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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.     Para esta ocasión, leemos un pasaje, uno de los Salmos, Salmo del rey David, Salmo 34, que dice:     “Bendeciré a Jehová en todo tiempo;     Su alabanza estará de continuo en mi boca.     En Jehová se gloriará mi alma;     Lo oirán los mansos, y se alegrarán.     Engrandeced a Jehová conmigo,     Y exaltemos a una su nombre.     Busqué a Jehová, y él me oyó,         Y me libró de todos mis temores.     Los que miraron a él fueron alumbrados,     Y sus rostros no fueron avergonzados.     Este pobre clamó, y le oyó Jehová,         Y lo libró de todas sus angustias.         El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen,     Y los defiende.     Gustad, y ved que es bueno Jehová;     Dichoso el hombre que confía en él.     Temed a Jehová, vosotros sus santos,     Pues nada falta a los que le temen.”     Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones, y nuestros corazones con Su Palabra, y nos abra las Escrituras en esta ocasión.     “JEHOVÁ LIBRA Y GUARDA A LOS SUYOS.”     Dios por medio de Su Espíritu, que es el Ángel del Pacto, cuida y guarda a todos Sus hijos. Hay Ángeles de Dios a cargo de ese cuidado, por ejemplo tenemos en la Escritura la ocasión en que Jacob fue a bendecir a sus nietos en el capítulo 48, verso 14 en adelante [Génesis] cuando fue a bendecir a José y sus hijos, porque siempre que el padre de la familia, el patriarca, el hombre que estaba a cargo de toda su familia hasta que muriera, y cuando moría entonces el primogénito de esa familia, hijo de ese padre, tomaría el lugar de él, vendría a ser el sacerdote de la familia, la cabeza de la familia, vendría a ser el que dirigiría esa familia; ese siempre tenía una doble porción en la herencia.     Y ahora, Jacob obtuvo esa bendición de la primogenitura y recibió la bendición de Dios, luchó para obtenerla. Dios ya lo había determinado: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí,” dice la Escritura. Y ahora miren cómo él dice en esta ocasión (la Escritura) en el capítulo 48, verso 14 en adelante, dice [Génesis]:     “Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.     Y bendijo a José, diciendo...”     Vean, bendijo a José bendiciendo a los nietos. Por eso es que siempre cuando un padre de familia o un abuelito ve que alguna persona ayuda a sus nietos, dice: “Tú estás haciendo eso como si lo hicieras a mí.” Y aquí Jacob bendiciendo a los hijos de José está bendiciendo a José. Dice:     “Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,     el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.”     Y ahora, miren cómo dice:     “...el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes...”     El Ángel de Dios acompañó a Jacob, y allá cuando va camino a Padan-aram le dice: “No te dejaré, hasta que cumpla todo lo que te he prometido, todo lo que Yo te he dicho.” El Ángel de Dios que es la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, ese Ángel que le aparecía a todos estos hombres de Dios desde Adán hasta nuestro tiempo, siendo Cristo, podía decir cuando estuvo en carne humana: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” (Capítulo 8, versos 56 al 58 de San Juan).     Podemos ver que Cristo en Su cuerpo angelical estaba en el tiempo de Abraham, de Isaac, Jacob, en el tiempo de Adán también; y antes de Adán también, porque es el Verbo que era con Dios y era Dios, el cual creó todas las cosas, conforme al Evangelio según San Juan, capítulo 1, verso 1 al 20.     Ese es mi Salvador, ese es el Ángel del Pacto, ese es el Verbo que se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Ese es el que me bendice a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Por medio de Él es que la bendición de Dios viene a los seres humanos, por medio de Él es que vino la bendición de la redención y Vida eterna que Él efectúo en la Cruz del Calvario. Es por medio de Él que Dios siempre ha hablado, es por medio de Él que Dios siempre ha obrado, y es por medio de Él que siempre Dios se ha manifestado.     Por tal motivo, encontramos que los que vieron a ese Ángel dijeron: “Hemos visto a Dios cara a cara.” Por ejemplo en el caso de Jacob en el capítulo 32, verso 24 al 32, el cual luchó con ese Ángel, con ese varón toda la noche, y ya cuando estaba rayando el alba el Ángel le dice: “Suéltame que raya el alba,” o sea, tenía que irse. Y Jacob le dice: “No te dejaré, no te soltaré hasta que me bendigas.” Y el Ángel le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Recuerden que Dios conoce nuestros nombres, conoce nuestras necesidades, pero Él dice: “Todo lo que pidieres al Padre en mi nombre, Yo lo haré.” O sea, que hay que pedir, hay que orar, eso nos indica que tenemos que orar a Dios, pedir a Dios.     Dice una persona a otra: “¿Por qué no me diste de lo que tú tenías?” Y la otra le dice: “Porque no me pediste.” Y Dios tiene todas las cosas, todas las cosas pertenecen a Él, pero si no clamamos a Dios y pedimos a Dios Su bendición y todas las cosas que están incluidas en Su bendición, pues no las vamos a recibir.     Clamamos a Dios por la fe, creyendo que Él nos dará todas las cosas que le pedimos a Él; Él nos concederá todas las peticiones de nuestro corazón, por lo tanto, siempre hay que orar. El mismo Cristo oraba siempre, se apartaba a orar a diferentes lugares, y era Jesucristo el Ángel del Pacto, vestido de un cuerpo de carne. Y si Cristo tuvo necesidad de orar, cuánto más yo, ¿y cuánto más quién? Cuánto más cada uno de ustedes. Dice: “Clama a mí (eso es orar) y Yo te responderé y te mostraré cosas grandes.”     Y ahora, tenemos que clamar a Dios, pedir a Dios, recordando que Él nos acompaña todo el tiempo y que toda bendición de Dios viene por medio del Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso dice: “Todo lo que pidieses al Padre en mi nombre, Yo lo haré.” (Eso está en el libro de San Juan, capítulo 12, capítulo 14, capitulo 15 y capítulo 16 y otros lugares más).     Por lo tanto, sabiendo que ese Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical tenemos confianza de que Él nos escuchará y nos concederá las peticiones de nuestro corazón; Él es también el que nos cuida. Veamos cómo nos dice aquí en Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, nos dice:     “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.     Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde;     porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.     Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.     Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra     del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”     O sea, a la tierra prometida nos lleva el Ángel de Dios. A toda promesa que Dios ha hecho Él nos llevará, y será cumplida en favor nuestro.     Y ahora, ese Ángel es Cristo en Su cuerpo angelical. Por lo tanto sabiendo quién es Jesucristo y sabiendo quién es el Ángel del Pacto, podemos comprender entonces porqué ese Ángel del Pacto que le dio a Moisés la Ley para el pueblo hebreo, ahora cuando está en carne humana con Sus discípulos en la última cena allá, toma el pan, lo parte, da a Sus discípulos y dice: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo.” Y tomando la copa de vino dice: “Tomad de ella todos (habiendo dado gracias), porque esta es mi Sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”     Y ahora, Cristo el Ángel del Pacto, el que le dio el pacto al pueblo hebreo allá por medio del profeta Moisés en el monte Sinaí, ahora viene en carne humana para establecer, para dar un nuevo Pacto al pueblo; y establecido ese nuevo Pacto sobre mejores promesas.     Por lo tanto, bajo el nuevo Pacto es que estarían todos los creyentes en Cristo. Y toda persona que no esté bajo el nuevo Pacto, toda persona no creyente en Cristo, no está dentro del nuevo Pacto, y por consiguiente no está dentro de las promesas, de las bendiciones bajo el nuevo Pacto. Y si alguna persona está dentro del nuevo Pacto porque ha creído en Cristo y luego deja a Cristo, se salió del nuevo Pacto y se salió de todas las bendiciones de Dios, y por consiguiente se le cumplirá en él estas cosas que están escritas en el libro de Hebreos. Vamos a ver aquí cuál es el pasaje, capítulo 6 de Hebreos, del libro de Hebreos, versos 4 en adelante, dice:     “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,     y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,     y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.     Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;     pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.”     Y ahora, los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial habiendo recibido a Cristo como Salvador, vean ustedes, y dejan a Cristo, es imposible que se haga un sacrificio nuevo por Jesucristo, que sea crucificado de nuevo, es imposible. Es imposible para ellos que se haga un nuevo sacrificio para ellos ser salvos, ya ellos se apartaron de Cristo, y por consiguiente, están bajo maldición.     Es importante permanecer en Cristo todos los días de nuestra vida. Nunca se aparte de Cristo. Apartarse de Cristo es el error más grande que un ser humano puede cometer, pues se aparta de la Vida eterna. Y por consiguiente, esa persona, miren lo que ha hecho, capítulo 10, verso 29:     “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?     Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.”     Y ahora, el que tenga por inmunda la Sangre de Cristo, dice que tendrá graves problemas delante de Dios. No hay otro sacrificio para esa persona. La Sangre de Cristo es la Sangre del cuerpo de Dios, del cuerpo físico de Dios que es el cuerpo de Jesús o Jesucristo, creado en el vientre de la virgen María, por lo tanto, la Sangre de Cristo no es sangre común sino la Sangre de Dios. Y por consiguiente, esa es la única sangre que podía redimir al ser humano, somos redimidos por la Sangre de Dios, por la Sangre de Cristo, la única que podía limpiarnos de todo pecado.     No se puede tener por inmunda la Sangre de Cristo, no puede tener la persona la Sangre de Cristo como la sangre de cualquier persona, porque no es así, es la Sangre que redime al ser humano, y no hay otra sangre que pueda redimir al ser humano. Y la vida de esa sangre es el Espíritu Santo que viene sobre todos los creyentes en Cristo, y por consiguiente, esa es la señal de que tenemos la Sangre de Cristo al tener la vida de la sangre que es el Espíritu Santo.     Y por consiguiente, la persona tiene la señal en su vida para preservación de la Vida eterna, así como los judíos tenían la sangre puesta del cordero pascual que ellos habían sacrificado, la tenían puesta en el dintel y los postes de sus hogares el día y la noche de la pascua. La sangre de aquel cordero pascual que ellos habían sacrificado, había sido puesta sobre las puertas y el dintel y postes de los hogares hebreos, y Dios dijo: “Cuando Yo vea la sangre pasaré de ese hogar,” o sea, que no entrará y no habrá muerte de los primogénitos que estarán en ese hogar; y en ese hogar estaría ¿qué? El cordero pascual ya asado, y estarían comiendo el cordero pascual; recuerden que Cristo dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.”     Por lo tanto, en la Iglesia del Señor Jesucristo está Cristo, el Cordero de Dios sacrificado, y las personas comiendo, creyendo en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador; creyendo en Él como el Cordero pascual que fue sacrificado por todos los creyentes en Cristo para la preservación de la vida de todos los primogénitos de Dios, para la preservación de la Vida eterna, para que así puedan vivir eternamente.     Por lo tanto, Él nos libera y guarda a los Suyos todos los días de su vida para que ninguno se pierda sino que pueda vivir eternamente en Su Reino.     Y por eso es que los creyentes en Cristo han estado esperando la transformación física, luego de haber recibido la transformación espiritual. Y la Iglesia del Señor Jesucristo va pasando de etapa en etapa, de edad en edad, subiendo de edad en edad, de gloria en gloria, hasta este Día Postrero en donde sube a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, donde es el lugar correspondiente al cumplimiento de todas las promesas divinas para el Día Postrero.     Toda promesa divina que no se cumplió en tiempos y dispensaciones pasadas, se cumplirá en este tiempo, por lo cual los escogidos del Día Postrero son los más bienaventurados de todos los creyentes.     Dios nos guardará, Dios nos libertará, Dios nos adoptará físicamente así como lo ha hecho espiritualmente, nos libertará y nos adoptará en Su Reino físicamente también, nos transformará, eso es la adopción o redención del cuerpo. Para recibir la redención del cuerpo, primero hay que recibir la redención espiritual al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu, y así obtener esa transformación espiritual en donde nacemos en el Reino de Cristo como hijos e hijas de Dios.     Recuerden que Cristo le dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede ver, no puede entrar al reino de Dios.” Nicodemo pensó que tenía que nacer de su madre nuevamente, y ahora: “¿Cómo puede ser posible? ¿Puede ser posible entrar en el vientre de su madre y nacer?” Él pensó en términos físicos, y son términos espirituales.     Y ahora, nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, porque la fe nace por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación. Por lo cual si hay alguna persona en esta noche que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Ya yo lo recibí como mi Salvador y entré al Reino de Cristo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.     Por lo tanto, si alguno no lo ha recibido como Salvador todavía, puede pasar al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Recuerden que Él dijo:     “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).     Él fue el que mandó a bautizar a todos los que creyeran en Él, por lo tanto, bien pueden recibirlo como Salvador y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.     Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente para recibir a Cristo como Salvador, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador.     Ya hemos visto que Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, es el cuerpo angelical de Dios, es llamado también el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto. Es por medio de Cristo que Dios creó los Cielos y la Tierra, es por medio de Cristo que Dios ha obrado todas las cosas y continuará obrando todas las cosas. Es por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, que Dios está en medio de Su Iglesia.     No hay otra persona más importante que haya pisado este planeta Tierra que nuestro amado Señor Jesucristo, Él es la persona más importante, Él es nuestro Salvador, Él es nuestro Redentor, Su Sangre nos limpia de todo pecado. Él es el eslabón entre Dios y el ser humano y entre el ser humano y Dios. Por eso Él, al presentarse como ese eslabón, dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). Nadie puede llegar a Dios, nadie puede acercarse a Dios a menos que sea a través de Cristo, y por consiguiente, estar limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.     Por eso es que se efectuaban los sacrificios de animalitos en la antigüedad para acercarse a Dios, para ser reconciliados con Dios.     Ahora todos tenemos un Sacrificio que fue hecho hace alrededor de unos dos mil años atrás en la Cruz del Calvario allá en Jerusalén; por medio de ese Sacrificio es que nos acercamos a Dios, y obtenemos la reconciliación con Dios y por consiguiente la paz con Dios.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de San Luis Potosí, y los está llamando en este tiempo final, y tiene muchos hijos en toda la República Mexicana y los está llamando en este Día Postrero. Y también en toda la América Latina, incluyendo el Caribe, Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, y los está llamando; y en todo el Continente Americano, y en todas las naciones.     Estamos viviendo en el Día Postrero y por consiguiente en el tiempo del llamamiento final, en el tiempo de la Trompeta final, en el tiempo de la gran Voz de Trompeta, en el tiempo del mensaje final de Dios llamando y juntando a todos Sus escogidos. ¿Y en dónde los junta? En Su redil, que es Su Iglesia. Dice:     “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” (San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante).     El Pastor es Cristo, la Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo, y el Redil de Cristo es la Iglesia del Señor Jesucristo. ¿Y quiénes son las ovejas? Todos nosotros.     La voluntad de Dios es que vivamos eternamente, y por eso Él nos ha dado un Programa de la salvación y Vida eterna, el Programa de redención, para así guardar a Sus hijos para que vivan eternamente; es un programa de Vida eterna, el cual es dado a conocer por medio de la predicación del Evangelio de Cristo en el cual se muestra la Obra de Cristo en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de expiación por nuestros pecados.     Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si alguno falta por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.     Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador, y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer de nuevo, quiero entrar a Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo más profundo de vuestro corazón.     Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro Salvador, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Recordando que el bautismo en agua es tipológico, el agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     Por lo tanto, entendiendo el simbolismo del bautismo en agua, del cual Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere será condenado,” y aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado, cuánto más nosotros; y Cristo fue el que dio la orden de ser bautizado todo aquel que en Él crea.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.     Continúen pasando una noche feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.             Dejo al ministro aquí con ustedes, reverendo Pedro Martínez Aguilar, para que les diga cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Continúen pasando una noche feliz llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo. Y en cada país, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Dios les bendiga y les guarde a todos.     “JEHOVÁ LIBRA Y GUARDA A LOS SUYOS.”

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