ImprimirImprimir

Muy buenos días, o buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones: ministros, iglesias. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo para todos los hermanos allá en Puerto Rico, y también un saludo para el misionero Miguel Bermúdez Marín allá donde él se encuentra.

Para esta ocasión leemos en la Escritura, la Biblia, dos lugares: Éxodo, capítulo 4, verso 22, dice:

“Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.”

Y el capítulo 23 del Éxodo, versos 20 al 23, dice Dios a Moisés:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL, EL HIJO PRMOGÉNITO DE DIOS.”

Israel como nación es el hijo como nación, el pueblo-hijo como nación, primogénito de Dios; es la primera nación que nació de parte de Dios, y por consiguiente como nación es el hijo-nación mayor, el primogénito. Después Dios crearía otras naciones, pero la primogénita es Israel; y por consiguiente, es la nación modelo para todas las demás naciones.

Esta bendición de Israel como primogénito o primogénita, encontramos que la heredó, esa bendición la heredó la descendencia de Jacob; esa Bendición de la Primogenitura vino de Abraham a Isaac, y de Isaac la pasó a Jacob.

Aunque Esaú era el primogénito, así como también Ismael hijo de Abraham, fue el primogénito, el que nació primero de Abraham, pero no nació por medio de Sara sino a través de Agar, una egipcia que era sierva de Sara. E Isaac nació después pero a través de Sara, conforme a como Dios le había prometido a Abraham. Y por eso la Bendición de la Primogenitura pasó a Isaac, habiendo nacido como el segundo hijo de Abraham, pero era el hijo que estaba prometido por Dios a Abraham.

Luego encontramos que a Isaac le nacieron dos hijos (diríamos, gemelos, nacieron el mismo día), uno agarrado de los talones del otro; y antes de nacer, Rebeca estando embarazada, tenía en su vientre mucho malestar por causa de que los niños estaban moviéndose mucho; y las mujeres que han tenido un niño o una niñita que brinca mucho en el estómago, saben lo que es eso, ¡y cómo serian dos!, dos que estaban luchando, peleando ahí. ¿Y por qué? Porque algo querían.

Vean, en el Génesis nos habla de esa lucha que tenían esos niños en el vientre de Rebeca. Dice, capítulo 25 del Génesis, versos 19 en adelante:

“Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,

y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.

Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril…”

Vean, también la madre de Isaac había sido estéril, Sara; o sea, que el mismo problema que tuvo la esposa de Abraham ahora lo tiene la esposa de Isaac.

“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová (o sea, el Señor, el Eterno), y concibió Rebeca su mujer.

Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová (o sea, a consultar al Eterno, a Dios);

y le respondió Jehová:

Dos naciones hay en tu seno…”

“Dos naciones hay en tu seno.” Cualquier persona que le diga a una señora que esté embarazada y tiene gemelos, y le diga: “Dos naciones hay en tu seno, en tu vientre,” la señora de seguro le va a decir: “Dos naciones no hay pero sí pueden haber dos niños, dos hijos,” pero es que de esos dos hijos iban a surgir dos naciones, así es la Ley de la Reproducción.

“Dos naciones hay en tu seno

Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;

El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.”

O sea, el mayor servirá al menor. En los hogares en que hay unos cuantos niños, el mayor siempre quiere dominar a todos, y el menor siempre trata de dominar al mayor, imita al mayor y trata también de manipularlo, de dominarlo, y le hace también mucha travesura.

“Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú (o sea, ahí al talón); y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.”

Cuando se casó tenía 40 años Isaac y ahora cuando nacen los niños tiene 60 años, 20 años viviendo con su amada esposa Rebeca; así que, si ella tenía 15 años y pasaron 20 más, tendría 35, pero si tenía 20 años y pasaron 20 años de casada, entonces tenía unos 40 años; pero eso no era ningún problema, Sara tenía 90 años cuando nació Isaac.

Y ahora, vean ustedes ahí la lucha por la Bendición de la Primogenitura desde el vientre de su madre Rebeca, la tenía Jacob con Esaú. Esaú viene a ser también Edom.

Y nació primero Esaú; pero es como en las competencias en las carreras, ya sea carreras de personas (esos eventos que hacen) o carreras de caballos también, el que sale primero o el que surge primero, no significa que es el primero que va a llegar, porque todos están luchando por llegar primero; y por eso es la lucha: por llegar primero.

Y esa era la lucha de Jacob, por llegar primero a la vida terrenal, nacer primero; porque el que nace primero en el Programa de Dios con Israel, con la descendencia de Abraham, es el primogénito, y la herencia, la heredad que le corresponde, es una doble porción a la que los demás hermanos tendrán.

Y casi siempre después, el primogénito le compra a sus demás hermanos la parte de ellos, y después ellos vienen a trabajar con el que tiene la primogenitura; y automáticamente, vean, es más rico siempre que los otros hermanos, tiene el doble de los demás hermanos, y si le compra luego a sus demás hermanos, tiene más.

Y ahora, esta Bendición de la Primogenitura tiene que ver con las cosas terrenales y con las cosas celestiales también. Esa Bendición de la Primogenitura es tan grande que Jacob supo lo grande que era; Esaú lo ignoraba y pensaba, en una ocasión en que salió de cacería y parece que no cazó nada o que lo que trajo no lo había cocinado, y venía con mucha hambre, y le pide a Jacob de la comida que él había preparado; no nos dice a qué hora fue, pero digamos que fue al mediodía o en la tarde. Cuando la otra persona tiene hambre y hace negocio con otra persona, lleva las de perder.

Jacob tiene su − la comida preparada, así que sabía cocinar, de seguro le ayudaba a su madre Rebeca, y era el apegado a su mamá; y Esaú era el apegado a su papa. Por eso cuando Isaac ya estaba muy anciano y estaba ciego, y muy cerca a partir, él sabía que tenía que pasar la Bendición de la Primogenitura a uno de sus hijos. Y como el padre era el que tenía la Bendición de la Primogenitura y no Rebeca, entonces quiso colocarla sobre el hijo preferido suyo, que era Esaú.

Rebeca escuchó lo que le dijo: “Ve de cacería, trae un animalito, lo preparas, me lo traes el guiso, yo como y luego te bendigo.” Era la Bendición de la Primogenitura. Y como toda madre que ama a sus hijos, quiere la Bendición de la Primogenitura para sus hijos, quiere lo máximo que puede conseguir de la bendición de Dios… Como la madre de Santiago y Juan que fueron delante de Jesús para – fue con sus hijos delante de Jesús y le dice: “Tenemos una petición para ti.” Jesús le dice: “¿Qué deseas?” Ella le dice: “Deseo que en Tu Reino se siente a tu lado, a la derecha y a tu izquierda, mis dos hijos, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.” Eso están  en San Mateo, capítulo 20, versos 20 en adelante, hasta el 26; y en San Marcos, capítulo 10, versos 35 al 40. Y vean aquí en San Marcos, dice verso 35 en adelante:

“Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro…”

En donde aparece que es la madre de ellos que se acerca, es en San Mateo, capítulo 20, verso 20 en adelante. Dice:

“Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos (sus hijos pues, ya les dije que son Jacobo y Juan, los apóstoles), postrándose ante él y pidiéndole algo.

Él le dijo (o sea, Jesús): ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.”

El que está buscando la bendición de Dios tiene que creer lo que está prometido, porque no puede buscar algo en lo cual no cree y no puede buscar algo que no conoce. ¿Y cómo buscamos las bendiciones de Dios? Tenemos que conocerlas aquí en la Escritura, saber que están aquí prometidas.

Esta bendición de la diestra, uno a la diestra y otro a la izquierda, es —en el Reino del Señor— la bendición más grande que puede ser alcanzada. Ellos querían la bendición más grande que un apóstol podía obtener, pero ninguno de los doce apóstoles la obtuvo, ni San Pablo tampoco. Dice…

“…Pero el sentaros…”

Ellos siempre decían: “¡Sí podemos!” O sea, si hubiera estado disponible para alguno de ellos, ellos la hubieran obtenido porque ellos lo creían.

Algunas veces hay promesas que una persona no puede obtener porque ya están ordenadas para alguna persona. Por ejemplo, si usted dice que quiere ser un profeta, no significa que Dios le va a conceder eso, porque los profetas son ordenados por Dios desde antes de la fundación del mundo, nacen profetas. Y así por el estilo hay un sinnúmero de promesas.

¿Qué bendición hay en la diestra y en la siniestra o izquierda del Señor en Su Reino, en Su Trono? Veamos qué bendición ellos estaban buscando. En una ocasión pasan por Samaria y en Samaria no reciben al Señor y Sus discípulos, no le dan la bienvenida, y en una ocasión sí le habían dado la bienvenida (de seguro había sido en otra área de samaria), y ahora no le dan la bienvenida, y Jacobo y Juan su hermano le dicen al Señor: “Señor, ¿quieres que mandemos descender fuego del cielo como hizo Elías?” Miren lo que ellos están buscando: Están buscando un ministerio que no tenga limitaciones en cuanto a las cosas que pueden ser hechas, como el del profeta Elías y también como el del profeta Moisés que también cuando habló las plagas o juicios sobre Egipto, también cayó granizo, fuego del cielo y un sinnúmero más de plagas sobre Egipto. O sea, que ellos están buscando un ministerio del cual el Señor Jesucristo habla en la Escritura. Sigue diciendo Cristo:

“…Pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.”

O sea, que el dar esa posición de la derecha y de la izquierda, de sentarse a la derecha uno y el otro a la izquierda, no era del Señor darlo a quien él quisiera sino a quien el Padre lo había ordenado; o sea, que esa posición Jesucristo no se la puede dar a cualquier persona, sino dice: “A aquellos para quienes está preparada por mi padre.” O sea que ya está preparada esa posición, pero no puede ser dada a cualquier persona sino a quienes está preparada ya, destinada ya, ordenada ya por el Padre celestial para ser dada esa posición en el Reino del Señor.

En un reino o un gobierno de cualquier país, está el presidente o el rey, y después le sigue el virrey o el primer ministro o como le llamen; y el rey o el presidente del país puede decir: “Este es mi mano derecha.” O sea, que a través de esa persona, el rey o el presidente puede hacer muchos trabajos. El de la derecha y el de la izquierda ahí son dos posiciones importantes.

Como José en el reino del Faraón: estaba sentado a su diestra, o sea, era el primer ministro, el segundo en el reino. O sea que ellos estaban buscando ser el segundo en el reino y el tercero, y Jesús el primero. ¡Casi nada estaban buscando!

Es que las madres que aman a sus hijos, quieren lo mejor para sus hijos, así que no la vamos a criticar a ella, ella hizo todo lo que pudo hacer, como también hizo Rebeca por Jacob; y Rebeca sí lo logró porque eso sí estaba en el plan de Dios. Por eso Dios dice: “A Jacob amé, a Esaú aborrecí.” San Pablo explicando eso, dijo: “Y eso Dios lo dijo aun desde antes de ellos nacer.” O sea que nadie sabía cuál iba a ser el primogénito pero ya Dios dijo: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí,” y dijo: “El mayor va a servir al menor.”  O sea, el primero que va a nacer va a servir al segundo que va a nacer; para lo cual, pues tenía que pasar, obtener  —ya ordenada por Dios— la primogenitura para Jacob.

Y ahora, vean otro caso con relación a la Primogenitura y la importancia de la Primogenitura. En Primera de Crónicas, capítulo 5, vamos a ver, ya que esto habla de la Primogenitura. Dice:

“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito.”

Ahora vean cómo los derechos de la primogenitura que tenía Rubén, el cual había nacido por medio de Lea, la hermana de Raquel… Cuando Jacob se casó, se casó con Raquel, y cuando llegó la hora de dormir, durante la noche en vez de colocar en la casa, en la habitación a Raquel, colocarla los padres de Raquel, colocaron a Lea; y en la mañana cuando Jacob mira y va a saludar a Raquel, se tropieza que es Lea; y le pide cuentas a su suegro, y su suegro le dice: “Es que aquí no se hace así de dar la menor primero que la mayor, o sea, que la mayor se tiene que casar primero.” Quizás tenían la creencia que tienen algunas personas en algunas naciones: Si se casa la menor primero, la mayor se queda después, ya no se va a casar.

Y por cuanto a los escogidos de Dios y siendo Jacob el que tenía la Bendición de la Primogenitura, todas las cosas obran para bien, dice San Pablo; y ahora, el suegro le dice, ya que Jacob está muy molesto porque él se había casado con su novia amada y ahora se tropieza con ese problema, pero el suegro le dice: “No, eso no hay ningún problema, trabájate siete años más y se te dará a Raquel.”

Y Jacob de verdad que estaba bien enamorado, amaba mucho a Raquel: y trabajó siete años más; así que se puso siete años más de edad Raquel también, porque no se la dieron al principio; si se la dan al principio y se escapa, y si tenía cierta edad cuando se casó, hay que sumarle siete más. Trabajó siete más; y durante ese tiempo también obtuvo muchos beneficios, y su suegro muchísimos beneficios, porque desde que Jacob llegó a la casa de su suegro, su suegro prosperó.

Es que la Bendición de la Primogenitura tiene que ver con la prosperidad física también; la Escritura dice que Dios da el poder para hacer las riquezas, hay un poder detrás de eso. Y para los primogénitos de Dios es el poder de Dios para − como bendición, lo cual está dentro de la Bendición de la Primogenitura. Por eso es que dicen que los judíos prosperan tanto donde quiera que van, es que hay una bendición que incluye la prosperidad física.

Ahora, vean, en ese negocio que Jacob había hecho comprándole la Primogenitura a su hermano y después logrando que su padre Isaac echara la Bendición de la Primogenitura sobre él, y luego encontrándose con el Ángel del Pacto cuando regresaba de Padan-aram ya con su familia, y su esposa Raquel luego estaba embarazada, encinta, y luego dio a luz a Benjamín y murió del parto. Vean, ya los otros hijos habían nacido en Padan-aram, entre los gentiles.

Y se encontró Jacob con el Ángel cuando venía de camino, se agarró del Ángel, sabía que se tenía que enfrentar a Edom, o sea, Esaú, y Esaú había dicho que cuando muriera su padre Isaac, iba a matar a Jacob porque le había robado, y que le había robado la Bendición de la Primogenitura; pero él la había vendido: Negocios son negocios. Hizo un mal negocio pero tenía que atenerse a las consecuencias porque había hecho un negocio, y Jacob le había dicho: “Júramelo delante de Dios.” Así que, fue un negocio delante de Dios. Jacob sabía lo que buscaba, lo que quería.

Por eso encontramos que luego la Bendición de la Primogenitura después va pasando y pasa a los hijos de José. Por eso cuando Jacob estaba por morir —allá en Egipto— y lo supo José, José siendo profeta tenía el conocimiento como Jacob, de lo que era la Bendición de la Primogenitura. Antes que fueran sus demás hermanos para Jacob bendecir al primero con la Bendición de la Primogenitura, llegó José con sus hijos, los trajo donde Jacob para que les echara la bendición a ellos, y los colocó delante Jacob.

Jacob cruzó sus manos, y colocó la mano derecha sobre el menor: Efraín, y la izquierda sobre Manasés (sobre Manasés, el segundo). José quiere quitar las manos, ponerlas como él quería, así: una sobre la cabeza del mayor: la derecha, ¿ven?, y la otra sobre Efraín, el segundo hijo, la mano izquierda. ¿Ven? Ahí está la Bendición de la Primogenitura: la derecha − estar a la derecha y estar a la izquierda de Jacob. Pero al cruzar las manos, quedó sobre la cabeza de Efraín la derecha, la bendición de la derecha, y la bendición de la izquierda quedó sobre Manasés.

José sabía de estas cosas, siendo profeta él conocía muy bien y él sabía que tenía una bendición: la promesa divina de que el sol, la luna y once estrellas se postrarían delante de él; las once estrellas eran sus hermanos, la luna era su mamá y el sol su papá. O sea, que José no podía perder ninguna oportunidad de bendición para él o para sus hijos. Y cuando Jacob bendice a sus hijos, los hijos de José, está colocando la Bendición de la Primogenitura sobre ellos, pero la parte más importante sobre Efraín.

Ahora, podemos ver porqué en la Escritura, en donde tenemos toda la historia desde Adán hasta el Apocalipsis, encontramos la Bendición de la Primogenitura y la trayectoria que ha tenido.

Efraín y Manasés: Manasés representa a los judíos, y sobre todo a los ciento cuarenta y cuatro mil (pero vamos a dejarlo quietecito, a los hebreos, a los judíos); y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, Jacob, Israel, es el hijo primogénito de Dios como nación, y la Iglesia del Señor Jesucristo tiene la parte más importante de la Bendición de la Primogenitura; eso fue lo que perdió Israel, de lo cual Cristo dice en San Mateo, capítulo 21, verso 42 en adelante:

“Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:

La piedra que desecharon los edificadores,

Ha venido a ser cabeza del ángulo.

El Señor ha hecho esto,

Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Y ahora, esto concuerda con las palabras que Cristo dijo en una ocasión: “No temáis manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino,” y ahora, en San Mateo 21, versos 42 al 43, ahí está diciendo y estableciendo que el Reino de Dios será quitado de los judíos y dado a otro pueblo: es esta Bendición de la Primogenitura que está representada en Efraín. Por eso cuando Jacob bendijo a Efraín, dijo que sería o que de él saldrían, formaría multitud de naciones o de pueblos. Génesis, capítulo 48, versos 12 en adelante, dice:

Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra.

Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.”

O sea, que él sabía que al colocar la mano derecha y bendecir, venía la bendición más grande, que es la Bendición de la Primogenitura; y luego el otro recibiría una bendición menor.

“Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín...”

O sea, que Manasés estaba ahí frente a la mano derecha, y Jacob, en vez de colocarlo sobre la cabeza del que estaba frente a su mano derecha, hizo así, y la colocó sobre aquel que estaba frente a su mano izquierda, pero le colocó la mano derecha; lo cual significaba que la bendición mayor iba a ser dada a Efraín. Y luego colocó la mano izquierda sobre Manasés, haciendo la cruz.

Por medio de la Cruz —donde Cristo fue crucificado, la Cruz de Cristo— la bendición del mayor: Israel, pasó al menor: la Iglesia del Señor Jesucristo; y la bendición de la mano izquierda, entonces pasa a Israel, no se queda sin bendición; pero la bendición mayor la tiene la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la que tiene la bendición de los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo, los que obtendrían la entrada al Reino de Dios por medio del nuevo nacimiento: Recibiendo a Cristo como Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre y recibiendo la Bendición de la Primogenitura, el Espíritu Santo, y obteniendo así el nuevo nacimiento, entrando al Reino de Dios.

No se deben pelear la Iglesia del Señor Jesucristo y el pueblo hebreo, son hermanos; y ambos tienen una bendición asignada de parte de Dios.

¿Qué hubiera pasado si Israel no rechazaba a Cristo, lo recibía? Esa bendición quedaba allá con Israel; o sea, que todos los que nacerían en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, todos los que obtendrían el nuevo nacimiento, serían allá entre los judíos; la Iglesia del Señor Jesucristo sería completamente judía para siempre, de judíos.

Pero vean, dice Cristo: “El Reino de Dios será quitado de entre vosotros y dado a gente que produzca los frutos de él.” Así la Bendición de la Primogenitura la tiene la Iglesia del Señor Jesucristo, la parte más importante; y la otra parte la tiene el pueblo hebreo, que como nación son los miembros de la nación primogénita de Dios.

Y por consiguiente, el Reino de Dios terrenal, que es el Reino del Mesías, estará en Israel, y desde Israel gobernará sobre todas las naciones; y por eso es que también la Iglesia del Señor Jesucristo va a estar en Israel con Cristo. Cristo el Rey, el Mesías, el Rey; y la Iglesia la Reina. Y el Milenio, pues la luna de miel.

La Iglesia del Señor Jesucristo no necesitará nada de los judíos, de Israel, porque ella estará en la posición más alta del Reino de Dios, ella estará al lado del Señor reinando con Cristo; por eso son reyes y sacerdotes y jueces, todos los creyentes en Cristo. Esa es la posición más alta en el Reino de Dios, y la tienen Cristo y Su Iglesia y por consiguiente, Cristo y todos los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso es que así como Israel va a ser restaurado, también la Iglesia pasa por la etapa de restauración, de restauración en la esfera espiritual, y pasa también por la etapa de restauración física, la cual será la restauración física a la vida eterna física, en donde obtendrá cuerpos eternos, inmortales, cuerpos glorificados iguales al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad, porque tiene la Bendición de la Primogenitura, que está representada en la bendición que fue echada sobre Efraín.

Ahora, la bendición de la diestra y de la siniestra o de la derecha y de la izquierda, vean, tiene que ver con los ministerios de Moisés y de Elías. En el Monte de la Transfiguración está el orden de la Segunda Venida de Cristo, y allí está mostrada la posición de la diestra y de la siniestra. Esa es la forma establecida por Dios en el Reino del Mesías: a la derecha está un profeta y a la izquierda está otro profeta: Moisés y Elías; esos son los ministerios herederos que buscaban San Juan y San Jacobo, eran los ministerios que corresponden en el Reino de Dios a la derecha y a la izquierda; y el ministerio de Cristo en el medio. O sea, que al lado del ministerio de Cristo está el ministerio de Elías y el ministerio de Moisés; y no voy a explicar mucho ahí por ahora, en alguna ocasión explicaremos más claramente sobre ese misterio; pero recuerden: la Venida del Señor será conforme a como fue mostrada en el Monte de la Transfiguraciónang2058 : con los ministerios correspondientes, con Moisés y Elías.

LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL. Para la restauración de Israel los ministerios de Moisés y Elías estarán presentes, y el ministerio del Mesías.

El sol sale por el Este y se esconde por el Oeste, pero el día cambia de un día a otro en la tarde: A la caída del sol, cuando ya usted no ve el sol aunque esté de día, y usted no ve el sol ya en la tarde, de 5:00 a 6:00 de la tarde, y cuando es verano en algunos países todavía a las 9:00 se ve el sol, así que en esos países todavía no ha cambiado el día.

Ahora, conforme al calendario y los horarios hebreos, la noche tiene dos partes  -  o  el día tiene dos partes y la noche una sola parte. Entre los gentiles, en la mayor parte de los países gentiles, los días terminan a las 12:00 de la noche y comienza el otro día inmediatamente que termina el día que ya se vivió.

O sea, que entre los gentiles, en la mayor parte de los países gentiles el día tiene dos partes, el día comienza, el nuevo día comienza en la noche, y ahí la noche tiene dos partes, de... Digamos, de 6:00 de la tarde a 12:00 de la noche pertenece al día que está terminando (en tiempo de invierno, digamos), y de las 12:00 de la noche en adelante, pertenece al nuevo día que está comenzando.

Entre los gentiles, cada día, la noche tiene dos partes: una parte, la mitad, pertenece al día que está terminando y la otra mitad pertenece al día que está comenzando.

Entre los judíos, cada día tiene dos partes: la parte del día tiene dos partes el día, y la noche tiene una sola parte. El día, la primera parte del nuevo día que comienza es durante la tarde, digamos media hora o una hora, digamos de 6:00 a 6:30 de la noche, o de 6:00 a 7:00 de la noche; esa parte es del nuevo día que está comenzando; y luego, la otra parte de día, de claro, comienza digamos a las 6:00 de la mañana y termina a las 6:00 de la tarde. Tiene una parte corta de luz, de media hora o una hora, el día que comenzó anterior, la noche anterior, antes de la noche comenzó ese nuevo día, y luego continúa una parte larga de luz, de 6:00 de la mañana a 6:00 de la tarde, cuando pasa la noche.

Conforme al calendario hebreo y al horario hebreo, entonces los días terminan y comienzan (el nuevo día) en el Oeste, porque el sol se pone por el Oeste. Y luego ese sol que se vio en el Oeste, las personas vieron en el Oeste poniéndose, es el que sale en la mañana por el Este.

La Iglesia del Señor Jesucristo tiene la promesa de la Venida del Sol de Justicia, de la Venida de Cristo, y la etapa en que la Iglesia esté viviendo la etapa correspondiente al Oeste, porque la Iglesia comenzó en el Medio Oriente allá en Israel, pero luego pasó la Iglesia entre los gentiles a Asia Menor (todavía por allá lejos); y de ahí pasó a Europa, cinco etapas o edades en Europa, la primera etapa entre los gentiles: en Asia Menor con San Pablo, y luego la séptima etapa de la Iglesia pasó a Norteamérica; y Norteamérica es el continente o pertenece al continente que está en el Oeste.

Cristo ha estado recorriendo su camino como el sol que sale del Este y termina su día en el Oeste. La trayectoria del sol representa la trayectoria de Cristo en medio de Su Iglesia; y en el continente americano  —que consta de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica—  se tiene que cumplir el recorrido de Cristo llamando de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre.

Y es en el Oeste donde esa primera parte del cambio de Día, de dispensación, va a ser visto; y la misma Luz, el mismo Sol, el mismo Cristo que será visto en el Oeste terminando el Día, terminando su recorrido y con un poquito más de tiempo, de luz: media hora o una hora (la hora de Su Venida, o media hora: media hora de silencio), con eso comenzará un nuevo Día, una nueva dispensación.

El mismo que se va moviendo desde el Este, desde la tierra de Israel, Medio Oriente, allá la tierra de Israel, pasa a Asia Menor, de Asia Menor pasa a Europa, y de Europa pasa al continente americano.

Es en el continente americano, en la manifestación final de Cristo, en donde Él completará Su Iglesia. No quiere decir que en otras naciones no vayan a surgir escogidos, pero el mensaje surgirá del Oeste y cubrirá, pues, toda la Tierra; ahí es donde hace el cambio de la luz del día de la Dispensación de la Gracia a la luz del día de la Dispensación del Reino.

Casi nadie nota durante la tarde ese cambio de día, porque los gentiles no están acostumbrados al calendario hebreo o judío; pero los judíos sí, y más el sábado: saben cuándo termina el viernes y cuándo comienza el sábado. Y para los gentiles pues es todavía el viernes, y durante la noche dicen: “Estamos en la noche del viernes.” Es que para los gentiles, el calendario gregoriano, el cambio de día lo hace a medianoche, y casi todo el mundo está durmiendo, ni se da cuenta que hubo un cambio.

Pero dice la Escritura que nosotros somos hijos del día, hijos de luz; así que este cambio de Día dispensacional y de edad, de la séptima edad a la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, no lo podemos perder de vista.

Cristo saldrá del Trono de Intercesión cuando complete Su Iglesia, y cuando complete Su Iglesia el tiempo termina, y por consiguiente termina esa etapa dispensacional y comienza un nuevo día dispensacional; por eso con los judíos hay un programa para ser llevado a cabo, y está enmarcado en ese cambio de Día dispensacional, y bajo el ministerio de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11; y nadie más podrá hacer esa labor sino el Espíritu Santo por medio de ese Programa Divino.

Por lo tanto, nadie podrá tratar de ser ni Moisés ni Elías, ya eso ya Dios lo tiene determinado; y quien sea, logrará el éxito, porque será el instrumento que Dios tenga para manifestarse a través de él el Espíritu Santo y obrar ese milagro de la restauración de Israel.

En esa primera parte, digamos, de introducción, corresponde al tiempo de 6:00 a 6:30 ó 7:00 de la noche, que es un tiempo corto, pero ya queda preparado todo para la mañana. “Porque a los que temen mi Nombre nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación.”

Israel lo está esperando por la mañana, para la Iglesia aparece en la tarde, esto en términos tipológicos; y ahí hay ciertos misterios que a medida que Dios los vaya abriendo y los vaya también cumpliendo, los vamos a ir entendiendo. Lo importante es saber dónde, cómo, cuándo y otras cositas más, cómo va a surgir; lo importante es saber dónde estará el Espíritu Santo en este tiempo final, en el tiempo de la tarde, para estar atentos a ese alimento espiritual; y eso será estar atentos a la Luz del Sol alumbrando en la tarde, en el Oeste, porque el sol se pone por el Oeste.

El tiempo de la tarde es cuando usted mira al Oeste y el sol está en el Oeste; el tiempo de la mañana es cuando usted mira hacia el sol, y el sol está saliendo por el Este.

Así que, la Tercera Etapa, por cuanto tiene que ver con el cristianismo, será en el Oeste, porque ya recorrió allá Asia Menor, Europa y también Norteamérica. El reverendo William Branham vio, en una visión que tuvo, dónde será la Tercera Etapa: será manifestada en una Gran Carpa-Catedral. Y eso será el Sol en el Oeste, Cristo en el Oeste, el Espíritu Santo en el Oeste. Él dijo que Él es el Sol de Justicia, Él dijo que Él es la Luz del mundo, y Malaquías 4:2, dice: “A los que temen mi Nombre nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá salvación.” Naciendo el sol: nace por el Este para los judíos, poniéndose el sol es para la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero.

Así que, con lo que hemos escuchado podemos ver lo que tiene que ver con la restauración de Israel, el pueblo hebreo, y lo que tiene que ver con la restauración de la Iglesia del Señor Jesucristo.

La restauración plena de la Iglesia del Señor Jesucristo será cuando la Iglesia del Señor Jesucristo esté en su etapa correspondiente al Oeste, luego de la séptima edad de la Iglesia, luego de la parte que corresponde a Norteamérica. Por lo tanto, en donde se haya movido el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, para ese territorio será la restauración total de los creyentes en Cristo, la restauración total de la Iglesia del Señor Jesucristo, la adopción, que será la redención del cuerpo, nuestra transformación.

Miren qué sencillo es, pero este era un misterio que estaba escondido ahí en la Escritura; por lo tanto, la Trompeta Final estará sonando en el territorio donde ocurrirá esa restauración o adopción de la Iglesia del Señor Jesucristo, la restauración total de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, podemos ver el paralelo que hay de la restauración de Israel, el pueblo hebreo, y de la restauración de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Los creyentes en Cristo aman a Israel y nunca le tratarán de quitar la bendición que corresponde a Israel, porque la bendición que corresponde a Israel está representada en Manasés recibiendo la bendición de Jacob; y la bendición que corresponde a la Iglesia del Señor Jesucristo está representada en Efraín recibiendo la bendición que Jacob le echó.

En la bendición para Manasés, le dijo Jacob a José que Manasés vendrá a ser un pueblo grande: eso es Israel. Aunque vean que son pocos millones de habitantes, la grandeza no depende del número, depende de quién o qué sea delante de Dios; y lo más grande de una persona o de una nación es que Dios diga: “Israel es mi primogénito, mi hijo, mi primogénito”, y lo que le dice a la Iglesia del Señor Jesucristo sobre el Reino, que sería pasado a otra gente, y Cristo dice: “No temáis manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino”; eso está envuelto en la Bendición de la Primogenitura y representado en la bendición que le echó Jacob a Efraín.

Por eso sin la bendición de Efraín, que es cabeza de las diez tribus que le fueron dadas a Roboam cuando fue roto el Reino de David en las manos de su nieto Roboam, y le fueron dados a Jeroboam, un descendiente de Efraín, vean, diez tribus le fueron dadas a Jeroboam descendiente de Efraín; y quedó con Roboam (descendiente de David, y por consiguiente descendiente de Judá), dos tribus; pero el Reino va a ser restaurado, y por consiguiente va a surgir una buena relación; algún día van a despertar.

El reverendo William Branham dijo: “Cuando los judíos vean a Cristo viniendo por Su Iglesia, dirán: ‘¡Este es el que nosotros estamos esperando!’ pero Él viene por Su Iglesia,” porque a la Iglesia le corresponde esa primera parte de la restauración, de la adopción, de la redención del cuerpo, y después la restauración del Reino de Dios a Israel. Cada cosa está en el orden profético de Dios.

“LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL, EL HIJO PRIMOGÉNITO DE DIOS.”

Es importante que ellos sepan que los amamos y que no les vamos a quitar la bendición que tienen de parte de Dios o que Dios les va a dar, más bien les vamos ayudar en todo lo que está y estará a nuestro alcance para que reciban esa bendición.

No vamos a luchar, a pelear ni a discutir con Israel, siempre trabajaremos en pro del beneficio de Israel en la Bendición de la Primogenitura que le corresponde: Esa parte que le corresponde la respetaremos y le ayudaremos a que obtengan toda la bendición que hay ahí; por supuesto, sin comprometer la nuestra, porque tampoco la nuestra hay quién nos la quite, porque ya eso fue ordenado por Dios desde antes de la fundación del mundo, no hay forma; es por medio de Cristo que pasa esa bendición a la Iglesia del Señor Jesucristo.

“LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL, EL HIJO PROMETIDO DE DIOS.”

Hemos tratado: el hijo prometido de Dios como nación, que es el pueblo hebreo, y el hijo primogénito de Dios: el pueblo hebreo como nación, y el hijo primogénito de Dios como Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia del Señor Jesucristo. Hemos visto el paralelo o paralelismo que hay ahí.

Saber una persona, que pertenece al Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, y reconocer que la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes es el hijo primogénito de Dios… por lo cual dice que todos los que son de la fe de Abraham, son hijos de Abraham, y también dice que son hijos de Dios.

En Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, nos habla de estas cosas; y también en el libro de los Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante, dice de los primogénitos que están escritos o inscritos en el Cielo, o sea, en el Libro de la Vida del Cordero, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo que han sido limpiados con la Sangre de Jesucristo.

Para ambos pueblos, el pueblo físico (el pueblo hebreo) y el pueblo espiritual (la Iglesia del Señor Jesucristo), Él siempre ha enviado mensajeros, de etapa en etapa; y en la mayor parte de las etapas ni Israel ni el cristianismo han reconocido los mensajeros que Dios les ha enviado; pero los que lo han reconocido, han recibido la bendición que Dios tiene para ese tiempo para los creyentes en Cristo, de edad en edad, así como ha sido para el pueblo hebreo.

LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL, o sea, del Israel literal y del Israel espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; el Israel literal es el pueblo hebreo, el primogénito de Dios.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, pues no pertenece todavía al pueblo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia primogénita de Dios; para lo cual, tiene la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino; para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted; para lo cual vamos a dar unos minutos, y también los que están en otras naciones pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en medio de los latinoamericanos y también en Norteamérica tiene pueblo, y en todas las naciones; y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador, para restaurarlos a Cristo, y por consiguiente a la vida eterna.

“Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30. Son palabras de nuestro amado Señor Jesucristo.

Cristo es el Buen Pastor, y Él dijo: “Yo soy el buen pastor; y el buen pastor su vida da por sus ovejas.” [San Juan 10:11]

También Él dijo en una ocasión: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido.” San Mateo, capítulo 19, versos 26 al 28... Vamos a ver si les di bien la cita. San Mateo, capítulo 18, versos 11 en adelante; 10 en adelante también dice:

“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”

Los Ángeles de estas personas son sus cuerpos angelicales, o sea, su espíritu; el espíritu es un cuerpo de otra dimensión, parecido al cuerpo físico que tenemos.

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”

Y ahí comienza a comparar a las personas con ovejas y a Él compararse con un pastor, dice:

“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”

No es la voluntad de Dios, nuestro Padre celestial, que se pierda uno de ustedes; la voluntad de Él es que seamos salvos. Y para eso fue que vino Cristo, el Hijo del Hombre, “porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”: vino a salvar a cada una de esas personas que ven el rostro de mi Padre celestial cada día. Vino a salvarme a mí, ¿y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también.

También en San Lucas nos dice Cristo que el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Por lo tanto, es muy importante que sepamos que Cristo vino por nosotros, para poner Su vida en Expiación por nuestros pecados y salvarnos; Él vino por mí y vino por cada uno de ustedes también.

Por lo cual, le damos gracias a Cristo por esa bendición y privilegio grande de venir y morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Aún sin todavía nosotros venir a la Tierra, Él vino por nosotros y murió —dos mil años atrás— en la Cruz del Calvario para restaurarnos a la vida eterna.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, aquí y en todas las naciones:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que han estado recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, Señor. En Tus manos los encomiendo, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones, Señor, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego; y produzcas en mí el nuevo nacimiento luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Te lo ruego, Señor, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al cielo todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, y ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

“¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados.

El bautismo en agua no quita los pecados, es tipológico. Siendo tipológico el bautismo en agua, el bautismo es un mandamiento del Señor Jesucristo el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

El mismo Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Él necesitó ser bautizado para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros!

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso en el bautismo en agua en el Nombre del Señor, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Conociendo el significado del bautismo en agua, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, sabiendo que el agua no quita los pecados sino la Sangre de Cristo es la que nos ha limpiado de todo pecado, y sigue limpiando de todo pecado a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, y como les dije: nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Dejo al ministro, reverendo Guillermo Rodríguez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga a todos y les guarde, los que están presentes y en otras naciones; y dejo al ministro en diferentes naciones, al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL, EL HIJO PRIMOGÉNITO DE DIOS.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter