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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es una bendición y privilegio grande para mí estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, donde nos dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL CAMINO PREDESTINADO PARA LA ADOPCIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS.”

Aquí tenemos cuatro cosas muy importantes: el camino, un camino predestinado, algo que ya está elegido por Dios desde antes de la fundación del mundo; y la adopción ¿de quiénes? De los hijos de Dios. La adopción será cuando los creyentes en Cristo sean transformados y así regresen a la Vida eterna física; y los hijos de Dios, pues son los descendientes de Dios que estaban eternamente en la mente de Dios y que sus nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Estos son los hijos e hijas de Dios que tenía que traer Adán y Eva; el primer Adán y la primera Eva tenían que traer estos hijos, pero al pecar, entonces hemos venido en este tiempo nosotros los que vivimos, y los que vivieron en tiempos pasados también llegaron para estar en la Tierra y obtener la redención.

Estos hijos de Dios tienen trazado por Dios un camino desde antes de la fundación del mundo, predestinados para entrar y caminar en esa vía, en ese camino. Entonces, vean, la meta es ser adoptados, lo cual será la glorificación en donde cada creyente en Cristo tendrá un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, hay un camino por el cual ellos andarán. En la Escritura nos habla del camino de la vida, San Mateo, capítulo 7, verso 13 al 14 dice:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

Hay una puerta para entrar, hay un camino para andar, y es angosto el camino como también la puerta es angosta. Hay que entrar por esa puerta para caminar, andar, en ese camino que es angosto, pero lleva a la Vida eterna.

No es como algunas personas piensan, que todos los caminos llevan a Dios, hay un camino que lleva a Dios, y es angosto el camino, y la puerta es angosta también, y por esa puerta angosta y ese camino angosto es que estarán caminando estas personas que serán adoptadas y que son llamadas hijos e hijas de Dios.

Veamos primeramente cuál es ese camino. La Escritura nos habla en el Antiguo Testamento en y a través de los profetas, que habrá un camino por el cual andarán los que servirán a Dios; y luego en San Juan, capítulo 14, Cristo da a conocer cuál es ese camino. Capítulo 14, verso 6 en adelante dice Cristo en San Juan:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Aquí Cristo se identifica como el camino que lleva al Padre, y nos muestra que no hay otra verdad, Él es el camino, la verdad, y la vida; y nadie puede llegar al Padre, a Dios, si no es por medio de Cristo.

Ya tenemos identificado el camino también; en San Mateo leímos, capítulo 7, verso 13 al 14, que hay un camino angosto y una puerta angosta. Veamos entonces cuál es la puerta en San Juan, capítulo 10, verso 9, donde nos dice Cristo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”

Hemos identificado cuál es el camino y cuál es la puerta; tanto el camino como la puerta son angostos.

Y ahora, la adopción: en Romanos, capítulo 8 leímos acerca de la adopción, pero veamos aquí algo en San Juan, capítulo 5, verso 17 en adelante, dice:

“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.”

¿Y cómo trabajaba el Padre y cómo trabajaba Jesucristo? Veamos, sigue diciendo:

“Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.

Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.”

Y ahora, podemos ver entonces que todas las cosas que Jesús hablaba, predicaba, y también los milagros y maravillas que Él llevaba a cabo, los hacía de acuerdo a como el Padre le mostraba que hiciera. O sea, que primero tenía las visiones de todo lo que el Padre le mostraba para que Él hiciera; y en palabras más claras, era Dios el Padre obrando, haciendo esos milagros por medio de Jesucristo.

El cuerpo de carne llamado Jesucristo no hizo ningún milagro, era Dios por medio de Jesucristo manifestado en carne humana hablando por labios humanos y haciendo esos milagros; por eso Él decía que no hacía nada de Sí mismo; aún más, Él dice... Él nos dice en San Juan, capítulo 14, verso 7 en adelante, dice:

“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”

Era Dios el Padre, que moraba en Jesucristo, el cual hacía las obras, hablaba por medio de Jesús y también hacía los milagros:

“Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”

Y ahora, podemos ver que era Dios manifestado en carne humana obrando por Jesús, el cual siempre decía que no hacía nada de Sí mismo, era Dios por medio de Jesús; por ejemplo, si Jesús veía al Padre sanar a un enfermo, cuando Jesús veía ese enfermo luego en la Tierra en la misma forma en que Dios hacía y le mostraba en visión, entonces Jesús hacía, y en la misma forma en que Dios hablaba, luego Jesús hablaba, o sea, repetía lo mismo que había visto en visión y entonces el milagro que había visto en visión se hacía una realidad.

Las visiones de Dios se hacen una realidad por medio de Jesucristo, al cual le eran mostradas, y las visiones y profecías que fueron habladas por los profetas con relación a la primera Venida del Mesías y las cosas que haría el Mesías, luego fueron materializadas en el ministerio de Jesús. Esa es la forma de Dios cumplir Sus promesas correspondientes a cada tiempo; y las correspondientes a la primera Venida de Cristo, del Mesías, ya fueron cumplidas, y las que corresponden al Día Postrero con relación a la segunda Venida de Cristo a Su Iglesia, también serán cumplidas.

Ya están los sueños, visiones y profecías relacionadas a la segunda Venida de Cristo para venir por Su Iglesia en el Día Postrero. Por lo tanto, lo que estará pasando en este tiempo final será la materialización de lo que Dios mostró en visiones, en sueños, lo que habló con relación a la Venida del Señor para el Día Postrero, lo cual le habló a los profetas y ellos lo dieron a conocer; y los tipos y figuras en donde, así como se reflejó en diferentes personas: Abraham, Isaac, Jacob, también los hijos de Jacob.

En José se reflejó la primera Venida de Cristo y también la segunda Venida de Cristo, también en Benjamín se reflejó la primera Venida de Cristo y sus sufrimientos como Cordero, también en Manasés se reflejó el pueblo hebreo, y en Efraín fue reflejada la Iglesia del Señor Jesucristo que recibe la Bendición de la Primogenitura.

Por lo tanto, en Benjamín también se reflejó el grupo de ciento cuarenta y cuatro mil judíos o hebreos, doce mil de cada tribu, que van a encontrarse con el José, su hermano mayor, que será la Venida del Mesías en el Día Postrero, y lo van a reconocer en cierto momento, así como él se reveló a sus hermanos cuando vio a Benjamín, ahí fue que su emoción fue al máximo, y les dijo: “Yo soy José, vuestro hermano, al cual ustedes vendieron,” eso fue cuando se encontró con Benjamín, su hermano de padre y madre, el único hermano de padre y madre, eran ambos hijos de Jacob y Raquel, ambos eran hijos de Raquel.

Cuando nació o para el nacimiento de Benjamín, en el camino a Belén Efrata, ahí murió Raquel dando a luz a Benjamín, y ese niño viene a representar a los ciento cuarenta y cuatro mil judíos que en el Día Postrero van a recibir al Mesías, lo van a reconocer, y eso será cuando se esté revelando el Mesías a Israel. Fue entre los gentiles allá en Egipto, que José estaba en la posición de segundo en el trono, sería el primer ministro o virrey allá del reino del faraón.

Así que para el Día Postrero el José que vendrá, y es el Mesías Príncipe, y ciento cuarenta y cuatro mil hebreos lo van a reconocer, lo van a recibir. En José se reflejó la primera Venida de Cristo y la segunda Venida de Cristo. Es muy importante comprender que para el tiempo final estas cosas han de cumplirse.

Y ahora, los creyentes en Cristo estarán en el camino predestinado para la adopción que será llevada a cabo en el Día Postrero, estarán formando o como parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, y cuando haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, entonces vendrá la adopción que será la redención de nuestro cuerpo, o más claro: la resurrección de los muertos creyentes en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos en el Día Postrero, y formen parte de los hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo.

La meta es gloriosa, la Iglesia Novia del Señor Jesucristo que nació el Día de Pentecostés ha estado pasando de Edad en Edad, pero manteniéndose en el camino predestinado por Dios, que es Cristo, sirviendo a Cristo, siguiendo a Cristo y siendo instrumento de Cristo y siendo la planta de trigo que de Cristo el grano de trigo, surgió, en donde estarán todos los hijos e hijas de Dios de este tiempo final como han estado en cada etapa o Edad pasada.

O sea, que los que serán adoptados estarán en el Cuerpo Místico de Cristo, pues ellos son los que tienen la promesa de la adopción, de la redención del cuerpo, o sea, de la transformación si permanecen vivos hasta el Día Postrero, hasta el momento en que se cumple esa profecía, o si han muerto físicamente, serán resucitados en cuerpos glorificados.

Por lo tanto, lo importante es estar en el camino predestinado por Dios, sirviendo a Dios por medio de Cristo nuestro Salvador. Estas son las personas que tienen la promesa también de reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad; a ellos es que el Reino de Dios ha sido dado, y es por eso que en Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, dice:

“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Dice que con Su Sangre nos lavó de nuestros pecados y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; nos ha hecho para Dios reyes y sacerdotes, o sea, que pertenecemos al poder sacerdotal o el Orden sacerdotal divino, que es el Orden de Melquisedec, del Sumo Sacerdote del Templo celestial, el cual es Jesucristo nuestro Salvador, Sumo Sacerdote en el Templo celestial, el cual hace intercesión con Su propia Sangre por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, los cuales caminan en ese camino nuevo, en el camino predestinado por Dios, y se mantienen limpios, o Cristo los mantiene limpios con Su Sangre preciosa; porque cuando cometen algún error, falta o pecado, lo confiesan a Cristo, y Cristo los limpia con Su Sangre preciosa y así los mantiene limpios ante la presencia de Dios.

Recuerden que el perdón que es otorgado por Dios a través de Cristo, al la persona recibirlo, al confesar a Cristo como Salvador, y también cuando falla delante de Dios y lo confiesa a Cristo, ese perdón hace que Cristo con Su Sangre limpie a la persona de todo pecado, y ya, como hubo un perdón, no hay caso en el cual pueda ser acusada la persona delante de Dios de haber cometido algún error, falta o pecado, porque ya hubo un perdón y la Sangre de Cristo lo limpió.

No puede haber un reclamo porque ya hubo un perdón, ahí está el poder del perdón, y el perdón se hace efectivo cuando la persona lo recibe, fuimos perdonados en la Cruz del Calvario con el Sacrificio de Cristo, pero hasta que la persona confiesa a Cristo, a Dios, sus pecados recibiéndolo como Salvador y luego también si falla en algún momento, pues no se hace efectivo el perdón.

Pero los creyentes en Cristo al creer, confesar a Cristo sus faltas, errores y pecados luego de haberlo recibido como Salvador, luego en su trayectoria en el camino de Dios si han fallado en alguna ocasión, y confesarlo a Cristo, ¿ve? está aceptando el perdón que Cristo ofrece, y ahí la Sangre de Cristo lo limpia de todo pecado, lo mantiene limpio siempre de todo pecado, lo cual está tipificado en el lavatorio o lavado de pies cuando se lleva a cabo la Santa Cena.

Y en la Santa Cena se conmemora, se recuerda, que Cristo murió por nosotros para limpiarnos de todo pecado con Su Sangre preciosa, la cual fue derramada para ese propósito, “esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” dijo Cristo en la última cena con Sus discípulos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, y San Lucas, capítulo 22. Esto se hace una realidad para todos los que están en el camino predestinado por Dios para la adopción de los hijos e hijas de Dios. O sea, que eso es una realidad para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Estamos en una etapa muy importante, ya la adopción en el campo espiritual ha sido hecha en cada creyente en Cristo en el tiempo que le ha tocado vivir, porque ha tenido una adopción espiritual, ha nacido de nuevo, y por consiguiente el nombre de la persona no está ya en la sección que le llaman: El Libro de la Vida, en esa sección de donde puede ser borrado algún nombre, sino que está en la sección del Libro de la Vida del Cordero, que fue escrito desde antes de la fundación del mundo; ya Dios lo mira al creyente desde el nombre que tiene escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y todo el trabajo que hace en la Obra de Dios va acreditado a ese nombre que está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

En la sección del Libro de la Vida, la otra sección, es el mismo Libro pero tiene diferentes secciones; ya usted pasó de esa sección a la sección... se activó la sección del Libro de la Vida del Cordero, lo que es eterno.

Las personas que están escritas ahí no pueden ser borrados de esa sección, de la otra sección: del Libro de la Vida, de donde dice la Escritura que pueden ser borrados, ya el nombre suyo no está, está en la otra sección.

O sea, ya lo que está, la vida suya está funcionando de acuerdo a la sección del Libro de la Vida del Cordero. Usted se preguntará: “¿Y cómo yo me llamo allá? ¿Cuál es mi nombre en el Libro de la Vida del Cordero? Si Dios inspiró a sus padres para que le pusieran el mismo nombre que está allí, pues es el que usted tiene, no se preocupe por eso, y si no, pues entonces lo va a saber cuando estemos con el cuerpo nuevo; así que no hay ningún problema en eso, no hay por qué preocuparse, lo importante es saber que todos los hijos e hijas de Dios, los elegidos, que formarían parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y nunca pueden perderse.

Pero algunas veces tienen problemas que surgen en sus vidas o que se meten, y entonces, pues: problemas como todos los demás seres humanos, ya sean problemas de salud o problemas de otras clases de problemas que tienen los demás seres humanos, pero continuará en el camino predestinado por Dios para la adopción, para llegar a la meta divina que es la adopción de todos los hijos e hijas Suyos que Él pensó desde antes de la fundación del mundo.

Estábamos en el pensamiento divino, como también Cristo siendo sacrificado en la Cruz del Calvario, y todo eso estaba en la mente de Dios, por eso es que la Escritura dice que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, que fue sacrificado... vamos a ver... vamos a ver en qué parte, capítulo 13 del Apocalipsis, verso 8 dice, hablando de la bestia y la imagen de la bestia, dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

O sea, que los que adoran a la bestia y a la imagen de la bestia son aquellos... a la bestia, los que adoran a la bestia son aquellos... adoran al dragón, son aquellos que sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo, desde el principio del mundo, ¿que fue inmolado, Cristo, el Cordero desde el principio o fundación del mundo? ahí lo dice la Biblia.

¿Cómo entenderlo? En la mente de Dios ya todo ese programa de Redención, de Cristo muriendo por esas personas que están en la mente de Dios y que vendrían a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo y que serían los hijos e hijas de Dios, la descendencia de Dios, vean, cuando Dios pensó en Cristo, pensó también en todos los creyentes en Cristo, porque Cristo es el segundo Adán, y todos los creyentes en Cristo son hijos del segundo Adán y de la segunda Eva, la segunda Eva es Su Iglesia.

Por lo tanto, han estado naciendo, por medio de la manifestación de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, millones de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios. Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios,” así como para entrar a este reino terrenal tuvimos que hacer en eta Tierra, y para entrar al Reino de Dios tenemos que obtener el nuevo nacimiento, que es espiritual, y luego la parte física vendrá más adelante, que será la adopción física de cada creyente en Cristo nacido de nuevo; y por consiguiente también la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico será adoptada, porque lo mismo corresponde a la Iglesia como a cada creyente en Cristo como individuo.

Y ahora, nos preguntamos: ¿en qué tiempo será que ocurrirá la adopción física? Porque la adopción espiritual comenzó a ocurrir desde que el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo y produjo el nuevo nacimiento en ciento veinte creyentes en Cristo, ahí nacieron los primeros; y luego continuó así en el Reino de Cristo produciéndose el nacimiento de hijos e hijas de Dios que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo, lo recibirían como Salvador, y Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en ellos el nuevo nacimiento, nacerían por consiguiente del Agua (del Evangelio de Cristo) y del Espíritu Santo, y así se estaría llenando la Casa de Dios de hijos e hijas de Dios.

La Casa de Dios es la Familia de Dios, de la cual nos dice San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros (¿cuál es la Casa de Cristo y por consiguiente la Casa de Dios? La Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo), si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y la Casa de Dios como individuo es cada creyente en Cristo. Por eso tanto el creyente en Cristo como la Iglesia del Señor Jesucristo, San Pablo dice que somos Casa de Dios, que el Espíritu de Dios mora en nosotros, tanto en nosotros como individuos como también en la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Eso es así para el creyente en Cristo como también para la Iglesia del Señor Jesucristo, esa es la descendencia de Dios, la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios. Vean ustedes también en Efesios, capítulo 2, lo que nos dice San Pablo comenzando en el verso 11, dice:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (miembros de la Familia de Dios, de los hijos e hijas de Dios, de la Casa de Dios, de la cual Jesucristo es la cabeza, Jesucristo es el primogénito, Jesucristo es el mayor, por eso cuando Él habla de los creyentes en Él, dice: ‘Estos mis hermanos más pequeños,’ porque Él es el mayor. Sigue diciendo),

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahora, la Casa de Dios, la Familia de Dios, el Templo de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo que de etapa en etapa, de Edad en Edad, está siendo edificada con hijos e hijas de Dios, que son piedras vivas que forman la Casa de Dios, la Familia de Dios, el Templo espiritual de Dios, donde Dios mora en Espíritu Santo, y en cada uno de esos creyentes Dios en Espíritu Santo también mora, porque como individuos son también templo de Dios.

Y ahora, son estas personas las que tienen las grandes promesas de grandes bendiciones para ser adoptados hijos e hijas de Dios, la primera parte de esa adopción se lleva a cabo en el campo espiritual cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, es bautizada en agua en el Nombre del Señor habiendo confesado sus pecados a Cristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y produce en la persona el nuevo nacimiento, ya en lo espiritual ha recibido Vida eterna, ya está adoptado espiritualmente, y ahora le falta la adopción física que será la entrada a la Vida eterna en el campo físico, que vendrá con la resurrección de los muertos en Cristo creyentes de edades pasadas, y algunos de los nuestros que se han ido ya, y los que estemos vivos en ese momento, que seremos transformados, y entonces seremos completamente a imagen y semejanza de Dios porque seremos iguales a Cristo con cuerpos físicos, glorificados, jóvenes, eternos, inmortales, incorruptibles, como Jesucristo nuestro Salvador.

Esa es la meta del Programa de Redención de Dios por medio de Cristo, es para la adopción de todos los hijos e hijas de Dios. ¿Quiénes serán adoptados? Los que estarán en el camino de Dios caminando en esa y con esa meta divina, creyendo la Palabra profética que ha sido hablada desde Adán hacia acá.

El camino predestinado de Dios bajo la Dispensación de la Gracia es Cristo, y por consiguiente todos los creyentes en Cristo son cristianos, creen en Cristo y forman la Iglesia del Señor Jesucristo. O sea, que en medio del Cristianismo es que estarían los hijos e hijas de Dios bajo el nuevo Pacto cubiertos con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Al saber estas cosas somos fortalecidos y tomamos más ánimo para seguir adelante hasta llegar a la adopción, la transformación de nuestros cuerpos.

San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30 dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Para el día de la redención del cuerpo que será nuestra transformación, para eso es que hemos recibido de parte de Cristo el Espíritu Santo y por consiguiente el nuevo nacimiento. Estas personas, dice la lectura de Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6, que tuvimos hace unos minutos, que estas personas han sido hechas para Dios, reyes y sacerdotes. En el capítulo 5 de Apocalipsis, versos 9 en adelante, dice:

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Estos hijos e hijas de Dios han sido hechos reyes y sacerdotes y reinarán sobre la Tierra en el Reino del Mesías, pertenecen a la realeza divina, a la realeza celestial, y por consiguiente, cuando sea establecido el Reino de Dios en la Tierra por el Mesías, todos estos creyentes estarán en la Tierra como reyes y sacerdotes y jueces, y por consiguiente serán el Gabinete del Reino de Cristo. Vean, el capítulo 20, versos 4 al 6 de Apocalipsis, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”

Esto es lo que Dios tiene para Sus hijos creyentes en Cristo, los cuales están caminando en ese camino divino, ese camino de Dios, que Dios abrió para la Familia de Dios, la descendencia de Dios, los hijos e hijas de Dios, que por medio de Cristo nacerían en el Reino de Dios.

Miren lo que dice aquí de estas personas en el capítulo 21, verso 5 al 7 dice:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”

Ahí tenemos a los hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, los cuales vivirán eternamente en el Reino de Dios. Luego, ya en la nueva Jerusalén cuando sea establecido en la Tierra después del Reino milenial, dice:

“No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”

Esa ciudad, la nueva Jerusalén, es la ciudad de Cristo y todos los creyentes en Cristo, los cuales la habitarán, y por consiguiente esa será la Capital para toda la eternidad en el Reino que después del milenio y del juicio final estará gobernando sobre el planeta Tierra y sobre todo el universo, por consiguiente hay una buena noticia para el planeta Tierra y para todos sus habitantes y para Israel, porque el planeta Tierra será el centro del universo en lo político, en lo comercial, en todos los sentidos, porque en el planeta Tierra estará la nueva Jerusalén, desde donde se gobernará el universo completo, porque ahí estará... vamos a leerlo, ahí estará el Trono del Mesías, de Cristo, y el Trono del Padre también, o sea, que ya no va a estar en el Cielo sino en la Tierra. Capítulo 21 de Apocalipsis, verso 22 en adelante, dice:

“Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera (no hay que pagar recibos de luz eléctrica, esa ciudad estará de día las veinticuatro horas de cada día; no habrá noche).

Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.

Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.

Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.”

Eso es lo que nos habla de esa ciudad. Y luego el capítulo 22, verso 1 en adelante, dice:

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.

Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.”

¿Ven? El Trono de Dios y el Cordero estarán en esa ciudad, la nueva Jerusalén, en este planeta Tierra, en el territorio que hoy es conocido como Israel, pero que cubrirá más territorio porque tiene de ancho la ciudad, de ancho es unos... alrededor de mil quinientas millas de ancho, por mil quinientas millas de largo y mil quinientas millas de alto, alrededor de mil quinientas millas.

O sea, que es una ciudad gigante, y no sabemos el número de los redimidos que han formado la Iglesia del Señor Jesucristo de Edad en Edad, y ahí por consiguiente también estarán Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas y los profetas también, en algún lugar.

Así que, hay algo grande, esa es la ciudad que estaba buscando Abraham, así que hay algo grande preparado para todos los hijos e hijas de Dios que estarán, en el tiempo que les toca vivir, caminando, andando, en el camino predestinado por Dios, o sea, estarán como creyentes en Cristo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en el tiempo que les ha tocado vivir.

Así fue para los creyentes de Edades pasadas y así es para nosotros en este tiempo final, y la meta será la misma: la glorificación, la adopción, la redención del cuerpo, es la meta física, y cuando lleguemos a esa meta, entonces seremos inmortales, jóvenes para toda la eternidad representando de 18 a 21 años de edad, iguales a Jesucristo nuestro Salvador, y entonces es que entraremos físicamente al Reino de Dios y por consiguiente estaremos físicamente como reyes y como sacerdotes también, aunque todo eso lo estamos, pero en el campo espiritual, pero después será también en el campo físico. Y también como jueces “porque los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles,” dice el apóstol Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, dice, verso 2:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?”

Y ahora, cuando Pablo dice: “Hemos de juzgar,” ¿ven? Son los creyentes en Cristo los que juzgarán, no solamente al mundo, sino a los ángeles también, o sea, que el poder judicial pertenece a Cristo y a los creyentes en Él que forman Su Iglesia de Edad en Edad, de etapa en etapa, porque la Escritura nos dice en el libro de los Hechos que Jesucristo es a quien Dios ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos, y a los creyentes en Él los ha colocado ¿como qué? Como jueces también.

O sea, que Cristo es el Juez supremo, y los creyentes en Él pertenecen a esa Corte del Mesías, son el Gabinete del poder judicial del Mesías, y son el Gabinete de la realeza donde Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores, y los creyentes en Él son reyes con Él para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad, y también son sacerdotes de ese Orden sacerdotal celestial, y Cristo es el Sumo Sacerdote de ese Orden celestial, Él es Melquisedec, según el Orden de Melquisedec Cristo es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, y los creyentes en Cristo pertenecen a ese Orden divino. Eso lo habla también San Pedro en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10. Verso 9 dice, de Primera de Pedro, capítulo 2:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio (o sea, del Orden de Melquisedec), nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”

Los creyentes en Cristo, al ser los hijos e hijas de Dios, la descendencia de Dios, por eso es que pueden llamar a Dios: Padre nuestro, porque son los hijos los que llaman padre a aquel que lo engendró, es por ellos que Cristo vino a la Tierra, esas son las ovejas que el Padre le dio para que las buscara y les diera Vida eterna.

Cristo va a gobernar sobre el planeta Tierra, y por eso Él subió al Cielo y obtuvo poder en el Cielo y en la Tierra, todo poder le fue dado ¿por qué? Porque se sentó en el Trono celestial de Dios, por es Rey de reyes y Señor de señores, Rey en la séptima dimensión, Rey en la sexta dimensión, y Rey aquí en la Tierra en donde Él establecerá Su Reino, y entonces estará como Rey en la Tierra también, y los creyentes en Él como reyes y sacerdotes también. Habrá mucho sobre lo cual reinar, no solamente el planeta tierra, sino todo el universo.

En San Lucas, capítulo 19, verso 12, dice:

“Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.”

Un hombre noble, o sea, Cristo, descendiente del rey David, y por consiguiente un Príncipe, el cual tomará el Trono y se sentará sobre el Trono de David y reinará sobre Israel. En Romanos, capítulo 4, dice el apóstol Pablo en el verso 13:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

Heredero ¿de qué? Del mundo, y Cristo es el heredero del mundo y todos los creyentes en Cristo son co-herederos con Cristo, somos herederos de Dios de todo lo que Dios tiene, y coherederos con Cristo de todo lo que Cristo recibirá, y todo lo que tiene el Padre, dice Cristo que es de Él. Por lo tanto, los creyentes en Cristo son co-herederos con Cristo porque son los hijos e hijas de Dios que serán adoptados, o sea, serán transformados, en el Día Postrero, los que estén muertos serán resucitados en cuerpos eternos, y todos entonces seremos inmortales como Jesucristo nuestro Salvador.

Teniendo tan grandes promesas, y estando conscientes de que es la Palabra de Dios prometida y que se va hacer una realidad en lo físico también, nos agarramos más y más cada día de Cristo, el Ángel del Pacto, hasta recibir la bendición de nuestra transformación, y si alguno se va antes o parte antes, pues recibirá la resurrección en cuerpo eterno, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad.

El camino predestinado para la adopción de un hijo de Dios, de un hijo o una hija de Dios, o de todos los hijos e hijas de Dios que son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Manténgase siempre en el camino predestinado por Dios esperando la adopción, la redención del cuerpo, señalada para el Día Postrero, aun por el mismo Cristo, cuando dijo hablando de los creyentes en Él: “Y yo le resucitaré en el Día postrero,” y la resurrección será en cuerpos glorificados para los que durmieron o murieron, y la transformación será un cambio de cuerpo, una transformación, de un cuerpo mortal a cuerpo inmortal.

Por lo tanto, conociendo la meta divina, también es la meta nuestra: la adopción, la redención o transformación de nuestros cuerpos, para ir luego con Cristo en el rapto o arrebatamiento a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha tomado el camino predestinado por Dios para la adopción de los hijos e hijas de Dios, el camino de Dios, que es Cristo, recibiéndolo como Salvador, lo puede hacer en estos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y así esté sellado en el Reino de Dios, el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Para lo cual puede pasar al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente los que todavía no han recibido a Cristo, para recibirlo como Salvador, y los niños de diez años en adelante también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente para recibir a Cristo como Salvador los que todavía no lo han hecho y están presentes o en otros países.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final, también tiene pueblo en Norteamérica, en Canadá, en Alaska, en Japón, en China, en África, en la India, y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su camino, en el camino divino, el camino predestinado por Dios, que es Cristo nuestro Salvador.

No hay otro camino que lleve al ser humano a la Vida eterna. No hay otro camino que nos lleve a Dios, al Padre. No hay otro camino por el cual andar en la voluntad de Dios, es el camino que Dios abriría para que caminaran los redimidos de Dios.

Vamos a estar puestos en pie para la oración por todas las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre.

Venga Tu Reino; y hágase Tu voluntad, como en el Cielo, también en la Tierra, y el pan nuestro de cada día danoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal, porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Presento a Ti, Padre celestial, todas estas personas que han venido a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino oh Dios, oh Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, vengo a Ti reconociendo que soy pecador y que necesito un Salvador. Nació Tu fe en mi corazón al escuchar la predicación de Tu Evangelio, la predicación del Evangelio de nuestra salvación.

Señor, reconozco que no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, haz Tu salvación una realidad en mi vida. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro Salvador, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que quita los pecados, la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Aun el mismo Cristo fue donde Juan el Bautista estaba predicando y bautizando, entró a las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan, y cuando Juan lo ve, al tocarle el turno a Jesús para ser bautizado, Juan le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tu vienes a mi para que yo Te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó, y cuando surgió o se levantó de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Jesús en forma de paloma, y dijo: “Este es mi Hijo amado en el cual tengo contentamiento.”

Así también cada creyente en Cristo desde el Día de Pentecostés hacia acá han estado siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los ha estado bautizando con Espíritu Santo y Fuego, y ha estado produciendo el nuevo nacimiento en todas esas personas. Por lo tanto, el bautismo en agua y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es la tipología, el simbolismo, del bautismo en agua, pues el bautismo en agua es tipológico y es un mandamiento del Señor Jesucristo, como lo es la Santa Cena y también el Lavatorio de Pies.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados ustedes que están aquí presentes y los que están en otras naciones, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo por la eternidad, o sea, para siempre, y estaremos como reyes, como sacerdotes y jueces, miembros del Gabinete de Cristo, de ese Reino glorioso de Cristo el Mesías.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, continúen sobre ustedes, y que Dios les ayude siempre a mantenerse cada uno de ustedes en el camino predestinado de Dios para la adopción de los hijos de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y hasta el próximo domingo, Dios mediante. Y como siempre les digo: ya sea en vivo o a través de la pantalla del satélite. Siempre les digo así, y así siempre ha sido. Así que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes en cada país al ministro correspondiente, y en Puerto Rico al reverendo José Benjamín Pérez. Les indicarán cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL CAMINO PREDESTINADO PARA LA ADOPCIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS.”

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