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Muy buenos días o buenas tardes, amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes ministros y congregaciones, hermanos y hermanas en los diferentes países, y sobre mí también, y nos hable en esta ocasión por Su Palabra las cosas que debemos conocer. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Efesios, capítulo 1, verso 3 en adelante, dice:

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria."

Y el capítulo 2, verso 4 en adelante, dice:

"Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

no por obras, para que nadie se gloríe.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"LA INFLUENCIA DE LA DIMENSIÓN CELESTIAL CON LO TERRENAL."

Cristo dijo en una ocasión allá en San Juan, capítulo 3: "Nadie subió al cielo..." capítulo 3, verso 11 en adelante dice:

"De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo."

Y ahora, encontramos en estas palabras de Jesucristo, que Él conocía las cosas celestiales; y si cuando les hablaba de las cosas terrenales no podían creer, cómo iban a creer si les hablaba las celestiales; vean cómo nos dice también en San Juan, capítulo 8, verso 21 en adelante, dice:

"Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.

Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?

Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho."

Y ahora, aquí Cristo dice: "Si no creéis que yo soy..." o sea, que Cristo es el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, que vino para morir en la Cruz del Calvario, para ser levantado como Moisés levantó la serpiente en una vara para que todo aquel que era mordido por serpientes venenosas, y por consiguiente estaba condenado a la muerte, mirara a esa serpiente de bronce y el veneno de las serpientes quedaba anulado.

Así Cristo fue levantado en una Cruz para que todo aquel que mira la crucifixión de Cristo a través de la predicación del Evangelio de Cristo, crea en Cristo, y queda anulado, sin efecto el pecado, el veneno del pecado de la serpiente antigua que es el diablo y Satanás, el cual colocó ese veneno en la raza humana.

La paga del pecado es muerte. El diablo introdujo la muerte a la raza humana allá en el Huerto del Edén cuando hizo que pecara Eva y Adán, así introdujo, entró a la raza humana la muerte a causa del veneno del pecado, así como la muerte viene y está condenado a muerte la persona que es mordida por una serpiente venenosa.

El pueblo de Israel en el desierto era mordido por las serpientes venenosas, y arrepentidos de sus pecados miraban a la serpiente de bronce, y la muerte era cancelada porque el veneno de las serpientes era anulado. Así el veneno del pecado que introdujo el diablo, haciendo pecar a Eva y a Adán, queda anulado, y entonces la persona ya no está condenada a muerte sino que puede vivir eternamente. Es la Vida eterna la que perdió el ser humano en el Huerto del Edén, es la muerte a la Vida eterna a la cual está condenado el ser humano, a causa del veneno del pecado.

Pero cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo y mira al Cielo, a Cristo, y lo recibe como Salvador, confesando a Cristo sus pecados, sus pecados son echados en la Sangre de Cristo, y desaparecen, como una mancha en una prenda de vestir a la cual, vamos a decir, una prenda blanca de vestir que se mancha con tinta, la echan en un lugar con blanqueador, ya sea cloro o cualquier otra marca, y desaparece la tinta, la mancha de tinta.

Así desaparece de la persona la mancha del pecado que tenía la persona, y así como la tinta regresa a lo que era antes de ser tinta, sus elementos regresan a lo que era antes y la persona no lo puede ver, así regresa al original, o sea, al dueño original, que es el diablo, el pecado de la persona que ha recibido a Cristo como Salvador y ha sido limpiado con la Sangre de Cristo.

La Sangre de Cristo desintegra el pecado y lo regresa a su dueño original que es el diablo, tan sencillo como eso. Por eso la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario fue tipificada en la serpiente de bronce que levantó el profeta Moisés en el desierto, la levantó en una vara para que las personas que eran mordidas por las serpientes venenosas miraran a esa serpiente de bronce arrepentidos de sus pecados, y quedaran libres, sanados, libres del veneno de la serpiente que causaba la muerte.

Así el veneno del pecado que causa la muerte a la persona, la muerte para el alma de la persona, es quitada, quitado ese veneno del pecado. Para eso fue que vino Cristo a la Tierra: para morir por todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, eso es importante comprenderlo para poder así atesorar la bendición tan grande que vino Cristo a traer a los seres humanos.

Por eso la Redención por Su Sangre fue llevada a cabo, ese Sacrificio, por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes, por eso es que se ha estado predicando el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, por alrededor de dos mil años. Es importante comprender estas cosas para saber la bendición tan grande que hay para todo ser humano; es por mí y por ti que Cristo vino y murió en la Cruz del Calvario.

Y ahora, comprendiendo esto podemos saber el porqué servimos a Cristo con toda nuestra alma, y comprender que, así como Cristo no es de la Tierra, sino del Cielo, los escritos en el Libro de la Vida del Cordero son del Cielo también, estaban en Dios eternamente, y vean cómo nos dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos..."

No son de la Tierra, sino del Cielo, todos los hijos e hijas de Dios que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, son seres del Cielo que estaban eternamente en Dios y que pueden decir lo mismo que Jesucristo decía: "Salí de Dios y vuelvo a Dios." Él, a todo lo que es heredero, también lo son todos los hijos e hijas de Dios. Estábamos en Cristo, y por medio de Cristo regresamos a Dios, por medio de Cristo es que nacemos en el Reino de Dios, somos restaurados al Reino de Dios, somos restaurados, por consiguiente, a la Vida eterna, para lo cual hay una influencia celestial en la Tierra, en medio de la raza humana, que influye sobre las personas que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Encontramos por ejemplo el caso de Jesús, aun para nacer en la Tierra hubo una influencia celestial: el Ángel Gabriel fue enviado para darle la buena noticia a la virgen María de que ella iba a concebir e iba a tener un niño, y que le pusiera por nombre Jesús y que Dios le daría el Trono de David su padre, y reinaría sobre todo Israel.

Vean la influencia que hubo en María, y le dijo el Ángel, cuando ella pregunta: "¿Cómo será hecho esto? pues no conozco varón," o sea, "¿Qué yo tengo que hacer?" ella lo creía, pero no sabía, no conocía, el programa, pero ella sí sabía que la promesa de Isaías, capítulo 7, verso 14, era: "He aquí os daré señal, una señal, he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel (que traducido es Dios con nosotros)."

San Mateo también, capítulo 1, versos 13 al 23, nos habla de esto que le habló el Ángel a José cuando se dio cuenta que María estaba embarazada y que no era de él, y entonces el Ángel le apareció en sueños, porque él quería dejarla secretamente, y el Ángel le dijo que no hiciera eso, que lo que en ella estaba, lo que había concebido, era del Espíritu Santo, y que le pusiera por nombre Jesús, porque Él salvaría a Su pueblo de sus pecados. Y todo esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías en el capítulo 7, verso 14, que dice: "Porque he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel que traducido es Dios con nosotros."

Cuando José tiene este sueño (porque no era profeta, entonces Dios le hablaba por sueños), él pudo ver las cosas celestiales a causa de esa influencia de la dimensión celestial, de la dimensión de los Ángeles; lo mismo que María, pudo ver que ella era la mujer o joven virgen de la cual Isaías hablaba, ella lo vio, lo entendió cuando el Ángel le dio esta buena noticia y le explicó acerca del niño que tendría, que sería llamado Hijo de Dios, que Dios le daría el Trono de David su padre y se sentaría sobre ese Trono y reinaría sobre Israel para siempre, y Su Reino no tendría fin.

Y luego ella quiso saber si ella tenía que hacer algo, porque ello lo creía, pero como todos se preguntan: "Hay tal promesa, y es para nosotros," y la pregunta nuestra es: "¿Qué tengo que hacer?" lo primero es creerla, y cuando la persona pregunta: "¿Qué tengo que hacer?" es porque creyó, porque si no, diría: "A mi no me interesa."

Y el Ángel le dijo que el Espíritu Santo vendría sobre ella, haría sombra sobre ella, y concebiría y daría a luz ese niño que vendría del Cielo, pero Su cuerpo físico nacería en la Tierra a través de una virgen conforme a como estaba prometido. Fue por la Palabra creadora de Dios hablada por el Ángel, que ella creyó; y como creyó, así se cumplió, porque se cumpliría en la que creyó, lo que le fue dicho.

Ella pudo ver, entender, la influencia de la dimensión celestial con lo terrenal, con la raza humana, la raza terrenal; porque cuando nacemos aquí en la Tierra, nuestro cuerpo físico es terrenal, por eso la Escritura dice que hay cuerpo animal y cuerpo celestial, y el primer cuerpo que obtenemos es terrenal, animal, pero el cuerpo nuevo que recibiremos será celestial, glorificado, en la transformación, cuando ocurra.

Y si alguno parte antes, muere físicamente, recuerde que no estará muerto y sus familiares deben recordar que los creyentes en Cristo no mueren, que lo que muere es su cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión, la dimensión de los Ángeles, el Paraíso, en el cuerpo espiritual llamado espíritu que Dios le ha dado a la persona, y viven allá felices pero deseosos de regresar a la Tierra para tener nuevamente un cuerpo, pero eterno, inmortal y glorificado.

O sea, que todavía están allí en el paraíso, con la influencia de la dimensión celestial, y de seguro allá están viendo los Ángeles, porque allá son como los Ángeles, en cuerpos espirituales, como los Ángeles tienen cuerpo espiritual, esa misma clase de cuerpo angelical.

Recuerden que Cristo dijo que en la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento, sino que serán como los Ángeles, y ya tienen el cuerpo angelical, tanto los que parten como los que están en la Tierra creyentes en Cristo nacidos de nuevo, han nacido del Espíritu de Dios.

Esa es la forma en que teníamos que nacer, como nació Cristo: nacer todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y para que eso ocurra ahora se ha estado predicando el Evangelio de Cristo desde el Día de Pentecostés hacia acá, para que se produzca el nuevo nacimiento, el nacimiento a la Vida eterna y con Vida eterna, de todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Y por consiguiente, a causa de ese nuevo nacimiento nuestra ciudadanía del nuevo nacimiento es del Cielo, celestial, "de donde esperamos también...":

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos (o sea, somos ciudadanos celestiales, de la nueva Jerusalén o de la Jerusalén celestial), de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo."

De ahí, de donde esperamos al Salvador, somos ciudadanos, por eso es que Él nos va a llevar a la Casa celestial, y por esa causa es que somos hijos e hijas de Dios celestiales; y por eso podemos llamar a Dios: Padre nuestro.

Nacemos por medio de Cristo como hijos e hijas de Dios. Cuando se nace a través de nuestros padres terrenales, se nace como hijos de nuestros padres terrenales y por consiguiente como hijos de Adán y Eva, como la descendencia de Adán y Eva:

"El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."

Es una bendición muy grande: todos aquellos que son influenciados de la dimensión celestial, son influenciados para que reciban a Cristo como Salvador, para que nazca la fe de Cristo en su alma, son influenciados para que escuchen el Evangelio de Cristo y de alguna forma... algunos dicen: "Yo no sé cómo es que yo llegué al lugar donde estaban predicando el Evangelio de Cristo, escuché y nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo recibí como mi Salvador."

Es un momento que usted no se podía explicar que ocurriría en su vida, pero ocurrió, y por eso lo recibió como único y suficiente Salvador. No fue usted el que lo programó, fue Dios, Dios sabía y determinó el día en que usted y yo lo recibiríamos como único y suficiente Salvador, es una influencia de la dimensión celestial la que obró para que eso ocurriera en nuestras vidas; y estas personas son guardadas por Dios, son cuidadas por Dios, como Cristo, Jesucristo, aquí en la Tierra era cuidado por Dios.

Cuando fue bautizado por Juan el Bautista, vean, fue dirigido para ir a ser bautizado, y luego cuando se levantó de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Él y ahí fue ungido como el Mesías, el Espíritu del Señor vino sobre Él, el Espíritu Santo, por eso luego podía decir: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido," y comenzó a decir para qué había sido ungido: para predicar el año de la buena voluntad del Señor, abrir los ojos de los ciegos, y así por el estilo, todas las cosas para las cuales había sido ungido, Él las mencionó.

Y todo esto, vean ustedes, vino siendo influenciado por la dimensión celestial; aun el Espíritu Santo lo llevó al desierto y allá estuvo por unos cuarenta días sin comer y sin beber, y dice la Escritura lo que sucedió en la vida de Jesús estando en el desierto ayunando por cuarenta días y cuarenta noches. Si consigo esa Escritura se las voy a pasar para que vean lo que allí sucedió... San Marcos, capítulo 1,versos 9 en adelante, 9 hasta el 13, dice:

"Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él.

Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

Y luego el Espíritu le impulsó al desierto.

Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían."

El diablo, el enemigo, ahí reunió fieras en el desierto, imagínense, ¿qué defensa puede tener una persona que esté en el desierto? y que esté en ayuno, sin comer, débil, pero Dios envió Ángeles, y los Ángeles le servían, Ángeles de Dios, para fortalecerlo y para cuidarlo de las fieras también. La dimensión celestial protegiendo a Jesús.

Aun también en una ocasión por ahí por el capítulo 18 de San Juan, Él hablando con Pilato, y Pilato le dice: "¿Eres Tú entonces el Rey de Israel?" Jesús, hablando con él, le dice... capítulo 18, verso 33 en adelante, dice:

"Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí."

Este es uno de los pasajes que nos habla que el Reino de Cristo no es de este mundo, no es perteneciente al reino de los gentiles, es el Reino de Dios, Su Reino es el Reino de Dios; y por consiguiente, siendo el Reino de Dios, el Reino del Mesías, el Reino terrenal de Dios que hereda Cristo, porque el Ángel Gabriel le dice a la virgen María: "Dios le dará el Reino de David y se sentará sobre el Trono de David y reinará sobre Israel para siempre."

El Reino de Dios, siendo el Reino de David y Trono de David, no es de este mundo, es de Dios, establecido en la Tierra para Dios por medio del Mesías reinar sobre Israel y sobre todas las naciones; por eso es que Cristo, orando en el capítulo 6 de San Mateo, verso 10 en adelante, dice que orando digamos: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase Tu voluntad como en el cielo aquí en la tierra."

La venida del Reino de Dios es el establecimiento o restauración del Reino de David, lo cual está muy cerca de ser restaurado, de ser establecido, en la Tierra, y el Mesías Príncipe sentarse sobre el Trono de David y reinar, y nosotros reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Es importante saber, conocer, todas estas cosas, para saber que así como Cristo estaba influenciado por la dimensión celestial, y era guiado y cuidado por el Padre enviando Ángeles del Cielo que lo cuidarían, así también todos los creyentes en Cristo son cuidados, son protegidos, por estos Ángeles de Dios enviados para la protección de todos los creyentes. Hebreos, capítulo 1, verso 14, dice:

"¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?"

Espíritus ministradores, Ángeles ministradores, enviados a y para aquellos que serán herederos de la salvación. Los que heredan la salvación y Vida eterna tienen una bendición muy grande: son enviados Ángeles para esas personas, "el Ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen y los defiende," así dice el salmista y así dice también el Nuevo Testamento.

Por lo tanto, cada persona tiene un Ángel guardián, el cual y del cual es dicho que es el Ángel de la persona, el mismo Cristo dijo que sus Ángeles, o sea, "los Ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día."

Cada creyente en Cristo tiene su Ángel guardián, e Israel como nación tiene su Ángel guardián también, que es el Arcángel Miguel, ¿qué nación tiene un Ángel guardián como el Arcángel Miguel? Ninguna otra nación.

Y ahora, es así porque Israel como nación, como pueblo, es el hijo primogénito de Dios. Es la primera nación creada por Dios, y establecida por Dios como Su pueblo, Su hijo primogénito, "Israel es mi hijo, mi primogénito." Eso está por ahí por el Éxodo, capítulo 4, por ahí lo pueden encontrar, y en otros lugares también. Capítulo 4, verso 22, dice:

"Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.

Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito."

Y el primogénito de faraón murió en la noche de la pascua cuando murieron todos los primogénitos de Egipto, comenzando desde el hijo del faraón.

Y ahora, encontramos que la dimensión celestial influye sobre los creyentes en Cristo, en favor de los creyentes en Cristo, y son protegidos por esa dimensión, y son guiados, guiados en el camino de Dios.

Vean ustedes, nos dice la Escritura en Hebreos, capítulo 2, y Hechos, capítulo 7, que la Ley fue dada por comisión de Ángeles, y al pueblo hebreo le seguía el Ángel de Jehová, el Ángel de Dios, con una multitud de Ángeles de la dimensión celestial, protegiendo a Israel, Su primogénito.

Así también a los primogénitos de Dios en el nuevo Pacto, Nuevo Testamento, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, les acompaña una multitud de Ángeles, una multitud de las huestes celestiales, protegiéndolos y guiándolos en el camino de Dios.

En una ocasión Jesús dijo que si Él oraba al Padre celestial, Dios enviaría doce legiones de Ángeles, ¿para qué? Para pelear en favor de Cristo, para evitar que fuera crucificado; doce legiones de Ángeles son bastantes para proteger una persona.

¿Cuántas legiones de Ángeles tendrá Dios protegiendo a Su Iglesia y protegiendo a cada miembro de Su Iglesia? Es incontable la cantidad de Ángeles que Dios tiene protegiendo a Su Iglesia del nuevo Pacto, así como protegió a Israel.

Es importante conocer estas cosas para así estar tranquilos, tener paz en nuestro corazón, y saber que si la persona muere, no tiene ningún problema, pasa a vivir al Paraíso, a esa dimensión celestial, en un cuerpo angelical que es un espíritu angelical que la persona ha recibido con el nuevo nacimiento.

En nuestro tiempo hay quizás más Ángeles protegiéndonos que los que hubo en edades pasadas, porque esta es la etapa en donde se llega a la culminación, y el enemigo siempre ha tratado de destruir a la Iglesia del Señor Jesucristo, ha tratado de destruir a los creyentes en Cristo.

La influencia de la dimensión celestial sobre y en favor de los hijos e hijas de Dios, de los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo y de la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, porque Su Iglesia es Su Cuerpo, Su Cuerpo Místico.

La Obra de Cristo Él la continuó a través de Su Iglesia, y por consiguiente a través de Su Iglesia completará la Obra que Él tiene que completar, que llevar a cabo. Así que, hay muchas cosas que estarán pasando en nuestro tiempo porque todas las promesas que han sido hechas a la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo las cumplirá en medio de Su Iglesia y por medio de los instrumentos en Su Iglesia que Él tenga para esas labores.

Las personas han estado viendo a través de los tiempos las Obras de Cristo a través de Su Iglesia, y es importante que tengamos nuestros ojos abiertos a la influencia de la dimensión celestial con lo terrenal, para poder ver en esta Tierra lo celestial obrando por medio de lo terrenal, de la Iglesia del Señor Jesucristo.

En una ocasión Cristo iba con Sus discípulos por un lugar, eso fue por ahí por Jericó, y un hombre ciego llamado Bartimeo, cuando escuchó que venía Jesús, pregunta: "¿Quién es el que viene que hay tanto ruido, tanto alboroto de la gente?" le dicen: "Es Jesús de Nazaret, es el Hijo de David que viene." Y comienza a clamar: "Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí," y Sus discípulos no querían que él se acercara a Jesús, pero por ser judío, Bartimeo, el ciego, tenía derecho a llamarlo Hijo de David, y Jesús le dice a Sus discípulos: "Dejen que venga, tráiganlo acá."

Le llevan a donde Jesús, y Jesús le dice: "¿Qué quieres que te haga?" o sea: "¿Cuál es tu petición, tu necesidad?" y si le preguntan a un ciego: "¿Qué tú quieres que te haga?" ¿qué dice el ciego? "pues que vea," si le preguntan a uno que tiene hambre: "¿Qué quieres?" "pues comida," y así por el estilo, la persona quiere, quiere que su necesidad sea atendida, sea resuelto su problema.

Y Jesús entonces le habla a Bartimeo en San Marcos, capítulo 10, versos 50 al 52:

"El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.

Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.

Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino."

¿Recuerdan al reverendo William Branham cuando estuvo en Puerto Rico en el año 1.959, predicó de Bartimeo el ciego? eso es muy importante; es importante también San Juan, capítulo 9, y por ahí veremos si nos detenemos.

No se preocupen que llueva, a los que no les guste la lluvia o que no les guste que llueva mucho, no se preocupen, vendrán tres años y medio sin agua, sin lluvia, así que le damos gracias a Dios por la lluvia, porque eso quiere decir que todavía no estamos en la gran tribulación; aunque veamos muchos problemas, pero con todo y eso no estamos en la gran tribulación.

Cuando le preguntan al joven que Jesús sanó, cuando le untó, escupió en tierra, científicamente cualquier persona puede decir: "Eso es imposible, que tierra con saliva sane la vista de un ciego." Claro que es imposible, pero la Palabra de Jesús y la fe en Jesús, sí lo hace, Él puede hacer como Él desee hacer, y vean ustedes, ahí en la saliva que colocó iba la Palabra de Cristo colocada.

Después le preguntan al ciego (porque lo hizo en sábado): "¿Cómo fue que te abrió los ojos?" ya sabían que era Jesús, entonces... capítulo 9, verso 19 en adelante, dice:

"Y les preguntaron, diciendo (a sus padres): ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?

Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;

pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.

Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga."

O sea, que era un tiempo de apretura, de persecución, discriminación religiosa:

"Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador."

O sea, decían de Jesús: "Es samaritano, tiene demonios, es un hombre que come y bebe con los pecadores. Él come y bebe, es comilón y bebedor de vino, y amigo de publicanos y de muchas personas más, pecadoras, amigo de publicanos y pecadores," pero Cristo decía: "Yo no he venido a buscar justos sino pecadores al arrepentimiento."

"Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo."

Miren a ver ustedes si descubren cómo ocurrió, una persona que nació ciega de nacimiento ahora estaba viendo, científicamente era imposible, pero ¿hay alguna cosa imposible para Dios? No la hay, y luego más abajo dice:

"Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?

(Y eso como que lo tomaron como una ofensa)

Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.

Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.

Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.

Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.

Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.

Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.

Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.

Y él

(el joven que había sido sanado, dijo) dijo: Creo, Señor; y le adoró."

Le abrió los ojos dos veces, ¿cómo que dos veces le abrió los ojos? Le abrió los ojos físicos y después le abrió los ojos espirituales para ver la influencia celestial que había obrado para recuperar la vista; y la influencia celestial es la más importante, siempre nos guiará a Dios y Su Programa para el tiempo en que la persona está viviendo. Esa influencia celestial obró para la apertura de los ojos espirituales de este joven, dos veces.

El milagro más grande fue el segundo, la segunda vez que le abrió los ojos, que fue los ojos espirituales, para ver quién era el Cristo, quién era el Hijo de Dios, y entonces ahí, luego de haber recibido la sanidad física (le fueron abiertos los ojos físicos), luego le fueron abiertos los ojos espirituales para recibir la sanidad espiritual, la salvación y Vida eterna, ese es el milagro más importante.

Como a Bartimeo el ciego, que quería que sus ojos fueran abiertos, él quería ver, y todos los que estén ciegos quieren ver. Ya Cristo pagó el precio de la salvación, y todo, la sanidad para toda persona la efectuó Cristo allá en la Cruz del Calvario, todo fue echado en la Sangre de Cristo, como nuestros pecados, y juntamente con nuestros pecados todos los problemas que causa el pecado: cáncer, ceguera, diabetes, y epilepsia, y todos los demás problemas de salud que la raza humana padece, todo eso fue echado en la Sangre de Cristo cuando fueron echados allí sobre Cristo nuestros pecados, Él llevó nuestros pecados y por consiguiente todas las consecuencias del pecado Él las llevó y por consiguiente la Sangre de Cristo quitó todo.

Y ahora con nuestra mirada puesta en Cristo, creyendo en Cristo, la persona tiene el derecho a obtener su restauración a la Vida eterna y su restauración a la salud total, no importa el problema de salud que tenga la persona.

Vean, ese niño, ese joven que nació ciego, recibió la vista, o sea, que fue una obra de creación la que se llevó a cabo en él. Así como Cristo, el Ángel del Pacto, Dios por medio del Ángel del Pacto, creó los Cielos y la Tierra y luego le creó a Adán un cuerpo físico del polvo de la tierra, ahí tiene el polvo de la tierra, Cristo tomando, escupiendo en tierra y haciendo barro y colocándolo sobre los ojos del ciego. Vean cómo fue creado allí, y le dice: "Ahora ve y lavate allá en la fuente de Siloé (parece que fue, que significa: "el enviado" y el enviado es Cristo)."

Y el que fue ciego luego seguía a Cristo, creyó en Cristo, el Hijo de Dios, y le adoraba, así hacen todos aquellos que son ciegos y que Cristo les abre los ojos espirituales y lo reciben como único y suficiente Salvador, lo reconocen a Cristo como el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, el cual murió por nuestros pecados en la Cruz del Calvario, y todo eso viene de la dimensión celestial, influye en la vida de la persona para que nazca la fe de Cristo en su alma y lo reciba como único y suficiente Salvador, crea en Cristo, el Hijo de Dios.

La vida de cada creyente en Cristo en esta Tierra es acompañada por Ángeles de Dios. No estamos solos, el Ángel de Dios acampa en derredor de los que le temen y los defiende. Cuántas veces usted y yo hemos pasado por etapas en donde podíamos perder la vida terrenal en un accidente o en algún otro problema, aún estando en el vientre de nuestra madre, si no nacíamos a tiempo y tardábamos mucho tiempo, demasiado, no estaríamos aquí.

Es importante que sepamos que no estamos solos, la dimensión celestial nos acompaña con Ángeles, huestes de Ángeles acompañan a la Iglesia del Señor Jesucristo y todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo. San Pablo decía en algunas ocasiones: "El Ángel del Señor me apareció." Allá en la embarcación que estaba bajo una tormenta y el Ángel del Señor le apareció a Pablo, y le dijo: "Aunque la embarcación será destruida, se romperá, ninguno de los que están en la embarcación morirá," y eso se lo comunicó a todos los de la embarcación, al capitán y todos los marineros y todos los presos que iban en esa embarcación.

Estamos acompañados por las huestes celestiales, como el profeta Eliseo cuando fue rodeado por el ejército sirio, durante la noche llega Giezy y despierta a Eliseo y le dice: "Estamos rodeados de los ejércitos sirios." Eliseo le dice: "Son más los que están con nosotros que los que están en contra (o sea) estate tranquilo," Eliseo a lo mejor en ese momento no estaba viendo las huestes celestiales, pero él sabía que estaban con él, las había visto quizás en otras ocasiones o había visto cuando Elías se fue, fue arrebatado o raptado, él por medio de la Palabra sabía que estaba acompañado por huestes celestiales, y también ya había tenido la experiencia.

En esos momentos él no tenía que estar viendo, él sabía y creía, y usted y yo no tenemos que estar viendo nada, sino viendo que está en la Escritura y que como Dios ha dicho, así es, porque esta es la Palabra de Dios y así lo creemos y por eso es que estamos en el camino de Cristo como miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque los Ángeles de Dios acampan en derredor de los que le temen y los defiende.

Y ahora, Giezy no podía ver, tampoco estaba creyendo, y por eso no podía ver, no podía ver que en la Palabra de Dios está, había acompañado el Ángel de Dios con huestes celestiales a Israel, los sacó de Egipto y los guió hasta la tierra prometida. Cuando le dio la Ley, dice que la Ley fue dada por comisión de Ángeles, Ángeles que estaban allí.

Hay también en medio de los judíos el grupo de los saduceos del tiempo de Jesús, y si todavía hay los que no creen en Ángeles ni en espíritu, entonces son de ese grupo; pero los creyentes en la Palabra de Dios creen en Ángeles, creen en espíritu, creen en el Espíritu Santo, creen que el ser humano tiene espíritu, es alma, y que tiene cuerpo también; y que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el mismo Dios.

Y ahora, Dios le dice o Eliseo le dice: "Dios, ábrele los ojos a éste para que vea," y le fueron abiertos los ojos espirituales y entonces vio los montes llenos de carros de fuego, Ángeles, carros de fuego, y todas estas cosas.

Dios le ha abierto los ojos espirituales a los creyentes en Cristo para, sin ver, creer, porque son bienaventurados los que no vieron y creyeron. Les han sido abiertos los ojos espirituales para ver la Palabra que está dicha, y creer. No necesitan ver literalmente nada porque ya lo ven en la Palabra y así es. Y cuando estemos transformados, entonces esa dimensión estará completamente abierta para todos nosotros, y si Dios nos permite, que nos abra los ojos espirituales, físicamente espirituales, para ver con nuestros propios ojos la dimensión de los Ángeles, pues le daremos gracias a Dios también.

Pero primero lo creemos como está en la Palabra. Después más adelante, quizás en la Tercera Etapa que se cumplirá en una Gran Carpa-Catedral, ahí probablemente veremos que al lado de cada creyente en Cristo estará un Ángel, su Ángel guardián; y que cuando se reúnen en el culto, no solamente se encuentra el cuerpo físico, sino que también los Ángeles están, así que cuando hay una multitud, digamos de cien, quinientos, mil o diez mil, se multiplica por dos o por más.

Las huestes celestiales acompañan a los creyentes en Cristo, y cuando se reúnen, ahí están las huestes celestiales reunidas también, las que acompañan a los creyentes en Cristo. Nunca han dejado a los creyentes en Cristo, sino que han permanecido con los creyentes en Cristo, y por eso es que algunas veces influyen para que tengan sueños de Dios, como los tuvo José, el marido de la virgen María, para que no cometiera el error de abandonarla, y cómo profetas, como Daniel, tuvieron sueños y tuvieron también visiones, por la influencia de la dimensión celestial.

La dimensión celestial influye sobre la raza humana. Pero también hay otra dimensión, la dimensión de las tinieblas, del reino de las tinieblas, del maligno, influye también sobre seres humanos, y dependiendo de qué, de cuál dimensión influya sobre la persona, será el efecto que causará sobre la persona.

El reino de los gentiles está influido por el reino de las tinieblas, e influye en todos los aspectos del reino de este mundo el reino de las tinieblas; el reino de las tinieblas influye sobre el reino de este mundo, el reino de los gentiles.

Recuerden que Cristo dijo que el príncipe de este mundo, que es el maligno, vendría, eso está por ahí por San Juan, capítulo 12, verso 31, y San Juan, capítulo 14, verso 30; y también por ahí por el capítulo 16 de San Juan, pero Cristo dijo: "Pero él nada tiene en mí."

Él quería juntar el reino suyo con el Reino de Dios cuando le ofrece a Cristo los reinos de este mundo, y Cristo los rechaza, ¿qué quería hacer? Él quería introducir y que Cristo introdujera en el Reino de Dios la adoración a Satanás, que era lo que él exigía, Satanás, el diablo, a Cristo, le dijo que si postrado lo adoraba le daría todos los reinos del mundo, él dijo que eran de él y a quién él quería los daba.

El anticristo es el que acepta ese ofrecimiento, y siempre hubo, hay y habrá hasta cierto tiempo la lucha de ambos reinos: del reino de las tinieblas y del Reino de Dios, por lo cual las palabras de San Pablo que dice que "el diablo está como león rugiente buscando a quién devorar," Pedro también habla de eso, es importante entenderlo, para que cada uno se cuide del maligno que está como león rugiente buscando a quién devorar, y sobre todo tratando de devorar, de destruir, a los hijos e hijas de Dios, y a la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los hijos e hijas de Dios.

Estamos en tiempo peligroso. Cuídese cada creyente en Cristo, manténgase orando, vigilando, y con sus pecados confesados a Cristo, para que sean echados dentro de la Sangre de Cristo, y desaparezcan. Mantenga su vida consagrada a Cristo, apartados de todos los pecados y de todos los vicios y de toda cosa que hace daño al cuerpo, al espíritu y al alma, para que así la influencia de las cosas celestiales en usted y en mí sea de bendición, sea una bendición grande en nuestras vidas.

La influencia de la dimensión celestial con lo terrenal, con y en medio de los seres humanos, para que así podamos ver lo que está haciendo la dimensión celestial también en cuanto a lo que Dios ha prometido y cómo Él cumple lo que ha prometido, cómo lo ha cumplido en edades pasadas lo que prometió para cada tiempo, y cómo ha comenzado a cumplir lo que ha prometido a Su Iglesia para este tiempo final, y así nuestra fe se mantenga en alto y siga creciendo hasta que llegue a ser la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

"LA INFLUENCIA DE LA DIMENSIÓN CELESTIAL CON LO TERRENAL."

En el cumplimiento de la Visión de la Carpa va a haber una influencia tan grande de la dimensión celestial, que el reverendo William Branham dijo que el Ángel del Pacto y la Columna de Fuego, la misma Columna de Fuego que guió al pueblo hebreo, los libertó y los guió por el desierto y les alumbraba el camino, va a estar ahí, y el Ángel que acompañaba al reverendo William Branham va a estar ahí también, eso todo él lo vio.

Así que la influencia de la dimensión celestial va a ser al máximo en el cumplimiento de esa promesa de la Visión de la Carpa. La influencia será tan grande, que subirá nuestra fe a tal grado que tendremos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Lo creemos en la Palabra que fue hablada por el Espíritu Santo a través de los profetas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, entre los cuales está San Pedro, San Pablo, cada mensajero, el reverendo William Branham, y así por el estilo.

"LA INFLUENCIA DE LA DIMENSIÓN CELESTIAL SOBRE LO TERRENAL." Esa influencia de la dimensión celestial es la que ha hecho, la que ha obrado para que estemos aquí reunidos en esta ocasión, y los que están en otras naciones reunidos donde se encuentran, y para que hayan recibido a Cristo como Su Salvador en el momento en que lo hicieron.

Y si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, porque la influencia de la dimensión celestial ha estado obrando en vuestra alma, en vuestro corazón, a medida que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y ha nacido la fe de Cristo en su alma, y ahora, con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Por lo cual pueden recibir a Cristo como Salvador para dar testimonio público de su fe en Cristo, y estaremos orando por usted, para lo cual pueden pasar acá al frente, y en los lugares de otras naciones pueden pasar al frente donde se encuentran para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras llegan a los Pies de Cristo los que han sido influenciados por la dimensión celestial, que ha nacido la fe de Cristo en su alma, porque la fe viene por el oír la Palabra, la fe de Cristo; no es fe terrenal sino fe celestial, la fe de Cristo. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, los que se encuentran aquí presentes o en otras naciones.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones, los cuales han venido a los Pies de Cristo para dar testimonio, confesar a Cristo como Salvador para la salvación de su alma y ser reconciliados con Dios.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que en diferentes países te están recibiendo, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. En Tus manos los encomiendo para que los salves, les des salvación y Vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo los entrego en Tus manos.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Señor, la salvación que ganaste para mí y para todo ser humano en la Cruz del Calvario, te ruego que se haga una realidad en mi vida. Sálvame Señor, te lo pido, te lo ruego, en Tu Nombre, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: "Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor. ¿Cuándo me pueden bautizar?" Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro Salvador, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua no quita los pecados en el bautismo, es la Sangre de Cristo la que quita los pecados del ser humano. El bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna. Por lo cual pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente en cada país para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y aquí dejo al reverendo José Benjamín Pérez para continuar.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad, y el próximo domingo nos veremos nuevamente. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

"LA INFLUENCIA DE LA DIMENSIÓN CELESTIAL SOBRE LO TERRENAL."

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