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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, un feliz y próspero año nuevo 2.013 para todos los presentes, ministros y hermanos y también para todos los ministros y congregaciones e Iglesias en diferentes naciones: que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes en lo que falta de este año y también para el próximo año 2.013, y para toda la eternidad. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es una bendición grande ver lo que hemos visto, que ha sido pasado a través de este documental y transmitido también a otros países. Como fue mostrado y dicho, así tiene que ser cumplido.

Estamos en un tiempo muy importante en donde las profecías bíblicas se tienen que cumplir, las correspondientes a este tiempo final que nos ha tocado vivir. Este es el tiempo más glorioso de todos los tiempos, siempre le llamo: la etapa o Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, y por eso es que está prometido una manifestación grande de parte de Dios en y para la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero o tiempo final, el cual nos ha tocado a nosotros vivir.

Por lo tanto, estando en la Edad de Oro (y el oro representa la divinidad), es la Edad en donde Cristo cumplirá Su Venida a Su Iglesia. A través de las diferentes etapas de la Iglesia se ha estado esperando la Venida del Señor a Su Iglesia para resucitar a los muertos creyentes en Él y transformar a los vivos para todos tener cuerpos eternos, inmortales, glorificados, y jóvenes, como el cuerpo glorificado y joven de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y no ocurrió ni en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima Edad, pero estamos en la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular, la Edad en donde esas promesas tienen que ser cumplidas. Por lo tanto, nos ha tocado a nosotros vivir el tiempo para el cumplimiento de la Venida del Señor para buscar y llevar a Su Iglesia a la Cena de las Bodas del Cordero.

No sabemos en qué año será, tampoco sabemos el mes, tampoco sabemos la semana o el día, pero sabemos que estamos en el Día Postrero, para el cual Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, para todos los creyentes en Él: “Y yo le resucitaré en el día postrero.” Y también fue lo que le dijo a Marta, la hermana de Lázaro, el cual había muerto y el cual representa a todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, pero Cristo los resucitará, así como resucitó a Lázaro en el cuarto día luego de pasados los días, ya el cuarto día que estaba muerto y allí apareció Jesús.

En el Programa Divino de la Restauración de la Iglesia, estamos en la cuarta etapa de la Restauración de la Iglesia del Señor Jesucristo, para en algún año ocurrir la Venida del Señor y la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estamos vivos.

Por lo tanto, estando tan cerca ese evento profético, los que estamos vivos deseamos permanecer vivos para ser transformados; aunque no hay ningún problema si alguno parte, porque va al Paraíso y regresará con Cristo para tomar el cuerpo físico, inmortal y glorificado, y vivir en un cuerpo nuevo y joven para toda la eternidad, un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado de Cristo Jesús. Y los que estemos vivos, pues seremos transformados sin ver muerte y tendremos también el cuerpo glorificado, igual al cuerpo glorificado y joven de nuestro amado Señor Jesucristo.

Es muy importante conocer estas cosas para saber lo que esperamos y cuál es el Programa Divino para el cumplimiento de todas estas cosas que estamos esperando.

Leemos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante (26 al 29 de San Mateo, capítulo 26):

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA COMUNIÓN O SANTA CENA.”

La comunión o Santa Cena fue instituida por Cristo para Su Iglesia, para todos los creyentes en Él. Encontramos que cuando Abraham regresó de la victoria sobre los reyes que se habían llevado a Lot y su familia y a muchos habitantes de Sodoma y Gomorra, se los habían llevado cautivos, Abraham, con sus siervos y sus aliados, salió para pelear contra aquellos reyes y libertar a su sobrino Lot y su familia y sus bienes también.

Cuando regresaba de la victoria, se le apareció en el valle, Melquisedec; eso está en Génesis, capítulo 14... en el capítulo 14, verso 17 en adelante, dice (del Génesis):

“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;

y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;

y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.”

Melquisedec, del cual Abraham recibió la bendición divina y recibió pan (pan y vino), dice el apóstol Pablo que Melquisedec es sin padre y sin madre. Capítulo 7 de Hebreos, dice:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.”

Es, Melquisedec, sin padre, sin madre, sin principio de días y sin fin de vida, semejante al Hijo de Dios. Dice que no tiene principio de días, por lo tanto, no tiene genealogía. Cuando se busca el principio de Dios, cómo surgió, no lo pueden encontrar, porque Él es el Eterno. Este Melquisedec, dice San Pablo que es sin padre, sin madre, sin principio de días y sin fin de vida, ¿quién es? Solamente hay uno que no tiene principio de días ni fin de vida, que no tiene padre ni madre: este es Dios.

Y Dios apareció a Abraham en Su cuerpo angelical, en ese cuerpo teofánico, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, el cual le apareció a Moisés y le habló y lo envió para libertar al pueblo hebreo de la esclavitud allá en Egipto, Elohím.

Ese Elohím es Melquisedec, es el Ángel del Pacto, es Dios en Su cuerpo angelical; el cuerpo angelical es llamado el Ángel del Pacto, es llamado el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo, pero de otra dimensión. En Ezequiel, capítulo 9 es el varón vestido de lino con el tintero en su cintura para juntar y sellar a los escogidos de Dios, lo cual el Día de Pentecostés vino el varón con el tintero de escribano en Su cintura y comenzó a sellar, allí comenzó con ciento veinte y después continuó con un grupo como de tres mil personas y luego continuó y continúa llamando y juntando y sellando a los escogidos de Dios con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo. Es el Ángel del Pacto, es este Melquisedec, que le apareció a Abraham, y allá en tipo y figura se ve señalando para más adelante la Santa Cena o como le llaman también: Comunión.

También cuando Moisés libertó al pueblo hebreo por medio de la manifestación del Espíritu Santo a través de él, luego revisamos la historia, y antes de salir de Egipto sacrificaron un cordero, el cordero pascual, y colocaron la sangre de ese cordero en el dintel y los postes, o sea, el marco de las puertas de los hogares hebreos; y donde estuviera la sangre, el Ángel que venía matando los primogénitos, no entraría. Por lo tanto, era para la preservación de la vida de los primogénitos, porque los primogénitos pertenecen a Dios.

Luego por el desierto cada año para la misma fecha, el mes de Abib, el primer mes del año religioso, se efectuaba la pascua en memoria de aquel cordero pascual que fue sacrificado para la preservación de la vida de los primogénitos.

La conmemoración o el memorial de la pascua habla de la liberación del pueblo hebreo y también de la preservación de la vida de los primogénitos. Encontramos que el Señor Jesucristo en la Fiesta de la Pascua se reunía con Sus discípulos para tener la pascua, tener esa cena, que originalmente se conmemoraba con un cordero como originalmente ocurrió, que el cordero era sacrificado y luego era asado y la familia lo comía, todos bien unidos recordando lo que había pasado. Después fueron cambiando las cosas, como sucede en el campo político y sucede en el campo religioso también.

Cristo estaba en Su última cena con Sus discípulos... Su última cena, Su última comida y Su última cena pascual también, en donde estaba Él para cumplir la parte profética correspondiente a la Primera Venida del Señor, que era Cristo mismo, el Cordero pascual humano como lo presentó Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 28 al 36, cuando él dice al verlo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Para quitar el pecado, pues tenía que ser sacrificado y con Su Sangre limpiar de todo pecado a las personas.

Por eso en la última cena Cristo toma el pan, da gracias a Dios el Padre y lo parte y da a Sus discípulos y les dice: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo...” San Pablo dice: “Porque esto es mi cuerpo que por vosotros o por muchos es partido,” eso está en Primera de Corintios, capítulo 11; y en el capítulo 5, verso 7, San Pablo dice: “Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

Así que, en el campo... como un memorial, se conmemora la historia del cordero que fue sacrificado en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos. En el campo profético, para los días de Jesús el cordero pascual tipificaba a Cristo, Su cuerpo, el cuerpo del cordero pascual tipificaba el cuerpo de Cristo, y la sangre del cordero que era aplicada para la preservación de la vida de los primogénitos, representaba la Sangre de Cristo que sería derramada cuando fuera sacrificado en la Cruz del Calvario.

En el campo profético, a corto tiempo, representaba a Cristo y Su sacrificio: Su cuerpo. El cuerpo del cordero representaba el cuerpo de Cristo, el cual era representado en el pan, y la sangre del cordero representaba la Sangre de Cristo tipificado en el vino.

Y ahora, durante la Dispensación de la Gracia, la Santa Cena, que fue establecida por Cristo, nos enseña la parte histórica de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario como el Cordero pascual, y en la parte profética la Santa Cena nos muestra la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, porque Él dijo: “No tomaré más del fruto de la vid hasta que lo tome nuevo en el Reino de mi Padre.”

Por lo tanto, en el Reino celestial habrá la materialización de la Santa Cena, en el campo profético, cuando Cristo se lleve a Su Iglesia para la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; tan sencillo como eso. Esa es la parte profética de la Cena de las Bodas del Cordero, o sea, de la Santa Cena o Comunión.

Y en la parte histórica, pues señala el Sacrificio de Cristo en donde Su cuerpo está tipificado en el pan y Su Sangre está tipificada en el vino. Por eso San Pablo dice que tomemos la Comunión, la Santa Cena, porque la muerte del Señor anunciamos hasta que Él venga; mientras tanto en la Santa Cena se está anunciando la muerte del Señor Jesucristo como el Cordero de Dios que murió para quitar el pecado del mundo y así reconciliarnos con Dios y tener a Sus hijos preservados en y para Vida eterna, para la preservación de la vida de todos los hijos e hijas de Dios.

O sea, que la Santa Cena nos recuerda que Él nos ha dado Vida eterna con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y por eso dice: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” (Hebreos, capítulo 3, verso 7, y Hebreos, capítulo 4, verso 7), es que Él te está llamando porque Él es el Buen Pastor que Su vida dio por Sus ovejas, Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” Un rebaño: la Iglesia del Señor Jesucristo; un Pastor: el Señor Jesucristo; “...Y oirán Su Voz,” Su Voz: la predicación del Evangelio de Cristo, del Evangelio de nuestra salvación.

Y esa, siendo la Voz de Cristo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y por medio de la Iglesia del Señor Jesucristo a través de los diferentes ministerios que Él ha colocado en Su Iglesia, cumple lo que también Cristo dice en ese mismo capítulo 10 de San Juan, del cual les estoy citando, versos 27, al 30 donde Jesucristo dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Y ahora, el que es de Dios es una oveja del Señor, de Dios el Padre, las cuales le han sido dadas a Jesucristo, el Buen Pastor, para que las busque y les dé Vida eterna, “porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Mateo, capítulo 18, versos 10 en adelante, y San Lucas, capítulo 19).

Es que Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, por eso hemos escuchado la Voz de Cristo, la Voz del Evangelio de Jesucristo, siendo predicado el Evangelio de Cristo y llegando ese llamado a lo profundo de nuestro corazón.

Es la Voz de Cristo, el Buen Pastor, llamando a las ovejas que el Padre le dio para que las busque en este mundo y las traiga al redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, las coloque ahí con Vida eterna. Y ahí es donde está la Sangre de Cristo, la Sangre del Cordero, la cual está en la Puerta, que es Cristo, el cual dijo: “Yo soy la puerta, el que por mi entrare será salvo, y entrará y hallará pastos,” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Es ahí en Su Iglesia donde Él coloca Sus ovejas y en donde está la Sangre del Cordero de Dios, Cristo, en la Puerta de esa casa; y la Puerta de esa Casa de la Iglesia es Jesucristo; y la Sangre es aplicada también en el alma, en el corazón, de cada creyente en Cristo por medio del Espíritu Santo entrando al corazón, al alma, de cada creyente, porque el Espíritu Santo es la vida de la Sangre, porque la vida está en la Sangre.

Y ahora, es ahí en la Iglesia del Señor Jesucristo el único lugar donde se conmemora la muerte de Jesucristo en la Cruz del Calvario como el Cordero de Dios quitando el pecado del ser humano. Por eso Cristo dice a Sus discípulos, al tomar el pan, partirlo dando gracias al Padre: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo,” tipificando en el pan Su cuerpo físico que sería crucificado.

Y luego toma la copa de vino y da a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” para quitar los pecados de la persona y regresarlos al originador del pecado, que es el diablo. Así Él remite nuestros pecados, los quita y los envía lejos al originador, que es el diablo, lo cual Cristo hizo cuando murió, fue sepultado y fue al infierno donde estaban los que habían rechazado el mensaje de Noé; fue allí y les predicó a los espíritus que estaban allá encarcelados en la quinta dimensión, allá en el infierno, donde estaban las almas y espíritus de los que ya no tenían oportunidad de obtener salvación. Y también llevó nuestros pecados... llevando nuestros pecados y remitiéndolos, regresándolos, al diablo, a Satanás, que estaba allá en el infierno, en la quinta dimensión.

Y ahora, conmemoramos esa victoria de Cristo tomando la Comunión o Santa Cena, recordando lo que pasó, ese hecho histórico, y así damos testimonio de Cristo y Su Sacrificio por nosotros en la Cruz del Calvario, y también la Comunión o Santa Cena proféticamente para el futuro ha estado señalando la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y también ha estado señalando que hemos estado comiendo la carne del Hijo del Hombre y bebiendo Su Sangre, espiritualmente por la fe, creyendo en Cristo y en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, en Su Sangre derramada que nos limpia de todo pecado.

Así hemos estado comiendo la carne del Hijo del Hombre y bebiendo Su Sangre, y también dando testimonio en el campo profético de lo que representa la Santa Cena en lo profético: la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, pues Él lo dijo: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre.” Nos habla de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y luego cuando estemos en el Reino del milenio, Reino milenial de Cristo, del Mesías, ¿qué se estará cumpliendo ahí? Pues la luna de miel de Cristo y Su Iglesia, que se casaron y luego tuvieron también la Cena de las Bodas del Cordero (esa es la Recepción), y luego la luna de miel que será el Reino milenial. Todo eso lo podemos ver cuando estudiamos la Comunión o Santa Cena.

También dice Cristo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí,” o sea, no tiene Vida eterna. En la Santa Cena damos testimonio de que hemos comido la carne del Hijo del Hombre y hemos tomado o bebido la Sangre del Hijo del Hombre, de Cristo, en y por fe, y que vamos a estar con Él también en el Reino del Padre celestial tomándolo nuevo, lo cual será la Cena de las Bodas del Cordero. Por eso en el Apocalipsis, Libro del Apocalipsis, capítulo 19, verso 6 al 9, dice:

“Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y Su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”

Son bienaventurados los que son llamados, convidados, a la Cena de las Bodas del Cordero. Por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, del Evangelio de la Gracia, viene la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero. Yo fui invitado, acepté, recibí la invitación y estaré en la Cena de las Bodas del Cordero, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, en cada ocasión en que tomamos la Comunión o Santa Cena estamos conmemorando el hecho histórico de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario como el Cordero de Dios, y estamos así conmemorando que hemos creído y por consiguiente por la fe hemos tomado... comido Su cuerpo y bebido Su Sangre, y lo conmemoramos dando testimonio al tomar la Comunión o Santa Cena, y estamos también proféticamente dando testimonio que vamos a estar en la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo cual estamos dando testimonio de que estamos esperando la Venida de Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; estamos dando testimonio de que vamos a irnos con Cristo en el rapto o arrebatamiento de Su Iglesia. Por lo cual son bienaventurados los que han sido convidados, los que han sido llamados, a la Cena de las Bodas del Cordero, los cuales tendrán el vestido de boda, el cual es el Espíritu Santo, y por consiguiente tendrán su cuerpo angelical y su cuerpo físico glorificado para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Porque no hay otro medio de transportación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, a la séptima dimensión, al Reino de nuestro Padre celestial: tiene que ser para los que tendrán cuerpos espirituales teofánicos y cuerpos físicos glorificados para ir a la Cena de las Bodas del Cordero como fue Jesucristo al Reino celestial, a la Casa del Padre celestial, y se sentó a la diestra de Dios el Padre en el Cielo, se sentó en el Trono de Dios, y Dios dentro de Cristo.

Porque el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, es el cuerpo teofánico o angelical de Cristo, es Cristo en Su cuerpo angelical, es el Ángel del Pacto, es la imagen del Dios viviente, y el cuerpo físico de Dios es el cuerpo físico, de Jesucristo, glorificado, el cual se sentó en el Trono celestial y lo convirtió en un Trono de Misericordia. Allí está la Sangre de Cristo haciendo intercesión, Cristo como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, con Su propia Sangre por todos los que le reciben como Salvador.

Y también, cuando ya están en el Cuerpo Místico de Cristo, intercede también cuando le confiesan a Cristo cualquier falta, error o pecado que cometen, Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado, lo cual es representado en el Lavatorio de Pies. Por eso se toma la Santa Cena y el Lavatorio de Pies, los cuales son un memorial, como también el bautismo en agua en el Nombre del Señor es un memorial, es simbólico, es tipológico.

Por lo cual es importante entender que todos los creyentes en Cristo conmemoran la Santa Cena como el memorial de la muerte de Cristo, del cuerpo de Cristo, crucificado en la Cruz del Calvario por nosotros, donde Él dio Su cuerpo por nosotros y derramó Su Sangre con la cual nos limpia, nos limpió de todo pecado, y nos continúa limpiando de todo pecado en todo momento que confesamos a Él toda falta, error o pecado.

Por lo cual la orden de Cristo por San Pablo es: “Haced esto en memoria de Él, hasta que Él venga.” Cuando Él venga con los muertos resucitados nos transformará y nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, en donde la parte profética que Él dice que no tomará más del fruto de la vid hasta que lo tome nuevo en el Reino de Su Padre, se hará una realidad.

Hemos visto la parte histórica, hemos visto la parte del memorial, y hemos visto la parte profética correspondiente al Día Postrero, vimos también la parte profética en la Primera Venida de Cristo, lo que correspondía a la Primera venida de Cristo, cumpliéndolo Cristo en la Cruz del Calvario, y hemos visto el memorial luego en la Iglesia, que es la Santa Cena, y también hemos visto el Lavatorio de Pies. Por lo tanto, todas las veces que lo hagamos la Comunión, la Santa Cena, juntamente con el Lavatorio de Pies, la muerte del Señor recordamos hasta que Él venga.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para poder también participar del memorial de la Santa Cena o Comunión, puede recibirlo en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar al frente si está aquí presente o en el lugar donde se encuentre en otra nación, puede pasar al frente también allá en la Iglesia donde se encuentre, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

La Santa Cena y el Lavatorio de Pies es siempre para los miembros del Cuerpo Místico de Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, en Puerto Rico, en todo el Caribe, en toda la América Latina, en Norteamérica también, y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y completar Su Obra de Intercesión en el Cielo.

Y al completarla, saldrá del Trono de Intercesión y tomará el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos, que es el Libro de la Vida del Cordero, donde están los nombres de todos los que formarían Su Iglesia, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo, los reclamará a todos los que han sido parte de Su Iglesia en el tiempo que les ha tocado vivir; pues los nombres de esas personas están escritos con la Sangre de Cristo desde antes de la fundación del mundo, dice la Escritura en el capítulo 13 de Apocalipsis, y el capítulo 17, que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero los nombres de esos creyentes.

Aquí y en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues el único que puede darnos Vida eterna es Jesucristo: “Mis ovejas oyen mi Voz y Yo las conozco, mis ovejas oyen mi Voz y me siguen y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna,” no hay otro lugar ni otra persona a la cual podamos ir, llegar, para que nos dé Vida eterna. San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, y San Juan, capítulo 14, verso 6, dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”

¿Podrá haber otra persona a través de la cual podamos llegar al Padre? Cristo dice que no lo hay: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” y no podemos contradecir a Cristo porque Él tenía la razón; Él es el intercesor, Él es el Sumo Sacerdote que intercede por nosotros ante el Padre celestial, Él es el eslabón entre Dios y el ser humano, Él es el que nos conecta con Dios, Él es el que intercede por nosotros, Él es el que nos ha reconciliado con Dios.

No hay otro que pueda reconciliar al ser humano con Dios y restaurarlo a la Vida eterna; bien dijo Jesús: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6. Y Juan también, en Primera de Juan también, capítulo 5, dice... es muy importante saber esto que nos dice el mismo apóstol San Juan en el capítulo 5, versos 10 al 13:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”

¿Dónde está la Vida eterna que el ser humano quiere encontrar y recibir? está en Jesucristo:

“Y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, el que tiene a Cristo porque lo recibió como Salvador, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

O sea, el que no tiene a Cristo como su Salvador, pues no tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar, y no sabe cuándo se le va a terminar; por eso es importante asegurar nuestra Vida eterna con el único que nos puede dar Vida eterna, y es con Jesucristo el Hijo de Dios. La buena noticia es la siguiente:

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (la buena noticia es que tenemos Vida eterna, y eso lo debemos saber, estar conscientes, de esa realidad), y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.”

Y queremos pronto ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque es una promesa que Él ha hecho para Su Iglesia para ser cumplida en el Día Postrero. Cuando complete Su Iglesia, entonces Él nos transformará, a los muertos en Cristo los resucitará en cuerpos eternos, y nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Señor Jesucristo, todas estas personas que han pasado al frente aquí y en otras naciones, han venido para recibirte como único y suficiente Salvador, te ruego los recibas en Tu Reino Señor.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador; te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, te lo ruego, Señor, te ruego que se haga realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Sálvame Señor, hazla realidad, Tu salvación, en mí. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonados vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Él fue el que dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Por eso Él mandó a bautizar y Sus discípulos bautizaron en agua a todos los que recibían a Cristo como único y suficiente Salvador, y así ha continuado por dos mil años siendo bautizada cada persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado. Por lo tanto, cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, está recordando e identificándose con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; así es como nos identificamos con Cristo al ser bautizados.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y luego podrán tomar la Santa Cena y Lavatorio de Pies, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo, o sea, por toda la eternidad.

Que Dios les bendiga y les guarde y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, les diga cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor. Y nos veremos nuevamente el próximo domingo, o sea, el año que viene; en el 2.013 nos veremos nuevamente aquí el domingo próximo.

No sé si hay alguna actividad antes del domingo, ya se las anunciará el reverendo José Benjamín Pérez. Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA COMUNIÓN O SANTA CENA.”

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