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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes aquí en Veracruz; es una bendición y privilegio grande verles nuevamente y pedirle a Cristo Sus bendiciones sobre cada uno de ustedes.

Que Cristo, el Ángel del Pacto, les bendiga grandemente y les use grandemente en Su Reino en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Estamos viviendo en un tiempo muy importante en el Programa Divino. De todos los tiempos, este es el más importante, porque este es en donde se completará la Iglesia del Señor Jesucristo y donde los muertos en Cristo van a resucitar y los vivos van a ser transformados; no sabemos en qué año, pero sabemos que este es el ciclo divino porque es el ciclo correspondiente a la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular; un ciclo divino paralelo al tiempo de Jesús y también paralelo al tiempo de Noé y paralelo al tiempo de Abraham y Lot.

O sea, que estamos en un tiempo muy pero que muy importante, en donde los creyentes en Cristo, conforme a las promesas divinas, van a recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; la fe, la revelación que necesitan tener los creyentes en Cristo para obtener esa transformación.

Por lo tanto, conscientes de que estamos viviendo en el tiempo más glorioso, entonces sirvamos a Cristo con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro espíritu, con toda nuestra alma, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Él recompensará a cada uno según sea su obra.

Conscientes de este tiempo tan glorioso del cual si a mí me hubieran preguntado: “¿En qué tiempo tú quieres ir a la Tierra y vivir? Yo diría que sería este tiempo; y es el que tiene más bendiciones de parte de Dios y es el tiempo mejor para mí, ¿por qué? Porque fue el que Dios eligió para mí; y es el tiempo más importante y mejor, ¿para quién más? Para cada uno de ustedes, porque fue elegido por Dios el tiempo en el cual nosotros teníamos que aparecer en este planeta Tierra.

Cualquier persona, quizás ignorante, podría decir: “Me hubiera gustado vivir en el tiempo de los apóstoles o en el tiempo allá en que la Iglesia estaba siendo perseguida por el imperio romano.” Sabe, hubiera sido un buen bocado para un león. Pero aquel era un tiempo de grandes persecuciones, era un tiempo de sufrimientos grandes.

Este es un tiempo de luchas espirituales muy grandes también, en donde cada creyente en Cristo tiene que saber dónde está parado bíblicamente, dónde está parado espiritualmente; está llamado a conocer el tiempo que le ha tocado vivir. No está viviendo en el tiempo allá de los apóstoles, no esta viviendo en el tiempo allá de San Pablo o de San Pedro o de alguno de los mensajeros de las edades pasadas, sino que está viviendo en el tiempo correspondiente a la Edad o Etapa para la adopción de los escogidos de Dios; y la adopción será la redención el cuerpo, lo cual será la transformación de los vivos, juntamente con la resurrección de los muertos creyentes en Cristo.

Por lo tanto, nos ha tocado a nosotros vivir por elección, no nuestra sino divina, en el tiempo más glorioso de todos los tiempos. “Y a vosotros es concedido conocer los misterios del Reino de Dios para este tiempo.” Por eso la revelación divina para nuestro tiempo en la Iglesia del Señor Jesucristo ha venido para levantar nuestra fe a las cosas correspondientes a nuestro tiempo.

Por lo tanto, estamos atentos a todo lo que Dios tiene para nosotros escuchando la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo en nuestro tiempo; así como la escucharon los creyentes del Señor en la edad que les tocó vivir en edades pasadas, escucharon la Voz del Espíritu Santo a través del mensajero correspondiente a cada edad; y así ha sido siempre, porque el socio de Dios es el hombre, por eso la Palabra siempre ha venido a los instrumentos de Dios, los profetas de Dios: “Porque Dios no hará nada sin que antes revele sus secretos, ¿a quién? A sus siervos, sus profetas.” Ese es el orden divino para Dios obrar en medio de Su pueblo, y eso es lo que vemos a través de toda la Escritura.

Así que, en este tiempo estamos escuchando la Palabra del Señor, la Voz del Señor, y obteniendo el conocimiento de todas las cosas que deben suceder en este tiempo final, y conociendo las cosas que sucedieron en edades pasadas. Las conocemos a través de la historia del Cristianismo, a través de toda esa historia, en donde está toda la trayectoria del Cristianismo, y entonces podemos ver a través de la historia cómo se cumplieron las promesas correspondientes a cada edad y cómo se cumplieron también las etapas duras de sufrimiento por las cuales pasarían los creyentes en Cristo; y todo eso nos ayuda para recordar la Iglesia del Señor en diferentes etapas y luego verla en esta etapa final: la más gloriosa de todas las etapas.

Sabemos que desde los tiempos del Señor Jesucristo para acá, desde los tiempos de los apóstoles se ha estado predicando el Evangelio de Cristo y se ha estado anunciando que Cristo regresará. O sea, se ha estado predicando también no solamente la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, sino también se ha estado anunciando la segunda Venida de Cristo.

Y algunas personas ignorantes algunas veces dicen: “Eso lo están predicando desde el tiempo allá de los apóstoles de que el Señor viene y no ha venido.” No vino en el tiempo de los apóstoles (no vino en Su segunda Venida, aquello fue la primera), y no vino en la primera edad de la Iglesia porque no era para esa edad, pero Él vino el Día de Pentecostés en Espíritu; estaba y ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo en Espíritu.

Pero la segunda Venida de Cristo está prometida para el Día Postrero, ¿por qué no se cumplía en edades pasadas? Porque no era esas etapas, esas edades. Estuvieron esperando también la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos y no ocurría en aquellas edades, ¿por qué? Porque no era para esas etapas o edades de la Iglesia; es para este tiempo final la etapa de Edad de Piedra Angular, así como la etapa de la primera Venida de Cristo fue etapa de Piedra Angular; por eso Él mismo fue identificado como la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, la Piedra de Corona.

Y fue en ese tiempo donde se llevó a cabo la Obra de la primera Venida de Cristo como Cordero, y también la resurrección de los muertos creyentes en el Dios del Antiguo Testamento: Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas y todas esas personas que sirvieron a Dios bajo el Pacto de la Ley, y también los que estuvieron bajo la Dispensación de la Promesa y otras dispensaciones. Hubo una resurrección con la resurrección de Cristo, y eso fue adopción, etapa o edad de adopción, esa etapa de la primera Venida de Cristo y la Obra que Él llevó a cabo.

Y ahora, estamos en el ciclo divino de Edad de Piedra Angular nuevamente, la Edad de Oro de la Iglesia, para la Venida del Señor con Sus santos, los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, los cuales estamos esperando que aparezcan, porque le dijeron al reverendo William Branham que allá no comían, ni bebían, ni dormían, pero que regresaría a la Tierra, tomarían cuerpos y entonces comerían; por lo tanto son nuestros invitados hasta para comer, y de seguro le va a gustar hasta el chile, o sea, que no va a haber problema y en el cuerpo glorificado no hay ningún tipo problemas.

El mismo Cristo luego de resucitado preguntó, porque creían que era un espíritu, preguntó: “¿Tienen algo de comer?” Y le traen un pescado, un pedazo de pescado y también un pedazo o un panal de miel y comió delante de ellos; así que no era un espíritu, sino que era el mismo Señor en cuerpo glorificado, ya estaba glorificado, podía comer, podía aparecer a ellos, estando las puertas cerradas y luego desaparecer; porque el cuerpo glorificado no tiene limitaciones, es un cuerpo inter-dimensional y puede pasar de una dimensión a otra en cosa de menos de segundos. Es el tipo de cuerpo que Cristo tiene para mí, ¿y para quien más? Para cada uno de ustedes también.

Recuerden que es un Programa Divino ya hecho por Dios desde antes de la fundación del mundo, no por buenas obras que hagamos nosotros sino por elección divina, por previo conocimiento de Dios; Dios hizo la elección y ahora nos encontramos nosotros aquí como el grupo que está esperando el cumplimiento de todas estas promesas correspondientes al Día Postrero, al tiempo final.

Recuerden que Cristo dijo: “Y yo le resucitaré en el día postrero.” Así que, Cristo lo estableció; lo que sucede es que algunas personas no saben lo que es el Día Postrero; el Día Postrero delante de Dios para los seres humanos es el milenio postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Tan sencillo como eso. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, y el Salmo 90, verso 4).

Así que, este es el tiempo en que todas estas cosas son abiertas, son dadas a conocer. Cosas que el mismo Jesús ya sabía y les enseñaba; pero que todavía hay personas que no entienden lo que es el Día Postrero; es más, el apóstol Pedro y el apóstol San Pablo, enseñaron en su tiempo que ya en aquellos días de Jesús, eran ya los días postreros.

Por ejemplo, en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, San Pablo dice: “Dios habiendo hablando muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien así mismo hizo el universo.” Así que, ya está San Pablo diciendo que aquellos son los días postreros.

Ahora, pero de los días postreros tiene que haber uno que sea el Postrero, el último.

San Pedro en el capítulo 2, versos 14 al 29, del libro de Los Hechos dice que Dios prometio enviar el Espíritu Santo derramar de su Espíritu Santo sobre toda carne, ¿para cuando dice? Para los días postreros.

Por lo tanto, ya el Día de Pentecostés está derramando el Espíritu Santo, ¿por qué? Porque ya están en los días postreros, habían comenzado cuando Jesús tenía de 3 a 5 ó a 7 años de edad; porque los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros, que son, quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Así como los días postreros de la semana son jueves, que es el quinto día, jueves que es el sexto día y sábado que es el séptimo día y ultimo día de la semana, y el domingo viene a ser el primer día de una nueva semana. Y si lo contamos como ocho días, entonces el domingo es el día octavo; el octavo también es el primer día de una nueva semana, de un nuevo Programa Divino, y el ocho siempre nos habla de eternidad.

Por lo tanto, estamos nosotros en ese ciclo divino y por eso estamos esperando entrar físicamente a la eternidad, ¿cómo? Pues siendo transformados, y al ser transformados físicamente entraremos a eternidad, porque recibiremos un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, y así entraremos a eternidad.

Para eso viene la Palabra de Dios, y nos coloca en la etapa o posición correcta, que es la Edad correcta que nos corresponde; ni la primera, ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta, ni la quinta, ni la sexta, ni la séptima. La séptima es la edad de la Laodicea y ya tuvo su cumplimiento en cierto territorio, en Norteamérica. Y ahora pasamos a la etapa de Edad de Piedra Angular, que se ha abierto entre los latinoamericanos y caribeños. Tan sencillo como eso. Y esa bendición nadie se la puede robar a los latinoamericanos y caribeños.

Dios tiene asignado siempre en Su Programa: tiempo, lugar, gente, y Palabra correspondiente a cada edad, a cada tiempo, a cada dispensación, y así por el estilo. Y a nosotros nos ha tocado la bendición mayor, por lo cual podemos decir: “Las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos.”

Y cuando se hablan de cuerdas, se está hablando de una Carpa, con estas sogas que se amarran a los lados en unas estacas, esas son las cuerdas: “Las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos, y grande es la heredad que nos ha tocado.” Hay un lugar también que dice: “Ensancha el sitio de tu cabaña.” No nos habla de ponerlo más pequeño sino más grande, porque sigue Dios añadiendo a Su Iglesia los que faltan para completar Su Iglesia.

Se llegará a una etapa en donde conforme a lo que Dios le mostró al reverendo William Branham, en el Cristianismo surgirá una Gran Carpa-Catedral. Y por cuanto le fue mostrado a él y él fue subido más arriba de donde él estaba primero, fue subido más arriba y entonces vio esa Gran Carpa-Catedral; para subir más arriba tiene que subir más arriba de la séptima edad, y más arriba de la séptima edad lo que hay es la Edad de La Piedra Angular.

Por lo tanto, es ahí donde se va a cumplir en esa etapa o edad porque ya las otras han transcurrido, ya pasaron, y no se cumplió en edades pasadas.

Por lo tanto, esa promesa de esa Visión de la Carpa va a impactar este planeta Tierra, va a ser de grande bendición para los escogidos de Dios; ahí se va a manifestar la Tercera Etapa que está prometida, la etapa a la cual quería llegar el reverendo William Branham en la Iglesia del Señor.

Así que, estamos a la expectativa y estamos trabajando en todo proyecto divino correspondiente a nuestro tiempo y también todos trabajando en el proyecto de La Gran Carpa-Catedral, porque hay una promesa y en algún lugar Dios la va a cumplir.

¿Y dónde usted cree que va a cumplir esa promesa? Pues donde sea, donde aparezca esa Gran Carpa-Catedral. Tan sencillo como eso. Donde no aparezca, pues ahí no se va a cumplir, porque para que se cumpla, pues tiene que aparecer; y para que aparezca, pues tiene que haber personas, ministros y sus congregaciones trabajando en pro de ese proyecto. Y esas personas con sus congregaciones van a recibir el beneficio del cumplimiento de esa promesa; no importa que estén en otras naciones o en otros países, hay satélites, hay antenas para enviar la señal a los satélites, hay televisores, hay pantallas para ver todo, por lo tanto en todos los países van a estar tan cómodos como si estuvieran presentes en el mismo lugar, viendo y escuchando todo lo que estará sucediendo.

Por lo tanto, siendo una promesa divina de que habrá una Gran Carpa-Catedral en medio del pueblo de Dios, entonces habrá ministros con sus congregaciones trabajando en pro de ese proyecto, respaldando ese proyecto, respaldando de todo corazón; teniendo visión profética y teniendo percepción profética para poder ver y trabajar en pro de un proyecto que para cualquier persona puede ser raro; pero lo buscamos en la Palabra, en el mensaje, y en el mensaje del reverendo William Branham, y ahí está.

Y si buscamos en el tiempo de Moisés, miren, cuando otras naciones veían que veían que venía Moisés, ¿qué venía también? Venía un tabernáculo, una carpa le acompañaba; desde el monte Sinaí en adelante les acompañaba el tabernáculo. Y en el tiempo del rey Salomón, el templo que fue construido.

Así que, siempre hay una labor y hay un lugar para Dios manifestar Su gloria.

Por lo tanto, habrá un pueblo, ministros y sus congregaciones trabajando en pro de ese proyecto; no importa que cualquier otra persona se levante y diga que eso no se debe hacer, usted dirá: “Yo lo hago porque aquí está, es una promesa y yo trabajo, obro, basado en las promesas divinas, basado en lo que Dios ha prometido; y como Dios lo ha prometido, alguien lo tiene que hacer.”

Y entonces, ¿quiénes son esas personas que van a trabajar para dejarse usar por Dios para ese trabajo? Pues somos nosotros. Dios le da la oportunidad al pueblo y a los líderes para trabajar en todos los proyectos divinos.

Por ejemplo miren, cuando Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura, el que creyere y fuere bautizado, será salvo, más el que no creyere, será condenado.” Luego del Día de Pentecostés en adelante salieron predicando. ¿Qué estaban haciendo ellos? Le decían las autoridades políticas y religiosas: “No hablen más, no prediquen más en ese nombre,” y ellos seguían, ¿por qué? Porque ellos estaban trabajando en el proyecto que Dios habían ordenado para ellos llevar a cabo: ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, y “el que creyere y fuere bautizado, será salvo,” (predicando) y los que creían, naciendo en la fe de Cristo, y los que creían, siendo bautizados; y luego Cristo bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego y produciendo el nuevo nacimiento en esas personas. ¿Ve?

O sea, que se está siempre trabajando en ese Programa Divino en nuestro tiempo también: evangelizando, llevando el mensaje de Cristo por todos los lugares, hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo.

Siempre tiene que haber alguien que trabaje literalmente en el proyecto que Dios ha dicho; en lo que Dios ha prometido que va a hacer, siempre habrá personas, instrumentos de Dios para realizarse esa labor. Y es un privilegio grande ser un instrumento de Cristo, de Dios, del Espíritu Santo, para la realización de lo que Dios ha prometido. Recuerden que es por medio de seres humanos que Dios por medio de Su Espíritu obra en todo tiempo. Así ha estado obrando en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, la Cristiandad tiene ese privilegio, esa bendición, de que el Espíritu Santo vendría para formar la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual es la Cristiandad. Ahí están las vírgenes prudentes y ahí están también las vírgenes incensatas; pero las vírgenes prudentes van a ser transformadas y llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que, adelante trabajando en el Reino de Cristo, en la Obra de Cristo todo el tiempo, todos los días de nuestra vida; y conscientes de que al ver todas estas señales en el Cielo, en la Tierra, en las naciones, en todos los lugares, la redención nuestra está cerca; dice que “cuando veamos todas estas cosas suceder, que levantemos nuestras cabezas, porque nuestra redención está cerca.” Nuestra redención, la redención del cuerpo, o sea, nuestra transformación para los que vivimos, y para los que murieron la resurrección en cuerpos eternos; y si se va alguno de los nuestros de nuestro tiempo, algún creyente, regresará en cuerpo glorificado, en cuerpo joven, cuerpo inmortal. Son promesas de Dios para todos los creyentes en Cristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta tarde saludándoles, y ya a las 5:00 de la tarde estaremos nuevamente reunidos para el culto de la tarde.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, nuestro Salvador.

Dejo por aquí al reverendo Miguel Bermúdez Marín, misionero Miguel Bermúdez Marín, para continuar o finalizar ya esta parte.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“PALABRAS DE SALUDO A LA CONGREGACIÓN.”

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