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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en diferentes naciones en sus Iglesias y diferentes lugares de reunión para alabar a Dios y oír Su Palabra; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Un saludo muy especial para mi amigo, el doctor Luis Moreno, obispo de Quito, de la Iglesia Anglicana allá en Quito, y su esposa aquí presente. Para esta ocasión veamos un corto video de unos cinco minutos aproximadamente, muy importante, y que es muy significativo para el Cristianismo, ya que está ligado al pueblo hebreo, a los judíos, y Jesús dijo a la mujer samaritana: "La salvación viene de los judíos."

Veamos ese video que está relacionado con los judíos, es un corto video de algo que pasó el viernes pasado, en donde algunos de ustedes también estuvieron. Vamos a pedirles que de Puerto Rico nos pasen a través del satélite Amazonas este corto video.

Huellas para no olvidar, ese fue el documental que vimos en estos momentos, y está ligado al pueblo hebreo, pueblo amado por Dios y por todos nosotros también, pueblo del cual Dios ha dicho que el que lo bendiga será bendito y el que lo maldiga será maldito.

Pero nos preguntamos: ¿cómo podemos hacer para bendecir al pueblo hebreo? No solamente con palabras sino con hechos, trabajando en favor del pueblo de Dios, pueblo escogido por Dios como nación.

En esta ocasión vamos a leer una Escritura muy importante, y estaremos examinando cómo esa Escritura se ha ido cumpliendo. San Lucas, capítulo 14, verso 15 al 24, y dice así la Palabra del Señor:

"Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"LA CASA DEL REY, LA CASA DE DIOS."

En San Mateo también nos habla de esta misma cena en el capítulo 22, y comenzando dice, verso 2:

"El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo."

Ahora podemos ver que el hombre que hace fiesta de boda, prepara esa fiesta para su hijo, es un rey, ese es el Rey de los Cielos y de la Tierra: Dios. Por lo tanto, la casa de este hombre que prepara esta fiesta, esta cena, es la Casa de Dios. De la Casa de Dios y para ir a la Casa de Dios, sale el llamado por medio del Siervo, el Espíritu Santo, a través de los diferentes predicadores.

Toda persona ha deseado estar en la casa de Dios; el salmista decía: "Yo me alegré con los que me decían: a la casa del Señor iremos." y también el salmista decía: "Una cosa he demandado a Jehová, y esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida (¿para qué?) Para contemplar Su hermosura." Eso está en el Salmo 27, verso 4, y en el Salmo 122, verso 1.

Toda persona ha deseado estar en la Casa de Dios para ver a Dios, contemplar a Dios. El profeta Isaías por ahí por el capítulo 6 de Isaías dice que vio la gloria de Dios, vio a Dios en Su Templo.

Cómo podemos hacer, porque todos, como el salmista, deseamos estar en la Casa de Dios, y él decía: "Y esto yo buscaré." y ahora, todos desean buscar cómo estar en la Casa de Dios. Para tener un cuadro claro, encontramos que Moisés y también Salomón construyeron una casa para Dios, una casa terrenal, un templo terrenal.

Moisés construyó el tabernáculo, lo dedicó a Dios, y Dios vino en la Columna de Fuego, en ese Pilar de Fuego, vino en esa nube de luz, entró a ese tabernáculo y se posó en el Lugar Santísimo sobre el Propiciatorio que es la tapa de oro del arca del pacto que tiene dos querubines de oro, uno a casa lado, porque ese tabernáculo representa el Templo celestial de Dios, y el Lugar Santísimo de ese tabernáculo representa el Lugar Santísimo celestial y el Propiciatorio representa el Trono de Dios.

Así también Israel como pueblo es un templo, y encontramos que así como Dios estaba en el tabernáculo, estaba también en Israel como pueblo. Tenemos las palabras que habla el rey David cuando es ungido Salomón como rey la primera vez, y por segunda vez es ungido. Eso lo encontramos en Crónicas, Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 4 al 5, y dice:

"Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.

Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel."

Para que se siente ¿dónde? En el Trono del Reino de Jehová sobre Israel, y luego el capítulo 29, verso 22 al 23 dice:

"Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel."

¿En qué trono se sentó Salomón? En el Trono de Dios, el Trono de Jehová. Alguna persona puede preguntar: "¿Pero el Trono de Dios no está en el Cielo? Sí, pero el Trono terrenal de Dios, el Trono de Dios en la Tierra, es el Trono de David, y el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, en palabras más claras, la representación del Reino celestial y del Trono celestial es el Reino de David y el Trono de David.

Por eso cuando Cristo habla a Sus discípulos diciéndoles que cuando oren, en su oración pidan la venida del Reino de Dios, lo que será la venida del Reino de Dios es la restauración del Reino de David, en donde el Mesías Príncipe se sentará en el Trono de David.

Si aquí en la Tierra tenemos la representación de las cosas celestiales, entonces ¿qué es la Iglesia? La casa de Dios, la casa que vio allá en tipo y figura Jacob en el capítulo 28 cuando iba rumbo a Aram, le tomó la tarde ya para oscurecer, y oscureciendo tomó piedras del lugar donde estaba y colocó una de cabecera, y al dormir tuvo un sueño, y un sueño interpretado viene a ser una visión.

Soñó que de una escalera que se posaba en tierra y la cúspide de ella llegó al cielo, y vio ángeles de Dios que subían y bajaban por esa escalera, y en la cúspide de la escalera vio a Dios que se identificó con Jacob, y le dice Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, verso 13 en adelante dice:

"Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia (eso es Palabra de Dios).

Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo."

Esa es la visión o sueño que tuvo Jacob, y cuando Jesús estuvo predicando en la Tierra y Jesús le dice a Natanael, el verso 48 al 51 de San Juan:

"Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre."

Esto que habla Jesús viene del sueño que tuvo Jacob donde vio ángeles subiendo y bajando por esa escalera, y dijo Jacob: "Esto no es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo." la Casa de Dios.

Ahora, bajo el nuevo Pacto encontramos que tiene una puerta por donde entran todas las personas para subir al Cielo. Cristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí." así que tenemos que encontrar esa escalera para subir al Padre, tenemos que encontrar ese lugar del cual dijo Jacob: "Esto no es otra cosa, sino casa de Dios y puerta del cielo."

El apóstol San Pablo, conocedor de este misterio, y también el apóstol Pedro, hablaron de esta Casa. San Pablo en Gálatas, capítulo 3 y en Primera de Timoteo, capítulo 3; veamos Primera de Timoteo, capítulo 3, escribiéndole a Timoteo le dice, verso 14 en adelante:

"Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad."

Y ahora, miren la forma sencilla en que el apóstol San Pablo nos muestra cuál es la Casa de Dios: es la Iglesia del Señor Jesucristo, y para entrar hay una puerta. Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 9: "Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo, y entrará y hallará pastos."

Es la única que tiene a Cristo, la puerta por la cual se entra a la Casa de Dios, y por consiguiente es la casa para la fiesta acá en la Tierra, para la fiesta que el hombre rico, el Rey, ha preparado para Su Hijo. Esta fue la bendición de la cual Cristo habló: "El Reino de Dios será quitado de vosotros y dado a otro pueblo o a otra gente que produzca los frutos de él."

Bajo el nuevo Pacto la Iglesia del Señor Jesucristo es la Casa de Dios, bajo el antiguo pacto, la casa de Dios terrenal fue el tabernáculo que construyó Moisés y luego el templo que construyó el rey Salomón, y como nación, la Casa de Dios como nación, fue el pueblo hebreo, Israel, bajo el pacto que Dios le dio por medio del profeta Moisés.

Así que no hay problemas entre los de un pacto y los de otro pacto. La bendición grande está bajo el nuevo Pacto, porque tiene las bendiciones celestiales, las bendiciones del Cielo. Veamos otros lugares donde el mismo apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6, dice:

"Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios..."

Esto es bajo el pacto que Dios le dio por medio del profeta Moisés, y el pueblo hebreo es la Casa de Dios como pueblo, y tenía un tabernáculo que también es llamado Casa de Dios, el que construyó Moisés y luego el que construyó el rey Salomón y que fue destruido y luego fue reedificado, destruido y reedificado, y ahora no tiene un templo físico terrenal el pueblo hebreo por unos cuantos cientos de años.

Desde el año setenta de la era cristiana Israel está sin templo, y por consiguiente sin sacrificio de expiación por el pecado. ¿Y qué significa eso? Que bajo el pacto antiguo no hay forma de quitar los pecados del ser humano, porque bajo el sacrificio de expiación del macho cabrío, el día diez del mes séptimo de cada año, conforme a Levítico, capítulo 23, verso 26 al 29, ese día el pueblo, humillado ante Dios, y afligido por haber pecado contra Dios, pedía perdón a Dios y Dios lo perdonaba, y la sangre de la expiación que el sumo sacerdote efectuaba con el sacrificio de ese macho cabrío por Jehová, entraba al Lugar Santísimo y esparcía siete veces sobre el Propiciatorio que es el trono de Dios en el templo, tipo y figura del Trono celestial de Dios.

Cristo murió en la Tierra, pero Él no llevó Su Sangre al Lugar Santísimo del templo terrenal que estaba allí en Jerusalén, que había sido construido por el rey Herodes, sino que Él se presentó en el Templo celestial en el Lugar Santísimo, y allí presentó, se presentó con Su Sangre como la Sangre de la Expiación por el pecado del ser humano.

Para todos aquellos que al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo nace la fe de Cristo en su alma y son compungidos de corazón, se afligen en su corazón, en su alma, piden perdón a Dios, dan testimonio público de su fe en Cristo, son bautizados en agua en Su Nombre al recibirlo como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento, esas personas han quedado reconciliadas con Dios como sucedía cuando el sumo sacerdote esparcía la sangre de la expiación sobre el Propiciatorio y luego salía en el momento correspondiente, porque entraba unas cuantas veces al Lugar Santísimo.

Y cuando ya salía por última vez y hacía las cosas correspondientes allí en el altar del incienso, luego encontramos que hablaba el Nombre de Dios, bendecía al pueblo en el Nombre de Dios. Hubo personas que al escuchar la pronunciación del Nombre de Dios, lo cual pasó de Moisés a Josué y también al sumo sacerdote Aarón, la pronunciación del Nombre, pues algunos al escuchar la pronunciación después usaban el Nombre de Dios para cosas malas, y luego, para evitar eso, cuando el sumo sacerdote salía proclamando el Nombre de Dios, comenzaban hacer mucho ruido con instrumentos musicales y ya las personas no podían entender la pronunciación del Nombre. Eso está en libros judíos, como el libro: "La Religión de Israel" y otros libros.

Ahora, encontramos que al salir y proclamar al pueblo que ya se había efectuado todo lo que Dios requería, el pueblo quedaba feliz, una: no había muerto el sumo sacerdote al entrar al Lugar Santísimo, porque si no hacía bien las cosas, moría.

Luego el pueblo tenía derecho a vivir un año más, era reconciliado con Dios por un año más, aunque sus pecados no era quitados, solamente eran cubiertos con la sangre de la expiación porque los animales no tienen alma, y por consiguiente el espíritu del animal no puede venir sobre el creyente bajo el pacto antiguo.

Pero ahora, bajo el nuevo Pacto, Cristo, siendo la Expiación por nuestros pecados, el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, el cual luego de resucitado se presentó ante Dios, y se presentó con Su propia Sangre... ¿y cómo pudo presentarse allá, si en el templo terrenal nadie podía entrar para hacer labores sino el sumo sacerdote, y una vez al año, y con sangre, la sangre de la expiación hecha por el sumo sacerdote con el macho cabrío? Porque Jesucristo es el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, Él es el Ángel del Pacto, y el Ángel del Pacto es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, es el mismo que le apareció a Abraham en el capítulo 14 del Génesis cuando Abraham regresaba de la victoria sobre aquellos cinco reyes que se habían llevado cautivo a Lot y su familia y a muchas personas de allá del territorio de Sodoma donde Lot vivía, pero le apareció Melquisedec, sin padre, sin madre.

¿Y cómo puede haber una persona que no tenga padre ni madre, y ser un Sumo Sacerdote, Sacerdote del Dios Altísimo? Es Jesucristo, el Ángel del Pacto, Cristo, el Ángel del Pacto, sin padre y sin madre, en Cristo, en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, no tiene madre ni padre terrenal.

Fue cuando obtuvo Su cuerpo por creación divina, cuerpo físico, que aparece, que nació a través de la virgen María, la mujer más bienaventurada de todas las mujeres que han pisado este planeta Tierra, porque es la única mujer que ha traído, que ha dado a luz, un hijo sin estar con relaciones íntimas con un hombre, fue por obra y gracia del Espíritu Santo, así trajo al segundo Adán: Jesucristo, para redimir al ser humano, restaurar al ser humano, a la Vida eterna de la cual había caído en el tiempo de Adán y Eva.

Algunas personas leen la Escritura y dicen: "Dios le dijo a Adán que el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día moriría, y pecó y después continuó viviendo," vivió unos 930 años, y algunas personas dicen: "No se cumplió lo que Dios dijo," ellos tenían Vida eterna, podían continuar viviendo, lo que faltaba era ser adoptados, estaban en una etapa de prueba.

Y así pasa con los creyentes en Cristo: pasamos por una etapa de prueba aquí en la Tierra, pero al final vendrá la adopción que será la glorificación, la transformación para los que estén vivos, creyentes en Cristo, y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo.

Por eso San Pablo dice: "Todos seremos transformados." y entonces tendremos Vida eterna física como Jesucristo, y jóvenes para toda la eternidad; esa es la adopción, la redención del cuerpo, de la cual habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 29, y en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 en adelante.

Eso es la adopción, la redención del cuerpo, la glorificación, la resurrección en cuerpos eternos inmortales y jóvenes, y para los vivos la transformación de sus cuerpos, y entonces tendremos Vida eterna física. Ya el creyente en Cristo tiene Vida eterna en su alma, pero nos falta la Vida eterna física, la cual Él nos va a dar en Su segunda venida.

Hay personas que están esperando la venida del Señor, pero algunas veces no saben para qué la están esperando. Cuando usted está esperando a alguien en su casa, debe saber para qué lo está esperando: lo estamos esperando conforme a lo que Él prometió, para hacer lo que Él ha prometido. Él dijo: "Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis." San Pablo, conocedor de este misterio, dice en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo."

¿Que tenemos ciudadanía del Cielo, de la Jerusalén celestial? Claro que sí; pero usted puede decir: "Yo soy ciudadano del país donde nací," claro que sí, usted es ciudadano del país en el cual usted nació, porque la ciudadanía que viene en esa forma es por el nacimiento.

¿Y de dónde es la ciudadanía del nuevo nacimiento? El nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo, por lo tanto, la ciudadanía de los que han nacido de nuevo, es del Cielo, de la Jerusalén celestial, por eso estamos sentados ¿dónde? En lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro:

"...de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra..."

Dice que transformará el cuerpo de la humillación nuestra. Siendo hijos e hijas de Dios hemos venido a esta Tierra y hemos estado pasando por una etapa de humillación; es como cuando el hijo o hija, o hijos e hijas de un rey son enviados a otro país y los tratan mal, y los gobiernos de otros países los tratan mal; están pasando una etapa de humillación, y así ha sido con los creyentes en Cristo, a través de las diferentes edades o etapas de la Iglesia han estado pasando humillación, los han perseguido, al mismo Jesucristo y luego a los apóstoles y luego a todos los creyentes a través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá. Los echaban a los leones para que se los comieran, los quemaban, los mataban en diferentes formas, los perseguían.

Ha sido una etapa difícil para los creyentes en Cristo, para los hijos e hijas de Dios. Pero si al árbol verde trataron en la forma que lo trataron, hicieron todas esas cosas, "cuánto más en el árbol seco," dice Cristo.

Ahora, esta es una etapa que ya estaba profetizada. Teníamos que pasar por esta Tierra para entrar al plan de redención, para el cual Cristo vino y murió en la Cruz del Calvario, por eso Él decía: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva," muchos hijos e hijas de Dios.

¿Y de dónde nacen, dónde nace el trigo, dónde nacen los granos de trigo? En la planta de trigo, ¿y de dónde nace la planta de trigo? Del grano de trigo. Cristo es el grano de trigo, y el Día de Pentecostés nació la planta de trigo que es la Iglesia del Señor Jesucristo, y los granos de trigo que echa, que nacen de la planta de trigo, son los hijos e hijas de Dios, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, por medio del Espíritu de Cristo en Su Iglesia, reproduciéndose, engendrando y reproduciendo hijos e hijas de Dios.

Y esa es la etapa en el campo espiritual, y luego viene la etapa en el campo físico que será la resurrección en cuerpos eternos y la transformación de los creyentes que estén vivos. Tan sencillo como eso, es un Programa divino en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo. Dios no está pensando nada para hacer en este tiempo, ya Él lo pensó y está en la Escritura.

Y ahora, ¿cómo lo va a hacer Cristo? Dice:

"Para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."

Él tiene el poder para hacerlo. Por lo tanto, sabemos ahora en forma cierta para qué viene el Señor en Su segunda venida, y para qué y por qué lo estamos esperando: para nuestra transformación, y si alguno muere físicamente, pues va a resucitar en cuerpo eterno, y ya estará en gloria, cuerpo glorificado.

Tenemos todas esas promesas divinas que son exclusivamente para la Iglesia del Señor Jesucristo, para los creyentes en Cristo, porque uno que no cree en Cristo y que no cree lo que Él dijo, no está esperando estas cosas; así que, el que se ha aislado es la persona.

Está a la disposición de todos los seres humanos. El programa de Redención está a la vista de todos.

La Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, es esa Casa en la cual Dios por medio de Cristo dice que Él llamó a los convidados y no fueron y mandó a Su siervo, que es el Espíritu Santo, el que siempre que Dios va a hacer algo, ahí está Él, el Espíritu Santo, que es Cristo en Su cuerpo angelical, porque no hace nada a menos que sea a través de Cristo, el Ángel del Pacto.

La ciencia ha estado buscando el origen de la creación. El origen de la creación es Jesucristo. Pero ya descubrió algo: que antes de la creación hubo una energía allí, antes de la creación. ¿Y qué o quién podemos decir que es esa energía? Cristo.

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante:

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." San Juan, capitulo 1, verso 14.

Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, de Él San Pablo dice que es la imagen del Dios viviente, y también es la semejanza del Dios viviente. Recuerden que Dios dijo: "Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen, a nuestra imagen y semejanza."

La imagen es Cristo, el Ángel del Pacto, en Su cuerpo angelical, y la semejanza física es el cuerpo físico de Jesucristo el cual ya está glorificado. Era Emanuel, Dios con nosotros, en Jesucristo en toda Su plenitud, la única persona en la cual Dios ha estado en toda Su plenitud.

Por eso encontramos en Jesucristo al Padre y también al Espíritu Santo, en Jesucristo el Hijo de Dios. Cristo decía: "El Padre que mora en mi, Él hace las obras," y también decía: "El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido," y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido, San Lucas, capítulo 4. Él también decía que Él hacía lo que veía al Padre hacer, y hablaba lo que escuchaba al Padre hablar.

O sea, que el mensaje de Jesucristo no era de Sí mismo, sino de Dios el Padre. El ser humano ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios, el ser humano ha sido hecho espíritu y cuerpo, pero el ser humano no es el cuerpo ni es el espíritu, el ser humano es el alma, alma viviente, pero tiene una casa espiritual que se llama espíritu y una casa física que se llama cuerpo físico.

Si muere su cuerpo físico, su casa terrenal, de la cual San Pablo decía: "Si nuestra casa terrena se deshace, tenemos un templo, un tabernáculo no hecho de manos," porque el cuerpo espiritual no lo hizo un hombre, es Dios el que lo ha hecho.

Y ahora, cualquier persona puede decir también: "Yo no hago nada de mí mismo," o sea, hablando del cuerpo físico, ¿y cómo lo podrán entender las demás personas? Porque lo ven a usted haciendo, tomando una cosa y poniéndola acá, o hablando algo, pero el cuerpo físico no es el que lo está haciendo, es su alma, por medio del espíritu que está en ese cuerpo, usando ese cuerpo de carne.

Por eso cuando el alma y el espíritu de la persona salen, usted le puede decir al cuerpo, preguntarle algo, y el cuerpo no contesta, porque el cuerpo sin espíritu está muerto, dice la Escritura.

Así que el ser humano, siendo a imagen y semejanza de Dios, tiene alma, que equivale a Padre; tiene espíritu, que es el cuerpo espiritual que equivale al Espíritu de Dios, al Ángel del Pacto, y tiene cuerpo físico que equivale a Jesucristo, el cuerpo físico de Jesucristo. Tan sencillo como eso.

Recuerden que Jesucristo decía: "el que me ha visto a mi, ha visto al Padre," ahora lo podemos entender, es sencillo, le decían: "Tu siendo hombre te haces Dios," pero Él mostraba que el Padre estaba en Él, y mostraba que el Espíritu estaba en Él, ahí tenemos la Trinidad divina de la cual la religión, el Cristianismo, habla: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo eso lo vemos en Jesucristo, en el cual Dios se agradó de que habitase en Él la plenitud de la Divinidad, Colosenses, capítulo 2, ahí encuentran, y en el capítulo 1 de Colosenses también.

Ahí tenemos el misterio de Dios el Padre y de Cristo, es un misterio, pero recuerde que usted y yo somos un misterio también, y algunos seres humanos todavía no se han comprendido a sí mismos, no se han comprendido el misterio que son, que son alma, espíritu y cuerpo, y algunos piensan: "No, yo aprovecho la vida aquí en la Tierra porque después que muera, se acabó todo."

Lo que muere es el cuerpo físico, la persona sigue viviendo en su cuerpo espiritual en otra dimensión, y toda persona que cree que hay vida después de la muerte, que hay otro mundo, otra dimensión, a la cual se van, pues debe asegurarse que cuando su cuerpo físico muera, lo lleven a un buen lugar: al paraíso, para lo cual necesita a Cristo como su único y suficiente Salvador, para que lo lleven luego al paraíso donde están todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente.

Y si no, ¿qué pasa? Bueno, le va a hacer compañía al hombre rico, o a Judas Iscariote, por allá lo podrá ver. En el libro de los Hechos dice que se fue a su lugar; no se fue al paraíso, se fue al lugar donde la parábola que Cristo dio de Lázaro y el hombre rico, al lugar al cual fue el hombre rico.

Pero todos quieren ir al Cielo, al paraíso, y ese deseo es porque hay un lugar, hay un paraíso, al cual el ser humano puede ir, y hay un Programa divino para que el ser humano se acoja a ese Programa divino, ese programa de Redención, para que pueda ir al Cielo, al paraíso, que es otra dimensión, como también el infierno está en otra dimensión, es otra dimensión, así como nosotros estamos viviendo en esta dimensión terrenal.

Pero hay otras dimensiones, son siete dimensiones, y muchas personas todavía no han comprendido bien esta dimensión en la cual vivimos y para qué estamos aquí. La quinta dimensión es el lugar... el infierno, llamado el infierno; y está la sexta dimensión, que es el paraíso, donde van los creyentes en Cristo y descansan, a descansar; nos preguntamos: "pero a descansar, ¿entonces van a dormir?" no, descansar y dormir son dos cosas diferentes, hay gente que duermen y cuando despiertan, dicen: "Estoy más cansado que cuando me acosté," y todos hemos pasado por esos momentos así. Descansamos de los trabajos terrenales, descansamos del tráfico en la mañana, el tráfico para ir al trabajo, que es difícil, y cuando llueve se pone peor, y el tráfico de regreso a la casa, para llegar a la casa, bañarse, comer, estar con la familia unas horas, dormir, y al otro día el mismo ciclo.

Gracias a Dios que colocaron el sábado y el domingo para descansar de los trabajos, aunque no para todos, en cuanto a las cosas espirituales tampoco cuenta como trabajo, más bien es una bendición, un privilegio, llegar a la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, para adorar, contemplar la hermosura de Dios a través de Cristo, porque la hermosura de Dios se contempla a través de Cristo, el Ángel del Pacto; y escuchar Su Voz, Su Palabra, ¿dónde? En Su Templo, Su Casa, Su Iglesia. Es ahí donde son convidados para esa gran Cena.

¿Y cómo obtenemos esa invitación? ¿Tenemos que poner la dirección del correo nuestro y nuestro teléfono para que nos avisen y nos envíen la invitación? No, es más sencillo: Cristo envió la invitación por medio de los apóstoles y de todos los predicadores y de todos los creyentes en Cristo, cuando dijo:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

Esa es la invitación, por eso se predica el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en el alma de la persona, en el corazón, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, y con el corazón, con el alma, se cree; no intelectualmente, sino acá, con el corazón, con el alma; pero con la boca se confiesa para salvación.

Por eso se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador para entrar a la Casa de Dios, Cristo le dice a Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo que el que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios."

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo, así obtiene el bautismo del Espíritu Santo y obtiene el nuevo nacimiento, así es como se nace de nuevo, no hay otra forma.

Por lo tanto, toda persona tiene la misma oportunidad, y el llamado para venir a la Casa del Padre para la fiesta que le hace a Su Hijo, es la Iglesia del Señor Jesucristo en el nuevo Pacto y bajo el nuevo Pacto. Por eso se ha estado predicando el Evangelio de Cristo por alrededor de dos mil años, y millones de seres humanos en las diferentes etapas de la Iglesia han estado recibiendo a Cristo como Salvador, y ha sido Obra del Siervo, el Espíritu Santo, usando personas, predicadores, personas que llevan el Evangelio, usando hermanos y hermanas que le dan el mensaje del Evangelio a sus amistades también, haciendo esa obra, porque todo creyente en Cristo tiene la responsabilidad de llevar el Evangelio de salvación a las demás personas, no solamente para los predicadores, es para toda persona creyente en Cristo.

En nuestro tiempo todavía hay lugar, este es el tiempo en que corresponde a ese momento en que el siervo, el Espíritu Santo, le contesta al Padre de familia que ya Él ha hecho lo que le fue ordenado, y le dice: "Y todavía hay lugar." Hay lugar en nuestro tiempo porque todavía Cristo está en el Trono del Padre, en el Trono de Intercesión, en el Propiciatorio, haciendo intercesión con Su propia Sangre por toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador. Todavía hay lugar para salvación y Vida eterna para los seres humanos.

Si enmarcamos a la Iglesia y sus diferentes etapas, esta es la etapa más gloriosa de la Iglesia del Señor Jesucristo. Si me pedían a mi que eligiera en qué tiempo quería vivir en la Tierra para estar en la Iglesia del Señor, yo iba a elegir este tiempo, este es el mejor, el que desearon vivir y ver todos los creyentes en Cristo de tiempos pasados, este es un tiempo paralelo al tiempo de Jesús, paralelo al tiempo de Noé, y paralelo también al tiempo de Lot y Abraham.

Este es el tiempo en que las promesas de la venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles se cumplirán, este es el tiempo, y no sabemos cuánto, qué lapso de tiempo sea, o sea, no sabemos cuántos años durará este tiempo, pero este es el tiempo de la Edad de Oro para la Iglesia del Señor Jesucristo, es el tiempo para el cumplimiento de las promesas más gloriosas dadas por Cristo y dadas también por los profetas del Antiguo Testamento, las cuales se van a cristalizar en este tiempo final, pero no sabemos en qué año. Sabemos que ya estamos en el Día postrero.

Los días postreros comenzaron en los días de Jesucristo, porque los días postreros delante de Dios son los milenios postreros que son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, y ya hemos entrado al séptimo milenio; conforme al calendario gregoriano usted encontrará que ya hemos comenzado a vivir el séptimo milenio. Siendo que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, el Día postrero, los días postreros, con quinto, sexto y séptimo milenio, y el Día postrero es el séptimo milenio.

Antes podíamos decir, y el Cristianismo podía decir: "Estamos viviendo en los días postreros," San Pablo lo dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, y también el apóstol Pedro nos habla de los días postreros, pero hoy en día podemos decir: "Estamos viviendo en el Día postrero delante de Dios."

Para Israel hay una promesa también en Oseas, capítulo 6, verso 1 en adelante, donde dice que al tercer día, después de dos días, al tercer día, Él los resucitará, una resurrección espiritual para Israel; ha tenido una resurrección como nación física, pero necesita tener o tendrá una resurrección física también como nación en el Reino del Mesías, bajo el Reino de David gobernando sobre el Trono de David el Mesías, el Cristo, el Ungido.

Habrá una resurrección espiritual para Israel también, lo cual será un avivamiento espiritual y está cerca. Capítulo 7 y capítulo 14 de Apocalipsis nos habla de ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu, de los hijos de Israel, que van a ser sellados por el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo.

¿Y cuál es el Sello de Dios? El Espíritu Santo, viene con el Espíritu Santo, y van a ser sellados con y por el Espíritu Santo ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, eso es una profecía de bendición para Israel, van a aparecer las tribus perdidas, porque si hay doce mil de cada tribu, pues ahí están las tribus perdidas también. Así que...y todo eso va a ser llevado a cabo, porque va a ser llevada a cabo la restauración del Reino de David y Trono de David, Ezequiel, capítulo 37.

Ahora, antes que llegue eso hay algo bien importante para nosotros, y es que tenemos toda la oportunidad de obtener la salvación y Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador, porque hay un Sacrificio de Expiación por el pecado efectuado por Cristo mismo con Su propio cuerpo, para ser la persona reconciliada con Dios y recibir la Vida eterna. "Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna."

No hay otra persona que pueda darle Vida eterna al ser humano, por lo tanto, toda persona necesita a Jesucristo, ya yo lo recibí como mi Salvador y Él me dio Vida eterna, me ha dado Vida eterna en mi alma y en mi espíritu, y me va a dar la Vida eterna física cuando me transforme si continuo vivo hasta ese momento de la transformación, o me resucitará, si muere mi cuerpo físico, me resucitará cuando Él resucite a todos los que han partido y están en el paraíso en espíritu, están en cuerpo espiritual.

Por lo tanto, no importa si la persona muere o continúa viviendo, lo que importa es que la persona haya recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador y así confirmado su vida en la Vida eterna, para así estar tranquilo, estar en paz con Dios en la Casa de Dios.

Ahora, hemos estado viendo cómo vamos a la Casa de Dios: por medio de Cristo es que vamos, entramos por la puerta que es Cristo, que es Casa de Dios y puerta del Cielo, es la Iglesia del Señor Jesucristo señalada también como la Esposa del Cordero, una Novia o Esposa virgen, porque ha sido limpiada con la Sangre de Cristo, sin mancha y sin arrugas. La Sangre de Cristo no cubre el pecado, quita el pecado, y nunca más Dios recuerda el pecado de la persona, es echado en el mar del olvido.

Si alguna persona ha recibido a Cristo como Salvador, tiene Vida eterna, si alguna persona no lo ha recibido, no tiene Vida eterna, Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13: "Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo, el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo, no tiene la vida." Y luego por el verso 12 y el 13 dice, nos da la buena noticia que es: que Dios nos ha dado Vida eterna.

Por lo tanto, los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, y al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo ha nacido la fe de Cristo en su alma, pueden dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador, para lo cual les invito a pasar al frente para que oremos por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y le dé Vida eterna. Vamos a dar unos minutos mientras llegan las personas para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en esta hermosa ciudad de Bogotá, y los está llamando en este tiempo final, y en todos los lugares que me están escuchando en las diferentes naciones, para lo cual también pueden venir a los Pies de Cristo los que están en otras naciones y ha nacido la fe de Cristo en su alma.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final. Ustedes están escuchando el Evangelio de Cristo porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Él dijo que Él conoce los nombres, por lo tanto, Él dice: "Yo llamo a mis ovejas por su nombre." ese es un llamado acá en el alma de la persona, que viene por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Palabra de Cristo, hablándole a las personas. "También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor."

La Voz es el Evangelio de Cristo, el buen pastor es Cristo, y el redil es la Iglesia del Señor Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Son todos ustedes y yo también. Todavía estamos esperando mientras llegan las personas en las cuales ha nacido la fe de Cristo en esta mañana, y han recibido el llamado de Cristo directo en su alma.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están también en otras naciones, y los niños de diez años en adelante pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.

Es un tiempo glorioso el que estamos viviendo en este tiempo final. Hebreos, capítulo 3, verso 7, y Hebreos, capítulo 4, verso 7, dice: "Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón," Él le ha hablado a usted directamente a su alma, a su corazón, a lo que usted es en realidad: alma viviente.

El Evangelio de Cristo es un mensaje directo para el ser humano, para el alma, que es en realidad lo que es el ser humano: alma viviente. "Todavía hay lugar," dijo el Siervo al Padre de familia, dijo el Espíritu Santo a Dios el Padre: "Todavía hay lugar," y el Padre de familia dijo que fuera por los collados, por todos los lugares, y le dijo que los forzara a entrar para que se llene Su Casa, dice: "Para que se llene mi Casa." Son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero, son convidados por medio del Evangelio de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguna persona por venir, puede pasar al frente para que quede incluida en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo dentro de algunos momentos. Primero escuchen y luego todos juntos haremos la oración.

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo,, vengo a Ti con todas estas personas, estas almas, que han venido a los Pies Jesucristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora todos juntos, los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mi el nuevo nacimiento. Te lo ruego, oh Señor Jesucristo, en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: "Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?"

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, Él dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo."

El mismo Cristo fue al Jordán donde Juan estaba predicando y bautizando, y entró a las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan, y Juan le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tu vienes a mi para que yo Te bautice?" y Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia," y entonces lo bautizó.

Si Jesús para cumplir toda justicia necesitaba ser bautizado, cuánto más nosotros, para identificarnos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque el bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Conscientes del simbolismo del bautismo en agua, pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente, Alejandro Sarria con ustedes, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando un día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

"LA CASA DEL REY, LA CASA DE DIOS."

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