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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes naciones: ministros e iglesias, hermanos de todos los países. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión, les deseo una feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos los presentes y los que están en otras naciones.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 14, y nos dice la Escritura de la siguiente manera:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 

Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin (pero aún no es el fin).

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes (o sea, enfermedades), y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Y todo esto será principio de dolores. 

Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 

y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 

Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomando el verso 13 y 14, que dice: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

“PERSEVERANDO HASTA EL FIN.” Es nuestro tema para esta ocasión.

Perseverando, persistiendo. Perseverar es persistir. Persistiendo, perseverando hasta el fin. Para lo cual, se requiere que la persona sepa por qué está perseverando, por qué está persistiendo, cuál es la meta.

Persiste, es perseverante, porque tiene una meta; necesita entonces saber por qué va a perseverar, por qué va a persistir, cuál es la meta. Y por consiguiente, cuál es la meta que tiene, a qué quiere llegar, qué quiere lograr.

Una persona no puede ser perseverante, a menos que sepa qué va a lograr. Por ejemplo, ¿las personas trabajan por qué? Porque tienen una meta: ganar dinero. No trabajan sin una meta. Y los que trabajan voluntariamente, trabajan por una meta, una meta que tiene la persona y los que trabajan voluntariamente. Siempre tiene que haber una meta, por lo cual la persona esté haciendo algo.

Por ejemplo, se come ¿por qué?, porque hay una meta. No solamente hambre sino la meta de alimentar el cuerpo para preservar la vida; si deja de comer se debilita, se enferma y se muere. Pero todos queremos vivir, esa es la meta; por eso trabajamos y comemos y dormimos.

Y ahora, se requiere saber qué estamos tratando de lograr. Y después tener fe: Tener fe en que va a alcanzar esa meta, que lo va a lograr. Y eso lo hace a usted ser perseverante, ser persistente; porque usted cree que lo va a lograr.

Es como los jóvenes: van a la universidad porque tienen una meta, tienen la meta de obtener una carrera, una profesión, ya sea de médico, abogado, contable o lo que sea; y si la persona tiene la meta de ser médico, y le gusta la biología y todas estas cosas, persiste, cree que lo va a lograr, sigue luchando, hasta que lo logra.

Pero el que a mitad de sus estudios, pierde la fe y dice: “Ya yo no voy a lograr esa carrera.” ¿Qué pasa? Deja los estudios que lo llevan a la medicina y toma otra carrera o deja la universidad; porque ya quitó su vista de la meta a la cual quería llegar, perdió la fe; y por consiguiente, dejó de persistir, dejó de perseverar en lo que estaba llevando a cabo.

Los creyentes en Cristo han sido enseñados por Cristo: que el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Por lo tanto, la persona tiene que persistir siempre, todo el tiempo estar perseverando en el Señor, creyendo en el Señor, sin apartarse de Él; manteniendo la fe en Cristo, sabiendo que vamos a lograr vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Si quita la vista de la meta, ¿qué pasa? Pierde la fe.

¿Qué podemos hacer para no perder la fe y, por consiguiente, no quitar nuestra vista de la meta, que es lo importante? La fe viene por el oír la Palabra. Eso está por ahí por Romanos, capítulo 10. Y también dice la Escritura: “Conforme va creciendo vuestra fe.” La fe crece.

Por eso Cristo dice: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.”

[San Mateo 17:20]

Y si con una fe tan pequeña se puede hacer tanto, ¡cuánto más si esa fe va creciendo! La fe como un grano de mostaza. El grano de mostaza lo siembra, y entonces va creciendo ese grano de mostaza en forma de una planta, y lleva mucho fruto.

Así es la fe: llevará mucho fruto a medida que va creciendo vuestra fe y va colocando la vista en las promesas que Dios tiene para los creyentes en Él; y va obteniendo el cumplimiento de esas promesas.

Otra cosa importante es saber cuáles son las promesas que Dios ha hecho para el tiempo en que la persona está viviendo; y permanecer, perseverar, y trabajar hasta llegar a obtener el cumplimiento de lo que usted quiere lograr.

Así es en los estudios, así es en todo en la vida terrenal.

Por lo tanto, es importante conocer cuál es la meta que tiene la persona cuando recibe a Cristo como Salvador. Sabemos que es la vida eterna.

Recibe vida eterna espiritual primero, y luego, en la resurrección de los muertos en Cristo, recibirá vida eterna física en cuerpo inmortal glorificado; y los que estén vivos, que han perseverado, que han persistido con su vista puesta en la meta: serán transformados; y así habrán conquistado la promesa de los vivos en Cristo que serán transformados. Y si partió, pues habrá conquistado la promesa de los muertos en Cristo que serán resucitados en cuerpos glorificados.

Así es para individuos como también para la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes.

El Señor Jesucristo, contestando las preguntas que le hicieron, tres preguntas en una… Los discípulos eran como nosotros, que tenemos muchas preguntas y decimos: “Quiero hacerte una pregunta”; y cuando nos hacen una pregunta hay como diez en esa misma pregunta, diez preguntas en una; y ahí le hacen tres preguntas en una, tres preguntas en la pregunta de la Venida del Señor, y en cuanto a la destrucción de Jerusalén y del templo.

La Escritura decía también en el libro de Daniel, capítulo 9, que el templo sería destruido después de la muerte del Mesías; después de la muerte del Mesías transcurriría cierto tiempo, y el templo y la ciudad serían destruidos.

Y ahora, es importante para la Iglesia del Señor Jesucristo conocer cuáles son las promesas divinas que corresponden al tiempo de la etapa por la cual está pasando la Iglesia del Señor Jesucristo, y cuáles son también los problemas señalados por los cuales va a pasar la Iglesia.

Ya están profetizados; por lo tanto, lo que se ve es el cumplimiento de lo que fue profetizado por Jesús, los apóstoles y también los profetas del Antiguo Pacto, del Antiguo Testamento.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Iglesia del Nuevo Pacto, tiene que saber en cada tiempo, a medida que transcurre el tiempo, pasan los siglos, saber qué tiempo en el Programa Divino está viviendo.

No se le vaya a ocurrir a cualquiera construir un arca y decir que se van a salvar en esa arca, porque eso fue para el tiempo de Noé.

Se tiene que conocer cuál es el Programa Divino para el tiempo en que la Iglesia está viviendo; y los creyentes en Cristo estar conscientes de ese tiempo.

Ellos querían saber cuándo sería la destrucción de Jerusalén y del templo. Él les explicó: “Cuando ustedes vean a Jerusalén cercada de ejércitos, ese es el tiempo.” Ahí les dio la señal de lo que iba a suceder.

Y les dice a los discípulos: “Cuando ustedes vean eso, el que esté en Judea, en Jerusalén, en la ciudad, salga de Judea (o sea, váyase a otra ciudad); porque ha llegado el tiempo para la destrucción.”

Cuando los discípulos creyentes en Cristo, del tiempo de la destrucción del templo y de la ciudad, en el año 70 de la Era cristiana vieron a Jerusalén rodeada del ejército romano con Tito Vespasiano dirigiéndolos, recordaron la profecía de Cristo y se fueron de la ciudad.

Las personas que permanecieron en la ciudad, decían o pensaban: “Aquí está el templo de Dios, aquí está la presencia de Dios. Dios nos va a cuidar.” Pero no, no los cuidó.

Los que quedaron en la ciudad fueron heridos, miles fueron crucificados y colocados en las murallas de la ciudad; porque había llegado el tiempo para la destrucción, porque no conocieron el tiempo de la visitación de Dios en Jesús; y entonces vino, más adelante, el juicio divino que Cristo mismo habló.

Porque cuando Dios trae algo para el pueblo, y el pueblo lo recibe, recibe la bendición que viene en eso que Dios envió al pueblo.

Eso está en las palabras de Jesús cuando dice: “El que recibe a profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibe”; o sea, que recibe el beneficio para lo cual Dios ha enviado a ese profeta. Y el que rechaza la bendición que Dios envía, no le queda otra cosa sino el juicio divino.

Por eso Cristo dijo: “Por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación, días vendrán sobre ti cuando tus enemigos te acercaran con vallado y a tus hijos matarán.” Eso está por ahí por San Lucas, capítulo 19.

Vean, allí estaba cumpliéndose la promesa de la Venida del Señor, la visitación de Dios en un cuerpo de carne. San Lucas, capítulo 19, verso 41 en adelante, dice… Esta fue en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Hay que conocer lo que Dios ha prometido para el tiempo en que la persona está viviendo. Y la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes tiene que conocer el tiempo, estar consciente de qué tiempo está viviendo y cuáles son las promesas para este tiempo.

Porque de no saberlo, se le pasarán por encima esas promesas siendo cumplidas y ni las verá; más bien atacará el cumplimiento de esas promesas, blasfemará contra ellas y perseguirá a los creyentes que han visto el cumplimiento de esas promesas. Como pasó en el tiempo de Jesús y como pasó en otros tiempos del Antiguo Testamento y también del Nuevo Testamento.

Encontramos que las preguntas que le hacen al Señor Jesucristo, una era para aquel siglo en el cual se cumpliría, y se cumpliría en el año 70 de la Era cristiana; y las otras dos preguntas corresponden al tiempo final, al fin del siglo o Día Postrero. Pues las preguntas son: ¿Cuándo serán estas cosas (o sea la destrucción de Jerusalén y el templo)? Y ¿qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo?

Luego cuando les contesta, enseña todas esas señales: guerras, engañadores, falsos profetas, falsos ungidos, que vendrán en el nombre del Señor Jesucristo desde aquellos tiempos hasta nuestro tiempo, diciendo que son el Cristo, o sea, que son el Ungido, que son ungidos con el Espíritu de Dios, porque Cristo lo que significa es Ungido.

Dice: “Oiréis de guerras y de rumores de guerras, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.”

Vean, desde aquellos tiempos hasta nuestro tiempo, se ha estado escuchando de guerras, se ha estado escuchando rumores también, de que se va a formar una guerra; y así. Se ven naciones vecinas también, a punto de entrar en una guerra: rumores de guerras.

Pero también guerras como la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, y los rumores de guerra de una Tercera Guerra Mundial que se avecina; que es imposible detenerla. A su tiempo se cumplirá, pues está en la Escritura, y será una guerra atómica.

Pero no se preocupen, que las bombas atómicas van a enderezar la inclinación que tiene la Tierra; y eso va a preparar la Tierra para el Reino del Mesías, el Reino Milenial. Y ya no vamos a necesitar aires acondicionados, porque va todo a trabajar bien, con una temperatura buena para todas partes del planeta.

Va a haber un cambio grande. Y siempre, cuando hay cambios o tienen que surgir cambios, muchas personas algunas veces no están de acuerdo con los cambios. Pero en esto, la opinión que las personas tengan, no cuenta; porque es un Programa Divino, y nadie le puede decir a Dios lo que Él tiene que hacer. Él ya tiene un Programa desde antes de la fundación del mundo, y se va a cumplir.

Lo importante es nosotros saber cuál es el Programa de Dios o en qué parte del Programa de Dios estamos nosotros viviendo, cuáles son las promesas que Dios ha hecho para nuestro tiempo, para Su Iglesia y para cada creyente en Cristo como individuo.

Ahora, dice que “se levantará nación contra nación, reino contra reino; habrá pestes (ya sea enfermedades…), hambre, terremotos… terremotos en diferentes lugares.” Eso lo hemos estado viendo por muchos años.

“Y todo esto será principio de dolores.”

Eso es una señal: Dolores de parto porque la Tierra está con dolores de parto para dar a luz una Tierra nueva para el Reino del Mesías.

“Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.”

Ahí tenemos las persecuciones por causa del Nombre de Jesús, a la cual han sido sometidos los cristianos; y también los judíos, también por causa del Nombre de Jesús, por la muerte de Cristo: fueron perseguidos en diferentes ocasiones por naciones, por el cristianismo, parte del cristianismo que usó naciones para perseguir a Israel, hasta llegar al Holocausto que Hitler llevó a cabo contra los judíos. Ahora, dice que:

“Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos;

y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

Cada persona debe entender que el trato de Dios es con individuos, que cada persona tiene que ocuparse de su salvación con temor y temblor.

Si alguna persona deja al Señor, usted continúe perseverando, continúe usted hacia adelante persistiendo; porque usted no va a tropezar, no va a dejar que, el que otra persona se haya apartado del Señor y pierda la bendición de la vida eterna, usted no va a querer perder la bendición también, de la vida eterna, usted quiere vivir eternamente; por lo tanto, usted continúa perseverando hasta el fin. Ya sea hasta el fin de sus días en la tierra, como también hasta el fin del siglo o fin del tiempo, que corresponde al Día Postrero, al séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Ese es el Día Postrero delante de Dios, porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y Salmo 90, verso 4.

Cuando se habla de los días postreros, algunas personas piensan: “Ya hemos llegado o estamos llegando a los días postreros.” Mire, los días postreros comenzaron en el tiempo en que Jesús tenía de 3 a 7 años de edad; porque los días postreros delante de Dios son los tres milenios postreros de Cristo hacia acá: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Así como los días postreros de la semana son: el quinto día de la semana, que es el jueves; el sexto día de la semana, que es el viernes; y el séptimo día de la semana, que es el sábado, el último día de la semana; el domingo es el primer día de una nueva semana que comienza.

Por lo tanto, cuando se nos habla en la Escritura del Día Postrero, no es un día de 24 horas, sino de mil años.

Para el Día Postrero hay grandes promesas de parte de Dios, grandes bendiciones para la Iglesia del Señor Jesucristo, para los creyentes en Cristo como individuos y para el pueblo hebreo también.

Cristo dice también cuáles son las señales que habrá para este tiempo. Y no podemos ignorar las señales, porque las señales son las que nos indican el tiempo en que estamos viviendo.

Por eso los discípulos le preguntan: “¿Y qué señal habrá de Tu Venida y del fin del mundo o fin de siglo?”

Veamos en la Escritura: San Mateo, capítulo 13, verso 36 en adelante, dice: “Entonces…” Recuerden que la Escritura dice, el verso 34:

“Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;

para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:

Abriré en parábolas mi boca;

Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.”

En las parábolas hay muchas cosas que estaban escondidas desde la fundación del mundo, y fueron habladas en parábolas. Si entiende esas parábolas: entiende esas cosas que estaban ocultas desde la fundación del mundo. Ahora, veamos:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino (el trigo, los hijos del reino, esos son los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo), y la cizaña son los hijos del malo.”

Aquí Cristo dice que hay hijos de Dios y hay hijos del malo. No es como algunas personas piensan o dicen: Todos son hijos de Dios. No, Cristo no dice eso. Cristo dice que hay hijos del malo y hay hijos de Dios, hijos del Reino.

“…la siega es el fin del siglo…”

El fin del siglo, la siega, la cosecha. El tiempo de la cosecha es el tiempo de la siega, y en el tiempo de la siega se está en el verano; es la etapa o estación del verano.

Cuando Cristo dice en San Mateo 24, que cuando veamos todas estas cosas suceder, el verano está cerca; por lo tanto, siendo que en el tiempo del verano es la cosecha, la siega, entonces la siega, la cosecha, también está por llevarse a cabo; y por consiguiente, el Reino de Dios está cerca; y por consiguiente, nuestra redención está cerca.

San Lucas, capítulo 21: “Cuando veamos estas cosas suceder, levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.”

La redención del cuerpo, que será nuestra transformación para los que vivimos, y para los que murieron: la resurrección en cuerpos eternos.

“…la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.”

La cosecha la llevan a cabo los Ángeles. Y ahora, vamos a ver, dice:

“De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.”

Así será. Y si dice que así va a ser, entonces va a ser llevada a cabo una cosecha, un recogimiento del trigo para ser colocado en el Reino de Dios, en el Alfolí de Dios, y un recogimiento de la cizaña para ser quemada en el fuego durante la gran tribulación. Ahora, dice:

“…así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad (los Ángeles nuevamente son mencionados aquí).”

También en el mismo capítulo 13, versos 47 al 50, en la parábola de la red, dice Cristo:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

O sea, echarán a los malos en la gran tribulación, que es mencionado como el horno de fuego. “Porque he aquí, viene el ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará (o sea los quemará), ha dicho el Señor, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” Malaquías, capítulo 4, verso 1.

Y el mismo capítulo 4, verso 2, dice: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia.” Eso es la Segunda Venida de Cristo. “Y en sus alas traerá salvación.”

Será para la salvación, será para la redención del cuerpo, la redención, la adopción, la transformación de los vivos en Cristo, y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados.

Aquí vemos lo que está prometido para el fin del siglo, para el tiempo final, para el tiempo de la cosecha. Eso es lo que estará sucediendo en el Programa Divino.

Y ahora, vamos a ver lo que Cristo dijo con relación a los Ángeles. Capítulo 24, verso 31, dice… 30 al 31:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Aquí Cristo envía a Sus Ángeles… Cristo envía a Sus Ángeles, Sus Ángeles, para llamar con Gran Voz de Trompeta a Sus escogidos.

Los escogidos del pueblo hebreo son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu, conforme a Apocalipsis capítulo 7, donde aparece el Ángel con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo, para llamar y juntar y sellar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Los Ángeles son los Dos Olivos, Moisés y Elías; los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados por el Espíritu Santo para llamar y juntar esos escogidos del pueblo hebreo, que aparecen en el capítulo 7 de Apocalipsis y luego también aparecen en el capítulo 14 de Apocalipsis.

Esas son señales. Por lo tanto va, Dios en este tiempo final, a llamar a los judíos bajo el ministerio de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14; y capítulo 11, versos 15 al 19, encontramos que es tocada la Trompeta, esa Gran Trompeta.

Los Dos Olivos vienen con la Trompeta, la Gran Trompeta, llamando y juntando ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu. Cuando veamos un ministerio que despierta la atención de Israel, recuerden lo que está aquí.

Ese será un ministerio que vendrá con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, con la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo a través de ese ministerio, trayendo el mensaje que corresponde para los judíos.

De eso no podemos explicar mucho para que no surjan imitaciones que vayan a afectar al pueblo hebreo; pero estén atentos, porque el ministerio de los Ángeles con la Gran Voz de Trompeta, el ministerio de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, se estará repitiendo en este tiempo final; e Israel va a escuchar.

Y eso será una señal grande, porque eso será la primera vez en la historia del pueblo hebreo que sucederá.

Estamos en el tiempo en que debemos tener nuestros ojos bien abiertos, conocer cuáles son las promesas de Dios para este tiempo final, para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo. Y ver qué está sucediendo en medio del cristianismo, y que está sucediendo en medio de los judíos y en medio de las demás naciones.

Por ejemplo, podemos ver que lo que dice la Escritura acerca de Israel: Ya está como una nación libre y soberana desde hace unos sesenta y algo de años.Esa es una señal grande: La higuera reverdeció.

Dice Cristo en San Lucas, capítulo 21: “Cuando ustedes vean la higuera reverdecer, y los demás árboles (los demás árboles son las demás naciones y, sobre todo, las naciones del Medio Oriente), levantad vuestras cabezas (también dice) porque vuestra redención está cerca.”

¿Cuándo es que reverdecen los árboles, y luego echan fruto? En la primavera. Bien le han colocado “la primavera árabe” a todo ese movimiento que está ocurriendo en el Medio Oriente.

Ya Israel tuvo su primavera, su primavera judía, y reverdeció; ahora le toca a los demás árboles. Es una señal que Cristo dio para qué estemos con nuestros ojos bien abiertos a lo que está sucediendo en el Medio Oriente, y traerlo a la Escritura para comprender lo que está pasando en el Medio Oriente.

Y después de “la primavera árabe” viene el verano. Dice:

“También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.”

[San Lucas 21:29-30]

Primero viene la primavera, donde brotan y después echa el fruto; y después viene la cosecha, que es el verano.

“Así también vosotros, cuando veáis que sucedan estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios (sabed que está cerca el Reino del Mesías).”

Porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino del Mesías, llamado también el Reino de David que va a ser restaurado, y el Trono de David, en donde se sentará el Mesías, al cual él es el heredero.

Es importante ver estas cosas. Dice:

“Cuando estas cosas comiencen a suceder (verso 28), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Nuestra transformación, la redención del cuerpo; la redención del cuerpo para todos los creyentes en Cristo de edades pasadas y de nuestro tiempo; porque los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos, y los que vivimos seremos transformados.

Por eso la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado perseverando, ha estado persistiendo, desde que nació el Día de Pentecostés.

Y los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo de tiempos pasados, perseveraron, persistieron en el tiempo que les tocó vivir, hasta el fin de sus días en la Tierra.

Y ahora, le ha tocado a la Iglesia del tiempo final o la Iglesia del Señor Jesucristo de este tiempo final, estar perseverando, esta persistiendo; porque hay una meta: la adopción, la redención del cuerpo, nuestra transformación; para ser a imagen y semejanza de Cristo, con cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes para toda la eternidad.

La Iglesia del Señor Jesucristo está perseverando, tiene una meta; está viendo las señales que Cristo mencionó, que son las señales que indican que estamos en el tiempo final o fin del tiempo o fin del mundo.

O sea, cuando se dice “fin del mundo” no significa que será el fin del planeta Tierra, sino el fin de los sistemas humanos para luego venir el Programa de Dios por medio del Mesías, o digamos: el sistema de Dios, que será implantado en el Reino del Mesías; en donde habrá un cambio completo en la vida de la familia humana.

Y ahora, la pregunta es, como individuos: ¿Quiénes están perseverando hasta el fin? Yo estoy perseverando hasta el fin, hasta que sea transformado.

Para este tiempo final, la Iglesia de Señor Jesucristo y cada creyente tienen grandes promesas de grandes bendiciones; y tiene también grandes promesas de señales que va a estar viendo en medio del cristianismo.

Cuando la persona persevera, cuando la persona persiste, es como los niños que comienzan a caminar: la meta es ellos verse como las demás personas caminando, pero ellos solamente comienzan gateando; y se levantan y se caen; pero ellos están perseverando, persistiendo, para llegar a la meta de caminar como las demás personas; y lo logran. Ellos creen que van a caminar.

El que no lo cree, le pasan meses y le puede pasar años, y no camina; hasta que pierde el miedo. Y si pierde el miedo entonces tiene fe de que puede caminar. El no tener fe es tener miedo. El miedo viene a ser entonces la falta de fe.

Y ahora, el niño que está comenzando a caminar, cree que puede llegar a la meta de caminar, porque si lo logró su papá, su mamá y sus hermanitos, él también lo puede lograr. Y todos los días tratará: se cae y se levanta.

Así es el que persiste, el que persevera, hasta llegar a su meta.

La Iglesia de Señor Jesucristo tiene grandes promesas de que va a ser transformada, como Cuerpo Místico y como individuo cada creyente en Cristo.

También tiene promesa de que va a tener un avivamiento grande de parte de Dios, una bendición grande; y que en medio del cristianismo va a surgir esa etapa que el reverendo William Branham le llamó la Tercera Etapa, donde la presencia de Dios va a estar en medio de Su Iglesia y va a llenar a Su Iglesia de Amor Divino, y va a manifestarse poderosamente en medio de Su Iglesia.

Y esa Tercera Etapa será para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, o sea las vírgenes prudentes, que tienen el Espíritu Santo, el aceite en sus lámparas, en sus vidas; y también será para las vírgenes insensatas, creyentes profesantes en Cristo pero sin el Espíritu Santo, por consiguiente, no han nacido de nuevo; y también para el mundo; y por consiguiente, para Israel también, que va a ver esa manifestación y va a decir: “¡Esto es lo que nosotros estamos esperando! ¡Éste es el que nosotros estamos esperando!” Porque están esperando a Dios manifestarse en el Día Postrero, en el cumplimiento de lo que le ha sido prometido.

Y esa Tercera Etapa, dice el reverendo William Branham que va a ser manifestada en una Gran Carpa-Catedral; por lo tanto, cuando esa Visión de la Carpa sea vista cumpliéndose, será la señal más grande para el cristianismo, para las vírgenes prudentes, las vírgenes insensatas, para el mundo, para los judíos y para toda la humanidad.

Esa va a ser una señal como fue el arca de Noé, pero que no será el arca de Noé; pero será una señal como fue la construcción del arca de Noé.

Bien dijo Cristo que como fue en los días de Noé, así será el Día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.

Por lo tanto, así como hubo en el tiempo de Noé personas trabajando con Noé en la construcción del arca, también habrá personas creyentes en esa visión que fue mostrada al reverendo William Branham, trabajando para el cumplimiento de la Visión de la Carpa. Serán personas bienaventuradas, con percepción profética, para cristalizar lo que fue visto y dado a conocer que estará sucediendo en medio del cristianismo.

Ahí será donde será vista la Tercera Etapa manifestada, ahí será donde los Truenos estarán emitiendo sus voces, donde se estará conociendo lo que los Truenos hablaron; ahí será donde Dios estará revelando el misterio del Séptimo Sello, o sea, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, estará en ese camino, trabajando para la cristalización o materialización de esa visión.

No hay esperanza para la humanidad, excepto la Venida del Señor. No hay otra esperanza para la humanidad.

No hay otra esperanza para la resurrección de los muertos en Cristo. No hay otra esperanza para los vivos ser transformados. No hay otra esperanza para el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Solamente hay una esperanza, y es: la Segunda Venida del Señor, la Venida del Señor a Su Iglesia.

Y eso está señalado que será para el fin del siglo, en donde estaremos viendo los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, los ministerios de Moisés y Elías, sonando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta final, el mensaje final de Dios, el mensaje del Evangelio del Reino, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

O sea, tiene que ver con el pueblo hebreo esa Trompeta final, llamándolos y juntándolos; y tiene que ver con los creyentes en Cristo siendo recogidos en este tiempo final, juntados, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque dice Pablo:

“He aquí os digo misterio: no todos dormiremos mas todos seremos transformados, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo serán resucitados incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados.” Primera de Corintios, capítulo 15, versos 50 al 58.

Esa es la esperanza que hay para los creyentes en Cristo y esa es la meta: la transformación que Él ha prometido para los vivos, y resurrección para los muertos en Cristo, para el Día Postrero, para el fin del siglo o fin del tiempo.

Cristo ha estado, está y estará con los creyentes en Él siempre. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del siglo o fin del tiempo.”

Por lo tanto, Cristo está con nosotros como estuvo en el tiempo de los apóstoles, como estuvo en el tiempo de los diferentes mensajeros, como estuvo en el tiempo del reverendo William Branham; también Él está con nosotros en este tiempo final.

Y por consiguiente, la Iglesia del Señor Jesucristo estará trabajando para la cristalización de todo lo que ha sido prometido para la Iglesia del Señor Jesucristo; porque a quien Él tiene para usar, es a los creyentes en Él.

Así como Dios usó a Jesús para llevar a cabo la Obra correspondiente de aquel tiempo, Cristo ha estado usando a Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hacia acá; porque los socios de Dios en Su Programa son los creyentes en Cristo, esos son los socios de Cristo en la Obra que Él ha estado llevando a cabo.

“PERSEVERANDO HASTA EL FIN.”

Hasta el fin del siglo, hasta el fin del tiempo, hasta el fin del mundo; o sea, a fin de los sistemas humanos y fin de todas las cosas.

Por lo tanto, permaneciendo agarrados de Cristo lograremos la meta que Dios ha mostrado, a la cual podemos llegar: la redención del cuerpo, o sea, nuestra transformación, si permanecemos vivos; y si alguno se va antes, pues resucitará en el cuerpo glorificado.

Pero deseamos estar vivos para que nadie llore por nosotros; sino ser transformados y ver cómo somos cambiados en nuestros átomos, de mortales a inmortales.

Lo cual fue mostrado y tipificado cuando Dios les apareció a Abraham y a Sara. Abraham con 99 años y Sara con 89, y le dice: “El próximo año van a tener un niño,” para lo cual tuvieron que ser rejuvenecidos para poder tener el niño prometido: Isaac. Tipo y figura de la transformación que viene para los creyentes en Cristo para el Día Postrero.

Así que continuemos perseverando hasta el fin. Vamos a lograr la meta, vamos a llegar a lo que Dios ha prometido: a la bendición de la redención del cuerpo, la glorificación prometida para todos los creyentes en Cristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bauticé con Espíritu Santo y fuego; y produzcan usted el nuevo nacimiento. Para lo cual, puede pasar al frente y oraremos por usted.

Y los que están en otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos minutos.

Y los niños también pueden venir a los pies de Cristo, los niños de diez años en adelante, para que Cristo los reciba en Su Reino.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente los que todavía no han recibido Cristo, para recibirlo, de los que están presentes y de los que están en otras naciones.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo los Pies de Cristo, nuestro Salvador.

Cristo tiene mucho pueblo, no solamente en Puerto Rico sino en toda la América Latina, en todo el Caribe, en todo Norteamérica y en todas las naciones; y los está llamando en este tiempo final.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón; Él te está llamando, estás escuchando la predicación de Su Evangelio, porque tu nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón; Él te está llamando para salvación.

El mismo Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las arrebatará de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Vamos ya a orar por las personas que han venido los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, vengo a Ti en el Nombre de Señor Jesucristo, trayendo ante Ti todas estas personas que aquí y en otros países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que están viniendo los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en tu Nombre como el único Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en tu Primera Venida, creo en tu muerte en la Cruz del Calvario como el sacrificio de expiación por nuestros pecados; y reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y fuego, luego que yo sea bautizado en agua en tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en tu Reino. Haz una realidad la salvación que ganaste para mí y para todos los que te recibirían en la Cruz del Calvario. Sálvame, Señor.

En el Nombre tuyo, en tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo, te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos capítulo 16, versos 15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en su Reino eterno.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan, el cual no lo quería bautizar y le decía a Jesús, estando ya dentro de las aguas del Jordán: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados!, pues es un mandamiento del Señor Jesucristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ese es el sentir o significado del bautismo en agua: Nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Así que pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, aquí presente. Y en los diferentes países y diferentes iglesias, dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Y nos veremos pronto. Hasta el próximo domingo, Dios mediante.

Continúen pasando todos, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“PERSEVERANDO HASTA EL FIN.”

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