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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países: ministros, Iglesias, hermanos amados que aman la Palabra de Dios, aman a Jesucristo y lo han recibido como su Salvador.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable en esta ocasión, nos abra las Escrituras y nos abra el corazón y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión tenemos una Escritura en Apocalipsis, capítulo 14, versos 1 al 7, en donde nos dice:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.

Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;

y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Para esta ocasión nos llama la atención el tema del Evangelio Eterno para ser predicado a todos los moradores de la Tierra.

“EL EVANGELIO ETERNO PARA SER PREDICADO A LOS MORADORES DE LA TIERRA.”

Este Evangelio... Recuerden que Evangelio significa: Buenas nuevas o nuevas noticias; y el Evangelio de la Gracia son las buenas noticias de la Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario redimiendo, como Redentor, para redimir a todos los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y redimir a Israel.

Esa es la predicación del Evangelio de la Gracia: para salvación, para todo aquel que cree en Cristo como su único y suficiente Salvador durante la Dispensación de la Gracia.

Recuerden que para todo hay tiempo en el Programa de Dios, hay un lapso de tiempo, de gracia, para la humanidad —de parte de Dios— para que toda persona pueda obtener el perdón de sus pecados, pueda ser limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo y ser reconciliado con Dios, y por consiguiente, tener paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Por eso al Evangelio de la Gracia también se le llama el Evangelio de Paz, el Evangelio de nuestra paz; es el que trae la paz al alma del ser humano y hace la paz entre el ser humano y Dios. Todo esto es por medio de Jesucristo nuestro Salvador, el cual vino con ese propósito de morir en la Cruz del Calvario por todos nosotros.

Por esa causa, cuando Él leyó el pasaje de Isaías, capítulo 61, lo leyó allá en San Lucas, capítulo 4, versos 14 en adelante, donde dice:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Él no leyó todo el capítulo 61 de Isaías y no leyó el verso 2 completo, sino que a la mitad del verso 2 se detuvo; porque hasta donde leyó era lo que Él iba a cumplir, el resto corresponde a Su Segunda Venida. Vean lo que dice el verso 2:

“...A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová (y ahí se detuvo), y el día de venganza del Dios nuestro (eso no lo leyó); a consolar a todos los enlutados...”

Él no leyó de ahí en adelante, de donde dice: “y el día de venganza del Dios nuestro,” eso no lo leyó; no leyó lo que a continuación decía ese verso y tampoco el verso 3:

“...a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”

Él no vino para consolar a todos los enlutados, porque eso corresponde a Su Segunda Venida, en donde viene para consolar a todas las personas descendientes de los que han sido martirizados en medio del cristianismo y también a los judíos que sus antecesores fueron martirizados en las diferentes persecuciones, como en la Inquisición y en la Shoá en el tiempo de Hitler.

Ahora, en este tiempo viene el consuelo para todas esas personas enlutadas, tanto del cristianismo como del judaísmo, viene la buena noticia de que esas personas están vivas en el Paraíso, esos cuerpos angelicales, y que algún día ellos volverán a la Tierra.

Pero mientras tanto, los judíos que fueron martirizados en el tiempo de Hitler, que fueron asesinados, fueron quemados, porque eran judíos, a ellos se les da vestiduras blancas para que estén allá en el Paraíso; porque cuando ellos en Apocalipsis, capítulo 6, versos 9 al 11... esto corresponde al quinto sello, dice:

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.”

Porque ellos eran guardadores de la Ley, tenían la Palabra de Dios, la Ley, y tenían el testimonio, ellos daban testimonio de que eran creyentes en la Ley de Moisés, que fue dada por Dios por medio del Ángel del Pacto a Moisés para el pueblo hebreo.

Por lo tanto, por ser creyentes ellos, dieron sus vidas, fueron perseguidos, fueron masacrados, hubo un crimen contra la humanidad al asesinar a esos judíos; y ahora se conmemora o se recuerda el Día del Holocausto, de la Shoá de los judíos, y se da testimonio de que fue un crimen porque ellos eran judíos; discriminación racial y discriminación religiosa también.

Pero el consuelo es que ellos están vivos, lo que murió fue solamente su cuerpo físico; ellos tienen cuerpos angelicales, les es dado cuerpos angelicales, porque todavía se está en el tiempo de la Dispensación de la Gracia y les es extendida la misericordia divina a ellos. Ahora, veamos:

“Y clamaban a gran voz...”

Esto es ya estando ellos en otra dimensión, donde van los creyentes en Dios.

“Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”

Están pidiendo venganza por la sangre que derramaron de ellos sus enemigos en el tiempo de Hitler y demás dictadores, en donde los quemaron, los masacraron, por ser judíos.

Dios dice en Deuteronomio, capítulo 32, verso 35:

“Mía es la venganza y la retribución;

A su tiempo su pie resbalará,

Porque el día de su aflicción está cercano,

Y lo que les está preparado se apresura.

Porque Jehová juzgará a su pueblo,

Y por amor de sus siervos se arrepentirá,

Cuando viere que la fuerza pereció,

Y que no queda ni siervo ni libre.”

Luego, el verso 39 en adelante nos dice de la siguiente manera:

“Ved ahora que yo, yo soy,

Y no hay dioses conmigo;

Yo hago morir, y yo hago vivir;

Yo hiero, y yo sano;

Y no hay quien pueda librar de mi mano.

Porque yo alzaré a los cielos mi mano,

Y diré: Vivo yo para siempre,

Si afilare mi reluciente espada,

Y echare mano del juicio,

Yo tomaré venganza de mis enemigos,

Y daré la retribución a los que me aborrecen.”

Y ahora, esta es la venganza del Dios nuestro, el día de venganza de Dios, del cual habla Isaías, capítulo 61. Él vengará la sangre de Sus siervos (los judíos) y también vengará la sangre de los cristianos que fueron asesinados, masacrados, en tiempos pasados.

“Embriagaré de sangre mis saetas,

Y mi espada devorará carne;

En la sangre de los muertos y de los cautivos,

En las cabezas de larga cabellera del enemigo.

Alabad, naciones, a su pueblo,

Porque él vengará la sangre de sus siervos,

Y tomará venganza de sus enemigos,

Y hará expiación por la tierra de su pueblo.”

Dios ha dicho que Él vengará la sangre de Sus siervos; esto es como en el caso, en el tiempo que Dios le dijo a Moisés que hiciera la venganza sobre Madián.

Y ahora, en el capítulo 6, estos judíos que murieron en el tiempo de la Shoá, o sea, del Holocausto judío, están pidiendo venganza estando ellos en otra dimensión.

Recuerde que cuando la persona muere, sigue siendo la persona, excepto su cuerpo físico (que fue el que perdió cuando murió), pero sigue viviendo en otro cuerpo, le es dado otro cuerpo de otra dimensión espiritual para continuar viviendo, estos judíos, y les es dada, les son dadas vestiduras. Dice [Apocalipsis 6:11]:

“Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.”

Esas personas que han de ser muertas como ellos, son los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que el anticristo los perseguirá y los matará usando ejércitos de diferentes naciones que estarán confederadas con el anticristo; y así se completará el número de los consiervos de todos estos que murieron en el Holocausto judío, en la Shoá.

La venganza del Dios nuestro corresponde al tiempo de la gran tribulación. Ellos claman por venganza como una persona puede clamar por venganza de un familiar, su padre, su madre o sus hijos, que han sido asesinados.

¿Y cómo claman por venganza? La Ley de Dios y la ley de los hombres dice que la persona no se puede vengar por su propia mano, tiene que someter su denuncia a la Corte, a las autoridades, para que ellos juzguen y condenen al que hizo el crimen. El vengador, el que venga esa muerte o ese asesinato, es el juez.

Así como el Juez de los Cielos y de la Tierra es el que vengará la sangre de Sus siervos que han sido asesinados en diferentes tiempos, así el juez, los jueces de las diferentes naciones, son los vengadores, los que vengan las causas de los que han sido afectados.

Por eso no es permitido que la persona se vengue ella misma, para eso está el vengador, que es el juez; están los fiscales, están los abogados también, los testigos, para que todo sea un juicio en justicia, en derecho, para que se haga justicia en y con derecho.

Tienen que estar también los testigos, por eso hay sobrevivientes del Holocausto, que son testigos personales de lo que pasó; están naciones como Rusia, Estados Unidos y otras naciones, que entraron con sus ejércitos al territorio y vieron lo que allí sucedió, y dieron la noticia; y está en récord histórico todo lo que los ejércitos rusos y americanos y otros dieron a conocer, esa es otra prueba; y el mismo gobierno de Alemania también da testimonio de que eso sucedió.

Por eso es tan importante que los sobrevivientes, como testigos, den testimonio de lo que ellos vieron, de lo que ellos padecieron.

Ahora, Dios es el vengador y Dios conoce todas las cosas; pero recuerden que un juez puede saber todo el caso, pero necesita las pruebas, las evidencias, para hacer un juicio justo; aunque el juez sepa toda la verdad, el juicio tiene que ser hecho en justicia. Por lo tanto, tiene que hacerse en derecho, que tanto el acusado tenga sus derechos y también el acusador tenga sus derechos.

Por eso está establecido en la Biblia, el mismo Dios lo estableció, que tiene que haber dos o tres testigos. Para el caso de la Shoá u Holocausto judío están los testigos: las naciones que entraron con sus ejércitos y son testigos de lo que allí vieron, de lo que estaba sucediendo, están los sobrevivientes y está también el gobierno de Alemania, que da testimonio que eso sucedió; tres testigos.

Por lo tanto, cualquiera que niegue, que diga que eso no sucedió, su testimonio se cae por el piso, porque está negando una verdad histórica, un hecho histórico; y eso también es un delito: negar la verdad, mentir, o sea, faltar a la verdad es delito; y por consiguiente, esa persona o nación saldrá culpable también, en el juicio, por tratar de ocultar un crimen contra la humanidad. Pero Dios dice que Él juzgará, vengará, la sangre de Sus siervos.

Faltan los consiervos hebreos de ser muertos, que son ciento cuarenta y cuatro mil, pero ellos luego van a resucitar (al final de la gran tribulación) para estar en el Reino del Mesías con el Mesías y Su Novia, Su Esposa, Su Iglesia; ellos serán como los eunucos en los diferentes reinos que asistían a la reina.

Y ahora, el juicio, la venganza del Dios nuestro, ocurre en el sello número seis; en el sello número cinco piden venganza ahí, los judíos que murieron; en el sello número seis, verso 12 en adelante, cuando se abre el sexto sello se abre con el comienzo del Día de venganza del Dios nuestro:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto (se abre el sexto sello con un terremoto); y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.”

O sea, que es la apertura del sexto sello que da comienzo al Día de venganza del Dios nuestro, una catástrofe sobre el planeta Tierra y, por consiguiente, sobre la humanidad.

“Y los reyes de la tierra (ahora miren el problema que van a tener todos los gobernantes de la Tierra, de diferentes naciones), y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes...”

Recuerden que cuando hay un terremoto todo el mundo debe salir de la casa, ponerse al campo libre, o si encuentra otro lugar más seguro, él decide dónde se va a meter. Aquí dice que:

“...se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero...”

O sea, que estarán conscientes de que es la ira del Cordero, la ira de Cristo, el juicio divino que Cristo, el Juez de los vivos y de los muertos, está llevando a cabo, es el Día de venganza del Dios nuestro:

“...porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

“El gran día de Su ira,” de eso fue de lo que leímos en Apocalipsis, capítulo 14, donde nos dice, verso 7, este ángel mensajero dice a gran voz:

“Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio (o sea, de Su ira) ha llegado.”

O sea, que habrá un mensaje, una predicación, que estará anunciando lo que ha de venir y estará anunciando el tiempo para el cual han de venir estas cosas; o sea, que estará hablando de la gran tribulación y los juicios, las plagas que han de caer sobre la raza humana; porque Dios no trae el mundo a juicio sin antes avisarle.

Será como el tiempo de Moisés cuando Dios lo envió a libertar al pueblo hebreo que estaba en Egipto, y Moisés tenía el ministerio profético para, Dios por medio de él, Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, meterse dentro de Moisés y hablar a través de Moisés las cosas que iba Dios a llevar a cabo.

Dios se las decía por visión, por visión Moisés las veía y escuchaba también la Voz de Dios diciéndole lo que Dios iba a hacer, lo que tenía que decirle al Faraón; y Moisés iba, y ungido por el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, decía: “Vendrán moscas, la plaga de moscas sobre Egipto.”

Esa era la Palabra que Dios había puesto en la boca de Moisés, Moisés la hablaba ungido con el Espíritu Santo, y se materializaba; porque era la Palabra creadora en Moisés siendo hablada. En palabras más claras: era Dios hablando Su Palabra creadora por medio de un hombre llamado Moisés.

Moisés no hizo ningún milagro, Moisés no trajo ninguna plaga, fue Dios, fue Dios por Su Palabra creadora hablando a través de Moisés.

Así ha sido siempre; para eso es que Dios envía profetas, de edad en edad y de dispensación en dispensación: para poner Su Palabra en la boca de esos hombres y que se materialice esa Palabra creadora divina, que es hablada por el Espíritu Santo a través de un hombre.

Esto está claro en Zacarías. Zacarías, capítulo 7, nos muestra claro la forma en que Dios le hablaba al pueblo; y ese era el misterio de los profetas, que hablaban y las cosas sucedían; el misterio era, que era Dios en ellos hablando la Palabra creadora de las cosas que iban a suceder. Vean, capítulo 7 de Zacarías, versos 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu...”

¿Cómo y por medio de quién, Dios envía Su Palabra al pueblo? Por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical; o sea, es el cuerpo angelical de Cristo, es ese cuerpo teofánico, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

“...para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros...”

¿Ve? Por medio de Su Espíritu, por medio de los profetas primeros. Era Dios. El Ángel es el Espíritu Santo, el cuerpo espiritual de Dios, la imagen de Dios; y el cuerpo de carne: el profeta; porque Dios no tenía todavía el cuerpo de carne que más adelante se creó en el vientre de la virgen María, usaba diferentes cuerpos humanos llamados profetas.

Vean, en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”

¿Cómo Dios le habló a Su pueblo? Por medio de Sus profetas. El profeta siempre ha sido el velo de carne en donde Dios se ha metido y le ha hablado al pueblo para que el pueblo pueda entender en el idioma de ese hombre que Dios está usando. Dice:

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo)...”

¿Y por qué dice: “En estos postreros días,” y ya han transcurrido unos dos mil años de ese tiempo hacia acá? Porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los postreros milenios, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. El séptimo milenio de Adán hacia acá, es el Día Postrero delante de Dios, en el cual Cristo resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente, y a los que estén vivos —creyentes en Cristo— los transformará y les dará, por consiguiente, un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado que Jesucristo tiene, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

En ese cuerpo y ese cuerpo no se pone viejo, porque es eterno, siempre permanece en la flor de la juventud; y así también es el cuerpo espiritual en el cual están los creyentes en Cristo que han muerto, el cuerpo espiritual o teofánico es joven también; no hay en el Paraíso ancianos, ni niños tampoco, todos son jóvenes que representan de 18 a 21 años de edad.

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo, en el cual pues estaba Dios en toda Su plenitud)...”

Ese cuerpo que nació de la virgen María y que le fue puesto por nombre Jesús, es el cuerpo físico de Dios; por lo cual, el Nombre de Dios fue colocado en Él, el Nombre de Dios para salvación, para redención.

Por eso Jesucristo decía: “Yo he venido en nombre de mi Padre,” y también decía: “Yo les he dado a conocer Tu Nombre,” y también decía: “Padre, glorifica Tu Nombre,” y también Jesús decía: “Yo los he guardado en Tu Nombre.”

“...a quien constituyó heredero de todo...”

El heredero de toda la Creación es el Señor Jesucristo. Él es el Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto, a través del cual Dios habló a existencia toda la Creación.

“...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo...”

¿Por medio de quién hizo el universo? Por medio de Jesucristo, por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical, porque todavía no tenía el cuerpo físico.

“...el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”

¿Cuál es la imagen de Dios? Jesucristo en Su cuerpo angelical. ¿Y quién y cuál es la semejanza física de Dios? Jesucristo en Su cuerpo físico, el cual ya está glorificado.

Así que, ver a Dios en Su imagen era ver a Dios en Su cuerpo angelical; por eso cuando los profetas del pasado, como Abraham, Isaac, Jacob y también Manoa y otros hombres de Dios, vieron al Ángel del Pacto, y Moisés también, dijeron que vieron a Dios cara a cara. ¿Por qué? Porque estaban viendo a Dios en Su cuerpo angelical, en Su cuerpo teofánico.

Y ver a Dios en Su cuerpo físico, en Su cuerpo de carne, es más sencillo; los discípulos del Señor Jesucristo estaban viendo a Emanuel, que significa: Dios con nosotros; estaban viendo a Dios en Su cuerpo físico, Su cuerpo de carne. Luego resucitó glorificado y Sus discípulos lo vieron glorificado, vieron a Dios en Su cuerpo físico glorificado.

Es todo bien sencillo: usted me ve a mí y yo lo veo a usted, pero sin embargo no nos estamos viendo. Y usted dice: “¿Cómo puede ser eso?” Porque somos alma viviente, y no nos estamos viendo el alma, solamente nos estamos viendo el cuerpo físico en el cual estamos viviendo, el cual es una casa terrenal, un templo humano donde nosotros habitamos; pero decimos: “Te estoy viendo, te puedo saludar, puedo hablar contigo.” Nos estamos viendo humanamente, estamos viéndonos el cuerpo físico, cuerpo humano.

Luego, si podemos vernos el cuerpo espiritual teofánico, el espíritu, entonces estaríamos viéndonos en la imagen, estaríamos viendo el uno al otro la imagen del uno y del otro, y así por el estilo. Así es también con Dios, porque Dios creó al ser humano a Su imagen (cuerpo espiritual) y a Su semejanza (cuerpo físico semejante al cuerpo de Jesucristo).

Por eso cuando Dios vino para revelarse al ser humano en forma humana, en forma de carne, ya se había reflejado eso cuando se revelaba a través de los profetas en cuerpos humanos; y cuando Dios vino para revelarse en toda Su plenitud en Su propio cuerpo físico, era un hombre llamado Jesús, con un oficio de carpintero.

O sea, que no vino como una persona que no trabajaba, no era ningún vago; uno que creó los Cielos y la Tierra ahora no puede aparecer de vago. Luego, cuando comienza el ministerio mesiánico, ahí tiene más trabajo todavía.

Cada creyente en Cristo es una persona de trabajo, Dios no quiere vagos en Su Reino. La suerte de los vagos está representada en la suerte del que recibió un talento y lo escondió, no trabajó, fue un vago con lo que Dios puso en su mano.

Dios nos ha dado talentos a todos, para que trabajemos en Su Reino, en favor del Programa Divino; por lo tanto, es importante conocer todos los trabajos que hay, que se llevan a cabo en la Obra, para que cada uno haga siempre trabajo en la Obra del Señor.

En una ocasión los discípulos le dicen al Señor: “La mies es mucha, Señor,” y el Señor dice: “La mies es mucha y los obreros son pocos; orad al dueño de la mies para que envíe más obreros.”

¿Y cuántos quieren ser de esos obreros que Dios envíe en este tiempo a trabajar en Su Obra? [La audiencia respondió: “¡Amén!” –Ed.] Yo también. El trabajo en la Obra del Señor de este tiempo final, es con el cual se corona la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, el trabajo que se hizo en etapas pasadas de la Iglesia, fue importante, y ahora el más importante es el que corona la Iglesia del Señor Jesucristo; y para ese trabajo es que nosotros tenemos oportunidad de trabajar en el Programa Divino.

Porque ya no podemos decir: “Quiero trabajar en el tiempo de San Pablo en la labor que él está haciendo,” porque ya ese tiempo pasó; a nosotros nos ha tocado el mejor tiempo, nos ha tocado trabajar en el tiempo de la tarde, que es el tiempo de la cosecha, es el tiempo en donde se entrelazan dos dispensaciones: la Dispensación del Reino se entrelaza con la Dispensación de la Gracia; por lo tanto, la Luz de la Dispensación del Reino se entrelaza con la Luz de la Dispensación de la Gracia.

Por lo tanto, es en el tiempo de la tarde donde hay ese entrelace de un Día que está terminando con otro Día que comienza; y el sol marca el tiempo de la tarde. Y cuando usted mira el sol marcando el tiempo de la tarde, ¿para dónde mira? Para el Oeste; y el territorio marcado con el Oeste es el continente americano.

El Día de la Dispensación de la Gracia se completará en el tiempo de la tarde, en el territorio que corresponde al tiempo de la tarde, que es el Oeste, continente americano, en donde se cumplió la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil en Norteamérica; y solamente resta la América Latina y el Caribe, para la Luz de la Dispensación de la Gracia resplandecer; y de ahí, esa Luz cubrir todas las demás naciones para completarse el Programa Divino de la Dispensación de la Gracia.

Y terminando ese Día, comienza un nuevo Día: la Dispensación del Reino; porque los días, conforme al calendario hebreo, terminan en la tarde, y el otro día comienza ahí mismo en la tarde; para poner una hora: digamos que a las 6:00 de la tarde, en otras ocasiones es a las 5:00, otras ocasiones es después de las 6:00, si es invierno es más temprano (que hay el cambio de día), si es en verano es más tarde (que hay el cambio de día).

Cuando termina el día a la caída del sol, el sol sigue alumbrando, y usted dice: “Todavía estamos de día”; pero desde la caída del sol, en donde termina el día, el resto de luz que sigue siendo vista, aunque no se vea el sol, esa luz corresponde a un nuevo día; está alumbrando, digamos, por media hora o un poquito más. Esa Luz que trae Cristo, ese mensaje que trae Cristo, es Luz para un nuevo Día dispensacional, luego que finaliza la Luz del Día que se estaba viviendo de la Dispensación de la Gracia.

Las personas que estarán en el Occidente, estarán viendo la Luz de dos Días al mismo tiempo, y por consiguiente estarán recibiendo dos lluvias: la Lluvia Temprana de la predicación del Evangelio de la Gracia, que gira alrededor de la Primera Venida de Cristo, y la Lluvia Tardía, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; estarán escuchando, recibiendo, la Lluvia del Evangelio de la Gracia y la Lluvia del Evangelio del Reino.

Y la luz que el sol en el tiempo de la tarde, luego que termina el día, esa luz que trae el sol, luego sale por el Oriente, por el Este, la tierra de Israel; y ellos van a ver lo mismo que en el Oeste estuvieron viendo; lo mismo que en el continente americano estuvieron viendo, será lo que van a ver luego allá en el Este, en la tierra de Israel; porque es el mismo Sol, es el mismo Cristo regresando a los judíos.

Por eso el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor para Su Iglesia, es lo mismo que Moisés y Elías, que los Dos Olivos, para los judíos.

Por lo tanto, los primeros que van a tener la revelación divina de la Venida del Mesías, de la Venida del Señor, serán los que estarán viviendo en el tiempo de la tarde, en el ciclo divino que corresponde a la América Latina y el Caribe; estarán viendo la Luz, la manifestación de Cristo para el Día Postrero para Su Iglesia.

Y los judíos van a darse cuenta, van a mirar y van a decir: “Esto es lo que nosotros estamos esperando.” Pero en el Oeste Él no viene por ellos. Él viene por Su Iglesia, que estará en el ciclo divino correspondiente al Oeste.

Cristo mismo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la hora que no pensáis,” y también dijo: “Como el relámpago que sale del Oriente (la tierra de Israel) y se revela, se manifiesta... se manifiesta, se revela, en el Oeste.” La revelación del Hijo del Hombre es para el Oeste (y ahí no vamos a explicar mucho, lo vamos a dejar para otra ocasión).

Es importante saber que la bendición grande para el cristianismo estará en el Oeste, porque al Oeste le toca el tiempo de la tarde; y siempre, en el tiempo de la tarde, cuando se pone el sol, se pone por el Oeste; y el oeste de la Tierra es América.

Así que es un privilegio vivir en el continente americano, y sobre todo, en la América Latina y el Caribe.

Actualmente, cuando vemos a través de las noticias que el viejo mundo: Europa, está con graves problemas, encontramos que la América Latina y el Caribe no está tan mal como están en Europa.

Algo grande Dios tiene para coronar la Dispensación de la Gracia, coronar Su Iglesia, darle la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, porque Su Iglesia no va a ser juzgada; el juicio de la gran tribulación será para los que no creen en Jesucristo y no están en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

El que cree en Cristo no será condenado, por lo tanto no tiene que ir a juicio. Cristo quitó nuestros pecados y ya no hay causa por la cual tengamos que ser juzgados.

Así que, aunque sabemos que el tiempo de la gran tribulación será terrible para la familia humana, tenemos el consuelo que Él va a resucitar a los creyentes que murieron, y a los que estén vivos los va a transformar y los va a sacar de esta dimensión terrenal: se los va a llevar a la Cena de las Bodas del Cordero; porque no están puestos para ira, sino para salvación. Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante, dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

O sea, que va a haber un tiempo de paz humana, un tiempo de paz por medio de pactos humanos, que no será permanente; porque la paz permanente, la paz imperecedera, la estará predicando, proclamando, Elías en su quinta manifestación, y les estará anunciando esa paz permanente para ser traída en el Reino del Mesías, no en el reino de los gentiles.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día...”

Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida,” capítulo 8, verso 12 de San Juan. Si Él es la Luz, los creyentes en Él son hijos de Luz, por lo tanto son Luz también: “Vosotros sois la luz del mundo.”

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día (y siendo hijos de Luz, de Cristo, en Su manifestación de la Luz de la tarde, en el cumplimiento de lo que Él ha prometido para nuestro tiempo; y estar en el cumplimiento de lo que Él ha prometido, en las promesas que Él ha hecho, es estar en Cristo, estar en la Luz); no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”

Así que... El verso 9 dice:

“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.”

Ya sea que velemos (o sea, que permanezcamos vivos esperando Su Venida) o que durmamos, vivamos juntamente con Él; o sea, ya sea que la persona muera o que permanezca viva, vivirá eternamente con Cristo.

Ahora, la predicación del Evangelio Eterno estará anunciando el juicio divino, la ira del Dios vivo que ha de venir sobre la Tierra para la humanidad; vendrá sobre la familia humana, sobre todos aquellos que no han recibido a Cristo como Salvador, sobre la vírgenes insensatas que no tenían aceite en sus lámparas, y sobre los judíos también, sobre ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, para ser purificados durante la gran tribulación; porque, por cuanto no habían recibido a Cristo y no tenían aceite en sus lámparas, entonces tienen que pasar por la gran tribulación para su purificación.

La gran tribulación con sus juicios purificará el planeta Tierra y purificará a todos los que van a vivir en el Reino del Mesías.

Para los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, lo que hay son bendiciones de Dios. Dice San Pablo en Primera de Tesalonicenses, verso 13 en adelante, dice [capítulo 4]:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Son palabras de aliento para los creyentes en Cristo, las palabras del apóstol San Pablo.

Vean, también Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”

Por lo tanto, la promesa es que los creyentes en Cristo serán a imagen y semejanza de Dios, a imagen y semejanza de Jesucristo.

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

O sea, que no vamos a vivir eternamente con estos cuerpos mortales, porque son cuerpos temporales; es por un tiempo y para un tiempo que Dios nos da estos cuerpos, para que confirmemos nuestro lugar en la vida eterna; y eso se hace recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

La vida eterna es lo más importante y lo más grande que una persona puede recibir, y lo obtiene recibiendo a Cristo como su Salvador, porque Él es la Vida.

“Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en Su Hijo (en Jesucristo). El que tiene al Hijo (a Cristo), tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida,” no tiene la vida eterna; lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a acabar. Les cité esa: Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13.

Y la noticia buena es que el apóstol dice que tenemos vida eterna; ya nuestra alma tiene vida eterna, el cuerpo espiritual o angelical tiene vida eterna, y ahora nos falta obtener vida eterna física, lo cual será con la transformación, en donde obtendremos la inmortalidad y seremos todos inmortales como Jesucristo nuestro Salvador, seremos inmortales físicamente. En nuestro interior, en nuestro espíritu y nuestra alma, somos inmortales, tenemos vida eterna. Sigue diciendo San Pablo:

“He aquí, os digo un misterio (y este misterio la ciencia no lo conoce): No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir, va a haber un grupo de creyentes en Cristo vivos cuando Cristo resucite a los muertos creyentes en Él; y esos que estén vivos, los va a transformar; por eso no todos dormiremos); pero todos seremos transformados...”

Todos vamos a tener un cuerpo transformado, de mortal a inmortal, de cuerpo normal a cuerpo glorificado.

“...pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

Y eso va a ser para cuando esté sonando esa Trompeta Final, la Final Trompeta, el final mensaje de Dios para Su pueblo, la Trompeta de la predicación del Evangelio del Reino.

En ese tiempo en que se entrelaza la predicación del Evangelio del Reino con la predicación del Evangelio de la Gracia, en donde se entrelaza la Trompeta de la predicación del Evangelio de la Gracia con la Trompeta del Evangelio del Reino, ahí en ese tiempo es que se va a cumplir la Venida del Señor, la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; pero no sabemos en qué año va a suceder; pero para ese tiempo estará sonando la Trompeta Final, el mensaje final de Dios, la predicación del Evangelio del Reino.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

Para poder continuar viviendo físicamente, nuestro cuerpo tiene que ser vestido de inmortalidad, tiene que ser vestido de un cuerpo glorificado, tiene que ser transformado de mortal a inmortal; y eso está prometido por Dios para todos los creyentes en Cristo, para todos ser iguales a Jesucristo. Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

¿Para qué estamos esperando la Venida del Señor? Para nuestra transformación. Eso es lo que está prometido: para ser transformados y ser a Su imagen y semejanza, para tener un cuerpo como Su propio cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad; y los que van a ser transformados lo estarán creyendo, lo estarán esperando y lo van a estar experimentando en el momento correspondiente. Y yo soy uno de ellos, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no está preparado para recibir la Venida del Señor, recibir la fe para ser transformado y ser llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, puede recibirlo ahora como su Salvador, para que esté preparado para la Venida del Señor y para la transformación de su cuerpo; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Recuerde que esta bendición de la transformación y de la resurrección es para los creyentes en Cristo, porque Cristo es el que va a llevar a cabo la resurrección de los creyentes en Él que murieron en el pasado y va a transformar a los que estén vivos creyentes en Él.

Hemos visto nuestro tema, el tema sobre la predicación del Evangelio Eterno y los juicios que serán hablados; pero eso no nos aterra, porque hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador y Cristo nos va a llevar con Él a la Casa de nuestro Padre celestial, al Cielo, para estar con Él en la Cena de las Bodas del Cordero, que es la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo, es la fiesta de la cena o recepción de las Bodas de Cristo y Su Iglesia.

Dios tiene mucho pueblo en la bella República de Colombia y en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final. Tiene que ser completada la Iglesia del Señor Jesucristo antes que Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo como Sumo Sacerdote, para Él salir del Trono del Padre, del Trono de Intercesión, tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos (de Apocalipsis, capítulo 5), abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo, reclamar a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

La vida es lo más grande que tenemos; y esta vida terrenal aunque es temporal, es lo más grande que tenemos actualmente, y nos da la oportunidad de hacer contacto con Cristo para que nos dé la vida eterna.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Mi Padre y yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

En las manos de Cristo estamos seguros, en las manos de Cristo viviremos eternamente, Él nos imparte la vida eterna para tenernos con Él en Su Reino por toda la eternidad. Es tan grande el amor de Dios para con nosotros, que dice el apóstol Pablo, y el mismo Jesucristo dice en San Juan, capítulo 3, verso 16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y San Pablo en Romanos, capítulo 5, verso 6 al 10, nos dice: “Porque aún siendo pecadores...” Vamos a leerlo:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

La muestra mayor del amor de Dios hacia nosotros es que Cristo murió por todos nosotros, porque Dios lo envió para morir por nosotros; por eso algunas personas espirituales, en el tiempo de Jesús, decían: “Éste es el Salvador del mundo.”

La humanidad todavía no ha comprendido que está existiendo porque Jesucristo murió en la Cruz del Calvario, porque el tiempo en que Cristo murió, toda la humanidad tenía que morir, pero Cristo tomó el pecado de todos nosotros, se hizo pecado por nosotros y murió por nosotros, por causa de nuestros pecados; y así salvó a la familia humana de la muerte, de la destrucción.

Pero Cristo dijo: “Tengo poder para poner mi vida, y tengo poder para volverla a tomar.” Lo que Cristo hizo por la familia humana, por la raza humana, todavía la humanidad no lo ha comprendido, pero los que lo han comprendido podemos decir: “Estamos vivos porque Cristo murió en la Cruz del Calvario por todos nosotros.”

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, para lo cual vamos a estar puestos en pie. En las diferentes naciones también pueden estar puestos en pie para orar por todos ustedes a Dios.

Los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos, Señor, en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino. Sálvame, Señor, haz realidad en mí la salvación que ganaste para nosotros, para mí, en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre glorioso y Eterno, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, lo he recibido como mi Salvador, pues Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, lo más pronto posible, porque escuché el Evangelio y creí y lo recibí como mi Salvador.”

La pregunta desde lo profundo de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto usted ha creído en Cristo como su Salvador y lo ha recibido, bien puede ser bautizado.

El bautismo en agua no quita los pecados, el bautismo en agua es tipológico; el mismo Cristo fue bautizado por Juan, y luego el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo vino sobre Jesús cuando subió de las aguas bautismales; y fue Cristo el que dijo que fuéramos bautizados todos los que creeríamos en Él.

Por lo tanto, es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; ese es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, comprendiendo el significado, el simbolismo, del bautismo en agua en el Nombre del Señor, bien pueden ser bautizados e identificarse así con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo con Jesucristo por toda la eternidad.

Dejo al ministro para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua los que han recibido a Cristo como Salvador; y en cada país dejo al ministro correspondiente.

Con ustedes el reverendo Alejandro Sarria, y pasen todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

“EL EVANGELIO ETERNO PARA SER PREDICADO A LOS MORADORES DE LA TIERRA.”

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