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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros e iglesias; y un saludo muy especial para el reverendo Miguel Bermúdez Marín, el reverendo (también) Franklin y su esposa Mónica, allá en el Ecuador, y todos los - allí en la iglesia reunidos en estas actividades que están llevando a cabo desde el viernes, ayer sábado y hoy domingo. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre ustedes y sobre todas las Iglesias y ministros en todas las naciones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Levítico, capítulo 23, verso 33 al 44, donde nos dice acerca de la Fiesta de los Tabernáculos o Cabañas, o Sucot, nos dice:

“Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días.

El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis.

Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis.

Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo,

además de los días de reposo de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.

Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo.

Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.

Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis.

En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos,

para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.”

“LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS.” Fiesta solemne que se continúa llevando a cabo en Israel: “LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS.”

Son siete fiestas; de las siete fiestas ya cuatro se han cumplido en la Primera Venida de Cristo. Con la Primera Venida de Cristo se cumplen cuatro fiestas, que son:

▪La Fiesta de la Pascua

▪La Fiesta de los Panes sin Levadura

▪La Fiesta de las Primicias

▪Y la Fiesta de las Semanas o Pentecostés.

Y ahora, faltan las fiestas:

▪Fiesta de las Trompetas

▪Fiesta de la Expiación (que corresponde al Día del Perdón)

▪Y Fiesta de las Enramadas o Tabernáculos, Sucot.

Estas tres últimas fiestas se llevan a cabo en el séptimo mes según el calendario religioso, que viene a ser también el día de Año Nuevo del calendario común hebreo.

La Fiesta de las Trompetas, ya de ella hablamos, en donde se suena la Trompeta, se lleva a cabo esa fiesta al son de trompetas el día primero del año, el día primero también del mes séptimo del calendario religioso, en donde se habla del juicio que ha de venir, en donde Dios juzgará al pueblo, a todos, y en donde es llamado el pueblo para buscar, y buscar el perdón de Dios, prepararse para el Día de la Expiación para obtener el perdón de Dios, y ser reconciliado con Dios en la Fiesta o Día de la Expiación, que es el día diez del mes séptimo de cada año. Y luego el día quince de ese mes séptimo comienza la Fiesta de los Tabernáculos, cuando ya se ha terminado la cosecha de todos los frutos.

Ahora, estas tres fiestas son las que corresponden a este tiempo final para ser llamado Israel a estas Fiestas, y Dios tratar nuevamente con Israel. Ahora, esta Fiesta de los Tabernáculos recuerda la parte histórica de la vida de Israel en el desierto por cuarenta años, luego de salir de Egipto libertados por Dios a través del profeta Moisés.

Estuvo en el desierto por cuarenta años, Israel, viviendo en tabernáculos, enramadas, cabañas, carpas…; cuarenta años duros, y viajando de lugar en lugar, llevando sus cabañas, sus tabernáculos, sus tiendas, sus carpas, y eso por cuarenta años, pasando por etapas difíciles de pruebas, luchas, de guerras, de sufrimientos, de persecuciones, y así por el estilo; pero Dios no los abandonó, Dios estaba con Israel. Era una etapa de prueba, dice Deuteronomio, capítulo 8, verso 1 en adelante, donde dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”

O sea, que estos cuarenta años en el desierto era una etapa de prueba, en donde Dios estaba con ellos manifestándose a través del profeta Moisés. Y la Columna de Fuego, esa Nube de Fuego, les acompañaba, les alumbraba de noche, y de día les protegía del sol, porque era una nube que les cubría del sol para así estar bien el pueblo.

Les dio también agua de la peña de Horeb, allá en el monte Sinaí, la cual representa la Primera Venida de Cristo, la Primera Venida del Mesías, para darle el agua de vida, el Espíritu Santo al pueblo; y también le dio agua en la segunda roca, en Cades-barnea, que representa la Segunda Venida de Cristo para el Día Postrero; roca que no podía ser herida, porque la Segunda Venida de Cristo no es para ser crucificado en Su Segunda Venida.

En la Segunda Venida Moisés tenía que hablarle a la roca, porque hablándole a la roca para que diera agua es que daría el agua, que está ligado a la transformación para el pueblo, está ligado a la resurrección y transformación de los vivos, resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados —la segunda porción de la Obra de Redención de nuestro amado Señor Jesucristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo también ha estado pasando por esa etapa que pasó el pueblo hebreo durante cuarenta años. Esa etapa corresponde al tiempo de los días de Pentecostés hasta este tiempo final, en donde los creyentes en Cristo que salieron en el Éxodo, salieron del mundo y entraron al Programa Divino en ese Éxodo; y han estado viajando en tabernáculos, en cabañas, en cuerpos mortales, cuerpos en donde tenemos muchas veces problemas de salud, problemas económicos y diferentes problemas; cuerpos que se envejecen y que tienen un tiempo de duración en la Tierra; un cuerpo en el cual pasamos por la etapa de humillación, de persecuciones, como pasó el pueblo hebreo en el desierto por cuarenta años.

Aquellos cuarenta años representan el lapso de la Dispensación de la Gracia, donde los creyentes en Cristo estarían todavía sin transformar, pero ya con vida eterna, ya dentro del Reino de Dios. Recuerden que cuando Moisés ya cruzó el Mar Rojo, hubo un enfrentamiento con Amalec, y la Escritura dice en Éxodo, capítulo 17, versos 13 en adelante (para no leer mucho), dice:

“Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y dí a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi;

y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.”

Vean, ya estaban libertados por Dios a través del profeta Moisés acompañándole el Ángel del Pacto, la Columna de Fuego, ya pertenecían al Reino de Dios; y ahora perseguir y hacerle guerra a Moisés y al pueblo hebreo que lo acompañaba, era hacerle guerra al Reino y Trono de Dios.

Moisés era el representante físico de ese Reino, en el cual estaba Dios en la Columna de Fuego, en Espíritu Santo; por eso Moisés fue legislador también (libertador, legislador): él fue el que dio las leyes al pueblo de parte de Dios.

Dios estaba reinando en medio del pueblo hebreo a través de Moisés; y luego más adelante a través de Josué, y luego más adelante a través de los diferentes jueces, hasta Samuel, juez y profeta a través del cual Dios estaba reinando; porque se estaba en la parte de la teocracia, Reino teocrático; después vinieron los reyes, comenzando con Saúl, y luego le siguió el rey David, ahí era la monarquía.

En el tiempo de Samuel fue el entrelace de la monarquía con la teocracia: en Samuel estaba la teocracia y con Saúl comenzó la monarquía; y continuó con la monarquía David, que es la que fue confirmada para que el Reino del Mesías venga por la monarquía de David. Por eso al Mesías le es entregado, porque hereda, le es dado el Trono de David y el Reino de David, se sentará en el Trono de David para siempre y reinará sobre Israel y sobre todas las naciones.

Ahora, en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el pueblo sacado del mundo, ha estado repitiéndose todo ese proceso. En el campo espiritual podemos ver cómo, así como Israel sacrificó un cordero pascual, la Iglesia del Nuevo Testamento, la Iglesia del Señor Jesucristo, tiene el Cordero Pascual: Cristo sacrificado en la Cruz del Calvario.

También los días de los panes sin levadura; también tiene la Gavilla mecida, que es Cristo resucitado y presentado ante el Padre y recibido en el Cielo por el Padre; tiene también las siete semanas de días, y luego el día cincuenta: el Día de Pentecostés, donde vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes en Cristo, y ahí fue presentado el fruto delante de Dios, las primicias, los primeros frutos de esa cosecha; y luego se ha seguido llevando a cabo, recogiendo fruto, de edad en edad, hasta este tiempo final, en donde corresponde a la gran cosecha del trigo, de los hijos e hijas de Dios, porque el trigo representa a los hijos del Reino, del Reino de Dios.

En este tiempo es que se completará esa cosecha, ese recogimiento de los hijos e hijas de Dios, y ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los que estén vivos; y así todos estarán glorificados. Estarán una temporada aquí en la Tierra, corta, con sus cuerpos glorificados, como Cristo ya resucitado glorificado con los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él. Cristo estuvo unos cuarenta días en la Tierra, apareciendo a Sus discípulos a lo menos ocho veces en esos cuarenta días, y ya estaba glorificado.

Así también será para los creyentes en Cristo en el Día Postrero, que luego de estar glorificados pasarán una temporada corta aquí en la Tierra, y Dios hará maravillas en esos días, pues Cristo hizo muchas señales cuando ya había resucitado también, y estuvo hablándoles acerca del Reino de Dios durante cuarenta días.

En el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 1 al 10, nos cuenta de todas estas cosas; y también en San Lucas 24 nos habla acerca de todas estas cosas que Jesús hablaba y hacía luego de Su resurrección, y les abrió el entendimiento a Sus discípulos para que entendieran las Escrituras; aún no lo conocían ya resucitado y creían que era un espíritu.

Es que en la resurrección, para Cristo y los creyentes en Cristo será en cuerpos glorificados, inmortales, eternos y jóvenes para toda la eternidad, que representarán de 18 a 21 años de edad; por lo tanto, cuando Jesús murió tenía unos 33 años, y cuando resucita no lo conocen. Es que la resurrección es en cuerpo glorificado, y el cuerpo es joven, que representa de 18 a 21 años de edad, la flor de la juventud.

Así será también para todos los creyentes en Cristo. Por lo tanto, los que tienen familiares que han partido y tenían más de 30 años o más de 50 años, cuando los vean de nuevo no los van a conocer si se dejan llevar por la parte física de cómo eran y cómo estaban cuando murieron, porque lo que van a aparecer son jóvenes, cuerpos jóvenes, glorificados, que representarán de 18 a 21 años de edad; así será en la resurrección.

Por lo tanto, para los creyentes en Cristo hay una bendición muy grande para el Día Postrero en el cual estamos viviendo; porque ya el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, comenzó, conforme al calendario gregoriano. Ya estamos viviendo el año siete mil; ya llevamos unos cuantos años dentro del milenio siete mil.

Y ahora, para Israel, la Fiesta de los Tabernáculos en la parte histórica es lo que pasó cuarenta años en el desierto, y toda la historia de esos cuarenta años en el desierto. Para la Iglesia: todo lo que ha pasado durante estos dos mil años del Día de Pentecostés hacia acá, hasta que se complete el recogimiento del fruto de los hijos e hijas de Dios del Día Postrero; todo eso será la historia de la Iglesia durante la Fiesta de los Tabernáculos, actualizada en la Iglesia. Para Israel: lo que sucedió durante cuarenta años mientras estuvieron viajando por el desierto, su trayectoria.

En cuanto a la Fiesta como memorial, pues para Israel todavía tienen el memorial de hacer cabañas cada familia, y en la sinagoga también, en el patio hacen una, hacen cabaña; y ahí viven durante siete días, y al octavo día es que salen de la cabaña; el primer día es de una gran fiesta, y el último día, el día octavo, es también una fiesta muy grande. Así está establecido por Dios: “El primer día es de reposo, y el octavo día será también día de reposo.”

Así también es para la Iglesia del Señor Jesucristo en el campo espiritual: comenzó allá en el tiempo de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y luego acá llegará al octavo día, que corresponde a este tiempo final; y por consiguiente será - es un tiempo de reposo para nuestras almas, es un tiempo de bendición del Cielo, es un tiempo de alimento espiritual para el alma, en abundancia.

Y en cuanto a la parte profética de la Fiesta de las Trompetas, para los judíos será el Reino del Mesías, el Reino Milenial o Milenio, en donde el Mesías Príncipe en Su Segunda Venida reinará sobre Israel y sobre todas las naciones sentándose en el Trono de David y restaurando el Reino de David.

En los días de Jesús, cuando ya había resucitado le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el Reino a Israel en este tiempo?” Porque la restauración del Reino de Israel, el Reino de Dios siendo restaurado a Israel, es la restauración del Reino de David; pues en Primera de Crónicas, capítulo 28, versos 4 en adelante, y Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 21 en adelante, nos dice que Salomón se sentó en el Trono del Reino del Señor, del Reino de Jehová, y también dice que se sentó en el Trono de David; porque el Trono de Dios terrenal es el Trono de David, y el Reino de Dios terrenal es el Reino de David.

Por eso se habla del Hijo de David que vendrá en este tiempo final como Rey de reyes y Señor de señores, y se sentará en el Trono de David, y restaurará el Reino de David; y por consiguiente será restaurada la monarquía a Israel, y será un Reino mundial. Y por consiguiente, la monarquía del Mesías, del Reino del Mesías, será la que gobernará sobre el planeta Tierra completo.

Porque el Mesías como Hijo del Hombre es un profeta, como Hijo de David es el Rey que se sentará en el Trono de David, y reinará restaurando el Reino de David. Como Hijo del Hombre Él es el heredero al mundo entero: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones,” dice el Salmo 2, verso 1 al 11. Y en el capítulo 2 del Apocalipsis, versos 26 al 28, nos dice: “Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, así como yo he recibido de mi Padre.” Por lo tanto, eso será así en el Reino del Mesías, en el Reino Milenial o Milenio, como se le conoce en medio del cristianismo.

En Isaías, capítulo 9, dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

Dice que: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite...”

Por lo tanto, es un imperio: el Imperio del Mesías. Ha estado imperando el imperio de los gentiles, representado en la estatua de oro que tuvo en sueño Nabucodonosor y le interpretó el profeta Daniel.

Cabeza de oro: el reino de Nabucodonosor, Nabucodonosor y su reino, su imperio; el pecho o los pechos y los brazos de plata: el imperio medo-persa; el vientre y los muslos de bronce: el imperio de Grecia con Alejandro el Grande; las piernas de hierro: el imperio romano de los Césares; y luego los pies hierro y de barro cocido, que es la etapa donde hemos estado viviendo desde que cayó el imperio romano, pero que todavía existe ese imperio, porque los pies son de hierro y de barro.

Por lo tanto, estamos en la última etapa del imperio de los gentiles, que es lo que antecede al Imperio del Mesías. Reino o Imperio que ha ido creciendo de etapa en etapa, de edad en edad, y han estado siendo reunidos los miembros, los delegados de ese Reino, de ese Imperio, que son los creyentes en Cristo con sus mensajeros de etapa en etapa; ha ido subiendo de los pies hasta llegar a la cabeza de oro del Reino de Cristo, que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular.

Ahí es donde ocurrirán los cambios grandes en el cristianismo, para el judaísmo, para todas las religiones; porque dice la Escritura en Zacarías, capítulo 14, verso 9: “Y en aquel día el Señor será uno, y uno Su Nombre.” Él dice que “todos lo van a conocer y que la Tierra va a ser llena del conocimiento de la gloria del Señor.” Habacuc, capítulo 2, verso 14, nos dice así, e Isaías, capítulo 11, verso 9 también.

Será un tiempo de paz que viene para la Tierra, será el Reino del Mesías, el Reino mesiánico, en donde el Mesías traerá la paz para Israel, para Jerusalén, y de ahí saldrá para todas las naciones; y muchas naciones se unirán a Israel, todas esas naciones que aparecen representadas en ovejas en la parábola que Cristo da en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, las cuales Él coloca a Su derecha (como el Pastor), y a Su izquierda coloca los cabritos, que representan naciones que su comportamiento, su trato a los judíos, no ha sido bueno, y su trato a los cristianos tampoco ha sido bueno; y por cuanto trataron mal a los creyentes en Cristo, no podrán entrar al Reino del Mesías: desaparecerán. Pero naciones que han ayudado al cristianismo: entrarán al Reino del Mesías; naciones que han ayudado a Israel: entrarán al Reino del Mesías.

La capital de ese Reino será Jerusalén y el Distrito Federal será todo Israel. Desde ahí el Mesías Príncipe gobernará sobre el mundo entero. Será un Imperio, un Reino de mil años, prometido en la Escritura, donde los creyentes en Cristo estarán como reyes, como sacerdotes y como jueces.

Por lo tanto, es importante entender todas estas cosas, porque el Reino Milenial del Mesías será el cumplimiento profético de la Fiesta de los Tabernáculos; porque la Fiesta de los Tabernáculos apunta a lo que sucedió a Israel durante cuarenta años en el desierto, la parte histórica, y también la parte de recuerdo en donde se conmemora ese tiempo (recordando, es de recuerdo). Y luego la parte profética de esa fiesta es lo que está en el futuro, en el Reino del Mesías, con Israel; y desde ahí gobernará sobre todas las naciones.

Israel será cabeza de todas las naciones; será la capital y el Distrito Federal también. Por lo tanto, Israel tiene una bendición muy grande prometida para el cumplimiento profético de la Fiesta de los Tabernáculos, que se cumplirá de acuerdo a Zacarías, capítulo 14, en donde todas las naciones irán a Jerusalén a adorar a Dios, al Rey, que estará - en el cual estará Dios en toda Su plenitud sentado en el Trono de David reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Llevarán sus diezmos, sus ofrendas, todas las cosas que corresponda llevar a Jerusalén. Por lo tanto, Jerusalén y todo Israel será la nación más rica del mundo entero, y sus habitantes también; y esas son buenas noticias para Israel; pero eso es en el Reino del Mesías, en el cumplimiento profético de la Fiesta de los Tabernáculos.

Y para el cristianismo también será en el Reino del Mesías en donde también los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, de todas las Edades, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto, también estarán en la Fiesta de los Tabernáculos materializada en la parte profética.

En la parte espiritual eso se estuvo cumpliendo en la séptima etapa o edad de la Iglesia; la etapa o Edad Pentecostal corresponde a la Fiesta de los Tabernáculos en el campo espiritual. Luego el campo profético literal será en el Reino del Mesías, el Milenio prometido para los creyentes en Cristo y para el pueblo hebreo, en donde ya estarán también los creyentes en Cristo bien unidos con Israel, porque Dios ha estado haciendo de los dos (de los judíos o hebreos, y de los gentiles) un solo pueblo: la Iglesia del Señor Jesucristo es un solo pueblo compuesto por judíos y gentiles; y por consiguiente los que son de la fe en Cristo son hijos de Abraham también.

Y cuando estemos ya transformados vamos a descubrir que millones de los creyentes en Cristo son judíos, son hebreos, descendientes mayormente de las diez tribus perdidas; ahí es donde también el llamado de las tribus perdidas es hecho con la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Trompeta de la Fiesta de las Trompetas, que de un momento a otro se abre esa Fiesta de las Trompetas en su cumplimiento profético. Y ahí viene el llamado para ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; y también llegará la Voz a todos los judíos, todos los hebreos, y también la escuchará el cristianismo. Porque esa es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, es la Gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13. Es el Mensaje Final de Dios, que vendrá por medio de los Dos Olivos, trayendo el llamado final para juntar a los hebreos, doce mil de cada tribu, escogidos, y el resto de hebreos que también van a escuchar.

Eso va a ser un encuentro como el que tuvo Jacob con el Ángel, al cual él agarró y no lo soltó hasta que el Ángel lo bendijo cambiándole su nombre (Génesis, capítulo 32, verso 24 al 32); y así fue como Jacob vio a Dios cara a cara y fue librada su alma, vio a Dios en Su cuerpo angelical, en esa teofanía, llamado el Ángel del Pacto; porque ese es el cuerpo angelical de Dios, esa es la imagen del Dios viviente, es el mismo Dios en Su cuerpo angelical.

Y ahora, ese mismo encuentro que tuvo Jacob allá, es tipo y figura del encuentro que Israel va a tener con el Ángel del Pacto nuevamente, el cual estará en los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, y también en Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14.

Israel sabe que Elías vendrá proclamando la paz imperecedera y precursando la Venida del Mesías, introduciendo al Mesías en el Día Postrero; y sabe que un profeta como Moisés también estará en la Tierra. Eso es la profecía de los Dos Olivos, que son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, dice Zacarías, capítulo 4, y Apocalipsis, capítulo 11; por lo tanto, esos son los ministerios de Moisés y Elías para el Día Postrero.

Verán primero a Elías, y Su ministerio y lo reconocerán. Luego verán a Moisés, su ministerio siendo manifestado nuevamente. Todo esto, no el cuerpo literal que tuvo Elías y el cuerpo literal que tuvo Moisés, sino que Elías será un hombre del día en que se cumpla esa profecía, será un profeta, Moisés será un hombre de ese tiempo en que se cumpla esa profecía, y luego verán al Mesías.

O sea, que hay tres pasos grandes, tres personajes importantes, ministerios importantes, que tienen que aparecer en la Tierra: Elías, el ministerio de Elías en un hombre del Día Postrero; Moisés, el ministerio de Moisés en un hombre del Día Postrero, operado ese ministerio por el Espíritu Santo; y el Mesías, que para el pueblo hebreo será un hombre del Día Postrero, y para el cristianismo será la Venida de Cristo a Su Iglesia.

Ahora, recuerden que la Venida de Cristo a Su Iglesia es un secreto, y es para buscar a Su Iglesia y llevarla a la Cena de las Bodas del Cordero; es para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estén vivos. Luego la Venida de Cristo para establecer el Reino será después de la Cena de las Bodas del Cordero, para comenzar el Reino Milenial.

Hay que saber distinguir lo que es la Venida de Cristo a Su Iglesia, y lo que es la Venida de Cristo a los judíos para restaurar el Reino a Israel, para traer el juicio de las naciones; y así establecer, restaurar el Reino de Dios en la Tierra, que es el Reino de David siendo restaurado, conforme a Ezequiel, capítulo 37, versos 1 al 14, y versos 15 al 28.

Las tribus perdidas aparecerán, serán llamadas en ese llamado donde ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, serán llamados, responderán al llamado de la Gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13; y es la misma Trompeta de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 al 58, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18. Es la misma Voz, Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, siendo predicado en el Día Postrero.

Ahí estarán los ministerios de Moisés, de Elías, y luego del Mesías; ahí es donde será consolado Israel por todas las víctimas que ha tenido en las persecuciones las cuales han pasado. Y la Iglesia del Señor Jesucristo también será consolada, pues con la resurrección de los muertos en Cristo y nuestra transformación, vendrá un consuelo muy grande para los creyentes en Cristo, y luego para Israel también.

Israel va a recibir un avivamiento, un despertamiento espiritual muy grande en este tiempo final. Conforme a Oseas, capítulo 6, versos 1 al 6, dice que “en el tercer día nos resucitará.” Eso es un avivamiento, una resurrección espiritual.

“Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará.”

Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día; o sea, en el tercer milenio (en el cual ya estamos) ocurrirán todas estas cosas.

Por lo tanto, la Fiesta de los Tabernáculos en su parte profética corresponde al Reino del Mesías por mil años, que comenzará en algún año del séptimo milenio con la Venida de Cristo. Y en lo espiritual, para la Iglesia: la séptima etapa o edad de la Iglesia, que fue la etapa o Edad Pentecostal. Y para el pueblo hebreo el Milenio será la Fiesta de los Tabernáculos en su cumplimiento profético para el Día Postrero, y también para la Iglesia.

Por lo tanto, teniendo este conocimiento de estas cosas, damos gracias a Dios por las bendiciones que nos ha dado, y que nos ha colocado en el Octavo Día, la Edad de la Piedra Angular, en ese trayecto de los siete días de Fiesta de los Tabernáculos; eso es en el campo espiritual.

Israel está en su tierra. De un momento a otro la Fiesta de las Trompetas, en donde la Trompeta suena, esa Gran Trompeta llamará y juntará los escogidos de Israel, que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu, y también impactará a todo el pueblo hebreo.

Para la Iglesia del Señor Jesucristo esa Trompeta es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que traerá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; por lo cual la Iglesia del Señor Jesucristo estará escuchando esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, y por consiguiente estará escuchando la Voz de Dios, y Voz de Arcángel, y Trompeta de Dios.

Hemos llegado a un tiempo en que todas estas cosas correspondientes a la Fiesta de los Tabernáculos en su aspecto profético, se va a materializar; y vendrán grandes bendiciones para los creyentes en Cristo y para el pueblo hebreo.

Ahora, si la Trompeta diere sonido incierto, la Trompeta del Evangelio del Reino diere sonido incierto, ¿cómo se prepararán para la batalla? De eso es que habla San Pablo en Segunda de Corintios... eso es de lo que habla San Pablo también en Corintios, capítulo... Vamos a ver si lo consigo… Es donde dice: “Si la trompeta diere sonido incierto, ¿cómo se prepararán para la batalla?” Capítulo 14, verso 8, de Primera de Corintios:

“Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”

¿Cómo se prepararán para una batalla que habrá con el anticristo?

Y ahora, hemos llegado al tiempo final, hemos llegado a un tiempo en donde tenemos que estar apercibidos conociendo las cosas que deben suceder en este tiempo final, que son las tres fiestas: la Fiesta de las Trompetas, la Fiesta de la Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos con Israel, en donde la Iglesia también en lo espiritual tiene una parte importante; y después en la Fiesta de los Tabernáculos también tendrá la parte física, para vivir allá en Israel siendo parte de Israel, y reinar con Cristo por mil años.

Recuerden que la cosecha está terminando, el recogimiento de los hijos e hijas de Dios. Y la cosecha de los ciento cuarenta y cuatro mil, pronto va a comenzar; ese es el tesoro perdido que encontró un hombre, fue y vendió todo lo que tenía y compró ese terreno, y así lo dejó escondido; ese tesoro escondido son las tribus perdidas de Israel, es un tesoro de Dios.

Por lo tanto, algo grande está prometido para suceder, y va a suceder muy pronto, en este séptimo milenio que ha comenzado; y ya llevamos unos doce años dentro de ese séptimo milenio, que viene a ser el Día Postrero delante de Dios, porque para Dios mil años es como un día.

“LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS.”

Por lo tanto, si todavía queda algún alma que no ha recibido a Cristo como Salvador, un trigo, un grano de trigo, que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Su Nombre; y así lo coloque en Su Reino. Para lo cual puede pasar al frente los que están acá presentes, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente allá en las iglesias y auditorios donde se encuentren, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente las personas en los diferentes países, para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, pues hasta que termine esta cosecha no habrá salida de Cristo del Lugar Santísimo, ni podrá tomar el Libro, el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, para abrirlo y revelarlo completamente a Su Iglesia.

Estamos en el tiempo más grande de todos los tiempos, en donde se está cerrando - se estará cerrando la historia de la Dispensación de la Gracia con la victoria en el amor divino de la resurrección prometida y la transformación de los vivos en cuerpos glorificados; así es que se cerrará la Dispensación de la Gracia y se abrirá completamente la Dispensación del Reino.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos; y si todavía falta alguno en algún país, puede pasar al frente allá donde se encuentre, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo como su único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en el continente americano, al cual pertenece Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica; y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y llevar a cabo Su Obra de Reclamo, saliendo del Trono del Padre y convirtiéndose en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, y tomando el Libro de los Siete Sellos, abriéndolo en el Cielo, y trayéndolo a la Tierra abierto en Apocalipsis, capítulo 10. Lo toma en Apocalipsis, capítulo 5, lo abre, de esos capítulos en adelante, del capítulo 6 en adelante, hasta el 8; y en el capítulo 10 lo trae a la Tierra abierto a Su Iglesia.

Por lo tanto, con la Venida a Su Iglesia, de Cristo, el Ángel del Pacto, con el Librito abierto en Su mano, traerá la bendición de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; porque con lo que estará revelándole a Su Iglesia le dará la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar en pie en todos los países también; y con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados, estaremos presentando a Dios, al Padre, en el Nombre del Señor Jesucristo, todas estas personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, recíbelos Señor. Te lo pido en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora con nuestras manos levantadas al Cielo, todos los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra, la Trompeta del Evangelio de Cristo. Nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados para ser reconciliados Contigo.

Creo, Señor, y entiendo y reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados, mis errores, mis faltas; y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir en Tu Reino eternamente. Haz realidad en mí la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para toda persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Señor, sálvame. Haz realidad Tu salvación en mi vida. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, porque Él dijo: ‘El que creyere y fiera bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el agua, el bautismo en agua, es un mandamiento de Cristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultada; y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo así como eso, es el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; es tipológico, es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia. Y si Él tuvo necesidad de ser bautizado, ¡cuánto más nosotros! Por lo tanto, pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Será hasta el próximo domingo, Dios mediante. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes el ministro José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos; y en cada país queda el ministro correspondiente, para que les indique a las personas qué hacer y cómo hacer para ser bautizados en agua en estos momentos.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos; y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS.”

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