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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones; un saludo para todos los ministros y sus congregaciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Apocalipsis, capítulo 6, versos 12 al 17, donde nos dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA APERTURA DEL SEXTO SELLO.”

El Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, el cual es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, Título de Propiedad de la vida eterna, el Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todos los creyentes en Cristo que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; es el Libro más importante, es el Libro que ha estado concretándose, haciéndose una realidad, cumpliéndose, a través de las diferentes etapas o edades de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Cuando Adán y Eva pecaron, los cuales tenían... Adán tenía el Título de Propiedad para concretarlo; al caer, al pecar, el Título de Propiedad no podía regresar o no podía ser entregado por Adán al diablo, a Satanás, a la serpiente antigua que engañó a Eva, y por consiguiente regresó a la diestra de Dios, que es el dueño original.

Adán y Eva, si no pecaban, traerían a vida en aquel tiempo a todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, los hijos e hijas de Dios.

Luego, ese Libro, al ser tomado por Dios nuevamente y quedar en la diestra de Dios, los hijos e hijas que Adán y Eva traerían, serían mortales porque perdieron ellos la vida eterna; el día que pecaron murieron a la vida eterna, perdieron ese derecho a vivir eternamente físicamente; y por consiguiente, la herencia que le dejarían a su descendencia sería una herencia o vida temporal que, por consiguiente, estaría afectada por el pecado que entró allá en el Huerto del Edén a la primera pareja que Dios colocó en este planeta Tierra.

Todos esos problemas de salud y demás problemas que vinieron del diablo o Satanás a través de la serpiente antigua, entraron a la raza humana, y Adán perdió allí (y Eva) la vida eterna física, y toda la descendencia de Adán cayó también; la raza humana cayó, cayó de la vida eterna.

Pero el Programa de Dios sigue hacia adelante, permanece en la diestra de Dios el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, el Libro sellado con siete sellos.

En el tiempo final es pedido que se presente una persona; tiene que ser un hombre, no pueden ser los ángeles, tiene que ser un hombre, pero que no tenga pecado, y que haya sido el Redentor, el Sacrificio, el que hizo el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.

Cuando Juan escucha y ve en el Cielo, en el capítulo 5, que no hubo ninguno digno de tomar el Libro y abrir Sus sellos, llora mucho, porque todo regresará a como era antes: a la nada, la raza humana desaparecería. Juan llora mucho porque sabía cuál era la situación delante de Dios.

Pero el anciano, que conocía, sabía, el Programa de Dios, le dice a Juan: “Juan, no llores, he aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha vencido, ha prevalecido, para tomar el Libro y abrir sus sellos.”

Juan, cuando mira, ve un Cordero; el anciano dijo que era un León, y cuando Juan mira, ve un Cordero. ¿Por qué? Porque Cristo es el Cordero de Dios y también es el León de la tribu de Judá. De eso nos habla la Escritura cuando nos dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Como raíz y linaje de David Él es el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Apocalipsis, capítulo 22, verso 16.

Por esa causa, luego que toma el Título de Propiedad, para el anciano es el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, el Hijo de David, la raíz y linaje de David; para Juan es el Cordero de Dios, porque así Juan el apóstol conoció a Jesús, y Juan el Bautista lo presentó diciendo en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Por lo tanto, Juan lo ve como el Cordero de Dios y el anciano lo ve como el León de la tribu de Judá.

Al salir del Trono de Intercesión, Cristo está cambiando de Cordero de Dios y de Sumo Sacerdote a León de la tribu de Judá y Rey de reyes y Señor de señores, Hijo de David. Toma el Libro; y cuando lo toma hay fiesta en el Cielo, un jubileo es llevado a cabo en el Cielo en Apocalipsis, capítulo 5, donde nos dice... verso 5 en adelante:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero (esos veinticuatro ancianos son los doce patriarcas y los doce apóstoles del Señor; los patriarcas, pues los doce hijos de Jacob), todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos (los creyentes en Cristo que han orado por la resurrección y por la transformación de los que están vivos y la resurrección de los que ya murieron; o sea que han orado por la Redención, que es la adopción, la redención del cuerpo, la glorificación de cada creyente en Cristo nacido de nuevo, que forma parte de la Iglesia del Señor Jesucristo en el tiempo que le ha tocado vivir)…”

En el Cielo los que ya partieron están orando por la resurrección, para regresar a la Tierra en cuerpos eternos, inmortales, glorificados; y los que vivimos estamos orando por nuestra transformación.

“...y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación (esos son los creyentes en Cristo que ya partieron, y los que vivimos en este tiempo final);

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”

Cuando el Cordero, el Cristo, el Mesías, en el Cielo toma el Título de Propiedad, hay un jubileo, hay gozo en el Cielo entre los ángeles, entre los creyentes en Cristo que ya murieron y están en el Paraíso, entre los patriarcas hijos de Israel o Jacob, y entre los apóstoles del Señor Jesucristo que están también en el Cielo, y entre todos los que están en el Cielo; y también hay gozo en medio de todos los creyentes en Cristo que estén en la Tierra cuando esto ocurra.

Cuando esto ocurra, ya Cristo habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo y habrá completado Su Iglesia, y ya no estará como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión, no estará como Cordero tampoco; estará como León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores. Por lo tanto, comenzará Su Obra de Reclamo, abrirá el Libro de los siete sellos: Primer Sello, Segundo Sello, Tercer Sello, Cuarto Sello, Quinto Sello, Sexto Sello y Séptimo Sello.

Del Primer Sello al Cuarto Sello están los creyentes en Cristo; en el Quinto Sello están los judíos que pasaron por las persecuciones, y sobre todo los que pasaron por el tiempo de Hitler, Mussolini y Stalin.

Así que la historia de la Iglesia está del capítulo 1 al 3; están los Sellos del 1 al 3 también; y en el cuarto hay... cuarto capítulo, es el rapto de la Iglesia con la puerta abierta en el Cielo.

En el Cuarto Sello ahí hay una batalla. Luego en el Quinto Sello tenemos la historia de lo que sucedió a los judíos. Veamos, aquí está: Capítulo 6, versos 9 al 11, dice:

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.”

Estos son judíos, los que pasaron por el tiempo de estas persecuciones y genocidio que llevó a cabo Hitler, Mussolini, Stalin, y todos esos dictadores que persiguieron a los judíos y que estaban unidos... también los que estuvieron unidos también a Hitler. Dice:

“Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”

O sea, que todos estos millones de judíos o hebreos que murieron bajo estas persecuciones, y sobre todo los del tiempo de Hitler, están pidiendo venganza; y Dios vengará la sangre de todos ellos.

Por eso es importante saber lo que dice la Escritura, para así saber lo que ha de venir sobre la Tierra en el Día Postrero. En Deuteronomio nos habla de lo que ha de venir sobre la raza humana. Vamos a ver lo que Dios dice: Capítulo 32 de Deuteronomio, versos 35 en adelante, dice:

          “Mía es la venganza y la retribución;

            A su tiempo su pie resbalará,

            Porque el día de su aflicción está cercano,

            Y lo que les está preparado se apresura.

          Porque Jehová juzgará a su pueblo,

            Y por amor de sus siervos se arrepentirá,

            Cuando viere que la fuerza pereció,

            Y que no queda ni siervo ni libre.”

Luego en este mismo capítulo 32, verso 40 en adelante, dice:

          “Porque yo alzaré a los cielos mi mano,

            Y diré: Vivo yo para siempre,

          Si afilare mi reluciente espada,

            Y echare mano del juicio,

            Yo tomaré venganza de mis enemigos,

            Y daré la retribución a los que me aborrecen.

          Embriagaré de sangre mis saetas,

            Y mi espada devorará carne;

            En la sangre de los muertos y de los cautivos,

            En las cabezas de larga cabellera del enemigo.

          Alabad, naciones, a su pueblo,

            Porque él vengará la sangre de sus siervos,

            Y tomará venganza de sus enemigos,

            Y hará expiación por la tierra de su pueblo.”

¿Ven? Dios vengará la sangre de Sus siervos, y ellos están pidiendo que vengue la sangre de ellos.

En Isaías, capítulo 61, versos 1 en adelante, dice:

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro...”

Cuando Jesús leyó en San Lucas, capítulo 4, se detuvo ahí:

“…a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová.”

No continuó leyendo. Lo que a continuación dice es:

“...y el día de venganza del Dios nuestro...”

Jesucristo no proclamó el día de venganza del Dios nuestro, no leyó (allí en San Lucas, capítulo 4), no continuó leyendo; porque “el día de venganza del Dios nuestro” es para este tiempo final ser proclamado. Sigue diciendo:

“...a consolar a todos los enlutados;

a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”

Israel ha estado muy afligido y en luto por la muerte o genocidio de seis millones de judíos que fueron asesinados en el tiempo de Hitler en una forma sistemática; pero aquí nos habla que en el Día de venganza del Dios nuestro y la proclamación del Día de venganza del Dios nuestro, habrá en ese Mensaje palabras de consuelo, de aliento, para Israel, para los judíos, que año tras año tienen el recuerdo de lo que pasó en la Shoá u Holocausto de los judíos en el tiempo de Hitler.

El tiempo de Hitler fue una etapa dura para los judíos. Ellos aparecen en ese capítulo 6, versos del 9 al 11; y eso es bajo el Quinto Sello.

Bajo el Sexto Sello, cuando se abre, se abre y un terremoto grande ocurre, porque ese es el Sello que se abre bajo el misterio de Moisés y Elías; o sea, que el Sexto Sello son Moisés y Elías: sus ministerios repitiéndose nuevamente en este tiempo final; no en el mismo velo de carne que tuvieron en el pasado.

O sea, el ministerio de Elías luego fue manifestado por segunda vez en Eliseo, por eso los hijos de los profetas cuando vieron a Eliseo que abrió el Jordán con el manto de Elías como lo había hecho Elías, dijeron: “El espíritu de Elías, vino, reposó, sobre Eliseo,” pues Eliseo había pedido a Elías que una doble porción del espíritu que estaba en él, viniera sobre él, sobre Eliseo, en respuesta a lo que le dijo Elías: “¿Qué quieres que yo haga?” O sea: “¿Qué quieres…? ¿Cuál es tu petición cuando yo sea quitado de ti?” Eliseo dijo: “Que una doble porción del espíritu que está en ti, venga sobre mí.”

Eso lo colocaba como el sucesor de Elías; y ese era el plan de Dios, para eso fue que Dios le dijo a Elías que buscara a Eliseo y lo ungiera como su sucesor, como profeta en lugar de Elías. Por lo tanto, el espíritu ministerial de Elías estuvo operado por el Espíritu Santo en Eliseo; por lo tanto, él fue Elías en su segunda manifestación ministerial. Siempre un nuevo hombre cuando se repite el ministerio de un profeta.

Luego cuando se repitió el ministerio de Elías por tercera vez, fue en Juan el Bautista. Cuando se repitió por cuarta vez el ministerio de Elías, fue en el reverendo William Branham, mensajero de la Iglesia del Señor Jesucristo para la séptima etapa de la Iglesia, representada esa etapa en la Edad de Laodicea o tiempo o Edad Pentecostal; Edad Pentecostal que comenzó en el 1.906 con el derramamiento del Espíritu en la calle Azusa, en Los Ángeles, California, ahí comenzó esa etapa séptima de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia la cual ha estado pasando por diferentes etapas.

Por lo tanto, la séptima etapa de la Iglesia corresponde a Norteamérica, y el mensajero de esa etapa de la Iglesia fue el reverendo William Marrion Branham: con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación.

Pero en Apocalipsis, capítulo 11, y Zacarías, capítulo 4, tenemos la promesa de los ministerios de los Dos Ungidos, de los Dos Olivos, que están delante de la presencia de Dios; esos son los ministerios de Moisés y de Elías. De Elías en la quinta manifestación del ministerio de Elías, el cual será en otro hombre del tiempo final; y tenemos la promesa ahí del ministerio de Moisés: será un profeta como Moisés en el cual Dios estará operando por medio de Su Espíritu Santo el ministerio de Moisés nuevamente.

Y con los ministerios de los Dos Olivos que para el Día Postrero el Espíritu Santo estará operando, el Séptimo Sello, que son los Dos Olivos, Moisés y Elías, se abrirá —bajo el ministerio de los Dos Olivos— el Sexto Sello.

Esos ministerios operados por el Espíritu Santo pueden abrir ese Sello en cualquier momento, en cualquier momento puede ser abierto. Y cuando sea abierto, un terremoto grande ocurrirá.

Los ministerios de Moisés y Elías serán los que estarán ahí sonando la Trompeta; y por consiguiente, se abre para Israel la Fiesta de las Trompetas en el cumplimiento profético correspondiente a este tiempo final.

Así se hará realidad nuevamente, en la parte profética, la Fiesta de las Trompetas; porque la Fiesta de las Trompetas conmemora el Día de la Creación; y por consiguiente también es el tiempo en que Moisés bajó del monte por segunda vez, y con las tablas de la Ley estaba creando un pueblo, una nación; y nos habla de todo lo que allá se escuchaba. Era la trompeta que sonaba continuamente y aumentaba el tono; o sea, que estaban frente a un trono de juicio.

También esa Trompeta en este tiempo final estará anunciando el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana. Es el tiempo en que Dios juzgará a los seres humanos y a todas las naciones, en donde les anunciará el Día de venganza del Dios nuestro.

Es, este día aquí señalado, el Día augusto o el Día grande y terrible del Señor. Es el Día en que la Trompeta o Gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13, suena para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; eso corresponde a los ministerios de Moisés y Elías para el tiempo final.

Solamente a esa Trompeta bajo ese ministerio de los Dos Olivos, de los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios en Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, y Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, responderán los ciento cuarenta y cuatro mil; por eso ellos están esperando, conforme a Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6, a Elías: “He aquí yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día ardiente como un horno”; y a ese ministerio de Elías que estará manifestado, será que ellos responderán:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga (el día del Señor) el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Esa es la promesa; y por eso Israel está esperando a Elías, y sabe que será un hombre del tiempo final, ungido por el Espíritu Santo, en el cual Dios por medio del Espíritu Santo estará operando el ministerio del profeta Elías; y sabe también que cuando el ministerio de Moisés se manifieste, será un hombre como Moisés, no el mismo Moisés, un profeta como Moisés; y Moisés fue un profeta dispensacional.

Y Elías fue un profeta de las tribus del Norte, del reino del Norte, el cual juntó allá en el Monte Carmelo las piedras que representaban a cada tribu, e hizo así un altar a Dios, sobre el cual ofreció el sacrificio que le fue dado o dirigido por Dios para ofrecer a Dios. Ofreció el buey que le tocó a él, y pidió a Dios el fuego, y vino fuego y consumió el holocausto.

Por lo tanto, es Elías el que estará restaurando las tribus, juntándolas, y por eso viene con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, o sea, que viene sonando la Trompeta de la Fiesta de las Trompetas para este tiempo final.

Bajo el ministerio del profeta Elías se cumplirá la Fiesta de las Trompetas para Israel.

Cristo cumplió cuatro fiestas, las primeras cuatro fiestas. Y las otras tres fiestas: la Fiesta de las Trompetas, la Fiesta de la Expiación y la Fiesta de las Cabañas o Tabernáculos, serán cumplidas en este tiempo final.

Es el ministerio de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, los que abrirán el Sexto Sello; porque el Sexto Sello son los Dos Olivos, Moisés y Elías, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios; y ya saben esos ministerios cómo abrir ese Sexto Sello y hacer las cosas que tienen que hacer, porque ya Moisés lo hizo en la liberación y para la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto; y Elías sabe también cómo hacer, porque él ya lo ha hecho: mandó a descender fuego del cielo, pidió fuego del cielo en diferentes ocasiones; juntó las tribus del reino del Norte allí en el Monte Carmelo, y pidió fuego del Cielo, que viniera sobre el sacrificio del buey que él había preparado y ofrecido a Dios.

Así que, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, que corresponden a los ministerios de Moisés y Elías para el Día Postrero, ya saben cómo hacer las cosas que están dichas en Apocalipsis, capítulo 11, que van a estar haciendo los Dos Ungidos, los Dos Olivos, los cuales tendrán control sobre toda la naturaleza.

Dice el reverendo William Branham que tendrán control sobre toda la naturaleza y la harán trabajar en su favor y en favor de Israel. Podrán hablar lo que tengan que hablar conforme a la dirección de Dios, que les diga qué hablar, lo que deben hablar en cada momento; y así se materializará, así ocurrirá.

Eso fue reflejado en las diferentes cosas que fueron reflejadas en el ministerio del reverendo William Branham, correspondiente hasta la Tercera Etapa que será manifestada en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo; donde mostró cómo Dios le dijo: “Háblale a la tormenta,” una tormenta de nieve que iba a caer sobre el área donde él estaba cazando con sus amigos, y morirían si venía esa tormenta; ellos estaban en el monte, en la montaña. Pero Dios le dijo por medio de Su Espíritu: “Háblale a la tormenta y ella te obedecerá.” Le habló que se fuera, y se fue. Eso es poder sobre la naturaleza.

También en otra ocasión hubo la necesidad de hablar salvación para los hijos de una creyente, Hattie Wright, y habló salvación; le dijo a la creyente: “Yo te los doy en el Nombre del Señor Jesucristo,” y los muchachos vinieron a los Pies de Cristo llorando. Eso es salvación para los familiares de los creyentes, lo cual vendrá a suceder también, porque eso corresponde a la Tercera Etapa.

Y también su esposa tenía un problema en uno de los ovarios, por lo cual no podía tener el niño que Dios le había prometido al reverendo William Branham, y que él lo había creído; y Dios le dijo, cuando ya la iban a operar: “Lo que tú digas, así sucederá”; y él dijo: “Que el tumor desaparezca antes que el doctor lo toque.” Ya la iba a operar, iba a chequear bien, iba a tocar donde estaba el tumor para saber; y cuando el doctor fue a tocar, buscar y tocar dónde estaba el tumor, no lo encontró, desapareció. Eso es la Palabra creadora siendo hablada y poniéndose en acción, cumpliéndose lo que es hablado.

Como Jesús decía: “Recibe la vista,” y la gente que estaba ciega la recibían, a los paralíticos les decía: “Levántate.” No tenía que estar orando Jesucristo, sino hablando; así vemos… Por ejemplo, cuando resucitó al hijo de la viuda de la ciudad de Naín, le dijo al joven: “Joven, levántate,” y se levantó. Eso es la Palabra creadora siendo hablada: hace aquello que es hablado.

También en otra ocasión hubo un pecesito que había sido sacado del agua y era muy pequeño, y cuando sacaron el anzuelo salió también la parte de adentro del pecesito, y lo tiraron al agua; y a la media hora el Espíritu Santo le dice al reverendo William Branham (están en la lancha pescando, en el bote, y él lo ve), le dice: “Háblale, háblale a vida, háblale a vida”; él le dice al pecesito la Palabra de vida, y el pecesito volvió a la vida. Representa a los creyentes en Cristo que murieron, que escucharán la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, y regresarán a vida en cuerpos glorificados.

Y lo del ovario que fue sanado, el tumor fue eliminado de la esposa del hermano Branham, Meda, nos habla de la Venida del Señor, porque José representa la Segunda Venida de Cristo; y ahí no voy a explicar mucho, ya que la hermana Meda Branham representa la Iglesia del Señor Jesucristo en el tiempo del reverendo William Branham.

Hay otra: la creación de ardillas. Fue a cazar con sus amigos, y no encontraron ardillas para cazar, y el Señor le dijo: “¿No viniste a cazar? ¿Cuántas ardillas quieres?” Y él le dijo: “Tres.” Y entonces le fue dicho: “¡Háblalas!” O sea: “Háblalas a existencia, di la Palabra.” Él estaba muy sorprendido, pero creyó porque era el mismo Ángel de Dios que siempre le hablaba, le estaba hablando.

Habló: “En aquella rama aparezca una ardilla, y yo le dispararé y la cazaré.” Apareció y la cazó, fue y la buscó, y vio que sangraba. Las visiones no sangran, era una realidad. Y estaba muy contento.

Y le dice: “¿No pediste tres? ¿Cuántas fueron las que pediste? Habla. Lo que tú digas va a suceder.” Habló de nuevo, dijo dónde la quería la otra. “¿Dónde quieres la otra?”, le pregunta el Ángel, “¿Dónde quieres la otra?” Él dice: “En tal sitio aparezca una ardilla.” Son de esas ardillas que se comen, no son de las que no se comen; en otros países, son de esas que se pueden comer.

Habló, le disparó, la cazó, fue, la buscó: sangraba también; era no una visión, sino era una realidad que vino por creación; porque la Palabra de Dios es creadora y fue colocada en él para hablarla; porque Dios coloca Su Palabra en la boca de Sus profetas. Cuando hablan, no es palabra humana sino la Palabra de Dios; por eso tenemos la Biblia, la Palabra de Dios, porque es la Palabra que Él inspiró a Sus mensajeros, Sus siervos.

Luego le dice… ya se quiere ir, parece, dice el Ángel: “¿No pediste tres? ¿Cuántas eran las que querías?”

—“Tres”

—“Pues ¿dónde quieres la tercera?”

Y él pensó: “Voy a pensar en un sitio bien difícil, un sitio de un árbol donde es imposible que aparezca.” Parece que era un árbol venenoso o algo, donde... de ese árbol no comen las ardillas, ni de su fruto, un sitio que no les gusta.

Recuerden que las ardillas representan la Palabra creadora de Dios, el producto de la Palabra creadora de Dios que ha sido hablada, y por lo tanto representa el alimento espiritual para los hijos e hijas de Dios del tiempo final.

Y señaló el sitio, habló la Palabra creadora, y apareció y la cazó, la encontró, vio que sangraba y se las llevó, y después se las comieron, las prepararon; porque esas ardillas son de las que se usan para comer, son comestibles allá en Norteamérica; y representan la Palabra de Dios para el Día Postrero para todos los hijos e hijas de Dios, que es el producto de la Palabra creadora siendo hablada y trayéndonos el alimento espiritual para el Día Postrero, para el tiempo que nos toca vivir, para la etapa y edad correspondiente al Día Postrero.

Y por ahí por la página 119 del libro de “Citas”, dice: “Lo que ustedes vieron en parte, en cuanto a la Tercera Etapa, será manifestado, será visto, en toda su plenitud.”

Por lo tanto, él tuvo solamente la muestra de lo que va a tener la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero bajo la manifestación del Espíritu Santo; y eso está prometido ser manifestado como la Tercera Etapa en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo; y todo eso es lo que también él señala que la Tercera Etapa será en el cumplimiento de la visión de la Gran Carpa-Catedral que él vio, y entró y vio todo lo que estaba pasando.

En otro lugar él dice también que las maravillas, milagros, señales y todo esto, será para Moisés y Elías, los Dos Olivos; así que va a haber algo grande, un misterio bíblico que estará manifestándose en el Día Postrero en medio de la Iglesia y después en medio del pueblo hebreo.

El Sexto Sello es Moisés y Elías, los Dos Olivos. Estarán anunciando el juicio divino que va a venir también sobre la raza humana. Por lo tanto, estará sonando, el ministerio de Moisés y Elías, la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final o Gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13; y eso también concuerda con Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, que dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Y ahora, este Ángel viene predicando el Evangelio Eterno y viene anunciando a gran Voz la hora del juicio que ha de venir: “porque la hora de Su juicio ha llegado”; o sea, que viene anunciando el juicio divino de la gran tribulación que ha de venir, viene predicando el Día de venganza del Dios nuestro. Pero Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 3, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Eso es el juicio que viene en la gran tribulación. Vendrán terremotos, maremotos, volcanes, y en el cielo un sinnúmero más de cosas van a suceder: el sol de oscurecerá y la luna no dará su resplandor, se tornará en sangre; también una Tercera Guerra Mundial ha de venir en cierto tiempo, y estará siendo anunciada también de acuerdo a las profecías:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá (salud) salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

O sea, que tanto para la Iglesia del Señor Jesucristo como para el pueblo hebreo nacerá el Sol de Justicia; eso es la Venida del Señor, que es el Sol de Justicia, el cual dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.”

Y ahora, podemos ver que hay una bendición grande para los creyentes, pero para el mundo, para la humanidad, que ha despreciado la salvación a través de Cristo, caerá el juicio divino.

Es el tiempo donde Dios se acuerda o recuerda toda la trayectoria de la vida de cada persona; y el que no ha recibido a Cristo, entonces sus pecados estarán sobre él y Dios lo juzgará en este tiempo final.

Y la gran tribulación es el juicio divino cayendo sobre la raza humana, pero Dios no trae el mundo a juicio sin antes avisarle, advertirle; tiene que advertir primero y después ejecuta lo que Él dice. Pero el que se arrepiente, sus pecados son borrados, y entonces no hay causa por la cual ser juzgada la persona.

Por lo tanto, es importante el tiempo en que vivimos, porque de un momento a otro se abre el Sexto Sello con un terremoto grande, y ahí comenzará el juicio divino sobre la humanidad, es lo que abrirá el juicio de la gran tribulación.

Y el Sexto Sello, pues son los Dos Olivos, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios. El Sexto Sello son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, en el tiempo final.

El Sexto Sello es el juicio para el mundo. El Sexto Sello marca el fin del mundo, o sea, el fin de los sistemas mundiales; porque entonces lo reinos de esta Tierra van a pasar a nuestro Señor y a Su Cristo, a Su Ungido; van a pasar a las manos del Mesías para establecerse el Reino del Mesías, el Reino Milenial, que será con capital en Israel: Jerusalén, y Distrito Federal todo Israel, y gobernará sobre todas las naciones.

“Mi hijo eres tú;

          Yo te engendré hoy.

          Pídeme, y te daré por herencia (por heredad) las naciones.” (Salmo 2).

Por lo tanto, el Reino del Mesías conforme al Salmo 2, y conforme a Isaías, capítulo 9, será dirigido desde Jerusalén como capital, y Distrito Federal todo Israel; y así estará a la cabeza Israel, como la capital del mundo: Jerusalén, y por consiguiente todo Israel como Distrito Federal; o sea, que la administración del Reino del Mesías será en Israel.

Vean la importancia de Israel. Es la nación más importante del planeta Tierra, porque es la nación de la cual Dios dice a través de Sus profetas y a través de Jesucristo, que Jerusalén es la Ciudad del Rey, la Ciudad de Dios, es la Ciudad del Trono de David; es la ciudad a la cual traerá paz, y de ahí se extenderá la paz para todo el Medio Oriente y para todas las naciones; y ahí en ese Reino es que el Medio Oriente se unirá completamente con Israel, y habrá paz entre judíos y musulmanes, judíos e islámicos; habrá paz religiosa y habrá paz también política, entre Israel y todas las naciones del Medio Oriente, y todas las demás naciones de entre los gentiles que entrarán al Reino del Mesías.

Recuerden que en San Mateo, capítulo 25, verso 31 al 46, cuando el Hijo del Hombre se siente en el Trono de Su Reino, el Trono de David, y el Reino de David que será restaurado, juzgará a todas las naciones: a unas las colocará a su derecha, como el pastor coloca a su derecha las ovejas; y colocará a su izquierda a otras naciones, como el pastor coloca las cabritas o los cabritos a su izquierda.

Los de la derecha entrarán al Reino del Mesías, y los de la izquierda serán echados al fuego: naciones que no podrán entrar al Reino del Mesías. Todo eso va a depender de su comportamiento, tanto con la Iglesia del Señor Jesucristo a través de sus diferentes etapas, como también del comportamiento con los judíos. Porque la sentencia de los que serían echados al fuego, dijo Cristo en esa parábola, que será porque no ayudaron, no trataron bien, no ayudaron, a sus hermanos más pequeños. Sus hermanos como judíos, pues son el pueblo hebreo; y sus hermanos como creyentes en Cristo, son los creyentes en Cristo de diferentes etapas del cristianismo y de este tiempo en el cual vivimos.

El Sexto Sello es el fin del mundo, marca el fin del mundo, y se cumplirán bajo el Sexto Sello todas las cosas que quitarán el reino de los gentiles, todas las cosas que harán que la Piedra no cortada de manos, la Segunda Venida de Cristo, se establezca como un Reino mundial.

La estatua que vio el rey Nabucodonosor está en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, es la última etapa del reino de los gentiles que dice la Escritura en Daniel, capítulo 2, que la Piedra no cortada de manos hirió a la estatua, a la imagen, en los pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Es en este tiempo en que la Segunda Venida de Cristo hará eso.

Y el Sexto Sello estará cumpliéndose en este tiempo final, el Sexto Sello cubrirá toda la etapa de la gran tribulación de tres años y medio.

Antes que se abra ese Sello es importante que toda persona haya recibido a Cristo como Salvador, porque después ya no habrá oportunidad para recibirlo; ya habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo y no habrá Sangre sobre el Propiciatorio, ni habrá Sumo Sacerdote intercediendo por los pecados del ser humano.

Es importante que todos sepan que tienen la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador antes que se cierre la puerta de la misericordia, de la cual San Lucas, capítulo 13, dice que cuando el padre de familia, el cual es Cristo, se haya levantado y cerrado la puerta, entonces comenzarán a decir, a clamar, a tocar la puerta, y a decir: “Señor, hemos comido delante de Ti, hemos escuchado y hemos estado escuchando...” Mírenlo aquí: Capítulo 13 de San Lucas, versos 23 en adelante, dice:

“Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta (Cristo es la puerta angosta; recuerden que Él dijo: ‘Yo soy la puerta, el que por mí entrare, entrará y hallará pastos’); porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.

Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.

Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.

Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.”

Aquí tenemos un cuadro claro de las cosas que van a estar presentes en este tiempo final, de las cosas que estarán aconteciendo. Por lo tanto, es importante que cada persona reciba a Cristo como Salvador, y en el Día Postrero esté en pie delante del Hijo del Hombre y evite estos problemas, estas cosas que han de venir sobre la raza humana durante la gran tribulación.

De ese tema del Hijo del Hombre y Su Venida, algún día hablaremos; y de seguro en la Gran Carpa-Catedral cuando ya esté dedicada a Dios.

Por lo tanto, viendo lo que será la apertura del Sexto Sello y bajo el cumplimiento del Séptimo Sello, se van a derramar los juicios divinos sobre la raza humana; y vamos a dejar ya eso quietecito ahí para continuar en otra ocasión.

Lo más importante es tener asegurada la vida eterna para nuestra alma y para también toda nuestra familia. Todavía Él no ha salido del Trono de Intercesión. Estos terremotos, maremotos y volcanes y rumores de guerra y guerras que están aconteciendo, son los vientos que vienen primero, antes de la gran tribulación, son señales.

Cuando va a venir una tormenta, antes de entrar, el cielo se pone diferente; y cuando va a entrar, primero entran vientos recios, y después entra de lleno la tormenta. Pero esa tormenta de tantos juicios divinos que han de caer sobre la raza humana no la queremos pasar aquí en la Tierra, no hay dónde esconderse aquí en la Tierra.

El pasaje que leímos al comienzo, en el capítulo 6, es la gran tribulación ya en acción, bajo el cumplimiento del contenido del Sexto Sello, el cual nos habla de lo que ha de suceder y de cómo van a estar las personas en el cumplimiento pleno del Sexto Sello durante esos tres años y medio de juicios divinos por los cuales pasará el planeta Tierra. También en el capítulo 16, verso 17 en adelante, dice:

“El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.

Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.

Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron...”

Las ciudades de las naciones cayeron con el terremoto; los edificios, todos los rascacielos, y todo eso va a ser removido.

Hebreos, capítulo 12, verso 25 en adelante, dice: “Y esto de: aún una vez, aún una vez y conmoveré no solamente la tierra, sino el cielo también, significa la remoción de las cosas hechas (edificios, construcciones y todas las demás cosas que el ser humano ha construido, casas también, lo que sea) para que queden las permanentes”: el Reino de Dios, el Reino de Cristo. Este va a ser el terremoto más grande que haya acontecido sobre el planeta Tierra.

“Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.

Y toda isla huyó (que Dios, que Cristo, salve a Puerto Rico), y los montes no fueron hallados.”

O sea, que los montes van a tener problemas, y los montes pues cubren después ciudades completas; eso es lo que ocurre en los terremotos; ya hemos leído y visto por televisión cómo ciudades han quedado cubiertas con la tierra de las montañas cuando los montes han sido destruidos en esos terremotos.

“Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.”

Así que van a venir cosas muy grandes bajo los juicios divinos, sobre el planeta Tierra completo; pero Cristo va a llevarse a Su Iglesia a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, con cuerpos glorificados, eternos, inmortales.

Es importante estar bien agarrado de Cristo, el Ángel del Pacto, habiéndolo recibido como Su único y suficiente Salvador, y siguiéndolo todos los días de nuestra vida.

Es importante que nadie se desanime, y escuchar las palabras que le dijo a Pedro cuando le dice Pedro a Jesús, ya resucitado: “Señor, ¿qué de éste? (de Juan)” Cristo le dice: “Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Ven tú y sígueme.”

Es un asunto individual entre Cristo y usted. Que si alguien se aparta, la Palabra de Cristo es: “Ven tú y sígueme. No hagas lo mismo que haya hecho otro que se haya apartado de Cristo.” Siempre siguiendo a Cristo nuestro Salvador.

Y si alguno no ha recibido a Cristo como Salvador todavía, es hora que lo reciba antes que se cierre la puerta, porque después no habrá oportunidad de decir: “Señor, Señor, ábreme; quiero entrar a Tu Casa, a Tu Iglesia. Tú eres la Puerta.” Él ya no estará para darle la bienvenida, sino: “No os conozco.” Entonces serán echados a las tinieblas de afuera, que es la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes, donde estará cumpliéndose el Sexto Sello.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; para lo cual, puede pasar al frente aquí donde estamos, y donde usted se encuentre en algún otro país y en alguna otra iglesia o congregación o auditorio, para que quede incluido también en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante es la salvación del alma, la vida eterna para la persona que es alma viviente.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en todos los países también. De un momento a otro se puede abrir el Sexto Sello, y ya no habrá más oportunidad para las personas recibir a Cristo como Salvador.

Cuando Cristo salga del Trono de Intercesión, y tome el Libro y lo abra en el Cielo, lo traerá a la Tierra a Su Iglesia: se cerrará la puerta de misericordia, y entonces el Sexto Sello se abre. Y no vamos a explicar mucho del Sexto Sello ni del Séptimo Sello por ahora, más de lo que hemos explicado. Con lo que hemos explicado yo creo que tenemos un cuadro bastante claro del tiempo en que estamos viviendo y de las cosas que han de suceder.

Cuando ustedes vean a los judíos buscando algo, recuerden, lo que estarán buscando será a Elías; y lo van a conocer, lo van a descubrir, porque Elías estará proclamando la paz imperecedera de acuerdo al Programa Divino que está prometido para traer la paz permanente, imperecedera, a Israel; va a estar hablándolo de acuerdo a las promesas divinas, conforme a la Biblia, conforme a la Palabra de Dios.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, en estos momentos, para lo cual vamos a inclinar nuestros rostros.

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, tanto aquí en Puerto Rico como en diferentes países. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración con nuestras manos levantadas a Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Sálvame, Señor, materializa Tu salvación en mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico; no quita los pecados el agua sino la Sangre de Cristo nuestro Salvador; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, que dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y al levantarse de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Esa es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, para que así les indique cómo hacer para ser bautizados, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma; y sean bautizados los que han recibido a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA APERTURA DEL SEXTO SELLO.”

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