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Muy buenos días, amables amigos, hermanos, ministros y colaboradores presentes, hermanas y hermanos, y también los que están en otras naciones, hoy primer sábado del mes de julio. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también y nos abra las Escrituras en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Buscamos Primera de Reyes, capítulo 18, donde leeremos un pasaje que nos habla del profeta Elías. Capítulo 18, versos 17 en adelante de Primera de Reyes dice:

“Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel?

Y él (Elías) respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.

Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.

Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.

Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.

Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.

Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.

Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.

Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.

Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.

Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.

Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,

edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.

Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.

Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez,

de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.

Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.

Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.

Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.

Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, y nos abra el entendimiento en este corto estudio bíblico que tenemos para esta ocasión, titulado: “DIOS VINDICANDO SU PALABRA EN CADA TIEMPO.”

Dios habló Palabra profética para cada tiempo, esas son las profecías bíblicas dadas por Dios a través de Su Espíritu Santo a los profetas, y los profetas hablando siendo inspirados por el Espíritu Santo al pueblo; estos son los pensamientos de Dios transmitidos al corazón y espíritu de los profetas, por medio del Espíritu Santo.

El pensamiento divino no es la Palabra hasta que viene al corazón y la mente y la boca de un hombre, de un profeta, y es hablada esa Palabra, lo cual es el pensamiento de Dios expresado por medio del Espíritu Santo a través de un hombre, de un profeta. Eso es la Palabra hablada de Dios, en la cual está la profecía para ese momento o para un tiempo cercano, intermedio, o lejano; así es como Dios ha mostrado lo que Él va a llevar a cabo para cada Edad y para cada Dispensación. Y eso es la Palabra profética, de la cual dice el apóstol Pedro en su carta de Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 19 en adelante, dice:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones…”

O sea, que tenemos que estar atentos a la Palabra profética, sabiendo que las cosas que van a suceder ya están habladas por Dios a través de Sus profetas de las diferentes dispensaciones y diferentes edades de esas dispensaciones, “porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas,” dice Amós, capítulo 3, verso 7. Esa es la misma Palabra de la cual habla Zacarías en el capítulo 7, versos 11 al 12, cuando dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros…”

¿Cómo Dios enviaba Su Palabra? Por medio de Su Espíritu. ¿A quién, y por medio de quién? Por medio de Su Espíritu Santo a través de los profetas que Él enviaba, por medio de los profetas. O sea, que toda Palabra divina, toda Palabra profética de Dios, ha venido por medio del Espíritu Santo a través de los profetas de Dios.

Vean, sigue diciendo en Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 20 (sigue diciendo), 20 al 21, es la continuación del verso 19 que ya leímos, dice:

“…entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada…”

O sea, que no puede venir una persona, un seminario o un profesor de seminario, a interpretar esa Palabra profética. Esa Palabra profética es interpretada por el mismo que la dio a través de los profetas: por el Espíritu Santo, revelando el significado de esa Palabra profética, dando a conocer su significado, y el cumplimiento de ella, cuando se cumple, así como ha sucedido en tiempos pasados.

Por ejemplo, tenemos la Palabra profética dada a Abraham, que la descendencia de Abraham vendría a ser esclava en tierra ajena (capítulo 15, verso 12 al 19 del Génesis), y que serían esclavos allí por cuatrocientos años; pero que Dios los libertaría con mano fuerte, y saldrían con gran riqueza, y en la cuarta generación regresarían a la tierra de Israel, a la tierra que prometió a Abraham, en donde estaba viviendo Abraham en esos días.

Cuando llegó el tiempo para el cumplimiento de esa promesa, nació un niño en la tribu de Leví, descendiente del padre, de un descendiente de Leví: Amram (padre) casado con Jocabed, tuvieron un niño, ya habían tenido una niña y un niño: Aarón y María o Miriam, y luego tuvieron otro niño al cual la hija del faraón le puso por nombre Moisés, porque “de las aguas fue sacado.” Sus padres lo vieron un niño hermoso, y no lo entregaron para ser matado, porque habían dictado una sentencia sobre todos los niños que nacieran de los hebreos, una sentencia de muerte.

Y en ese tiempo tan peligroso nació Moisés, el Libertador. Lo vieron hermoso, lo guardaron por unos tres meses, y por temor luego lo enviaron en una barquilla o una canasta por el río, en dirección al lugar donde la hija del faraón salía cada día a bañarse en el río. Y su hermanita Miriam estuvo pendiente hasta que llegó adonde estaba la hija del faraón bañándose, llegó la canastilla donde estaba Moisés, un niñito, un bebé, de unos tres meses de nacido. 

Y cuando lo toma la hija del faraón y lo ve hermoso, ya le pone por nombre Moisés, porque de las aguas lo sacó, y entonces sabe que es un niño hebreo por la ropa, por la sabanita que le pusieron, y quiere conseguir una señora que lo críe hasta cierta edad. Y ahí está Miriam, que le dice que ella le va a conseguir una señora hebrea que le va a criar el bebé hasta cierto tiempo. 

Vuelve a la mamá, ya intocable, porque ahora es la hija del faraón la que ordena que le críen ese bebé, y lo va a adoptar como hijo, y así, vean, la vida de Moisés es una vida de milagros, igual que la vida del pueblo hebreo es una vida de milagros; se ve la intervención de Dios en medio del pueblo hebreo, se ve la intervención de Dios en la vida de Moisés, se ve la intervención de Dios en la vida de Jacob, se ve la intervención en la vida de Isaac, se ve la intervención divina en la vida de Abraham también. ¿Y en quién más? En cada uno de nosotros también, hay una intervención divina.

¿Cuándo dijo usted que usted quería venir a vivir en este tiempo? Nunca, usted no decidió eso, fue intervención divina. ¿Cuando dijo usted que quería tener un cuerpo como el que usted tiene? Nunca, fue elección divina. Por lo cual le damos gracias a Dios por el cuerpo que nos ha dado, la vida terrenal que nos ha dado, para que hagamos contacto con la Vida eterna y seamos adoptados, en lo espiritual, como hijos e hijas de Dios, lo cual se obtiene cuando la persona lo recibe a Cristo como Salvador, es bautizada en agua en Su Nombre, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento; ya recibió la adopción espiritual, ya tiene Vida eterna, ya fue restaurado a la Vida eterna, su alma tiene Vida eterna.

Ahora nos falta Vida eterna física, lo cual será la adopción, la redención del cuerpo, con la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, lo cual será la adopción para ellos, y la adopción para los creyentes será nuestra transformación, para tener cuerpos inmortales, incorruptibles, tener el cuerpo que Dios desde antes de la fundación del mundo pensó para cada uno de nosotros: un cuerpo con Vida eterna fue lo que Dios pensó para todos nosotros.

Esa es la meta de Dios, ¿y de quién más? Es la meta nuestra también: ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, lo cual será la imagen y semejanza de Dios; ser iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, nuestro hermano mayor. Y ahora, Dios Todopoderoso es el que ha estado llevando a cabo Su Programa, Su Plan, con cada uno de nosotros, con Su Iglesia y con todo el Universo.

Hace poco descubrieron y que es la partícula de Dios, científicamente han descubierto algo importante, de seguro algo pequeñito, pero algo grande en cuanto a descubrimiento; porque con eso, pueden descubrir el origen de la Creación. Es con el equipo éste, grande, un túnel grande de metal que prepararon, que mide muchos kilómetros de largo, en donde tratan de reproducir cómo fue el Big-Bang, esa explosión que dicen que sucedió para la creación del Universo.

Si la ciencia ha llegado a ese nivel ya, es porque en el campo espiritual Jesucristo con Su Iglesia está en la etapa más alta en cuanto a la Ciencia celestial, Ciencia divina, conocimiento celestial, y cumplimiento o proceso para cumplimiento de promesas que corresponden para este tiempo final, en donde Dios estará vindicando Su Palabra prometida para nuestro tiempo, como ha vindicado, ha cumplido, ha hecho realidad, la Palabra que Él prometió para cada etapa de Su Iglesia pasada y para cada Dispensación pasada.

Cumplió Su Palabra prometida para el tiempo de Noé, cumplió Su Palabra prometida para el tiempo de Abraham, lo correspondiente a aquel tiempo, y cumplió la Palabra prometida correspondiente al tiempo de Isaac, la Palabra prometida correspondiente al tiempo de Jacob, y lo que tenía que ver con el futuro ha estado en proceso de cumplimiento conforme a lo que Dios ha prometido.

Pero cuando la última Palabra prometida sea cumplida, sea vindicada, entonces vendrá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estemos vivos en ese tiempo, y luego el rapto y arrebatamiento. Y todo eso está ligado al cumplimiento de una promesa grande que hay para la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la aparición en medio del Cristianismo de una Gran Carpa Catedral, donde la presencia de la Columna de Fuego, de aquella Luz, que le apareció a Moisés, de aquella Luz que guiaba al pueblo hebreo, que libertó al pueblo hebreo, y que después apareció en el monte Sinaí, la presencia de Dios, Cristo, el Ángel del Pacto, en esa Luz, en esa Columna de Fuego, estará en el cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Es la misma Luz, la misma Columna de Fuego, que le apareció a San Pablo, una luz más fuerte que el sol; Saulo quedó ciego, cayó del caballo, y aquella Luz le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Era el Ángel del Pacto, la Columna de Fuego, Cristo, hablándole a Saulo de Tarso. Saulo de Tarso sabía que esa Luz que le hablaba era la misma que le había hablado a Moisés y le había dicho: “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” y ahora Saulo de Tarso se encuentra persiguiendo al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; pero él no entendía cómo, si estaba persiguiendo a unas personas que habían sido condenadas en su líder, cuando fue condenado su líder Jesús, ¿cómo era posible que Saulo estuviera persiguiendo al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Y Saulo le dice: “Señor (reconoció que era el Señor, el mismo que le había hablado a Moisés), Señor, ¿quién eres?” Y aquella Luz y de aquella Luz sale la Voz que le dice: “Yo Soy Jesús, a quien tú persigues.”

¿Ven? Era Jesucristo, el Ángel del Pacto, el que le dio a Moisés en el monte Sinaí las dos tablas con los Diez Mandamientos escritos por el dedo de Dios. Porque la Ley fue dada por comisión de ángeles, allí estaba el Ángel del Pacto, y ejércitos celestiales le acompañaban. Es importante saber quién es el Ángel del Pacto: es Cristo, Cristo en Su cuerpo angelical, el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas; Dios por medio de Su cuerpo angelical, que es Cristo, el Ángel del Pacto, habló a existencia todas las cosas, y Él es el que vindica Su Palabra prometida para cada Edad. Para cada Edad o cada Dispensación o cada etapa de la Iglesia, no funciona otra Palabra sino la que está prometida para ese tiempo. Dios no vindica otra Palabra sino la que Él ha prometido para ese tiempo.

Y lo que Dios ha prometido para ese tiempo, Dios lo hace realidad, y esa es la Luz para el pueblo que vive en ese tiempo, les ilumina, les llena del conocimiento del Programa Divino, y los creyentes, al recibir, ver y recibir, esa Palabra, están recibiendo la Luz de su Edad y de su Dispensación, están recibiendo la Palabra vindicada por Dios para ese tiempo.

Los del tiempo de Jesús no podían estar recibiendo en ese tiempo la Palabra correspondiente al tiempo de Noé; ya eso había pasado, ya era historia. Y solamente ocho personas recibieron esa Palabra, y se salvaron. 

Por lo tanto, lo que piense o digan las mayorías, no es lo correcto, no es la verdad. Es la Palabra que Dios ha prometido para el tiempo en que la persona está viviendo, esa es la Verdad divina para ese tiempo, y esa es la que Dios vindica, la que Dios cumple para ese tiempo, y la que Dios respalda; y con esa Palabra prometida para ese tiempo es que Dios hace la Obra correspondiente a ese tiempo. Y el que es de Dios, pues, oye la Voz de Dios y lo sigue; las ovejas del Señor escuchan la Voz del buen Pastor, y lo siguen, y Él les da Vida eterna.

Esa es la forma establecida por Cristo para dar Vida eterna a los seres humanos. Dios por medio de Cristo nos da Vida eterna, no hay otra forma para recibir la Vida eterna. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Es por medio de Cristo que llegamos a Dios, no hay otro camino. Es un camino angosto, pero es el camino que lleva a la Vida eterna.

“DIOS VINDICANDO SU PALABRA EN CADA TIEMPO.”

A través de la Biblia podemos ver cuál fue la Palabra dada por Dios proféticamente para ser cumplida en cada etapa de Su Iglesia. Y hemos visto que fue cumplida la Palabra prometida para cada Edad o etapa pasada de la Iglesia, ¿y qué es lo que falta? Pues la materialización, el cumplimiento, la vindicación, de lo que Dios ha prometido para nuestro tiempo.

Ya mucha Palabra prometida para nuestro tiempo ha sido cumplida, y queda Palabra también por ser cumplida que está en proceso para ser cumplida. Por ejemplo, la Visión de la Carpa Catedral es una Palabra prometida, una Palabra profética que tiene que ser cumplida a y en medio del Cristianismo en el tiempo final. 

Y cuando estemos viendo esa promesa siendo cumplida, estaremos viendo la Palabra prometida con relación a esa promesa siendo vindicada, siendo hecha una realidad; y los creyentes disfrutando todas esas bendiciones, tanto de estar viendo lo que fue profetizado por el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham. Y estarán disfrutando de las bendiciones que Dios esté dando en el cumplimiento de esa promesa, porque hay grandes bendiciones que Dios tiene para darle a Su Iglesia.

Por ejemplo, la fe para ser transformados y raptados será obtenida en el cumplimiento de la Visión de la Gran Carpa Catedral, donde los siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, estarán hablándole a Su Iglesia y le estará revelando el séptimo Sello, o sea, el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Y alrededor de lo que los Truenos estarán revelando, nacerá la fe (porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios), nacerá la fe, subirá la fe al nivel más alto que creyente en Cristo la haya tenido a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo. Subirá al grado o nivel correspondiente o que se necesita para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, la cual le han llamado muchos predicadores “la fe de rapto,” “la fe de transformación y rapto” también le han llamado, y así por el estilo.

Y así como hemos estado viendo a Dios vindicando Su Palabra en cada tiempo, en cada Edad, en cada etapa de la Iglesia y en cada etapa de las diferentes dispensaciones, la estaremos viendo también esa Palabra siendo vindicada por Dios, esa Palabra prometida siendo hecha una realidad en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en medio del Cristianismo. 

Y cuando la última Palabra sea vindicada, sea hecha una realidad, cumplida, entonces los muertos en Cristo resucitarán primero en cuerpos glorificados, y los que vivimos seremos transformados, y luego seremos llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por eso es tan importante estar atentos a la Palabra profética, a lo que Dios ha prometido para nuestro tiempo, para que no se nos escape la vindicación de eso que Él, Dios, ha prometido, o sea, no se nos escape el cumplimiento de lo que Dios ha prometido para nuestro tiempo; porque como Él ha prometido, así Él va a hacer en este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo.

Él va a cumplir lo que corresponde a nuestro tiempo, y las demás cosas que no han sido cumplidas, las cumplirá más adelante. 

Por lo tanto, atentos a la Palabra prometida de Dios para nuestro tiempo, trabajando en el Programa Divino, para que Dios vindique, haga una realidad, cumpla, lo que Él ha prometido para nuestro tiempo. Como Él ha prometido, así Él va a hacer en nuestro tiempo.

En algún momento se va a cumplir lo que Él ha prometido de que Él va a completar Su Iglesia, y cuando la complete, entonces terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, se convertirá en el León de la Tribu de Judá, tomará el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos, del cual estaremos hablando *mañana (o sea, el próximo domingo) lo abrirá en el Cielo, lo traerá a la Tierra, y ahí va a cumplir lo que corresponde a ese tiempo.

Ahí están escritos los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, y ahí están también las cosas que sucederían en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Todo está ahí, en ese Libro sellado con siete Sellos, el cual será tomado por Cristo, abierto en el Cielo, y entonces hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que ha Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Y ahí es donde los creyentes en Cristo, correspondientes al Cuerpo Místico de Cristo en el Día Postrero, los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos, y los que vivimos seremos transformados. Por lo tanto, ministros en el Evangelio de Cristo, en el Cuerpo Místico de Cristo: adelante; y hermanos y hermanas: adelante, sirviendo a Cristo nuestro Salvador, bien agarrados de Cristo, el Ángel del Pacto, como hizo Jacob, que se agarró del Ángel, de Cristo, y no lo soltó hasta que recibió la bendición hablada del Ángel del Pacto, que es Cristo.

Hay grandes y maravillosas promesas para los creyentes en Cristo de este tiempo final, por lo tanto agárrese bien de Cristo, no se aparte de Cristo en ningún momento y por ninguna causa. Manténgase bien agarrado de Cristo, con la fe firme en Cristo, y con vuestras faltas, errores y pecados confesados a Cristo, para que así la Sangre de Cristo quite todo pecado, toda falta, todo error, y así usted esté como si nunca en la vida hubiese pecado; esa es la forma para mantenerse limpio delante de Dios, para mantenerse sin mancha y sin arruga delante de Dios, como individuos, y también es lo mismo para el Cuerpo Místico de Cristo.

Por lo tanto adelante con la Palabra vindicada por Dios para nuestro tiempo, porque hemos visto a Dios vindicando Su Palabra en cada Edad. Y tenemos que estar alertas para estar viendo a Dios vindicando Su Palabra para nuestro tiempo, para la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad para la adopción de todos los creyentes en Cristo en cuerpos glorificados.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, los que están presentes y los que están en otras naciones. Y hasta el próximo domingo, o sea, pasado mañana... ¿hoy es sábado? mañana más bien (estaba pensando viernes), mañana domingo, Dios mediante, en que estaremos nuevamente reunidos para glorificar a Dios, alabar a Dios, cantar a Dios, y escuchar Su Palabra, para el día de mañana está relacionado al Libro de la Vida del Cordero, o sea, al Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis de capítulo 5, verso 1 en adelante, y Apocalipsis, capítulo 10.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos y continúen pasando una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar en esta tarde. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“DIOS VINDICANDO SU PALABRA EN CADA TIEMPO.”

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