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Muy buenos días o buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, ministros presentes también, y sus congregaciones en diferentes países; y también ministros que están en otras naciones y sus congregaciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 16, versos 7 en adelante, donde nos dice Jesucristo:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí;

de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL ESPÍRITU DE VERDAD.”

El Espíritu de Verdad es el Espíritu Santo, que trae la verdad a todos los creyentes en Jesucristo a través de las diferentes etapas o edades de la Iglesia; es el mismo Cristo en Espíritu Santo, o sea, en cuerpo espiritual, cuerpo teofánico.

Y Cristo en cuerpo teofánico es el Espíritu Santo que estuvo en el Antiguo Testamento guiando al pueblo hebreo, manifestándose en aquella Luz o Columna de Fuego, y que en algunas ocasiones aparecía en forma de un hombre de otra dimensión, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, así como está en la Escritura. Y los que lo vieron decían: “Hemos visto a Dios cara a cara,” como dice Jacob en Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32, cuando se encontró con el Ángel de Dios y no lo soltó hasta que recibió la bendición del Ángel.

También en el capítulo 13 del libro de los Jueces, Manoa y su esposa se encontraron con el Ángel de Dios; y Manoa no sabía que ése era el Ángel de Dios, el cual le estaba prometiendo que tendrían un hijo Manoa y su esposa, el cual vino a ser Sansón.

Y Manoa le ofreció comida, un cabrito preparado, porque él sabía que en una ocasión tres ángeles, tres varones le habían aparecido a Abraham por el capítulo 17 y 18 del Génesis, y habían comido con Abraham; eran nada menos que Dios el Ángel del Pacto, y los Arcángeles Gabriel y Miguel; eso fue el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

El mismo Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre, dice que la Venida del Hijo del Hombre (esto es para este tiempo final) será como los días de Lot. Los días de Lot eran los días de Abraham, y por consiguiente eran los días también de Sodoma y Gomorra, ciudades sobre las cuales vino el juicio divino por sus pecados.

Porque no es pecado lo que la gente quizás llame pecado, sino todo aquello que las personas hacen contrario o en contra de lo que Dios ha establecido. Y eso es incredulidad a Dios y Su Palabra.

Una cosa delante de Dios que es pecado, aunque la nación o las naciones lo llamen de otra forma o lo legalicen, sigue siendo pecado.

Como en los días de Noé también dice Cristo que será la Venida del Hijo del Hombre; por lo tanto, la humanidad para el tiempo – para la Venida del Hijo del Hombre, estará en la misma condición de los antediluvianos, del tiempo de Noé, y también de los de Sodoma y Gomorra; así estarán las naciones. Y todos podemos ver que ya se ha llegado a esa condición, pero también vemos que el reino de los gentiles está cayendo.

Algunas veces nos preguntamos: ¿Será que la Venida de la Piedra no cortada de manos está cerca o ya llegó? Es una buena pregunta, una buena observación.

El mismo Cristo dice que vendrá el Reino de Dios sin advertencia. Por lo tanto, tenemos que estar preparados conforme a las Escrituras; de acuerdo a como Dios ha establecido es que tenemos que prepararnos para la Venida del Hijo del Hombre, como nos dice el mismo Cristo en San Lucas, capítulo 21, verso 36, donde dice:

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

El misterio más grande de la Biblia es la Segunda Venida de Cristo, es el misterio del Séptimo Sello; misterio que la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis capítulo 10, estará hablando, revelando; hablando en una forma consecutiva el misterio y todo lo relacionado a ese misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre; para que así estemos en pie delante del Hijo del Hombre.

Dice el mismo Cristo, que cuando veamos suceder todas las cosas que Él dijo que serían las señales para el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, estemos atentos a esas señales. Dice [San Lucas 21:28]:

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

O sea, nuestra transformación está cerca cuando, dice Cristo, cuando estemos viendo que comienzan a suceder todas estas cosas que Él profetizó.

La higuera: Israel, ha reverdecido, está como una nación libre y soberana; los demás árboles de las demás naciones ahí en el Medio Oriente, están también reverdeciendo. Y todo eso nos habla del tiempo final.

Estamos viendo esas señales suceder; por lo cual, tenemos que estar con nuestras cabezas levantadas al Cielo, a las cosas de Dios, a las cosas celestiales, porque nuestra redención (nuestra transformación, la redención del cuerpo) está cerca; y por consiguiente, tenemos que estar preparados para nuestra transformación.

Es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el Espíritu Santo, el cual estará trayendo en este tiempo final —en forma consecutiva— la Palabra, la revelación de todas estas cosas que deben suceder; estará revelándole a Su Iglesia el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida en el tiempo final como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo. Y todo eso nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque la fe viene por el oír la Palabra.

Por lo tanto, lo que estará preparando a la Iglesia del Señor Jesucristo para ser transformados los creyentes, será la Voz de Cristo dándonos Su Mensaje final; y eso es Cristo el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, clamando como cuando un león ruge, emitiendo sus voces, hablando a Su Iglesia en forma consecutiva, hablándole todo lo relacionado a la Venida del Señor para el Día Postrero; y confirmándole, también, todo lo que ocurrió en la Primera Venida de Cristo y los beneficios o bendiciones – producto de la Primera Venida de Cristo.

Es importante saber dónde nos encontramos en el campo profético, en este tiempo en el cual estamos viviendo. Dice el mismo Cristo en San Mateo capítulo 24, verso 27: “Porque como el relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente, así será también la Venida del Hijo del Hombre.”

La Primera Venida de Cristo fue allá en el Medio Oriente, en la tierra de Israel. Y como el relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente: el continente americano, al cual pertenecen Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y todo el Caribe… Vean dónde dice que resplandecerá como el relámpago que sale del Oriente y se muestra, resplandece, ¿dónde? En el Occidente. Así será también la Venida del Hijo del Hombre.

Es un misterio todo lo relacionado al Hijo del Hombre para este tiempo final, lo que corresponde a la Venida del Hijo del Hombre para este tiempo; pero todo eso va a ser abierto completamente en la Tercera Etapa, en el cumplimiento de la Visión de la Carpa que tuvo el reverendo William Branham.

El Espíritu Santo es Jesucristo en Espíritu, es el Ángel del Pacto; es el mismo que le aparecía a Adán, le apareció también a Eva y también le aparecía a Abel; hasta Caín vio y escuchó al Ángel del Pacto, a Cristo en Espíritu Santo; recordando que un espíritu es un cuerpo parecido al nuestro pero de otra dimensión; así es también el espíritu que tenemos nosotros dentro: es un cuerpo de otra dimensión, y cuando la persona muere, lo que muere es el cuerpo físico y sigue viviendo en el cuerpo espiritual, un cuerpo parecido al cuerpo físico pero joven, que representa de 18 a 21 años de edad. Eso es así para todos los creyentes en Cristo.

Es que el espíritu no se pone viejo, lo que se pone viejo es el cuerpo físico que nosotros tenemos por causa del pecado allá en el Huerto del Edén, en donde el ser humano, representados en Adán y Eva perdieron la vida eterna y por consiguiente la juventud eterna.

Ese personaje que le apareció a Adán y le dice: “¿Dónde estás tú, Adán? ¿Dónde estás tú?” Ese era Dios en teofanía, en Su cuerpo angelical; recordando que el cuerpo angelical es el Espíritu Santo, es el cuerpo teofánico de Dios, el cual es Jesucristo en Su cuerpo angelical.

Jesucristo en Su cuerpo de carne es el que murió en la Cruz del Calvario, pero Jesucristo en Su cuerpo angelical no murió, aunque tuvo que ir al infierno, a la quinta dimensión, a predicarle a las almas que estaban en sus cuerpos espirituales encarcelados hasta el juicio final. Cristo fue en cuerpo angelical, en espíritu, que es cuerpo angelical.

Por eso Cristo podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio y se gozó.” Le dijeron los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” ¿Cómo era Cristo? Era el Ángel del Pacto, era Cristo en Su cuerpo angelical, Su cuerpo espiritual; de lo cual también nos dice San Pablo, conocedor de este misterio, en Hebreos capítulo 1, verso 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

O sea, que Dios habló por medio de Su Espíritu a través de los profetas, y luego, dice: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), al cual constituyó heredero de todo.” ¿Quién es el Heredero de toda la Creación? Jesucristo.

“…y por quien asimismo hizo el universo.”

Fue por medio de Cristo que Dios hizo el universo: “En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra.” ¿Cómo lo hizo? Pues Dios en Cristo, Dios en el cuerpo angelical, cuerpo teofánico, que es Cristo en Su cuerpo angelical. A través de Su cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente, Dios habló a existencia cada cosa.

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

La imagen de Dios es Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico: Su Espíritu. O sea, Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen de Dios, y Cristo en Su cuerpo de carne es la semejanza física de Dios.

Por eso Dios creó al ser humano a Su imagen: o sea espíritu, cuerpo espiritual; y a Su semejanza: cuerpo físico de carne, para lo cual tomó del polvo de la tierra y lo formó, lo creó.

Lo más que se parece a Dios es el hombre, el ser humano, es la corona de la Creación; y lo más que se parece al hombre, es Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que equivale en el ser humano a: alma, espíritu y cuerpo.

“…y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

La ciencia ha estado buscando el origen de la Creación, pero miren, aquí está el origen de la Creación: Fue Dios que creó por medio de Cristo el universo, toda la Creación fue hecha por Dios a través de Su cuerpo angelical.

El apóstol Pablo también, en Colosenses, capítulo 1, nos muestra que así fue. Dice Colosenses capítulo 1, verso 13 en adelante… aún el 12, dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo...”

Todos los creyentes en Cristo han sido libertados, librados de la potestad, del poder y del gobierno del reino de las tinieblas, del reino del maligno, y han sido trasladados al Reino de Jesucristo nuestro Salvador. O sea que ha ocurrido un éxodo, así como el pueblo hebreo tuvo un éxodo siendo libertado del imperio o reino del faraón de Egipto, y trasladados a la tierra prometida.

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible…”

O sea, que lo visible de Dios es por medio de Cristo, el Ángel del Pacto; por eso la Escritura dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró, le ha dado a conocer.” San Juan, capítulo 1, verso 18.

Esto es así porque Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, y por Él fueron hechas, creadas, todas las cosas; y nada fue creado sino por Él. Eso es de lo que nos habla San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18.

“Y aquel Verbo fue hecho carne.” El Verbo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, se hizo carne al hacerse un cuerpo de carne, crearse un cuerpo de carne en el vientre de María: una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y así se formó el cuerpo de Jesús en el cual hábito la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, estaba todo en Jesús.

Por eso Él decía: “El Padre y yo, una cosa somos.” Y también decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” San Juan capítulo 10, verso 30, y San Juan capítulo 14, verso 6 en adelante.

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación (el primero).

Porque en él fueron creadas todas las cosas (en Él fueron creadas todas las cosas), las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles…”

Sean del campo físico: visibles, tangibles; o del campo espiritual, del campo de los espíritus, del campo invisible, invisible a la vista humana.

“…sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…”

Y Cristo, el Verbo, el Ángel del Pacto que está en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, es la cabeza de Su Iglesia que nació allá el Día de Pentecostés en Jerusalén, en el aposento alto.

Es que Cristo había dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Él vino en Espíritu Santo el Día de Pentecostés. Su cuerpo quedó – Su cuerpo físico glorificado quedó en el Cielo, en el Trono celestial, como Sumo Sacerdote; pero el Espíritu Santo vino para producir el nacimiento de la Iglesia del Señor, que es la segunda Eva, porque Jesucristo es el segundo Adán; para, Cristo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios al producir el nuevo nacimiento en esas personas.

El nuevo nacimiento es del Cielo, y por consiguiente la persona obtiene su nacimiento celestial, y por consiguiente su ciudadanía es celestial, como dice San Pablo en Filipenses capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual  puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

La Iglesia del Señor Jesucristo, cuando Cristo se haya reproducido en todos los hijos e hijas de Dios que nacerían en y a través de la Iglesia, entonces habrá completado esa familia de Dios, de hijos e hijas de Dios, de príncipes y princesas, y por consiguiente reyes y sacerdotes y jueces; y entonces vendrá la parte física, que será la redención del cuerpo, la adopción como hijos e hijas de Dios obteniendo la parte física, la redención física, el nacimiento físico como hijos e hijas de Dios, por medio del poder de Dios a través de Cristo.

Él en Su Venida producirá la resurrección de los muertos creyentes en Él, como Él dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Quién llevará a cabo la resurrección? Jesucristo. ¿Quién es el que lleva a cabo la salvación? Jesucristo. Porque para eso fue que Él vino en esa misión divina. Dice:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Por lo tanto, es Cristo en Su Venida en el Día Postrero, el que hablará y traerá a vida física y eterna a todos los creyentes en Él que murieron en edades pasadas y los de nuestro tiempo, creyentes en Cristo que han muerto también, los resucitará en cuerpos eternos, jóvenes, inmortales, glorificados, igual a Su cuerpo glorificado; y así se habrá producido la redención del cuerpo, que es la adopción.

Y entonces tendremos vida eterna espiritual y vida eterna física también; tendremos una doble porción, la doble porción que le corresponde a cada hijo e hija de Dios.

Esa es la descendencia de Cristo y Su Iglesia, del segundo Adán y la segunda Eva; y es una Obra de Cristo en Espíritu Santo que Él está llevando a cabo en medio de Su Iglesia, desde que nació Su Iglesia hasta este tiempo final; y la continuará hasta que se complete esa Obra. Y luego, pues continuaremos con Él viviendo por toda la eternidad.

“EL ESPÍRITU DE VERDAD.”

Jesucristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia guiándola, dándole a conocer todas las cosas que Ella necesita saber, ungiendo también a Sus mensajeros, a Sus ministros para hablar por medio de ellos; y eso es los misioneros, los evangelistas, los predicadores, los mensajeros de cada edad ungidos con el Espíritu Santo hablando la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo.

Y así es como el Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia obrando por alrededor de dos mil años, y reproduciéndose Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia y a través de Su Iglesia, reproduciéndose en hijos e hijas de Dios.

Para eso fue que vino Cristo en Espíritu Santo a Su pueblo, a Su Iglesia: para producir el nacimiento de Su Iglesia y a través de Ella reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios, y guiar a Su Iglesia y por consiguiente a cada miembro de Su Iglesia, guiarlos en Espíritu y en Verdad, dándole a conocer todas las cosas que deben saber los creyentes en Cristo; para que así nazca la fe de Cristo en el alma, en el corazón de los que le reciben como Salvador; y a través de la enseñanza de esa Palabra, continúe creciendo esa fe, hasta que lleguemos a tener la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; lo cual está muy cerca.

Ya estamos en la etapa o edad de y para la adopción, que es la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo; por consiguiente, las cosas que han estado esperando los creyentes en Cristo en edades pasadas, conforme a como han sido prometidas por Dios, y no las recibieron, es porque esas cosas son para ser cumplidas en este tiempo final a la Iglesia del Señor Jesucristo en esta etapa de oro de la Iglesia, que es la etapa de la Edad de Piedra Angular, para la Venida de la Piedra Angular, que es la Venida de Cristo a Su Iglesia en el tiempo final, en el Día Postrero.

Por lo tanto, firmes, sirviendo Cristo y trabajando en Su Obra todos los días, trabajando en el campo espiritual y también en el campo físico; porque todas las cosas que Cristo ha prometido, Él las cumplirá por medio de Su Espíritu obrando a través de los miembros de Su Iglesia. Así como Dios obró por medio de Cristo, Cristo obra por medio de Su Iglesia.

Por lo tanto, las promesas correspondientes a la Primera Venida de Cristo, fueron vistas cumplidas por Dios a través de Jesucristo; las promesas de Cristo a Su Iglesia, son vistas siendo cumplidas por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, de edad en edad.

Para ver las promesas de la Venida del Señor dos mil años atrás, tenían que mirar a Jesús, porque en Jesucristo era que estaba el Espíritu Santo en toda Su plenitud cumpliendo esas promesas. Para ver las promesas correspondientes al Día Postrero, hay que mirar al Espíritu Santo obrando en y a través de Su Iglesia cumpliendo esas promesas.

Algunas personas que no tengan el conocimiento de cómo obra Cristo en Espíritu Santo en Su Iglesia y a través de Su Iglesia, dirán: “Ese es un grupo de personas que está haciendo tal cosa.” Pero cuando vamos a la Escritura y a las promesas o profecías y visiones que fueron dadas a San Pablo, San Pedro y a los mensajeros de cada edad, y sobre todo al reverendo William Branham, y vemos las promesas que hay ahí, las profecías que hay ahí para ser cumplidas en medio de Su Iglesia, entonces estaremos viendo esas promesas siendo cumplidas por la Iglesia del Señor Jesucristo; pero eso será el Espíritu Santo obrando a través de los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, ya sea en el campo espiritual o en el campo físico; porque hay promesas para ser cumplidas en el campo espiritual y hay promesas para ser cumplidas en el campo físico.

Algunas personas para negar lo que corresponde al campo físico para ser cumplido, podrían decir: “Eso es para – eso es en lo espiritual, no es en lo físico.” ¿Saben una cosa? Dios es Su propio intérprete. En la forma que se cumpla, ésa era la forma que Dios había prometido que llevaría a cabo esa promesa.

Así será en nuestro tiempo, como fue en tiempos pasados las promesas que fueron cumplidas en tiempos pasados. Y ahora tenemos que conocer las promesas que Dios ha hecho para Su Iglesia, para ser cumplidas en este tiempo final; y eso es importante conocer para trabajar en pro de esas promesas, para que se cumplan lo más pronto posible.

Yo deseo irme pronto a la Cena de las Bodas del Cordero. Y todo aquel que desea irse a la Cena de las Bodas del Cordero, deseará también que se cumplan pronto esas promesas que están ligadas a la fe para ser transformados, a la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Venida del Señor, y rapto o arrebatamiento de la Iglesia para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Yo deseo que pronto se cumplan todas esas promesas para poder llegar pronto a la Cena de las Bodas del Cordero. Todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero van a obtener la fe para ser transformados y raptados, y para ir, por consiguiente, a la Cena de las Bodas del Cordero.

Van a estar identificados —esas personas— con la Palabra prometida para este tiempo final; porque la identificación de que una persona tiene el Espíritu Santo, es que recibe la Palabra que corresponde al tiempo en que está viviendo, recibe el mensaje de su tiempo.

Los de este tiempo final no van a estar recibiendo el mensaje de Noé para construir un arca literal, porque el arca representa a Cristo; tendrán a Cristo y estarán dentro de Cristo, que es nuestra Arca de Salvación.

Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés; y antes de Pentecostés pues estaba en Jesús en medio de Sus discípulos. Él dio testimonio de que el Espíritu Santo (y por consiguiente, también Dios) estaba en medio de ellos, porque estaba en Jesús, vestido del velo de carne llamado Jesús. Y ahora está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo; y por consiguiente, usa diferentes velo de carne, que son miembros, por consiguiente, de Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes.

Hay muchas cosas importantes para conocer en el Programa de Dios correspondiente a nuestro tiempo; y las vamos a conocer a medida que Dios nos permita escucharlas. El Espíritu Santo es el que guía a Su Iglesia, y eso es Cristo guiando a Su Iglesia en Espíritu Santo.

“EL ESPÍRITU DE VERDAD.”

Hemos visto que el Espíritu de Verdad es el Espíritu Santo, el cual guiaría a Su Iglesia a toda justicia y a toda verdad, porque Él es el Espíritu de Verdad: Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Toda persona desea ser guiada por el Espíritu Santo, para lo cual, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, si no ha recibido a Cristo como Salvador: nace la fe de Cristo en su alma, lo recibe como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento; y comienza a ser guiado por el Espíritu Santo en su trayectoria como hijo o hija de Dios; guía al creyente como individuo y guía a Su Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor; y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en usted; y así venga a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted; y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado.

Los niños también, de 10 años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino también; tanto los que están presentes como los que están en otras naciones.

Dios tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en todo el Caribe, en toda la América Latina, en Norteamérica y en todas las naciones; y los está llamando en este tiempo final.

Las señales de los tiempos las estamos viendo, siendo manifestadas, para lo cual este es tiempo de buscar a Dios, de encontrarnos con nuestro Dios. Él está buscando – llamando y buscando Sus ovejas.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo, todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón. Creo en ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz realidad en mí la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para todos los que te recibirían como único y suficiente Salvador, los cuales están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Señor, te lo pido en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo al cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, porque ustedes han creído en Él y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado en las aguas bautismales; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y nos continuaremos viendo.

Y nos continuaremos viendo también hoy, a las 3:00 de la tarde, en la actividad a la cual muchos de ustedes van a estar.

Que Dios les bendiga y les guarde, y hasta el próximo domingo, Dios mediante, aquí. Y hasta las 3:00 de la tarde en el lugar correspondiente.

Dejo con nosotros al Reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados los que han venido los Pies de Cristo; y en cada país dejó al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos.

Continúen pasando, todos, una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL ESPÍRITU DE VERDAD.”

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