ImprimirImprimir

Muy buenos noches, amables amigos y hermanos presentes, ministros y sus congregaciones en la República del Perú en diferentes ciudades, y aquí presentes en Lima, Perú; y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.     Es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.     Para lo cual leeremos un pasaje en San Mateo, capítulo 13, versos 10 al 17, donde encontraremos palabras que nos llenarán de regocijo, dice:     “Aquel día salió...”     Vamos a leer desde el verso 1 de San Mateo, capítulo 13, dice:     “Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó unto al mar.     Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.     Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.     Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.     Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;     pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.     Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.     Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.     El que tiene oídos para oír, oiga.     Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?     El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.     Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.     Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.     De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:     De oído oiréis, y no entenderéis;     Y viendo veréis, y no percibiréis.     Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,     Y con los oídos oyen pesadamente,     Y han cerrado sus ojos;     Para que no vean con los ojos,     Y oigan con los oídos,     Y con el corazón entiendan,     Y se conviertan,     Y yo los sane.     Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.     Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     Nuestro tema para esta ocasión es: “ES TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA.” O sea, “TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA DE DIOS.”     A través de este pasaje encontramos que para todos los tiempos Dios ha hablado, por medio de Sus profetas, diferentes profecías de cosas que han de suceder, han sido habladas por el mismo Dios a través del Espíritu Santo por medio de los profetas que Él ha enviado: “Porque no hace nada Dios, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas” (dice Amós, capítulo 3, verso 7). Ése es el orden divino para revelar Su Palabra a los seres humanos.     Por ejemplo, tenemos las palabras habladas por Dios a través del profeta Zacarías que nos indica que ese es el orden divino para Dios dar a conocer a Su Palabra.     En Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice:     “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;     y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”     Aquí encontramos la forma en que Dios le hablaba al pueblo hebreo, le hablaba por medio de Su Espíritu a través de los profetas que Él enviaba; de esto también dio testimonio Dios por medio de Nehemías; en el capítulo 9, ahí, Nehemías habla acerca de esto y nos enseña que Dios estuvo hablándole al pueblo por medio de Su Espíritu Santo usando diferentes mensajeros, diferentes profetas. Por lo tanto, no hace nada Dios sin que lo hable por medio de Sus profetas.     Por eso la Escritura nos dice: “Los cielos y la tierra pasarán, mas mi palabra no pasará.” La Palabra de Dios permanece para siempre y se cumple todo lo que está hablado en la Palabra divina.     Es importante entender estas cosas para estar consientes de las cosas que Dios hizo, las cuales ya son historia y es importante conocer la historia del Programa Divino, y también es importante saber que cosas están prometidas para Dios llevar a cabo; porque si la persona no sabe cuáles son las cosas que Dios ha prometido llevar a cabo en el tiempo en que la persona está viviendo, no podrá ver a Dios manifestado en el tiempo que le ha tocado vivir a la persona.     Es importante entender la Palabra de Dios tanto en la parte histórica como también en la parte profética de las cosas que faltan por ser cumplidas, las cuales Dios ha prometido, y conocer las que están siendo cumplidas en el tiempo en que la persona está viviendo; porque las cosas que Dios hará en el tiempo en que la persona vive son las que Él ha prometido llevar a cabo para ese tiempo. Esas son las profecías para el tiempo en que la persona está viviendo.     El Señor Jesucristo vivió en los días de las promesas para la Venida del Mesías, las cuales estuvieron siendo cumplidas en la persona de Jesús. Era importante en aquel tiempo entender la Palabra prometida para aquel tiempo, y saber que de la descendencia del rey David nacería una persona, un niño en Belén de Judea, en y a través de una joven virgen descendiente del rey David, la cual estaba prometida en Isaías, capítulo 7, verso 14, que decía: “Porque he aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel (que significa Dios con nosotros).” Esa era la promesa divina para aquel tiempo.     Y también en Malaquías, capítulo 3, decía (verso 1 al 2): “He aquí yo envío mi mensajero delante de mí; el cual preparará el camino delante de mí.” Decía: “Y vendrá súbitamente a Su templo el Señor (o sea, Dios el Padre), y el Ángel del Pacto (o sea, el Ángel de Dios que es el Espíritu Santo, vendrá ¿a dónde?) a Su Templo el Señor a quien vosotros buscáis y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Esa era la promesa de la Venida del Mesías y le iba a preparar el camino un mensajero, el cual fue Juan el Bautista.     Ahora, podemos ver que esas Escrituras tenían que conocerlas para saber quién era el que vendría en el cumplimiento de la Venida del Mesías; era el mismo Dios con el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico de Dios, y vendría a Su Templo; Su Templo humano fue el velo de carne llamado Jesús.     Recuerdan que Jesús en el capítulo 2 de San Juan, dijo: “Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré.” Ellos dijeron, los judíos le dicen: “En cuarenta y seis años fue construido, levantado este templo, ¿y Tú dices que en tres días lo vas levantar?” Cristo no hablaba del templo de piedra, sino que Él estaba hablando de Su cuerpo; y cuando resucitó de entre los muertos entonces los discípulos comprendieron que Él estaba hablando de Su cuerpo, el cual es el Templo humano de Dios, el cual murió y fue resucitado al tercer día.     Y ahora, es importante entender la Palabra de Dios para poder ver y entender el cumplimiento de ella en el tiempo que le toca vivir a cada persona. Por lo tanto, tenemos que saber cuáles son las promesas divinas para nuestro tiempo; y para confirmar y afirmar nuestra fe en Cristo, tenemos que saber cuáles eran las promesa divinas correspondientes al tiempo en que Jesús nació, vivió, se crió y tuvo el ministerio de tres años y medio.     Si la persona no conoce esas Escrituras, esas profecías correspondientes a la primera Venida de Cristo, puede dejar a Cristo y pensar que Jesús era cualquier hombre que apareció en la Tierra; lo mas, que era un profeta (pero que era el Mesías); porque sino conoce las Escrituras, la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que nació, vivió y tuvo Su ministerio Jesús, y murió y resucitó, pues la persona no tiene un buen fundamento y su fe no está bien fundada en Cristo.     Es importante que sepamos que para el tiempo en que murió Jesús, la raza humana tenía que morir por sus pecados, era el tiempo del juicio divino sobre toda la humanidad; por eso Jesús decía: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, Él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).     Ahí podemos ver entonces que Jesús vino para salvar al mundo, Él mismo dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para condenar al mundo sino para salvar al mundo, para que el mundo sea salvo por Él.” El ser humano, la raza humana existe en el presente porque en el pasado murió una persona que tomó los pecados del ser humano y se hizo mortal y murió, dio Su propia vida, Su vida terrenal, Su vida humana la dio por todos nosotros, para que luego nuestros pecados desaparecieran con la Sangre de Cristo. Él se responsabilizó, tomó nuestros pecados, se hizo pecados por nosotros; y ahora el ser humano nace sin pecado en esta Tierra, pero después es responsable de sus propios pecados, ya no es responsable el ser humano por los pecados de otra persona, es responsable por sus propios pecados.     Por eso la persona no tiene que arrepentirse del pecado en el Huerto del Edén, de Adán y Eva; el ser humano se arrepiente de sus propios pecados, y pide perdón a Cristo y por medio de Cristo él obtiene el perdón de sus pecados y es limpiado por la Sangre de Cristo de todo pecado; Cristo aboga por cada persona delante de Dios. “Si alguno ha pecado abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo.” Él es nuestro abogado, Él es el Sumo Sacerdote, el que aboga, intercede por nosotros ante el Padre celestial en el Templo celestial, en el Trono celestial.     Por lo tanto, todas estas cosas es importante conocerlas para que nuestra fe esté bien fundada en Cristo, conscientes de que no hay otro sacrificio por el pecado sino el sacrificio de Cristo; y ya Dios no acepta sacrificio de animalitos, los cuales no eran perfectos sino que hay solamente un Sacrificio y una Sangre aceptada por Dios, y es el Sacrificio de Cristo y la Sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado.     No hay otra forma en que el ser humano se pueda acercar a Dios. El mismo Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). Si no hay otro camino para acercarse a Dios, si no hay otra verdad, si no hay otro nombre y si no hay otra vida, entonces todo ser humano necesita a Jesucristo.     Toda persona desea Vida eterna, toda persona desea vivir eternamente; si vivir en estos cuerpos mortales lo cual es temporero es tan bueno, ¿cómo será vivir eternamente en un cuerpo inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad?     Por eso el ser humano estando en esta Tierra tiene una oportunidad para vivir eternamente, y es por medio de Cristo al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nacer la fe de Cristo en su alma, y recibirlo como único y suficiente Salvador; no hay otra forma. Y ser bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento y así la persona a nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios. De esto fue que le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, verso 1 al 6, cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Y toda persona desea entrar al Reino de Dios porque desea vivir eternamente.     El mismo Cristo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, dice:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.     Yo y el Padre uno somos.”     Así que, podemos ver que no hay otra forma en que el ser humano pueda obtener la salvación y Vida eterna, no hay otra forma en que el ser humano pueda ser redimido; solamente por medio de Cristo y Su sacrificio en la Cruz del Calvario. No hay otra forma en que el ser humano pueda ser redimido solamente por medio de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, no hay otra forma en que el ser humano pueda entrar al Nuevo Pacto.     El mismo Cristo en San Juan, y en San Mateo y en San Marcos, y en San Lucas estuvo hablando acerca del Nuevo Pacto. Tenemos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, las palabras de Cristo en la última Pascua o Cena con Sus discípulos, en donde tomó el pan, partió y dio a Sus discípulos, y les dice: “Esto es mi cuerpo, comed de él todos; porque esto es mi cuerpo.” Y luego tomando la copa de vino en el cual representó Su Sangre, en el vino, así como había representado Su cuerpo en el pan, ahora representa Su Sangre en el vino y da a Sus discípulos dando gracias al Padre, da luego a Sus discípulos y dice a ellos: “Tomad de ella todos porque esto es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     La Sangre del Nuevo Pacto, está hablando del Nuevo Pacto que Él había dicho, que Dios había dicho a través del profeta Jeremías en el capítulo 21, versos 31 al 36, que Dios haría un Nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá; no como el pacto que había hecho con los padres allá en el monte Sinaí el cual ellos invalidaron.     Y ahora, el Nuevo Pacto es el Pacto que está vigente ante Dios; el pacto antiguo ya pasó de su tiempo, y ahora hay un Nuevo Pacto. Cuando se establece un Nuevo Pacto se da por viejo al pasado.     Y ahora, bajo el Nuevo Pacto toda persona tiene la oportunidad de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nacer la fe de Cristo en su alma y recibirlo como único y suficiente Salvador. “El que oye mi Palabra y cree al que me envió (esto es el que entiende, el que oye) el que entiende mi Palabra y cree al que me envió tiene Vida eterna; y no vendrá a condenación mas ha pasado de muerte a Vida.” (San Juan, capítulo 5, verso 24).     Y ahora, es importante que entendamos la Palabra de Dios. La simiente que el Hijo del Hombre siembra en el campo, encontramos que el campo representa a los seres humanos en esta parábola, y está dividido el campo en cuatro formas; y las vamos a mencionar aquí, porque una de esas formas del campo lo representa a usted y a mí. Cada cual va a estar identificado con una de estas cuatro formas que Cristo presenta el campo donde es sembrada la buena semilla, la Palabra.     Dice en el mismo capítulo 13, verso 18 al 23, explicando esa parábola, dice:     “Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:     Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”     Se predica el Evangelio de Cristo, se predica la Palabra de Dios, las personas escuchan y el que no entiende luego viene el malo (que es el diablo), y usando a cualquier otra persona o confundiendo a la persona, arranca lo que fue sembrado en el corazón de la persona; esa es la persona que oyó y no entendió, porque la Palabra es para escucharla y entenderla. Millones de seres humanos están representados en el terreno señalado por Cristo, terreno junto al camino.     Luego, el verso 20 sigue enumerando otro terreno.     “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo...”     Usted encontrará también que cuando se predica el Evangelio hay personas que con gozo reciben la Palabra.     “...pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”     Y al tropezar se van, dicen: “Yo no sabía que mi familia se iba a levantar en contra mía, iba a criticarme porque recibí a Cristo como Salvador, lo cual yo veo que es algo bueno recibir a Cristo y ahora mi propia familia se levanta en contra mía y se burla de mí, se mofa; y hasta la mujer me dice que se divorcia si sigo en el camino del Señor;” o si es la mujer la que recibe a Cristo, entonces dice: “Hasta mi esposo ahora dice que se divorcia si yo sigo siguiendo a Cristo.”     Y así viene la aflicción por causa de la Palabra, y como es terreno de pedregales no tiene raíz la Palabra que fue sembrada y se aparta, dice: “No, si la cosa es así que voy a tener problemas en mi casa, en la familia, hasta en el trabajo que se van a burlar de mí; entonces yo no sigo.” Terreno de pedregales; y de esos hay muchos que han escuchado el Evangelio de Cristo, han recibido con gozo el Evangelio, han recibido con gozo a Cristo y después al poquito tiempo le llegan las persecuciones, las pruebas, las aflicciones por la Palabra y se van, y usted los encuentra y les pregunta: “¿Qué pasó que no volviste a la iglesia, y tú tan gozoso que estabas cuando recibiste a Cristo?”     –“No, es que me vinieron un sinnúmero de problemas en el trabajo, en la casa y se mofaban de mí, un sinnúmero de cosas, y yo no quiero tener problemas.” Y entonces dejó a Cristo, y ese es el problema mayor: dejar a Cristo, porque es el único Redentor, y la Sangre de Cristo es la única que limpia de pecado al ser humano.     Cristo mismo dice que si alguno ama más a padre, madre, hijo, familiares o lo que sea, o amigos, más que a Él, no es apto, no es digno de Cristo.     También dice: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de mi Padre, pero el que me negare delante de los hombres, Yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).     Así que, es importante comprender estas cosas para estar firmes en el camino del Señor, estar firmes en Cristo. Aun también Cristo hablando en el capítulo 16 de San Mateo, versos 25 en adelante, dice:     “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.     Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?     Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.     De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”     Y ahora, podemos ver lo más importante es la salvación y Vida eterna, porque ¿de qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma? El alma es lo más importante que cada persona tiene ¿por qué? Porque el alma es lo que es en realidad la persona: alma viviente, dice la Escritura; por eso Cristo dice: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma?” El cuerpo físico es una casa terrenal, un cuerpo, un templo terrenal; y el espíritu de la persona es otra casa, una casa espiritual, un cuerpo espiritual de otra dimensión; pero el alma es lo que en realidad es la persona.     Y ahora, continuamos aquí con el pasaje de San Mateo, capítulo 13, versos 22, sigue diciendo... ahora vamos al tercer terreno que representa al tercer tipo de persona que escuchará la predicación del Evangelio de Cristo, que escuchará la Palabra. Dice:     “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”     Esas son las personas que escuchan la Palabra pero están tan ocupados en sus negocios personales, están tan ocupados en las riquezas terrenales, todo para ellos tiene signo de dinero; y cuando llega el momento de ir para la iglesia para alabar a Dios y escuchar Su Palabra, dicen: “Yo no puedo ir hoy a la iglesia porque mis negocios no me lo permiten.” O sea, que sus negocios son los que lo gobiernan a él y no Cristo; es un esclavo de las riquezas de este mundo, es un esclavo de las espinas o espinos, terreno lleno de espinos, de cosas: dinero, negocios y todas estas cosas que es como espinos en su vida; que no saben canalizar los negocios, no saben canalizar el dinero que tienen, y entonces el dinero es el que los gobierna a ellos y viven para las riquezas, viven para sus negocios. Esa es la vida de ellos: en vez del negocio ser para beneficio de él, mas bien ellos son esclavos de los negocios, esclavos del dinero y así por el estilo; y entonces no pueden llevar fruto, el fruto que les corresponde llevar como creyentes en Cristo.     Pero luego de estos tres tipos de personas hay una cuarta, un cuarto tipo de persona en el verso 23 de este capítulo 13 de San Mateo, del cual Cristo dice:     “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”     Es como un grano de trigo que es sembrado en tierra y produce a ciento por uno, o sea, fue sembrado uno; y produce la planta de trigo cien granos de trigo, o produce sesenta granos de trigo, o produce treinta granos de trigo; a treinta por uno o a sesenta por uno, o a cien por uno. Así es el que oye y entiende la Palabra; por lo tanto, lleva el fruto que tiene que llevar en el tiempo que le toca vivir.     ¿Dónde y en cuál de los terrenos está usted representado? Yo estoy representado en la buena tierra, ¿quién más? Pues cada uno de ustedes también.     “ES TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA.”     Para eso se predica el Evangelio, para eso se dan los estudios bíblicos: para que cada día usted obtenga más conocimiento de la Palabra de Dios.     La Escritura nos dice en Primera de Corintios, capítulo 2, el Espíritu Santo hablando por medio del apóstol Pablo, dice lo siguiente, y vamos a leerlo para tener un cuadro claro; capítulo 2, versos 6 en adelante, de Primera de Corintios, dice el apóstol Pablo... tenemos que ir un poquito antes, vamos a comenzar en el verso 1 vamos a comenzar para tener el cuadro claro de Primera de Corintios, capítulo 2, versos 1 en adelante, dice:     “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.     Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.     Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;     y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,     para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.     Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.     Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,     la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.     Antes bien, como está escrito:     Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,     Ni han subido en corazón de hombre,     Son las que Dios ha preparado para los que le aman.     Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.     Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.     Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,     lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.     Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender...”     Ese pasaje nos habla de la sabiduría humana y de la sabiduría de Dios, y por medio de la sabiduría de Dios dada por el Espíritu Santo a los apóstoles y a través de los apóstoles para la Iglesia, es que se ha conocido el misterio de Dios el Padre y de Cristo, es que se ha conocido el misterio de la primera Venida de Cristo en el cumplimiento de las promesas de la Venida del Señor. Así ha sido para la primera Venida y así será para la segunda Venida de Cristo también.     Y ahora, encontramos que esa sabiduría que da el Espíritu es la que la Iglesia recibe por medio del Espíritu Santo a través de Sus diferentes mensajeros enviados de edad en edad. Pedro y Pablo como instrumentos de Dios comenzaron allá en el Medio Oriente, y la enseñanza del Espíritu Santo dado a través de San Pedro y San Pablo para la Iglesia, permanece en medio de la Iglesia del Señor, y permanece en la Biblia; por lo cual Pablo dice: “Yo como perito arquitecto puse el fundamento, el que sobreedifica mire bien cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento sino el que ya está puesto, el cual es Jesucristo.” [Primera de Corintios 3:10].     La Iglesia está bien fundada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, y como principal Piedra del ángulo Jesucristo mismo. Todo nos lleva a Jesucristo.     Así que, es importante entender la Palabra para estar bien fundamentados en Cristo nuestro Salvador. Y nunca pensar dejar a Cristo. Dejar a Cristo es dejar la Vida eterna. Dejar a Cristo es el error más grande que una persona puede cometer. Y recibir a Cristo es la bendición más grande que una persona puede recibir, y es la decisión más importante que en la vida un ser humano puede hacer: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.     No hay decisión más grande que una persona pueda hacer, sino recibir a Cristo como Salvador; porque de todas las decisiones que el ser humano hace ninguna lo coloca en la Vida eterna, excepto recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.     Estamos viviendo al final, al final de la Dispensación de la Gracia; estamos viviendo en el Día Postrero, que es el séptimo mileno de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, conforme al calendario gregoriano.     El Día Postrero es el milenio postrero, porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4. Por eso los apóstoles decían que Dios había hablado por medio Cristo en los postreros días, y ya han transcurrido unos dos mil años; porque los postreros días son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio *de Adán hacia acá. Así como los postreros días, los tres postreros días de la semana son jueves, viernes y sábado. Un día delante del Señor para los seres humanos son mil años.     Y ahora, la resurrección de los muertos creyentes en Cristo el mismo Cristo dice en San Juan, capítulo 6, verso 36 al 40, que todo aquel que en Él cree... vamos a ver cómo lo dice para que lo tengan tal y como Él lo dice, capítulo 6, verso 36 al 40, dice Cristo:     “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.     Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”     Tan sencillo como eso.     Es un asunto de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en su alma, creer con toda el alma y con todo su corazón, y dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador. Así es el programa de redención para el ser humano.     Ya Cristo hizo la Obra de redención en la Cruz del Calvario, y ahora de ahí en adelante le corresponde recibir al ser humano recibirla, recibir a Cristo como su Salvador, como su Redentor.     “TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA.”     Para nuestro tiempo también tenemos que entender cuáles son las promesas, las profecías que Él va a cumplir en este tiempo final. Él nos habla del Día Postrero, por lo tanto la resurrección es para este tiempo final, para el Día Postrero. La transformación de los vivos en Cristo es para este tiempo final también; no sabemos el año ni el mes, pero sabemos que es para este tiempo final, porque conforme al calendario gregoriano ya hemos entrado al año, al tiempo, al milenio séptimo de Adán hacia acá.     Por lo tanto, en este séptimo milenio de Adán hacia acá va a ocurrir todo lo que está prometido para el Día Postrero, porque el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.     Hay muchas promesas para este tiempo final, las cuales están tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, las cuales han sido dadas por el Espíritu Santo a través de Sus diferentes mensajeros, profetas y apóstoles que Dios ha enviado a Su pueblo; tanto al pueblo hebreo ha enviado profetas y por medio de ellos ha hablado estas profecías para el Día Postrero, y también en medio del Cristianismo a través de los apóstoles el Espíritu Santo a hablado sobre estas promesas correspondientes a este tiempo final. Y también por medio del reverendo William Branham estuvo hablando cosas que Dios va a llevar a cabo en este tiempo final. Por eso es que Cristo dice:     “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.” [Apocalipsis 22:16].     O sea, de estas cosas que van a suceder. Ese es un espíritu de profeta que viene profetizando las cosas que han de suceder. Por eso dice el mismo Cristo... en Apocalipsis, les cité primero Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3; y Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:     “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”     Por eso todas estas cosas que deben suceder pronto, todas estas cosas que han de suceder fueron habladas a Juan el apóstol por el Ángel del Señor Jesucristo enviado para manifestar a Sus siervos las cosas que han de suceder; Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 también dice, capítulo 22, verso 16 al 17, dice (del libro del Apocalipsis):     “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”     ¿Para qué es enviado el Ángel del Señor Jesucristo? Para dar testimonio de estas cosas que deben suceder, dar testimonio de estas cosas en las iglesias.     “Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”     Él es la Columna de fuego, Él es el Ángel del Pacto, Él es el Espíritu Santo, Cristo en medio de Su Iglesia, el Espíritu Santo, el cual nos habla todas estas cosas. Y dice:     “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”     Y ahora, el Espíritu Santo y la Iglesia estarán hablando la misma cosa. Dios por medio del Espíritu Santo estará hablando a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, y la Iglesia estará hablando todas estas cosas a la humanidad. Y estará dándole la oportunidad, porque el Espíritu Santo hace el llamado y la Iglesia hace el llamado, o sea, viene a ser el Espíritu Santo en la Iglesia, a través de la Iglesia haciendo el llamado para que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador. Por eso el apóstol Pedro dice, y el apóstol Juan: “Los que han predicado el evangelio por el Espíritu Santo,” o sea, ungidos por el Espíritu Santo, por consiguiente el Espíritu Santo hablando a través de seres humanos: a través de los apóstoles y diferentes mensajeros que Él ha enviado a y en medio de Su Iglesia.     Estas cosas tienen que ser entendidas por las personas para recibir esa enseñanza del espíritu de Cristo que es dada a la Iglesia, para que la Iglesia y todos los que forman Su Iglesia crezcan en la fe de Cristo; y puedan conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del entendimiento (dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2,versos 2 al 3).     Y ahora, tenemos que estar creciendo en el conocimiento de Dios el Padre, y de Cristo, tenemos que estar creciendo en el conocimiento la Palabra de Dios. Y así estar entendiendo la Palabra; porque la Palabra es para ser entendida. Y la buena tierra es identificada ¿con qué? Con que entiende la Palabra y lleva fruto a ciento por uno, a sesenta por uno, o a treinta por uno.     Ahora, estamos viviendo en el Día Postrero, y ahora lo podemos entender, lo que es el Día Postrero: séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. El día postrero de la semana es el séptimo día, el sábado; y ahora podemos entender otras profecías, ya podemos entender lo que es el Día Postrero. Antes de eso entendíamos que estábamos viviendo en los días postreros pero restábamos viviendo en los días postreros desde Cristo, desde el tiempo de Cristo. Pero ahora sabemos que esos días postreros son tres milenios: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.     Y ahora, estamos sabiendo que estamos viviendo en el Día Postrero, en el milenio en el cual Cristo completará Su Iglesia, terminará Su obra de intercesión en el Cielo como Sumo sacerdote, saldrá en el Trono de intercesión, se convertirá en el León de la Tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores y tomará el Título de propiedad el Libro sellado con siete Sellos en Apocalipsis, capítulo 5, lo abrirá y hará Su Obra de reclamo; reclamará todo lo que Él ha redimido con Su sangre preciosa, y en ese reclamo están todos los que han sido lavados con la sangre de Cristo nuestro Salvador. Serán reclamados y serán resucitados, si murieron, resucitados en cuerpos eternos y glorificados, y si están vivos serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y todos serán a imagen y semejanza de Cristo, todos serán iguales a Jesucristo con cuerpo glorificados y jóvenes como de 18 a 21 años de edad, será la apariencia del cuerpo nuevo y glorificado.     No que vaya a tener 18 ó 21 años, porque Jesucristo vean nació hace unos dos mil años en la Tierra y está tan joven como cuando subió al Cielo, representa en Su cuerpo glorificado de 18 a 21 años de edad. Pero no quiere decir que tenga Su cuerpo ni 18 ni 21 años. Es la apariencia física que permanecerá representando de 18 a 21 años por toda la eternidad. Y cuando podemos ver estas cosas decimos: “Esa es la clase de cuerpo que yo necesito, esa es la que yo necesito.”     Y esa es una promesa exclusivamente para los creyentes en Cristo. Por eso los creyentes en Cristo son los que están esperando la segunda Venida de Cristo ¿para qué? Vamos a ver para que es la segunda Venida de Cristo, porque las personas que esperando la Venida del Señor tienen que saber, tienen que entender la Palabra, saber para que y por quien Él viene. Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...”     ¿Por qué nuestra ciudadanía está en los Cielos? Alguna persona puede decir: “Mi ciudadanía está en el país que yo nací.” Eso está correcto, su ciudadanía terrenal del nacimiento de su cuerpo físico, su cuerpo terrenal está en el país donde usted nació, usted es ciudadano de ese país; pero los que han nacido de nuevo, el nuevo nacimiento no es terrenal. El nuevo nacimiento es del Cielo, y por consiguiente la ciudadanía del que ha nacido de nuevo es del Cielo también; es la Jerusalén celestial. Vean lo sencillo que es todo.     “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;     el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”     O sea, nos transformará ¿para qué? Para que sea como Su cuerpo glorificado: eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad. Para eso es Su Venida en el Día Postrero. ¿Y cómo lo va a hacer? Vamos a ver:     “...por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”     Él tiene el poder para hacerlo, con ese poder con el cual Él puede sujetar a Si mismo todas las cosas Él va a resucitar a los muertos creyentes en Él con cuerpo glorificados, y a los que viven creyentes en Él, los transformará. Y luego nos llevará con Él a la Cerna de las Bodas del Cordero.     Ahora, Cristo luego de resucitado, luego resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento; dice el capítulo 27, versos 51 al 52; ahora, luego de resucitado y haberse presentado al Padre y luego regresar, luego estuvo unos cuarenta días con Sus discípulos, apareciendo en diferentes ocasiones; no los cuarenta días estuvo apareciendo sino en diferentes ocasiones, no menos de ocho ocasiones apareció a Sus discípulos. Y les hablaba acerca del Reino de Dios. Continuó hablando del Reino de Dios, o sea, que cuando también los creyentes sean transformados continuarán hablando del Reino de Dios, del Reino de Cristo.     Y estaremos en la Tierra de 30 a 40 días también, ya con el cuerpo nuevo glorificado; y no habrá limitaciones en cuanto al poder de Dios manifestado en y a través de todos los creyentes en Cristo ya transformados. No habrá limitaciones, habrá una manifestación plena del poder de Dios. Y luego nos iremos de la Tierra, nos iremos a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.     “TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA DE DIOS.”     Todas estas promesas están en la Palabra de Dios, y son para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.     Por eso es tiempo de que entendamos las cosas que Dios nos ha dado, entendamos la herencia de los hijos de Dios como herederos de Dios el Padre, y coherederos con Cristo Señor nuestro, conforme a las palabra del Espíritu Santo a través de San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 31.     A vosotros es dado, es concedido conocer los misterios del Reino de Dios. Y por eso nos abre las Escrituras, nos abre la Palabra y el entendimiento para entender las cosas que Dios nos ha dado, las profecías correspondientes a nuestro tiempo, y también entender las que ya se han cumplido. Es tiempo de entender la Palabra de Dios.     Cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, entiende la Palabra, entiende que hay un Redentor, entiende que ese Redentor es Cristo que murió en la Cruz del Calvario, y cree en Él y lo recibe como Salvador; cree en ese sacrificio expiatorio de Cristo, lo reconoce como la expiación por sus pecados, entendió, creyó y lo ha recibido como Salvador, y “el que oye mi Palabra y cree al que me envió tiene Vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”     Ahora recuerden que la Escritura dice:     “Despiértate, tú que duermes,     Y levántate de los muertos,     Y te alumbrará Cristo.” (Efesios, capítulo 5, verso 14).     ¿Cómo va usted a oír la Palabra? ¿Y por qué dice: despiértate de entre los muertos (o de los muertos) y te alumbrara Cristo? Es una resurrección espiritual a la cual Él está llamando al ser humano, como llamo a Lázaro de entre los muertos. ¿Y por qué dice: “Levántate de entre los muertos (o de los muertos)? Es que la raza humana murió cuando Adán y Eva pecaron; y está muerta la raza humana, muerta a la Vida eterna; y lo que tiene es vida temporera.     Y ahora, todos los que escuchan la Voz de Dios, de Jesucristo, escuchan el Evangelio de Cristo y despiertan, se levantan en una resurrección espiritual, resucitan a la Vida eterna. Tan sencillo como eso.     En el programa de redención hay dos partes muy importantes: la espiritual y la física, la espiritual se recibe primero y se nace en el Reino de Cristo; y luego la física que será nuestra transformación, en donde físicamente entraremos a eternidad al recibir un cuerpo eterno. Esa resurrección física será para los creyentes en Cristo que tuvieron la resurrección espiritual, la redención del alma, fueron y estuvieron esa parte espiritual, y ahora les toca la segunda parte. Por eso dice:     “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” (Efesios, capítulo 4, verso 30).     Nos habla el apóstol Pablo estas cosas. La redención del cuerpo que será para los que murieron, la resurrección en cuerpos eternos y glorificados, y para los que estén vivos la transformación de sus cuerpos. Esto es para los que han escuchado la Voz de Dios, la Voz de Cristo nuestro Salvador, escucharon el Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en su alma y lo recibieron como único y suficiente Salvador; esas son las personas que han entendido la Palabra de Dios.     “TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA,” la Palabra de Dios.     Y ahora, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y escuchó la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe en Cristo en su alma, ha entendido la Palabra, el Evangelio de Cristo; ahora puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador. Recuerden que la fe viene por el oír, el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo; y la fe nace con el oír la Palabra, viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.     Por lo cual pueden pasar al frente para recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. En las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, para que Cristo les reciba en Su Reino y le perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado.     Es tiempo de entender la Palabra de Dios. Es tiempo de entender que hay oportunidad de vivir eternamente, hay tiempo de entender que hay oportunidad de recibir la Vida eterna por medio de Cristo nuestro salvador y que todavía hay oportunidad, que todavía la puerta no se ha cerrado, la puerta de la misericordia no se ha cerrado; y por consiguiente hay oportunidad de entrar al Reino de Cristo, el Reino de Dios. Cristo dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo, y entrará y hallará pastos.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).     Él, Cristo es la Puerta, Él es la puerta angosta y Él es el camino angosto que lleva a la Vida eterna, Él es el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre si no por Él, dice el mismo Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6. Y en San Mateo, capítulo 7, versos 13 en adelante, dice que Él es el camino angosto, y también la puerta angosta.     Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Lima, Perú y en toda la República del Perú, y los está llamado en este tiempo final, y el Reino de Cristo se está llenando con peruanos; lo cual es una bendición para la nación, porque tienen entonces de personas que oran por su nación, y Dios los escucha.     La bendición más grande de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, Él es el que tiene para el ser humano la Vida eterna. Él tiene la exclusividad de la Vida eterna dada por Dios. Dice Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13:     “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (o sea, Jesucristo).     El que tiene al Hijo (o sea, Jesucristo), tiene la vida (la Vida eterna); el que no tiene al Hijo (porque no lo ha recibido como Salvador) no tiene la vida (o sea, no tiene la vida eterna).”     Lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuando se le va a acabar, porque las personas no saben cuando terminan sus días en esta Tierra; pero lo importante no es cuando van a terminar, lo importantes no es cuántos años usted va vivir en la Tierra, lo importante es que cuando está viviendo en la Tierra reciba a Cristo como Salvador para que Él le dé la Vida eterna. Si pierde la vida temporera, no se preocupe, la vida temporal es por un tiempo nada más, lo importante es que quede sellado, confirmado en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.     Para eso es que estamos en este planeta Tierra, para hacer la conexión con la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador; así como hacemos conexiones en aeropuertos y pasamos de un avión o de un vuelo aéreo a otro vuelo aéreo en el aeropuerto, para que nos lleve al lugar que queremos llegar, así también estamos en esta Tierra para una conexión con el vuelo que nos lleva a la Casa del Padre celestial; es Cristo el único que nos lleva a la Casa del Padre Celestial, la conexión es con Cristo.     Cristo dijo: “Yo quiero, Padre, que ellos estén donde Yo esté.” Él quiere que nosotros estemos con Él en el Reino de Dios, en la Casa del Padre celestial; y nos toca a nosotros también decir: “Y yo también quiero estar donde Cristo está, y donde Cristo estará por toda la eternidad, en el Reino eterno de Dios.”     Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo.     Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador para que también queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.”     Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por todos los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo.     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Doy testimonio público de mi fe en Ti, reconociendo que soy pecador y necesito un Salvador; y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento, Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.     Y con nuestras manos levantadas, al Cielo, a Cristo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.      Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere será condenado.” Usted me dirá: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí y lo he recibido como mi Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo como Salvador bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo el cual es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     El bautismo en agua es tipológico y es un mandamiento de Jesucristo; aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista el cual no lo quería bautizar. Juan estaba bautizando en el Jordán, y Jesús entró a las aguas del Jordán y cuando le toca el turno a Jesús para ser bautizado por Juan, Juan le dice: “¿Tú vienes a mí para que yo te bautice? Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” (Recuerden que eran primos). Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Si Jesús tuvo que ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego.     Recuerden que cuando Cristo fue bautizado luego vino el Espíritu Santo sobre Jesús cuando subió de las aguas bautismales. Así que, Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.     Recuerden las palabras de Pedro el Día de Pentecostés cuando predica y le preguntan: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Le pregunta la gente a Pedro y a los apóstoles, y Pedro les dice: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, para los que están lejos y para los que están cerca; para todos los que el Señor nuestro Dios llamare.” (Libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 47). Y fueron como tres mil personas que creyeron y fueron bautizadas, y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.     Así que, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.     Y ustedes que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos, también pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.     Dejo en estos momentos al ministro correspondiente aquí en Lima, Perú, para esta actividad y en esta actividad, y en esta iglesia; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Dejo al reverendo Ronald para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país al ministro correspondiente.     Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     “ES TIEMPO DE ENTENDER LA PALABRA.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter