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Reitero mis condolencias a la señora Abigail Martínez Tur de Pérez por la partida de su esposo Adalberto Pérez Ortiz, y también a la familia Pérez Ortiz, Pérez Rivera y Pérez Rodríguez.

En estos momentos de dolor hay una esperanza que no podemos ignorar, la cual conforta nuestras almas, dejándonos saber qué hay después de esta vida terrenal.

La Escritura dice que el ser humano es como la flor del campo, que surge y después deja de ser; así es a la vista del ser humano la vida aquí en la Tierra en estos cuerpos mortales; pero la pregunta es:

¿Qué hay después de esta vida terrenal?

A través de toda la Escritura encontramos la Palabra dicha por Dios a Sus Profetas con relación al tema más importante que el ser humano necesita entender.

El ser humano es la única criatura a imagen y semejanza de Dios, es la corona de la Creación. Para los seres humanos hay una esperanza después de esta vida terrenal, y debe tomar esta vida terrenal como una etapa de prueba para pasar a una vida mejor que la persona tiene el derecho, el libre albedrío, a escoger.

El Señor Jesucristo, el máximo exponente tanto de la vida terrenal como de la vida después de la muerte del cuerpo físico, nos dice en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Estas son palabras que consuelan el alma del ser humano que vive en esta Tierra, dándole a conocer que después de esta vida terrenal todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente serán resucitados en cuerpos eternos.

Vean también las palabras de San Juan, capítulo 14, verso 19, que dice:

“Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.”

Es promesa de Dios para todos los creyentes en Cristo.

Y en una ocasión en que murió un amigo íntimo de Jesús, llamado Lázaro, y Él (luego que había muerto y había sido sepultado) va y se presenta a las hermanas de Lázaro*, Jesús les dio palabras de consuelo. Vean, San Juan, capítulo 11, verso 22 en adelante, dice, Marta hablando... le habla a Jesús diciéndole:

“Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Es una enseñanza de toda la Biblia, que habrá una resurrección en el Día Postrero para todos los creyentes en Cristo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (le dijo Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Así como Marta lo creía, también todos nosotros lo creemos. El que vive y cree en Jesucristo, aunque esté muerto, vivirá; aunque su cuerpo físico esté muerto, él continúa viviendo en otra dimensión, una dimensión celestial, la sexta dimensión, llamada el Paraíso; sigue viviendo en un cuerpo parecido al cuerpo físico pero joven, representando de 18 a 21 años de edad.

Así está Adalberto en estos momentos, mirando de esa dimensión hacia acá. Esa dimensión comienza a unos doce pies de altura, y de ahí se puede ver a través de paredes y todo, hacia acá, hacia donde nosotros estamos; por lo tanto, él está muy feliz en el cuerpo angelical. Es un cuerpo angelical al que van los que parten siendo creyentes en Cristo.

Por lo tanto, como decía Pablo, que es mejor estar en la presencia del Señor que acá; acá hay muchos problemas y allá no hay ningún problema: no hay que salir a trabajar, porque allá no se trabaja, se trabaja acá para el sostén de nuestros cuerpos terrenales; allá se está en un lugar donde no hay noche, donde no hay que dormir, donde no hay que salir a trabajar, donde ni siquiera hay que comer, porque en el cuerpo espiritual, angelical, no necesita comida. Se está en el Paraíso esperando que el Señor Jesucristo pase por el Paraíso para traerlos acá a la Tierra y darles nuevos cuerpos, eternos, inmortales, glorificados y jóvenes, cuerpos como el cuerpo glorificado que Él tiene.

Esa es la promesa para todos los creyentes en Cristo, lo cual consuela nuestras almas en momentos como estos por los cuales tenemos que pasar los que estamos todavía en estos cuerpos mortales.

Que las palabras de Jesucristo, que hemos leído en esta ocasión, consuelen vuestras almas, vuestros corazones, y sepan que él vendrá nuevamente en un cuerpo nuevo, joven, glorificado; y lo van a conocer. No van a estar esperando una persona de 72 años, sino un joven de 18 a 21 años de edad.

Así también está Jesucristo: han transcurrido unos dos mil años de Cristo hacia acá, y Él está tan joven como cuando subió al Cielo. Está tan joven que aun cuando resucitó Jesucristo, Sus propios discípulos ni le conocían, porque en el cuerpo glorificado la persona está en representación de 18 a 21 años de edad. Por lo tanto, así será que Adalberto regresará también: un jovencito de 18 a 21 años de edad; y así regresarán todos los creyentes en Cristo, como San Pedro, San Pablo, todos ellos regresarán jovencitos a la Tierra y se encontrarán con nosotros.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y consuele vuestras almas Cristo por medio de Su Palabra y de Su Espíritu.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar.

“SEPELIO DEL HERMANO ADALBERTO PÉREZ.”

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