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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.     Para esta ocasión leemos en Génesis, capítulo 1, verso 1 en adelante, donde nos dice:     “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.     Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.     Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.     Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.     Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.”     Luego leemos en el capítulo 1 mismo del Génesis, versos 26 al 28, que dice:     “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.     Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”     Y luego en el capítulo 2, verso 7, dice (del Génesis):     “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “EL ESPÍRITU DEL ETERNO DANDO VIDA.”     Aquí en el Génesis, capítulo 1, vemos el origen de la creación: creó Dios los Cielos y la Tierra. Dios es el que origina toda la creación, Dios por medio de Su Espíritu Santo crea todas las cosas, y el Espíritu Santo es nada menos llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios; es por medio del Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, que Dios creó todas las cosas y que Dios hablaba y habla al ser humano, y por eso usa velos de carne llamados profetas, desde el Génesis hasta el Apocalipsis.     En Zacarías nos dice que Dios habló por medio de los profetas. Zacarías, capítulo 7, verso 11 en adelante, 11 al 12, dice:     “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;     y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros.”     ¿Cómo Dios enviaba Su Palabra al pueblo? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas. Encontramos que la creación física es tipo y figura de la creación espiritual. Dios creó primeramente el mundo espiritual, el mundo invisible, porque lo que se ve fue hecho de lo que no se veía, y luego crea lo visible.     Por eso el ser humano cuando es creado, es dicho en Génesis, capítulo 1, verso 26 al 28: “Hagamos al hombre a nuestra imagen.” El hombre sería hecho conforme a la imagen de Dios, hombre espiritual, hombre-espíritu, porque Dios es Espíritu, y el ser humano sería a imagen y semejanza de Dios, por eso el ser humano es lo más grande de la creación divina, y cuando crea al hombre, dice:     “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;  varón  y hembra los creó.”     Y falta la semejanza física que se la da en el capítulo 2, verso 7, donde nos dice:     “Entonces Jehová Dios (o sea, el Eterno) formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”     El hombre no era un ser viviente hasta que le dio el cuerpo físico, no era un ser viviente de esta dimensión terrenal. El hombre primero fue creado, hecho, a la imagen de Dios, que es Espíritu, o sea, cuerpo espiritual, cuerpo angelical; y luego le fue dada una semejanza física terrenal para vivir y gobernar en este planeta  Tierra, el cual Dios le dio a Su primer hijo: Adán, para que fuera el rey, el gobernante, de este planeta tierra con todo lo que estaba y lo que estaría en este planeta Tierra.     Vean ustedes que cuando Dios forma el cuerpo físico del polvo de la tierra, luego sopló en su nariz aliento de vida, ahí entró el espíritu de vida, el espíritu, en la persona, en el cuerpo físico que Dios formó del polvo de la tierra; en palabras más claras: Adán en alma y espíritu, en alma y cuerpo espiritual, cuerpo angelical, entró dentro del cuerpo físico y vino a ser un ser viviente en esta dimensión y de esta dimensión terrenal.     Antes de tener el cuerpo físico, pues estaba en su cuerpo espiritual, angelical, dirigiendo las cosas en esta Tierra; aparecía en forma de un hombre o en forma de luz, porque “Dios hace a Sus ángeles espíritu, y a Sus ministros llama de fuego.”     Es como el Ángel que le apareció a Moisés en una llama de fuego y le hablaba, y libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés, el cual vino a ser el velo físico, el velo de carne, a través del cual el Ángel del Pacto se manifestaba. En algunas ocasiones encontramos que le aparecía a Moisés y también le apareció a Josué en diferentes ocasiones como el Príncipe de los ejércitos de Dios. Capítulo 5 de Josué, versos 13 en adelante.     Encontramos el Programa Divino, el proyecto divino de la creación, siendo llevado a cabo por el mismo Dios, el Eterno, el Señor, Elohím, y así por el estilo llamado. Encontramos que Dios es el que da vida, porque Él es la vida, y Él es eterno, y Él es el único que puede dar vida, puede crear; Él es el Creador.     La ciencia está buscando el origen de la creación, y el origen de la creación es Dios, Él fue el que originó la creación por medio de Su Espíritu, el cual es el Ángel del Pacto o Ángel de Dios o cuerpo angelical de Dios, o la imagen del Dios viviente; el mismo Ángel que libertó al pueblo hebreo, el mismo Ángel que aparecía a los diferentes profetas, lo encontramos dando vida, trayendo vida, trayendo a existencia vida, vida espiritual primero, o sea, vida en la dimensión de los espíritus, y luego vida en la dimensión física.     Por lo tanto, la vida física es tipo y figura de la vida espiritual, de la vida en otra dimensión, porque de otra dimensión es que viene la vida, de la dimensión de Dios pasando por la dimensión de los ángeles, la dimensión angelical, y pasando a esta dimensión.     Dios es el dador de la vida. Encontramos que el cuerpo sin espíritu está muerto, por lo tanto, se requiere que para que un cuerpo esté vivo, tenga el espíritu en él, que es un cuerpo espiritual de otra dimensión, el cual sale del cuerpo cuando le llega el tiempo a la persona de partir de esta dimensión terrenal.     El que parte, es el que está dentro del cuerpo, el cuerpo se queda acá en la tierra porque del polvo fue tomado y al polvo volverá; pero la persona, que es alma, con su cuerpo espiritual parecido al cuerpo físico, pasa a morar a la dimensión de los espíritus.     Y ahora, en la misma forma en que Dios lleva a cabo la creación espiritual y la creación física, tanto del universo como también del ser humano, así también Él hace con naciones, como Israel, de la cual Él dice: “Israel es mi hijo, mi primogénito.” Por lo tanto es Israel una creación divina, un hijo de Dios, el primogénito, el primero creado por Dios; y por consiguiente tiene una doble bendición llamada la Bendición de la Primogenitura, y por consiguiente como nación terrenal Israel es la heredera del Reino terrenal de Dios. Tan sencillo como eso.     Por esa causa la Escritura nos habla del Reino del Mesías y nos indica que el Reino del Mesías será con Israel. Como nación Israel será la nación cabeza de todas las naciones, Jerusalén será la Capital del mundo, la Capital del Reino del Mesías, donde estará el Trono del Mesías llamado el Trono de David, y el Mesías Príncipe como Hijo de David y Su Reino como el Reino de David; eso será el Reino de Dios en la Tierra gobernando por mil años y luego más adelante vendrá el juicio final y luego se continúa con el Reino de Dios por toda la eternidad.     Vean, la Escritura nos dice que Dios creó a Israel, es Dios por medio de Su Espíritu, creador de Israel. Cuando se crea algo, al que lo crea se le llama el padre de esa creación: Dios es el Padre de Israel porque Dios creó a Israel.     Y ahora, encontramos que Israel es el pueblo, la nación, modelo para las demás naciones hijas e hijos, como naciones, de Dios, las cuales entrarán al Reino del Mesías; por lo tanto, tendrán el mismo Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de Israel. Por eso es que en el Reino del Mesías está señalado en Zacarías, capítulo 14, verso 9: “Y en aquel día el Señor será uno, y uno Su Nombre.”     No habrá nada más que una forma de enseñanza con relación a Dios, y una sola forma de creer en Dios, eso significará que la Tierra, al ser llena del conocimiento de la gloria de Dios, de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar, como dice Habacuc, capítulo 2, verso 14, e Isaías, capítulo 11, verso 9, terminarán las diferencias religiosas porque todas las religiones quieren servir a Dios, la gente está en alguna religión porque quiere servir a Dios, y conforme al conocimiento que muestra esa religión es que la persona trata de servir a Dios.     Pero cuando la Tierra sea llena del conocimiento de la gloria de Dios, del Señor, en el Reino del Mesías, todos tendrán el mismo conocimiento de Dios, conocerán a Dios y entonces se rendirán a Dios en pleno conocimiento de cómo servir a Dios y de quién es Dios. Por lo tanto, ya no habrá diferencias religiosas en medio de la familia humana. “En aquel día el Señor será uno, y uno Su Nombre.” Y eso será la victoria del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.     Ahora, tenemos que el cuerpo sin espíritu está muerto, eso es así para el cuerpo físico como también para el cuerpo de una o más naciones; por ejemplo, Israel como nación sin el Espíritu de Dios está muerta, y el Cristianismo, la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, sin el Espíritu de Dios, está muerta: está muerta la Iglesia, el Cristianismo, sin el Espíritu Santo, sin el Espíritu de Dios.     El Espíritu de Dios ha venido dándole vida a cada persona que ha escuchado el Evangelio de Cristo y lo ha recibido como Su único y suficiente Salvador, ha sido bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido el nuevo nacimiento en la persona, ha entrado al Espíritu de Dios en la persona y por consiguiente ha recibido Vida eterna y ha entrado por consiguiente al Reino de Dios.     El que no tiene el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, no tiene Vida eterna, lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va acabar, por eso es tan importante mientras vivimos en esta tierra hacer contacto con la Vida eterna, que es Cristo, para que nos dé Vida eterna; por eso Él ordenó predicar el Evangelio a toda criatura, “y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.)     El cuerpo sin espíritu está muerto, y la persona sin el Espíritu Santo está muerta a la Vida eterna, por eso San Pablo en Efesios, capítulo 5, verso 14, dice: “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo.” Es una resurrección espiritual levantarse de entre los muertos que estén muertos a la Vida eterna, levantarse en una resurrección espiritual, en una resurrección a la Vida eterna, en donde Dios le da el Espíritu Santo, el Espíritu de Vida eterna, a la persona, y entonces la persona tiene Vida eterna, está vivo a la Vida eterna.     Así es para los individuos, por eso es que San Pablo y San Juan nos habla de la bendición que Cristo da a los creyentes en Él; por ejemplo, dice Primera de Juan, capítulo 5... Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 en adelante dice:     “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.     Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.     El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”     O sea, que no tiene la Vida eterna el que no tiene a Jesucristo, el Hijo de Dios, acá en su alma, en su corazón, habiéndolo recibido como único y suficiente Salvador; para tener la Vida eterna hay que tener a Cristo en el alma, en el corazón:     “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”     La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tienen Vida eterna los creyentes en Cristo, pues bien Cristo lo dijo cuando dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, hablando acerca de lo que Él hace con los que escuchan Su Voz, dice, capítulo 10, verso 27 en adelante:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.     Yo y el Padre uno somos.”     Aquí Cristo dice que Sus ovejas oyen Su Voz, escuchan el Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo, la Voz de Dios, hablando y llamando a las ovejas que el Padre le ha dado para buscar. En el mismo Evangelio según San Juan, en el capítulo 10, dice, verso 14:     “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,     así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.     También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.     Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.     Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”     O sea, que Cristo vino a la tierra ya con un mandamiento de poner Su vida en expiación por nuestros pecados, en poner Su vida por las ovejas que el Padre le dio, o sea, las personas que están escritas en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que son las ovejas del Padre, por las cuales Cristo vendría y pondría Su vida en expiación por nuestros pecados.     Él vino con una comisión divina, ya desde antes de la fundación del mundo eso estaba planificado por Dios. Vean, Romanos, capítulo 5, versos 6 al 11, dice:     “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.     Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.     Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.     Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.     Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.     Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”     Hemos sido reconciliados con Dios por medio de Cristo, Él nos ha reconciliado con Dios, Él puso Su vida en expiación por nuestros pecados, Él es la expiación, la expiación por nuestros pecados; Su muerte en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados para reconciliarnos con Dios, como en Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29, en la Fiesta de la Expiación el pueblo, las personas, tenían la oportunidad de afligir sus almas por el pecado y pedir perdón a Dios; y con ese sacrificio de expiación, con la sangre sus pecados serían cubiertos, no quitados porque la sangre de animales no puede quitar el pecado, porque los animales no tienen alma y por consiguiente el espíritu del animal no puede venir a la persona; aquello era solamente tipo y figura del Sacrificio del Mesías, de Cristo, que sería llevado a cabo conforme a Daniel, capítulo 9, para quitar el pecado del mundo.     Es importante saber que la vida al Mesías le sería quitada en la semana número setenta, o sea, después de las sesenta y nueve semanas de la profecía de Daniel, capítulo 9, verso 21 en adelante, dice:     “Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel (o sea, el Arcángel Gabriel), a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.     Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.     Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.     Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.     Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas (siete semanas y sesenta y  dos semanas, son sesenta y nueve semanas); se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.     Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí...”     Y ahora, aquí tenemos la profecía que la vida al Mesías le sería quitada después de las sesenta y dos semanas, y primero le anteceden siete semanas, por lo tanto, después de sesenta y nueve semanas le sería quitada la vida al Mesías; después de sesenta y nueve semanas, pues en la semana número setenta le sería quitada la vida al Mesías.     El Mesías tendría Su ministerio mesiánico en la semana número setenta, y a la mitad de esa semana número setenta la vida al Mesías sería quitada, porque sería Él la expiación por el pecado para quitar el pecado, por lo tanto llevaría a cabo la Expiación; en Él se cumpliría la Fiesta de la Expiación quitando el pecado con Su Sacrificio y con Su Sangre limpiándonos de todo pecado.     “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí (o sea, no se va a quitar la vida, ni va a morir de muerte natural. Dice); y el pueblo de un príncipe que ha de venir (esto va a ser después de la muerte del Mesías, en algún momento)... y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario...”     “Y el pueblo de un príncipe que ha de venir...” vean, el príncipe que iba a venir: Tito Vespasiano, y el pueblo, Roma. Fueron los romanos los que en el año setenta de la Era cristiana o Era común, destruyó la Ciudad de Jerusalén, destruyó los muros, crucificó cientos o miles de judíos en las murallas, y destruyó el templo también; y desde ahí en adelante Israel ha estado sin templo y por consiguiente sin arca del pacto en el Lugar Santísimo, y por consiguiente sin la presencia de Dios.     Y por consiguiente Israel fue esparcido a las naciones conforme a las profecías del Antiguo Testamento, y de Jesús el Cristo, Jesucristo. Cristo profetizó también conforme a las profecías que hablaban de la destrucción de Jerusalén aquí en Daniel, capítulo 9, verso 26; y el Espíritu de Dios, la presencia de Dios, vean ustedes, se fue en cierto tiempo de Israel, estuvo con los apóstoles el Día de Pentecostés, después de algún tiempo pasó a los gentiles para buscar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre, que forma la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales estarían entre los gentiles; aunque quizás la mayor parte hayan sido descendientes judíos o hebreos, porque las diez tribus que fueron esparcidas por el mundo en el tiempo pasado a causa de los dos becerros de oro que colocaron allá en medio de las diez tribus, y eso, fue Jeroboam quien colocó esos becerros de oro para que el pueblo no fuera a Jerusalén adorar a Dios y no regresara a Roboam, rey de Judá o rey del Sur, no se fueran al Reino de David, sino que quedaran con Jeroboam; y eso fue pecado de idolatría, fue el paganismo, la misma religión de Babilonia la cual las diez tribus recibieron de Jeroboam.     Y por esa causa fueron esparcidas por el mundo las tribus, las diez tribus, y las tribus donde colocaron los becerros, encontramos que tuvieron problemas, no aparecen en Apocalipsis, capítulo 7, pero después más adelante sí aparecen en el Reino milenial. Esas tribus que no aparecen en Apocalipsis, capítulo 7, es porque en ellas fueron colocados los becerros de oro, o sea, en la tribu de Efraín y la tribu de Dan, pero luego aparecen en el Reino del Mesías.     Y ahora, el nombre de esas tribus fue quitado, pero va a ser colocado nuevamente, así que si las tribus perdidas no... o han tratado de localizarlas, ¿cuánto más las dos tribus que el nombre de ellas fue borrado de debajo del Cielo? O sea que están más escondidas todavía.     Pero recuerden que Efraín, y por consiguiente la tribu de Efraín, es de suma importancia en el Programa Divino y por consiguiente en la restauración del Reino de David. Primera de Crónicas, capítulo 5, nos muestra lo que Dios tiene en la tribu de Efraín y Manasés; dice capítulo 5 de Primera de Crónicas:     “Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito;     bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José).”     Sin el derecho de la primogenitura y sin la primogenitura que corresponde a José y que pasó a Efraín y a Manasés... Manasés representa a los judíos y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. La Bendición de la Primogenitura pasa a la Iglesia del Señor Jesucristo, y una parte pasa a Manasés: el pueblo hebreo, que está representado en ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.     Por lo tanto, el Reino del Mesías o Reino de Dios o Reino de David y Su restauración, requiere de la unión de las diez tribus y de la tribu de Judá y tribu de Benjamín, o sea, se requiere que las doce tribus estén juntas para la restauración; podemos decir las doce tribus o trece tribus; si decimos doce tribus, entonces no mencionamos a Efraín y Manasés, sino José, porque José está y de José vienen la tribu de Manasés y la tribu de Efraín.     La Bendición de la Primogenitura la echó Jacob (en el capítulo 48 del Génesis, versos 21 en adelante) sobre José cuando bendijo a los hijos de José. José llevó a sus hijos para que antes de morir Jacob bendijera a sus hijos o nietos de Jacob o Israel; y como él sabía que la Bendición de la Primogenitura corresponde a la diestra, mano derecha, sobre quien coloca la mano derecha y bendiga, ese lleva la bendición principal, la bendición mayor; y ya él tenía la experiencia, pues su padre lo había bendecido y él sabía que lo que dijo su padre echándole la bendición se hizo una realidad en él, y lo que Jacob hablara al hablar la bendición, se iba a convertir en una realidad, y así la bendición de Abraham pasó a Isaac, de Isaac pasó a Jacob, y de Jacob pasaría a los hijos de Jacob o Israel, y entre ellos estaría echando la Bendición de la Primogenitura.     Y la Bendición de la Primogenitura iba a ser dada a José, el cual es tipo y figura del Mesías, el hombre en el cual no hallamos fallas a través de la historia bíblica; el tipo y figura más perfecto del Mesías, más perfecto de Cristo, y profeta, hombre con las dos conciencias juntas     Jacob tendría algunos noventa y un años cuando tuvo a su hijo José, por lo tanto, en su vejez tuvo ese hijo sobre el cual él echaría la Bendición de la Primogenitura, y antes de morir, la Bendición de la Primogenitura la pasó directamente a los hijos de José: Efraín y Manasés, los colocó delante de Jacob, José colocó sus hijos delante de Jacob y para que quedara delante de la diestra de Jacob el hijo  mayor, lo colocó frente a... en dirección a la diestra de Jacob, a la mano derecha de Jacob que viene a ser la mano izquierda de José. Frente a la mano derecha de Jacob quedó Manasés, y frente a la mano izquierda de Jacob quedó Efraín.     Ahora, José colocó bien los hijos, porque lo colocó a Efraín a su diestra y a Manasés a su izquierda, a su siniestra. Y ahora Jacob cuando va a bendecir pone la mano derecha sobre Efraín, o sea, de la mano derecha de Jacob pasa a la mano derecha de José, donde está Efraín, y lo bendice, y José le dice: “No así padre,” le quiere quitar la mano para que la coloque sobre Manasés, y Jacob le dice, Israel le dice: “Lo sé hijo mío, lo sé, también Manasés va a ser grande, va a ser un pueblo grande (o sea, eso es Israel) pero Efraín formará multitud de naciones.”     Por lo tanto, las promesas de que de Abraham y Sara saldrían príncipes, y serían personas importantes, vean ustedes cómo se ha ido moviendo, aunque un número muy grande o la mitad o tres cuartas partes o casi todo el Cristianismo sea descendiente de Israel, descendiente de Abraham, físicamente, no importa, pues están en las tribus perdidas y no se han dado cuenta la gente que un porciento muy alto de los que han recibido a Cristo como Salvador son descendientes de Abraham, descendientes de Israel, según la carne.     Pero como están las tribus perdidas, no se han dado cuenta muchas personas que las tribus perdidas en su mayoría estarían en medio del Cristianismo; es el lugar donde el número mayor de las tribus perdidas sería encontrado. Hay un lugar en la Escritura de Hebreos, capítulo 2, que nos dice, verso 16:     “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.”     La descendencia de Abraham socorrió Dios por medio de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y no solo eso, sino que también San Pablo en Romanos, capítulo 4, dice, verso 13:     “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”     Por lo tanto, la herencia del mundo entero corresponde al Mesías Príncipe, y serán coherederos con el Mesías la Iglesia del Señor Jesucristo y el pueblo hebreo, cada uno en la esfera que le corresponde; por lo tanto, va haber un entrelace del Judaísmo con el Cristianismo, y el Cristianismo con el Judaísmo, porque en el Reino del Mesías van a estar los creyentes en Cristo también. Son reyes, pertenecen a la familia real, pertenecen al Reino celestial, y son coherederos con Cristo de toda la creación.     Por lo tanto, los amigos que aman más a Israel, son los creyentes en Cristo, son simiente de Abraham por la fe en Cristo, y quizás en todos los tiempos el número ha sido muy grande de descendientes de Abraham, descendientes de Jacob, de Israel, en medio del Cristianismo, mayormente de las tribus perdidas, y aún más: el Cristianismo comenzó con judíos también.     Es una herencia judía la Biblia, es una herencia judía el Cristianismo compartido con los gentiles, porque de los judíos viene la salvación, dijo Cristo a la mujer samaritana en el capítulo 4 de San Juan, y todo lo que ha estado sucediendo por estos dos mil años con el Cristianismo, es Dios por medio de Su Espíritu, creando, dando vida, dando Vida eterna, a todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador.     Y así al estar dando Vida eterna está creando una nueva raza con Vida eterna, primero en la esfera espiritual y luego vendrá, en este tiempo final, la esfera física que será la adopción física, lo cual será la redención del cuerpo, la glorificación, la resurrección de los que murieron creyentes en Cristo, resucitarán en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, con Vida eterna física, y los creyentes en Cristo que estén vivos, creyentes nacidos de nuevo, serán transformados, y entonces tendremos Vida eterna física, y eso es el Espíritu de Dios dando vida, Vida eterna, primero espiritual, al alma y al espíritu de la persona, y luego por Su Espíritu también dando vida física, eterna, inmortal, incorruptible, cuerpos eternos y glorificados y jóvenes para toda la eternidad.     Cuando eso ocurra (la adopción), se habrá terminado ya la Intercesión en el Cielo que Cristo como Sumo Sacerdote está llevando a cabo por alrededor de dos mil años, desde que subió al Cielo para hacer intercesión como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, lo cual estaba representado en Aarón y demás sumos sacerdotes que efectuaban la intercesión por el pueblo en el templo, en el Lugar Santísimo, el día diez del mes séptimo de cada año, y en otras ocasiones también que oraban por el pueblo.     Pero la Intercesión para la reconciliación de la persona con Dios, era el día diez del mes séptimo de cada año en la Fiesta de la Expiación para ser reconciliados con Dios por un año, y luego el otro año tenían que hacer lo mismo, y así era para Israel también como nación.     Israel tiene la promesa de que va a ser restaurado. Viene una restauración para Israel, mostrada en los huesos secos de Ezequiel, capítulo 37, versos 1 al 14, en donde Dios le pregunta a Ezequiel mostrándole un campo de huesos secos en extremo, le dice: “¿Vivirán estos huesos?” Ezequiel le dice: “Señor, Tú lo sabes.” y comienza a explicarle a Ezequiel todo lo relacionado a esos huesos secos, y le dice:     “Y me dijo: Hijo de hombre...”     Le dice ‘hijo de hombre,’ porque todo profeta es hijo de hombre o Hijo del Hombre, a Daniel también le dice Hijo del Hombre, a Ezequiel y a otros profetas:     “Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos  huesos ? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.     Me dijo entonces: Profetiza sobre estos  huesos, y diles:  Huesos  secos, oíd palabra de Jehová (o sea, Palabra del Eterno, Palabra del Señor).     Así ha dicho Jehová el Señor a estos  huesos : He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.”     Cuando entra el espíritu al niño que nace es que vive, es que tiene vida terrenal; mientras no entre el espíritu, el cuerpo sin el espíritu todavía no tiene vida, no está vivo físicamente, para vivir en esta Tierra, necesita el espíritu, porque el espíritu es el que da vida:     “Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová (o sea, el Señor, el Eterno).     Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los  huesos  se juntaron cada hueso con su hueso.     Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.     Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y dí al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.”     Vean, aunque ya los huesos se habían juntado, tendones habían aparecido, carne subió sobre los tendones y sobre los huesos, y luego piel sobre la carne, pero todavía no tenían espíritu, y el cuerpo sin espíritu está muerto, muerto a la vida, no tiene vida para disfrutarla y por consiguiente es una casa que no está ocupada por el alma y el espíritu de una persona:     “Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo (cuando entra el espíritu en ellos es que viene a ser un ejército grande en extremo).     Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos  huesos  son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros  huesos  se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.     Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor (o sea, así ha dicho el Eterno): He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.     Y sabréis que yo soy Jehová (o sea, el Señor, el Eterno), cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.     Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová (o sea, el Señor) hablé, y lo hice, dice Jehová.”     Aquí nos muestra la profecía de lo que Dios estaría haciendo en este tiempo final. Ya encontramos a Israel como una nación libre y soberana; los huesos se han juntado, piel, tendones, piel, tendones, carne, piel, pero falta que el Espíritu, que ha estado por todas las naciones llamando y buscando y llamando un pueblo para Su Nombre, regrese a Israel bajo el ministerio del Espíritu Santo en los ministerios de los dos Olivos y el Mesías Príncipe. Así es como regresará el Espíritu de Dios a Israel.     Por no estar el Espíritu de Dios por estos dos mil años aproximadamente que han transcurrido es que Israel ha tenido tantos problemas; es que los sacrificios tenían que ser hechos en el templo, y si no había templo entonces no hay sacrificio, y si no hay sacrificio entonces no hay expiación, y si no hay expiación, entonces no hay reconciliación con Dios. Para los creyentes en Cristo la Expiación es Cristo en Su Sacrificio expiatorio en la Cruz del Calvario, tienen una Expiación por sus pecados, no tienen problema.     Ahora, la Escritura nos dice también en Oseas, capítulo 5, verso 15, y capítulo 6, verso 1 en adelante:     “Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán.     Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.     Nos dará vida después de dos días...”     No son días de veinticuatro horas, sino son días, cada uno, de mil años porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4).     “...después de dos días (después de dos mil años); en el tercer día nos resucitará,  y viviremos delante de él.”     O sea, en el tercer día, en el tercer milenio, en el tercer milenio de esos tres milenios, que son los días postreros, representados en el jueves (primero de los días postreros), viernes (segundo de los días postreros) y sábado (último de los días postreros), que también si los contamos de domingo a sábado, entonces son siete días, y los últimos tres días vienen a ser los tres días postreros de la semana; así como de siete mil años los tres milenios postreros son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, y ya dos de los días postreros se han cumplido de Cristo hacia acá, porque ya en los días de Jesucristo se estaba viviendo en los días postreros, en el primero de los días postreros, el quinto milenio. Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, nos dice que:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,     en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”     Ahí tenemos nuevamente el origen de la creación, Dios por medio de Cristo, Dios por medio del Ángel del Pacto, Dios por medio del Espíritu Santo que es Cristo en Su cuerpo angelical, creó todas las cosas, habló a existencia todas las cosas. Y también en el libro de los Hechos, capítulo 2 dice que Dios, dice San Pedro que Dios por medio del profeta Joel dijo que en los postreros días Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne, y “el que invocare el Nombre del Señor será salvo.” Ahí pueden buscar en el libro de los Hechos, capítulo 2, y en el Libro de Joel, capítulo 2 también, verso 21 al 29, ahí encontrarán esa información.     Y ahora, ya estamos en el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, tercer milenio de Cristo hacia acá; si a alguien no le cuadra los números para comprender que estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá, entonces busquen para ver los años que le faltan, porque se les ha escapado de seguro a la historia algunos años, para que puedan entonces entender que ya estamos en el Día Postrero para el cual hay grandes bendiciones para el Cristianismo y hay grandes bendiciones para Israel, para el pueblo hebreo, para los judíos.     Es para el Día Postrero que se cumplirá la promesa de la Venida del Mesías para los judíos y para la Iglesia del Señor Jesucristo; mientras tanto el Espíritu del Eterno está dando vida, dando Vida eterna a todos los que reciben a Cristo como Salvador, y dándole vida a Su Iglesia, Vida eterna, y le dará vida también a Israel.     Cuando dice que los resucitará, eso es un avivamiento para Israel, un despertamiento espiritual que viene para Israel; es siempre en los avivamientos, los despertamientos espirituales, que Dios le da vida a las personas que reciben las bendiciones en ese avivamiento, las bendiciones de Dios.     Es para el tercer día, han transcurrido ya de Cristo hacia acá, de los días postreros, y ya estamos en el tercero de los tres días postreros delante de Dios, de los tres milenios postreros, en donde Dios les va a dar vida, los va a resucitar, les va a dar una resurrección espiritual, les va a dar un avivamiento, un despertamiento espiritual, y va a ser grande la bendición para Israel.     Por lo tanto, el que ya estén como un Estado libre y soberano, esperando la Venida del Mesías, y esperando por consiguiente este avivamiento, en donde el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, regresará a Israel para darles ese avivamiento, darles Vida eterna; eso será el Espíritu del Eterno dando vida a Israel en el Día Postrero, así como ha estado dándole Vida eterna a todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador, y le ha estado dando Vida eterna a Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes, y les dará la Vida eterna física también a todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, y a los que estén vivos en el Día Postrero, les dará la Vida eterna física, que será la redención del cuerpo, la transformación de nuestros cuerpos, y entonces tendremos cuerpos jóvenes, eternos, inmortales, glorificados e interdimensionales, por eso Jesús dijo que serán como los ángeles, que ni se casarán ni se darán en casamiento.     “EL ESPÍRITU DEL ETERNO DANDO VIDA.”     De Edad en Edad ha estado impartiendo Vida eterna a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador; por eso es la predicación del Evangelio de Cristo, para que las ovejas de Cristo, que el Padre le dio, escuchen, como dice Cristo:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,     y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.     Yo y el Padre uno somos.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).     También dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo buscar,” y Él nos dice que van a escuchar Su Voz:     “También tengo otras ovejas que no son de este  redil ; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”     El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, el Pastor es Jesucristo, el Pastor de los pastores, el Obispo de nuestra profesión, y las ovejas ¿quiénes son? Todos los creyentes en Cristo, a los cuales les da Vida eterna.     Ya los creyentes en Cristo tienen Vida eterna, y ahora lo que les falta es la Vida eterna física en donde Cristo les dará un cuerpo físico glorificado con Vida eterna. Tan sencillo como eso, y eso continúa haciendo el Espíritu eterno, el Espíritu del Eterno dando Vida eterna.     Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo reciba en Su Reino, lo coloque en Su Reino con Vida eterna, y así el Espíritu del Eterno le dé Vida eterna.     Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, y los que están presentes también, si no han recibido a Cristo como Salvador todavía, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.     Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante que la vida, y si esta vida es tan importante, cuánto más la Vida eterna; sin la vida las demás cosas no tienen valor. Se necesita tener la vida para que las demás cosas tengan valor para nosotros. La Vida eterna es el tesoro más grande que Dios nos da por medio de Cristo nuestro Salvador:     “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”     Es la expresión del Amor divino en su máximo el envío de Cristo a la Tierra para morir por todos nosotros.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, los que están en otras naciones también pueden estar puestos en pie para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos segundos.     Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:     Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en diferentes lugares. Padre, en el Nombre del Señor Jesucristo recíbelos y colócalos en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.     Y ahora los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.     Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.     Señor, haz realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y así nos ha justificado delante de Dios y nos santifica con Su Sangre y con Su Espíritu y nos guía en Su camino, en Su Programa Divino, bajo el nuevo Pacto, el nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo nuestro Salvador.     En la última cena Cristo dijo: “Tomad de ella todos,” cuando tomó la copa de vino y dio gracias al Padre, diciendo: “Tomad de ella todos porque esto es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” En el vino representó, tipificó, Su Sangre del nuevo Pacto, del Pacto eterno, como dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21.     Los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes lugares me dirán: “Quiero ser bautizado lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo. ¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Bien pueden ser bautizados por cuanto ustedes han creído en Cristo y lo han recibido como único y suficiente Salvador.     En el bautismo en agua, el cual es tipológico, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo el cual es tipológico y en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.     Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.     Dejo al ministro José Benjamín Pérez en estos momentos para que continúe, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma y les haga saber cómo hacer para ser bautizados en cada lugar y en cada nación en estos momentos.     Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, y nos veremos el próximo domingo Dios mediante. Pasen todos muy buenas tardes.     “EL ESPÍRITU DEL ETERNO DANDO VIDA.”

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