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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión vamos a leer una Escritura luego de haber también adorado a Dios, glorificado Su Nombre y haber visto también lo que está sucediendo en otros países y cómo Dios está bendiciendo a los judíos también. Leemos en Romanos, capítulo 5, verso 5 en adelante, dice:

“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.” La gran victoria en el amor divino.

La Escritura nos dice que aún siendo pecadores Cristo murió por nosotros, por causa ¿de qué? dice la Escritura que eso fue la muestra del amor de Dios hacia nosotros:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

San Juan, capítulo 3, verso 16, también nos dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

La Venida del Señor dos mil años atrás y Su muerte en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados en Su cuerpo y pagando la pena por el pecado nuestro, que fue la muerte, muestra el amor divino, el amor de Dios, a través de Cristo muriendo por nosotros en la Cruz del Calvario para nuestra redención.

El Programa de Redención tiene dos partes muy importantes: la redención para el alma y la redención del cuerpo. 

Encontramos que ya la primera parte se efectuó en la Cruz del Calvario, y millones de seres humanos han estado recibiendo la redención del alma a través de Cristo, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en su alma y recibirlo como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, arrepentidos de los pecados, y Cristo bautizando a la persona con Espíritu Santo y Fuego y produciendo en la persona el nuevo nacimiento, naciendo de nuevo, naciendo en el Reino de Dios.

De eso fue que le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo que produce en la persona el nuevo nacimiento, nace como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios, porque el primer nacimiento, según la carne, a través de nuestros padre terrenales, nos trajeron al reino terrenal, al reino que existe en esta Tierra, a una vida temporal, mortal, corruptible, y que por más que viva la persona, siempre se le acaba esa vida que hemos heredado de Adán y Eva luego que ellos pecaron en el Huerto del Edén, pues fue la clase de vida que les quedó: vida temporal, porque la eterna la perdieron al pecar.

Y ahora, encontramos que al Programa de Redención que Cristo, el Hijo de Dios, llevaría a cabo, está la redención para el alma y la redención para el cuerpo. Ya millones han estado disfrutando de la primera parte: la redención espiritual, y por consiguiente la adopción espiritual de cada creyente en Cristo en el Reino de Dios, y han quedado reconciliados con Dios y por consiguiente tienen paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador; porque Cristo es nuestra paz que de ambos pueblos: judíos y gentiles, hizo uno: la Iglesia del Señor Jesucristo, un pueblo espiritual compuesto por todos los creyentes en Cristo.

Pero falta la segunda parte de la Redención, que es la redención del cuerpo, que está prometida para ser llevada a cabo en el Día Postrero, en donde habrá una manifestación plena del amor de Dios para con todos los creyentes en Cristo, y tiene que ser paralelo a como fue dos mil años atrás aquella manifestación del amor de Dios en toda Su plenitud.

Allá en los días de Jesús se estaba viviendo en el ciclo divino correspondiente a la Redención, que corresponde a la venida de la piedra del ángulo, que era el Mesías, el cual fue introducido por el mensaje de Juan el Bautista, que fue el precursor de la Primera Venida de Cristo.

Tenía que Dios cegar al pueblo hebreo para que no lo reconocieran para poderse llevar a cabo la Obra de Redención con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, porque Él tenía que poner Su vida en Expiación por el pecado nuestro, conforme a Isaías, capítulo 53, versos 10 en adelante; y también en Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27; el cual, señala la Escritura, que tenía que Su vida ser quitada, no por Sí mismo, sino que le quitarían la vida al Mesías en la semana número setenta de las setenta semanas de Daniel, capítulo 9.

El único que murió haciéndose pecado por el ser humano y así llevando nuestros pecados, fue Jesucristo en la Cruz del Calvario en la semana número setenta, a mitad de esa semana número setenta, como estaba ya profetizado por el profeta Daniel, lo cual le fue revelado por el Ángel Gabriel a Daniel.

Y ahora, faltan tres años y medio, que es la segunda parte de la semana número setenta, de trato de Dios con el pueblo hebreo; pero ahí, a la mitad de esa semana número setenta, se abrió una brecha para Dios tratar con los gentiles y llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre, el cual está compuesto por todos los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces vendrá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos en la Tierra, los cuales habrán nacido de nuevo y estarán formando parte de la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, y que estarán viviendo en una etapa paralela a la del tiempo de Jesucristo dos mil años atrás; o sea, que estarán viviendo en una etapa que corresponde a la Venida del Señor para el Día Postrero, al tiempo para la venida de la piedra del ángulo que vio el profeta Daniel y había visto el rey Nabucodonosor en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel.

Esa piedra no cortada de manos, que en el Día postrero vendrá, es la Venida del Mesías para quitar el reino de los gentiles, representado ese reino en los pies de hierro y de barro cocido, en el Día Postrero, el cual ha estado pasando por diferentes etapas: la etapa de la cabeza de oro que corresponde al reino babilónico encabezado por el rey Nabucodonosor, el pecho y los brazos de plata que corresponde al imperio medopersa, luego pasó por la etapa del vientre y los muslos de bronce, que corresponde al imperio de Grecia, y luego pasó a las piernas de hierro, que corresponde al imperio romano de los césares, y luego pasó a los pies de hierro y de barro cocido, que es la etapa del imperio de los gentiles que existe en la actualidad.

Es para esta etapa final del reino de los gentiles que la piedra no cortada de manos, que será la Venida del Mesías, impactará al reino de los gentiles y será quitado el reino de los gentiles y establecido el Reino del Mesías. La Capital de ese Reino será Jerusalén.

Por lo tanto, será un Reino judío, el Distrito Federal será todo el territorio de Israel, y el Trono del Mesías estará en Jerusalén, y eso será la restauración del Reino de David y Trono de David, porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David; eso lo encuentra usted en el libro de Reyes y de Crónicas también. 

En el libro de Crónicas lo encontramos por el capítulo 28 y capítulo 29, cuando fue declarado rey y ungido rey el rey Salomón, hijo del rey David. Dice el rey David en el capítulo 28 de Primera de Crónicas, versos 4 en adelante, dice:

“Pero Jehová el Dios de Israel (dice... se usa en esa versión, se usa el nombre Jehová; en otras versiones se usa el nombre del Señor o el Eterno)... pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.”

Recuerden que David es el octavo hijo de Isaí; las generaciones de Isaí: el primer hijo, segundo hijo, tercer hijo, cuarto hijo, quinto hijo, séptimo hijo y octavo hijo; por lo tanto, David es, en cuanto a hijos de Isaí, la octava generación de hijos de Isaí. En el octavo hijo de Isaí vino la bendición o estuvo la bendición para ser rey sobre Israel:

“Y de entre todos mis hijos (porque Jehová (o sea, el Eterno, el Señor) me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”

Para que se siente en el Trono del Eterno, del Señor, sobre Israel. El Trono del Dios eterno, el Trono terrenal de Dios, es el Trono de David; el Reino terrenal de Dios es el Reino de David. Miren la bendición tan grande que tiene Israel; por esa causa es que todas las naciones deben entender quién es Israel delante de Dios y cuál es el programa que Dios tiene con Israel. Miren lo que dice San Pablo: Romanos, capítulo 4, verso 13 dice:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo (de que sería heredero ¿de qué?)... de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

O sea, que la descendencia de Abraham será heredera del mundo y por consiguiente el Reino de este mundo pertenece al Mesías que con el pueblo hebreo gobernará este planeta Tierra; por eso es tan importante el tema del Mesías y Su Venida para el Día Postrero, porque de eso depende la paz para Israel, depende que Israel sea colocado a la cabeza de todas las naciones, o sea, vendrá a ser la Capital del mundo, el Distrito Federal del mundo, del Reino de Dios: Israel, y la Capital de ese Reino, que será mundial, será Jerusalén, y el Trono es el Trono de David.

Por lo tanto, el amado, el David, prometido para sentarse en el Trono de David, es el Mesías Príncipe que para el Día Postrero aparecerá en esta Tierra; y cuando se está escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final o Gran Trompeta, de Isaías, capítulo 27, verso 13, se estará escuchando a Elías precursando la Venida del Mesías y proclamando la paz imperecedera, la paz permanente para el pueblo hebreo y dando a conocer cómo será que vendrá la paz que tanto anhela Israel, será exclusivamente en el Reino del Mesías, el Mesías traerá la paz para Israel.

Mientras tanto se lucha para que haya paz en Israel y tengan paz con Israel las demás naciones, aunque eso es paz temporal que se obtiene por tratados entre naciones y sus líderes en lo que llega la paz permanente que el Príncipe de Paz, el Mesías, traerá en Su Reino para Israel; y no solamente para Israel, sino para todas las naciones.

Por lo tanto, de la Venida del Mesías depende la paz para la familia humana, pues el Mesías será el Príncipe de Paz de Isaías, capítulo 9, versos 1 al 7; por eso el tema más importante es el tema de la Venida del Mesías para el tiempo final, el Día Postrero o este tiempo final, porque de la Venida del Mesías depende también la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que están esperando la Venida del Señor para la transformación y rapto o arrebatamiento para ir con Cristo al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero, pues es una promesa divina para todos los creyentes en Cristo que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y en el amor divino vendrá una manifestación divina para el Día Postrero, y será la manifestación del amor divino en toda Su plenitud en el Día Postrero, para llevar a cabo esa segunda parte de la redención de todos los creyentes en Cristo y para la redención de Israel, pues Israel va a recibir esa redención y por consiguiente va a ser restaurado al Reino de Dios, al Reino de David, al Reino del Mesías; ahí es donde tendrá paz permanente.

Para lo cual se requiere que la Iglesia, Israel, y la humanidad, lleguen a una etapa de oro del Programa Divino, al ciclo divino del amor divino, en donde Dios manifestará Su amor por Su Iglesia, por Israel, y por la humanidad, llevando a cabo esa Obra de Redención, de adopción, de redención física, para el cuerpo de los creyentes en Cristo, siendo transformados los creyentes en Cristo que estén vivos nacidos de nuevo, y los que murieron creyentes en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo dos mil años atrás.

Para eso es la Venida del Mesías, la Venida del Señor, para el Cristianismo, pues la Venida de Cristo, la Segunda Venida de Cristo... para los judíos, por cuanto no le fue dado ver que Jesús era el Mesías, para los judíos aparecerá como la Primera Venida o la Venida del Mesías, y después comprenderán la historia de todo lo que sucedió dos mil años atrás; tenía que ser de esa forma para llevar a cabo esa Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y con esa Obra de Redención salvó a Israel y salvó a toda la humanidad de la muerte que tenía que venir en aquel tiempo de Jesús por causa del pecado. Jesús, en San Juan, capítulo 12, verso 24, dice:

“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Cristo es el grano de trigo, y si no moría llevando nuestros pecados y moría en la Cruz del Calvario, toda persona que vivía sobre la Tierra tenía que morir y quedaría Él solo caminando en este planeta Tierra.

Lo mismo pasó cuando Eva pecó: si Adán no la recibe, ella tenía que morir y tenían que morir la serpiente que engañó a Eva y toda esa raza de la serpiente, y todos los animales, y quedaría solo Adán caminando sobre la Tierra. Adán es tipo de Cristo, por eso Jesucristo es el segundo Adán y la Iglesia es la segunda Eva para Cristo por medio de Su Espíritu reproducirse a través de Su Iglesia (de la segunda Eva), reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios con Vida eterna.

Estamos en el tiempo en que el ciclo divino para la manifestación de la gran victoria en el amor divino tiene que llevarse a cabo, estamos en el tiempo glorioso para esa manifestación.

El reverendo William Branham en una ocasión cita las palabras que fueron dichas en una manifestación del Espíritu a través de una persona que habló en lenguas, y la interpretación fue dada por tres personas diferentes. Dice este libro de “Citas,” citas de diferentes mensajes del reverendo William Branham, y de diferentes temas, dice en la página 54, párrafo 464, dice... Esto fue dicho en francés y luego traducido al inglés, y aquí traducido al español:

“Porque tú has escogido la senda angosta, la vía más dura; tú has andado en tu propio escogimiento, - ahora mire. Ahora este hombre... ahora cuiden como está escrito. Ustedes ven que está escrito en unas palabras extranjeras - ‘tú has escogido la decisión correcta y precisa y ella es mi vía;’ bendito Dios. ‘Ella es mi vía;’ El dijo - ‘por causa de esta decisión tan importante, una porción enorme del cielo te espera,’ - él nunca había oído acerca de la visión, (¿ven ustedes?) ustedes recuerdan la visión (o sea, fue la visión de cuando él estuvo en el Paraíso y vio miles de personas, o millones, que eran sus convertidos y que estaban en el Paraíso, que ya habían partido de esta Tierra)... ‘una porción enorme del cielo te espera. Qué decisión tan gloriosa has hecho tú.’ (¿Ven?) esto en sí mismo -ahora aquí está, de aquí en adelante yo no entiendo - ‘Esto en sí mismo es eso’ - paréntesis grandes alrededor de ello - ‘lo cual dará y hará venir a pasar la victoria tremenda en el Amor Divino.’ Yo no sé qué quiere decir eso. Esto vendrá a suceder... tal vez en la carpa pequeña uno de estos días puesta allá atrás, Él lo hará notorio.”

Para esa victoria, gran victoria, en el amor divino, dice el reverendo William Branham, dice: “...Yo no sé qué quiere decir eso. Esto vendrá a suceder... tal vez en la carpa pequeña uno de estos días puesta allá atrás, El lo hará notorio.”

Ahora, vean cómo coloca la gran victoria en el amor divino en la manifestación de Dios por medio del Espíritu Santo, la Columna de Fuego, en un cuartito pequeño que estará dentro de una Gran Carpa-Catedral, miren cómo todo está entrelazado y las cosas que Dios tiene para Su pueblo, para Su Iglesia, y también para los judíos.

Ahí los judíos van a ver al Dios de Israel manifestado en el amor divino, van a ver una manifestación del amor divino en toda Su plenitud, y de parte de Dios va a ser obtenida la gran victoria en el amor divino, porque Cristo, Dios por medio de Cristo, es el que nos da la victoria.

Hay una bendición muy grande en el cumplimiento de esa visión de una Gran Carpa-Catedral, en donde habrá un cuartito pequeño de madera, y en donde va a estar la misma Columna de Fuego, el mismo Ángel del Pacto, que le apareció a Moisés y libertó por medio del profeta Moisés al pueblo hebreo, y acompañó al pueblo hebreo por el desierto por cuarenta años y los introdujo en la tierra prometida.

Va a estar el Ángel que acompañaba al reverendo William Branham, va a estar ahí, va a estar en ese cuartito pequeño; y aun el reverendo William Branham va a llegar también a ese lugar. ¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a suceder? Esperen a que eso suceda.

Todo eso traerá la gran victoria en el amor divino para todos los creyentes en Cristo que estén vivos y para los que murieron en el pasado. Habrá una Gran Carpa-Catedral, y dentro habrá un cuartito pequeño, y ahí va a estar la presencia de Dios en la Columna de Fuego, va a estar el Ángel que acompañaba al reverendo William Branham, y también va a llegar, en algún momento, el reverendo William Branham.

Por eso es tan importante saber dónde, en qué etapa, de la Iglesia de Señor Jesucristo, se cumplirá la Visión de la Carpa y se cumplirá la gran victoria en el amor divino. Tiene que ser un tiempo paralelo al tiempo de Jesús, y aquel fue tiempo de Edad de Piedra Angular, porque Cristo es la piedra del ángulo, el Mesías Príncipe es la piedra angular, y Su Edad era de piedra angular también.

Tiene que venir una Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia para el Día Postrero, para que pueda venir la piedra angular, Cristo, la piedra del ángulo, que está prometida para venir en el Día Postrero; y esa piedra va a crecer y va a convertirse en un gran monte, un gran Reino que llenará toda la Tierra, y eso será el Reino del Mesías que va a cubrir el mundo entero; todas las naciones y todos los seres humanos estarán bajo el Reino y Corona y Trono del Mesías. Ahí Israel va a tener la bendición más grande de todos los tiempos, y también la Iglesia del Señor Jesucristo.

Estamos en un tiempo muy importante, estamos en la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad de la piedra del ángulo, la Edad de Piedra Angular, la Edad del amor divino. ¿Cómo sabemos que será en esa etapa? Pues no fue en las etapas pasadas, por eliminación ya sabemos que no es para Edades pasadas porque no se cumplió en Edades pasadas, es para este tiempo final en el cual hemos llegado, a la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la Edad de la Piedra del Ángulo, la Edad para la Venida del Mesías en este tiempo final, la etapa o Edad del amor divino.

Otras Edades tuvieron otras virtudes, como la séptima etapa de la Iglesia tuvo el amor fraternal entre los hermanos; pero ahora es la etapa del amor divino para tenerse la gran victoria en el amor divino. Por lo tanto, para nuestro tiempo tenemos la promesa de una manifestación del amor divino como sucedió dos mil años atrás en donde Dios envió a Su Hijo Jesucristo:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y ahora, para este tiempo final es para obtener la Vida eterna física en adición a la Vida eterna que el alma nuestra ha recibido de parte de Dios en el Programa de Redención en el cual hemos entrado al recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Ahora podemos ver el tiempo en que estamos viviendo, en qué etapa o Edad del Programa Divino estamos viviendo en el Templo espiritual de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, un tiempo paralelo al de Jesús, un tiempo paralelo al de Noé, un tiempo paralelo al de Abraham y Lot, tiempos paralelos se han vivido en el pasado, y ahora estamos viviendo en un tiempo paralelo al tiempo de Noé, al tiempo de Abraham y Lot, al tiempo de Jesús también.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de la Iglesia del Señor Jesucristo, del Cristianismo, y también el tiempo más glorioso para los judíos, para los hebreos; es tiempo para la redención del cuerpo físico de los creyentes en Cristo para ser transformados, ser glorificados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero con y en cuerpos jóvenes, eternos, glorificados.

Los carros de Dios, como se llevaron a Elías, se llevarán a los escogidos, a la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

Por lo tanto la Iglesia del Señor Jesucristo estará trabajando en todo el Programa Divino que tiene que ver con nuestro tiempo, y las cosas que Él quiere que Su Iglesia haga para que venga la manifestación gloriosa del amor divino en toda Su plenitud, y para que se lleve a cabo esa gran victoria que tanto necesitamos que obtengamos, que será la redención del cuerpo, la adopción, de la cual habla San Pablo en Hebreos y también en Romanos. Romanos, capítulo 8 dice San Pablo:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora (capítulo 8, versos 22 al 23);

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La redención del cuerpo, o sea, nuestra transformación, la glorificación; para eso es que está prometida la Venida del Señor para el Día Postrero conforme a las palabras del apóstol Pablo que nos dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, o sea, va a ser transformado nuestro cuerpo, va a ser cambiado en nuestros átomos nuestro cuerpo)... el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra , para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (ahí es que obtendremos la semejanza física de Jesucristo, ahí es que obtendremos un cuerpo físico, glorificado, como el cuerpo físico glorificado que tiene Jesucristo y está sentado a la diestra de Dios el Padre en el Cielo), por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para llevar a cabo esa transformación (esto es Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21). Y en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, Cristo dijo, ya resucitado: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” y si Él tiene el poder, todo le fue dado, el poder en el Cielo y en la Tierra, Él tiene el poder para resucitar a los muertos creyentes en Él y a los vivos transformarlos. Él mismo dijo que Él va a llevar a cabo esa resurrección. San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿quién lo resucitará? Jesucristo).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ahí tenemos la promesa de que Jesucristo va a resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente y a los que estén vivos los transformará, y eso será la redención del cuerpo, la glorificación, eso será la adopción física como hijos e hijas de Dios, de todos los creyentes en Cristo. Por lo tanto, las palabras del Apocalipsis suenan en nuestro corazón y se asientan firmemente en nuestra alma, cuando dice en el capítulo 21, verso 6 al 7, del Apocalipsis, dice:

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin (¿quién es el Alfa y Omega? Jesucristo). Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.”

Recuerden las palabras de Cristo cuando dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creerían en Él, pues todavía no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús todavía no había sido glorificado.” (San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39).

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”

Ahí podemos ver que serán adoptados como hijos e hijas de Dios todos los creyentes en Cristo con cuerpos eternos y glorificados; esa será la adopción física, porque ya la espiritual la han obtenido al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre arrepentidos de sus pecados, y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego y producir en ellos el nuevo nacimiento; ya esa adopción espiritual se ha llevado a cabo en todos los creyentes en Cristo que lo han recibido como Salvador.

Pero nos falta la adopción física que será nuestra glorificación, transformación, para tener cuerpos eternos y glorificados, iguales al cuerpo glorificado de Cristo, y entonces seremos a Su imagen y a Su semejanza, y jóvenes para toda la eternidad, y eso será la gran victoria en el amor divino.

Por lo tanto, veremos en medio del Cristianismo una Gran Carpa-Catedral, y dentro un cuartito pequeño, y ahí va a estar la Columna de Fuego, la presencia de Dios, el Dios de Israel. Por lo tanto será una Gran Carpa-Catedral para la gloria del Dios de Israel; para habitar ahí y llevar a cabo la gran victoria en el amor divino.

De eso es que estuvo hablando el reverendo William Branham; y donde se cumpla esa visión, veremos una Gran Carpa-Catedral con un cuartito pequeño de madera dentro de ella, ahí van a estar los ministerios de Moisés, de Elías, y de Cristo, operados por el Espíritu Santo.

Por lo tanto, el Mesías visitará primero a la Iglesia y luego al pueblo hebreo. El pueblo hebreo lo va a ver en medio de la Iglesia, en medio del Cristianismo, y dirá: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Ahí lo vamos a dejar. Todo eso será la gran victoria en el amor divino, para beneficio, para bendición, del Reino de Dios, y para bendición de la Iglesia del Señor Jesucristo y para bendición del pueblo hebreo y de toda la humanidad. Por lo tanto, esperamos que la gran victoria en el amor divino se haga una realidad pronto en medio del Cristianismo, en medio de la raza humana.

Es importante que toda persona reciba a Cristo como su Salvador lo más pronto posible antes que se cierre la oportunidad de salvación, de redención, para el alma de las personas, para lo cual los que todavía no han recibido a Cristo lo pueden hacer, pueden pasar al frente y estaremos orando por usted que está presente o que está en algún país y está escuchando en estos momentos la oportunidad que tiene para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.” Por lo tanto, pueden venir a los Pies de Cristo los que no lo han hecho, y estaremos orando por usted, y en las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

“LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

Hubo una victoria en el amor divino dos mil años atrás en la Cruz del Calvario en donde luego (Cristo) de haber muerto, ser sepultado, resucitó victorioso glorificado; y habrá una gran victoria en el amor divino que nos llevará a la glorificación; a los que murieron creyentes en Cristo los resucitará en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos nos transformará, y eso será la gran victoria en el amor divino.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones; todos puestos en pie los que están presentes y los que están en otras naciones, para la oración en favor de los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración cuando les indique a los que están recibiendo a Cristo como Salvador:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, recíbelos en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que están viniendo a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Usted dirá: “He creído en nuestro amado Señor Jesucristo como mi único y suficiente Salvador, ¿cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, el agua no tiene poder para quitar pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; es la Sangre de Cristo la que desintegra el pecado y lo regresa a su dueño original que es el diablo. Por eso en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando el ministro sumerge a la persona en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, tipológicamente está resucitando a la Vida eterna. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al ministro aquí presente, y en cada país dejo al ministro correspondiente. Continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y hasta el próximo domingo Dios mediante.

“LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

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