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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Un especial saludo al misionero Miguel Bermúdez Marín y a todos los ministros junto a sus congregaciones en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.     Para esta ocasión leemos un pasaje muy conocido en San Mateo, capítulo 25, versos 31 en adelante (al 46), donde dice:     “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,     y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.     Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.     Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.     Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;     estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.     Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?     ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?     ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?     Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.     Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.     Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;     fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.     Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?     Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.     E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “EL REINO DE DIOS, DE LOS HIJOS DE DIOS; EL INFIERNO PARA EL DIABLO Y SUS ÁNGELES.” El Reino de Dios ¿para quién? Para los hijos de Dios, y el infierno ¿para quién? Para el diablo y sus ángeles.     Para poder comprender este tema sobre el Reino de Dios, leemos San Lucas que nos dice en el capítulo 12, verso 32 al 34 de la siguiente manera:     “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.”     El Reino de Dios, dice Cristo que le ha placido a Dios darlo ¿a quién? A los creyentes en Cristo; por eso es que en el capítulo 21 de San Mateo Cristo dice, en el verso 43:     “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.     Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.”     Cristo es la piedra no cortada de manos, la piedra del ángulo que desecharon los edificadores. Y ahora, quien cayere sobre esta piedra, será quebrantado; o sea, toda persona que lo recibe como Salvador, está cayendo sobre la piedra, Cristo, arrepentido es quebrantado en su corazón, arrepentido de sus pecados y tiene la bendición de obtener la salvación y Vida eterna; pero sobre quien la piedra cayere, le desmenuzará.     Los incrédulos serán desmenuzados como aquella estatua que vio el rey Nabucodonosor y fue desmenuzada esa estatua en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, por la piedra no cortada de manos que es esta piedra que viene a ser cabeza del ángulo, la piedra que los edificadores desecharon, la cual es Cristo.     Y ahora, el Reino de Dios es dado a los creyentes en Cristo, porque “al Padre le ha placido daros el Reino,” y por consiguiente tienen la bendición más grande que se pueda heredar, eso está ligado a la Bendición de la Primogenitura.     Ahora, encontramos en Apocalipsis, capítulo 19 al Mesías, a Cristo viniendo sobre un caballo blanco, y con Él las huestes celestiales, los que le siguen que son los creyentes en Él, los que murieron y fueron llevados al Paraíso, los cuales serán resucitados en cuerpos glorificados, y los vivos que serán transformados, ese es ese ejército poderoso que viene con Él después de la gran tribulación para establecer el glorioso Reino del Mesías, vienen con Cristo los santos que murieron y serán resucitados en cuerpos eternos, y los que estarán vivos y serán transformados, vendrán con Él luego de la Cena de las Bodas del Cordero para establecer el Reino del Mesías en la Tierra.     Ahora, para comprender este tema doble: El Reino de Dios ¿para quién? Para los hijos de Dios, y el infierno para el diablo y sus ángeles y todos los que siguen al príncipe de las tinieblas. Para los que siguen el príncipe de las tinieblas está el infierno, y para los que siguen al Príncipe de Paz, a Cristo, está el Reino de Dios y por consiguiente está el Paraíso, si muere la persona va al Paraíso y luego resucitará, y luego en el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra estarán ahí todos los que siguen a Cristo, el Príncipe de Paz.     Pues recuerden que son los herederos del Reino: Cristo y Su Iglesia, Cristo y los creyentes en Él, porque Cristo es el heredero al Trono de David; bien dijo el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, cuando le apareció en ese momento tan glorioso para la virgen María, capítulo 1, versos 30 en adelante de San Lucas, dice:     “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.     Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.     Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre...”     Ahora, el Señor Dios le dará el Trono de David su Padre. ¿Quién es el heredero al Trono de David? Este niño que va a nacer a través de la virgen María:     “Y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”     Aquí tenemos al heredero del Reino de David, y el Reino de David es el Reino de Dios en la Tierra, el Reino terrenal de Dios. Por eso en Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21, Cristo dice:     “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.     Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”     Así como Cristo venció y se sentó en el Trono celestial del Reino celestial, del Reino que gobierna toda la creación, en esa misma forma Cristo le dará al vencedor que se siente con Él en Su Trono terrenal, porque Cristo se sentó en el Trono del Padre; pero ahora el Trono de Cristo, al cual Él es heredero, es el Trono de David, en el cual Cristo sentará con Él al vencedor, en la misma forma que el Padre sentó a Cristo en el Trono celestial.     Y ahora, tenemos que comprender que Cristo, el Jinete del Caballo Blanco de Apocalipsis 19, tiene en Su vestidura escrito: “Rey de reyes y Señor de señores,” y tiene un Nombre escrito que ninguno conoce, sino Él mismo, un Nombre que ninguno conoce, por lo tanto no es Jesús, porque el nombre Jesús todo el mundo lo conoce, o Yeshua todo el mundo lo conoce, porque es el nombre con el cual Él apareció dos mil años atrás al nacer Su cuerpo físico a través de la virgen María y que por orden del Ángel Gabriel le fue puesto el nombre Yeshua, o Jesús en español.     Ahora, este Nombre que ninguno conoce, con el cual Él viene, el cual es el Verbo de Dios, porque es el Verbo, el Ángel del Pacto que se hizo carne dos mil años atrás, “y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros.” (San Juan, capítulo 1, verso 14), y cuando se hizo carne y habitó en medio de la raza humana, fue conocido por el nombre de Yeshua o Jesús.     Y ahora, en Su Venida para el establecimiento del Reino en la Tierra, viene con un Nombre que ninguno conoce, ¿acaso hay algún Nombre del cual la Biblia habla que será usado por el Señor en Su Venida en el Día Postrero? En Apocalipsis, capítulo 3, verso 12 nos da información acerca de este tema. Capítulo 3, verso 11-12, dice:     “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.     Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios...”     ¿Y cuál es el Templo de Dios? Cuando Cristo estaba en la Tierra, el templo humano de Dios era aquel velo de carne llamado Jesús, y bajo un nuevo Pacto la Iglesia del Señor Jesucristo, dice San Pablo, que es el Templo de Dios, “¿no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Y también nos dice que la Casa de Dios sobre la cual Dios ha puesto a Cristo, somos nosotros, esa es la Casa de Dios (Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6, y también Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22). Veamos capítulo 2, verso 19 en adelante de Efesios, dice:     “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,     edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,     en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;     en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”     Y ahora, el Templo en la Tierra es la Iglesia del Señor Jesucristo, un Cuerpo Místico de creyentes en donde dijo Cristo que moraría: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).     Y ahora, por cuanto la Iglesia es un Templo espiritual, tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo; el Atrio corresponde al tiempo de diferentes etapas o edades de la Iglesia, edades que ya han pasado, y el Lugar Santísimo del Templo espiritual corresponde a este tiempo en la Iglesia del Señor Jesucristo, que corresponde a la etapa de la Edad de la Piedra Angular.     Y ahora, encontramos que Cristo en Su Iglesia ha estado en Espíritu Santo por estos dos mil años que han transcurrido y todavía continúa en medio de Su Iglesia. Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo es el tesoro más preciado que Cristo tiene en la Tierra, a tal grado que ha colocado Su Espíritu en Su Iglesia, para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios los cuales nacen del Agua: del Evangelio de Cristo, y del Espíritu: del Espíritu Santo al recibir el Espíritu Santo luego de ser bautizados en agua en Su Nombre.     Ahora, el Reino de Dios está en la esfera espiritual por estos dos mil años que han transcurrido, pero algún día va a estar en la esfera física y el Mesías Príncipe va a estar sentado sobre el Trono de David gobernando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, porque Él es el Rey de reyes y Señor de señores, es Rey en la séptima dimensión, es Rey en la sexta dimensión (la dimensión de la teofanía), y es Rey para el reino terrenal, para la dimensión terrenal, Rey de reyes y Señor de señores.     Y ahora, tenemos siete dimensiones, que son: luz, tiempo, materia; la cuarta: ondas, o las ondas a través de las cuales pasan las comunicaciones de radio y televisión y de los satélites; también tenemos la quinta dimensión la cual es para el diablo y sus ángeles, porque esa quinta dimensión es el infierno, de la cual Cristo hablando en la parábola o pasaje del hombre rico y de Lázaro el mendigo, nos dice que murió el hombre rico y fue al infierno, al Hades, y también había muerto Lázaro el mendigo y había sido llevado por los Ángeles al Seno de Abraham, a lo que era el Paraíso en aquel tiempo; eso es otra dimensión.     Recuerden que la persona cuando muere, lo que muere es su cuerpo físico, la persona sigue viviendo en otra dimensión. Depende a qué dimensión pertenezca el cuerpo espiritual o espíritu que tenga la persona. Si tiene el Espíritu de Cristo, entonces pasa al Paraíso; si no tiene el Espíritu de Cristo, entonces pasa a la quinta dimensión que es el infierno.     La sexta dimensión es el Paraíso donde van los creyentes en Cristo, y viven allí en cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos, jóvenes, inmortales y no tienen las necesidades que se tienen en esta dimensión terrenal. Pero ellos esperan regresar a la Tierra, recibir un cuerpo físico, inmortal, incorruptible y glorificado, el cual Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él, lo cual será concedido en el Día Postrero conforme a las palabras de Cristo cuando nos dice: “Y esta es la voluntad del Padre, que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo le resucitaré en el día postrero.” (San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40).     Y todo aquel que vive y cree en Él, en Cristo, no morirá eternamente, no morirá para siempre, ¿por qué? Porque Cristo lo va a resucitar, y aún antes de la resurrección la persona tampoco está muerta, está en el Paraíso viviendo en un cuerpo angelical.     Recuerden que el ser humano es alma, alma viviente, y tiene un espíritu que es su cuerpo angelical, un cuerpo de otra dimensión, y tiene también un cuerpo de esta dimensión terrenal. Por eso cuando muere el cuerpo físico que es de esta dimensión, la persona sigue viviendo en el otro cuerpo, cuerpo angelical que se parece al cuerpo físico pero es de otra dimensión, y es joven, para vivir en el Paraíso si es un creyente en Cristo. Si no es un creyente en Cristo entonces va a la quinta dimensión donde van todos los que no han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo.     Y ahora, la séptima dimensión, la dimensión de Dios, la dimensión donde Cristo se sentó en el Trono del Padre y está allí como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, haciendo intercesión con Su propia Sangre por toda persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador. Esas personas pertenecen al Reino de Dios, esas son las personas representadas en el trigo de la parábola del trigo y de la cizaña de San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43; esas son las personas de las cuales Cristo dice que son los hijos del Reino y por consiguiente son los coherederos con Cristo, porque Cristo es el heredero del Reino de Dios, porque por Él y para Él fueron creadas todas las cosas.     Y ahora, en la parábola que leímos al principio del Hijo del Hombre sentándose en el Trono de Su gloria, en Su Trono, el Trono de David, y reuniendo delante de Él todas las naciones, recuerden, las personas de las cuales Cristo dice: “Por cuanto no lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis,” esas personas o hermanos de Jesucristo más pequeños son los creyentes en Cristo. Por eso es que Cristo dijo en una ocasión que “cualquiera que dé un vaso de agua fresca o fría a uno de estos mis hermanos más pequeños, a uno de estos pequeñitos, no perderá su recompensa;” y ahí podemos ver que está recompensando a los que hicieron algo en favor de esos hermanos más pequeños y condenando a los que no hicieron nada en favor de estos hermanos más pequeños, o sea, de estas personas que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.     Los que han ayudado a los creyentes en Cristo, a la Iglesia del Señor Jesucristo, son bendecidos; los que no los han ayudado, les espera el lugar que Cristo mismo dijo que fue hecho, creado, para el diablo y sus ángeles, juntamente allí irán hasta que sean exterminados completamente en alma, espíritu y cuerpo.     Recuerden que Cristo en una ocasión hablando acerca del alma y del espíritu, nos dice en San Mateo, capítulo 10, verso 28:     “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”     “A Dios temed,” es la enseñanza de Cristo. Toda persona desea ir al Cielo, desea ir al Paraíso, toda persona desea vivir eternamente, hay dos lugares: la Vida eterna con Cristo en Su Reino, o el infierno donde será destruida el alma, el espíritu y el cuerpo de las personas.     Por eso en Apocalipsis, capítulo 20 dice... esto fue cuando el diablo fue suelto, dice:     “Cuando los mil años se  cumplan , Satanás será suelto de su prisión (Apocalipsis, capítulo 20, verso 7 en adelante),     y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.     Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada (o sea, Jerusalén); y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.     Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta...”     Donde estaba la bestia y el falso profeta que son echados en el lago de fuego al final de la gran tribulación, luego después del milenio el diablo va a ser echado en el lago de fuego donde estará el anticristo, la bestia y el falso profeta, o sea, que van a estar juntos, pero ahí nadie quiere ir porque el infierno fue hecho para el diablo y sus ángeles.     Y ahora, este lugar: el lago de fuego, es donde el alma, el espíritu y el cuerpo de las personas es destruido, pero también no es destruido inmediatamente, pasan una temporada ahí, de acuerdo a las obras que hayan llevado a cabo en contra de Dios y el Programa de Dios. Unos llevarán mayor condenación, durarán más tiempo en el lago de fuego; otros menos tiempo y así por el estilo.     “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.     Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”     Todo lo que la persona hace en la Tierra mientras vive en el cuerpo físico, es registrado en el Cielo, sea bueno o sea malo. Para los creyentes en Cristo, cuando cometen algún error que viene a ser algo malo, lo confiesan a Cristo y entonces es borrado con la Sangre de Cristo todo pecado, toda falta; es lo único que borra el pecado, quita el pecado, no hay otra cosa con lo cual pueda ser quitado el pecado.     Y ahora, el Libro de la Vida contiene la sección donde están escritos, registrados, todos los que nacen esta Tierra y tienen la oportunidad de hacer contacto con la Vida eterna para vivir eternamente; estas son las personas que escuchan el Evangelio de Cristo y lo reciben, pero después de un tiempo se apartan o quedan fuera del Programa Divino, dejan de oír la Voz de Dios y están escuchando voz de hombre y no de Dios, no el mensaje o Palabra de Dios.     Otros pasan por la Tierra y no saben que sus nombres están escritos en el Libro de la Vida, pero en algún momento tienen la oportunidad de escuchar la predicación del Evangelio, una vez por lo menos, para así tener la oportunidad de hacer contacto con la Vida eterna y poder creer.     También hay otros que no están escritos en el Libro de la Vida, la Escritura nos habla de eso en Apocalipsis, capítulo 13, verso *7 dice, hablando de la bestia que le hace guerra a los santos, o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo. Dice:     “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.  También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación (o sea, le fue dada autoridad a la bestia, y el dragón le dio autoridad y también su trono).     Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida  del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”     Luego encontramos también en el capítulo 17 de Apocalipsis, verso 8, donde nos dice:     “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo (o sea, subir del infierno) e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida,  se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”     Aquí nos muestra en estos dos pasajes que hemos leído, que hay un Libro que contiene nombres de personas, llamado el Libro de la Vida, y que tiene dos secciones: el Libro de la Vida para los que nacen en la Tierra como seres humanos, y el Libro de la Vida del Cordero que es la sección donde están escritos los elegidos de Dios, los predestinados de Dios, los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales están escritos en ambas secciones.     Pero cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, entonces todas las cosas que hace, o todas las cosas que hizo y están escritas en el Libro de la Vida, en la sección de la vida, son borradas con la Sangre de Cristo, todas las faltas, errores y pecados, y luego comienza a contar su vida en el Libro de la Vida del Cordero, sección del Libro de la Vida del Cordero porque ya nació de nuevo, nació en el Reino de Dios.     Así como los padres tienen los nombres que le van a poner a los hijos, la mayor parte de los padres ya lo tienen escogido: “Si es varoncito le vamos a poner este nombre, si es niña le vamos a poner este otro nombre,” y Dios sabía cuántos hijos Él iba a tener. Por lo tanto, Él ya desde antes de la fundación del mundo colocó en el Libro de la Vida del Cordero todos los que nacerían de nuevo, nacerían del Agua y del Espíritu y entrarían al Reino de Dios porque a ellos les ha sido dado el Reino de Dios.     Esas son las personas más privilegiadas de toda la Biblia, son las personas de las cuales dice que Cristo “con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra,” esos son los coherederos con Cristo del Reino de Dios celestial, y del Reino de Dios terrenal; son coherederos con Cristo, a todo lo que Cristo es heredero, también lo son los creyentes en Cristo, porque “al Padre le ha placido daros el Reino.”     Y ahora, estas son las personas que son llamadas los escogidos de Dios, los predestinados de Dios, por causa de que Dios vio todo lo que nosotros seríamos, lo vio desde antes de la fundación del mundo, y por conocimiento previo Él eligió, Él predestinó; predestinación por previo conocimiento.     Es como un carpintero o un albañil, puede ver muchas piedras y decir: “Esta tiene la forma para ocupar esta parte de la construcción que yo tengo aquí en el plano,” y ya es separada esas piedras para esa parte de la construcción.     Así también Dios que es el Constructor, el Arquitecto del Universo y el diseñador de Su Templo espiritual, de Su Iglesia, piedras vivas para formar la Iglesia del Señor Jesucristo, piedras vivas para formar cada uno la parte que le corresponde en la etapa o edad que le ha tocado vivir.     Para este tiempo: piedras vivas para formar el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, para eso serán las piedras vivas del Día Postrero, los elegidos del Día Postrero que recibirán a Cristo como único y suficiente Salvador, y que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero; esas son las ovejas del Padre que escucharán Su Voz en el tiempo final, la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu hablándoles, llamándolas y colocándolas en Su Templo espiritual para así formar el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.     Y después que ya esté completo ese Templo espiritual, Cristo terminará Su obra en el Cielo (de intercesión) y vendrá en Su Obra de Reclamo, tomará el Título de Propiedad en el Cielo, el Libro de los Sellos, sellado con siete Sellos, lo abrirá y hará Su Obra de Reclamo, vendrá a Su Templo espiritual,  Su Iglesia, al Lugar Santísimo de Su Templo, que es la Edad de la Piedra Angular, la edad de corona, ¿por qué será en esa edad? Porque ya las otras edades pasaron y no se cumplió la Venida del Señor en edades pasadas, y la Iglesia está esperando la Venida del Señor ¿para qué? Para Su transformación, cada creyente en Cristo como individuo está esperando Su Venida, porque “Nuestra  ciudadanía  está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;     el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21.     Así que, encontramos que la Iglesia del Señor Jesucristo está esperando la Venida del Señor para su transformación, para lo cual en nuestro tiempo la gran Voz de trompeta o trompeta final antecede a la resurrección de los muertos en Cristo y a la transformación de los vivos conforme a las palabras de San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58.     Y cuando esa gran Voz de trompeta o trompeta final esté sonando y dé su mensaje, porque la trompeta final o gran Voz de trompeta es el mensaje del Evangelio del Reino, y cuando esté sonando y dé su mensaje, luego vendrá la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos.     Por lo tanto, estaremos escuchando la Voz de Cristo, la gran Voz de trompeta, dándonos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Esto es así para los creyentes en Cristo porque al Padre le ha placido daros el Reino, darles el Reino; y para los que no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero ni en el Libro de la Vida en la otra sección, el anticristo, en el cual estará el diablo, y con el anticristo esos ángeles caídos llamados demonios o cosas así, para esas personas que no han querido recibir a Cristo como Salvador, estará entonces esa dimensión quinta apoderándose completamente de ellos.     Por lo tanto, el Reino de Dios ¿para quién? Para los hijos de Dios, Cristo y todos los hijos de Dios, para Cristo y Su Iglesia; y el infierno, pues para el diablo, sus ángeles y los seguidores del enemigo, o en palabras más claras, conforme a la parábola del trigo y de la cizaña: el Reino de Dios para el trigo, que son los hijos del Reino, y el infierno para la cizaña, que son los hijos del malo.     Cristo dice que la cizaña son los hijos del diablo, que el diablo fue el que sembró la cizaña, y si Cristo dice que hay hijos de Dios y hay hijos del diablo, entonces no podemos decir que todos son hijos de Dios. Cristo hizo la separación: hijos de Dios representados en el trigo, e hijos del diablo representados en la cizaña.     Por supuesto a nadie le gusta y nadie desea que le digan que es un hijo del diablo, pero son identificados en la Escritura, y de acuerdo a lo que estarán haciendo en la Tierra, serán reconocidos los hijos de Dios y los hijos del diablo, serán reconocidos de acuerdo a lo que estarán haciendo en la Tierra.     Los hijos de Dios, dice Cristo que son las ovejas que el Padre le dio para buscarlas y llamarlas y darles Vida eterna:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede  arrebatar  de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).     Y ahora, es un privilegio saber que hay hijos de Dios y que uno pertenece a ese grupo de los hijos e hijas de Dios, que son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo. Nacen de nuevo, nacen por medio del Agua y del Espíritu, nacen por medio del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, y por eso nacen como hijos e hijas de Dios.     Mientras no han nacido de nuevo, están como el resto de los seres humanos, están como hijos de ira, pero luego hay un cambio y vienen a ser hijos de misericordia, hijos de salvación; porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación, alcanzar misericordia por medio de Cristo conforme a lo que está prometido, y de eso es que nos habla Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 al 10.     Pero para el resto de las personas, para los hijos de ira, dice la Escritura que cuando digan paz y seguridad, vendrá entonces destrucción repentina y no escaparán, vendrá como los dolores a la mujer encinta y no escaparán. Pero dice San Pablo: “Pero vosotros no habéis sido puestos para ira, sino para alcanzar salvación.”     Y ahora, el Reino de Dios ¿para quién? Para Cristo y los creyentes en Él, el Reino de Dios para los hijos de Dios; y el infierno para el diablo, sus ángeles y sus seguidores. Tan sencillo como eso; y no podemos evitar que eso sea así, excepto que la persona reciba a Cristo como Salvador, porque tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida.     Se predica el Evangelio de Cristo en todas las naciones:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Ahí se hace la separación: el que cree, entonces es bautizado, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, nace en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios, es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, miembro del Reino de Dios; mas el que no creyere, será condenado, cosa que toda persona debe entender y colocarse del lado de los que serán salvos para que pueda vivir eternamente.     Pero cada persona tiene libre albedrío, y por consiguiente le toca a cada persona llevar a cabo la elección, se predica el Evangelio de Cristo y cada persona tiene libre albedrío para creer o para no creer. De todas las decisiones importantes que el ser humano hace en la Tierra, hay una sola, que es la más importante, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, puede decir: “Yo hice la decisión más importante de mi vida, la cual me ha colocado en la Vida eterna con Cristo, y es haberlo recibido como mi Salvador.” Ya yo hice esa decisión, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.     Si hay alguna persona que todavía no lo ha hecho, no ha hecho esa decisión, no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Él murió en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, pero el perdón no es perdón, no se hace efectivo ese perdón para la persona, hasta que lo acepta, acepta ese perdón recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted, todas las personas que todavía no han recibido a Cristo, lo cual pueden hacer en estos momentos para que Cristo les reciba en Su Reino, pues todos queremos entrar al Reino de Dios y vivir con Cristo en Su Reino por toda la eternidad.     En las demás naciones también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente las personas que todavía no han recibido a Cristo y nació la fe de Cristo en su alma, y ahora han hecho la decisión más grande de su vida en sus corazones.     La fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, ya escucharon el Evangelio de Cristo y ya nació la fe de Cristo en su alma, y con el corazón se cree para justicia, ya creyó para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.     Por lo tanto, ahora tiene la oportunidad de confesar públicamente con su boca a Cristo como único y suficiente Salvador. Es una oportunidad que Dios le da al ser humano para que pueda obtener la salvación y Vida eterna.     Si confesares con tu boca al Señor Jesucristo como tu Salvador, serás salvo. “Todo el que invocare el Nombre del Señor, será salvo,” dice Joel, capítulo 2 y también dice en el libro de los Hechos, capítulo 2. Antes... y tiene que ser antes que venga el día del Señor grande y terrible, antes que venga el tiempo de la gran tribulación.     Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final. Dios tiene mucho pueblo en la República Mexicana, y los está llamando; son miles de personas en la República Mexicana que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, unos en la sección del Libro de la Vida del Cordero, y otros en la sección del Libro de la Vida, en esa otra sección. Lo importante es que esté el nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida.     Estamos en el tiempo del llamado de Dios para los elegidos, los escogidos, los herederos del Reino, del Día Postrero; es el llamado del Día Postrero, es el llamado final de Dios para completar Su Iglesia y así concluir Su labor de intercesor en el Cielo como Sumo Sacerdote y convertirse luego en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores y Juez de los vivos y de los muertos, Juez que juzgará a todas las naciones; como lo vimos en el pasaje que leímos al principio, en donde el Hijo del Hombre se sentará en el Trono de gloria, Su Trono de gloria, y reunirá delante de Él a todas las naciones, y las juzgará porque como Rey Él también es el Juez de toda la Tierra, porque es el León de la tribu de Judá.     Él es el heredero, no solamente al Reino de David y no solamente al territorio de Israel, sino Él es el heredero al planeta Tierra completo, y Él es el heredero a los Cielos y la Tierra, el heredero de todo, y nosotros coherederos con Él.     A todo lo que Cristo es heredero, también los creyentes en Cristo son coherederos con Él. Él heredó un cuerpo glorificado, y nosotros heredaremos también un cuerpo glorificado, joven, eterno, inmortal, incorruptible. Es que al Padre le ha placido darnos el Reino.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, allá en Puerto Rico, en Venezuela, en Colombia, en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Chile, en Paraguay, en Uruguay, en Argentina, en toda la República Mexicana, en Panamá, en Guatemala, en Costa Rica, en Nicaragua, en Honduras, en todo el Caribe, en Norteamérica también y en todas las demás naciones.     Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Lo más importante es la vida, y si la vida es lo más importante, porque sin la vida no importa la profesión que usted tenga o las riquezas que usted tenga, si no tiene la vida, de nada le sirven las riquezas que haya obtenido; cuando se le va la vida, se fue de usted el cuerpo físico, se fueron las riquezas, se fue la profesión, no se puede llevar la profesión ni las riquezas para otra dimensión a la cual la persona va cuando muere. Pero la Vida eterna le acompañará siempre si lo ha recibido a Cristo como Salvador, y entonces va al Paraíso que es el lugar de los santos redimidos.     Todos queremos vivir eternamente, y por medio de Cristo todos tenemos la misma oportunidad de obtener la Vida eterna:     “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo  unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Para eso fue que Cristo vino a la Tierra y murió en la Cruz del Calvario.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón; creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Señor, creo y reconozco que en la Cruz ganaste mi salvación, y te ruego se haga una realidad en mi vida, se materialice en mi vida Tu salvación. Sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado!¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ Quiero ser bautizado.”     El mismo Cristo fue, cuando Juan estaba bautizando en el Jordán, Cristo fue, entró a las aguas del Jordán, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesucristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y el Espíritu Santo vino sobre Jesús. Si Jesucristo fue bautizado, dijo que le convenía cumplir toda justicia, y fue bautizado por Juan, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo:     “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”     Y ahora, el bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Por eso cuando la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor, está identificándose con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.     Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador, el Reino y en el Reino de Dios al cual Jesucristo es el heredero, y los creyentes en Cristo son coherederos con Cristo.     Por lo tanto, que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego luego de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Continúen pasando una tarde feliz los que están aquí presentes y los que están en otras naciones, los cuales también pueden ser bautizados, los que están en otras naciones. Y ahora, dejo al ministro, reverendo Andrés Cruz Gallego con ustedes, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.     “EL REINO DE DIOS PARA LOS HIJOS DE DIOS, Y EL INFIERNO PARA EL DIABLO Y SUS ÁNGELES.”

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