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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en diferentes naciones, hoy primer sábado del mes, que corresponde a nuestra actividad, es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión.     Y para el reverendo Miguel Bermúdez Marín, feliz cumpleaños Miguel, que Dios te bendiga grandemente y te use grandemente siempre en Su Obra en este tiempo final, y te permita estar vivo para la transformación y ver también todas las promesas hechas realidad que Dios ha prometido para Su Iglesia para este tiempo final, y Dios te conceda ver el cumplimiento de la visión de la Carpa cuando aparezca en la escena conforme a la profecía y visión que Dios le dio al reverendo William Branham.     Así que Miguel, que Dios te bendiga y te continúe usando grandemente en Su Obra en este tiempo final; y a ti Rut, que Dios te bendiga y te use también grandemente junto al misionero Miguel Bermúdez Marín.     Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otros países. Desde aquí desde Puerto Rico pedimos las bendiciones para todos ustedes, y para ustedes que están aquí en Puerto Rico también.     Para esta ocasión leemos un pasaje de la Biblia, en Levítico, capítulo 23, versos 26 en adelante, donde dice:     “También habló Jehová a Moisés, diciendo:     A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.     Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.     Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.     Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo.     Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis.     Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.”     “LA FIESTA DE LA EXPIACIÓN.”     Esta Fiesta de la Expiación es muy importante, tanto para el pueblo hebreo, como también para los creyentes en Cristo, porque en las fiestas que Dios dio para guardar al pueblo hebreo, encontramos la historia de Israel en sus diferentes etapas, y encontramos la parte profética que habla también del futuro en donde se cumplirán nuevamente esos ciclos y acontecerán cosas que darán cumplimiento a esas fiestas hebreas.     Por lo tanto, las fiestas hebreas tienen el elemento histórico que se conmemora en cada fiesta, y también tiene elemento profético, que habla del futuro en donde se cumplirán esas fiestas proféticamente, o sea, que se recorrerá nuevamente ese ciclo divino y lo que estará sucediendo será paralelo a lo que sucedió en lo que es la historia de las fiestas hebreas; por lo tanto, estas fiestas hebreas tienen la parte histórica y la parte profética.     Vimos en la conferencia anterior en donde hablamos del día de Año Nuevo, ahí en ese día se suenan las trompetas, la trompeta, una fiesta al son de trompetas, Rosh Hashaná, o sea, Año Nuevo, y en donde se fija... se juzga a los hombres y se fija, el destino de las personas y de los pueblos, y en donde toda persona está llamado a ser reunido en esa Fiesta y luego hacer lo que corresponde.     Luego le sigue, diez días después, le sigue el Día de la Expiación, o sea, Ion Kipur, día del Perdón, pues han tenido diez días desde el día primero del mes séptimo hasta el día diez, para recapacitar, escudriñarse la persona, ver en qué ha fallado a Dios y pedirle perdón a Dios por haberle fallado.     Y el Día de la Expiación, el día diez, ahí cada persona, arrepentido de sus pecados, pide el perdón a Dios y el sumo sacerdote al entrar al Lugar Santísimo y llevar la sangre de la expiación y colocar siete veces sobre el Propiciatorio (de la sangre), y luego terminar en ese día sus labores, queda el pueblo perdonado, todos los que se habían arrepentido; y todos los que se habían arrepentido quedan perdonados, y el que no se arrepintió y pidió perdón a Dios, será luego cortado del pueblo, el juicio divino caerá sobre la persona, porque no se arrepintió y no reconoció el sustituto en lugar suyo, que es el macho cabrío de la expiación, en donde dos machos cabríos: uno que es ofrecido a Dios en sacrificio, y el otro, sobre el cual el sumo sacerdote coloca sus manos, sobre la cabeza de ese macho cabrío, y confiesa los pecados del pueblo y lo lleva lejos a ese macho cabrío para echarlo por un precipicio o en alguna forma llevarlo lejos, y así estaría llevando lejos los pecados del pueblo, los pecados de cada persona.     Ambos machos cabríos: el que es sacrificado por Jehová y el que es enviado lejos luego que son confesados los pecados del pueblo, ambos representan a Cristo, al Mesías; Cristo tomando nuestros pecados y muriendo por nosotros en lugar nuestro, murió en la Cruz del Calvario. Y luego Cristo yendo, al morir y ser sepultado, ir al infierno por tener nuestros pecados, tuvo que morir como pecador, y el pecador, pues va al infierno; y le toca a Jesucristo tomar nuestro lugar al tomar nuestros pecados, y fue al infierno donde llevó los pecados del pueblo, los pecados de todos los que le iban a recibir como su Salvador, llevando así los pecados que son confesados a Cristo.  Llevó los pecados de Adán y Eva y todos los pecados de las personas que habían pecado contra Dios y se habían arrepentido ante Dios.     Por eso Juan el Bautista, cuando vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” así Cristo quitó el pecado del ser humano y ahora cada persona responde por sus propios pecados.     Este Día de la Expiación nos habla también del día en que Moisés descendió del monte Sinaí con las nuevas tablas de piedras en donde Dios escribió nuevamente los diez mandamientos. Moisés allá obtuvo el perdón y misericordia para el pueblo por el pecado que el pueblo había cometido, de construir un becerro de oro, lo cual era el pueblo tornándose a la idolatría.     Por lo tanto, el Día de la Expiación es muy importante para toda persona que vive sobre la Tierra. Israel todavía no ha visto la Expiación, no ha visto que la muerte de Jesús en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por el pecado. Ya no hay sacrificio de Expiación en Jerusalén, porque ya no hay templo, y por consiguiente no hay otro sacrificio por el pecado, que el Sacrificio efectuado por Cristo en la Cruz del Calvario.     Los creyentes en Cristo han obtenido el perdón de pecados, han sido limpiados con la Sangre de Cristo, han sido bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido el nuevo nacimiento en esas personas. La Iglesia, el Cristianismo, ha estado viviendo durante estos dos mil años, durante ese lapso de tiempo de dos mil años que cubre la época o etapa de Pentecostés.     En esa Fiesta de Pentecostés el Cristianismo ha estado siendo los primeros frutos de la cosecha; por eso se recoge el trigo, se recoge al pueblo, en la Fiesta de Pentecostés durante la Dispensación de la Gracia, y son presentados a Dios, el cual los recibe y el cual los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento.     Israel como nación todavía no ha recibido la Expiación. Israel como nación tampoco ha entrado al ciclo divino de la Fiesta de Pentecostés. Dios ha estado llamando como individuos, como individuo, a toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, cree en Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador; pero con Israel, Dios trata como nación.     Israel, luego de las siete Edades de la Iglesia, recibirá la Fiesta de la Expiación, Dios le quitará el velo, le abrirá los ojos espirituales y traerá un avivamiento grande para Israel, e Israel entonces creerá, reconocerá, que aquel Jesús de Nazaret que nació en Belén de Judea era el Mesías prometido, pero que tenía que morir llevando nuestros pecados para así hacer la Obra de Redención: murió por Israel y murió por Su Iglesia.     Eso lo va a reconocer Israel en el Día Postrero. Como Jacob en el capítulo 28 del Génesis, versos 11 al 29, nos dice la Escritura que vio una escalera que se apoyaba en tierra y la parte alta llegaba al Cielo. Vio Ángeles subiendo y bajando por ella, y en la parte alta de la escalera vio a Dios. Cuando despertó, o él dice que Dios le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre,” o sea, se le reveló como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y ahí le hizo promesa a Jacob que no lo dejaría hasta que lo trajera de vuelta a la tierra prometida.     Por lo tanto, Jacob iría por una temporada a tierra en donde vivían sus familiares (la familia de su madre) tomaría esposa allá, tendría familia, y después regresaría a la tierra prometida, la tierra de Israel, de donde él había salido.     Cuando Jacob despierta, dice: “Esto no es otra cosa sino... este lugar no es otra cosa sino casa de Dios y puerta del Cielo y yo no lo sabía.” Así también es Cristo: Casa de Dios y Puerta del Cielo, y por consiguiente Su Iglesia también: Casa de Dios y Puerta del Cielo, por eso se le llama a la Iglesia del Señor Jesucristo: La Casa de Dios, y por consiguiente ahí está la Puerta al Cielo que es Cristo, el cual dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo, y saldrá y hallará pastos.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).     Por lo tanto, llegará el momento, va a llegar pronto el momento en donde Israel va a tener un despertamiento espiritual, un avivamiento, una resurrección espiritual, conforme a Oseas, capítulo 6, versos 1 al 3, y dice que será “después de dos días, al tercer día nos resucitará, ha dicho el Señor.” Tercer día, de Cristo hacia acá han transcurrido dos días, dos mil años, porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” un día delante de Dios es o son mil años, y ahora el tercer Día, el tercer milenio de Cristo hacia acá.     Ya conforme al calendario gregoriano hemos entrado al tercer milenio de Cristo hacia acá, por lo tanto estamos en el tercer Día, en donde Dios resucitará a Israel, Él tratará como nación, y por consiguiente habrá una resurrección espiritual para Israel; ahí será que Israel reconocerá el Sacrificio de Expiación por el pecado efectuado en la Cruz del Calvario por Jesucristo, comprenderá que se cumplió en Jesús esa Fiesta de la Expiación.     El Sacrificio de la Expiación fue efectuado por Cristo, Israel entrará a esa Fiesta en este tiempo final, y como dicen la Fiesta que es día para reconciliarnos delante de Dios, o sea, ser reconciliados con Dios, “y cualquiera que no se afligiera en este mismo día, será cortado del pueblo,” afligirse por el pecado cada persona.     Así es para Israel, como ha sido para los creyentes en Cristo que forman la Iglesia, hubo un arrepentimiento y hubo un avivamiento espiritual ahí en lo profundo del alma de la persona; y quien no se arrepiente en ese Día de Expiación reconociendo la Expiación, a Cristo, como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, es cortado del pueblo, o sea, pierde sus derechos a vivir eternamente, pierde la bendición de obtener el perdón de sus pecados.     Por lo tanto, es importante la Fiesta de la Expiación para, tanto los creyentes en Cristo que ya creen en ella desde dos mil años hacia acá, y los judíos que pronto van a ser despertados espiritualmente, van a recibir un avivamiento, una resurrección espiritual, y van a despertar a la realidad del Programa Divino, y eso será la Fiesta de la Expiación para Israel en este tiempo final; no para matar un animalito para expiación, ya el Cordero de Dios, Jesucristo, como el macho cabrío de la expiación también, tomó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario. Por eso en la Cruz del Calvario Cristo hablando de Israel dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” El perdón será efectivo al recibirlo en este tiempo final.     Israel recibirá el perdón por sus pecados; Isaías, capítulo 59 nos habla de eso y también Romanos, capítulo 11, versos 21 al 27, San Pablo explicando lo que va a suceder con Israel, que será cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, o sea, que haya entrado a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo hasta el último escogido escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por lo tanto, la Fiesta de la Expiación es la Fiesta más importante de todas, la cual le sigue al Día de Año Nuevo o Día de las Trompetas o Fiesta de las Trompetas.     “LA FIESTA DE LA EXPIACIÓN.”     Es importante que toda persona reciba a Cristo como Salvador antes que se cierre el ciclo divino de trato de Dios con los creyentes en Cristo de entre los gentiles, de entre los cuales está llamando un pueblo para Su Nombre, y también de entre los judíos llama como individuos personas para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo; y luego vendrá el momento glorioso de la resurrección espiritual, del avivamiento espiritual, de Dios para Israel bajo esta Fiesta de las Trompetas, para alcanzar la misericordia y el perdón de Dios para Israel.     “LA FIESTA DE LA EXPIACIÓN,” esa es la segunda de las tres últimas fiestas: la Fiesta de las Trompetas del día primero del mes séptimo, y la Fiesta de Ion Kipur el día diez del mes séptimo, y luego le sigue la Fiesta de los Tabernáculos, la cual nos habla del Reino del Mesías. De esa Fiesta estaremos hablando ya en otra ocasión conforme a lo que hemos prometido; el día quince del mes séptimo es la Fiesta de los Tabernáculos, vamos a ver también ahí lo que significa esa Fiesta en la parte histórica y en lo que significa proféticamente para este tiempo final.     Ha sido para mí un privilegio grande ministros, hermanos y hermanas, colaboradores, ayudantes de ministros, y todos los demás presentes, y los que están en otras naciones, estar con ustedes en esta ocasión, platicando con ustedes acerca de LA FIESTA DE LA EXPIACIÓN.     La expiación es Cristo, por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen la expiación por sus pecados y por consiguiente fueron llevados los pecados nuestros lejos, y regresados a Satanás, que fue el originador del pecado, a quien se los regresó Cristo cuando descendió al infierno; y allí llevó nuestros pecados, los dejó allá, se los retornó al diablo, y tomó las llaves del infierno y de la muerte y pasó por el Paraíso donde estaba Abraham, Isaac y Jacob, y los resucitó con Él.     Todo eso hizo Cristo por mí, y por quién más? por cada uno de ustedes también. Él es la fiesta, y Él es el macho cabrío de la Expiación que era sacrificado, y el macho cabrío que era por Azazel, el cual quedaba vivo y sobre el cual se confesaban los pecados del pueblo, el sumo sacerdote los confesaba (Azazel, el otro macho cabrío).     Así que los dos machos cabríos, el macho cabrío por Jehová, por el Eterno, que era sacrificado, y el macho cabrío por Azazel que era enviado al desierto luego de confesar el sumo sacerdote los pecados del pueblo, ambos representan a Cristo: a Cristo en Su cuerpo físico el macho cabrío por Jehová, y a Cristo en Su cuerpo angelical el macho cabrío por Azazel. Tan sencillo como eso.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y continúen pasando una tarde o un día feliz ustedes que están aquí en Puerto Rico y ustedes que están en Venezuela y en otras naciones, y que Dios les bendiga a todos ustedes allá en Venezuela que están en esa reunión y congreso importante allá en Venezuela.     Que Dios les bendiga a todos, y a los presentes también les bendiga grandemente. Hasta mañana domingo Dios mediante. Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar.     “LA FIESTA DE LA EXPIACIÓN.”

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