edén, dejó de ser un Edén y se convirtió en un terreno de batalla.     Pero esa guerra, esa batalla vino de otro lugar, de otra dimensión: vino del Cielo en donde uno de los arcángeles llamado Lucero o Lucifer o Satanás o diablo, se rebeló en contra de Dios; nació de él el mal, la envidia, el odio, y por consiguiente el pecado surgió de ese arcángel, el cual se rebeló en contra de Dios.     Y comenzó en el Cielo esa batalla y los Arcángeles Gabriel y Miguel lucharon y han estado siempre luchando en contra de ese enemigo de Dios, que es Satanás o el diablo, y cuando Dios colocó al ser humano en el Huerto del Edén en este planeta Tierra, encontramos que Satanás o diablo o Lucero o Lucifer estaba encarnado en el animal más cercano al ser humano llamado la serpiente, y a través de la serpiente trajo el pecado, introdujo el pecado en la raza humana.     El ser humano podía seguir viviendo eternamente, si no pecaba, pero al pecar, murió como Dios dijo que moriría: “El día que comas del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día morirás.”     Pero encontramos que Adán luego continuó viviendo, y él llegó a vivir unos 930 años, y cualquier persona puede decir: “Pero no murió.” Sí murió cuando pecó, perdió... morir es perder la vida, y Adán perdió la Vida eterna y también Eva, y solamente les quedó vida temporal o temporera que se le acabó a los 930 años a Adán y por consiguiente la herencia que le dejó Adán y Eva a su descendencia, a la raza humana, fue vida temporera, y por eso nacemos, vivimos un tiempo y muere nuestro cuerpo físico.     Recuerden que lo que muere es el cuerpo físico, porque la persona, siendo a imagen y semejanza de Dios, tiene alma, que es lo que en realidad es la persona; espíritu, que es un cuerpo espiritual de otra dimensión; y tiene cuerpo físico de esta dimensión en la cual vivimos.     Si muere físicamente, pues sigue viviendo en el otro cuerpo, en el cuerpo espiritual llamado espíritu, que es un cuerpo de otra dimensión, como el de los Ángeles que es de otra dimensión. Y si es un creyente en Cristo bajo el nuevo Pacto, cuando Cristo cumpla todo el programa correspondiente a Su primera Venida, de la redención de toda persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y lo haya redimido, haya hecho intercesión por esa persona hasta el último escrito allí, terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, en donde está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; porque Él es Melquisedec, el Sacerdote, Sumo Sacerdote del Templo celestial, el cual vino a la Tierra, se hizo carne en aquel velo de carne llamado Jesús, por eso Él podía interceder por las personas, porque era nada menos que Melquisedec, el Sumo Sacerdote del Templo celestial, de ese Orden celestial. A ese Orden celestial es que pertenecen todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, y por eso son sacerdotes de Dios y de Cristo, pero Cristo es el Sumo Sacerdote de ese Orden celestial.     Y ahora, Cristo en el Cielo tiene que permanecer como Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo, haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, hasta que se complete el número de la Iglesia del Señor Jesucristo, hasta que se complete esa familia de Dios, esa familia celestial, los cuales nacen del Cielo, nacen de Dios.     Ahora, la lucha ha continuado en la Tierra en medio de la raza humana desde la caída del ser humano, y todavía está esa lucha. En los días de Jesús encontramos que hubo una lucha grande cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, luego vino el Espíritu Santo sobre Jesús y una Voz del Cielo, la Voz de Dios el Padre dijo: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.” Y Juan vio al Espíritu Santo en forma de paloma descender sobre Jesús y escuchó Su Voz, la Voz de Dios diciendo estas cosas.     Y ahora, Juan el Bautista reconoce que esa es la persona a la cual él le está preparando el camino, la persona en la cual Dios estaría en toda Su plenitud, en la cual Dios se haría carne, en la cual Dios aparecería en la forma de un hombre en medio de la raza humana, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Por eso es que la Escritura dice que en Jesucristo moró la plenitud de la Divinidad, en Jesucristo está toda la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.     Y ahora, tenemos que ese misterio de Dios el Padre y de Cristo, del cual habla San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3, es el misterio más grande. La Escritura dice en Isaías, capítulo 7, verso 14, que una virgen concebiría y daría a luz un hijo y sería Su Nombre llamado Emanuel, el cual traducido es: “Dios con nosotros.” Dios estuvo en los profetas del antiguo pacto, del Antiguo Testamento, pero en Jesús estuvo en toda Su plenitud.     Y ahora, cuando Jesús fue bautizado y luego se fue de en medio de los que seguían a Juan, ¿a dónde se fue? Se fue al desierto, dice la Escritura: “Para ser tentado por el diablo,” estuvo sin comer unos 40 días (40 días), y el diablo estuvo tentándolo en muchas ocasiones; y al terminar esos 40 días el diablo vino a Él con diferentes tentaciones, y una de ellas fue que le mostró todos los reinos del mundo y se los ofreció, y le dijo que si postrado lo adoraba se los daría a Él; el diablo le dijo que eran de él, el dueño de esos reinos él dijo que era él (el diablo).     Es que el reino o los reinos de este mundo pasaron a ser del maligno, del diablo o Satanás, cuando Adán y Eva pecaron, así se los arrebató el diablo a Adán que era el heredero, el hijo de Dios que fue colocado aquí en la Tierra unos seis mil años atrás; él perdió los reinos de esta Tierra, los agarró el enemigo y se adueñó ilegalmente.     Y ahora, encontramos que él no tiene el derecho o los derechos porque no tiene el Título de Propiedad, porque el que tiene el Título de Propiedad es el dueño; aunque otro esté en el terreno de otra persona, si no tiene el título de propiedad no es dueño de ese terreno, el dueño es el que tiene el título de propiedad; y ese Título de Propiedad es el que está en la diestra de Dios en Apocalipsis, capítulo 5, y el dueño original es Dios, lo dio a Su hijo, a Adán, pero cuando pecó, Dios lo tomó de nuevo y ha permanecido en la mano de Dios, en la diestra de Dios por estos seis mil años que han transcurrido.     Pero la promesa es que va a ser tomado por el heredero, el Mesías, el cual es tanto Sumo Sacerdote como Rey, es tanto Cordero como León. Él es el heredero porque Él es el segundo Adán; el primer Adán perdió los derechos, el segundo Adán toma ese Título, obtiene los derechos y por consiguiente restaura a todos los hijos e hijas de Dios a la Vida eterna, al Reino eterno y por consiguiente reinarán con Cristo en este planeta Tierra por mil años y por toda la eternidad.     Ahora, hablando del Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo, el Espíritu de Dios se hizo carne en la persona de Jesús, el mismo Espíritu Santo que estuvo en los profetas y habló a través de los profetas, el mismo Espíritu Santo que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto; Él es el Ángel del Pacto, Él es la imagen del Dios viviente llamado del Ángel de Dios o Ángel del Pacto, el cual es el Espíritu Santo.     Por eso cuando nos habla en Malaquías, capítulo 4 y capítulo 3 acerca de la Venida del Señor, nos muestra Su primera Venida y Su segunda Venida, Malaquías, capítulo 3 nos habla de un mensajero que Él enviará delante de Él para que le prepare el camino, y luego vendrá a Su templo el Señor, a quien el pueblo... “a quien buscáis vosotros,” a quien el pueblo hebreo buscaba, “y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros.”     Ahora, Dios el Padre, Dios Todopoderoso vendría a Su templo, pues el templo fue hecho para Él y para el pueblo acercarse a Dios; y el Ángel del Pacto. ¿Quién es el Ángel del Pacto? Es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios, es el Cristo en Su cuerpo angelical, es el Mesías en Su cuerpo angelical, el cual luego se haría carne y sería Emanuel, Dios con nosotros, porque Dios ha estado en Su Ángel, el Ángel del Pacto llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, a través del cual creó todas las cosas.     Por eso cuando Moisés quiso ver la gloria de Dios, Dios le dijo: “No me verá hombre y vivirá, pero yo voy a pasar delante de ti y voy a colocar mi mano delante de ti y te voy a colocar sobre una hendidura de la roca hasta que haya pasado, y luego podrás ver mis espaldas,” y así sucedió. Las espaldas de Dios, las espaldas de un hombre, las espaldas del Ángel del Pacto.     Ese mismo Ángel lo vio también Josué, lo vio como el comandante en jefe de los ejércitos de Dios, lo vio con la espada en la mano (eso es el capítulo 5, versos 13 al 16 de Josué); y también en el capítulo 13 del libro de los Jueces el padre de Sansón, Manoa, el cual estaba casado y su esposa no tenía niños porque era estéril, el Ángel de Dios le apareció en forma visible primeramente a la esposa de Manoa, y luego ella se lo dijo: que le había aparecido y le había dicho que ella iba a tener un niño, y le dio las instrucciones de cómo criar al niño.     Y Manoa entonces oró a Dios para que le enviara de nuevo ese Ángel, Dios lo envió, Manoa recibió la noticia de su esposa que le había aparecido de nuevo el Ángel, fue a donde estaba el Ángel, habló con él, él le dijo que era cierto que él era la persona que le había aparecido, porque Manoa le preguntó si él era el Ángel, el varón que le había aparecido, y él le dijo: “Sí.” Entonces pregunta todo lo relacionado al niño que van a tener Manoa y su esposa, y cómo criarlo, y le dice: “Será como yo le dije a ella.”     Manoa lo invita a comer y él le dice: “No comeré tu pan, pero si tú quieres sacrificar, sacrifica a Dios, sacrifica lo que tengas para sacrificar, sacrifícaselo a Dios,” y entonces Manoa preparó un cabrito, lo trajo, el Ángel le dice que lo colocara sobre la roca, y ahí luego el Ángel tocó ese sacrificio, ese cabrito, lo tocó con su cayado o su... y el fuego ahí que consumía, estaba consumiendo el cabrito porque Manoa lo había colocado y lo estaba ofreciendo a Dios, y mientras el fuego subía, el Ángel subió en la llama de fuego y entonces Manoa se dio cuenta que ese era el Ángel de Dios, y le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.”     Lo mismo que le había pasado a Jacob en Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32 donde Jacob luchó con un Ángel durante toda la noche, y ya cuando rayaba el alba el Ángel le dice: “Suéltame porque raya el alba,” tenía que irse. Y Jacob le dice: “Yo no te dejaré, no te soltaré hasta que me bendigas.”     Es importante uno agarrarse de Dios por la bendición de Dios. Y el Ángel le dice: “¿Cómo te llamas?” Él le dice: “Me llamo Jacob.” Él le dice: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.” Se lucha para vencer.     Por lo tanto, se va el Ángel y entonces le coloca Jacob un nombre al lugar donde había sucedido todo esto, en memoria de ese glorioso encuentro que tuvo *Jacob con el Ángel. Fue un glorioso encuentro para Jacob, y le puso por nombre: Peniel, que significa: “El rostro de Dios,” porque dice: “Vi a Dios...” dice capítulo 32, verso 30, dice:     “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”     Pero usted luego de leer todas estas Escrituras del Antiguo Testamento y ver que Dios aparecía a diferentes personas y ellos daban testimonio que habían visto a Dios cara a cara, ahora cuando usted encuentra aquí en este pasaje de Primera de Juan, que dice que a Dios... el verso 12: “Nadie ha visto jamás a Dios.” Y también en el Evangelio según San Juan, capítulo 1, nos dice el mismo San Juan... vean cómo nos dice San Juan en el capítulo 1, verso 18:     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”     Por lo tanto, todas estas apariciones de Dios a los profetas en ese cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, fue Dios en Cristo, Dios en el cuerpo angelical de Cristo, era una teofanía; un cuerpo angelical es un cuerpo teofánico, y por eso es que Jesucristo en una ocasión por allá por San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, dice:     “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.     Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?     Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”     ¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, era ese Ángel que le aparecía a Adán, a Abel, a Set, le apareció a Enoc, le apareció a Matusalén, le apareció a Noé, a Abraham también, comió con Abraham, Elohím; este Ángel del Pacto y los dos Arcángeles principales de Dios, Gabriel y Miguel, comieron con Abraham cuando lo visitaron por el capítulo 18 del Génesis el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.     Es el mismo que le había aparecido a Abraham en el capítulo 14 como Melquisedec, Sacerdote del Dios Altísimo, sin padre, sin madre, sin genealogía; este Ángel llamado el Ángel del Pacto, es el mismo Melquisedec, es la persona más importante en el Programa de Dios, porque es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 3, y lo leemos para que tengamos el cuadro claro de quién es Jesucristo, del cual conmemorábamos en estos días pasados la última cena que tuvo Cristo con Sus discípulos, conmemoramos también la pascua, la cual se materializó en Jesucristo muriendo en la Cruz del Calvario como el Cordero pascual.     Murió en la víspera de la pascua como murió cada cordero pascual allá en Egipto, el cual fue sacrificado por el padre de familia para colocar la sangre en la puerta, en el dintel y los postes de cada hogar hebreo, para la preservación de la vida de los primogénitos. Y para la preservación de la vida de los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que vendrían a formar la Iglesia del Señor Jesucristo, murió Cristo en la Cruz del Calvario como el Cordero pascual, el Cordero de Dios, por lo cual Juan el Bautista cuando lo vio dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”     En Él estaba Dios en toda Su plenitud: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo en Jesucristo, Emanuel, Dios con nosotros. Por lo tanto, el cuerpo angelical de Dios es el Ángel del Pacto, ese cuerpo teofánico, lo cual es la imagen del Dios viviente, y el cuerpo físico de Dios es el cuerpo de Jesucristo el cual ya está glorificado, para entenderlo claramente; y por eso es que así como el Ángel del Pacto ha estado en el Trono de Dios, Cristo en Su cuerpo angelical luego cuando resucita y sube al Cielo glorificado, se sentó a la diestra de Dios, se sentó en el Trono de Dios.     La lucha era por el Trono, quién se sentaría en el Trono de Dios celestial. Satanás o el diablo le ofreció los reinos de este mundo y por consiguiente el trono de los reinos de este mundo, que viene a ser el trono del maligno, del cual la Escritura en el libro del Apocalipsis, cuando se habla el mensaje a la Iglesia de Pérgamo, dice que ellos moraban donde estaba el trono de Satanás; y de eso no vamos a explicar mucho por ahora porque tendríamos que buscar el origen de ese trono, mostrarlo, y nos tomaría tiempo, y luego mostrar cómo ese trono se ha estado moviendo y señalar dónde en el Día Postrero estará ese trono, y quién se sentará en ese trono.     Por cuanto estamos hablando del Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo, en el Trono de Dios se sentará, pues el que tiene el Espíritu de Dios, y por eso Cristo en el cual estaba el Espíritu de Dios en toda Su plenitud, se ha sentado en el Trono celestial, y en el trono de Satanás, pues se sienta el anticristo.     Ahora, dos mil años atrás estaban dos personajes muy importantes: Jesucristo y Judas Iscariote; en Jesucristo entró el Espíritu de Dios cuando Juan lo bautizó, y en Judas Iscariote entró el espíritu del anticristo en la última cena del Señor para luego irse y vender a Cristo. Fue la etapa más difícil de Cristo, en donde uno de Sus propios discípulos deja de creer en Cristo, había puesto su vista y su corazón en los bienes materiales y quería decirle a Jesucristo cómo Él tenía que hacer con el dinero, las ofrendas y las cosas que se recibían. Él era el tesorero, pero también dice que él sacaba, de lo que se recibía, para él, para su uso personal.     Ahora, esa es la parte triste de la historia de Cristo y Sus discípulos: que uno de Sus discípulos lo traicionó, era el que conocía todos los detalles, sabía a los lugares que Cristo iba, sabía todo el movimiento del ministerio de Cristo y sabía dónde iba a estar en la víspera de la pascua luego de tomar la última cena con Sus discípulos.     Pero cuando entra el espíritu malo, el espíritu del anticristo en Judas Iscariote, el espíritu del maligno, dice que el diablo entró en Judas Iscariote, eso está por ahí por San Juan... en San Juan nos habla de eso que sucedió, lo cual es muy triste. Aún para Cristo fue un momento muy triste, pero Cristo ya lo sabía, Cristo sabía quién lo iba a vender por dinero, por el interés al dinero y por no estar de acuerdo con Cristo, no entendía el trabajo que Cristo estaba llevando a cabo; él pensaba quizás como los celotes, que ese movimiento era un movimiento... tenía que ser un movimiento revolucionario y darle un golpe de estado al gobierno establecido, vencer a los romanos y establecer el Reino de Dios.     Pero en el Programa Divino se estaba llevando la parte para la redención del ser humano, y tenía que ser así: como Cordero de Dios y tenía que morir, Cristo era el que sabía bien claramente que Él tenía que morir, y para morir tenían que suceder ciertas cosas en donde alguien cercano a Él, que conociera todos los detalles del ministerio y la vida de Jesús y de toda la parte administrativa, de las entradas y todo, fuera el que lo vendiera.     Jesucristo sabía quién era desde el principio, en una ocasión dice: “¿No los escogí yo a ustedes doce, y uno de ustedes es diablo?” Y no lo señaló en ese momento, lo dejó quietecito, no lo sacó, no dijo: “Voy a sacar a este para que no me dé problemas.”     Iba a venir una etapa en donde él tenía que morir y tenían que cumplirse ciertas cosas en donde alguno de ellos se iba a rebelar en contra de Jesús, lo iba a entregar, lo iba a vender y así por el estilo; estaba tipificado en cuando vendieron a José sus hermanos. Así que sería de la misma nación, del mismo pueblo.     Y ahora, Cristo lo dejó porque sabía que ese tenía una parte que tenía que llevar a cabo. Qué si Juan o Pedro le dicen: “Pero si tú sabes quién es, sácalo.” Pues Jesús le podía preguntar: “¿Entonces tú quieres tomar el lugar de él? ¿Quieres tú hacer la parte que él va a hacer?” De seguro Pedro le diría: “Ah no, yo no.” –“Ah, pues déjalo quietecito a él, él tiene una parte para llevar a cabo para que se pueda cumplir la Obra de Redención que tengo que hacer. Así que déjalo quietecito.” En palabras más claras, “él lo que le interesa es el dinero, déjalo que él siga haciendo la parte suya.”     Pero Cristo se quedó callado, nunca les dijo nada para que no se formara un problema entre los mismos discípulos, porque eran muy celosos y podían hacerle daño; aún en una ocasión está Santiago y su hermano (Juan y Santiago), y van con su madre y le dicen a Jesús, porque querían, habían ya visto lo que pasó en el Monte de la Transfiguración, y van le cuentan a ella y ellos sabían que eso era el tipo y figura de lo que será la venida del Reino de Dios con el Mesías para el establecimiento del Reino de Dios, y ven a Moisés a un lado y a Elías al otro lado allí en el Monte de la Transfiguración.     Y van luego con su madre y le cuentan, y van donde Jesús, y ella le dice: “Mira, yo quiero...” Él le pregunta: “Mujer, ¿qué quieres? ¿Qué deseas?” Y ella le dice: “Yo deseo que estos mis dos hijos, en Tu Reino, uno esté a Tu derecha y el otro a la izquierda,” o sea, que todas las cosas que se hicieran en ese Reino, lo iban a dirigir Jacobo (que es Santiago) y Juan, o sea, los principales en el Reino serían Santiago y Juan o Jacobo y Juan.     Siempre los padres y sobre todo las madres desean lo mejor para sus hijos, y hoy día de las madres, les felicito por desear lo mejor para sus hijos, y lo mejor siempre es la salvación del alma de sus hijos.     Cuando usted como madre busca la salvación de sus hijos y que sus hijos sigan a Dios, sirvan a Dios, sigan a Cristo, usted está buscando lo mejor para ellos, como esta madre buscaba la mejor posición para sus hijos en el Reino del Mesías.     Cristo les dice: “¿Podéis tomar la copa que yo he de tomar?” Ellos dicen: “Sí,” porque el que está buscando una bendición de Dios, no puede mirar los problemas, no puede mirar cuáles son las cosas que probablemente no les pueden permitir obtener lo que quieren. El que está buscando la bendición de Dios tiene que creer que para Dios todo es posible y para el que cree, todo es posible; no hay nada imposible para Dios y para el que cree todo es posible.     Por lo tanto, ellos le dicen: “Sí,” y el Señor les dice: “Sí, ustedes pueden,” ¿ven? No les dice que no pueden; pero les dice: “Pero el sentarse ustedes a mi derecha y a mi izquierda, eso no es mío darlo, sino a quien, o quienes está señalado,” o sea, que va a ser dada esa posición, pero no a ellos porque ellos la pidieron, sino a quien y para quien esté destinada esa posición; para ellos estaba destinada la posición de sentarse en tronos en el Reino del Mesías juntamente con los otros apóstoles que se sentarían en doce tronos, todos los apóstoles en doce tronos.     Como los doce hijos de Jacob también se sientan en doce tronos conforme a lo que está mostrado en el libro del Apocalipsis y en las palabras que Cristo también dio cuando dice: “Ustedes que me habéis seguido, se sentarán en doce tronos y juzgaréis a las doce tribus de Israel.” (San Mateo, capítulo 18, versos 26 al 28 y San Lucas, capítulo 22, versos 28 al 30). Y ahora, nos preguntamos: “Son 24 tronos:” doce para los patriarcas y doce para los apóstoles. Judas Iscariote perdió un trono, el trono; pero no se preocupen, lo heredó otra persona.     Ahora, se acabó la bendición de sentarse en tronos, aparentemente. La Escritura dice que los creyentes en Cristo han sido lavados con la Sangre de Cristo y han sido limpios de todos los pecados, y dice: “Y han sido hechos para nuestro Dios reyes y sacerdotes,” si son reyes, van a tener tronos también. ¿Cómo será eso? No se preocupen, cuando estemos allá en el Reino del Mesías veremos cómo va a ser.     Aún más, Cristo en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:     “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.     Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”     Así que quedó un Trono: el Trono del Mesías, el Trono de Cristo, que es el Trono de David, por lo tanto, hay una bendición grande para los creyentes en Cristo.     Ahora, encontramos que el Espíritu de Dios es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cual se hizo carne en la persona de Jesús, el cual había libertado al pueblo hebreo, el cual le había aparecido a los profetas y había hablado a través de los profetas porque estaba en los profetas manifestado.     Siendo que Él es la Luz, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el Verbo que era Dios, Él es la Luz, “y aquella Luz verdadera venía a este mundo, en el mundo estaba y el mundo por Él fue hecho,” dice San Juan, capítulo 1, versos 8 al 14, y dice que:     “... aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”     Por eso podía decir Jesús: “Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas” (por ahí en el capítulo 8, verso 12 de San Juan).     Así que, ya hemos visto quién es Jesucristo, a Dios nadie jamás le vio, sino que el unigénito Hijo del Padre, Él le ha dado a conocer, o sea, Cristo, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical es el que le ha estado dando a conocer a través de toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis; pero ha usado diferentes velos de carne que son los profetas que Él ha enviado a este planeta Tierra en las diferentes dispensaciones y diferentes edades.     Porque para Él hablarle al pueblo, tiene que tener un velo de carne a través del cual manifestarse, a través del cual hablar; ese instrumento está ungido con el Espíritu Santo, en él está el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, y en uno de esos ungidos con el Espíritu de Dios, se cumpliría la promesa de la venida del Mesías, y se cumplió en Jesús. Tan sencillo como eso.     Y ahora, hemos visto la trayectoria del Espíritu Santo, del Espíritu de Dios, desde el Génesis hasta los días de Jesús, y después el Día de Pentecostés desciende sobre ciento veinte que están reunidos esperando la venida del Espíritu, y los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, produce en ellos el nuevo nacimiento.     Pedro predica y como tres mil personas reciben a Cristo como Salvador, son bautizados en agua y también reciben el Espíritu de Cristo y por eso son añadidos a la Iglesia del Señor; porque solamente son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo las personas que han nacido de nuevo del Agua y del Espíritu, así es como son añadidos a la Iglesia, así como son añadidos a la familia los hijos cuando nacen; si no han nacido, no son añadidos.     Y ahora, hemos estado teniendo a través de la historia de la raza humana los dos espíritus: el Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo, el espíritu del anticristo que es el espíritu del maligno, ambos moviéndose; y hemos estado viendo una lucha, una batalla, y por eso es que desde la caída del ser humano en el Huerto del Edén, la Tierra ha venido a ser un campo de batalla; y la mente, sobre todo la mente del ser humano, ha venido a ser el campo de batalla; y por eso hay diferentes caminos: en el campo político, en el campo económico, en el campo religioso también, y en el campo religioso hay personas que dicen: “Todos los caminos llevan a Dios.”     ¿Pero qué dice Jesucristo? “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). Por lo tanto, hay un camino que lleva a Dios: es Cristo, Él no dice que hay muchos caminos, y que todos los caminos llevan a Dios, sino que Él es el único camino: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Si no es por Cristo, no se puede llegar al Padre, a Dios.     Y ahora, en cuanto al Espíritu de Cristo, que es el mismo Cristo pero en Su cuerpo angelical, Cristo en Espíritu Santo, ha estado en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hacia acá; antes de eso sí estaba en medio de los creyentes en Él, en el cuerpo de carne llamado Jesús.     Y ahora, el Cristo dice en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, cuando los manda a predicar, hacer discípulos a todas las naciones, luego les dice: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Pero sabemos que Él subió al Cielo y está a la diestra de Dios, ¿cómo puede Él estar y cómo puede cumplir esa promesa, que estará con los creyentes en Él todos los días hasta el fin del mundo?” Pues en Espíritu Santo.     Cristo en Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo desde que nació la Iglesia el Día de Pentecostés, y continúa. Tenemos la promesa para el Día Postrero de una manifestación grande del Espíritu Santo, así como se manifestó a través de los apóstoles, así como se manifestó a través de Jesús, así como se manifestó a través de San Pedro, de San Pablo, de los otros apóstoles, y luego a través de diferentes mensajeros, para este tiempo final hay promesa de que Él se manifestará en toda Su plenitud, y hay una promesa de que va a surgir en medio del Cristianismo una Gran Carpa-Catedral, la cual le fue mostrada al reverendo William Branham.     El reverendo William Branham es el hombre más grande que Norteamérica ha tenido, y el profeta más grande que ha tenido Norteamérica, porque fue el precursor de la segunda Venida de Cristo, así como Juan el Bautista dijo... o Cristo dijo de Juan el Bautista: “De los nacidos de mujer, no hubo ninguno mayor que Juan.” Jesús lo coloca como el profeta más grande, ¿por qué? Porque fue el precursor de la Venida del Mesías para aquel tiempo.     Para nuestro tiempo tenemos grandes promesas. La visión que le fue mostrada al reverendo William Branham de una Gran Carpa-Catedral, y dentro de ella un cuartito pequeño, y llevando a cabo actividades en esa Gran Carpa-Catedral, será cumplida en el tiempo final, y va a estar ahí la Columna de Fuego, va a estar ahí el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, y va a haber una manifestación grande de Cristo en Espíritu Santo en medio del cumplimiento de esa visión de la Gran Carpa-Catedral.     En algún lugar en medio del Cristianismo se va a cumplir esa promesa, y ahí la Tercera Etapa, donde por la Palabra creadora van a ser habladas grandes bendiciones, va a ser confirmada la Visión de la Carpa, va a ser confirmado que el reverendo William Branham era el precursor de la segunda Venida de Cristo y va a ser confirmado todo lo que Dios ha prometido para el Día Postrero, para el tiempo final.     Todo eso va a llevarse a cabo en medio del Cristianismo; por eso es que el reverendo William Branham dice que cuando los judíos vean a Cristo, al que ellos están esperando manifestado, dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.” En palabras más claras: “Qué hace en medio de los gentiles.” Van a ver a Elías porque están esperando a Elías. “¿Qué hace con los gentiles? ¿Qué hace con el Cristianismo?”     Es que en el Día Postrero Cristo va a venir con Sus Ángeles que son los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, y Él viene por Su Iglesia, los creyentes en Él nacidos de nuevo para darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Por eso es que el reverendo William Branham dice que en la Tercera Etapa, cuando esté manifestada la Tercera Etapa, donde el poder de Dios que fue visto manifestado a través de él en parte, sea manifestado en toda Su plenitud, dice que esto le va a dar la fe para el rapto a los creyentes en Cristo, les dará fe para ser transformados y raptados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y como señal del tiempo en que esto se va a cumplir, dice que vendrá una apretura sobre los creyentes en Cristo.     Sobre aquellos que van a disfrutar de esas bendiciones primero va a venir una apretura. Por lo tanto, cuando vean una apretura moviéndose y que esté también dirigida en contra de esa Visión de la Carpa, recuerden, está muy cerca esa manifestación plena de Dios, está muy cerca la adopción de los hijos e hijas de Dios.     Por lo tanto, estaremos de parte de lo que Dios ha prometido trabajando en pro del proyecto que Dios ha prometido llevar a cabo en este tiempo final; no vamos a estar de parte de los que estarán en contra, porque nos colocaríamos en la posición de todos los que se levantaban en contra del Programa de Dios en todos los tiempos.     Los que se colocan en contra de una promesa divina cuando está preparándose todo para que se haga realidad o cuando se está cumpliendo esa promesa, los que se levantan en contra o se han levantado en contra, están colocados en el tipo y figura de Datán, Coré y Abiram que se levantaron en contra de Moisés, y también colocados en el tipo y figura de Judas Iscariote.     Por lo tanto, nada queremos tener que ver con esas personas, sino con los que estarán de parte de lo que Dios ha prometido para trabajar para que se haga una realidad, porque Dios obra por medio de Su Iglesia.     Los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo son los instrumentos de Dios, para Dios usarlos para llevar a cabo el programa que Él tiene de etapa en etapa en medio de Su Iglesia y en medio del planeta Tierra.     Los que estarán brazo a brazo en pro del Programa Divino prometido para el día en que la persona vive, están de parte del Espíritu de Dios y están trabajando con el Espíritu de Dios en lo que el Espíritu de Dios está llevando a cabo a través de los diferentes instrumentos que Él tiene en cada tiempo. Así será para este tiempo final y para el Programa de Dios correspondiente a este tiempo final.     Y los que estarán en contra del Programa de Dios, que se levantarán en contra para criticarlo y para tratar de evitar que se cumpla, pues estarán conectados con el espíritu del anticristo. Tan simple como eso.     Esos dos espíritus se mueven, y el espíritu del anticristo está en contra del Espíritu de Cristo, del Espíritu de Dios, y siempre trata de destruir la Obra de Dios, el Programa de Dios que Él ha prometido para cada tiempo. El que es de Dios, la Voz de Dios oye; el que no es de Dios, pues no oye la Voz de Dios, oye mejor la voz del espíritu del anticristo.     Es como en los días de Micaías, en donde para aquel tiempo el profeta Elías había dicho que Acab iba a morir y los perros iban a lamer su sangre. Ya el profeta Elías se había ido pero la profecía quedó en medio del pueblo y llegó el tiempo en que hubo una batalla señalada que se tenía que llevar a cabo, de Israel, el reino del Norte, contra sus enemigos, y él pidió ayuda al rey de Judá que era Josafat, temeroso de Dios. Acab era idólatra, su esposa era Jezabel y servían a los ídolos, aunque era un judío, un hebreo, Acab.     Y ahora, todos los profetas de Acab profetizaban que fuera a la guerra, que le iba a ir bien, que iba a tener la victoria; y Josafat, el rey de Judá, vio todo eso, pero no estaba conforme, esos eran profetas de Baal, profetas que también hablaban y decían que hablaban en Nombre de Dios, en Nombre de Jehová; y Josafat le pregunta a Acab: “¿Pero no tienes algún otro profeta, algún profeta de Jehová?.” Y Acab le dice: “Sí, hay uno pero siempre me profetiza mal. No me interesa ese, no quiero saber de él, siempre todo lo que me profetiza es malo para mí.”     Es que algunas veces piensan más en el bienestar que en la Palabra de Dios, y entonces le dice Josafat: “Mándalo a buscar para escuchar lo que él dice,” lo mandan a buscar, y el que va a buscarlo le dice: “Todos los profetas están diciendo que le va a ir bien al rey Acab, que vaya a la batalla; habla tú en la misma forma, no vayas hablar diferente.”     Es que pensaban que la mayoría es la que manda, y que uno solo profetizando diferente a los demás, no tendría credibilidad o no estaría diciendo la verdad, y Micaías, dice: “Lo que Dios me diga, eso es lo que yo voy a decir.” Lo llevan, pero entonces comenzó diciendo como los demás profetas decían, y el rey dice: “¿No te he dicho que me digas la verdad siempre? Lo que Dios dice.” Ah, entonces no le gustó que dijera en la misma forma que los demás decían.     Es que quería probarle a Josafat que siempre profetizaba mal, malo contra el rey Acab, y ahora si lo oye Josafat diciendo que vaya a la batalla que va a tener la victoria, dice: “Pero mira, te está profetizando bien.” Entonces le dice que le diga la verdad, y entonces le dice: “Vi a Israel desparramado como ovejas sin pastor.” Y después le dice: “Vi a Dios sentado...” Capítulo 22 del libro de Reyes, ahí lo pueden encontrar, de Primera de Reyes, del verso 13 en adelante. Y Micaías dice: “Vi a Dios sentado en Su Trono, y vi a la derecha y a la izquierda los ejércitos en el Cielo, y Dios pregunta: quién irá...” porque había llegado el tiempo para morir... vamos a leerlo para que vean que... capítulo 22, verso 19 en adelante de Primera de Reyes, dice:     “Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.     Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra.     Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová (cuando dice: salió un espíritu, recuerde, es un personaje de otra dimensión, parecido a los personajes de esta dimensión terrenal, pero de otra dimensión, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión parecido a los cuerpos de los seres humanos)...”     “Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová , y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?     El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo así.     Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.”     Por permisión divina, por cuanto Acab se había rebelado en contra de Dios, permite que un espíritu de mentira, juntamente con todo el ejército de ese espíritu de mentira, vayan al rey Acab y vayan a los profetas de Acab y entren a ellos y comiencen a profetizar ungidos con ese espíritu de mentira, comiencen a profetizar que vayan a la batalla, que Acab vaya a la batalla y que le va a ir bien, lo cual era mentira, le iba a ir mal:     “Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti?”     Así que estos creían y decían que eran profetas de Dios, de Jehová, también, pero con espíritu de mentira, profetizando mentira, estaban fuera de la Palabra que Dios había hablado por medio del profeta Elías; no puede contradecir un profeta lo que ya otro profeta ha dicho por Palabra de Dios.     Por lo tanto, el que tenía la Palabra de Dios verdaderamente era Micaías, fueron a la batalla, hirieron a Acab y murió, aunque él trató de evitar que se cumpliera, se vistió diferente para que no se dieran cuenta que era el rey, pero cuando estaba huyendo una flecha que fue lanzada a la ventura, llegó hasta él, lo hirió, se lo llevaron en el carro hasta cierto lugar, al lugar de Jezreel, allí murió y los perros estaban lamiendo la sangre de él, como fue profetizado por el profeta Elías.     El Espíritu de Elías ha venido a la Tierra en diferentes ocasiones: en Elías Tisbita, en Eliseo, en Juan el Bautista y el reverendo William Branham, y está prometido venir por quinta ocasión. Las cosas que fueron dichas por el reverendo William Branham bajo la unción del Espíritu Santo, es la Palabra del cuarto Elías, y como ha dicho el cuarto Elías, así se va a cumplir.     Cualquier persona que hable contrario, no estará hablando con el mismo Espíritu de Dios que habló el profeta Elías en su cuarta manifestación. Micaías estaba hablando con el mismo espíritu, porque estaba hablando de acuerdo a lo que ya estaba profetizado; y así será también para nuestro tiempo, las cosas van a suceder como fueron profetizadas por el Espíritu de Dios en el ministerio profético de Elías por cuarta ocasión. Y todos los que estarán de acuerdo con lo que fue profetizado, verán que así será cumplido todo lo que Dios habló por medio del ministerio de Elías precursando la segunda Venida de Cristo.     Así que, usted tiene que ver de qué lado usted se coloca: o del lado del Espíritu de Dios o del lado del espíritu del anticristo. Luego el espíritu del anticristo se va a encarnar en el hombre de pecado en el Día Postrero, conforme a las profecías; conforme a Segunda de Tesalonicenses, capítulo 4 nos habla del hombre de pecado, el cual viene por obra del maligno.     En este tiempo final... el espíritu del anticristo desde los tiempos de los apóstoles estaba moviéndose y haciendo daño en medio del pueblo, pero luego se encarnaría, luego tendría sus velos de carne a través del tiempo, y en el Día Postrero se encarnará totalmente en un hombre, y el espíritu del anticristo entonces ya obrará, hará lo que está profetizado para el Día Postrero.     Pero la promesa es que todo va a acontecer como fue dicho por el Espíritu Santo a través de la manifestación del ministerio de Elías por cuarta ocasión, y les voy a mostrar algo aquí para que estén conscientes de lo que va a suceder; dice este libro de los Siete Sellos del Apocalipsis, predicado en diferentes conferencias por el reverendo William Branham, dice en la página 146 del libro de “Los Sellos,” dice:     “Pero cuando Cristo venga, una espada saldrá de su boca como un relámpago (¿qué es eso? La Palabra saliendo de Su boca, siendo hablada). Saldrá y aniquilará sus enemigos y echará fuera al diablo. Cortará todo lo demás y Su vestidura será teñida en sangre y sobre Su muslo estará escrito: ‘El Verbo de Dios.”     El Verbo, la Palabra, el Ángel del Pacto, el cual se hizo carne dos mil años atrás. Dice:     “Amén. El viene con Su ejército del Cielo.”     Y ahora, el otro jinete de otro caballo blanco que es el anticristo, dice:     “Ese jinete del caballo blanco ha estado en la tierra todo el tiempo. El cambiará de anticristo, y cuando lo haga será el falso profeta...”     Y ahora, sigue diciendo:     “Primero fue el anticristo, el espíritu; luego fue el falso profeta; después cuando el diablo sea echado (cuando sea echado del Cielo), se encarnará en él (o sea, se encarnará en el falso profeta). Luego es el falso profeta: maestro de doctrina falsa; luego será el diablo mismo encarnado. ¿Ve Ud.? Y al mismo tiempo que el diablo cae del Cielo y se encarna en un hombre, el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre.”     Ahora, podemos ver que algo grande va a acontecer en este tiempo final. Hay otro lugar donde nos dice:     “Ahora vemos que fue arrojado a la tierra, y se encarna como espíritu anticristo en un hombre (página 252).”     Todo eso va a acontecer como lo dijo el precursor de la segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham con el Espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación, no va a ser de otra forma. Por lo tanto, tenemos que estar atentos a lo que ya fue profetizado que estará sucediendo. En la página 352, dice:     “Y sucederá que al tiempo cuando el anticristo venga en su plenitud, Dios también vendrá en Su plenitud para redimirnos. Siempre corren paralelos. Caín y Abel, el cuervo y la paloma en el arca, Judas y Jesús.”     Por lo tanto, en la forma que ha sido profetizado que sucederá, así va a suceder.     El Cristianismo está esperando la Venida del Señor, y la única esperanza que hay para el ser humano es la Venida del Señor, porque en los términos económicos por lo que se ve no hay futuro económico para las personas; y por lo que se ve en el aspecto de las condiciones del planeta Tierra, no hay futuro para el planeta Tierra por la situación de los problemas del medio ambiente, el calentamiento global y otros problemas, la contaminación de los ríos, de los mares y así por el estilo por causa de químicos y otras cosas que han contaminado las aguas de los ríos y de los mares.     El calentamiento global está causando el derretimiento de los polos, de los hielos polares, y eso es un problema grave para el planeta Tierra y sus habitantes. También los terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes, y la amenaza de una tercera guerra mundial, le quitan las esperanzas a cualquier persona.     Pero hay una esperanza para el ser humano, y es la segunda Venida de Cristo, y por consiguiente esa es la única esperanza real para los creyentes en Cristo. No hay otra esperanza real para los seres humanos.     En algún momento va a comenzar el lapso de tiempo llamado la gran tribulación donde los juicios divinos van a caer sobre el planeta Tierra como cayeron sobre Egipto, y Egipto llegó a la quiebra en el tiempo que las plagas cayeron, y así fue en el tiempo de Moisés; y para el tiempo de los ministerios de Moisés y Elías, los dos Olivos, las plagas se van a repetir conforme a Apocalipsis, capítulo 11 y conforme a otros pasajes bíblicos, esas plagas volverán a ser manifestadas.     Son también los juicios divinos que caerán sobre la raza humana. La misma naturaleza va a estar produciendo problemas, plagas, y así por el estilo, como fue en el tiempo de Moisés.     Para los que estarán con el espíritu del anticristo, los juicios divinos les esperan. Para los que estarán con el Espíritu de Dios, las bendiciones de Dios están señaladas para ser derramadas sobre esas personas; esas son las personas que serán transformadas y llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, esas son las personas que están esperando la Venida del Señor para la transformación y el rapto, esas son las personas que están mencionadas o que son acreedores a esta Escritura de Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, que dice:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;     el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”     Él tiene el poder para transformar nuestros cuerpos y para resucitar a los muertos creyentes en Él, resucitarlos en cuerpos eternos, así como resucitó a Lázaro su amigo. Él tiene el poder para transformarnos y darnos un cuerpo semejante al suyo, un cuerpo glorificado como Su cuerpo glorificado, el cual es inmortal, el cual es incorruptible y el cual es joven para toda la eternidad. Esa es la clase de cuerpo que yo estoy esperando, esa es la clase de cuerpo que Él ha prometido para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.     Por eso es importante estar conscientes de qué lado estamos parados: ¿del lado del Espíritu de Dios o del lado del espíritu del anticristo? Recuerden: una apretura está profetizada que vendrá contra los creyentes en Cristo, contra los que estarán de lado del Espíritu de Dios, pero eso es normal, a Cristo lo persiguieron, lo crucificaron, a los discípulos del Señor Jesucristo también los persiguieron y mataron a muchos de ellos. San Juan fue el único que murió de muerte natural, a San Pedro lo crucificaron con la cabeza hacia abajo, a otros los apedrearon, a otros los decapitaron como a San Pablo allá en Roma y así por el estilo. A la Iglesia del Señor Jesucristo la persiguieron y la han perseguido en diferentes tiempos, y seguirán persiguiéndola.     Por lo tanto, lo importante es que estemos del lado del Espíritu de Dios, del cual Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” ¿Cómo estaría? En Espíritu Santo, guiando a Su Iglesia, la cual ha estado pasando de edad en edad, de etapa en etapa y en nuestro tiempo se encuentra en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, ese es el lugar donde están llamados a estar todos los creyentes en Cristo esperando la Venida del Señor y su transformación. Es la edad de oro, la edad paralela a la de la primera Venida de Cristo, la edad paralela también al tiempo de Noé, la edad paralela al tiempo de Abraham y de Lot, pues Cristo dijo que será como en los días de Abraham y que será también como en los días de Lot, y que será también como en los días de Noé, la Venida del Hijo de Hombre, el día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.     Por lo tanto, será un tiempo paralelo el tiempo para la Venida del Hijo del Hombre, para la Venida del Hijo de Dios, para la Venida del Señor, y serán bienaventurados los que estarán en pie delante del Hijo del Hombre en el Día Postrero, se encontrarán al lado del Espíritu de Dios en la obra correspondiente al Día Postrero, y en la etapa o edad correspondiente al Día Postrero, en donde el Espíritu de Dios estará obrando, estará manifestándose por medio de Sus instrumentos, de Su instrumento correspondiente al Día Postrero; estará manifestándose por medio de Su Iglesia en el Día Postrero, en donde cumplirá todas las promesas que Él ha hecho para Su Iglesia, para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Por lo tanto, estarán escuchando la Voz de Cristo como León, clamando como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo sus Voces, y dándole así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Hemos visto lo que es el Espíritu de Dios y lo que es el espíritu del anticristo, en forma rápida hemos tocado este tema, pero hay más, hay mucho que se puede hablar, pero nos falta el tiempo y en otras ocasiones estaremos hablando, y ya cuando se esté en la Tercera Etapa en el cumplimiento de las promesas de Dios para este tiempo, habrá más información sobre estos dos temas: “EL ESPÍRITU DE DIOS Y EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO.”     Lo importante es estar del lado del Espíritu de Dios, eso identificará a la persona como parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, como un miembro de ese Cuerpo Místico de creyentes.     Todavía el Espíritu de Dios sigue llamando y juntando todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, para así que obtengan la redención que Cristo ganó en la Cruz del Calvario para cada uno de los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.     Todos queremos vivir eternamente, todos queremos estar del lado del Espíritu de Dios, todos queremos obtener la Vida eterna, todos queremos llegar al Padre celestial, y Cristo dijo que Él es el camino: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”     Por lo tanto, todos necesitamos recibir a Cristo como único y suficiente Salvador para llegar a Dios, para obtener esa salvación y Vida eterna. Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.”     La Voz es la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo. El gran pastor es el Señor Jesucristo, el cual dijo: “Yo soy el buen pastor, y el buen pastor su vida da por las ovejas.” Y el rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Todos los creyentes en Cristo, cada uno de ustedes y yo también. Eso está en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante; y en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante, dice:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna.”     Es para darnos Vida eterna que Él nos llama y nosotros escuchamos Su Voz y lo recibimos como único y suficiente Salvador. Para eso es que se predica el Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en el alma de la persona, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.     Por lo cual si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, y nació la fe de Cristo en su alma mientras escuchaba la predicación del Evangelio de Cristo, puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar acá al frente los que están aquí presentes en Puerto Rico, y los que están también en otras naciones, para que así oremos por usted y Cristo le reciba en Su Reino.     Por lo tanto, vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente las personas que todavía no han recibido a Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. Vamos a pedirle a los que están en diferentes naciones, que nos avisen cuando estén ya listos para la oración por las personas que han estado viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Cristo tiene mucho pueblo en medio de la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final, y también en Norteamérica y todas las naciones para darles Vida eterna. Usted ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida; aunque usted quizás no lo sabía, pero su nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida y por eso usted tiene la oportunidad de escuchar, de que nazca la fe de Cristo en su alma y de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador para que Cristo le reciba y le dé Vida eterna.     No hay otra forma en que el ser humano pueda recibir la Vida eterna, solamente es a través de Jesucristo nuestro Salvador, porque Él es el que murió como único y suficiente Salvador, el que tomó los pecados del ser humano y murió en la Cruz del Calvario; se hizo pecado por nosotros, fue cargado en Él el pecado de todos nosotros, por eso no se le echa la culpa a los judíos por la muerte de Cristo, porque estaba en el Programa Divino que Cristo muriera en la Cruz del Calvario, por eso fue que Cristo dijo, hablando de los judíos estando en la Cruz del Calvario, dijo: “Padre, perdónalos porque ellos no saben lo que hacen.”     Gracias a Dios que fue crucificado y murió por nosotros en la Cruz del Calvario para que todos tengamos un Salvador, un Redentor. Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes o en alguna otra nación, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador; te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Señor, Te ruego se haga una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, sálvame Señor, hazla una realidad. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado!     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como único y suficiente Salvador. Ustedes que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, pueden ser bautizados en estos momentos.     El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).     Aún el mismo Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados.     Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Para lo cual dejo ahora al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, aquí presentes; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Y que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Continúen pasando todos un día de las madres feliz, junto a su madre cada persona, y los que su madre ha partido, pues sepan que usted está aquí en la Tierra porque ella lo dio a luz, por lo cual estamos agradecidos por haber tenido una madre que nos trajo a esta Tierra, que nos dio a luz; y reitero mis felicitaciones a todas las madres.     Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     Con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez, y en las diferentes naciones el ministro correspondiente.     “EL ESPÍRITU DE DIOS Y EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO.”

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