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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones. Un cordial saludo a todos los ministros presentes y a los ministros en otras naciones, y a todas las congregaciones que pastorean; es un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en el libro o carta de Santiago, capítulo 1, verso 12 y también el verso 18, y dice de la siguiente manera:     “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”     Luego el verso 18, dice:     “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.         “TIEMPO DE RECIBIR LA CORONA DE LA VIDA.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.     Tiempo, la Escritura dice en Eclesiastés que para todo hay tiempo; y si hay tiempo para todo, vean ustedes, Dios ha hecho promesas en la Biblia, y cada una de esas promesas tiene un tiempo asignado por Dios en el cual Él va a cumplir cada una de esas promesas, cada una para el tiempo que ya Dios de antemano asignó.     Hay tiempo para todo en el Programa de Dios, para todo lo que Él ha prometido llevar a cabo. Y ahora, el tiempo que nos interesa a nosotros conocer, es el tiempo en que vamos a recibir la corona de la Vida eterna, el tiempo en que vamos a recibir la Vida eterna física, en donde obtendremos la transformación de nuestros cuerpos si permanecemos vivos hasta ese momento, y los muertos creyentes en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos.     Desde el tiempo de los apóstoles y aún desde el tiempo de Jesús se ha estado hablando de esa resurrección que el Señor ha de llevar a cabo; por ejemplo, tenemos a Jesús hablando, y hablando claro acerca de ese tiempo, y Sus discípulos comprendían que estaba señalado un tiempo para la resurrección; por ejemplo, el mismo Cristo en San Juan, capítulo 6, pues vamos a examinar el tiempo señalado porque nuestro tema es: “TIEMPO DE RECIBIR LA CORONA DE LA VIDA,” vamos a examinar bien el tiempo, y también examinar ese misterio de la Vida eterna física que van a recibir los creyentes en Cristo. Cristo dijo, en el capítulo 6 de San Juan, versos 39 al 40:     “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.     Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”     Ya queda establecido aquí por el mismo Cristo, que la resurrección para los creyentes en Él, Él la llevará a cabo en el Día Postrero, Él mismo dice: “Y Yo le resucitaré en el día postrero,” ¿a quiénes? A los creyentes en Él, dice:     “Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él (a los que creen en Cristo, dice), tenga vida eterna.”     Esa es la voluntad de Dios: que cada persona tenga Vida eterna, para lo cual se predica el Evangelio para que las personas puedan creen en Cristo, pueda nacer la fe en Cristo y de Cristo, y recibirlo como único y suficiente Salvador, Él dijo también en San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.”     Por lo tanto, la promesa de Vida eterna que Cristo va a otorgar a las personas, es a los creyentes en Él, los cuales están mencionados también en el mismo capítulo 6 de San Juan, versos... vamos a leer otro lugar donde Él habla de esa Vida eterna que Él va a otorgar a los creyentes en Él, capítulo 6 de San Juan, dice, verso 47 del capítulo 6 de San Juan, dice:     “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.”     Luego en el mismo capítulo 6 de San Juan, verso 54 dice:     “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré (¿cuándo?) en el día postrero.”     Luego el verso 58 de este mismo capítulo 6 de San Juan, dice:     “Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”     Por eso Él dijo: “Yo soy el pan vivo, el pan que descendió del cielo, el pan vivo que descendió del cielo.” Y ahora, eso está en el capítulo 6, verso 51:     “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”     Luego cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro que ya tenía cuatro días de haber muerto y ya estaba sepultado, llega al lugar de Betania, donde vivían Lázaro, Marta y María, sus hermanas, pero ya había muerto, y cualquier persona piensa: “Cómo pudo Jesús no atender la llamada de las hermanas de Lázaro cuando le mandaron a decir que Lázaro estaba enfermo y no fue.”     No fue para orar por Lázaro para sanar a Lázaro, y ahora llegar cuando ya tiene cuatro días de haber muerto, es como una burla, o no atendió, no le dio importancia, pero Cristo había dicho: “Lázaro, nuestro amigo, duerme,” dijo a Sus discípulos, y ellos le dicen: “Si duerme, estará mejor,” pero entonces les habla claramente y les dice: “Lázaro nuestro amigo ha muerto, y me alegro que yo no estaba allá.”     Y ahora, se alegra que no estaba allá. Es que algunas veces surgen situaciones en donde es el Programa Divino llevándose a cabo para la gloria de Dios ser manifestada en gran manera; y luego cuando ya lleva cuatro días de haber muerto, dice a Sus discípulos: “Vamos allá,” y llega y todos llorando muy tristes, y Marta le dice a Jesús: “Señor...” veamos lo que le dice, capítulo 11 de San Juan, versos 20 en adelante, dice:     “Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.     Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.     Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.     Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.”     Con una fe así, que Marta sabía que todo lo que Cristo pidiera al Padre, a Dios, le sería concedido; tenía la fe para todo lo que tenía que ocurrir; pero ahora vean:     “Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.      Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”     Ya Cristo había enseñado que la resurrección para los creyentes en Él que murieran, la resurrección sería para el Día postrero, o sea, que le da testimonio que ella creía la enseñanza de Cristo que la resurrección Él la llevaría a cabo en el Día postrero:     “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.     Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?     Le dijo: Sí, Señor (ella lo creyó y le da testimonio); yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”     Y ahora, siendo que Cristo es la resurrección y la vida y Lázaro es un creyente en Cristo, va a colocar como ejemplo de la resurrección que Él va a llevar a cabo en el Día Postrero de todos los creyentes en Él, va a poner como ejemplo a Lázaro, resucitándolo, trayéndolo a la vida nuevamente, trayéndolo a la vida temporera; y en el Día Postrero, pues lo resucitará de nuevo trayéndolo a la Vida eterna física.     También si Lázaro no resucitaba, si Lázaro no era resucitado por Cristo, no pertenecería a la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el nuevo Pacto, porque el nuevo Pacto todavía no había comenzado, todavía la Sangre del nuevo Pacto no estaba derramada.     Cristo en la última cena con Sus discípulos tomando el pan y partiendo y dando a Sus discípulos, dice: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo,” San Pablo dice: “Mi cuerpo que por vosotros es partido,” o “por muchos,” y luego, eso es, luego Pablo enseñando acerca de la Santa Cena y de la muerte de Cristo, que es en memoria de Cristo y Su muerte como la expiación por nuestros pecados.     Luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, da a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29 y San Lucas, capítulo 22).     Y ahora, la Sangre del nuevo Pacto sería derramada por Cristo al morir crucificado. Antes de la muerte de Cristo los que murieron ninguno pertenece al nuevo Pacto, porque el nuevo Pacto todavía no estaba establecido; y Lázaro, siendo un creyente en Cristo, al ser resucitado entró al nuevo Pacto luego de la muerte de Cristo, y también sus hermanas.     Y ahora, hemos estado viendo cuál es el tiempo para la corona de la vida física, que será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, cuerpos eternos, y la transformación de los vivos, en donde obtendrán la corona de la vida, obtendrán la Vida eterna física.     Ya la Vida eterna en la esfera espiritual la han recibido todos los creyentes en Cristo al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre luego de dar testimonio público de su fe en Cristo, y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego y producir en las personas el nuevo nacimiento, ya tienen en la esfera espiritual la corona de la vida, tienen Vida eterna, el alma de esas personas y el espíritu de esas personas tiene Vida eterna.     Pero les falta la Vida eterna física, la adopción, la redención del cuerpo, que es la glorificación; resucitarán en cuerpos glorificados los muertos en Cristo, y los vivos siendo transformados, y así todos teniendo un cuerpo glorificado, joven, inmortal, perfecto, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.     Y ahora, viendo que la corona de la Vida eterna está prometida para los creyentes en Cristo, la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los creyentes que estarán vivos en ese tiempo, ¿en qué tiempo? En el Día Postrero.     El Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá. La Escritura nos habla de los días postreros, así como el día postrero de la semana es el sábado, el séptimo día, y el Día Postrero de Dios, “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4.     Y ahora, estos días mileniales, encontramos que desde Adán hacia acá ya han transcurrido seis días mileniales, seis mil años, y ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá, en el cual Cristo en Su Venida resucitará a los creyentes en Él, los traerá y les dará, los resucitará, les dará un cuerpo nuevo, inmortal, incorruptible y glorificado igual al Suyo, y a los creyentes que estén vivos, los transformará.     ¿Y dónde está eso en la Escritura? ¿Dónde está escrito eso? San Pablo dice... ya leímos las palabras de Cristo, están escritas en el Evangelio según San Juan, capítulo 6, versos 39 al 58, y en San Juan, capítulo 11, versos 23 al 27, es prometido por Cristo este gran evento de la resurrección de los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y la transformación de los que estén vivos; y en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 el apóstol Pablo también nos habla de este tema diciéndonos:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”     Nuestra ciudadanía está en los cielos, cualquier persona puede decir: “No, mi ciudadanía está en el país donde yo nací,” esa es la ciudadanía terrenal, pero la ciudadanía celestial, la ciudadanía del nuevo nacimiento, por cuanto el nuevo nacimiento no es terrenal, sino celestial, es del Cielo, la ciudadanía celestial la tienen los creyentes en Cristo nacidos de nuevo; han nacido del Espíritu Santo, han nacido del Cielo. El Espíritu Santo es del Cielo. Y ahora, dice:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”     Recuerden que Él subió al Cielo. Y ahora, ¿de dónde lo esperamos? Del Cielo, de la Jerusalén celestial, de la nueva Jerusalén, donde Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, hace intercesión con Su propia Sangre, por eso la Escritura dice: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Su Hijo Jesucristo,” ¿por qué? Porque Él es el Sumo Sacerdote en el Cielo, del Templo celestial.     El Trono de Dios, al ser ocupado por Cristo, el cual se sentó en el Trono de Dios, a la diestra de Dios como lo había prometido en San Mateo, capítulo 26, verso 64 y San Marcos, capítulo 14, verso 61 en adelante; Él se sentó en el Trono de Dios en el Cielo y convirtió el Trono de Dios en un Trono de misericordia, en un Trono de Intercesión, y allí Él está como Sumo Sacerdote.     Recuerden que Jesucristo es Rey y también es Sacerdote, Sumo Sacerdote del Cielo, del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, y también Dios lo ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.     Y ahora, Cristo ha estado por estos dos mil años que han transcurrido de la muerte de Cristo hacia acá, de la resurrección y ascensión de Cristo hacia acá, ha estado en el Cielo en el Templo celestial en el lugar de intercesión como Sumo Sacerdote haciendo intercesión.     Algún día terminará Su labor y ya no habrá más oportunidad de salvación, no habrá más oportunidad para las personas ser limpios de todo pecado, porque ya se habrá terminado esa etapa de intercesión en el Cielo, la cual fue reflejada, representada en el día de la expiación que el pueblo hebreo llevaba a cabo el día diez del mes séptimo de cada año, donde el sumo sacerdote sacrificaba el macho cabrío de la expiación, y llevaba la sangre dentro del Lugar Santísimo en una vasija, y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio.     Y luego cuando salía, todos los que habían confesado a Dios sus pecados, quedaban libres porque los pecados eran cubiertos con la sangre de ese animalito. Pero ahora, con la Sangre de Cristo, el Cordero de Dios, son, no cubiertos, sino quitados, limpiados de todo pecado: son los creyentes en Cristo por medio de la Sangre de Cristo, que es la Sangre del nuevo Pacto.     Y ahora, ya sabemos dónde Cristo está: con Su cuerpo glorificado como Sumo Sacerdote en el Cielo, pero en Espíritu Él está en medio de Su Iglesia todo el tiempo, “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Y por consiguiente ha estado obrando por medio de Su Iglesia, así como Dios el Padre obró a través de Cristo, Cristo ha estado obrando por medio de Su Iglesia, Cristo en Espíritu, usando diferentes instrumentos, diferentes ministros, diferentes personas en el programa de evangelización, en donde se llevan a cabo diferentes labores, y donde Él envía diferentes mensajeros para diferentes etapas o edades de Su Iglesia, en los cuales coloca la Palabra correspondiente a cada etapa de Su Iglesia.     Y ahora, Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores. Recuerden que Él dijo que Él se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo, todo eso Él lo dijo antes de morir y así sucedió, y la Escritura da testimonio de que Él está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, y Él mismo en el libro del Apocalipsis da testimonio en el capítulo 3 del Apocalipsis, verso 20 y 21, cuando dice:     “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.     Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”     El mismo Cristo lo dice: “Así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.” Él lo dijo antes de que ocurriera, y luego cuando subió al Cielo, se sentó en el Trono de Dios, el Trono celestial.      Ahora, Él dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono.” Ahora Él está sentado en el Trono del Padre, pero dice: “Le daré que se siente conmigo en mi trono.” ¿Entonces cuál es el Trono del Padre y cuál es el Trono de Jesucristo? El Trono del Padre es el que está en el Cielo, y el que esté sentado en ese Trono, es Rey de toda la creación, por eso Cristo dijo: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” En el Trono celestial está todo el poder, y lo tiene el que esté sentado en el Trono, y Dios está en Jesucristo. Gobernando por medio de Cristo está Dios, gobernando toda la creación.     Y ahora, ¿cuál es entonces el Trono de Cristo, del cual Él dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono?” El Ángel Gabriel en el capítulo 1, verso 30 al 36 de San Lucas, le aparece a la virgen María y le dice: “¡Salve, muy favorecida!, el Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres,” y comienza a decirle lo que va a suceder en su vida, le dice que va a tener un niño, vamos a leerlo para que tengan este pasaje, el cual ya es historia, lo tengan ustedes claro para que sepan quién es Jesucristo; dice capítulo 1, verso 30 en adelante de San Lucas:     “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.     Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.     Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;     y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”     Esa es la promesa de parte de Dios dada a través del Ángel Gabriel a la virgen María: Dios le dará el Trono de David, Jesucristo es el heredero al Trono de David, ese es el Trono del cual Cristo dice: “Y le daré que se siente conmigo en mi trono.” Él es el heredero al Trono de David, por lo tanto, una bendición grande hay al sentarse con Cristo en Su Trono, dice: “Así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.”     En la misma forma en que Dios el Padre ha hecho con Jesucristo sentándolo en Su Trono celestial, Cristo hará con el vencedor, tan sencillo como eso, pues Él dice que será en la misma forma, “así como Yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono, así será que se sentará conmigo, sentaré conmigo en mi trono al vencedor.”     Y así como Cristo recibió todo poder en el Cielo y en la Tierra al sentarse en el Trono celestial, también dará poder al sentarse en el Trono terrenal el vencedor. Eso lo dice en Apocalipsis, capítulo 2, verso 26, y dice que será en la misma forma que sucedió con Él en el Cielo; dice capítulo 2, verso 26 en adelante, 26 al 28 de Apocalipsis. Dice:     “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,     y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.”     En la misma forma; en palabras más claras, lo que el Padre hizo en el Cielo sentando a Jesucristo en Su Trono y dándole todo poder en el Cielo y en la Tierra, hará Jesucristo con el vencedor sentándolo en Su Trono terrenal: el Trono de David, le dará autoridad sobre todas las naciones, y las regirá, las gobernará con vara de hierro, y con eso concuerda el Salmo 2. El Salmo 2 también nos habla esto mismo, y lo podemos ver porque esto va a realizarse como está prometido, dice:         “¿Por qué se  amotinan  las gentes,         Y los pueblos piensan cosas vanas?         Se levantarán los reyes de la tierra,         Y príncipes consultarán unidos         Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:         Rompamos sus ligaduras,         Y echemos de nosotros sus cuerdas.”     En Apocalipsis, capítulo 19 dice que se van a levantar contra el Jinete del Caballo Blanco que viene en Apocalipsis 19,y con Él vienen del Cielo las huestes celestiales, los creyentes en Cristo ya resucitados con cuerpos glorificados. Ese es el ejército poderoso de Jesucristo. Sigue diciendo:         “El que mora en los cielos se reirá.”     Levantarse en contra de Jesucristo y Su ejército, quien lo haga, sin comenzar, solamente de pensarlo, ya perdió, y eso será levantarse en contra de Dios y del Trono de Dios, del Trono celestial y del Trono terrenal también, eso será levantarse en contra del Señor, es una rebelión como las que surgieron en los días de Moisés mientras llevaba el pueblo rumbo a la tierra prometida.     Al anticristo se va a levantar en contra del Jinete del Caballo Blanco y del ejército que le acompaña, eso es lo que muestra Apocalipsis, capítulo 19 y el capítulo 17 también de Apocalipsis; y también el libro de Daniel en el capítulo 7 nos muestra todo esto, y también en otros capítulos, por ejemplo, en el capítulo 9 nos habla de estas cosas también.         “El que mora en los cielos se reirá;         El Señor se burlará de ellos.”     O sea, que todo lo que hagan será inútil, luchar contra Cristo será inútil para quien trate de hacerlo:         “Luego hablará a ellos en su furor.”     Por rebelarse contra Cristo y Su ejército, Su Iglesia, luego Dios va a hablar en Su furor, como Juez y como Rey, trayendo el juicio divino sobre esas personas y sobre esas naciones y sobre al anticristo:         “Y los turbará con su ira.”     Así que será algo terrible para cualquier persona, familia o nación o grupo que se levante en contra de Cristo y Su Iglesia en la edad que sea, y más en este tiempo:         “Pero yo he puesto mi rey  Sobre Sion, mi santo monte.         Yo publicaré el decreto;         Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;         Yo te engendré hoy.         Pídeme, y te daré por herencia las naciones,         Y como posesión tuya los confines de la tierra.         Los quebrantarás con vara de hierro;         Como vasija de alfarero los desmenuzarás.”     ¿No es lo mismo de Daniel, capítulo 2, donde la piedra no cortada de manos hiere a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido en esa etapa del reino del anticristo, y los desmenuza? Es lo mismo, y es lo mismo de Apocalipsis, capítulo 2: “Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro,” ¿y qué más dice? “Y serán quebrantadas como vaso de alfarero.” Y esa autoridad, dice: “Como yo también la he recibido de mi Padre.” Como Cristo recibió esa autoridad del Padre, la dará al vencedor, así como la recibió toda la autoridad en el Cielo sobre toda la creación, ahora dará esa autoridad al vencedor aquí en la Tierra.     Por eso es que la llave de David, Él dice que tiene la llave de David, y por eso esa llave de David va a ser usada en este tiempo final para abrir la puerta del Reino de David, ser restaurado el Reino de David.     Y ahora, continuamos leyendo en Filipenses (nos detuvimos allí un momento), sigue diciendo:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo...”     ¿Y para qué lo estamos esperando? Vean, cuando lo recibimos como Salvador, Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna,” ¿para qué lo recibimos como Salvador? ¿Para qué Él nos llama? Para darnos Vida eterna, darnos Vida eterna es el propósito por el cual se predica el Evangelio de Cristo. Por eso dice:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     El ser humano, delante del ser humano está la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y Dios recomienda que la persona escoja la vida para que viva él y su familia. Por lo tanto, a través de la predicación del Evangelio de Cristo se da a conocer cómo obtener la Vida eterna la cual Dios le ha dado a la raza humana, ¿y dónde está esa Vida eterna? En el Árbol de la Vida que es Jesucristo, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Así que no todos los caminos llevan a Dios, solamente hay UNO, y ese es JESUCRISTO.     Y ahora, Él dice... ¿para qué lo estamos esperando? Vamos a ver:     “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.”     ¿Para qué lo esperamos? Para que transforme nuestros cuerpos, así como lo recibimos como nuestro Salvador para recibir la Vida eterna, recibir una transformación interior, espiritual, y por consiguiente recibir la redención en la esfera espiritual que está, y luego en el Día Postrero la promesa es que recibiremos la redención del cuerpo que será nuestra transformación para los que estemos vivos, y la resurrección en cuerpos eternos los que ya murieron físicamente, creyentes en Cristo.     “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.”     Siendo príncipes y princesas del Reino celestial y también del Reino de David, porque Él es el heredero al Reino de David y Trono de David, y por consiguiente somos coherederos con Él, somos coherederos a todo lo que Él es heredero; por eso cuando Cristo dice: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas.” Y después dice en otra ocasión: “Vosotros sois la luz,” porque todo lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Él, lo es la Iglesia del Señor Jesucristo también como Cuerpo Místico de creyentes. Es que Cristo es el Segundo Adán y la Iglesia es la segunda Eva, para reproducirse Cristo a través de Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios.     Y ahora, el propósito de Su segunda Venida para los creyentes en Cristo, para Su Iglesia, es la transformación para los que están vivos, y para los que ya murieron, la resurrección en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados y jóvenes como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.     Ya lleva dos mil años o más, depende qué calendario use, y todavía está tan joven como cuando subió al Cielo, porque en el cuerpo glorificado la persona no se pone vieja, es un cuerpo eterno, esa es la misma clase de cuerpo que Él tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, no es para mí solamente, es para todos los creyentes en Él.     Y así será que el cuerpo de la humillación nuestra, este cuerpo de carne en donde pasamos tantos trabajos, luchamos tanto y se ponen viejos, ¿ven? Es un tiempo viviendo en estos cuerpos mortales, es un tiempo en donde siendo príncipes y princesas, reyes y sacerdotes de Dios, que hemos sido limpiados con la Sangre de Cristo, estamos en estos cuerpos mortales y algunas veces en una situación económica no tan buena, en donde otras personas están en buenas condiciones al estar en estos cuerpos mortales, y los hijos de Dios algunas veces pasan por situaciones difíciles económicamente, y luego, que también se pone viejo el cuerpo.     Es el cuerpo de la etapa de la humillación nuestra, es como los hijos de los reyes de alguna nación que estén pasando por una etapa en donde no tienen para vestir como príncipes y princesas y no tienen para comer como príncipes y princesas, y no tienen automóviles como los deben de tener los príncipes y las princesas, y entonces están pasando por una situación de humillación en donde lo ve cualquier persona y uno dice: “Ese es un príncipe, y esa es una princesa, son hijos del rey,” la gente dice: “No, ¿que va a ser? Los reyes no visten en esa forma ni dejan que sus hijos vistan así tampoco.”     ¿Ven? Están en una etapa de humillación, están en esa situación, así están los hijos de Dios a través de la historia: en cuerpos mortales, vestiduras terrenales, vestiduras humanas, vestiduras en donde hay muchos problemas, problemas de salud también.     Pero la promesa es que van a ser vestidos de vestiduras reales, van a ser vestidos de blanco, y no solamente una túnica, sino un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. La promesa es: “Yo le daré a comer del Árbol de la Vida el cual está en medio del paraíso de Dios,” y el Árbol de la Vida es Jesucristo.     “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante...”     ¿A qué? ¿Cómo va a ser nuestro cuerpo? Vamos a ver, aquí lo dice, ¿se va a parecer al cuerpo del rey de tal país o de tal otro país? Vamos a ver cómo va a ser ese cuerpo:     “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”     Y el cuerpo de la gloria suya es un cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad, así va a ser el cuerpo nuevo que yo voy a tener, ¿y el de quién más? De cada uno de ustedes también. Para esa glorificación, transformación, para tener cuerpos glorificados, es la promesa de la segunda Venida de Cristo a Su Iglesia; y tenemos que saber hacer la diferencia de lo que es la venida del Señor a Su Iglesia antes de la gran tribulación, y la Venida del Señor después de la gran tribulación para comenzar el Reino milenial, son dos cosas diferentes.     La Venida del Señor a Su Iglesia será, dice la Escritura: “Como ladrón en la noche,” o sea, que será un secreto, es un misterio esa promesa, y será un secreto Su Venida para buscar a Su Iglesia y llevarla a la Cena de las Bodas del Cordero. Por eso dice: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno, según sea su obra,” ¿y cómo vendrá? La Escritura dice que será como ladrón en la noche.     Y si está así prometido, entonces solamente van a darse cuenta los que van a ser transformados, van a recibir la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, van a recibir lo que algunos predicadores han llamado: la fe de rapto; será fe para transformación y rapto, y fe es revelación, y revelación es fe.     Así como la fe para obtener salvación y Vida eterna y ser limpiados de todo pecado, la recibimos por medio de la revelación del Evangelio de Cristo, que es dada a conocer a los seres humanos, y nace la fe de Cristo en el alma de la persona, y por consiguiente tiene fe para redención, tiene fe para salvación, tiene fe para recibir a Cristo como Salvador y obtener una transformación interior, espiritual, una adopción: la adopción en la esfera espiritual, que será, que es la redención del alma y del espíritu.     Pero tenemos también la promesa de la redención del cuerpo, que será nuestra transformación física, la cual efectuará el Señor en Su Venida en el Día Postrero, ¿por qué en el Día Postrero? Porque Él prometió que la resurrección ¿es para qué tiempo? Para el Día Postrero. Hemos estado viendo el tiempo de recibir la corona de la vida: es el Día Postrero.     En los días de Jesús habían comenzado ya los días postreros, así como lo dice San Pablo y San Pedro; San Pedro y San Pablo están de acuerdo en lo que son los días postreros, por ejemplo, San Pablo dice en el capítulo 1 de Hebreos, verso 1 en adelante, dice:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,     en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”     ¿Cuándo dice que Dios habló por medio de Jesucristo Su Hijo? Dice: “En estos postreros días Dios ha hablado por el Hijo.” En los días en que estaba Jesucristo en Su ministerio terrenal, Dios estaba en Jesucristo, Cristo dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y Él también decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, como yo escucho al Padre hablar, así yo hablo.” O sea, que Dios estaba en Cristo. San Pablo dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, era Dios en Cristo, Emanuel, Dios con nosotros en un velo de carne llamado Jesús, para llevar a cabo la Obra de Redención.     Y ahora, en los días postreros estaba Jesucristo presente; porque los días postreros delante de Dios, son los tres milenios postreros, así como los días postreros de la semana son: jueves el primero de los días postreros, viernes el segundo de los días postreros de la semana, y sábado el último o día postrero de la semana; y los tres días postreros mileniales delante de Dios son: el quinto milenio (el primero de los días postreros delante de Dios), el sexto milenio (el segundo de los días postreros delante de Dios), y el séptimo milenio que es el tercero de los tres días postreros (el último de los días postreros), el Día Postrero; el llamado Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Tan simple como eso.     Por lo tanto, el tiempo para recibir la corona de la Vida eterna, la adopción, la redención del cuerpo, es el tercer milenio de Cristo hacia acá que también es el séptimo milenio de *Adán hacia acá, representado en el día sábado de la semana. Por eso el sábado se le llama el día del Señor en la religión judía, el día dedicado a Dios, y está muy bien que lo hagan, que no violen ese mandamiento, porque el que está en la ley, está llamado a guardar toda la ley.     Y ahora, es para el Día Postrero delante de Dios la bendición de la corona de la vida, la bendición de la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los que estén vivos, para ese tiempo se estará escuchando la gran Voz de trompeta o trompeta final, de la cual San Pablo nos habla en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, donde nos dice:     “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,     en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”     Ese es el tiempo final para la Iglesia del Señor Jesucristo, ese es el Día Postrero, al principio del Día Postrero, al principio del séptimo milenio de Adán hacia acá, que es el tercer milenio de Cristo hacia acá, será la Venida del Señor y la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, será al principio, pero no sabemos en qué año, pero digamos, en los primeros cien años del séptimo milenio debe cumplirse esa promesa.     Para que tengan una idea, si pasa de cien años, pues no vamos a estar aquí físicamente, nos resucitará, pero si ocurre antes que terminen nuestros día en la Tierra, pues nos transformará, alguien va a estar en la Tierra creyendo en Cristo, nacido de nuevo, que va a ser transformado, porque Pablo dice: “Y los que estén vivos serán transformados.”     Ahora, habrá una gran Voz de trompeta o trompeta final o trompeta de Dios, y Voz de Arcángel. De eso nos habla también San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 12 al 18, porque el mismo Señor descenderá del cielo con aclamación, Voz de Arcángel y trompeta de Dios, y los muertos ¿qué va a pasar? Resucitarán, y nosotros los que vivimos, seremos arrebatados juntamente con el Señor con ellos, para recibir al Señor en el aire.     Por lo tanto, todo eso es un misterio en medio del Cristianismo, pero ya está siendo aclarado este misterio, ya sabemos el tiempo: el Día Postrero, el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.     No sabemos en qué año, pero en alguno de los años del séptimo milenio o tercer milenio de Cristo hacia acá, se va a realizar esa resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estén vivos.     Será cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo. Cristo no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo donde está como Sumo Sacerdote, hasta que se complete la Iglesia del Señor, esos son los primogénitos escritos en el Cielo, las primicias, primicias de Dios. Recuerden que así como Cristo es las primicias, también los creyentes en Cristo son las primicias para la gran cosecha del Día postrero.     Y ahora, en el Día postrero será el evento de la Venida del Señor. Por dos mil años lo han estado esperando, y algunas personas quizás han dicho: “Llevan cientos de años o miles de años esperándolo, y no ha venido.” Es que hay un tiempo señalado por Dios, cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo, porque ya habrá hecho intercesión hasta con el último escogido, hasta con la última persona que formaría Su Iglesia, que sería parte de Su Iglesia.     Y ya, pues se termina la Obra de Intercesión, saldrá del Trono de Intercesión y se convertirá en el León de la tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores, ya no estará como Sumo Sacerdote sino como Rey, tomará el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero sellado con siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo; lo traerá a la Tierra y lo entregará a un hombre que se lo coma, representado en Juan el apóstol que lo recibió en Apocalipsis, capítulo 10.     Juan representa a la Iglesia del Señor y a cada ministro, cada predicador, cada mensajero de la Iglesia del Señor. Alguien se va a comer ese Libro, alguien va a recibir a Cristo en Su venida, alguien va a venir y le va a dar ese Título de Propiedad, se lo va a comer, esa es la Palabra, y entonces dice la Escritura: “Y les ordenado que profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas.”     Por lo tanto, eso está ligado al ministerio de los dos Olivos que tienen el ministerio de profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas; todo eso está unido al programa, al proyecto divino de la Venida del Señor en el Día postrero. Dice la Escritura:     “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos.”     Están los escogidos del pueblo hebreo: ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, esos son los elegidos, los escogidos del pueblo hebreo que van a ser recogidos en el Día postrero con la gran trompeta o gran Voz de trompeta, esos serán los que servirán al Rey y a la Reina en el Reino Milenial, serán como los eunucos que tienen los reyes en los palacios.     Y ahora, estamos viviendo nosotros en el ciclo divino del tiempo para ser coronados. Conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá y tercer milenio de Cristo hacia acá, por lo cual estamos ya en el Día Postrero conforme al calendario gregoriano, y aun el calendario gregoriano tiene algunos años de atraso, como también el calendario hebreo tiene algunos años de atraso.     Y ahora, tenemos que comprender que estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en el tiempo en que de un momento a otro Jesucristo terminará Su Obra de Intercesión como Sumo Sacerdote en el Cielo, porque habrá hecho intercesión hasta por el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que formaría o que sería parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.     Él no puede salir de ese Trono de Intercesión hasta que el último escrito en el Libro de la Vida del Cordero lo reciba como Salvador, porque tendría entonces esa persona, si no lo recibe, tendría que pasar por la gran tribulación, no podría ser transformado.     Por lo tanto, la espera, la paciencia de Dios es para salvación hasta el último de los escogidos, de los elegidos, de los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso Cristo mandó a predicar el Evangelio a toda criatura, y el que es de Dios, pues escuchará la Voz de Dios, Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye, mis ovejas oyen mi Voz y me siguen.” Y también Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, la cuales también debo traer, y oirán mi Voz.” ¿Cuál es Su Voz? El Evangelio. “Y habrá un rebaño.” ¿Cuál es el rebaño? La Iglesia del Señor Jesucristo. “Y un pastor.” ¿quién es el pastor? Jesucristo, Jesucristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, ¿y las ovejas quiénes son? Todos nosotros que creemos en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, esas son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna.     Por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo les doy Vida eterna,” y también Él dice: “Porque el Hijo de Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido,” o sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también, San Lucas, capítulo 19, verso 10. Y San Mateo, capítulo 18, versos 10 al 14: “Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial, del Padre celestial, que se pierda una de estas ovejas, uno de estos pequeñitos.” Eso es lo que dice ahí en San Mateo. Así que no es la voluntad de Dios que se pierda un elegido, una oveja del Padre, las cuales han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna.     “TIEMPO DE RECIBIR LA CORONA DE LA VIDA.”     Primero se recibe en la esfera espiritual cuando recibimos a Cristo como Salvador, y somos bautizados en agua en Su Nombre y Él nos da Su Espíritu y produce en nosotros el nuevo nacimiento, ya recibimos la corona de la Vida eterna, tenemos Vida eterna, pero físicamente todavía nos falta tener vida eterna física, ser adoptados físicamente, necesitamos la redención física que será nuestra transformación, la redención del cuerpo.     Por eso dice: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios con el cual fuisteis sellados para el día de la redención,” o sea, para el día de la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los vivos; la redención del cuerpo es nuestra transformación, es para tener el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.     Cuando lo tengamos, podremos decir: “Ya recibí la redención física, ya recibí la adopción física, recibí mi transformación, ya soy a imagen y semejanza de Jesucristo en lo espiritual y en lo físico también.” Ya entonces tendremos la adopción espiritual y la adopción física, tendremos la doble porción.     Y hay un tiempo para la parte espiritual y ya llevamos unos dos mil años en donde eso ha estado sucediendo en millones de seres humanos, y habrá un tiempo para la redención física, la adopción física, y ya el tiempo ha comenzado, es el Día Postrero delante de Dios, el milenio postrero para los seres humanos, y ya comenzó conforme al calendario gregoriano.     Ese es el tiempo señalado por Dios, las señales de los tiempos indican que estamos en el tiempo para estar esperando la Venida del Señor con los muertos creyentes en Él resucitados, para ser transformados los que vivimos, e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Tenemos la promesa que habrá una trompeta final o gran Voz de trompeta, eso es la Voz de Cristo, la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 10, clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces, Cristo hablándole a Su Iglesia en forma consecutiva en el Día postrero en la etapa de la Edad de la Piedra Angular.     Esa es la etapa para la adopción, esa es la etapa para la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos, como en el día de Jesús cuando murió y resucitó, con Él resucitaron los santos del antiguo Testamento, Él estaba viviendo en una etapa de piedra angular, de Edad de Piedra Angular, y Él era la piedra del ángulo, la piedra angular.     Y ahora, hemos regresado a ese ciclo divino en donde ocurrirá la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos en el Día postrero, y se cumplirá la Venida del Señor en el Día postrero, como ha sido prometido por el Señor, por los profetas, por los apóstoles y por los diferentes mensajeros y diferentes predicadores que han hablado de la Venida del Señor para el Día postrero, y de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de los que están vivos.     “TIEMPO DE RECIBIR LA CORONA DE LA VIDA ETERNA.”     El Día Postrero es el tiempo conforme a las palabras de Cristo y conforme a las enseñanzas del apóstol Pablo, donde nos enseña que para ese tiempo se estará tocando la trompeta final o gran Voz de trompeta que es el mensaje final, el Evangelio del Reino, siendo proclamado juntamente con el mensaje del Evangelio de la Gracia, y eso es la Lluvia Temprana y Tardía cayendo sobre el pueblo, sobre la Iglesia, y después sobre el pueblo hebreo.     La Lluvia Temprana del Evangelio de Cristo siendo enseñado, y la Lluvia Tardía del Evangelio del Reino siendo enseñado a los seres humanos, esa es la trompeta final o gran Voz de trompeta, esa es la Lluvia Temprana y Tardía para el Día Postrero cayendo a la misma vez sobre el pueblo para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Pero todavía Cristo no ha salido del Trono del Padre, ¿por qué? Porque todavía hay personas escritas en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero que lo recibirán como Salvador al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo en el Día Postrero.     Ya yo lo recibí como Salvador al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, y Él me salvó y me colocó en Su Reino, en Su Iglesia, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, porque hemos oído Su Voz, Su Palabra, el Evangelio: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” Y dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” Hemos escuchado Su Voz, Su Evangelio y lo hemos seguido y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, y Él nos ha recibido en Su rebaño.     Si hay alguno que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted. Vamos a dar unos minutos mientras pasan acá al frente para orar por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador, si todavía no lo han recibido como Salvador.     La fe viene por el oír la Palabra, “y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación,” por lo tanto ya usted escuchó, nació la fe de Cristo en su alma, creyó en Cristo y ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, porque solamente hay un Salvador, y Su Nombre es: Señor Jesucristo.     Por eso San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, vero 12 dice: “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.” No hay otro nombre para salvación, hay un Nombre, y ese Nombre es: Señor Jesucristo. No hay otro Salvador, solamente hay UNO, y Su Nombre es: Señor Jesucristo, el cual murió en la Cruz del Calvario por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.     Ya Cristo en la Cruz del Calvario nos perdonó, nos salvó, pero el perdón no es perdón hasta que la persona lo recibe, lo acepta, entonces se hace una realidad en la persona ese perdón y esa salvación que Él ganó para usted y para mí en la Cruz del Calvario.     Por ejemplo, los alimentos que se usan en la mañana, al mediodía y en la tarde: desayuno, almuerzo y cena, son vitaminas, pero no son vitaminas hasta que usted los recibe; mientras tanto, mientras usted no los recibe, mientras usted no los come, no importa cuántas vitaminas tenga ahí, no le hacen efecto a usted, no le ayudan hasta que usted las recibe, las come, come esos alimentos y entonces ahí recibió todas esas vitaminas.     La salvación y Vida eterna, hasta que usted recibe a Cristo no es una realidad en la vida suya, por eso Él dijo:     “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.     El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”     Solamente una de esas dos cosas usted puede hacer: o creer o no creer; no cree: será condenado; cree: será salvo. Tan simple como eso, para que no tengamos una lista para escoger nos da dos opciones: o cree o no cree.     “El que no cree en el Hijo de Dios, le ha hecho a Dios mentiroso porque no ha creído en el Hijo de Dios, Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo (en Jesucristo); el que tiene al Hijo, tiene la vida (la Vida eterna), el que no tiene al Hijo, no tiene la vida.” No tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar, y ni siquiera la persona sabe cuándo se le va a terminar. Y si se le termina la vida temporera, la vida física, no podrá vivir eternamente en el Reino de Jesucristo, no podrá tener otro cuerpo físico, eterno, para vivir por toda la eternidad. Vean lo que nos dice aquí en San Juan, capítulo 3 mientras continúan viniendo las personas a los Pies de Cristo:     “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo  unigénito , para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”     Dios no desea que usted se pierda, Dios desea que usted tenga Vida eterna, y por eso ha hecho un camino para que usted obtenga la Vida eterna, y ese camino es Cristo, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios, hay una sola, y es a través de Cristo nuestro Salvador. También Él dijo, capítulo 3, verso 16 en adelante:     “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.     El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del  unigénito  Hijo de Dios.”     El que cree no será condenado, no es condenado, es salvo; el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el Nombre del Hijo de Dios, en Jesucristo. Él vino para salvar al pecador, Él vino para salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, para evitar que seamos condenados, para evitar que seamos (en el juicio final) echados en el lago de fuego y dejar de existir, y nadie quiere dejar de existir.     Si esta vida en estos cuerpos mortales es tan buena, cómo será en cuerpos eternos, en cuerpos glorificados, en cuerpos que no se ponen viejos y en cuerpos iguales al cuerpo de Jesucristo, cuerpos interdimensionales, que pasaba de esta dimensión a otra dimensión, que entraba donde estaban los discípulos; aún con las puertas cerradas Él entraba, hablaba con ellos y luego desaparecía.     Así es el cuerpo glorificado que Él ha prometido para todos los creyentes en Él, y le va a dar ese cuerpo en el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, los que están en otras naciones también puestos en pie y con nuestras manos levantadas a Cristo, el Cielo, y nuestros ojos cerrados, los niños también, de diez años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo. Con nuestros ojos cerrados todos, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecados y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. En la Cruz del Calvario Tú me salvaste, haz realidad en mi vida esa salvación, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Usted me dirá: “Yo creí y lo he recibido como mi Salvador, y deseo ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado y dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó, y luego cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino en forma de paloma y se posó sobre Jesús. Que el Espíritu Santo venga sobre cada uno de ustedes al subir de las aguas bautismales.     El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Cuando la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor se está identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, es un mandamiento del Señor Jesucristo el bautismo en agua.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, recordando que la persona que recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Así de sencillo es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.     Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al reverendo Epifanio López para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Que Dios les bendiga y les guarde a todos. En las demás naciones dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     “TIEMPO DE RECIBIR LA CORONA DE LA VIDA.”

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