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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes aquí en Austin, Texas, y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; y a todos los ministros, que las bendiciones de Cristo sean sobre ustedes los que están presentes y los que están en otras naciones y también sobre vuestras congregaciones.     Para esta ocasión quiero leer un pasaje de la Escritura que se encuentra en Colosenses, capítulo 2, versos 8 al 17, y dice de la siguiente manera:     “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.     Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,     y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.     En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;     sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.     Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,     anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,     y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.     Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo,     todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “LA IGLESIA NOVIA TOMANDO DE LA PLENITUD DE CRISTO,” o sea, la Iglesia Novia de Cristo tomando de la plenitud de Jesucristo.     Para poder comprender nuestro tema, tenemos que saber quién es Cristo, quién y qué es la Iglesia Novia de Cristo y qué es la plenitud de Cristo, lo cual vamos a ver en estos momentos.     El Señor Jesucristo es nada menos que Emanuel, Dios con nosotros, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, donde nos dice:     “...He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es Dios con nosotros).”     También en San Mateo nos habla de lo mismo, cuando el Ángel le aparece a José, el cual pensaba dejar a María secretamente porque estaba embarazada y él no sabía qué había sucedido, por eso en el capítulo 1 de San Mateo, verso 21 en adelante dice, le dice el Ángel a José (20 al 21):     “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.     Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.     Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:     He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”     Y ahora, este es el misterio de Dios el Padre y de Cristo que nos dice San Pablo también en Colosenses, capítulo 2, verso 2 en adelante, el cual nosotros necesitamos conocer, dice:     “Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,     en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”     Y ahora, conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, es muy importante para todos los creyentes en Cristo.     Y ahora, hemos visto que la Escritura nos dice que Dios estaba en Cristo, que Cristo es nada menos que Emanuel, Dios con nosotros, pero este misterio encontramos que necesita ser comprendido completamente por los creyentes en Cristo. Vean aquí Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14 en adelante, dice:     “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,     para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.     E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:         Dios fue manifestado en carne,         Justificado en el Espíritu,         Visto de los ángeles,         Predicado a los gentiles,         Creído en el mundo,         Recibido arriba en gloria.”     Y ahora, San Pablo dice que Dios fue manifestado en carne, ¿qué era eso? Dios en Cristo, Emanuel, Dios con nosotros vestido de un velo de carne llamado Jesús, el cual fue concebido en el vientre de María por el Espíritu Santo que hizo sombra sobre ella, conforme a las palabras del Ángel o Arcángel Gabriel en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, donde dice:     “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.     Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.     Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;     y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”     Y ahora, vean las promesas dadas por Dios a través del Ángel Gabriel a la virgen María, que va a concebir por el Espíritu Santo y va a tener un niño y se va a llamar Jesús, le pondrá por nombre Jesús, y Éste va a ser grande y será llamado Hijo de Dios, Hijo del Altísimo, y Dios le va a dar el Trono de David su padre y va a reinar sobre la casa de Jacob para siempre y Su Reino no va a tener fin.     Esto es la promesa del Antiguo Testamento dada para el pueblo hebreo, la promesa de la Venida del Mesías, que sería conforme a lo que fue dado por el mismo Arcángel Gabriel al profeta Daniel en el capítulo 9 del libro del profeta Daniel, donde nos dice acerca de las setenta semanas que están para el pueblo hebreo, y son semanas de años, son cuatrocientos noventa años, y después de las sesenta y nueve semanas, que son después de los cuatrocientos ochenta y tres años, comienza entonces la semana número setenta que consta de siete años; y durante esa semana número setenta, a la mitad de esa semana le va a ser quitada la vida al Mesías, después más adelante el templo va a ser destruido y la ciudad también.     Recuerden que Jesucristo hablaba de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, la destrucción del templo, todo eso es lo que fue profetizado por el Ángel Gabriel al profeta Daniel, y Daniel lo escribió y dio a conocer esas profecías.     Y ahora, ¿quién en realidad es entonces Jesús? Hablando del velo de carne Jesús, pues es el primer cuerpo y único cuerpo concebido por una virgen, por una joven virgen y nacido a través de esa joven virgen; porque Adán y Eva no nacieron de una mujer, Adán, su cuerpo fue creado por Dios del polvo de la tierra, y el de Eva fue sacado del costado de Adán, de una costilla, y de ahí Dios formó el cuerpo de Eva.     Por lo tanto, la primera ocasión en que una mujer concibe y da a luz un hijo, no por la unión con un hombre, sino por obra del Espíritu Santo, fue el caso de la virgen María, y el nacimiento de Jesús. Por eso es el Hijo primogénito de Dios, el primero que nace en esa forma, y el único, y luego es también el unigénito, el unigénito porque es antes de la creación del mundo el Hijo de Dios en el cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto; porque la promesa de la Venida del Mesías en Malaquías, capítulo 3, es que va a venir el Ángel del Pacto, y eso será la Venida del Mesías, y va a venir Dios el Padre, el Señor, a Su Templo, Su Templo humano que será el cuerpo de carne que nacerá a través de una virgen, la cual fue la virgen María. Veamos aquí en Malaquías, capítulo 3, verso 1, lo que nos dice:     “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”     Dios está enviando Su mensajero, el cual le va a preparar el camino, ese fue Juan el Bautista, el mensajero enviado para prepararle el camino al Señor:     “...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis...”     Dios el Padre, el Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, vendría a Su templo. Su Templo humano sería el Mesías, el velo de carne que nacería a través de una virgen judía descendiente del rey David; y por consiguiente ella sería una princesa descendiente del rey David, y por consiguiente el que nacería sería un príncipe, el Príncipe de paz mencionado en Isaías, capítulo 9, versos 5, en adelante. Y sería el niño que tendría estas virtudes, estas cualidades, estos dones divinos en favor... para ser usados en favor del pueblo hebreo y de toda la humanidad. Dice capítulo 9, versos 6 al 7 de Isaías:     “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”     Vean, es la venida de ese niño la venida del Dios Fuerte, la venida del Padre eterno, la venida del Príncipe de paz, la venida del Consejero, la venida del Admirable, el cual le había aparecido a Jacob y le había aparecido también a Manoa, y ellos le preguntan: “¿Cuál es Tu Nombre?” Y Él les dice: “¿Por qué preguntas por mi Nombre, el cual es Admirable?”     Y ahora, es la Venida de Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús. Tan sencilla es la explicación para poder comprender quién es Jesucristo, en cuanto al velo de carne, pues el velo de carne, el templo humano de Dios, porque recuerden que el ser humano es un templo humano para morar Dios en él en toda Su plenitud.     Y ahora, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo; Dios tiene la imagen que es el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical. Recuerden que Cristo en una ocasión dijo allá en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58:     “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.     Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?     Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”     ¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el mismo que le hablaba a Adán allá en el Huerto del Edén, el mismo que le hablaba a Abel y le dio la revelación de cómo tenía que servir a Dios, de qué tenía que hacer: un sacrificio de un corderito, pues esa era la demanda divina; por eso fue que cuando Dios cubrió los pecados de Adán y Eva, un sacrificio, un animalito fue sacrificado por Dios en favor de Adán y Eva, y le fueron dadas vestiduras de pieles de un animalito que tuvo que morir por Adán y Eva.     Y ahora, continuamos viendo acerca de este niño que nacería en medio del pueblo hebreo, dice que es el Príncipe de paz, dice:     “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”     Será una Obra de Dios que será hecha, eso será la Venida del Mesías, y la Venida del Mesías tiene dos partes: Su primera Venida como Cordero para morir, y Su segunda Venida: como Rey para sentarse sobre el Trono de David y reinar sobre el Reino en el Reino de David, restaurar y reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y esto lo hará Dios, no es una obra humana.     Por lo tanto, todo el programa para la Venida del Señor, Su primera Venida, fue una Obra de Dios, y la labor que se llevará a cabo para la segunda Venida de Cristo será una obra, una labor divina; es una promesa divina que tiene que ser cumplida por el mismo que la hizo, el cual fue Dios.     Y ahora, en la primera Venida de Cristo, vean, dice:     “Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”     Y ahora, vendría el Señor, Dios el Padre, y el Ángel del Pacto el cual apareció al profeta Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” es que el Ángel del Pacto que le aparecía a Moisés y el cual libertó por medio de Moisés el pueblo hebreo y lo llevó hasta el monte Sinaí y le dio allí las leyes o Ley divina, ese Ángel es nada menos que el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical.     Él fue el que le dio la Ley al pueblo hebreo, Él fue el que le dio el pacto al pueblo hebreo, por eso la Escritura dice que la Ley fue dada por comisión de Ángeles (capítulo 7 del libro de los Hechos, verso 51 en adelante, y también en Hebreos, capítulo 2).     Y ahora, el mismo que dio el pacto al pueblo hebreo en el monte Sinaí, dio allí la Ley divina al pueblo hebreo, es el mismo que vendría para establecer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, por eso en la última cena de Jesucristo con Sus discípulos en el capítulo 26 de San Mateo, versos 26 al 29, Cristo tomando el pan y dando gracias al Padre, luego parte y da a Sus discípulos diciendo a ellos: “Comed, este es mi cuerpo que por muchos es partido (o que por vosotros es partido).”     Tipificó Su cuerpo en el pan, y luego toma la copa de vino y dando gracias al Padre le dice a Sus discípulos: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     Recuerden que Él dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.” Y ahora, en el pan es tipificado el cuerpo de Cristo y en el vino es tipificada la Sangre de Cristo, y por eso en la cena, la Santa Cena que toman los creyentes en Cristo, se tipifica el cuerpo de Cristo que fue crucificado por nosotros, se tipifica en el pan, se representa en el pan; y la Sangre de Cristo que fue derramada en la Cruz del Calvario se representa, se tipifica en el vino que tomamos en la Santa Cena.     Y ahora, el Señor Jesucristo es nada menos que el Ángel del Pacto, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical dentro del cuerpo físico llamado Jesús; y por consiguiente siendo el Ángel del Pacto la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios, y siendo el cuerpo físico de Jesús la semejanza física de Dios en la cual apareció en medio del pueblo hebreo, encontramos que Cristo es nada menos que el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, y el Ángel del Pacto en Su cuerpo de carne que fue traído a existencia a través de la virgen María, nacido a través de la virgen María.     Por eso la Escritura dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al ser humano. Es nada menos que Dios vestido de un cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, un cuerpo teofánico, y es Dios vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús; eso es nada menos que la manifestación de Dios en medio del pueblo hebreo en carne humana en la persona de Jesús, y por eso la Escritura dice que en Jesús moró la plenitud de la Divinidad. Dios estaba en Cristo, o sea, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la plenitud de la Divinidad en este joven llamado Jesús.     Y ahora, hemos visto que es nada menos que el Ángel del Pacto en medio del pueblo hebreo; por eso es que en la última cena tomando el pan y tomando el vino y dando a Sus discípulos, dice: “Comed de él todos (del pan),” y luego tomando la copa de vino dice: “Tomad de ella todos porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     El único que podía establecer un nuevo Pacto, era el mismo que estableció el pacto allá en el Sinaí para el pueblo hebreo; ahora viene en carne humana para establecer el nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.     A ese nuevo Pacto es que han entrado todos los creyentes en Cristo, y por consiguiente tienen todas las bendiciones establecidas en el nuevo Pacto. El nuevo Pacto fue prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, ¿y quién lo haría? Dios, Dios vendría en medio del pueblo para establecer el nuevo Pacto.     Él es el heredero: Cristo, Él es el heredero al Reino de David, Él es el heredero a todas las bendiciones para darlas a Su pueblo bajo el nuevo Pacto, y por consiguiente la Iglesia del Señor Jesucristo es la que estaría dentro del nuevo Pacto recibiendo todas esas bendiciones. La Iglesia del Señor Jesucristo es la Iglesia del nuevo Pacto, la Iglesia del nuevo Testamento, y por consiguiente es la heredera de todas esas bendiciones del nuevo Pacto; ella es la Iglesia Novia, la Esposa del Cordero, y por consiguiente es la que tiene las promesas de la segunda Venida de Cristo para la resurrección de los muertos creyentes en Él con los cuales Él vendrá en Su segunda Venida, y tiene la promesa de la transformación de los que estén vivos. Es una promesa para el nuevo Pacto y para los que estén dentro del nuevo Pacto.     Los creyentes en Cristo son aquellas personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, porque la fe viene por el oír la Palabra, y la fe es y viene y está en el corazón, porque con el corazón se cree; usted no cree con el espíritu, usted cree con el corazón, con el alma; usted tiene libre albedrío, ese es el sentido del alma: el libro albedrío, y es para creer, para lo cual necesita escuchar la predicación del Evangelio para que nazca la fe de Cristo y crea en Cristo como su único y suficiente Salvador.     Al tener libre albedrío, entonces la persona tiene libertad para creer o para no creer, para creer o para dudar, tiene libre albedrío para ser un creyente o para ser un incrédulo. Por lo tanto, el creyente en Cristo ha elegido creer, porque ha nacido la fe de Cristo en su alma al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, cree, cree en Cristo para justicia, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca luego se confiesa para salvación.     “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).”     Pero para el que no cree y por consiguiente no confiesa a Cristo y lo niega delante de los hombres, dice:     “Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”     Si le negamos, Él nos negará delante de Dios el Padre, si lo confesamos, Él nos confiesa delante del Padre celestial como creyentes en Él, y lo importante es cómo nos confiese Cristo delante del Padre; y eso va a depender de cómo lo confesamos delante de los hombres: si lo confesamos delante de los hombres como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos confesará delante del Padre celestial como los creyentes que hemos creído en Él y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, por lo tanto, Él nos confesará como los que Él ha salvado, Él nos confesará como los creyentes en Él.     Por lo cual serán identificadas esas personas como la Iglesia Novia del Señor Jesucristo que tomará la plenitud de Cristo. Primero obtiene las primicias del Espíritu al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego y producir en esas personas el nuevo nacimiento.     Recuerden que Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, le habla acerca del nuevo nacimiento cuando Nicodemo va a Jesús de noche y le dice: “Señor, maestro, sabemos que Tú has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales, estas cosas que Tú haces, si Dios no está con Él.” O sea, que muchos, como Nicodemo, de los miembros del Concilio del Sanedrín, de los líderes religiosos, sabían que Jesús había venido enviado de Dios como maestro, porque nadie podía hacer aquellas señales: abrir los ojos a las personas ciegas, y a personas que habían nacido ciegas, nadie les puede abrir los ojos si no está Dios con esa persona, si no es Dios a través de esa persona; nadie podía resucitar muertos si no estaba Dios con esa persona resucitando a los muertos, porque Dios es el que resucita los muertos, el que abre los ojos de los ciegos; y esa era la promesa para la primera Venida del Mesías: que vendría y abriría los ojos a los ciegos, resucitar a los muertos, libertaría a los mudos, abriría la boca de los mudos, abriría los oídos a los sordos y también resucitar a los muertos y así por el estilo, abriría los ojos a los ciegos.     Todas esas son promesas para la Venida del Mesías ser cumplidas, y por consiguiente las señales que estaba haciendo Jesús, eran las señales que el Mesías haría, y ese poder divino que estaba en Jesús era el que estaba realizando esos milagros, era Dios por medio de Jesús. Por eso Jesús decía: “Yo no puedo hacer nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras, Él es el que obra, no soy yo, y las palabras que yo hablo, no las hablo de mí mismo; como yo escucho al Padre hablar, así yo les hablo a ustedes.” O sea, que la revelación que Él daba al pueblo, era la revelación que recibía de parte de Dios, y por consiguiente eso era Dios por medio de Su Espíritu Santo hablándole al pueblo a través del velo de carne llamado Jesús.     Y ahora, así como el pueblo hebreo es la Iglesia de Dios bajo el pacto que fue establecido por Dios en el monte Sinaí con el pueblo hebreo, la Iglesia del Señor Jesucristo es la Iglesia del nuevo Pacto que nació el Día de Pentecostés en Jerusalén, en el Monte de Sión, donde fue establecido el nuevo Pacto y el Sacrificio del nuevo Pacto fue el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario; y la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre que fue derramada en la Cruz del Calvario, la Sangre del Pacto eterno conforme a como nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, donde nos dice:     “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,     os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”     Y ahora, vean cómo San Pablo dice que la Sangre de Cristo es la Sangre del Pacto eterno, no hay otra sangre que pueda limpiar de pecado al ser humano, no hay otra sangre para el Pacto eterno, no hay otra sangre para el nuevo Pacto que fue prometido que Dios haría con la casa de Jacob y con la casa de Judá.     Así que, hemos visto que la Iglesia del nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo. Los creyentes en Cristo forman la Iglesia del nuevo Pacto cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto, con la Sangre de Cristo, derramada en la Cruz del Calvario, Sangre que nos mantiene limpios de todo pecado, nos quita todo pecado y nos mantiene limpios delante de Dios, y por consiguiente justificados delante de Dios como si nunca en la vida hubiésemos pecado delante de Dios.     Cuando Dios nos mira, nos ve sin pecados, ¿por qué? Porque la Sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado y nos mantiene limpios de todo pecado; en toda ocasión que alguno ha fallado delante de Dios, lo confiesa a Cristo, y Cristo lo limpia de todo pecado.     Por eso en el Lavatorio de Pies se tipifica, se representa esa Obra de Cristo que nos mantiene limpios de todo pecado, porque Él es el Sumo Sacerdote que con Su propia Sangre en el Cielo, en el Lugar Santísimo, intercede por nosotros; está diariamente allá como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por todos los creyentes en Cristo que confiesan a Cristo sus faltas, errores y pecados.     Por eso dice la Escritura: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo.” Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, porque Él en Su cuerpo angelical es Melquisedec, el cual le apareció en el capítulo 14 de Génesis a Abraham; sin padre, sin madre, sin principio de días ni fin de tiempo, el cual vive y vivirá por toda la eternidad.     Por lo tanto, hemos visto quién es Jesucristo, el cual está en el Cielo como Sumo Sacerdote, con Su cuerpo glorificado sentado en el Trono del Padre y por consiguiente convirtió el Trono del Padre en un Trono de Intercesión, porque ha colocado en el Trono de Intercesión, en el Trono de Dios, Su Sangre expiatoria.     Algún día Él completará Su labor como Sumo Sacerdote cuando haya limpiado de todo pecado hasta el último escogido cuando haya venido a los Pies de Cristo y haya obtenido el nuevo nacimiento; por eso se predica el Evangelio de Cristo para que sean llamados y juntados todos los escogidos de Dios, para que sea llamado hasta el último escogido de Dios y sea colocado en el Cuerpo Místico de Cristo, nazca de nuevo, nazca en el Reino de Cristo como un miembro del Cuerpo Místico de Cristo.     Y ahora, hemos estado viendo quién es Jesucristo, hemos estado viendo quién es la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, y la Iglesia del Señor Jesucristo y cada miembro de la Iglesia de Jesucristo va a recibir la plenitud de Dios; por lo tanto tendrá cuerpo angelical eterno, el cual recibe al nacer de nuevo, al nacer del Espíritu; al recibir el Espíritu de Cristo obtiene el cuerpo angelical eterno y recibe una transformación espiritual.     Recuerden que Cristo dice que “los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día,” y también cuando el apóstol Pedro estuvo preso y lo iban a matar al otro día allá en Israel, en Jerusalén, encontramos que el Ángel del Señor lo libertó y el llegó a las casa donde estaban los hermanos orando, la Iglesia orando por él, toca a la puerta y una joven llamada Rode sale para abrir la puerta, pero cuando oye que es Pedro, va, llega a la puerta y oye que es Pedro y reconoce la voz, se regresa a los que están en la casa orando por Pedro, y les dice: “Es Pedro el que está llamando a la puerta,” ellos y le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.”     Ellos tenían conocimiento de que cada creyente en Cristo tiene su ángel, ese es su cuerpo angelical, ese es el cuerpo teofánico o angelical que recibe cada creyente en Cristo; y cuando muere la persona, pues va a vivir al Paraíso a otra dimensión en ese cuerpo angelical que es parecido al cuerpo físico que tenemos, pero joven para toda la eternidad.     Y ahora, cada creyente en Cristo tiene Su cuerpo angelical, esa es la imagen de la persona, igual a la imagen de Dios; la imagen de Dios es el cuerpo angelical que Él tiene, que es el cuerpo angelical de Cristo. El Ángel del Pacto es la imagen del Dios viviente, por eso la Escritura nos enseña que Cristo es la imagen de Dios; la imagen de Dios es Su cuerpo angelical el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, Él es el Ángel del Pacto.     Y ahora, tenemos la primera porción, las primicias del Espíritu, el cuerpo angelical, pero tenemos la promesa que vamos a recibir la plenitud de Dios, o sea, que vamos a recibir el cuerpo físico glorificado que está prometido para los creyentes en Cristo, los que murieron van a resucitar en cuerpos glorificados y eternos, y los que estén vivos en la Venida del Señor en el Día Postrero, van a ser transformados y entonces vamos a tener la plenitud de Cristo, vamos a tener cuerpo angelical eterno y cuerpo físico eterno glorificado; y así tendremos la plenitud de Dios, la plenitud de Cristo, resurrección espiritual y resurrección física, cuerpo angelical y cuerpo físico glorificado, y así tendremos la plenitud de Dios, la plenitud de Cristo, y eso es exclusivamente para los creyentes en Cristo, para los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.     Por eso es que el apóstol Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice:     “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”     Para el día de la redención, ¿pero no se llevó a cabo ya la redención en la Cruz? Sí, pero la redención de la cual habla el apóstol Pablo, es la redención del cuerpo que será nuestra transformación para los que estemos vivos, y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, esa es la redención del cuerpo de la cual nos habla también San Pablo en Romanos, capítulo 14, versos 14 al 31, cuando nos dice que “la creación gime a una, y a una está de parto hasta ahora, esperando la adopción; esperando esa adopción, esa manifestación de los hijos e hijas de Dios,” y dice que “no solamente la naturaleza, sino también nosotros gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención del cuerpo.”     Cuando obtengamos la redención del cuerpo, la adopción, la redención del cuerpo, entonces ya tendremos el cuerpo inmortal, incorruptible, joven, eterno, glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, ya nunca más nos enfermaremos, nunca más nos pondremos viejos, nunca más moriremos, porque será un cuerpo inmortal como el que tiene Cristo.     Recuerden que Cristo, cuando resucitó, resucitó glorificado y ni siquiera los mismos que habían estado con Él lo reconocían, pero cuando Él hablaba, luego se daban cuenta más adelante que era el Señor Jesucristo. Cuando hablaba y decía las cosas como las había hecho, cuando estaba con Sus discípulos primero, ya le reconocían, pero siempre creían que era un espíritu, y como pasaba a través de las paredes... porque el cuerpo glorificado es interdimensional, puede pasar de una dimensión a otra sin ningún problema, por eso no se preocupen de la transportación cómo va a ser en el milenio, el cuerpo será interdimensional y pasará de una dimensión a otra, tendrá transportación sin ningún problema.     Y ahora, Jesucristo tiene ese cuerpo glorificado y yo también voy a tener mi cuerpo glorificado, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también, porque esta es una promesa bajo el nuevo Pacto para todos los creyentes en Cristo, para todos los que forman la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, la cual obtendrá toda la plenitud de Cristo, toda la plenitud de Dios.     Por lo cual yo estoy esperando esa transformación, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también, y estamos en el tiempo final y por consiguiente estamos en el tiempo en que va a ocurrir la Venida del Señor con Su Iglesia que ha partido, o sea, con los muertos creyentes en Él, va a aparecer con ellos resucitados en cuerpos eternos y va a aparecer a los creyentes que estarán vivos y que estarán en la etapa que les corresponde estar; estarán en la etapa correspondiente a la Iglesia del Señor del Día Postrero, en la edad correspondiente que es la edad de la adopción, la edad de oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular, la edad para las grandes bendiciones de Dios, la edad de y para el avivamiento del Día Postrero.     Porque no hay avivamiento en otra edad porque ya esas otras edades pasaron, solamente la promesa de un avivamiento grande y una resurrección y una transformación es para la Edad de la Piedra Angular, la edad de la Venida del Señor para el Día Postrero.     En esa etapa o edad es que la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia Novia, está en el Día Postrero; es ahí donde Cristo hace el llamado final, es ahí donde son llamados y juntados todos los escogidos de Dios, es ahí donde ocurrirán estas promesas hechas para el Día Postrero, donde se harán una realidad; es ahí en esa etapa o edad donde se cumplirá la Visión de la Carpa, es ahí en esa edad o etapa donde se cumplirá la Tercera Etapa, es ahí en esa edad donde se cumplirá todo lo que ha sido prometido para la Iglesia del Señor Jesucristo, y de ahí, de esa etapa o edad, es que pasaremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.     Por lo cual es importante comprender el tiempo en que estamos viviendo, es importante comprender quién es Jesucristo y comprender quién es la Novia del Señor Jesucristo, la Iglesia Novia del Señor bajo el nuevo Pacto y entender qué es la plenitud de Cristo, qué será esa glorificación, esa transformación y las bendiciones que hay en esta transformación; fíjense: solamente un cuerpo glorificado que no tendrá límites ni para viajar, ni para vivir, un cuerpo igual al cuerpo glorificado que Cristo tiene, con el cual subió al Cielo y fue y se sentó en el Trono de Dios en el Cielo, un cuerpo con el cual puede llegar hasta la séptima dimensión, puede pasar por la sexta dimensión y seguir hacia la séptima dimensión, a donde está Dios.     Así será el cuerpo que yo he de tener, el cual espero muy pronto, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también porque es para ustedes también esa bendición de la plenitud de Cristo, la plenitud de la Divinidad, la plenitud de Dios, la adopción para los creyentes en Cristo; y entonces tendremos la doble porción: cuerpo angelical y cuerpo físico glorificado, tan sencillo como eso.     Es lo mismo que sucedió con Jesucristo, es que Él es nuestro hermano mayor, y lo mismo que pasó con Él, pues pasa con nosotros; estamos pasando por una etapa difícil porque en la etapa de edad de la piedra angular el pueblo pasa por etapa difícil, la más difícil de todas las etapas; así fue con Cristo dos mil años atrás, estaba en etapa o Edad de Piedra Angular, y Él mismo era la piedra angular, y los que estaban con Él, Sus discípulos, pertenecían a esa etapa de piedra angular y por eso a todo lo que Cristo es heredero, ellos también eran herederos. Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” Pero también les dice a ellos: “Vosotros sois la luz del mundo.”     Así que a todo lo que Cristo es heredero, también lo son los creyentes en Cristo: Cristo es Rey, los creyentes en Cristo son reyes con Él; Cristo es Sacerdote, Sumo Sacerdote, los creyentes en Cristo son sacerdotes también; Cristo es Juez de los vivos y de los muertos, el Juez supremo, los creyentes en Cristo también son jueces, dice San Pablo: “Los santos juzgarán al mundo, y aún a los ángeles.” (Eso está por el capítulo 2 parece que es, o el capítulo 6 de Primera de Corintios).     Por lo tanto, a todo lo que es Cristo heredero, también lo son todos los creyentes en Cristo, es que sucede como en la familia: a todo lo que es heredero el hijo mayor, lo son también los hermanos menores, lo único que la porción del mayor, del primogénito, es mayor; pero son herederos a la herencia del padre.     Por eso es que como herederos, como sacerdotes somos herederos, somos sacerdotes, pero Cristo tiene la doble porción: Sumo Sacerdote; como reyes, pues como herederos somos reyes, pero Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores; y así es también como jueces, somos jueces, “los santos juzgarán al mundo,” somos la corte de Cristo, pero Cristo es el Juez supremo.     Y ahora, viendo quién es y qué es y qué son los miembros de esa Iglesia Novia del Señor Jesucristo, no podemos hacer otra cosa sino darle gracias a Dios por tenernos en Su Programa desde antes de la fundación del mundo para hacernos miembros de la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, Él, por previo conocimiento nos predestinó, nos eligió para hacernos miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los miembros de la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, que tomará toda la plenitud de Cristo y vendrá a ser plenamente a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.     Si hay alguna persona que todavía no ha venido a los Pies de Cristo para formar parte de esa Iglesia Novia del Señor Jesucristo, que es la bienaventurada y que contiene las personas bienaventuradas del Reino de Dios, puede venir a los pies de Cristo y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente para que oremos por usted.     Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Los que están allá en Puerto Rico pueden venir a los Pies de Cristo los que todavía no han venido, los que están allá en Venezuela también pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no han venido a los Pies de Cristo, los que están allá en Cali, Colombia, pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han hecho, los que todavía no lo han hecho pueden venir.     Los que están allá en Bogotá también, los que están allá en Cartagena también, los que están allá en Medellín también, los que están en Santa Marta también, los que están en diferentes lugares de la República de Colombia pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.     Los que están también en Ecuador pueden venir a los Pies de Cristo, los que están en el Perú también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran allá en Chile también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran allá en Bolivia también pueden venir a los Pies de Cristo; ustedes que están allá en Santa Cruz, Bolivia, pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en la Paz, Bolivia, también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en El Beni y en otros lugares de la República de Bolivia pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentra también en la Argentina pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en Uruguay también pueden venir a los Pies de Cristo, recuerden que Cristo tiene lugar para ustedes y los está llamando en este tiempo final.     Los que se encuentran también en toda la República Mexicana pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran allá en Villahermosa pueden venir a los Pies de Cristo, Cristo tiene lugar para ustedes también en Su Reino.     Los que se encuentran en Veracruz, República Mexicana, los que se encuentran también en Xalapa, los que se encuentran en Acapulco, los que se encuentran en las diferentes ciudades y comunidades de la República Mexicana pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo tiene mucho lugar para el pueblo mexicano en Su Reino.     Los que se encuentran también allá en el Brasil también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran también allá en Paraguay pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran también en Panamá pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en Costa Rica también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en Nicaragua pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran también en El Salvador pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en Honduras pueden venir también a los Pies de Cristo, los que se encuentran allá en Guatemala también pueden venir a los Pies de Cristo.     El Reino de Cristo se está llenando de latinoamericanos y caribeños; los que se encuentran en diferentes lugares del Caribe pueden venir a los Pies de Cristo en todas esas islas del Caribe, pues Dios tiene lugar para los caribeños también; y los que se encuentran en Norteamérica también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino y los está llamando en este tiempo final.     Es un tiempo de recogimiento, es un tiempo de preparación para recibir la plenitud de Cristo, para recibir la adopción, la resurrección los muertos creyentes en Cristo, y la transformación los que estén vivos, para eso es que se está preparando la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final.     Habrá un grupo de creyentes en Cristo que permanecerá vivo en el Día Postrero, porque Cristo dice por medio del apóstol San Pablo que los muertos en Cristo resucitarán primero y luego nosotros los que vivimos, seremos transformados, dice que será a la final trompeta: “Porque he aquí se tocará la trompeta y los muertos creyentes en Cristo resucitarán primero y luego nosotros los que vivimos seremos transformados.” De eso es que nos habla San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58. Y la final trompeta o trompeta de Dios, es la predicación del Evangelio del Reino.     Estamos en el tiempo final, estamos en el tiempo en que el mensaje final de Dios, que es la predicación del Evangelio del Reino, juntamente con el mensaje del Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, estaría en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo para abrirnos las Escrituras, para darnos a conocer todos estos misterios divinos que están contenidos en la Escritura, y sobre todo abrirnos los misterios del libro del Apocalipsis que contiene todas las cosas que sucederían, y están en estos símbolos del Apocalipsis.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los que están en otras naciones también pueden estar puestos en pie para la oración que estaremos haciendo por todas las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues ya tienen conciencia del bien y del mal.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma; creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor; reconozco que Tú efectuaste la salvación, la redención en la Cruz del Calvario, y la acepto con toda mi alma; se haga realidad en mí Tu salvación. En el Nombre del Señor Jesucristo, Te lo ruego oh Dios eterno, Padre celestial, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.     Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos:     ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo,” porque Él dijo:     “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Ustedes me dirán: “Yo he creído en Cristo de todo corazón y ahora quiero ser bautizado en agua en Su Nombre. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Esa es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.     Bien pueden ser bautizados porque Cristo ha sido creído por ustedes, y Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” aún el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Él necesitó ser bautizado para cumplir toda justicia delante de Dios, cuánto más nosotros.     El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     Cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Así que nos continuaremos viendo eternamente. Ustedes que están en otros países también pueden ser bautizados, y que Cristo haga con ustedes en la misma forma: produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     Dejo al ministro aquí, Juan Ramos, el reverendo Juan Ramos, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el nombre del Señor Jesucristo, y en cada país y en cada Iglesia, en cada nación, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.     “LA IGLESIA NOVIA TOMANDO DE LA PLENITUD DE JESUCRISTO.”

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