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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y también los que están en otros países, y para los que todavía no son las 12:00 o no ha pasado de las 12:00 del mediodía: buenos días; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.     Para esta ocasión leemos en Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, donde nos dice el apóstol San Pablo:     “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;     el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.     Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.     Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.     Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;     pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y Su Espíritu, y nos permita entenderla.     Nuestro tema para esta ocasión es: “UNA COMPLETA OBEDIENCIA AL UNGIDO DE DIOS.”     En este pasaje que hemos leído, encontramos el tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo, el cual fue el pueblo hebreo, y el tipo y figura de Cristo lo fue Moisés. Por lo tanto, todo lo que pasaría en la Iglesia y con la Iglesia del Señor Jesucristo y los que formarían la Iglesia, fue tipificado, representado, en el pueblo hebreo saliendo de Egipto hasta llegar a la tierra prometida.     Desde el punto de Egipto hasta Canaán o tierra prometida, transcurrieron muchos años: cuarenta años, aunque ese viaje podía llevarse a cabo en menos de un mes; ese lapso de tiempo corresponde en tipo y figura al tiempo que la Iglesia del Señor Jesucristo estará sobre la Tierra desde el Día de Pentecostés hasta la Segunda Venida de Cristo, la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los que estén vivos creyentes en Cristo, y luego ser arrebatados con Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y así en el Día Postrero entrar a la tierra prometida del cuerpo nuevo y eterno, cuerpo glorificado, e ir también a una nueva tierra en el Cielo, a la Casa del Padre celestial, a la fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero.     Y luego de transcurridos tres años y medio en el Cielo en la Cena de las Bodas del Cordero, regresar a la Tierra para habitar en este planeta Tierra con cuerpos glorificados y reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.     El milenio será la entrada a la tierra prometida en lo literal, al Reino del Mesías en la Tierra. Han transcurrido ya unos dos mil años de Cristo hacia acá, y por consiguiente, con el atraso que tiene el calendario, y más siendo que los años del calendario profético son de... los días son de 360, el año tiene 360 días en el calendario profético, y el año gregoriano tiene 365 días, entonces cuadrando esos días extras que tiene el calendario gregoriano, estamos ya por los dos mil años de Cristo hacia acá, y aun del Día de Pentecostés hacia acá.     Y si falta algo, es muy poco tiempo lo que falta para completarse dos mil años del Día de Pentecostés hacia acá, pero no vamos a sacar muchos números, solamente vamos a ver el tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo, que fue el pueblo hebreo, y el líder de la Iglesia del Señor Jesucristo, el cual es el Señor Jesucristo en medio de Su Iglesia en ese Espíritu Santo, tipificado en Moisés con la Columna de Fuego que era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, en medio del pueblo hebreo.     Esa Columna de Fuego que le hablaba a Moisés, es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Espíritu Santo en medio del pueblo hebreo guiando a Moisés en ese éxodo de liberación rumbo a la tierra prometida.     En esa trayectoria, que podía ser corta, tardaron cuarenta años, y en cuarenta años las personas tienen muchos problemas, los individuos tienen problemas, y mucho más un pueblo completo, porque se reúnen los problemas de cada persona, y forman un problema nacional.     Todos los problemas que encontramos, sabemos que el enemigo de Dios se los causaba al pueblo hebreo, porque el pueblo se rebelaba en contra de Moisés en diferentes ocasiones; murmuraban en contra de Moisés y no estaban de acuerdo con Moisés en muchas cosas, y aun antes de salir de Egipto le decían que les habían venido más problemas desde que Moisés llegó a Egipto para libertarlos.     O sea, que Moisés comenzó con problemas con el pueblo, o el pueblo comenzó con problemas con Moisés, el libertador a través del cual Dios los libertaría; y estando en el desierto ya, por cuanto no creyeron que era posible conquistar la tierra prometida allá en Cades-Barnea, por allá por ese lugar, cuando Moisés envió los doce espías, un príncipe de cada tribu, entre los cuales estaban Josué y Caleb, Caleb de la tribu de Judá y Josué de la tribu de José, y para ser más específico: de la tribu de Efraín, que era una de las dos tribus que formaba la tribu de José, porque la tribu de José tenía la doble bendición, la Bendición de la Primogenitura, y por lo tanto, José, la tribu de José, estaba compuesta por dos tribus: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés.     Siempre el que tiene la Bendición de la Primogenitura tiene dos partes, dos bendiciones, por eso los creyentes en Cristo tienen bendición terrenal y bendición celestial; por eso son herederos del Reino celestial y herederos del Reino terrenal, bendiciones del Cielo y bendiciones de la Tierra también.     Por eso son reyes con Cristo para reinar con Cristo por mil años, son sacerdotes también, del Orden celestial de Melquisedec, para ser parte también de la parte religiosa del Reino del Mesías, del cual Jesucristo es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; ese es el Orden que estará sobre la Tierra en el Reino milenial, el Reino del Mesías.     Y por cuanto Cristo es a quien Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos, el cual juzgará a los vivos y a los muertos, los creyentes en Cristo dice la Escritura que juzgarán al mundo y aun a los ángeles (capítulo 6 de Primera de Corintios), por lo tanto, también son parte del poder judicial que tendrá el Reino del Mesías; o sea, del gabinete del Juez Supremo, del poder judicial del Reino del Mesías, es Cristo, y Su gabinete de jueces son los creyentes en Él.     Es tan grande ese poder, que juzgará a los vivos y a los muertos y también juzgará aun a los ángeles, o sea, que es el poder judicial que entrará en el Reino del Mesías, como también el poder religioso será el del Mesías en el cual Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, y por consiguiente Su gabinete serán los creyentes en Él que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.     Todo fue reflejado en el pueblo hebreo, por lo tanto, podemos ver cómo va cumpliéndose en la Iglesia del Señor Jesucristo, del cual vino ese reflejo o tipo y figura en el pueblo hebreo, porque las cosas que se ven, son hechas de las que no se veían. Por lo tanto, así como hubo un pueblo terrenal, hay un pueblo celestial que es la Iglesia del Señor Jesucristo, así como hubo un pueblo terrenal: el pueblo hebreo, el cual todavía existe y va a tener grandes bendiciones en este tiempo final.     Ahora, en su trayectoria rumbo a la tierra prometida hubo tres clases de creyentes: el creyente verdadero, que se agarraba siempre de lo que Dios había hablado y que se mantenía en completa obediencia a lo que su líder, el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el Ángel del Pacto, en medio del pueblo hebreo, decía, hablaba, enseñaba, por medio del profeta Moisés.     Rechazar lo que Dios hablaba por medio del profeta Moisés, era rechazar a Dios, a tal grado que en una ocasión allá en el Éxodo, capítulo 23, Dios le dice al pueblo, le da el secreto al pueblo para tener la victoria siempre y las bendiciones divinas; capítulo 23, verso 20 al 23 dice del Éxodo.     “He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.     Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.     Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.     Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”     Ahí podemos ver quién era, es y será siempre el líder del pueblo hebreo; pero Él usa instrumentos, personas, de etapa en etapa, de Edad en Edad, de Dispensación en Dispensación, para hablarle al pueblo y para usarlos en la trayectoria correspondiente a cada tramo del Programa Divino. Es el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, el Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical, como también el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas, o sea, Dios por medio de Él creó todas las cosas; porque ese Ángel del Pacto o Ángel de Dios o Ángel de Jehová como le llaman en algunas versiones bíblicas, es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios.     Por eso cuando aparecía a diferentes profetas, les decía, como a Moisés, en el capítulo 3 del Éxodo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” era Dios en esa teofanía, en ese cuerpo angelical o teofánico, velado, hablándole a Moisés, esa es la causa por la cual Cristo dijo: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.”     Es que ese Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo teofánico, Su cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente; por eso es que aunque en el Antiguo Testamento dice la Escritura que diferentes personas como Abraham, Isaac, Jacob, Manoa, y otras personas dicen que vieron a Dios cara a cara, y se asustaron, pensaron que iban a morir; por ejemplo, Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis, se encontró con un varón, con un hombre de otra dimensión, lo agarró y no lo soltó hasta que recibió la bendición de ese Ángel, de ese hombre, de ese varón, el cual era el Ángel de Dios.     Jacob quiso conocer el Nombre, pero el Ángel no le reveló cuál era Su Nombre, pero era el Ángel de Dios, por eso le llamó Peniel al lugar donde tuvo ese encuentro con ese varón, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.”     También Manoa en el capítulo 13 del libro de los Jueces se encontró con ese Ángel, ese varón, él y su esposa lo vieron y hablaron con él, pero no sabían que era el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, hasta que Manoa ofreció una ofrenda a Dios, un sacrificio de un animalito, y mientras se consumía el holocausto, el sacrificio, el Ángel subió por la llama de fuego que consumía el holocausto, el sacrificio, y entonces Manoa supo que ese era el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, y tuvo miedo y dijo a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.”     Es que la Escritura dice, y Dios le dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá,” así que, Manoa conocía esa Escritura y tuvo miedo, y su esposa le dice, lo consuela, y le dice: “No hemos de morir porque de otra forma no nos diría Dios, no nos diría el Ángel, que vamos a tener un niño,” por lógica entonces ella sabía que no iban a morir. El niño que iban a tener era o fue Sansón, el hombre más fuerte del cual habla la Biblia, pero eso era cuando el Espíritu de Dios se manifestaba en él, era el hombre más fuerte.     Manoa y su esposa no murieron por ver al Ángel, sino que después murieron de alguna otra causa, de vejez quizás, pero no por ver a Dios en el Ángel. Siempre que veían al Ángel, las personas que sabían que era el Ángel de Dios, decían que habían visto a Dios cara a cara.     Por eso cuando también Abraham comió, le preparó una comida, un almuerzo, a tres Ángeles, él supo que uno de ellos era Dios, Elohím, el cual le había dado la promesa que iba a tener un niño, y transcurrieron unos veinticinco años, o veinticuatro años, hasta que ya por última vez le confirma la promesa, porque en otras ocasiones le había confirmado también la promesa de que iba a tener el niño, y ahora se la confirma por última vez, le dice: “Ya para el próximo año Sara va a tener el niño.”     Muchos... a muchas personas les gustaría tener una noticia así, de una promesa que Dios le haya hecho y que le diga: “El próximo año ya la vas a tener,” todos nosotros quisiéramos algo así en muchas de las cosas que esperamos de parte de Dios, para la Iglesia del Señor Jesucristo, que una promesa de las que Dios ha dicho, se le diga en nuestro tiempo: “Dentro de dos años o tres años van a tener lo que Dios prometió.” Dios nos va a conceder lo que Él prometió, eso es una buena noticia para nosotros. Hay muchas cosas; estamos esperando muchas bendiciones, muchas promesas, que Él hizo, las estamos esperando que sean confirmadas, o sea, vindicadas mas bien, vindicadas, hechas una realidad.     Y hay promesas que cuando las veamos cumplidas, entonces hemos de darnos cuenta que otras promesas mayores que esas ya están muy cerca; porque hay promesas que se cumplen dentro de otra promesa que se está cumpliendo.. o sea, que vienen, algunas promesas, el cumplimiento de algunas promesas, vienen con premios, con otros premios adicionales; dentro de una promesa pueden venir cinco, diez, o veinte promesas, dentro de ella, o sea, una promesa con muchas bendiciones dentro.     Por ejemplo, en la promesa de que Abraham tendría un niño, venían bendiciones grandes, porque vendría la Bendición de la Primogenitura, él la heredaría, y vendría la bendición de mucha simiente que estaba en Abraham, y pasaría de Abraham a Isaac, de Isaac a Jacob, de Jacob a los patriarcas, y así. ¿Ven? Dentro de una promesa que es cumplida, vienen otras promesas, otras bendiciones.     En la Iglesia del Señor Jesucristo hay muchas bendiciones, porque Cristo está en Su Iglesia llamando y juntando a todos Sus elegidos, Sus escogidos, a toda la descendencia de Dios que vendría por medio del Hijo de Dios, de Jesucristo, el segundo Adán, el cual se manifestaría en la reproducción de hijos e hijas de Dios en medio de Su Iglesia, que es la segunda Eva.     Si hay un segundo Adán, pues hay una segunda Eva. Y si hubo problemas allá en aquel éxodo en donde Dios libertó al pueblo hebreo por medio de Moisés, Dios en y con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, usó el velo de carne llamado Moisés, y libertó al pueblo hebreo, pero hubo luchas, hubo problemas, y todo eso encontramos que sirvió de ayuda, que los problemas sirvieron de ayuda.     Si un niño no tuviera el problema de que se moriría después que pase de los nueve meses en el vientre de su madre, no nacería, ya ve un problema ahí: ya hay que nacer. Miren lo que dice Deuteronomio, capítulo 8:     “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.     Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”     ¿Cuál fue la causa de las pruebas? Dice:     “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”     Por eso encontramos que pasó por etapas buenas y etapas difíciles. Es que algunas personas dicen: “Si estamos sirviendo a Dios, todo va a ser color de rosa,” y así cualquiera serviría a Dios, porque muchas personas quieren servir a Dios porque están interesadas en prosperidad económica, están interesados en bendiciones materiales, pero cuando les llega el momento de las pruebas, algunos dicen: “Yo no pensé que iba a tener problemas sirviendo a Dios, yo no pensé que en el camino de Dios como un creyente en Dios, pensé que no iba a pasar por pruebas.” Pero aquí, en la trayectoria del pueblo hebreo por el desierto, el mismo Dios dice que Él lo afligió, dice:     “...para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón...”     Porque con las pruebas es que sale lo que está en el corazón de las personas, por lo tanto, los que salieron de Egipto de cuarenta años en adelante, no pudieron entrar a la tierra prometida, (excepto Josué y Caleb), porque bajo las pruebas fallaron, murmuraron en contra de Moisés, y eso fue delante de Dios tenido como murmurar en contra de Dios a través del cual Dios estaba guiando al pueblo.     El líder del pueblo era Dios por medio del Ángel del Pacto, o sea, Su cuerpo angelical, usando un velo de carne llamado Moisés. El pueblo tenía que estar en completa obediencia a Dios, en lo que Dios le había ordenado a través de Moisés; tenían que hacer conforme al Programa Divino.     Recuerden que para cada Edad para cada Dispensación hay un Programa Divino para seguir, ese es el plano que todos están llamados a seguir:     “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”     Aquí podemos ver que Dios permitió que tuvieran hambre, pasaran por esa etapa, para Dios mostrar que Él es el proveedor, y así también que saliera del corazón de ellos lo que había en ellos. Cuando tuvieron hambre, en vez de orar a Dios y decirle a Moisés: “Vamos a orar contigo a Dios,” se pusieron a hablar en contra de Moisés, ahí están, esas personas fueron creyentes manufacturados, que decían que creían, pero cuando surgía algún problemita, se ponían en contra de Moisés y por consiguiente en contra del plan de Dios, y entonces trataban de combatir a Moisés y a los que estaban trabajando con Moisés en la Obra de Dios para aquel tiempo.     Eso mismo hacen en todo tiempo los manufacturados, de los cuales Judas es el tipo y figura principal. Miren a Judas Iscariote corrigiendo a Jesús, criticando a Jesús, porque una mujer tomó un frasco de perfume y lo derramó sobre Jesús, y Judas, pensando en el dinero, porque él de lo que... era el tesorero, de lo que se recibía él tomaba para él mismo, dinero, o sea, la Escritura dice que era ladrón, o sea, estaba pensando: “Esto pudo venderse en (no sé si fueron) trescientos (o algo así) y darlo a los pobres,” y él pensaba cuánto le iba a tocar a él de eso. O sea, que estaba protegiendo él, en ese pensar, lo que él podía obtener de esa venta.     También están los incrédulos: ellos no creen, y por consiguiente son menos problemáticos que los creyentes manufacturados, porque el creyente manufacturado, o hecho creyente, dice que cree, pero realmente no cree, se convierte en un crítico de los creyentes y en un enemigo también de los creyentes, porque siempre está tratando de imponer su opinión carnal, humana, interpretación personal, que puedan tener, y ellos creen que como ellos opinan es la mejor forma.     Eso fue lo que pasaba con Judas, quería enseñar a Jesús, decidir lo que Jesús debió de hacer: “Esto debió venderse por tantos, tanto dinero, para darlo a los pobres, esto es un desperdicio lo que están haciendo,” criticando al mismo Jesús.     Usted encontrará a los creyentes manufacturados, o hechos creyentes, actuando en esa forma, por lo tanto, encontrará que habrá esos tipos de problemas en medio del pueblo que va rumbo a la tierra prometida.     Pero los verdaderos creyentes siempre serán positivos, no importa los problemas que surjan en medio del pueblo, Dios lo ha prometido, y como Él ha prometido, así yo creo y vamos a llegar hasta nuestra transformación; pero si alguno muere, será transformado, será resucitado en cuerpo glorificado, no hay problema.     Por lo tanto, si alguno tiene que irse antes, no se preocupe, le daremos la bienvenida cuando regrese. Vamos a llegar a la culminación del Programa Divino, que será la glorificación de la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente la glorificación de cada creyente en Cristo para ser a la imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.     Pero mientras llega ese momento de la transformación, recuerden, hubo problemas en el tipo y figura: el pueblo hebreo, y por consiguiente habrá luchas, problemas, dificultades, hasta que seamos transformados; cuando seamos transformados glorificados, ya se acabaron nuestros problemas. Mientras tanto mantenemos la completa obediencia a Jesucristo nuestro Salvador, que está en medio de Su Iglesia por unos dos mil años, alrededor de dos mil años, desde el Día de Pentecostés hacia acá.     Siguiendo a Cristo estamos siguiendo al Ángel del Pacto y por consiguiente estamos siguiendo a Dios en Su programa en la Dispensación de la Gracia con el Evangelio de Cristo, y en este tiempo final se entrelazará el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, con el Evangelio del Reino, y eso corresponde a este tiempo final en la etapa de la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.     Si hubo problemas en los días de Jesucristo, también los habrá en nuestro tiempo, pero ¿qué podemos hacer? Pues estar del lado de Cristo, estar en el programa de Cristo, permaneciendo fieles a Cristo, en completa obediencia a Cristo, en la etapa que nos corresponde vivir, sin apartarnos de Cristo ni a diestra ni a siniestra, sin apartarnos de Cristo para otra forma de pensar diferente a Cristo, los apóstoles, el Cristianismo; sin dejar a Cristo. El que deja a Cristo, miren los problemas que tendrá, que son muy graves. Nos dice el apóstol San Pablo en el capítulo 10 del libro de los Hebreos, verso 26 en adelante, dice:     “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,     sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.     El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.     ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?     Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.     ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!     Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos.”     Ahí podemos ver que el que deja a Cristo lo que le espera luego es algo horrendo, ya no hay otro sacrificio por el pecado, solamente hay uno, y es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.     Es importante mantenernos sirviendo a Cristo, siguiendo a Cristo, en nuestra trayectoria con Cristo todos los días de nuestra vida, conscientes de que somos parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, y por consiguiente conscientes de que como individuos somos un templo humano de Cristo, en el cual Cristo habita por medio de Su Espíritu Santo y nos guía y nos bendice.     Ahora, podemos ver que tenemos luchas como individuos, y también la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico tiene sus diferentes pruebas, luchas, dificultades, a través de la historia de la Iglesia, a través de la historia del Cristianismo.     En nuestro tiempo las luchas son más espirituales y mentales que físicas. Cualquier persona puede decir: “Pues me gustaría haber vivido en el tiempo de los apóstoles o de otras Edades que siguieron al tiempo allá de los apóstoles,” allá, pues los perseguían, los mataban o los echaban a los leones o los quemaban.     Miren, estamos en el tiempo mejor del Cristianismo, por eso siempre le he llamado a nuestro tiempo la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad de Oro del Cristianismo. Las luchas en nuestro tiempo, por cuanto los derechos humanos han tenido fuerza, ahora las persecuciones mayores y dificultades, las luchas, son mentales, son espirituales, porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra poderes espirituales de la quinta dimensión, del reino de las tinieblas, y esos poderes, esos espíritus malos, usan personas también.     Pero recuerden, la lucha es más mental, espiritual, que física; y mientras tengamos trabajo, las luchas físicas no son tan difíciles, cuando no hay trabajo, entonces se forman problemas en el hogar, no hay comida para los niños y entonces ya hay bastante problema.     Pero vean ustedes, la comida espiritual es la más importante, y usted necesita comida espiritual para alimentar su alma, si no muere espiritualmente, “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” ¿Qué sale de la boca de Dios? Su Palabra, por lo tanto, Él provee Su Palabra para nuestro tiempo, para tenernos bien alimentados, y agua también. Por lo tanto, aunque dice la Escritura que “habrá hambre y sed, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra del Señor”, eso está por ahí por Amós, capítulo 8, verso 11 al 12.     “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová (o sea, la Palabra del Señor).     E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová (o sea, Palabra del Señor), y no la hallarán.     En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.     Por lo tanto, en nuestro tiempo es importante tener la Palabra de Dios para nuestro tiempo, para estar espiritualmente bien alimentados acá en nuestra alma, porque de otra forma la persona moriría espiritualmente, su alma moriría, no tendría Vida eterna. No tener Vida eterna es estar muerto en el alma, estar sin la Vida eterna es la cosa más triste que puede tener o sufrir una persona, pues estar vivo físicamente para vivir cincuenta o cien años, eso está bueno, pero se termina, y cuando termine, ¿qué le quedó? Si no tiene Vida eterna no podrá vivir eternamente con Cristo en Su Reino, y por consiguiente será echado en el lago de fuego luego que sea juzgado en el juicio final de Apocalipsis, capítulo 20, versos 7 en adelante.     Por lo tanto, lo más importante para la persona es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante, “¿de qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” pregunta Cristo nuestro Salvador. San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28:     “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”     Por lo tanto, lo más importante es tener asegurada la Vida eterna, no hay otra cosa más importante, para lo cual se requiere una completa obediencia al Ungido de Dios, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, Jesucristo nuestro Salvador, el cual está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hacia acá en Espíritu Santo.     “UNA COMPLETA OBEDIENCIA AL UNGIDO DE DIOS,” a Jesucristo. Recuerden que Cristo lo que significa es: Ungido, Mesías, el Mesías, el Ungido, el Cristo. “Una completa obediencia a Cristo, al Ungido, al Mesías, nuestro Salvador.     Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo para estar en completa obediencia a Cristo, al Ungido, al Mesías, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, y los que están en otras naciones también, que no han recibido a Cristo como Salvador todavía, lo pueden hacer para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     No hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es: Señor Jesucristo. Él es mi Salvador, mi Redentor, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también; no hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es: Señor Jesucristo, al cual somos obedientes.     Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final. Es que ya se está completando la Iglesia del Señor Jesucristo, y lo que vendrá después que se complete la Iglesia, será que Cristo terminará Su labor de intercesión en el Cielo como Sumo Sacerdote, saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad, que es el Libro sellado con siete Sellos en Apocalipsis, capítulo 4 y capítulo 5, lo tomará de la diestra de Dios el Padre, lo abrirá en el Cielo, y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.     A los muertos en Cristo los resucitará en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado que Él tiene, que Jesucristo tiene, y joven para toda la eternidad, y a los que vivimos nos transformará, y entonces todos seremos a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador, seremos personas glorificadas con cuerpos eternos, cuerpos inmortales y jóvenes para toda la eternidad. Eso es lo que Cristo tiene para todos los creyentes en Él que mantienen una completa obediencia a Él, a Cristo, el Mesías, el Ungido. Cristo está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo todo el tiempo, Él mismo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).     En los diferentes países también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador; y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.”     Cristo dijo en San Juan, capítulo 10: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).     La decisión más grande que un ser humano puede hacer en su vida es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Y lo más grande que Cristo le puede dar a una persona es la Vida eterna, no hay cosa más grande que Él le pueda dar a una persona, luego las demás cosas que Él dará, son extras a la Vida eterna: recompensas, galardones, todo eso.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En todos los países también puestos en pie y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, nuestros ojos cerrados:     Señor, Padre celestial, Dios eterno, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, recíbelos en Tu Reino, te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo.     Y ahora repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.     Quiero vivir en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.     Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma, y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como vuestro único y suficiente Salvador.     Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo,” por cuanto Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.     “Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Siendo un mandamiento de Cristo el ser bautizado toda persona que cree en Cristo, y Cristo habiendo sido bautizado también por Juan el Bautista, es importante entender que si Cristo fue bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más necesidad tenemos nosotros de ser bautizados, pero conscientes de que el bautismo en agua es tipológico.     El agua no quita el pecado, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.     Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro sumerge a la persona en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ese es el simbolismo, la tipología, del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.     Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     Dejo al ministro aquí correspondiente, reverendo Guillermo Rodríguez, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.     Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. En cada país queda el ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     “UNA COMPLETA OBEDIENCIA AL UNGIDO DE DIOS.”

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