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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y sus congregaciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en Primera de Corintios, capítulo 3. Dice el apóstol Pablo, comenzando en el verso 9 hasta el 17:

“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.

Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

“LA TRAYECTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE DIOS.”

El Templo de Dios lo encontramos siempre en diferentes tiempos; por ejemplo, encontramos a través de la historia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, que se ofrecían sacrificios a Dios, por los hombres de Dios correspondientes a cada tiempo; los cuales enseñaban al pueblo el camino de Dios, daban a conocer al Dios eterno, Su Programa para ese tiempo, y lo que se tenía que llevar a cabo en ese tiempo.

Hay diferentes etapas o dispensaciones desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Tenemos siete dispensaciones, que son: la Dispensación de la Inocencia, y su mensajero fue Adán; luego la Dispensación de la Conciencia, y su mensajero fue Set; luego la Dispensación del Gobierno Humano (la tercera dispensación), su mensajero fue el profeta Noé, el cual construyó por mandato divino el arca, el cual representa a Cristo; el arca representa a Cristo, que es el Arca de Salvación para el alma de todo creyente en Cristo.

Luego la cuarta dispensación fue la Dispensación de la Promesa, y Abraham fue su mensajero o el mensajero de esa cuarta dispensación; luego pasamos a la sexta dispensación, y su mensajero fue el Señor Jesucristo, la Dispensación de la Gracia es la sexta dispensación.

Y la séptima dispensación es la Dispensación del Reino, donde el Mesías Príncipe estará como Rey de reyes y Señor de señores, el cual hará la Obra de Reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre, y llevará a Su Iglesia a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego de tres años y medio en el Cielo, regresará a la Tierra con Su Iglesia para comenzar el Reino Milenial; para lo cual llevará a cabo una labor para tomar el Reino o establecer Su Reino en esta Tierra.

Hay siete dispensaciones; la séptima, pues es la que cubre el Milenio, la sexta es la que cubre las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo en Su trayectoria, a través de la cual trayectoria ha estado siendo construido ese Templo espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; así como en el tiempo de Moisés fue construido un tabernáculo en donde Dios moró allá en el lugar santísimo de ese tabernáculo.

Luego, más adelante, en el tiempo de los reyes, al comienzo, David siendo rey sintió en su corazón, deseó construir un templo para Dios. El deseo estaba correcto porque el pensamiento divino de un templo lo captó el alma, el corazón de David, por medio del Espíritu de Dios que estaba en él; tuvo la revelación de que se tenía que construir un templo para Dios en Jerusalén, donde él vio al Ángel de Dios con la espada en la mano, y donde David hizo sacrificio a Dios, en donde pidió perdón por el pecado de él y del pueblo, y el Ángel se detuvo de estar destruyendo a Jerusalén.

Y allí David quiso edificar un templo a Dios más adelante; pero Dios le dijo que por cuanto había derramado mucha sangre como guerrero y líder de su ejército o grupo de valientes… que lucharon porque se dieron cuenta, entendieron, captaron por revelación divina, que David era el hombre ungido para ser el rey sobre Israel.

David, un rey-profeta con las dos consciencias juntas, por cuanto era profeta. Ese era el amado de Dios, David: amado, amado de Dios. Era, nada menos, el Ungido de Dios con el Espíritu de Dios, pues dice la Escritura que el Espíritu de Dios venía sobre él, por eso podía hacerle frente al oso, al león, y a Goliat también; porque cuando venía el Espíritu de Dios sobre él, entonces no tenía limitaciones en cuanto a lo que Dios hacía a través de él.

Era como Sansón. Sansón no tenía fuerza de sí mismo, era el Espíritu de Dios obrando en y a través de Sansón.

Encontramos que Salomón fue el elegido por Dios para la edificación del templo. Cuando fue construido el templo y fue dedicado a Dios, la presencia de Dios en la Columna de Fuego entró al templo y se colocó sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro, donde era llevada la sangre de la expiación, la sangre con la cual el sumo sacerdote intercedía por el pueblo pidiendo perdón por los pecados del pueblo.

Y al ofrecerse a Dios esa sangre, eso significaba que por los pecados del pueblo (por los cuales el pueblo tenía que morir, cada persona tenía que morir), en su lugar había muerto un animalito. Era reflejándose lo que sucedería en la Venida del Mesías, en el cual el pecado de Israel y de todos los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, todos los pecados del mundo serían colocados.

Dice la Escritura que Dios colocó en Él el pecado de todos nosotros, dice la Escritura que Él se hizo pecado por nosotros (o sea, que tomó todos los pecados), y por consiguiente tenía que morir. De lo cual Él dijo en San Juan, capítulo 12, verso 24: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Porque Él como el grano de trigo, como el grano de trigo que es sembrado y muere: una plantita de trigo nace; y la vida que estaba en ese grano de trigo es la que surge en una planta de trigo; y dentro de esa planta de trigo está esa vida (que representa al Espíritu Santo) para (a través de esa planta de trigo, que es la Iglesia) reproducirse Cristo, el grano de trigo, en muchos granos de trigo, muchos hijos e hijas de Dios; porque Él es el Hijo de Dios, y el Hijo de Dios se reproduce ¿en qué? En hijos e hijas de Dios.

Y ahora viene a ser la Iglesia la segunda Eva y Cristo el segundo Adán, para reproducirse y formar la Familia de Dios, formar la familia, la descendencia del segundo Adán; y esa es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo que —de etapa en etapa— han estado siendo colocados en la Iglesia del Señor Jesucristo como piedras vivas que surgen de edad en edad.

Primera de Pedro, capítulo 2 nos dice, verso 4 en adelante:

“Acercándoos a él, piedra viva...”

O sea, Cristo es una piedra viva, o sea, una piedra-hombre; es la Piedra del Ángulo que los edificadores (líderes religiosos) en Su Primera Venida desecharon; lo cual estaba escrito y lo cual Dios había determinado para que se pudiera llevar a cabo la Obra de Redención; por esa causa es que Cristo dijo en la Cruz del Calvario: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen.”

Por lo tanto, Israel es perdonado; y por consiguiente nadie debe rechazar a Israel por lo que pasó dos mil años atrás con la muerte de Cristo allá en Jerusalén. Todo estaba en el Programa Divino para la preservación de vida de Israel y de la Iglesia del Señor Jesucristo, que surgiría en el Día de Pentecostés y vendría a ser —la Iglesia del Señor Jesucristo— un nuevo Templo humano, así como Cristo es un Templo humano donde habitó la plenitud de Dios, y habita eternamente.

¿Recuerdan el capítulo 2 de San Juan, versos 15 al 22? Donde Cristo dice... versos 18 en adelante, dice:

“Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

Ahora vean cómo Cristo identifica Su cuerpo como un Templo humano. Por eso San Pablo luego, en Primera de Corintios, capítulo 3, y también capítulo 6 de Primera de Corintios, dice, verso 19:

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Porque habéis sido comprados por precio (o sea, por el precio de la Sangre de Cristo); glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

Ahora, San Pablo identifica a cada creyente en Cristo como un templo humano donde mora el Espíritu Dios, porque donde mora el Espíritu de Dios siempre es identificado como un templo. Si es un pueblo, es un pueblo-templo de Dios porque Dios está morando en medio de ese pueblo; y la Iglesia del Señor Jesucristo, dice San Pablo, que es un Templo.

En la lectura que tuvimos del capítulo 3, verso 16 en adelante, dice [Primera de Corintios]:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

Y ahora, cada creyente en Cristo es un templo espiritual humano de Dios morando en Espíritu Santo en la persona, y por cuanto forman la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces la Iglesia del Señor Jesucristo es, como Cuerpo Místico de creyentes, un Templo también. Es la Iglesia del Señor Jesucristo un Templo. Dice: “Vosotros también como piedras vivas...” Primera de Pedro, capítulo 2. Continuamos; leímos ya el verso 4 hace unos momentos, el verso 5 sigue diciendo:

“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

          He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

          Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

          La piedra que los edificadores desecharon,

          Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

          Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”

Ahí tenemos las palabras del apóstol Pedro con relación a todos los creyentes en Cristo y a Cristo, representados en piedras. Cristo es la Piedra del Ángulo o Piedra Angular, y Su Iglesia está compuesta por todos los creyentes en Cristo representados en piedras vivas, personas vivientes que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Pero la Piedra más importante es el Señor Jesucristo. Y dice San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14 en adelante, 14 al 16:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

Y ahora, la Iglesia del Dios viviente es la Casa de Dios; la Casa de Dios, o sea, el Templo de Dios, donde Dios habita en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés. Es la Casa de Dios del Nuevo Pacto, la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, en Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6, dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús (o sea, Cristo Jesús es el Apóstol y Sumo Sacerdote, Sumo Sacerdote del Templo celestial, donde está como Sumo Sacerdote intercediendo con Su propia Sangre en el Lugar Santísimo, sobre el Propiciatorio que está en el Cielo, que es el lugar de Intercesión);

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, la Casa de Dios sobre la cual Dios ha puesto a Jesucristo como Hijo sobre Su Casa, es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo. El apóstol Pablo nos da más información sobre esto cuando nos dice en Efesios, capítulo 2, versos 12 en adelante, dice:

“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca (a los que estaban cerca: a los judíos; y a los que estaban lejos: a los gentiles);

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios...”

¿Quiénes son miembros de la Familia de Dios? Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, que forman el Templo de Dios, que forman la Familia de Dios, o sea, la Casa de Dios, la descendencia de Dios; porque como nos dice “miembros de la Familia de Dios,” como hijos somos miembros de la Familia de Dios, y por eso podemos decir: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra.”

Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son hijos e hijas de Dios que forman la Familia de Dios, la Casa de Dios, el Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es un Templo espiritual formado por piedras vivas, o sea, personas creyentes en Cristo, que lo han recibido como su único y suficiente Salvador.

Y ahora, es importante que cada creyente en Cristo sepa que es miembro de la Familia de Dios y que es un ciudadano, conciudadano de los santos. Dice:

“…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio (o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo, el cual es un Templo, un edificio espiritual), bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”

A medida que se va construyendo un edificio, va creciendo el edificio. Si está en el plano que va a tener veinte o treinta pisos o niveles, solamente lo ve usted dibujado o escrito en lo que colocan como el modelo que hizo el arquitecto en coordinación con el o los ingenieros, y de acuerdo a lo que el dueño quería; pero eso que está ahí tiene que ser concretado, hecho realidad, construyendo ese edificio; si es de madera: con madera; si es de concreto: con concreto; si es con piedras, pues con piedras; y colocan el fundamento.

Y el fundamento de este Templo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, es Cristo y los apóstoles. Ya fue puesto el fundamento dos mil años atrás; y luego va creciendo, de etapa en etapa, de edad en edad. A medida que van pasando las edades, va creciendo la construcción del Templo de Dios.

Por eso San Pablo dice: “El que sobreedifica…” o sea, porque se va sobreedificando; se sobreedifica sobre el fundamento y después se sigue sobreedificando encima del primer piso, del segundo, del tercero..., de la primera edad, de la segunda edad, de la tercera, de la cuarta, de la quinta…, pero todo tiene que ser de acuerdo al fundamento. Nadie puede poner otro fundamento, nadie puede comenzar otra cosa diferente. Y sigue creciendo esa construcción hasta que llega al tiempo final, y siendo que es un Templo, entonces tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo.

El Atrio corresponde al tiempo de Jesucristo y de antes de Jesucristo, pero, sobre todo, de Jesucristo; porque en el Atrio era que se efectuaba el sacrificio, y Cristo fue sacrificado en el Atrio; o sea, que corresponde al sacrificio que se efectuaba en el atrio, allá en el templo que construyó Salomón y el templo o tabernáculo que construyó Moisés; todos aquellos sacrificios representaban el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, encontramos a Cristo en esta Tierra como el Atrio de esta Tierra donde se efectuaría el Sacrificio de Cristo para limpiarnos de todo pecado, y preservar la vida de Su Iglesia y de Israel también.

Luego el Lugar Santo corresponde a las siete etapas de la Iglesia, lo cual, aunque ocurre aquí en la Tierra, pero las personas no se han dado cuenta de lo que ha estado pasando porque está sucediendo en el campo espiritual.

Por lo tanto, hay intervención de la sexta dimensión en el Lugar Santo, donde está el candelabro con siete lámparas; y en esas lámparas una mecha encendida que alumbra en el Lugar Santo. El candelabro representa las siete etapas o edades de la Iglesia en su trayectoria; y las luces sobre cada candelero o cada vaso: cada vaso representa a cada edad, y cada mecha encendida representa a cada mensajero encendido con el Fuego del Espíritu Santo; y el aceite en el envase o la lámpara ahí en el candelabro, representa, el aceite representa el Espíritu Santo allí.

En Zacarías, capítulo 4, encontramos los dos olivos que “vierten por sí aceite” como... sobre el vaso que alimenta las diferentes lámparas; y los dos olivos, le dice el Ángel a Zacarías…; Zacarías pregunta al ángel: “¿Qué significan estos dos olivos y estas dos ramas de olivo que vierten por sí aceite como oro?” El Ángel le dice: “¿No sabes lo que es esto?” Zacarías le dice: “No, no sé.” El Ángel le dice: “Estos son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios.” Y luego en Apocalipsis, capítulo 11, aparecen esos Dos Olivos y dos lámparas (Apocalipsis, capítulo 11).

Por lo tanto, tienen que aparecer primero en el Templo espiritual de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo, en el Día Postrero, y luego tendrán que ver también con Israel conforme a Apocalipsis, capítulo 11. Y es el mismo ministerio de Apocalipsis, capítulo 7, el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. En Apocalipsis, capítulo 11, dice, verso 1 en adelante:

“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.

Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.

Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”

Estos testigos son ¿los dos qué? Son los Dos Olivos y los Dos Candeleros que están en pie delante del Dios de la Tierra, estos son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero. Y se van a repetir para Israel en el tiempo de la segunda parte de la semana setenta que les falta a ellos por ser cumplida, que corresponde a tres años y medio; porque en los días de Jesús el ministerio de Jesús fue en los primeros tres años y medio de la semana número setenta, y a la mitad de la semana número setenta le fue quitada la vida al Mesías (conforme a Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27); y después de cerca de cuarenta años, treinta y ocho, casi cuarenta años, el templo fue destruido, como dice ahí mismo en esa profecía de Daniel, capítulo 9, verso 21 al 27.

O sea, que primero la vida al Mesías le sería quitada, y no por sí. Después de las sesenta y nueve (69) semanas; o sea, sesenta y dos (62) semanas... Siete (7) semanas, y sesenta y dos (62) semanas: son sesenta y nueve (69) semanas de años; que son cuatrocientos ochenta y seis (486) años y medio.

Faltan tres años y medio para completarse la semana número setenta, y completarse así las setenta semanas de Daniel; que será completada con los tres años y medio de los ministerios de los Dos Olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías; los Dos Olivos, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios.

Y ahora, en el templo que construyó Salomón colocó dos querubines gigantes de madera de olivo y los cubrió de oro, allá en el lugar santísimo, en adición a los dos querubines de oro más pequeños que estaban sobre el arca del pacto, sobre el propiciatorio, hechos de una sola pieza.

A medida que va pasando el tiempo, y siendo que la Iglesia del Señor Jesucristo es la Casa de Dios, el Templo de Dios bajo el Nuevo Pacto, encontramos que a medida que han ido pasando las diferentes etapas, el Arca del Pacto, el cual es Cristo, ha ido moviéndose de edad en edad; el mensajero de cada edad ha estado moviendo el Arca al lugar que le corresponde como edad; y con él, los ministros que Dios ha puesto a trabajar brazo a brazo en su edad.

Pero el Arca del Pacto tiene que llegar al Lugar Santísimo; y eso corresponde al tiempo final, a la parte en donde ya las siete etapas o edades del Lugar Santo han terminado; las siete edades han tenido sus mensajeros y la obra se ha llevado a cabo, correspondiente a cada edad. Y el Arca del Pacto, ¿de dónde va a ser tomada para ser pasada al Lugar Santísimo?

Así como la pasó cada mensajero de una edad a la otra edad (a la que le correspondía), es tomada en el Día Postrero, de la séptima edad (en donde la Palabra estaba) y es pasada al Lugar Santísimo. Para lo cual en el Día Postrero tiene que haber un ministerio que pueda entrar al Lugar Santísimo, porque los otros ministerios, de edades pasadas, ninguno podía entrar al Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, porque ese Lugar Santísimo todavía no estaba construido.

Es construida cada etapa por el Espíritu Santo, usando al mensajero de cada edad. Por medio del mensajero de cada edad llama a las piedras vivas para formar esa edad del Templo espiritual de Cristo; por eso en cada etapa hay que doblar una esquina, hay que pasar de una edad a otra; y también de una dispensación a otra hay que doblar una esquina.

Por eso ustedes encuentran al reverendo William Branham diciendo: “Estamos doblando una esquina.” Y no toda persona sabe doblar una esquina. Siempre el Espíritu Santo es el que corta las piedras para formar la Iglesia, ese Templo espiritual; y por consiguiente lo hace por medio del mensajero de cada edad, porque siempre por medio de los profetas es que Dios ha cortado Su pueblo; y por eso nos dice la Escritura que miremos la Roca de la cual hemos sido cortados, así dijo a Israel y lo mismo es para los creyentes en Cristo.

Hemos sido cortados de la Roca, que es Cristo, la Piedra que los edificadores desecharon, la cual ha venido a ser Piedra del Ángulo. Así como los granos de trigo de la planta de trigo, la Iglesia, ¿de dónde han venido? De Cristo, que es el grano de trigo que fue sembrado en tierra, que murió; y de ahí luego surgió, nació la Iglesia el Día de Pentecostés, la planta de trigo, para llevar muchos hijos e hijas de Dios al Reino de Dios, muchos granos de trigo.

Y ahora, cada vez que se lleva a cabo un cambio de dispensación, se ha estado doblando una esquina. Y podemos decir a los que preguntan: “Bueno, ¿y cuándo y dónde será la Venida de Cristo para Su Iglesia en el Día Postrero?” Será en el Día Postrero. ¿Cuándo será? Al doblar la esquina, al doblar o pasar de una dispensación a otra dispensación; porque la Venida del Señor es para el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y es en el séptimo milenio donde se entrelaza la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia, se entrelaza la séptima dispensación con la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia.

Ahí, en y para la introducción de la Dispensación de la Gracia, vino Cristo (el Ungido, el Mesías, el Cristo), e introdujo por completo la Dispensación de la Gracia, siendo el mensajero de la Dispensación de la Gracia, el sexto mensajero dispensacional.

En aquel tiempo tenían que doblar la esquina de la Dispensación de la Ley a la Dispensación de la Gracia. Para este tiempo final se dobla la esquina de la Dispensación de la Gracia a la Dispensación del Reino, donde están todas las promesas para el Día Postrero, donde está la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, donde está prometido que los Truenos emitirán sus voces conforme a Apocalipsis, capítulo 10, y darán a conocer el misterio que fue hablado pero que Juan no pudo escribir porque le fue prohibido escribir los símbolos de lo que le fue hablado.

Eso está para ser dado a conocer, cumplido y dado a conocer en este tiempo final. Y lo que los Truenos darán a conocer será la Segunda Venida de Cristo, la Venida de Cristo a Su Iglesia; lo cual es el misterio más grande, por el cual hubo silencio en el Cielo (en Apocalipsis, capítulo 8), cuando fue abierto el Séptimo Sello en el Cielo.

¿Y cuándo será todo esto? Al doblar la esquina. Solamente lo verán, lo entenderán, los que habrán doblado la esquina. Por eso el reverendo William Branham hablaba tanto: “Estamos doblando una esquina,” o sea, pasando de una dispensación a otra dispensación. Él como precursor está anunciando lo que va a suceder, y por eso habla como si ya estuviera sucediendo, porque ya está allí el precursor que está anunciando las cosas allí que van a suceder después de él; y allí comenzó a entrelazarse gradualmente la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia; pero al final, después que esté hecho el entrelace completo, continúa sola la Dispensación del Reino, la cual introducirá el Reino Milenial.

Es ahí, en ese entrelace, donde suena la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta que llama y junta los escogidos del Día Postrero; los corta con la Palabra profética el Espíritu Santo por medio del Mensaje del Día Postrero, y corta esas piedras vivas para colocarlas en Su pueblo, Su Iglesia, Su Templo, ya no en la parte del Lugar Santo ni en el Atrio, sino para formar con esas piedras vivas el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, donde es colocada el Arca del Pacto, que es Cristo, el Ángel del Pacto, la Palabra.

Y es ahí donde estará la presencia de Dios en el Día Postrero; porque la presencia de Dios ha venido moviéndose de edad en edad, así como se movía en medio del pueblo hebreo en el desierto, de un lugar a otro, acompañando al pueblo.

Y en la trayectoria del pueblo de Dios del Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo, la presencia de Dios, Dios por medio de Su Espíritu Santo, la Columna de Fuego, se ha estado moviendo de edad en edad, y alimentando a Su pueblo con el maná escondido de la Palabra revelada de Dios para cada edad.

Y como los sacerdotes trajeron el arca del pacto, el sumo sacerdote con sus hijos, y para llegar al lugar santo tuvieron que pasar por el atrio, y para llegar al lugar santísimo tuvieron que pasar por el lugar santo: eso corresponde a las siete edades de la Iglesia; y de ahí se ha estado moviendo de una etapa a otra en el Lugar Santo; pero de ahí tiene que ser llevada al Lugar Santísimo, que es construido con piedras vivas en el Día Postrero.

Y ahí estará la Piedra no cortada de manos: Cristo en Espíritu Santo, en medio de Su Iglesia; ahí será donde manifestará Su gloria: en el Día Postrero, en el Lugar Santísimo, entre esas piedras vivas; y de ahí saldrá el Mensaje del Día Postrero para Su Iglesia, que forman Su Templo espiritual, y para (también) los que durmieron en edades pasadas, que siempre están escuchando desde el Paraíso, la sexta dimensión, ven hacia acá, y están viendo las diferentes etapas por las cuales va pasando la Iglesia. Ellos ven y oyen y entienden todo lo que es hablado.

Y ahora, es en esa etapa donde ocurrirá el llamado de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, y la Gran Trompeta, representada - el Mensaje representado en la Trompeta que se suena en la Fiesta de las Trompetas de Levítico, capítulo 23, versos 23 al 25, para reunir a Israel, para reunir ciento cuarenta y cuatro mil escogidos, doce mil de cada tribu (y doce mil de cada tribu, por doce tribus: son ciento cuarenta y cuatro mil).

Es importante saber estas cosas, porque es ahí, en el Lugar Santísimo, donde va a aparecer también el ministerio de los Dos Olivos, el ministerio de Moisés y Elías, para Israel, que será también la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta; porque la Séptima Trompeta de Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, son Moisés y Elías: dos profetas; y lo que será la Séptima Trompeta para Israel, será el Séptimo Sello para la Iglesia.

El Séptimo Sello para la Iglesia es la Venida del Señor a Su Iglesia; y la Séptima Trompeta para Israel son los Dos Olivos, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios. Así que hay bendición para la Iglesia del Señor Jesucristo, el Templo espiritual de Cristo, el Templo de Dios, y para Israel, el pueblo de Dios, el pueblo primogénito de Dios; y la Iglesia es el pueblo de los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, bajo el Nuevo Pacto.

Hemos estado viendo la trayectoria de la construcción del Templo de Dios, de la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto; y ahora es importante saber dónde estamos; porque donde estamos es donde la Palabra prometida para este tiempo será vivificada, será traída a vida por el Espíritu Santo, a medida que va siendo hablada; y a medida que el pueblo la va recibiendo, se va haciendo carne en el pueblo; y así se van haciendo la Palabra hecha carne, cada piedra viva, cada hijo e hija de Dios; así como se hizo carne la Palabra prometida para cada edad, en los que recibieron a Cristo como Salvador y formaron la Iglesia del Señor Jesucristo de la edad en que vivieron junto al mensajero de su edad. Ellos fueron la Palabra viviente: el mensajero, y luego se hizo carne en el pueblo que lo recibió y recibió esa Palabra; y ellos fueron la Palabra viviente, hecha carne, en la edad en que les tocó vivir; y esos son los que resucitarán en el Día Postrero, de edades pasadas.

Y los que estén vivos en el Día Postrero serán aquellos en los cuales se haya hecho carne la Palabra prometida para el Día Postrero. Ellos serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Ellos estarán viviendo en la etapa más gloriosa de todas, en la etapa del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, que viene a ser la etapa de Edad de Piedra Angular; porque Cristo es la Piedra Angular; y por consiguiente el Día Postrero, en donde va Cristo a cumplir Su Venida, Su Venida como la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, automáticamente viene a ser también la Edad de Piedra Angular en donde estarán los escogidos del Día Postrero.

Ahora, sabemos a través de la historia de la construcción de este Templo espiritual, del Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, todas estas etapas por las cuales ha pasado la Iglesia siendo construida para ser un Templo santo en el Señor. Y todas estas personas son hijos de Dios, son la Familia de Dios, hijos e hijas de Dios, y por lo tanto son un real sacerdocio, descendientes de Melquisedec, el Sumo Sacerdote, que es Cristo. Son reyes también, porque son hijos del Rey de reyes y Señor de señores, el Mesías Príncipe, son hijos del Dios eterno, el Rey del universo; y por consiguiente, siendo reyes, reinarán con el Mesías en esta Tierra por el Milenio y por toda la eternidad. Son nada menos que los miembros de la Familia de Dios, el pueblo de Dios del Nuevo Pacto.

En la trayectoria de la construcción del Templo de Dios, los que corresponden a este tiempo final son los más bienaventurados de todos los tiempos. Es mejor el fin del negocio que el principio, dice la Escritura. Es que en el Día Postrero, así como fue en los días de Jesús, Cristo dijo: “Bienaventurados vuestros ojos porque ven, vuestros oídos porque oyen y vuestros ojos porque ven; porque muchos de los profetas y de los justos desearon ver que lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

Por lo tanto, son bienaventurados vuestros ojos ¿y qué? y vuestros oídos. Eso está por ahí por el capítulo 11 de San Mateo, versos 11 al 17. Voy a verificar... aquí es donde está lo de Juan el Bautista... Es el 13. Capítulo 13, verso 10 en adelante, dice:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

          De oído oiréis, y no entenderéis;

          Y viendo veréis, y no percibiréis.”

Y luego más abajo dice:

          “Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

          Y con los oídos oyen pesadamente,

          Y han cerrado sus ojos;

          Para que no vean con los ojos,

          Y oigan con los oídos,

          Y con el corazón entiendan,

          Y se conviertan,

          Y yo los sane.”

Sanar también significa: salvar. “Y yo los salve.” Porque la sanidad del alma es más importante que la sanidad del cuerpo. La persona escucha la predicación, entiende el plan de salvación, se convierte, y recibe la sanidad del alma. Pero al cerrar los ojos para no ver, y los oídos para no escuchar, entonces ¿qué sucede? Pues no reciben a Cristo y no reciben la sanidad del alma, la salvación.

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

¿Y qué estaban viendo ellos? La Venida del Mesías. ¿Y qué estaban escuchando ellos? Al Mesías hablándoles el Mensaje correspondiente a aquel tiempo, y preparándolos para entrar a una nueva dispensación, preparándolos ¿para qué? Para doblar una esquina, doblar de la Dispensación de la Ley a la Dispensación de la Gracia.

Para el Día Postrero serán bienaventurados los escogidos del Día Postrero, que estarán como en el tiempo de Jesús; era, en el tiempo de Jesús, era ese tiempo Edad de Piedra Angular, porque allí estaba la Piedra del Ángulo, la Piedra Angular: Jesucristo en Su Primera Venida; y en Su Segunda Venida será nuevamente Edad de Piedra Angular.

Allá era Edad de Piedra Angular sobre y para la Iglesia del Antiguo Pacto, o sea, Israel; y acá en este tiempo final es la Edad de Piedra Angular para la Iglesia del Nuevo Pacto, que ha estado pasando por diferentes etapas a través de las siete edades entre los gentiles.

Y ahora llega a la Edad de Piedra Angular para la Venida de la Piedra Angular, Jesucristo el Salvador, el Mesías, para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden, Cristo les dio la fe para recibir el Espíritu Santo el Día de Pentecostés, por eso les habló que no se fueran de Jerusalén hasta que fueran llenos del Espíritu Santo; los fue preparando para ese momento.

Y en el Día Postrero, Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, que clama como cuando un león ruge y siete truenos emiten sus voces, que es la Voz de Cristo como León en medio de Su Iglesia clamando como cuando ruge un león; y dándole así, revelándole, el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero, en la etapa de Edad de Piedra Angular, como fue allá la Primera Venida del Mesías.

¿Quiénes recibieron la transformación espiritual? Los que fueron preparados por el Mensaje de Cristo en aquellos días. Cristo los preparó para ese momento glorioso, los introdujo a una nueva dispensación. En el Día Postrero, para la transformación física, tipificada en la transformación espiritual, también es así; lo cual, el Ángel Fuerte clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces, lo cual es Cristo en medio de Su Iglesia, nos dará la revelación del Séptimo Sello, nos dará la revelación de Su Venida en el Día Postrero.

Y los que van a ser transformados van a recibir y creer el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia; y tendrán la fe, recibirán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque Él viene por Su Iglesia, para transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos y los que vivimos seremos transformados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Allá en el aposento alto (un lugar en específico) fue derramado el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes; el número no tenía que ser grande: ciento veinte. Y ese es un número bíblico: Moisés tuvo ciento veinte años cuando murió, y así por el estilo, usted busca ciento veinte y usted encontrará que es un número de bendición, es un número que tiene que ver también con liberación, tiene que ver también con Año de Jubileo; porque en ciento veinte años que Moisés tenía, está representado o están representados seis mil años desde Adán hasta el tiempo en que se completan seis mil años; y después de eso, ahí viene el Día Postrero.

¿Y cómo pueden en ciento veinte años estar representados seis mil años? Usted multiplica ciento veinte por cincuenta (120 x 50), y debe darle ¿cuánto? Seis mil (6000). Es bueno consultar porque no hace mucho decía yo: ciento veinte mil…, o ciento veinticuatro mil, más veinticuatro mil más, decía: ciento cuarenta y cuatro mil por todo, y era ciento cuarenta y ocho si lo sumaba así. Ojalá y le podamos añadir veinticuatro mil más, o doce mil más, o veinticuatro mil más; eso lo vamos a dejar quieto. Son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil por cada tribu, los elegidos, las reliquias de Israel, que van a ser llamados y juntados por la Gran Voz de Trompeta, juntados por la Trompeta Final, que son los ministerios de Moisés y Elías llamándolos y juntándolos en el Día Postrero.

“LA TRAYECTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE DIOS.”

La Iglesia del Señor Jesucristo es también tipificada en Sión. El tercer reto será en el Monte de Sión, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; como el primer reto fue en el monte Carmelo, donde estaba Elías, el segundo reto fue en el Monte de la Transfiguración, donde estaba Elías, Moisés y Jesús; y el tercer reto será en el Monte de Sión, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Templo espiritual de Dios, aunque después se pase al Monte de Sión literal allá en Israel.

Y ahí estarán también los Dos Olivos, los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, y también estará el ministerio de Jesús. Son tres ministerios importantes que han sido precursados por el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, el cual vino con el espíritu y virtud de Elías en la cuarta manifestación del ministerio de Elías.

Pero el ministerio de Elías se manifestará por quinta ocasión con el ministerio de Moisés acompañándole, para los judíos; pero estará primero en medio de la Iglesia. Y el ministerio de Jesús estará nuevamente en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo después de las siete etapas, en la Edad de Piedra Angular, el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; porque la Venida de Cristo será a Su Iglesia en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, como fue en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó Salomón, lo cual fue en el lugar santísimo para morar allí; y allí estaba todo lo correspondiente, el arca del pacto y el propiciatorio estaban allí presentes.

El Arca del Pacto, que es Cristo, en el Día Postrero es llevado a una etapa de oro de la Iglesia en la construcción del Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, con piedras vivas creyentes en Cristo; y ahí será donde se manifestará Cristo en toda Su plenitud en la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, y una manifestación plena del poder de Dios que estremecerá a todas las naciones, el mundo entero.

Será más grande de lo que ha sido en otras ocasiones, y será visto manifestado en el Día Postrero por la televisión, por medio de los satélites, y todas estas cosas.

Ahí cuando lo vean viniendo por Su Iglesia es que Israel dirá: “Éste es el que nosotros estamos esperando”; y ahí lo vamos a dejar quietecito. Y cuando sea abierto el Séptimo Sello, ahí van a entender mucho mejor.

Usted va a ver un interés en Israel a nivel de las esferas más altas de sus líderes, lo cual después pasará a todo el pueblo, porque están buscando lo que Dios ha prometido para este tiempo final.

Lo único es que no saben que la visión o sueño que tuvo Jacob, de una escalera que se apoyaba en tierra y la parte alta tocaba el Cielo, llegaba al Cielo, y subían y bajaban ángeles; y en la parte alta estaba Dios, y le habló a Jacob diciéndole que Él era el Dios de Abraham y de Isaac; y le habló y le dijo: “No te dejaré hasta que cumpla todo lo que te he dicho, y te traeré..., iré contigo, estaré contigo y te traeré de regreso.”

Luego Jacob, cuando despertó, dijo: “Este es un lugar terrible, no es otra cosa que casa de Dios y puerta del Cielo.” Y eso es Cristo y Su Iglesia: Casa de Dios y Puerta del Cielo.

Cristo es la Casa de Dios, el templo humano de Dios: “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré,” (San Juan, capítulo 2, versos 12 al 20); y Su Iglesia es la Casa de Dios como Cuerpo Místico de creyentes. Es Casa de Dios la Iglesia: ha estado Dios en Espíritu en medio de Su Iglesia, de edad en edad, produciendo el nuevo nacimiento en millones de seres humanos, y colocándolos como piedras vivas en Su Iglesia.

Y ahora nos encontramos en la Casa de Dios, en el Lugar Santísimo, la etapa de oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, para la Venida de la Piedra Angular, la Venida del Señor para buscar a Su Iglesia y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice que nuestra ciudadanía es celestial y que esperamos al Señor venir desde el Cielo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Así que, ¿para qué estamos en el Templo espiritual de Cristo, Su Iglesia, en la etapa de oro de Su Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, que está siendo construida con piedras vivas? Para esperar la Venida del Señor, el cual nos transformará y nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Tan sencillo como eso.

Fue en el lugar santísimo que también la vara de Aarón, la vara de almendro, reverdeció, ¿ven? Y estaba seca. Reverdeció: es el lugar de resurrección, el lugar de la Iglesia del Señor Jesucristo para el Día Postrero. Es paralelo al tiempo de la Primera Venida de Cristo, en donde resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento.

Así que estamos viviendo en un tiempo paralelo a los días de Jesús, también a los días de Noé y también a los días de Abraham y Lot, pues Cristo dijo: “Como fue en los días de Lot, así será la Venida del Hijo del Hombre; y como fue en los días de Noé (primero los días de Noé), así será la Venida del Hijo del Hombre, así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.” Eso está por San Mateo, capítulo 24, versos 34 al 39, y San Lucas, capítulo 17.

Así que estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos, en el tiempo de oro de la Iglesia del Señor Jesucristo; y estamos esperando la Venida del Señor. El misterio del Séptimo Sello será abierto en este tiempo final para dar a Su Iglesia la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y ahí será que Israel va a reconocer la Venida del Mesías, la Venida del que están esperando, van a reconocer también la venida de Moisés y la venida de Elías, todo eso va a moverse ahí en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Pero vamos a dejar eso ya quietecito por el momento y vamos a dar la oportunidad a toda persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, para que lo reciba como Salvador, los que están presentes y los que están en otras naciones, para que sean colocados en la Casa de Dios, el Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, en la etapa correspondiente a nuestro tiempo. Para lo cual pueden pasar al frente y estaremos orando por usted.

Recuerden que no hay otro Nombre, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Solamente hay un Nombre de salvación, y es: Señor Jesucristo. Cristo muriendo en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Cristo es nuestro único y suficiente Salvador. No hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, ese es el Nombre de Dios para salvación: Señor Jesucristo, Jesús o Yeshua, el cual ha sido hecho Señor y Cristo, por eso lo llamamos: Señor Jesucristo. Cristo significa Ungido, Mesías.

En las demás naciones pueden también continuar pasando al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo, y para que Cristo los reciba en Su Reino y los coloque en el Templo de Dios, en la Casa de Dios, el Reino de Dios que está en la esfera espiritual.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino, en Tu Iglesia. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, Señor, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego, Señor Jesucristo, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” La pregunta de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” [San Marcos 16:15-16]

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, por lo tanto, no quita los pecados el bautismo en agua; es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero es un mandamiento de Cristo, y Él mismo fue bautizado por Juan el Bautista. Juan no lo quería bautizar y le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros! para identificarnos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo, pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz. Dejo al ministro, reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y a los que están en otras naciones, dejo al ministro correspondiente de cada Iglesia, de cada congregación, para que haga en la misma forma y sean bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos.

Que Dios les bendiga y les guarde; y hasta el próximo domingo, Dios mediante, en la actividad del próximo domingo, Dios mediante. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA TRAYECTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE DIOS.”

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