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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes, y ministros compañeros en el Reino de Cristo nuestro Salvador; es para mí un privilegio grande estar con ustedes aquí presentes y con los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 10, verso 11 en adelante, palabras del Señor Jesucristo que dicen:

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"JESUCRISTO, EL BUEN PASTOR, JUNTANDO SUS OVEJAS."

A través de la historia bíblica podemos ver que Dios es el buen Pastor. Por eso uno de los Salmos nos habla de Dios como el buen Pastor; y nos dice ese Salmo que Dios siendo el buen Pastor guía a Sus ovejas al lugar que les corresponde, para lo cual leemos ese Salmo 23, que nos dice:

"Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;

Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,

Y en la casa de Jehová moraré por largos días."

Este Salmo nos muestra a Dios como el buen Pastor, y luego Jesucristo en San Juan, capítulo 10, se presenta como el buen Pastor. Éste es el Dios del Antiguo Testamento personificado en Jesucristo, hecho carne, habitando en medio de Su pueblo y pastoreando a Su pueblo como los pastoreó allá en el desierto a través del profeta Moisés a través del cual la Columna de Fuego, la presencia de Dios, estaba guiando al pueblo hebreo.

Y por eso la Escritura nos dice que Dios guió a Su pueblo, a Su pueblo representado en ovejas; y Dios se presenta como el buen Pastor. Él dio alimento al pueblo hebreo por el desierto por cuarenta años, y agua también, carne y pan, y los llevó a la tierra prometida. Y en el campo espiritual encontramos que Dios bajo el nuevo Pacto ha estado guiando a todos los creyentes en Cristo, los cuales están representados en ovejas, y Cristo es el buen Pastor, el cual puso Su vida por nosotros para así restaurarnos a la Vida eterna y tener la esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios.

Por eso Él también dice: "Yo soy la Puerta," o sea, la puerta del Redil de las ovejas. Él es el buen Pastor, Él es también la Puerta. Él dice: "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y hallará pastos." (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y encontramos que Cristo ha estado pastoreando a todos los creyentes en Él representados en ovejas.

Recuerden que Cristo mismo dijo en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14:

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido."

Por eso en San Mateo, en ese capítulo 18, versos 11 al 14 representa a esas personas que vino a buscar y a salvar, las representa, las tipifica en y con ovejas. Y leemos ese pasaje de San Mateo, capítulo 18, para tener un cuadro claro de lo que estamos hablando; dice capítulo 18 (de San Mateo), verso 10 al 14:

"Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos."

El ángel de estos pequeños, de estos creyentes en Cristo, es el cuerpo angelical. Cada persona tiene su ángel, su cuerpo angelical; por lo cual en una ocasión en que habían tomado preso a Pedro el apóstol, y luego durante la noche Dios lo libertó, y luego apareció a la casa; y en la casa donde estaban orando por él, donde estaban reunidos creyentes en Cristo, tocó la puerta y una joven llamada Rhode fue a abrir la puerta, y al oír que era Pedro de gozo no abrió la puerta, regresó a donde estaban las demás personas y les dice: "Es Pedro el que está tocando la puerta."

Ellos le dicen: "Rhode, estas loca, es su ángel." Ellos pensaban que ella no comprendía que cada persona tiene su ángel, que es su cuerpo angelical; por lo cual hay ocasiones en que algunas personas ven a una persona que ellos conocen que pasa y desaparece, y dicen: "Fulano de tal a muerto porque lo hemos visto en espíritu caminando." Y así pensaban en aquellos días, que era el ángel de San Pedro, el cuerpo angelical de San Pedro, que es el cuerpo espiritual en el cual los creyentes en Cristo pasan a vivir en el Paraíso.

Todos los creyentes en Cristo que murieron están en el Paraíso viviendo en esos cuerpos espirituales, cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos parecidos a nuestro cuerpo físico pero de otra dimensión, y jóvenes para toda la eternidad. En esa clase de cuerpo es que Jesucristo estaba en el tiempo de Adán, en el tiempo de Abel, en el tiempo de Set, en el tiempo de Matusalén, en el tiempo de Noé, en el tiempo de Abraham, en el tiempo también de los profetas, en el tiempo de Moisés, en esa clase de cuerpo es que Cristo estaba y era nada menos que el ángel que le aparecía a los profetas, y era llamado el Ángel de Dios o Ángel de Jehová, a través del cual Dios había creado los Cielos y la Tierra. El origen de los Cielos y de la Tierra, el origen de la Creación, ya podemos ver que es Cristo.

Por eso dice también la Escritura en San Juan, capítulo 1, verso 1 al 20:

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida..."

Vean de dónde viene la vida: de Cristo. Alguna persona puede decir: "De Dios." Claro que sí, pero por medio de Cristo; porque Dios no hace nada a menos que sea a través de Cristo el Ángel del Pacto. Por eso toda la creación fue hecha por medio del Verbo que era con Dios, ese Verbo que era con Dios es nada menos que el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente. Por eso también nos dice:

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (San Juan, capítulo 1, verso 14).

Ahora, podemos ver el Verbo hecho carne, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios hecho carne, o sea, dentro de un cuerpo de carne, vestido de un cuerpo de carne. Por eso este Ángel del Pacto que usted encuentra en el Antiguo Testamento es Cristo en Su cuerpo angelical. Por esa causa es que Jesucristo podía decir en San Juan, capítulo 8 verso 56 al 58: "Abraham vuestro padre deseó ver mi día, y lo vio y se gozó. Le dicen los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham? Jesucristo les dice: Antes que Abraham fuese, Yo soy."

¿Y cómo era Jesucristo antes de Abraham, si todos sabemos que Jesucristo nació en Belén de Judea a través de la virgen María? Pues lo que nació allí fue Su cuerpo de carne, pero Jesucristo en Su cuerpo angelical era aun antes de Abraham, era nada menos que el cuerpo angelical de Dios a través del cual Dios creó todas las cosas, a través del cual Dios habló a existencia todas las cosas. Por es que Jesucristo puede decir: "El Padre y Yo una cosa somos."

Es que algunas personas no han comprendido el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, como no dice Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3: "...en donde están escondidos todos los secretos de la sabiduría y del entendimiento." Todos esos secretos de la sabiduría y del entendimiento están escondidos en ese misterio de Dios el Padre y de Cristo.

Y para comprenderlo mejor tenemos que ver lo que dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, cuando dice:

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas..."

¿Cómo Dios a hablado a la raza humana? Por medio de los profetas. "En estos postreros días ha hablado por medio de Su Hijo..." Vamos a leerlo para que lo tengan claro aquí, porque este es aquí el misterio también de la Creación. Cristo es el misterio de toda la Creación. Vean, Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo..."

¿Quién es el heredero de toda la Creación? Jesucristo.

"...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo."

Antes de la creación del Universo Cristo estaba; fue por medio de Cristo en Su cuerpo angelical que Dios creó todo el Universo. Ahí tenemos el misterio de la creación que la ciencia está buscando y no lo encuentra; lo que pasa es que el misterio de la creación, de cómo vino la creación a existencia está en Cristo. Fue Dios por medio de Cristo, por medio de Su cuerpo angelical que habló a existencia todas las cosas. Por eso en Génesis, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra."

¿Cómo lo hizo? Por medio de Cristo por medio de Su cuerpo angelical.

"...y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia..."

¿Quién es la imagen de la sustancia divina? Jesucristo en Su cuerpo angelical.

"...y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas."

Y ahora, Cristo está en el Cielo sentado a la Diestra de Dios; por eso fue que Él dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20: "Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra." Por eso es que Él es el Rey de reyes y Señor de señores; Rey en el Cielo, Rey teofanía, en la sexta dimensión, y Rey en la Tierra. Él es el heredero al Reino de David y por consiguiente el heredero del planeta Tierra completo; por eso Su Reino será universal, gobernará sobre todo el planeta Tierra, y tendrá como capital, Jerusalén.

Así que el pueblo hebreo es muy bienaventurado en tener una ciudad que será la capital del mundo. Y por consiguiente será también la ciudad de la bolsa de valores, porque todas las riquezas serán llevadas a la tierra de Israel, a Jerusalén; y la paz saldrá de Jerusalén también para todas las naciones, porque del Trono es que sale toda bendición, sale toda bendición para todo el pueblo en todo Reino; y las leyes salen del trono también, de la capital.

O sea, que en Jerusalén estarán todas las secretarías. En Jerusalén estará el departamento de salud, el departamento de educación, el departamento de la economía, todas estas cosas de las finanzas, todo estará allá en Jerusalén, porque allí estará el Trono del Mesías, el Trono del Rey. Y de allí saldrá la paz no solamente para Israel y no solamente para el Medio Oriente sino para todas las naciones. Y las naciones entonces estarán bajo la corona del Rey de reyes y Señor de señores; todas las naciones estarán bajo esa corona. Por lo tanto, el rey de cada nación gobernará bajo la corona del Rey de reyes y Señor de señores, del Mesías príncipe.

Por eso fue que el Arcángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, verso 30 al 36, le dice, le da la buena noticia que ella va a concebir, va a tener un niño; le dice que le ponga por nombre: "Jesús." Le dice que Dios le dará el Trono de David Su Padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre. Él es heredero.

Recuerden que al nacer a través de una virgen hebrea judía descendiente del rey David, y su padre adoptivo José siendo descendiente del rey David también, es un príncipe el que nació. Y cuando nace un rey hay cánticos, por eso los Ángeles vinieron a cantar en esa noche del nacimiento de Jesús allá en Belén de Judea.

Y con Cristo van a reinar todos los creyentes en Él, los cuales han sido hechos por Dios Reyes y Sacerdotes, pues han sido limpiados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador, la Sangre de la expiación, la Sangre para ser redimidos. Él, por cuanto llevó el pecado de todos nosotros, se hizo pecado por nosotros y murió por nuestros pecados para que nosotros podamos vivir eternamente.

Y ahora, el futuro de estas personas, de estas ovejas del Señor es glorioso; el futuro de ellos es en el Reino de Dios como Reyes, como Sacerdotes y como Jueces. Por eso es que el apóstol Pablo dice que los santos juzgarán al mundo y aún a los ángeles; eso está en Primera de Corintios, en donde nos dice de esa manera, para que tengamos un cuadro claro de quiénes son esas personas creyentes en Cristo de las cuales el mundo se ha burlado en diferentes ocasiones. Primera de Corintios, capítulo 6, verso 1 al 4 nos habla San Pablo acerca de esto. Del verso 2 en adelante, dice:

"¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?"

Aquí podemos ver que el poder judicial de ese Reino pertenece a Cristo y a los creyentes en Cristo. Por eso es que el apóstol Pedro y el apóstol Pablo hablan de Jesucristo como Juez de los vivos y de los muertos, y que Él juzgará al mundo con justicia.

El mismo Cristo hablando de eso en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46 dice que "como el pastor junta sus ovejas, a la derecha a las ovejas y a la izquierda a los cabritos," así el Hijo del Hombre cuando se sienta en Su Trono, el Trono de Su Reino, el Trono de David y Reino de David, dice que va a juntar delante de Él, reunir delante de Él a todas las naciones. A unas las pondrá a la derecha y a otras a la izquierda; a las derecha les dirá que entren al Reino de Dios preparado desde antes de la fundación del mundo para ellos, y dice porqué; y a los de la izquierda los condenará, los echará al infierno, al fuego, dice: "Malditos, al fuego," esa es la sentencia; por lo tanto esa es una sentencia para naciones y también para individuos.

Y vean ustedes, Cristo estará juzgando naciones ahí y también individuos, porque quedarán juzgadas personas al ser juzgadas las naciones, y las que salgan a Vida eterna entrarán al Reino del Mesías. Las que sean condenadas desaparecerán, serán destruidas con fuego. Recuerden que hay crímenes que cometen individuos, pero hay crímenes que cometen las naciones. Hay pecados que comenten las naciones.

Y ahora, podemos ver porque Dios juzgó a Sodoma y Gomorra, las condenó y las destruyó con fuego, fue el juicio divino; por eso descendieron Gabriel y Miguel con Dios para traer el juicio allá en Sodoma y Gomorra. Por eso cuando le aparecieron los Ángeles, que son Gabriel y Miguel, a Lot, le dijeron: "Hemos venido para destruir la ciudad."

Y ahora, podemos ver estas cosas que están en la Biblia, y viendo que estamos viviendo en el Día Postrero y que estas cosas se van a repetir, porque dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé y como en los días de Lot. En los días de Noé juicio divino vino sobre las naciones y por consiguiente sobre los individuos de esas naciones. Y fue el juicio de la destrucción de la humanidad de aquel tiempo; pero escaparon Noé y su familia.

Así también en el tiempo de Lot, que fue el tipo mismo de Abraham, Dios destruyó Sodoma y Gomorra y escaparon Lot y su familia; y excepto la esposa de Lot, la señora Lot, que miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal.

Y ahora, estamos viviendo en el tiempo final en donde se repetirán las cosas que ya sucedieron. Aquello viene a ser el tipo y figura de lo que estará aconteciendo en este tiempo final; o sea, que estamos en tiempos paralelos al de Noé y al de Lot; y por consiguiente estarán sucediendo muchas cosas terribles sobre las naciones y sobre los individuos; pero también estarán sucediendo grandes cosas maravillosas, grandes bendiciones sobre todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Sobre todos los creyentes en Cristo que son hijos de Abraham por la fe en Cristo, estarán sucediendo cosas hermosas, grandes bendiciones de parte de Dios.

Dios estará abriendo el entendimiento de todos los hijos de Dios para comprender la Palabra, comprender esos misterios divinos, comprender todas estas cosas que deben suceder; acercarse más a Dios, buscar más a Dios, agarrarse cada día más de Dios como Jacob se agarró de Dios aquella noche, toda una noche, y ya cuando rayaba el alba todavía estaba agarrado de Dios, del Ángel de Dios, o sea, estaba agarrado de Cristo en Su cuerpo angelical. Y no lo soltaba y el Ángel le decía: "Déjame, suéltame que tengo que irme, está rayando el alba."

Y Jacob decía: "Yo no te dejaré, no te soltaré hasta que me bendigas." Estaba luchando por la bendición de Dios, desde el vientre de su madre estuvo luchando por la bendición de Dios; luchó con Esaú en el vientre de su madre, luchó con Esaú fuera; y todavía sigue luchando; y ahora cuando va a encontrarse con su hermano Esaú todavía está luchando con Dios por la bendición de la primogenitura, la bendición de Dios.

Es un hombre luchador por la bendición divina. Así tiene que ser todo creyente en Cristo: una persona luchadora por la bendición divina. No esperar que le llegue a la casa, sino salir a buscar la bendición de Dios. No decir: "Está lloviendo, no puedo salir." Usted nunca estaría en el monte Sinaí porque allí había una tempestad; pero allí era el lugar donde Dios estaba dando la Ley divina.

Y ahora, viendo que Jesucristo es el buen Pastor y dijo que juntaría Sus ovejas que son los individuos que creerían en Él, los cuales están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y que llegan a esta Tierra y no saben ni siquiera que son ovejas del Señor, no saben que son elegidos de Dios, no saben que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. ¿Y cómo lo van a saber? Cuando escuchen la predicación del Evangelio de Cristo, por lo cual Él dijo:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

¿Y qué tiene que ver todo eso con que una persona sea o no sea un hijo de Dios? Es que Cristo dijo: "El que es de Dios, la Voz de Dios oye." Y la predicación del Evangelio de Cristo es la Voz de Cristo, la Voz de Dios llamando Sus ovejas. Él dijo: "Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y Yo las conozco; y Yo les doy vida eterna. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de las manos de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos." (San Juan, capítulo 10, versos 14 a l 18; y capítulo 10, versos 27 al 30).

¿Y cómo es que puede ser Cristo y el Padre una misma cosa? Es que Dios lo encontramos como Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en Cristo habitó toda la plenitud de Dios, y por consiguiente habitó el Padre y el Espíritu Santo; cuando fue bautizado por Juan el Bautista el Espíritu Santo vino sobre Él. Y por eso Él decía que era el Espíritu Santo el que obraba a través de Él. Y también Él decía que era el Padre, "El Padre que mora en mí, Él hace las obras."

¿Y cómo podemos entender que en unas ocasiones decía que era el Padre y otras ocasiones decía que era el Espíritu Santo? Porque cuando en el capítulo 4, verso 11 en adelante de San Lucas Él toma el rollo del libro del profeta Isaías, el cual fue le entregado por el sacerdote para que leyera en ése sábado en la sinagoga, Él leyó: "El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido..." Y comienza a enumerar para las cosas que había sido ungido: para abrir los ojos a los ciegos, para sanar a los quebrantados de corazón, y así por el estilo. Sería el espíritu de Dios obrando a través de Él.

El espíritu de Dios, el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, porque un cuerpo angelical es un espíritu; y un espíritu es un cuerpo pero de otra dimensión; por eso el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo.

Y ahora, estando Dios el Padre en Jesucristo, y estando el Espíritu Santo en Jesucristo, ahí tenemos la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo ahí personificado en ése joven carpintero de Nazaret llamado Jesús.

Por lo tanto, la suma de Dios el Padre, del Espíritu Santo, de Dios el Padre y del Espíritu Santo, la suma es Jesucristo. La suma del Padre, Hijo y Espíritu Santo es Jesucristo. "Por eso el Padre y Yo una sola cosa somos," dice Jesucristo. Y también San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo *3, verso 16, dice:

"...grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne."

Es el misterio de Dios, Cristo es el misterio de Dios, ese misterio divino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Padre, el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra, el Espíritu Santo: el Ángel del Pacto, la imagen del Dios viviente. Y el cuerpo de carne llamado Jesús, la semejanza física de Dios. Tan sencillo como eso.

Por eso es que cuando el Ángel del Pacto en el Antiguo Testamento aparecía a diferentes personajes bíblicos, a diferentes profetas como Abraham, Isaac, Jacob y también a Manoa, ellos dicen: "He visto a Dios cara a cara." Jacob decía:

"He visto a Dios cara a cara y fue librada mi alma." Y también Manoa dice: "Hemos visto a Dios cara a cara. por lo tanto hemos de morir, porque nadie puede ver a Dios y vivir." Eso Dios lo había dicho; pero luego encontramos que en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer."

Y ahora, ¿estarán equivocados aquellos que dijeron que vieron a Dios cara a cara allá en el Antiguo Testamento? No, estaban correctos, vieron a Dios cara a cara en Su cuerpo angelical, en Su cuerpo teofánico, en el Ángel del Pacto que es Jesucristo en Su cuerpo angelical. Por lo tanto estaban correctos, estaban viendo a Dios cara a cara. Y los que vieron a Jesucristo estaban viendo también a Dios. "El Padre y Yo una sola cosa somos," decía Cristo. Y también le dice a uno de Sus discípulos allá en el capítulo 14 de San Juan, cuando Cristo les dice:

"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."

Y les habla del Padre y uno de Sus discípulos, parece que fue Felipe, le dice: "Muéstranos al Padre y nos basta." Y Cristo les dice: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros Felipe y todavía no me has conocido? ¿No sabes que el que me ha visto a mí ha visto al Padre?" ¿Por qué? Porque estaba viendo el cuerpo de carne, el velo de carne donde estaba Dios, el Templo humano de Dios.

Por eso es que cuando una persona ve el cuerpo suyo dice: "Vi a fulano de tal," porque lo que está viendo es su cuerpo físico aunque no lo ha visto a usted.

¿Y cómo puede ser que no lo haya visto a usted? Porque usted es alma viviente, usted está dentro de ésa casa terrenal; pero usted puede decir: "El que me ha visto a mí, ha visto quién soy yo." O sea, lo está viendo a usted en esa manifestación, en su velo de carne, porque ese cuerpo ¿de quién es? Pues suyo. Y así es con Dios: el que ha visto a Jesucristo en Su cuerpo de carne en aquel tiempo estaba viendo a Dios en Su cuerpo humano, Su cuerpo de carne, Su Templo humano.

Por eso Cristo estaba correcto en lo que estaba diciendo, aunque para muchos eso era una blasfemia; pero no era una blasfemia, era la verdad divina del misterio de Dios velado y revelado en carne humana en la persona de Jesús, el verbo hecho carne. Y ahora, Cristo dijo:

"También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor."

¿Y cómo Cristo va a llamar a esas ovejas? Pues Él murió, fue sepultado y luego resucitó, y subió al Cielo y está sentado a la diestra de Dios, Él dijo: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Yo vendré a vosotros." ¿Pero cómo? En Espíritu Santo; pero Su cuerpo físico glorificado está en el Cielo, pero en espíritu Él está en medio de Su Iglesia llamando Sus ovejas por medio de la predicación del Evangelio de Cristo a través de los diferentes mensajeros que Él ha enviado, y diferentes ministros en los cuales ha colocado diferentes ministerios.

Y es Cristo el que hace la obra, y el ser humano: instrumentos de Cristo, templos humanos, velos de carne al servicio de Jesucristo, el cual así como se manifestó en un velo de carne, ahora se manifiesta en diferentes velos de carne, en diferentes mensajeros en medio de Su Iglesia, llamando y juntando Sus ovejas en Su Redil. Su Redil es Su Iglesia; la Puerta es Cristo, tienen que entrar a la Iglesia por esa Puerta, que es Cristo, creyendo en Él, recibiéndolo como Salvador.

Y el buen Pastor es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia; ¿y las ovejas quiénes son? Todos nosotros. Tan sencillo como eso.

Y esa es la explicación del porqué usted y yo estamos aquí. Porque como ovejas del Señor Él nos ha juntado en Su Iglesia, y Su iglesia es universal. Aquí hay un grupito de Su Iglesia, en otros lugares hay otro grupito, pero todos forman Su Iglesia. Y otros están en el Paraíso pues su tiempo aquí en la Tierra terminó, y fueron a descansar de sus labores terrenales. Y ahora nos toca a nosotros ser instrumentos de Cristo, del Espíritu Santo en la Obra de Cristo en Su Iglesia, en Su Reino que está en la esfera espiritual.

Ya las señales de los tiempos las hemos estado viendo en el Cielo y en la Tierra. Y Cristo dice: "Cuando ustedes vean que suceden estas cosas, levantad vuestras cabezas porque vuestra redención está cerca."

Y la redención de la cual nos habla es la transformación de nuestros cuerpos, para tener cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes para toda la eternidad, y los muertos en Cristo ser resucitados. Esa es la redención del cuerpo, esa es la adopción, la manifestación de los hijos e hijas de Dios en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, jóvenes, iguales al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, podemos comprender que Jesucristo es el buen Pastor, el cual está juntando Sus ovejas durante estos dos mil años de Cristo hacia acá.

¿Y por que todavía no ha ocurrido la resurrección y la transformación de los vivos, y la resurrección de los muertos? Porque todavía hay ovejas que tienen que ser llamadas y juntadas en el Redil del Señor, porque ni una se puede perder. Todas tienen que venir al Redil del Señor.

"JESUCRISTO, EL BUEN PASTOR, JUNTANDO A SUS OVEJAS."

Ahora, podemos ver porqué se predica el Evangelio, y es que el Evangelio es la Voz de Cristo por medio de Sus diferentes predicadores llamando y juntando Sus ovejas en Su Redil, Su Iglesia.

Si oyes hoy la Voz de Dios, no endurezcas tu corazón; si eres una ovejas del Señor si todavía no lo has recibido pero estás escuchando Su Palabra en estos momentos. Y si ya lo recibiste como Salvador, ¿por qué lo hicistes? Porque eres una oveja del Señor.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo y en estos momentos nació la fe de Cristo en su alma, puede pasar al frente y estaremos orando por ustedes para que Cristo los reciba en Su Redil, los coloque en Su Redil con Vida eterna, pues todos queremos vivir eternamente; y hay un programa de Vida eterna para todos los creyentes en Cristo. No podemos perder la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

"Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de las manos de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos," dice Cristo. (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Por lo tanto, damos unos minutos por si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador pueda pasar al frente y estaremos orando por usted. Recuerde que usted es una oveja del Señor y por eso está escuchando Su Voz, Su Palabra, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.

Vamos a pasar al reverendo Miguel Bermúdez aquí para que continúe; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos los presentes, y los que están también en otras naciones.

El misionero Miguel Bermúdez Marín continuará con el llamamiento; si hay personas en otras naciones que están pasando al frente, lo hacen saber para que así se haga la oración por las personas que estén recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Algún día terminarán los llamamientos, algún día ya no habrá más llamamientos, ¿por qué? Porque se habrá completado el número de las ovejas del Señor en el Redil del Señor, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Continúen pasando una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

"JESUCRISTO, EL BUEN PASTOR, JUNTANDO A SUS OVEJAS."

 

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