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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en otras naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos un pasaje en San Mateo, capítulo 7, versos 24 al 29, que nos dice:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña...” vamos a leerlo directamente de aquí de la Escritura:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;

porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

“LA AUTORIDAD DE JESUCRISTO.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

La autoridad de Jesucristo enseñando la Palabra de Dios, ¿de dónde venía? De Dios. Encontramos que esta autoridad venía por medio del Espíritu Santo, la cual le había sido dada a Jesucristo a través de esa manifestación de Dios por medio del Espíritu Santo; por eso cuando fue bautizado por Juan el Bautista, el Espíritu Santo vino sobre Jesús y así fue lleno de Dios en toda Su plenitud, y por consiguiente, de poder.

Fue llevado por el Espíritu Santo al desierto y allí estuvo sin comer ni beber por cuarenta días, y nos dice la Escritura que fue tentado por el diablo en diferentes ocasiones, pero siempre Jesucristo decía: “Escrito está,” o sea, que Su fe estaba basada en la Palabra de Dios, porque la autoridad tiene que estar basada en la Palabra de Dios: “Escrito está.”

Y ahora, veamos el capítulo 4, verso 14 en adelante, cuando terminó ya Su tiempo en el desierto, dice [San Lucas]:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea (¿cómo volvió? En el poder del Espíritu Santo), y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”

O sea, que Él iba todos los sábados a la sinagoga como acostumbraban y acostumbran los judíos creyentes, seguidores del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y como los domingos acostumbran los cristianos a ir a la Iglesia para escuchar la Palabra de Dios, como lo hacían los primeros creyentes en Cristo, que se reunían el primer día de la semana, pues fue el primer día de la semana que resucitó Jesucristo, el día de la gavilla mecida, y también iban a la sinagoga el sábado para hablar acerca de Jesús a todos los que iban a las sinagogas o al templo:

“... y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Ahora, vean que Jesucristo regresó del desierto, donde había sido tentado por una temporada luego de ser bautizado por Juan el Bautista, y regresó en el poder del Espíritu Santo y comenzó a predicar. Luego, en el capítulo 4 mismo, verso 31 en adelante, dice:

“Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo.

Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.”

Porque Su fe y Su predicación estaba basada en la Palabra prometida para aquel tiempo, y Él sabía lo que la Escritura decía de la Venida del Mesías, y Él sabía que esas Escrituras estaban cumpliéndose en Él, y Él estaba lleno del Espíritu Santo, y por consiguiente estaba lleno del poder de Dios por medio del Espíritu Santo, y tenía la autoridad para usar ese poder.

Es la autoridad la que le confiere el poder. Es como una persona que quiere ordenar, mandar, en su ciudad o en su nación, pero no le hacen caso, quiere mandar a los de diferentes posiciones y no le hacen caso, pero esa misma persona puede pasar a otra etapa en donde le hagan caso, ¿por qué no le hacen caso? Porque no tiene autoridad. Pero si pasa a una posición de autoridad entonces sí, le van a hacer caso.

Puede esa persona, al no tener autoridad, ordenarle al tránsito que se detenga, y los autos siguen caminando. Pero pasa a una posición de autoridad en donde es colocado como policía, y ya está investido de autoridad cuando le colocan el uniforme, y es reconocido como policía, tiene la autoridad de la ciudad; y luego al tener su placa de policía, que está basada en el poder de la ciudad, que le ha dado esa autoridad para trabajar como policía, ordena al tránsito que se detenga, y todos los carros se detienen, porque tiene autoridad. No tiene poder, el poder lo tiene la ciudad, el país, pero lo ha investido con esa autoridad para trabajar en favor de la ciudad, en favor de su país. Esa persona puede ordenarle a uno que viene en un auto que no se estacione en cierto lugar, sino que se estacione en otro lugar, o que no se puede estacionar en ningún lugar allí; eso usted lo nota cuando va al aeropuerto, y en otros lugares también.

Así es el que está investido con una autoridad: se convierte en una autoridad la misma persona, pero es por causa de la investidura con la cual está. Así también una persona no tiene autoridad en su ciudad, pero cuando es investido como alcalde de la ciudad, es la autoridad máxima de esa ciudad.

También en el país, cuando es investido como gobernador una persona, tiene autoridad sobre ese Estado, sobre ese territorio, y aprueba o desaprueba, da la última palabra. Y también de un país donde tiene presidente, cuando la persona es investida como el presidente de esa nación, vean, y lo hacen en un acto público.

Cuando gana las elecciones un alcalde, un gobernador o un presidente, cuando gana las elecciones todavía no tiene autoridad, fue elegido por el pueblo. Pero cuando le dan el mando, toma el mando, ustedes pueden ver cuando a un presidente lo declaran el presidente de la nación, le colocan la investidura, y le colocan esa cinta, ya fue investido con la autoridad de presidente de su nación, ya entonces lleva el título de presidente. Mientras, digamos, no se ha sentado en la silla presidencial, todavía no es el presidente porque todavía no lo han investido con la autoridad de presidente.

Jesucristo, cuando fue lleno del Espíritu Santo al ser bautizado por Juan el Bautista, luego fue al desierto, luego regresa del desierto lleno del poder del Espíritu Santo con toda la autoridad divina en Él; por eso hablaba la Palabra y las cosas sucedían. Él sabía quién Él era, Él conocía las Escrituras, porque el que tiene, es investido, con autoridad, tiene que saber para qué ha sido investido, tiene que conocer las leyes a las cuales tiene que sujetarse y para las cuales trabaja, para que sean cumplidas.

Jesús conocía las promesas divinas para aquel tiempo, Él las creía, Él sabía que Él era el Mesías, Él sabía que Él era el Hijo de Dios, y Él sabía que Él era la persona donde estaba la plenitud de la divinidad corporalmente, Él estaba consciente de todas estas cosas, y Él sabía para qué había venido a la Tierra, Él sabía que estaba en la Tierra para llevar a cabo los negocios del Padre celestial, para cumplir lo que estaba prometido que el Mesías llevaría a cabo.

Él no vino para hacer otra labor, sino cumplir lo que el Mesías tenía que llevar a cabo en ese tiempo, y esos son los negocios del Padre para aquel tiempo. Por eso ya a los doce años Él estaba consciente de esa realidad, y cuando se queda en Jerusalén en ese viaje que dio Él con José y María y demás familiares a Jerusalén, a la pascua, y se quedó allí y por tres días lo buscaron cuando estaban regresando a Nazaret y no lo encontraban.

Regresó José y María al templo y lo encontró allí hablando con los doctores de la Ley, y le pregunta María: “¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado con angustia,” lo que dijo no estuvo muy bien, porque dijo: “Tu padre y yo,” diciendo que José era el padre de Jesús cuando ella sabía que el Espíritu Santo había hecho sombra sobre ella para concebir ella ese niño, y Jesús le dice: “¿No sabías que en los negocios de mi Padre me conviene estar?” no los negocios de José, que era la carpintería, sino en los negocios del Padre celestial, cumpliendo el Programa de Dios que correspondía para aquel tiempo.

O sea, que ya Él desde niño sabía quién Él era. Crecía no solamente en estatura, sino en sabiduría y conocimiento y gracia delante de Dios. Jesús sabía quién Él era; y cada creyente en Cristo está llamado a saber quién es Jesucristo y quién es también la persona: usted.

Jesucristo sabía que había venido de Dios y a Dios iba, y cada creyente en Cristo está llamado a saber que ha venido de Dios, del Padre celestial, para pasar una temporada aquí en la Tierra y entrar al Programa de Redención para ser reconciliado con Dios y regresar a Dios conforme a ese programa de Redención, de salvación y Vida eterna.

Mientras la persona no sabe quién es, la persona no puede hacer nada, está caminando a ciegas, a tientas, en esta Tierra; y por eso es que millones de seres humanos tienen el problema de la angustia existencial, porque no saben de dónde han venido, no saben por qué están aquí en la Tierra y no saben hacia dónde van cuando mueran físicamente, o sea, su cuerpo físico muera, y ni siquiera saben qué son.

¿Y qué es la persona, qué es el ser humano? El ser humano es lo más grande que Dios ha creado, es la corona de la creación, porque ha sido creado el ser humano a imagen y semejanza de Dios. Así como Dios encontramos que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, eso es la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. El alma de la persona equivale a Dios Padre, el espíritu de la persona equivale al Espíritu Santo, y el cuerpo físico al cuerpo físico o semejanza física de Dios, que es Jesucristo.

La imagen de Dios es el cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, y la imagen del ser humano es su espíritu, que es un cuerpo angelical, un cuerpo espiritual, parecido al de los ángeles del Cielo; por eso Jesús, cuando dio autoridad a Sus discípulos y los mandó a predicar y a anunciar el Reino de Dios y dar a conocer que estaba cerca, que se había acercado el Reino de Dios, y a sanar los enfermos, echar fuera demonios, resucitar muertos, y así por el estilo, ellos fueron, y cuando regresaron Sus discípulos, vienen muy felices y le dicen a Jesús: “Señor, aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Jesús les dice: “No os gocéis de que los espíritus (o sea, los espíritus inmundos) se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en los Cielos.”

O sea, que el nombre de los creyentes en Cristo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. También cuando le preguntan acerca de un hombre y una mujer que se casaron, y murió el esposo, y entonces la mujer se volvió a casar con el hermano del esposo, y murió otra vez ese hombre, ese otro hombre, y se casó con otro hermano, y así por el estilo, con otro hombre, y así sucesivamente, y murieron todos al final, uno a uno, la mujer murió al final, y el último hombre también.

Le preguntan a Jesús: “Señor, en la resurrección ¿cuál será el esposo de esa mujer? ¿De cuál de los esposos será ella la esposa?” Parecía un problema grande, pues Jesús les estaba hablando de la resurrección, y Jesús les dice: “En la resurrección, ni se casan ni se dan en casamiento, sino que serán como los ángeles, que ni se casan ni se dan en casamiento.”

Como los ángeles serán los creyentes en Cristo que murieron y serán resucitados y los que estén vivos y sean transformados en el Día Postrero, en la Venida del Señor. No es para llevar una vida como la que se lleva en la actualidad, procreando hijos como se hace en la actualidad. Serán compañeros, pero no para casarse, para darse en casamiento con los creyentes en Cristo que estén ya transformados y los que resucitarán en cuerpos eternos; las cosas cambiarán a un estado, a una situación, superior.

Cristo enseñaba con autoridad, porque esa autoridad la recibió del Padre para enseñar y para cumplir todo el Programa divino que el Mesías Príncipe tenía que cumplir en Su primera venida, Él sabía hasta dónde en la profecía mesiánica Él tenía que cumplir, y lo correspondiente a la segunda venida, eso será cumplido en el Día Postrero, todo lo correspondiente al Día Postrero Él lo anunció, lo profetizó, para el Día Postrero, para el tiempo final.

Él anunció también las señales, como la señal de la higuera, y la higuera tipifica a Israel. Enseñó que cuando estuviéramos viendo estas cosas suceder: terremotos, maremotos, angustia entre las personas, confundidas a causa del temor y la expectación de las cosas que vendrán, o sea, los maremotos, sonidos de las olas, y así por el estilo, levantemos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra Redención está cerca, nuestra Redención, que es la Redención del cuerpo, o sea, la adopción como hijos e hijas de Dios en lo físico, porque ya los que serán adoptados físicamente, ya tienen que haber sido adoptados espiritualmente, ya tienen Vida eterna en sus almas, porque ya habrán recibido a Cristo como Salvador y ya se habrá completado el número de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Todo eso que corresponde a la Segunda Venida de Cristo, es para el Día Postrero; por eso Cristo dijo, hablando de los creyentes en Él, dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero,” el cual es el séptimo milenio de Adán hacia acá, como el séptimo sábado o el séptimo día es el sábado, y es el último día o día postrero de la semana, y un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. Un día delante de Dios viene a ser mil años, y de Adán hacia acá son ya seis mil años, y hemos entrado al séptimo milenio conforme al calendario gregoriano.

Por lo tanto hemos entrado al Día Postrero delante de Dios. Esto del Día Postrero lo habla Cristo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 58; San Juan, capítulo 11 también, verso 21 al 27, cuando fue para resucitar a Lázaro, le habló a Marta la hermana de *Lázaro, cuando le dice: “Si hubieses estado aquí mi hermano no habría muerto,” Jesús le dice: “Tu hermano resucitará,” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección en el Día Postrero.” Cristo le dice: “Yo soy la resurrección, el que vive y cree en mí, aunque esté muerto vivirá.”

Por lo tanto, la resurrección la va a llevar a cabo Jesucristo en el Día Postrero en Su segunda venida, en Su venida a Su Iglesia, que lo está esperando por unos dos mil años, alrededor de dos mil años ha estado esperando Su venida para su transformación los creyentes en Cristo y la resurrección de los que ya murieron físicamente; y todo esto será a la final trompeta, que es la Trompeta de Dios, lo cual es la misma Voz que le dijo a Lázaro: “Lázaro, ven fuera,” y Lázaro escuchó la Voz y resucitó.

Así también la misma Voz que resucitó a Lázaro, la Voz de Cristo, llamará a los muertos creyentes en Cristo, los resucitará, eso es la Voz de la Gran Trompeta o Trompeta Final, la Voz de Cristo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, tanto en medio de los que durmieron o murieron físicamente, como también en medio de los que estén vivos en el Día Postrero, porque Cristo pasará por el Paraíso y traerá con Él a los que murieron físicamente, y los resucitará en cuerpos nuevos, eternos, jóvenes, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado que Él tiene; porque Él tiene la autoridad para resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto, y transformar a los que estén vivos, nacidos de nuevo, en el Día Postrero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Él tiene la autoridad para hacer lo que Él ha prometido, la autoridad con la cual ha sido investido por Dios el Padre a través del Espíritu Santo. Por esa causa en San Mateo, capítulo 26, Cristo, hablando cuando estaba siendo juzgado por el concilio del sanedrín, en el capítulo 26 de San Mateo, versos 60 en adelante, dice:

“Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos,

que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.

Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Jesús sabía que Él, aunque tenía que morir conforme al Programa divino para llevar a cabo la Redención, para llevar nuestros pecados y realizar la Obra de Redención, Él sabía que iba a resucitar, y Él sabía que se iba a sentar en el Trono del Padre y por consiguiente iba a tener todo el poder del Cielo y de la Tierra, porque dice: “Sentado a la diestra del poder de Dios.”

O sea, que todo poder en el Cielo y en la Tierra le sería dado; por eso luego que muere físicamente, y resucita, lo cual ya Él lo sabía, que iba a resucitar; en San Juan, capítulo 10 Él dice que Él va a resucitar. Capítulo 10, versos 14 en adelante, dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.”

Vean, ya Él sabía cuál era el Programa divino: que Él vino para morir por las ovejas del Padre, que son todos los hijos e hijas de Dios que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Dice:

“...así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, son gentiles, están entre los gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

¿Cómo van a escuchar la Voz de Cristo? Por medio de la presencia de Cristo en medio de Su Iglesia, en Espíritu Santo Cristo hablando a través de los predicadores, hablando el Evangelio de Salvación, el Evangelio de Cristo, estarían predicando los ministros ungidos por el Espíritu Santo.

O sea, que el Espíritu Santo, que es Cristo en Espíritu Santo, estaría hablando por medio de los que estarían predicando el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia; y dice que van a escuchar Su Voz; y dice Cristo que Él las conoce y que Sus ovejas lo conocen a Él, y van a escuchar Su Voz, y habrá un rebaño y un pastor.

El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, y el pastor es Jesucristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia usando Sus diferentes mensajeros de etapa en etapa, Sus diferentes ministros con los diferentes ministerios que Él colocaría en medio de Su Iglesia, así como Dios pastoreó a Israel por el desierto a través de Su Espíritu Santo usando al profeta Moisés, y luego en la tierra prometida por medio de diferentes jueces y profetas y reyes:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

Vean, Él iba a poner Su vida, iba a morir como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y luego iba a tomar nuevamente vida, iba a resucitar, dejaría los pecados de todos allá en el infierno, los regresaría al diablo, y resucitaría ya sin los pecados del pueblo, justificado, y luego estaría una temporada en la Tierra; con Él resucitarían los santos del Antiguo Testamento, San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante donde nos dice que muchos de los santos que habían dormido, resucitaron, se levantaron de las tumbas, y aparecieron en la ciudad luego de la resurrección de Él, de Cristo.

Así que allá en Jerusalén, cuando Cristo resucitó, resucitaron también Abraham, Isaac, Jacob, Sara también, todas estas personas resucitaron y aparecieron a muchos en la ciudad, y veían a estos jóvenes, porque la resurrección es en cuerpo joven que representará de 18 a 21 años de edad, y no sabían que había ocurrido la resurrección de los santos del Antiguo Testamento, y la resurrección fue encabezada por Jesucristo nuestro Salvador.

Se presentó ante el Padre, presentó Su Sangre, y fue aceptado Su Sacrificio en el Cielo en el Templo celestial, y luego está de nuevo unos días con Sus discípulos, unos cuarenta días, porque el primer día apareció a algunas personas, pero subió al Cielo, por eso le dice a María: “No me toques porque aún no he subido al Padre,” pero luego más adelante, ese mismo día, permitió que lo tocaran, y ya por consiguiente había subido al Padre, había sido aceptado Su Sacrificio, y luego había regresado para estar con Sus discípulos nuevamente, pero ya glorificado.

Estuvo unos cuarenta días apareciendo en diferentes ocasiones, con Sus discípulos, luego subió al Cielo y allá se sentó a la diestra del poder de Dios, se sentó en el Trono de Dios, convirtiendo el Trono de Dios en un Trono de Intercesión, y allí ha estado haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Él ha estado confesando a la persona delante del Padre celestial. Cristo mismo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos y delante de los ángeles.”

Por lo tanto, Cristo está a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Intercesión. Él, cuando regresó a la Tierra, cuando estuvo en la Tierra ya resucitado, despidiéndose de Sus discípulos en el capítulo 28, versos 16 al 20 de San Mateo, dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” por lo tanto, todo el poder de Dios es manifestado por medio de Jesucristo que está sentado a la diestra del poder de Dios. Por eso en Hebreos, capítulo 1, el apóstol Pablo, conocedor de todo este misterio y poder divino, nos dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, y es llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, Dios creó todas las cosas: “Por quien asimismo hizo el universo.” ahí tienen el origen del universo:

“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (Cristo es la imagen de la sustancia divina, y la imagen es el cuerpo angelical, el Ángel del Pacto), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.”

Cristo sustenta todas las cosas con la Palabra de Su poder, porque todo poder le es dado en el Cielo y en la Tierra. La vida del ser humano está sustentada por Cristo, por eso todo ser humano está llamado agradecerle a Cristo su vida; el mismo Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6.

“...y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

Él está sentado en el Trono de Intercesión, y no podrá salir de allí hasta que termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, en donde está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, porque Él es el Melquisedec que le apareció a Abraham en el capítulo 14 del Génesis y le dio pan y vino a Abraham, y Abraham dio los diezmos de todo a Melquisedec.

Ese Melquisedec es Dios en Su cuerpo angelical, y el cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical; por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58:

“Abraham vuestro padre deseó ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Jesús, Jesucristo, entonces antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, el cual le apareció a Abraham, le había aparecido también a Jacob, le apareció a Moisés también en la Columna de Fuego, y le apareció en la forma de un hombre también, y le apareció a Josué en la forma de un hombre, de un guerrero, del Príncipe de los Ejércitos de Dios; ese es el que le había aparecido a Noé también, el que le había aparecido también a Enoc, el que le había aparecido también a Abraham, le había aparecido también a Adán, el que hablaba con Adán, el que creó a Adán, Dios por medio del Verbo que era con Dios y era Dios, porque por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Dios por medio del Verbo, Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, creó todas las cosas.

Y ahora Él aparece ya no solamente en Su cuerpo angelical, que es Su imagen, sino que luego aparece en cuerpo de carne:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14).

Todo ese capítulo 1 de San Juan es muy importante, porque habla de ese misterio de Dios el Padre y de Cristo.

La Escritura nos habla de que Abraham, también Jacob, también Samuel, también Moisés, hablaban cara a cara con Dios, Jacob luchó con el Ángel en el capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis, y no lo soltó hasta que recibió la bendición del Ángel, y luego el Ángel se fue y Jacob quedó muy feliz porque recibió la bendición del Ángel de Dios, y le llamó al lugar: Peniel, porque dice: “Ví...” dice: “Y llamó Jacob...” capítulo 32 del Génesis, verso 24 en adelante, dice:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba...”

O sea, que luchó toda la noche, y ya estaba rayando el alba, ya se comenzaba a ver por el Este un poco de claridad. Eso es tipo y figura de lo que estará pasando en este tiempo final en donde va a comenzar a rayar el alba por el Este, por Israel, va a comenzarse a ver un poco de claridad, y esto será cuando los judíos comiencen a ver un poco de claridad, y esto va a ser algo muy importante en este tiempo final, porque en este tiempo final algo se está preparando para suceder entre los judíos, y eso va a ser una señal muy grande en este tiempo final.

Por lo tanto, si usted quiere saber qué hora es, mire el reloj; y si quiere saber el tiempo, qué hora es, en el Programa divino, mire el reloj de Dios, que es Israel. El reverendo William Branham en el mensaje del Sexto Sello de la serie de los Siete Sellos del Apocalipsis, predicado en Jeffersonville, Indiana, en el año 1.963, habla acerca de Israel, el día 23 de marzo del 1.963, y dice en la página 351 del libro de “Los Sellos” en español en esta versión y traducción, dice:

“En este sexto Sello es cuando Israel recibe el Mensaje del Reino por medio de los dos profetas de Apocalipsis once. Recuerden: Israel es una nación, un pueblo; ellos son los siervos de Dios. Y cuando Israel dé el paso de entrada al Reino, eso tendrá un carácter nacional. En Israel, durante la Edad del Reino, será cuando el Hijo de David se sentará sobre el Trono.”

Y ahora en la página (esto es paralelo a lo que le sucedió a Jacob cuando tenía que encontrarse, enfrentarse, a Esaú su hermano)... página 359 del libro de “Los Sellos,” ahí en el Sexto Sello, dice:

“Ahora, Esaú no tenía necesidad del dinero de Jacob, como tampoco lo necesita Roma, porque Roma tiene las riquezas del mundo en sus manos. Pero hallamos que en aquella ocasión cuando todavía era Jacob, se encontró con Dios, y estaba pasando por ese tiempo de tribulación, entonces Jacob echó mano a algo que era real. Hubo un ángel que bajó del Cielo, y Jacob mantuvo sus brazos alrededor del ángel, y allí se mantuvo. Este ángel le dijo: ‘Tengo que irme, ya está amaneciendo.’ Hermano: ¡El Día está por aparecer, está por llegar!

Pero Jacob dijo: ‘¡No te voy a dejar ir si no me bendices! No puedes partir, yo me voy a quedar contigo. Yo quiero que venga un cambio a mi situación.’ Esos son los ciento cuarenta y cuatro mil, los ganadores de dinero...”

Y sigue diciendo más abajo:

“Pero cuando ellos por fin ven la cosa verdadera y la posibilidad de agarrarse de ello, allí estarán Moisés y Elías. Ellos también lucharán con Dios hasta que los ciento cuarenta y cuatro mil de las doce tribus de Israel sean llamados y sacados fuera.

Eso sucede justamente antes de comenzar la tribulación. ¡Cuán hermoso!”

Y ahora, vean cómo aquello es tipo y figura de lo que va a pasar en este tiempo final. Y en la página 458 y 459 del libro de “Los Sellos” en español, dice:

“Entonces es entre el sexto y séptimo Sello cuando El llama esta gente, los cuales fueron mencionados por Jesucristo en Mateo 24:31. Cuando la trompeta suena, será la trompeta de los dos testigos de la Edad de gracia para los judíos. Suena una trompeta... Ahora veámoslo más claro acá en Mateo 24:31: ‘Y enviará sus ángeles (no es solamente uno, sino dos) con gran voz de trompeta.’ ¿Qué es? Cuando Dios habla, se oye el sonido de trompeta. Siempre ha sido así la Voz de Dios, llamando a la batalla. Dios está hablando. Estos dos ángeles vienen con el sonido de la trompeta. Y noten bien: Pero en los días de la voz del séptimo ángel, suena la trompeta. En los días de la voz del primer ángel, sonó la trompeta. En los días de la voz del segundo ángel, sonó una trompeta, y así fue cuando El mandó a cada uno.

Pero cuando fueron anunciados los Sellos, estaban todos juntos en una gran escena divina para llamar un grupo de gente, y hubo el sonido de una sola trompeta; y fueron abiertos siete Sellos. El está reuniendo Sus judíos escogidos de los cuatro ángulos de la Tierra.”

Y ahora, podemos ver lo que está señalado para ocurrir en este tiempo final. Por lo tanto, cuando ustedes vean como que comienza a esclarecer, a rayar el alba, la mañana, para Israel... Es bueno que los que madrugan miren por el Este, hacia el Este, en la mañanita, en la madrugada, y vean cómo comienza a verse una claridad por el Este, y ya la persona sabe que está rayando el alba, que va a amanecer, y actualmente es como a las 5:30 de la mañana, más o menos, puede ser, digamos, de 5:00 a 5:40 de la mañana, y entonces ustedes sabrán el significado de ese corito que ustedes cantan: “Por el Este ya se ve una luz aparecer.”

Fue allá en Israel rayando el alba cuando fue escrito ese corito, y viene a ser un cántico, un corito, profético a la misma vez, está ligado a esta experiencia que tuvo Jacob y a la que va a tener Israel en este tiempo final.

Por lo tanto, cuando ustedes vean por el Este a Jacob interesado, van a aparecer los ministerios de los dos Olivos, va a aparecer el Ángel del Pacto que están esperando, y se van agarrar bien hasta recibir la bendición que Dios tiene para ellos.

El reverendo William Branham hablando dice que cuando ellos vean a Cristo viniendo por Su Iglesia, por Su Iglesia Novia, ellos dirán: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Así que, algo grande está preparándose para suceder. Allí estaban viendo, Jacob estaba viendo, al Ángel del Pacto que le apareció, en el cual estaba el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto velado en Su cuerpo... o Dios velado en Su cuerpo angelical.

Por eso cuando aparecía el Ángel todos decían que vieron a Dios cara a cara, porque están viendo a Dios en cuerpo angelical, un cuerpo teofánico. Dice la Escritura que Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla una persona con su compañero, y luego dice la Escritura, por ejemplo, en el capítulo 13 de Primera de Jueces (en Jueces), en el libro de los Jueces, capítulo 13, dice que el padre de Sansón, Manoa, cuando vio al Ángel y luego se da cuenta que es el Ángel de Jehová, le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.” Y luego San Juan, capítulo 1, verso 18 dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él (le declaró, o sea) le ha dado a conocer.”

O sea, que vieron a Dios vestido de Su cuerpo angelical, de ese cuerpo teofánico, de ese cuerpo llamado el Ángel de Jehová, que es la imagen divina de Dios. Es como cuando usted me ve o cuando yo lo veo a usted, puedo decir: “Yo lo vi a usted,” y usted puede decir: “Yo lo vi a usted también,” pero después podemos decir: “No nos vimos,” y parece una contradicción, pero es una verdad, lo que nos vimos fue el cuerpo físico donde moramos, la casa terrenal, la semejanza física, ni siquiera la imagen: el cuerpo angelical.

Es que somos almas vivientes, y no nos vimos el alma, sino nos vimos solamente el cuerpo físico, pero hemos dicho: “ Te vi.” También cuando Cristo dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” porque están viendo ¿qué? La casa donde Dios el Padre estaba viviendo, y era Dios vestido de un cuerpo de carne en medio del pueblo hebreo; así como el que veía al Ángel del Pacto decía: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” Dios por medio de Cristo le habló a Israel, por medio de Su Espíritu Santo a través del cuerpo físico que tenía para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Hemos visto que la autoridad de Jesucristo la recibió cuando fue investido por el Espíritu Santo al ser bautizado por Juan el Bautista; al ser bautizado por Juan el Bautista, luego descendió el Espíritu Santo sobre Jesús y fue investido de poder de lo alto y de la autoridad divina; y los pensamientos divinos eran transmitidos a través de Jesús al pueblo en esos días, Dios habló por medio de Jesucristo a través de Su cuerpo angelical, Su Espíritu Santo, en Cristo.

Y luego que Cristo resucitó, antes de subir al Cielo, luego de cuarenta días, dice a Sus discípulos en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 1 al 10: “No se vayan de Jerusalén, queden allí, no se vayan hasta que sean investidos de lo alto, hasta que sean investidos de lo alto...” vamos a buscarlo aquí: “Hasta que sean investidos de poder de lo alto...” Capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;

a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.

Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;

pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.”

Ellos serían investidos de poder, recibirían poder de lo alto, cuando recibieran el Espíritu Santo, cuando fueran investidos del Espíritu Santo, y por consiguiente tendrían autoridad como Jesucristo, y lo que Cristo dijo: “Todo lo que pidieres al Padre en mi Nombre, yo lo haré,” y también dijo: “Si tuvieres fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate de aquí allá, y se pasará y nada será imposible.”

¿Por qué? Porque reciben la autoridad, la cual está unida a lo que Dios ha prometido, a la Palabra divina, y la persona con la fe unida a la Palabra, usa esa autoridad y las cosas acontecen, hace que el poder de Dios sea manifestado. La persona como individuo no es la que tiene el poder, sino Dios por medio del Espíritu Santo manifestándolo en medio de la persona y de Su pueblo, de Su Iglesia.

Pero les ha dado autoridad a los creyentes en Él. Por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen esa autoridad otorgada por Dios por medio del Espíritu Santo; al ser investidos del Espíritu Santo están investidos de esa autoridad para predicar, para echar fuera demonios, para sanar enfermos, para resucitar muertos, y así por el estilo; todo lo que Cristo dijo está a la disposición de los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y Él dijo: “Y aun mayores cosas haréis.”

Por lo tanto, es importante saber que así como Cristo fue investido con esa autoridad, y la usaba, también cada creyente en Cristo nacido de nuevo ha sido investido por el Espíritu Santo y por consiguiente tiene esa investidura de autoridad para usar la fe basada en la Palabra, para orar, para hablar, y que lo que Dios ha prometido se haga una realidad.

“Si tuvieres fe como un grano de mostaza,” dice Cristo. O sea, que no dice que si tuvieres fe como una montaña, sino que la fe como un grano de mostaza moverá una montaña grande, y una montaña puede ser cualquier problema, cualquier cosa, que tenga que ser removido de lugar, como el reino de los gentiles en los pies de hierro y de barro cocido, esa estatua tiene que ser removida para que surja y crezca la Piedra no cortada de manos, se forme un gran Monte, un gran Reino, que llene toda la Tierra, eso es el Reino del Mesías. Así será como surgirá el Reino del Mesías. Vean aquí, San Marcos, capítulo 11, verso 20 en adelante, dice:

“Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

Por lo tanto, la fe es usada basada en la promesa divina, en lo que ha sido prometido, y Cristo dijo que va a funcionar. Creyendo lo que diga que acontezca, va a acontecer, no puede dudar aunque luego las circunstancias parezcan contrarias. Sin fe es imposible agradar a Dios.

Por lo tanto, cada creyente en Cristo lleno del Espíritu Santo ha nacido de nuevo, es parte del Cuerpo Místico de Cristo, y por consiguiente tiene la autoridad, y puede usar o puede manifestarse el poder de Dios de acuerdo al grado de fe que tenga la persona. O sea, que el secreto para que se desate el poder de Dios y la cantidad del poder de Dios que se necesita, va a depender de la cantidad de fe que tenga la persona, es la fe la que hace que se desate el poder de Dios.

¿Recuerdan la mujer sirofenicia que vino a Jesús para que sanara a su hija? Y Él no la atendía y le dijo: “No es lícito echar el pan de los hijos a los perrillos, dar el pan de los hijos a los perrillos,” pero ella dijo: “Los perrillos comen de las migajas que caen de su señor o de sus señores,” y Jesús le dice: “Grande es tu fe, sea hecho conforme a tu fe,” le fue concedido, y recibió la sanidad la hija de la mujer sirofenicia; se desató el poder de Dios que estaba en Cristo para ese milagro, Cristo al hablar que fuera hecho, fue hecho; porque el que tiene la autoridad es el que manda que se desate, que se cumpla, que se haga, lo que sea dicho. Por lo tanto, la autoridad de Jesucristo viene del Cielo, y la autoridad de cada hijo o hija de Dios viene del Cielo por medio del Espíritu Santo.

Permanezca con su fe puesta en Cristo, creyendo lo que ha sido prometido. Siempre colocando su fe firme en la Palabra de Dios, no haciéndose de ilusiones la persona, sino creyendo lo que fue dicho, y se hará realidad.

Con autoridad, con la autoridad, se trabaja en la Obra de Dios para que se haga una realidad todo lo que Él ha prometido, así fue en el tiempo de Noé. Noé tenía autoridad, tenía la revelación, estaba basando su construcción del Arca en lo que Dios le había revelado, y Dios lo ayudó, y escapó del diluvio con su familia.

Dios, a Su Iglesia y por consiguiente a cada miembro de Su Iglesia, le ha dado autoridad, y es necesario que cada creyente en Cristo sepa quién es Cristo y quién es él (la persona) para que así sepa lo que Dios ha dicho de usted y de mí para este tiempo final, y las cosas que y en las cuales estarán trabajando todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, para lo cual se requiere tener conocimiento de lo que Dios quiere que se haga en este tiempo final, tener conocimiento de lo que está prometido que va a ser hecho en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, y trabajar en todo proyecto espiritual o físico que esté prometido para ser cumplido en el Día Postrero, porque los instrumentos que Dios va a usar serán los creyentes en Cristo del Día Postrero, así como para cada tiempo usó a los creyentes de Edades pasadas.

Será Cristo por medio de Su Espíritu Santo obrando por medio de los creyentes en Él, así como fue Dios obrando por medio de Cristo, será Cristo obrando por medio de Su Iglesia.

Y ya para llegar al final, en la página 187 del libro de “Las Edades” en español, dice:

“De un grupo pequeño de la verdadera simiente de la Palabra, Dios presentará a Cristo una Novia amada. Ella es una virgen de Su Palabra. Ella es una virgen porque no conoce ningún credo ni dogma hecho por el hombre. Por y por medio de los miembros de la Novia (o sea, de Su Iglesia Novia) será cumplido todo lo prometido por Dios que habría de ser manifestado en la virgen (o sea, en la Iglesia).”

Es a través de Su Iglesia Novia que Dios cumplirá por medio de Su Espíritu Santo, por medio de Cristo en Espíritu Santo, todo lo que ha sido prometido que va a hacer y a suceder en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en medio del Cristianismo, y por consiguiente yo estoy y estaré trabajando en todo proyecto divino correspondiente a la Iglesia del Señor Jesucristo, correspondiente a este tiempo final, y muchas otras personas también estarán trabajando, ¿quiénes serán? Todos ustedes también, porque conocerán cuál es el Programa divino correspondiente a este tiempo final, qué es lo que hay que estar haciendo en este tiempo final, cuál es la voluntad del Señor, qué es lo que Él quiere que se haga en este tiempo final, y por consiguiente lo estarán haciendo los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque tienen la autoridad para hacerlo; y por consiguiente el poder de Dios se desatará para que se haga una realidad lo que Dios quiere que se haga en este tiempo final en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

La misma autoridad que Dios colocó en Cristo, que Dios le dio a Cristo, y la usó, es la misma que Cristo le da a Su Iglesia y a cada creyente en Él, y la ha estado usando de Edad en Edad y la usará en este tiempo final.

“LA AUTORIDAD DE JESUCRISTO,” la cual viene ¿de dónde? Del Cielo, de Dios, y la autoridad de la Iglesia, la cual viene del Cielo, del Señor Jesucristo, le fue dada autoridad para predicar el Evangelio de Cristo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ha recibido esa autoridad para predicar, y es lo que ha estado haciendo por alrededor de dos mil años, y continúa la predicación del Evangelio de Cristo hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo cual si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Para lo cual puede pasar al frente, acá, y los que estén en otros lugares, en otros países, pueden pasar al frene en el lugar donde ustedes se encuentren para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, recordando que Él dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” Y también dice: “El que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33); y San Marcos, capítulo 8, versos 26 en adelante, nos dice que “el que se avergonzare de Cristo y de Sus Palabras, Él se avergonzará de la tal persona cuando venga en Su Reino con los ángeles.”

Por lo tanto, no nos podemos avergonzar de Cristo, pues no queremos que Él se avergüence de nosotros. No hay otra forma para obtener la salvación y Vida eterna y por consiguiente ser reconciliados con Dios y tener paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan en diferentes países, y aquí también, al frente, los que todavía no habían recibido a Cristo como Salvador, o los que también lo habían recibido pero se habían apartado de Cristo y ahora Cristo los ha llamado nuevamente, les ha dado una nueva oportunidad.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han recibido a Cristo, están recibiendo a Cristo, en diferentes países, para que Cristo les reciba en Su Reino. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en esta ocasión. Te ruego los recibas en Tu Reino y Te ruego les des Vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han estado viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, nació la fe Tuya en mi corazón, creo en Ti, creo en Tu primera venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir eternamente. Señor, haz una realidad la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para toda persona que Te recibiría como único y suficiente Salvador. En Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo, Te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes que lo han recibido en estos momentos, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro único y suficiente Salvador, bien pueden ser bautizados en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua en el Nombre del Señor es tipológico. El mismo Cristo también fue bautizado en agua por Juan el Bautista, el cual no lo quería bautizar porque decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó, y cuando subió de las aguas bautismales el Espíritu Santo vino sobre Jesús, y así fue lleno de todo poder divino, recibió la autoridad del Cielo, la autoridad divina, para usar todo el poder divino, para que se manifestara el poder de Dios a través de Él.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ahí tenemos la tipología o simbolismo del bautismo en agua, por eso en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados todos los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y sean investidos de la autoridad celestial y de poder de lo alto; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Será hasta el próximo domingo Dios mediante en que estaré nuevamente con ustedes, continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA AUTORIDAD DE JESUCRISTO.”

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