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Mi cordial saludo al reverendísimo Luis Rodrigo Moreno, Obispo de Quito, y a cada uno de ustedes presentes en esta ocasión. Aprecio y agradezco mucho tan alta honra y honor que me ha sido conferida por el Consejo directivo de la Facultad de Teología Cambridge, de Quito, en la persona del reverendísimo Luis Rodrigo Moreno, Obispo de Quito. Que las bendiciones del Creador sean sobre usted. Y agradezco a la Facultad de Teología Cambridge, este doctorado: "Honoris Causa en Ciencias de la Religión."

Para esta ocasión, leemos una Escritura que es muy conocida por todos y se encuentra en Efesios, capítulo 4, verso 11, para lo cual leemos desde el verso 8 en adelante, para tener el cuadro claro, dice:

"Por lo cual dice:

Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,

Y dio dones a los hombres.

Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?

El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo..."

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"CONSTITUIDOS PARA PERFECCIONAR A LOS SANTOS."

Para eso es que Cristo ha dado estos ministerios en Su Iglesia y a Su Iglesia. Estos ministerios son para operar en la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual es Su Cuerpo Místico de creyentes. Y dice:

"...para la edificación del cuerpo de Cristo..."

Lo cual nos muestra que se está edificando un Cuerpo Místico de creyentes llamado la Iglesia del Señor Jesucristo. El apóstol Pablo dijo en Primera de Corintios, capítulo 3, verso 6 en adelante, dice:

"Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.

Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo."

En esta edificación que se está llevando a cabo desde el Día de Pentecostés en la Dispensación de la Gracia, encontramos que está tipificada tanto en el tabernáculo que construyó Moisés, como en el templo que construyó el rey Salomón; por lo cual dice el apóstol Pablo en ese mismo capítulo 3 de Primera de Corintios, verso 16 al 17:

"¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?"

Ahora vean, la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual del cual Cristo también dice por medio de San Pablo:

"Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es."

Y ahora, el Templo de Dios, ahora ni es el tabernáculo que construyó Moisés, ni es el templo que construyó el rey Salomón, sino que es la Iglesia del señor Jesucristo compuesta por y con Piedras vivas como nos dice el apóstol Pedro en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 en adelante, en donde nos habla de la siguiente manera:

"Acercándoos a él, piedra viva..."

Recuerden, Cristo es la Piedra del Ángulo la cual los edificadores desecharon, conforme a como el mismo Cristo dice a los judíos en aquel tiempo en el capítulo 21, versos 41 al 43. La Piedra del Ángulo sobre la cual el que caiga será bendecido, pero sobre quien ella caiga lo desmenuzará. El que caiga rendido a los Pies de Cristo será salvo, será recibido en el Reino de Dios. Y ahora, sigue diciendo:

"...mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas..."

Todo lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Cristo. Recuerden que Cristo en una ocasión dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida." (San Juan, capítulo 8, verso 12). Y en otra ocasión dice a Sus discípulos: "Vosotros sois la luz del mundo."

Porque es que a todo lo que Cristo es heredero, lo son también los creyentes en Cristo. Cristo es la Estrella resplandeciente de la mañana, los creyentes en Cristo son estrellas también, son descendientes de Abraham como las estrellas del Cielo. A todo lo que Cristo es heredero, también lo son los creyentes en Cristo.

"...vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual..."

También como individuos los creyentes en Cristo son un Templo espiritual para Dios morar en el alma de la persona; por eso se le ofrece la oportunidad a las personas que le den el alma, el corazón, a Cristo, para que Cristo salve su alma y habite como Rey reinando en la vida de la persona desde Su trono humano, que es el alma de la persona, tipificado en el corazón de la persona. Sigue diciendo:

"...sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo..."

La Escritura nos dice en el libro del Apocalipsis, capítulo 1 y también el capítulo 5, verso 7 al 11 y capítulo 20, versos 4 al 6, que hemos sido lavados con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado, y hemos sido hechos para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes y reinaremos sobre la Tierra. Es que a todo lo que Cristo es heredero, también lo son los creyentes en Cristo. Cristo es el heredero al Reino de David y Trono de David; y los creyentes en Cristo que forman Su Iglesia son coherederos con Cristo de ese Reino, y Cristo también es heredero al Reino del mundo entero; y por consiguiente los creyentes en Cristo son también herederos de ese Reino. "No temáis manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino." Sigue diciendo:

"...para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo."

Todo lo que ofrecemos a Dios: cánticos espirituales, himnos, poemas, trabajo, ofrendas, diezmos; todo lo ofrecemos a Dios por medio de Jesucristo. Siendo Sacerdotes hechos por Cristo porque nos limpió de todo pecado y con Su Sangre nos ha purificado y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes (por eso vamos a reinar con Él) y Sacerdotes. Por eso el Orden Sacerdotal celestial de Melquisedec, del cual Cristo es el Sumo Sacerdote, también son de ese Orden Sacerdotal los creyentes en Cristo, de un Orden Sacerdotal celestial.

Recuerden que San Pablo dice en Filipenses, que nuestra ciudadanía ¿está dónde? En los Cielos, "de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya." O sea, para que sea un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado que Él tiene, el cual es inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad. Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo.

En el cuerpo glorificado la persona no se pone vieja, esa es la clase de cuerpo que Él tiene para todos los creyentes en Él, cuerpo glorificado.

Por eso dice: "Para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya." Ese es el cuerpo que Él le dará a todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que han muerto, los resucitará en cuerpos glorificados, y a los que vivimos, si estamos vivos en ese momento de la resurrección, seremos transformados; y eso será a la final trompeta; porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles, y los vivos, los que vivimos, seremos transformados, "porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y entonces se cumplirá la Palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria." [Primera de Corintios 15:53-54]

Se acabará la muerte para los creyentes en Cristo, porque ya con la resurrección de los creyentes en cuerpos glorificados y la transformación de los vivos, ya no habrá muerte para los creyentes en Cristo, como tampoco para Cristo hay muerte, Él no morirá nuevamente, Él murió porque tenía que morir para salvar a las ovejas que el Padre le dio para que las buscara y les diera Vida eterna. Y ahora, continuando con las palabras de San Pedro:

"Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia."

Ustedes que se graduaron en esta ocasión como ministros, vean:

"...para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable..."

Para eso son los ministros del Evangelio de Cristo, y brazo a brazo con ellos todas las personas creyentes en Cristo, trabajando cada uno en su congregación y también trabajando unidos en actividades especiales para anunciar las virtudes de Aquel: Jesucristo, el cual nos llamó de las tinieblas, o sea, del reino de las tinieblas a Su Reino glorioso de luz, de paz, de amor, de felicidad.

Por lo tanto, el ministerio que Dios ha colocado en Su Iglesia en el cual ha colocado, a unos: apóstoles (que son los misioneros), profetas, evangelistas, pastores y maestros para la perfección, para perfeccionar a los santos y para la edificación del Cuerpo Místico de Cristo, para esa construcción que se está llevando a cabo con piedras vivas, de la cual el apóstol Pablo dice que él ha sido colocado como perito arquitecto y puso él el fundamento.

Encontramos que así como Dios colocó a San Pedro como apóstol y maestro para los judíos, colocó a San Pablo para los gentiles; por eso San Pablo dice que él es maestro a los gentiles y por eso él colocó el orden divino correspondiente a la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los gentiles, aunque haya en medio de la Iglesia también judíos; pero la Iglesia, vean ustedes, está bajo un nuevo Pacto establecido por Dios, el cual Dios dijo en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36:

"He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá."

O sea, con el reino del Norte compuesto por la diez tribus, y con el reino del Sur compuesto por las dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín. Ese nuevo Pacto que Él dijo que haría es del cual Cristo habla.

Recuerden que el que dio el pacto al pueblo hebreo a través del profeta Moisés, es el mismo que da el nuevo Pacto, el mismo Ángel del Pacto; por eso en el libro de los Hechos, capítulo 7, y también en el libro de Hebreos, capítulo 2, dice que la Ley fue dada por comisión de ángeles. Fue el Ángel del Pacto el que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, a través del profeta Moisés, el que le dio la Ley al pueblo hebreo en el Monte Sinaí; y ahora, Él prometió en Jeremías 31 que hará un nuevo Pacto, no como el pacto antiguo que hizo con la casa de Judá, con la casa de Israel y la casa de Judá el cual ellos invalidaron.

De ese nuevo Pacto es que nos habla Jesucristo en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, cuando está con Sus discípulos en la ultima cena en la víspera de la pascua; y comiendo con ellos, toma el pan, da gracias al Padre, bendice, da a Sus discípulos, parte y da a Sus discípulos, y dice: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo." O sea, tipificó Su cuerpo en el pan. Él en el capítulo 6 de San Juan había dicho: "Yo soy el pan de vida, el pan que descendió del Cielo."

Y ahora, encontramos que luego toma la copa de vino y da gracias al Padre y da a Sus discípulos diciendo: "Tomad de ella todos, porque esto es mi Sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados," la Sangre del nuevo Pacto.

El nuevo Pacto que habló por medio del profeta Isaías, ahora Cristo lo va a establecer, Él va a derramar la Sangre del nuevo Pacto para comenzar el nuevo Pacto, al cual entrarán judíos y gentiles también. Un nuevo Pacto del cual también San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, dice que es la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, que es la Sangre del Pacto eterno.

No se derramará otra sangre para el establecimiento de un Pacto divino, porque ya la Sangre del Pacto eterno fue derramada, no hay otra sangre que pueda limpiar de pecado al ser humano; aunque se lleve a cabo sacrificios de animalitos, el sacrificio de animalitos no hace perfecto al ser humano, porque la sangre de los animalitos no puede quitar los pecados del ser humano y la vida del animalito no puede venir a la persona. Aquello solamente cubría el pecado, no lo quitaba, en lo que llegaba un Sacrificio perfecto con una Sangre perfecta para quitar el pecado del mundo.

Ya desde la muerte de Cristo en adelante no se está viviendo en tipos y figuras sino en la realidad, o sea, en el antitipo; ¿qué fue primero, el tipo o el antitipo? El tipo fue sacado del antitipo. La Escritura en el capítulo 13 y capítulo 17 de Apocalipsis dice que el Cordero de Dios fue sacrificado desde la fundación del mundo o desde antes de la fundación del mundo. Las cosas que se ven son hechas de las que no se veían.

Recuerden que el mismo Cristo dijo: "Antes que Abraham fuese, Yo soy." ¿Cómo era Él? Era el Ángel del Pacto, era nada menos que ese Ángel que le aparecía a los profetas, y los profetas decían que vieron a Dios cara a cara; y luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: "A Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer." El unigénito Hijo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, la imagen del Dios viviente.

Algunas personas, cuando piensan en Jesucristo, piensan que es cualquier hombre que llegó allá a la tierra de Israel, pero no; la promesa de la Venida del Mesías es que vendrá el precursor primero, correspondiente a la primera Venida de Cristo, la profecía de Malaquías, capítulo 3, versos 1 al 2, dice:

"He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos."

Primero envía Su mensajero el cual le va a preparar el camino, ¿y quién fue ese mensajero? Juan el Bautista, que vino con el espíritu y virtud de Elías para preparar un pueblo bien apercibido para recibir la Venida del Señor. Y vendría a Su templo el Señor, y el Ángel del Pacto al cual deseaba el pueblo.

O sea, que Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, vendría a Su Templo. Su templo de piedra que construyó el rey Salomón, ya no estaba, el que estaba era el templo que construyó el rey Herodes en 46 años, y le faltaban algunas cosas, entre ellas la más importante de todas; porque un templo para Dios, si Dios no está, no tiene valor grande, solamente tiene un valor monetario, pero si Dios está, el valor se lo da Dios.

Y ahora, cuando Cristo estuvo frente al templo en una ocasión cuando echó fuera los comerciantes que estaban allí, y le preguntan: "¿Con qué autoridad Tú haces esto?" Y le piden señal del Cielo, que les diera una señal y Él les dice: "Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré." Le dicen (eso está en San Juan, capítulo 2)... le dicen: "En cuarenta y seis años fue levantado, construido, este templo, ¿y ahora Tú dices que en tres días lo vas levantar?" Pero Él no hablaba del templo de piedra, Él hablaba de Su cuerpo. Cuando resucitó entonces los discípulos comprendieron que les hablaba del templo humano, de Su cuerpo, el cual fue destruido, fue sacrificado y luego resucitó al tercer día.

A ese templo humano vendría el Señor, Dios el Padre y el Ángel del Pacto, ¿ven? La Venida del Mesías es la venida de un hombre en el cual estará Dios el Padre y el Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto. Por eso Cristo decía que Él no hacía nada sino lo que veía hacer al Padre y Él decía que las obras que Él hacía no las hacía de sí mismo, sino que el Padre que moraba en Él, Él era el que hacía las obras. Y también decía: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido."

En la persona de Jesús podemos ver la plenitud de la Divinidad, porque a Dios le agradó que en Él: en Jesús, morara la plenitud de la Deidad, de la Divinidad. Por eso encontramos en Jesús a Dios el Padre, al Espíritu Santo y al Hijo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es la visión más clara del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a la vista de los seres humanos, en carne humana; por eso Jesús decía: "El Padre y Yo, una cosa somos." Y en muchas ocasiones hablaba acerca del Padre, y le pregunta uno de Sus discípulos: "Muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le dice: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me has conocido, Felipe? ¿No sabes que el Padre está en mí, que Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí, y el que me ha visto a mí ha visto al Padre?"

Así también cuando veían al Ángel del Pacto... Jacob, que luchó con el Ángel del Pacto, luego dijo: "Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma." Y le puso por nombre al lugar Peniel, porque vio a Dios a cara a cara, el rostro de Dios. Pero a Dios nadie le vio jamás, pero el cuerpo angelical de Dios que es el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, fue vista por todos estos hombres de Dios desde Adán hasta Juan el Bautista; y luego un sinnúmero de personas más en el Nuevo Testamento.

Ahora, podemos ver que Cristo no es cualquier persona, por eso es que nadie puede tomar la Sangre de Cristo, o sea, nadie puede pensar en la Sangre de Cristo como una sangre común; la sangre de todos los seres humanos estaba contaminada a causa del pecado. Tuvo que venir una persona con Sangre perfecta, y para eso tuvo que ser por obra y gracia del Espíritu Santo, en el vientre de María se formó allí el cuerpo y nació en Belén de Judea.

Fue esa Sangre divina la que fue derramada por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también; era la única que podía limpiar de todo pecado al ser humano, y la vida de la Sangre el Día de Pentecostés vino sobre ciento viente, porque la vida de la Sangre es el Espíritu Santo. La señal de que una persona tiene aplicada en su vida la Sangre de Cristo, es el Espíritu Santo, que es la Vida de la Sangre de Cristo.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado siendo edificada. Cristo dijo a Pedro: "Sobre esta roca edificaré mi Iglesia." La revelación de Jesucristo para todo ser humano, para creer y recibirlo como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua, Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y producir en la persona el nuevo nacimiento, y venir a formar parte del Templo espiritual de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, como una Piedra viva; pero Cristo es la Piedra principal de ese Templo espiritual.

Y ahora, la Casa de Dios, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, 1 al 6, es el Cuerpo Místico de creyentes, la Casa de Dios, el Templo espiritual de Cristo; y en el Cielo el Templo celestial donde está Cristo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada creyente en Cristo, por cada uno que lo recibe como Salvador. Y luego, sigue haciendo intercesión por cada creyente cuando comete alguna falta, error o pecado y lo confiesa a Cristo, Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado.

Tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo, en el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, o sea, ese Templo celestial; por eso es que se le ofrece la oportunidad a toda persona de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; y ustedes ministros tienen la oportunidad de ofrecer a la humanidad la única forma de salvación y Vida eterna que hay para el ser humano. Por lo cual, les felicito por vuestra graduación. Están para llevar las buenas nuevas del Evangelio de Cristo, y son benditos los pies de los que anuncian las buenas nuevas de paz.

Así que, millones de seres humanos han recibido la bendición de la salvación y Vida eterna, porque alguien predicó, le llevó el Evangelio de Cristo. Recuerden que la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pero, ¿cómo creerán si no hay quien les predique? ¿Y cómo les predicarán si no son enviados? De eso es que habla San Pablo en Romanos, capítulo 10.

Y ahora, son benditos los pies de los que son enviados a predicar las buenas nuevas de paz, del Evangelio de la paz, del Evangelio de nuestra salvación, para venir a formar parte las personas del Cuerpo Místico de Cristo, del Templo espiritual de Jesucristo nuestro Salvador para la edificación de ese Cuerpo Místico de creyentes, de ese Templo espiritual que es nada menos que la Familia de Dios, la descendencia de Dios, que viene por medio del segundo Adán.

Por eso es que la Escritura dice que somos hijos e hijas de Dios; hijos, pues descendientes de Dios, por eso es que le podemos llamar a Dios: "Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino; hágase Tu voluntad como en el cielo también en la tierra." Y esta oración de pedir que venga el Reino de Dios a la Tierra, es la restauración del Reino de David que es el Reino de Dios en la Tierra, y el Trono de David es el Trono de Dios en la Tierra o Trono terrenal, del cual el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que Dios le dará a Jesús el Trono de David su padre y reinará sobre la Casa de Israel para siempre, y Su Reino no tendrá fin. Eso está por ahí en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36.

Y ahora, la familia de Dios, la Casa de Dios, ¿quiénes son? Somos todos los creyentes en Jesucristo nuestro Salvador, para lo cual Cristo ha constituido en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para la perfección o para perfeccionar a los santos para la edificación, para edificación del Cuerpo de Cristo.

Y cuando se complete esa edificación, esa construcción del Cuerpo de Cristo, se habrá completado el Templo espiritual de Cristo como Cuerpo Místico de creyentes, y se completará también la edificación espiritual en cada creyente en Cristo, y llegará a la perfección, obtendrá su transformación si está vivo cuando Cristo venga con los creyentes resucitados; y si murió físicamente, pues vendrá de nuevo a la Tierra, resucitará en cuerpo glorificado.

Los creyentes en Cristo son los que tienen esta esperanza porque esto es para los creyentes en Cristo que forman el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, este Templo espiritual de creyentes llamado: la Casa del Dios viviente. Recuerden, tenemos a San Pablo hablándonos acerca de esta Casa y diciéndonos de la siguiente manera; esto es importante saberlo para que cada persona sepa que ocupa un lugar muy importante en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo. Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14 al 16, dice:

"Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad."

Y ahora, ¿cuál es la Casa de Dios? San Pablo dice que es la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso es que en la Iglesia los creyentes ofrecen a Dios ofrendas de alabanzas de labios por medio de Cristo, al Dios creador de los Cielos y de la Tierra.

Sabiendo que la Iglesia del Señor Jesucristo es la Casa de Dios y es columna y baluarte de la verdad, porque tiene la verdad y proclama la verdad: el Evangelio de Cristo, sepamos que pertenecemos a una Casa, a una Familia, la Familia de Dios, la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los redimidos por la Sangre de Cristo nuestro Salvador el cual dio Su vida en la Cruz del Calvario por mí. ¿Y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

Yo le recibí como mi único y suficiente Salvador y Él me recibió en Su Casa, Su Familia, Su Iglesia, la Casa del Dios viviente, compuesta por los hijos e hijas de Dios, que son los príncipes y princesas de ese Reino divino el cual va a ser establecido en la Tierra.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet, también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. Y los niños que ya tienen conciencia del bien y del mal, pueden venir a los Pies de Cristo, recordando que Cristo dijo: "Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos." Aun también a los niños recién nacidos los presentamos a Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, porque todos queremos tener a la familia completa en el Reino de Cristo, porque queremos tenerlos viviendo eternamente en el Reino glorioso de Jesucristo.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos en esta Ciudad de Quito, Ecuador, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en la Casa de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo como piedras vivas con Vida eterna.

Cristo dijo: "Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna; y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre." ¿Para qué se predica el Evangelio? Para que las personas conozcan el programa de salvación y Vida eterna, el programa de Redención que ha llevado a cabo Cristo con Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y así nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, crean y den testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador. Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

Miren lo que pierden los que no creen: pierden la salvación y Vida eterna; el que cree recibe la salvación y Vida eterna de parte de Cristo, para eso es que Cristo llama esas ovejas, esas almas de Dios que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna. Solamente podemos recibir la Vida eterna a través de Jesucristo. Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13 nos dice:

"Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo."

O sea, en Jesucristo. Recuerden que Él tiene la exclusividad de la Vida eterna para que Él dé Vida a los que Él quiera, ¿y a quién Él quiere darle Vida? A todos los que lo reciben como su Salvador:

"El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios (a Cristo, porque no lo ha recibido como Salvador) no tiene la vida."

No tiene la Vida; puede decir una persona: "Yo tengo vida, estoy vivo." Esa es una vida temporal o temporera que se le va a terminar y ni siquiera la persona sabe cuándo se le va a terminar; pero la Vida eterna la tienen aquellos que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador, para eso es que Cristo llama por medio del Evangelio a las personas para darle Vida eterna.

Recuerden que Él dijo: "También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer; y oirán mi voz." ¿Cuál es la Voz de Cristo? El Evangelio de Cristo siendo predicado por el Espíritu Santo a través de los ministros, y esa Voz de Cristo está llamando a esas ovejas que el Padre le dio. "También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer (o sea, son y están entre los gentiles), y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor." Cristo es el buen Pastor, el rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo. ¿Y las ovejas quiénes son? Todos nosotros que hemos recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

En la vida hacemos muchas decisiones, y grandes decisiones en muchas ocasiones, pero ninguna de esas decisiones coloca a la persona en la Vida eterna, excepto una sola: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Esa es la decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Si esta vida temporera que vivimos es tan buena, cómo será la Vida eterna en un cuerpo eterno, joven, inmortal, incorruptible, para vivir en él por toda la eternidad. No podemos perder esa oportunidad de obtener la Vida eterna, el apóstol San Pablo sabía la importancia de la Vida eterna y decía: "Echa mano de la Vida eterna." ¿Y cómo vamos a echar mano de la Vida eterna? Pues como Jacob echó mano de la bendición de Dios cuando se agarró del Ángel del Pacto, cuando se agarró de ese Ángel y luchó con él y no lo soltó hasta que recibió la bendición del Ángel.

Ese Ángel era Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto. Y nos agarramos del Ángel del Pacto, de Cristo, del mismo Ángel, para recibir la salvación y Vida eterna, y no lo podemos soltar; todos los días de nuestra vida estar bien agarrados de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos para dar testimonio público de su fe en Cristo nuestro Salvador, recordando que lo mas importante es la Vida eterna, no hay nada mas importante; por eso Jesús decía: "Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia." Y también decía... eso está en el capítulo 6 de San Mateo; y en el capítulo 16 de San Mateo, versos 26 al 28, dice: "¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras."

Lo mas importante es la Vida eterna, y la Vida eterna Dios la ha dado a través de Cristo, Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo Jesucristo. Y la buena noticia es que todos los que han recibido a Cristo como Salvador tienen Vida eterna. Yo tengo Vida eterna, mi alma tiene Vida eterna; por lo tanto eso es así para todos los creyentes en Cristo.

Lo mas grande que Dios tiene en la Tierra es el Espíritu Santo y Su Iglesia, que es la Casa de Dios donde está el Espíritu Santo, el cual le ha llamado en esta noche, le ha hablado directamente a vuestro corazón, porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por eso usted ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo.

Y ahora, oraremos por ustedes, y con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti habiendo escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creo en Cristo, creo en la primera Venida de Cristo y creo que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos, creo en la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los pecados de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, Jesucristo, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente.

Padre celestial, Te ruego todas estas cosas en el precioso Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Ustedes me dirán: "Nació la fe de Cristo en mi alma, creí, he dado testimonio público de mi fe en Cristo, lo he recibido como mi Salvador." Pero Él dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo." "Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo mas pronto posible." Y la pregunta de ustedes es: "¿Cuándo me pueden bautizar?"

Cuando San Pedro predicó el Día de Pentecostés, los que escucharon le dicen a Pedro y a los demás apóstoles: "Varones hermanos, ¿qué haremos?" Pedro les dice: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo, porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para los que están lejos y para los que están cerca; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación." [Hechos, capítulo 2, versos 31 al 47]. Los que creyeron fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y sean añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo que está siendo edificada como un Templo espiritual, un Templo santo para morar Dios en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Dejo al ministro, dejo aquí al ministro para que les indique cómo hacer para ser bautizados (si tienen agua, si tienen bautisterio), y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, como lo ha hecho siempre con todos los que lo han recibido como Salvador y han sido bautizados en agua y han sido añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche, dándoles testimonio de la Palabra de Dios, el Evangelio de nuestra salvación. Pasen todos muy buenas noches.

"CONSTITUIDOS PARA LA PERFECCIÓN DE LA IGLESIA."

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