ImprimirImprimir

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están en otras naciones en diferentes Iglesias junto a los ministros de diferentes naciones: Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Génesis, capítulo 1, verso 1, y también en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14. Y dice Génesis, capítulo 1, verso 1:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, dice:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto...”

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

En los dos pasajes que leímos nos habla del principio, por lo cual tenemos que ver que hubo un principio de la Creación. Acá en Génesis nos habla de ese principio de toda la Creación; y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, nos habla de Cristo y de ese principio de la Creación, el principio de la Creación de Dios.

En Génesis, capítulo 1, verso 1, vean que hay algo aquí muy interesante. Dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” O sea, que nos habla del principio de la creación de los Cielos y de la Tierra. Y acá en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, nos habla del principio de la creación de Dios. O sea, que aquí hay algo muy importante que debemos comprender.

En el principio de la creación de los Cielos y de la Tierra, tenemos la explicación en Hebreos, capítulo, verso 1 al 3. Dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo...”

Ahora, la creación de los Cielos y de la Tierra, aquí nos dice que Dios, el cual había hablado por medio de los profetas en otro tiempo, ahora nos ha hablado por el Hijo, o sea, por Jesucristo, el cual nació en Belén de Judea a través de la virgen María; pues la promesa de la Venida del Mesías, de Emanuel, de Dios con nosotros, en forma humana, sería a través de un niño que nacería por medio de una virgen hebrea descendiente del rey David, la cual fue la virgen María; y José, descendiente del rey David también, por la línea de Salomón, lo adoptó como su hijo y por consiguiente con todos los derechos de hijo. Dice...

Por medio de Él estuvo hablándole al pueblo hebreo, por eso tenía que ser un profeta, para Dios por medio de Él hablar; por eso Hijo del Hombre, que es profeta, fue el Mesías Príncipe, Jesucristo:

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo...”

Los postreros días son los postreros milenios, porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Él apareció al final del milenio cuarto, y ya en el milenio quinto ya estaba (al principio) aquí en la Tierra; quinto milenio es el primero de los días postreros mileniales delante de Dios.

Los tres días postreros delante de Dios, son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4. Vamos a verificar para que lo tengan claro, lo del Salmo 90. Salmo 90, verso 4, dice:

“Porque mil años delante de tus ojos

Son como el día de ayer, que pasó,

Y como una de las vigilias de la noche.”

Y ahora:

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo...”

Ya en los días en que Dios estuvo hablando por medio de Jesucristo ya se estaba viviendo en el quinto milenio: el primero de los días postreros; y por eso el Espíritu Santo sería derramado también en los postreros días. Comenzó en el quinto milenio, el Día de Pentecostés, a ser derramado sobre personas y sobre todos los que creyeron en Cristo como único y suficiente Salvador.

Y durante los postreros días (que es el quinto, sexto y séptimo milenio) Dios estaría derramando de Su Espíritu Santo, por eso ha continuado derramando de Su Espíritu Santo.

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo...”

El heredero de toda la Creación es Jesucristo, por eso Él es el que recibe el título de propiedad de la vida eterna, el título de propiedad de toda la Creación, recibe el título de propiedad donde está escrito toda la herencia divina que obtiene Cristo; y los creyentes en Cristo son coherederos: “herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro,” dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39.

Estos son los hijos e hijas de Dios, los coherederos con Cristo, los que han recibido el Espíritu de Cristo, los cuales han obtenido el nuevo nacimiento, “porque el que no nazca de nuevo del Agua y del Espíritu (dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6), no puede entrar al Reino de Dios.” La única forma de entrar al Reino de Dios es por medio del nuevo nacimiento, de nacer del Agua y del Espíritu. Sigue diciendo:

“...y por quien asimismo hizo el universo...”

Y ahora, tenemos aquí la explicación de Génesis, capítulo 1, verso 1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” ¿Cómo lo hizo? Aquí dice:

“...por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (la imagen misma de la sustancia divina es Cristo, el resplandor de Su gloria es Cristo), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder (es Cristo), habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (o sea, por medio de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario efectuó la purificación de nuestros pecados), se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

Por eso Él decía en San Mateo... Él está sentado allá en el Cielo, en el Trono de Dios, a la diestra de Dios; y esto Él dijo que sería así en San Mateo, capítulo 26, verso 63 en adelante, 63 al 65:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Aquí le está dando a conocer que Él se va a sentar a la diestra del poder de Dios, se va a sentar en el Trono de Dios, ¿cómo sería? Cuando muriera, resucitara y subiera al Cielo, y allá se sentaría en el Trono de Dios. Eso Él lo verifica también en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, cuando dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Él ahí ya está diciendo que Él está sentado con el Padre celestial en el Trono celestial, en el Trono del Padre; pero aquí dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono...”

El Trono de Cristo es el Trono de David al cual Él es el heredero. San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, dice, cuando el Ángel Gabriel le aparece a la virgen María. Dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre (el Trono de David es el Trono de Cristo, del Mesías, Él es el heredero al Trono de David); y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y ahora, en la misma forma en que Cristo dice que Él se ha sentado en el Trono del Padre, porque venció, dice: “Le daré que se siente conmigo en mi Trono,” ¿a quién? Al vencedor:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Es un misterio, como es un misterio el misterio de Cristo sentándose en el Trono del Padre en el Cielo. Y ahora, el vencedor sentándose en y con Cristo en Su Trono terrenal, es un misterio también, es el misterio alrededor del cual girará el Reino del Mesías en esta Tierra. En la misma forma que el Padre hace en el Cielo con Cristo, Cristo hará con el vencedor que se sentará con Él en Su Trono.

Cristo siendo Rey, ha nacido el Rey de los judíos. “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”, preguntaron los magos que vinieron a Jerusalén buscando al Mesías que había nacido en la Tierra; también los ángeles proclamaron el nacimiento del Mesías en esta Tierra.

Cuando nació en esta Tierra el Señor, hubo regocijo en la Tierra porque había nacido en la Tierra, en la ciudad de David: Belén, un Salvador, que es Cristo el Señor. Dice el capítulo 2 de San Lucas, versos 8 en adelante:

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”

Aquí podemos ver que los ángeles del Señor que acompañaban a este Ángel, que por supuesto debe ser el Ángel Gabriel, que fue el que le había aparecido a la virgen María primeramente (en San Lucas, capítulo 1), y había aparecido al sacerdote Zacarías también, anunciándole que tendría un hijo y que le pusiera por nombre Juan, el cual le prepararía el camino al Señor.

Y ahora, nació un Salvador en Belén de Judea, el Cristo, el Mesías, el Rey de Israel. Cuando fue crucificado, le colocaron: “Jesús, el Rey de los judíos,” esa era la causa por la cual le sentenciaron a muerte y fue crucificado, porque tenía que ser escrita la causa por la cual crucificaban a cada persona.

Y ahora, veamos en Hebreos (y estábamos leyendo), sigue diciendo:

“...El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (o sea, se sentó en el Trono de Dios, se sentó a la diestra de Dios),

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

Y por cuanto Él llevó a cabo esa Obra de Redención en la Cruz del Calvario, ahora Él, Cristo, el cual es el principio de la Creación de Dios, vean, Él fue el que dio principio a toda la Creación.

Colosenses, capítulo 1... luego explicaremos lo de la Creación de Dios. Capítulo 1 de Colosenses dice, verso 12 en adelante:

“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

O sea, que todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, han sido librados, libertados del poder, de la potestad de las tinieblas, de ese reino de las tinieblas, del maligno, como Israel fue libertado del imperio o reino egipcio en el Éxodo, y llevado a la tierra prometida; así en el segundo Éxodo, el cual lleva a cabo Cristo, ha libertado del Egipto espiritual (que es el reino de las tinieblas) a millones de personas que formarían un pueblo creado por Dios, que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el pueblo de los redimidos del Señor, las personas que por la Sangre de Cristo serían limpiados de todo pecado. Y ahora, hablando de Cristo, dice:

“El es la imagen del Dios invisible...”

Y la imagen es el cuerpo angelical, es el cuerpo espiritual, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Él es el Ángel del Pacto que aparecía en forma de Luz y en otras ocasiones apareció en la forma de un hombre de otra dimensión:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él...”

Ahora, ¿dónde estaban todas las cosas antes de aparecer en la Creación? Es como preguntar dónde estaba este árbol de mangos o de aguacate antes de existir: pues estaba en la semilla, ahí estaba el árbol con todo el tallo, todas las ramas, todas las hojas y todos los aguacates si era de aguacate, o si era de mangos, pues el árbol de mango completo con todo el fruto estaba allí; y no solamente ese árbol, sino los árboles que surgirían de las semillas que tendría ese árbol, de los frutos que tendría, se sembrarían de nuevo y producirían nuevos árboles de mango o de aguacate.

Y ahora, la simiente de Dios, ¿dónde estaba? ¿Dónde estaban los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo? ¿Dónde estaban los hijos e hijas de Dios antes de la Creación, antes de la creación de los Cielos y de la Tierra?

“Porque en él fueron creadas todas las cosas...”

Toda la Creación estaba en Cristo, como todos los árboles que usted pueda tener en su finca o en un terreno, estaban en la semilla. El mismo Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” O sea, el grano de trigo, que es Cristo, si no moría, quedaba solo viviendo en este planeta Tierra; pero si moría llevaría mucho fruto, porque en Él estaba Su Iglesia, y por consiguiente todos los miembros de Su Iglesia.

Así como en Adán estaba Eva, y por consiguiente toda la descendencia que Adán tendría; y por esa causa, cuando pecó Adán pecaron todos los descendientes de Adán, fueron manchados con la mancha del pecado como cuando en una semilla del árbol o fruto que sea, es contaminada esa semilla con alguna plaga; ya cuando se siembra, cuando es sembrada esa semilla, va el fruto a tener la mancha de la plaga que obtuvo la semilla, y ahora surge en el fruto: es un fruto ya contaminado con una plaga y ya no puede servir, tiene que ser eliminado ese fruto porque está dañado.

Por eso todos los países vigilan la parte, en la agricultura, de las plagas, que no vayan a contaminar la vegetación, la plantación, las plantaciones de su país, porque echa a perder toda la agricultura.

“...en él fueron creadas todas las cosas...”

Por eso Cristo podía decir: “Todo lo que el Padre me dio, me ha dado, vendrá a mí, las ovejas que el Padre me dio; el que es de Dios, la Voz de Dios oye. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy vida eterna.”

¿Cómo puede darle vida si la raza humana fue contaminada con el pecado, con la plaga del pecado? Pues con la Sangre de Cristo es quitado el pecado; y por consiguiente, todo el fruto que surge de Cristo y que es pasado por la Sangre de Cristo, está sin pecado, sin la plaga del pecado, porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas...”

Todo viene de Cristo. Nos dice:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles...”

O sea, nos habla del mundo visible y del mundo invisible, porque las cosas que se ven vienen de las que no se veían, del mundo invisible. Adán, ¿de dónde vino Adán con ese cuerpo físico? Fue sacado del polvo de la tierra, ¿pero de dónde vino? Del mundo espiritual, del mundo de los espíritus, del mundo de los ángeles, porque el ser humano viene de otra dimensión.

Algunos se preguntan: “¿De dónde yo vine?” Y siempre dicen: “Vine de papá y mamá.” Pero ahí ya no saben más. Cuando Dios le da el soplo de vida al bebé, le está dando, le está impartiendo vida física humana, lo cual viene de otra dimensión, aunque el cuerpo físico surge en esta dimensión, pero el cuerpo sin espíritu está muerto. La persona es alma viviente y tiene un espíritu que es un cuerpo espiritual de otra dimensión, y de acuerdo al cuerpo espiritual que tiene y al alma que tiene y de la dimensión que ha venido, será la vida de esa persona.

Y ahora, continuemos leyendo:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas...”

En Él, o sea, que Dios las colocó en Cristo, todas las cosas. Dios las colocó en Cristo, en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto; porque el único que puede obtener de Dios el Padre las cosas, es Cristo: pasan de Dios el Padre, a Cristo, que es el Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo; porque nadie conoció las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios, el Ángel del Pacto.

“...las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, Dios por medio de Su cuerpo angelical, creó todas las cosas para Él, por medio de Él y para Él. Todo fue creado por Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto. ¿Y para quién? Para Cristo, el Ángel del Pacto. Jesucristo es la persona más importante.

“Y él es antes de todas las cosas...”

Cristo en Su cuerpo angelical es antes de toda la creación. La ciencia ha estado descubriendo que antes de la creación hubo una energía, un poder, le llaman la partícula de Dios, y dicen que la han encontrado. Antes de la Creación: Jesucristo.

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten...”

Y miren, ya la Biblia por miles de años decía que fue Dios por medio de Cristo que creó todas las cosas, y que Él es antes de todas las cosas.

“...y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia...”

La cabeza de la Iglesia del Señor Jesucristo es Jesucristo, como la cabeza de la familia (de una familia) es el padre de la familia. Y el Padre de esta familia celestial, la Iglesia del Señor Jesucristo, la cabeza, el Padre de esta familia es el Señor Jesucristo, el Padre de familia, que por medio de Su Iglesia se reproduciría en hijos e hijas de Dios.

El Padre de familia, Cristo, está sentado a la diestra de Dios en el Trono de Dios, pero algún día se va a levantar; y cuando el Padre de familia se levante, entonces la puerta, la Dispensación de la Gracia, la puerta de la misericordia será cerrada.

“...él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud.”

Es la única persona en la cual habitó y habita toda la plenitud de Dios, o sea, Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo en Jesucristo. Por eso Cristo decía: “El Padre y yo, una cosa somos.” Y también Él decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú, Felipe, muéstranos al Padre y nos basta? No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” (San Juan, capítulo 14).

Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente, y Cristo en Su cuerpo físico es la semejanza física de Dios. Ese cuerpo físico es la creación de Dios. O sea, el cuerpo físico de Dios, creado por Dios por medio de Su Espíritu Santo en el vientre de María: Él es el principio de la Creación de Dios, de esa creación física del cuerpo físico de Dios, de la semejanza física de Dios.

Por eso cuando Él resucitó al hijo de la viuda en la ciudad de Naín, todos se maravillaban y tuvieron gran temor y dijeron: “Dios ha visitado Su pueblo porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros”; porque en esa forma es que Dios visita Su pueblo.

¿Cómo visitó Dios a Su pueblo Israel en Egipto? En Moisés y a través de Moisés. “Porque no hará nada el Señor, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas.”

Por eso cuando Dios visitó a Israel en su tierra, lo hizo en un profeta: Jesús. O sea, que Dios haciéndose carne en medio de Su pueblo: Emanuel, Dios con nosotros (conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, y San Mateo), encontramos que fue en un hombre; por eso era el Hijo del Hombre, porque Hijo del Hombre es un profeta, es la semejanza física de Dios; como la semejanza suya es su cuerpo físico, la imagen suya es su cuerpo espiritual, el espíritu suyo, y su alma es lo que está dentro, es lo que usted es en realidad.

Ahora, el principio de la Creación de Dios, del cuerpo físico de Dios, es Jesucristo creado en el vientre de María, una célula de Sangre creada por Dios por medio de Su Espíritu en el vientre de María, la cual se multiplicó célula sobre célula y fue formado el cuerpo de Jesús para poder llevar a cabo la Obra de Redención, para morir ese cuerpo y luego ser resucitado glorificado para nunca más morir.

El cuerpo glorificado es eterno, es inmortal y joven para toda la eternidad. Por eso San Pablo dice: “Si a Cristo conocimos según la carne, ya no,” ahora es conocido glorificado, y como cuerpo físico que murió como el Salvador, el Redentor, que tomó nuestros pecados y murió por todos nosotros. Por eso Israel estaba esperando al Salvador del mundo.

Y algunas personas piensan: “Pero siendo el Salvador del mundo, ¿no lo salvó estando vivo?” Muriendo Él salvó a la familia humana de morir en aquel día que Él murió, porque era el tiempo en que todo ser humano, por sus pecados, tenía que morir; y como Cristo tomó nuestros pecados entonces la muerte, la sentencia de la muerte cayó sobre Jesucristo y murió llevando Él nuestros pecados.

Aunque Él no tenía pecado y podía seguir viviendo, al tomar nuestros pecados se hizo mortal; en el Getsemaní, ahí tomó nuestros pecados, y por eso ahí y desde ahí fue muy dolorosa esa etapa para Jesús.

Sigue diciendo... dice que: “Para que en Él habitase toda Su plenitud, porque así le agradó al Padre.”

Hemos visto lo que es la Creación. En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra, lo hizo a través de Cristo, el Ángel del Pacto, que es el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas conforme a San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18.

“...Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

Y ahora, vean cuál fue el propósito de la Venida del Señor a la Tierra: fue Dios hacerse un cuerpo de carne, crearlo en el vientre de María, para —a través de ese cuerpo de carne— tomar nuestros pecados, hacerse pecado y llevar a cabo la redención; porque Dios es nuestro Salvador, nuestro Redentor, para lo cual tenía que hacerse carne: Emanuel, Dios con nosotros, para efectuar esa labor en favor de nosotros. Esto es lo que nos dice:

“...habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas...” (Hebreos, capítulo 1, verso 3).

Él en Su cuerpo llevó nuestros pecados, por eso Su cuerpo físico tuvo que morir. El Espíritu, la imagen de Dios, no murió, fue la semejanza física de Dios la que murió.

Recuerden que el ser humano es alma (que equivale a Padre), espíritu (que equivale al Espíritu Santo, al Ángel del Pacto) y cuerpo (que equivale también al cuerpo físico de Jesucristo); porque Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, es lo único que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; por eso, de toda la Creación lo más importante es Cristo y los creyentes en Él.

El ser humano es la corona de la Creación, por eso el ser humano fue colocado para gobernar sobre toda la Creación, fue colocado para gobernar en este planeta Tierra sobre las aves, los animales, los peces, y sobre todo el medio ambiente también.

Y ahora, sigue diciendo [Colosenses 1:21]:

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.”

Es un misterio. Pero miren, en el capítulo 2, verso 2 al 3, de esta misma Carta de Colosenses, dice:

“...Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento...”

¿Y cómo podemos alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento? A través de la Palabra de Dios: escuchándola, recibiendo la revelación que está en la Palabra de Dios cada persona para el tiempo que le toca vivir. Y para este tiempo final será en que los creyentes en Cristo recibirán el entendimiento pleno o máximo entendimiento que se podrá obtener estando en estos cuerpos mortales, para luego ser transformados; y cuando estemos transformados, ahí tendremos la plenitud del conocimiento de Dios.

“...hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo...”

Conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo. Dios el Padre a través y en Cristo en Su cuerpo angelical y Cristo en Su cuerpo físico, que es la imagen y semejanza de Dios. Cuerpo angelical: la imagen, y cuerpo físico: la semejanza física. Ese misterio del Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el misterio divino que todos están llamados a conocer, a alcanzar el conocimiento de ese misterio tan grande, de ese misterio divino. ¿Por qué? Porque:

“...en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en el misterio de Dios el Padre, y de Cristo. Dios el Padre celestial en Su cuerpo angelical, Cristo en Su cuerpo angelical, el Espíritu Santo, y Dios con Su cuerpo angelical en el cuerpo físico que nació a través de la virgen María: Murió, fue resucitado glorificado y está sentado en el Trono de Dios. Ese misterio de Dios el Padre, y de Cristo, es el misterio donde están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Y ahora, siendo que Jesucristo en Su cuerpo de carne es como dice aquí la Escritura [Apocalipsis 3:14]:

“El Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios...”

El principio de la Creación de Dios, el principio del cuerpo creado por Dios y para Dios. Dios creó ese cuerpo por medio de Su Espíritu Santo haciendo sombra sobre María. ¿Y para quién creó ese cuerpo? Para Sí mismo, para ser el cuerpo físico de Dios.

En palabras más claras, cuando estemos en el Reino del Mesías, Dios estará con nosotros como un hombre, con cuerpo glorificado, y nosotros también estaremos con Él en cuerpos físicos glorificados, a Su imagen y semejanza; porque esa es la promesa que ha sido hecha: que vamos a ser a Su imagen y semejanza. Eso lo dice Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, cuando dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (para que sea semejante al cuerpo glorificado que Él tiene, el cuerpo de la gloria Suya), por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Ahí hemos visto que el propósito divino por medio de Cristo es que todos seamos iguales a Jesucristo; y por consiguiente esa es la simiente de Dios, la descendencia de Dios que se ha estado reproduciendo en hijos e hijas de Dios; es Cristo la simiente de Dios que ha estado reproduciéndose, multiplicándose, en hijos e hijas de Dios.

Por eso Él es el segundo Adán y Su Iglesia es la segunda Eva. ¿Y nosotros quiénes somos? Los hijos e hijas de Dios descendientes del segundo Adán: Cristo, y la segunda Eva: Su Iglesia redimida por la Sangre de Cristo.

En Efesios, capítulo 2, versos 11 en adelante, dice:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

Vean lo importante que es la Sangre de Cristo para los creyentes en Cristo: es por medio de Cristo y Su Sangre, que somos reconciliados con Dios:

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz...”

Para crear de judíos y gentiles un nuevo hombre; esos son los creyentes en Cristo que han nacido de nuevo, los cuales pertenecen a una nueva Creación; pertenecen a esa nueva Creación que procede del principio de la Creación de Dios, que procede de Jesucristo, el cual y del cual procede Su Iglesia, la segunda Eva, así como de Adán vino Eva, y de Adán y Eva vino la descendencia de Adán (pero ya con el problema de la plaga del pecado).

“...para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios...”

Y ahora, somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. La familia de Dios son los hijos e hijas de Dios, y por cuanto Dios es el Rey y por medio de Cristo es el Rey que gobernará el planeta Tierra, Sus hijos son príncipes y princesas; por eso el libro de Apocalipsis dice que Él nos ha limpiado con Su Sangre, de todo pecado, y nos ha hecho para nuestros Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra. (Capítulo 1 del Apocalipsis, capítulo 5 del Apocalipsis, y capítulo 20, verso 4 al 6, de Apocalipsis).

Pertenecemos a una familia: la Familia celestial, la Familia de Dios, hijos e hijas de Dios; y eso significa que los creyentes en Cristo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, es la Familia más importante en el Cielo, y por consiguiente en la Tierra también; tienen el nivel más alto no solamente en la Tierra sino en el Cielo también; están en un nivel más alto que los ángeles, que los arcángeles, que los querubines, que los serafines, porque son hijos e hijas de Dios a imagen y semejanza de Dios, son la descendencia de Dios por medio de Cristo el segundo Adán; y por consiguiente estábamos en Cristo, el Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, desde antes de la fundación del mundo; y antes de eso: en la mente de Dios, éramos un pensamiento en la mente de Dios.

Y dice para estas personas:

“...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio (o sea, toda la Iglesia, que es un edificio espiritual, un Templo espiritual)...

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo...”

Recuerden que Cristo en una ocasión, en San Juan, capítulo 2, versos 17 al 22, dijo frente al templo: “Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré,” o sea, lo resucitará, lo restaurará.

Jesucristo es el Templo humano de Dios, por eso dice: “Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré.”

Cada creyente en Cristo es, como individuo, un templo también —espiritual— para morada de Dios en Espíritu Santo en su alma; y la Iglesia del Señor Jesucristo es un Cuerpo Místico de creyentes en Cristo, el cual:

“...va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”

Es un Templo que está siendo construido, y por consiguiente es la Casa de Dios, así como cada persona es una casa de Dios, un templo, y como Jesucristo es la Casa de Dios, el Templo espiritual, cuerpo donde Dios moró en toda Su plenitud. Por eso cuando Juan lo bautizó vino el Espíritu Santo y moró en Él en toda Su plenitud, como cuando Moisés dedicó el templo y descendió la Columna de Fuego, el Espíritu Santo, y moró en el templo en el lugar santísimo.

Cristo decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” ¿ve? Estaba Dios en Su Templo humano, como estuvo en el templo que construyó Moisés y como estuvo en el templo que construyó el rey Salomón y lo dedicó a Dios, y entonces vino Dios en la Columna de Fuego y moró en ese templo que Salomón construyó: moró sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro, y también estaban dos querubines gigantes de madera de olivo cubriendo el propiciatorio, cubriendo también el arca completa, dos querubines de olivo gigantes, y sobre el arca dos querubines de oro, dos olivos, dos querubines de olivo, de madera de olivo cubiertos de oro. El olivo, madera de olivo: la naturaleza, lo humano; y el oro: la presencia de Dios, Dios, la Divinidad.

“...va creciendo para ser un templo santo en el Señor...”

Ese Templo va a ser dedicado al ser completada su construcción con la construcción del Lugar Santísimo con piedras vivas, seres humanos, que estarán en esa etapa o Edad del Lugar Santísimo, que es la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular. Tan sencillo como eso.

Por eso la Venida del Señor en la dedicación de ese Templo, la Venida de la presencia del Señor, de Dios, será en el Día Postrero; lo cual será la Segunda Venida de Cristo viniendo a Su Templo, a Su Iglesia, en el Día Postrero. Es el Templo que hay, porque ya el de Jerusalén fue destruido, y está siendo construido un Templo espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

“...en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios.”

Esto lo aclara también San Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 5 en adelante. Dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo. ¿Y quién es la cabeza de esa Casa? Cristo. ¿Y sobre quién y sobre qué, Dios ha colocado a Cristo? Dice:

“...pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros...”

Cristo es el que está sobre Su Casa. Él es el Padre de familia que se fue a un lugar lejano (al Cielo) para recibir un Reino, lo cual recibirá. Ya recibió el Reino celestial, porque se sentó en el Trono de Dios celestial, pero falta recibir el Reino terrenal, el Reino de David y Trono de David.

Cuando Él se levante del Trono celestial y se presente para recibir el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, ahí Él reclamará el Reino de David como el heredero del Reino de David y llevará a cabo Su Obra de Reclamo, en donde reclamará también a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Él también redimió a Israel y por consiguiente va a reclamar a Su pueblo. Él es el Redentor, el Salvador de Israel, porque es Dios en Su cuerpo angelical y Su cuerpo físico glorificado, que se manifestará en el Día Postrero en medio de Su Iglesia y luego con Israel.

Por eso cuando los judíos, y sobre todo los rabinos, hablan acerca de la Venida del Mesías el cual están esperando, ellos reconocen que será un hombre del tiempo en que se cumpla esa promesa.

Y ahora, hemos visto el principio de la Creación de Dios, que es Cristo: El cuerpo físico que nació, fue creado en el vientre de María, y nació y moró Dios en Él en toda Su plenitud. Esa es la creación física de Dios, la parte física, el cuerpo físico, cuerpo humano o semejanza física de Dios.

Es como cuando usted ve una persona en cuerpo físico y dice: “Vi a fulano de tal.” Y por consiguiente, el que ve a Jesucristo y los que vieron a Jesucristo, estaban viendo a Dios en Su cuerpo físico, Su cuerpo de carne que fue creado por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, Emanuel, Dios con nosotros.

Por eso San Juan, capítulo 1, verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros...”

Y cuando fue hecho carne y habitó en medio de la raza humana allá en medio de Israel, fue llamado Jesús, que significa Salvador, Redentor.

“...(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan (el bautista) dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.”

Y nació como seis meses después de Juan el Bautista, y Juan dice que era primero que Juan, que él. ¿Por qué? Porque Él es el Verbo. [San Juan 1:1]:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (era Dios en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico).

Este era en el principio con Dios.”

O sea, que Su cuerpo teofánico era con Dios, estaba con Dios, y Dios estaba en Él.

Y luego el verso 18 dice, de San Juan, capítulo 1:

“A Dios nadie le vio jamás...”

Y en el Antiguo Testamento muchas personas dicen que vieron a Dios. Job oyó a Dios también en el torbellino o tornado. Abraham comió con Elohim, con Dios. Abraham pagó los diezmos a Melquisedec en el capítulo 14 del Génesis; en el capítulo 17 y 18 comió con Elohim, con Dios, y los Arcángeles Gabriel y Miguel. Y Jacob en el capítulo 32 del Génesis, verso 24 al 32, luchó con el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, y después le puso por nombre, al lugar donde tuvo esta experiencia... Capítulo 32, verso 30, dice:

“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”

Por lo tanto, aquí el nombre que le coloca es Peniel, que significa: “El Rostro de Dios,” o “Rostro de Dios,” vio a Dios cara a cara.

Y Manoa, en el capítulo 13 del libro de los Jueces, dice: “Hemos de morir (le dice a su esposa) porque hemos visto a Dios.” Habían visto a Dios cara a cara, porque el que veía al Ángel de Dios en el cual estaba Dios, estaba viendo a Dios en Su cuerpo angelical.

Y luego en el capítulo 1 de San Juan que hemos leído, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo (el unigénito, el único)... el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

O sea, que Cristo y por medio de Cristo en Su cuerpo angelical y luego por medio de Cristo en Su cuerpo físico, fue dado a conocer Dios. Dios se dio a conocer por medio de Cristo, Jesucristo dio a conocer a Dios: Jesucristo en Su cuerpo angelical dio a conocer a Dios en el Antiguo Testamento, y Jesucristo en Su cuerpo físico, teniendo Su cuerpo angelical dentro y teniendo a Dios dentro, dio a conocer a Dios.

Por medio del Espíritu Santo es que se sabe la forma de Dios pensar. “Nadie conoció la mente de Dios sino el Espíritu de Dios.” Y nadie conoce la mente suya, sino... nadie conoce la mente y pensamientos de la persona, sino el espíritu de la persona, o sea, su cuerpo espiritual. Y así es con Dios también; y el cuerpo espiritual de Dios, cuerpo angelical, es Cristo en Su cuerpo angelical, ese cuerpo teofánico.

Por lo tanto, dice:

“Antes bien, como está escrito...”

Esto es Primera de Corintios, capítulo 2, verso 9 en adelante, dice:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu (la revelación de Dios viene por el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios); porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,

lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.”

Y ahora: Es por medio del Espíritu Santo, el cual escudriña todo lo escondido de Dios. Los pensamientos de Dios solamente pueden ser conocidos por el Espíritu Santo, y Él es el que los da a conocer; y así es como el ser humano puede conocer los pensamientos del Creador, de Dios.

Y a los hijos e hijas de Dios le han estado siendo revelados los pensamientos de Dios el Padre, por medio del Ángel del Pacto, el Espíritu Santo; y han estado obteniendo el conocimiento del misterio de Dios, el conocimiento divino, y obteniendo el conocimiento de Dios el Padre, y de Cristo: De Dios el Padre, y de Cristo, en Su cuerpo angelical; y de Dios el Padre en Su cuerpo físico también, que es el cuerpo físico que fue crucificado en la Cruz del Calvario; y obteniendo el conocimiento también del cuerpo glorificado de Dios, que es Cristo resucitado glorificado.

Y ahora, el principio de la Creación de Dios es Jesucristo, pues Él mismo lo dice aquí en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14. Dice:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto.”

Y ahora, el principio de la Creación de Dios es Su cuerpo físico creado en el vientre de la virgen María, para llevar a cabo la Obra de Redención. Y Él es, Jesucristo es el que dio principio a la Creación de Dios estando en Su cuerpo teofánico, cuerpo espiritual.

Estando en Espíritu Santo, que es la imagen del Dios viviente, Dios el Padre por medio de Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, creó todas las cosas, por medio de Él y para Él; y también habló por medio de Él al pueblo.

Por lo tanto, la creación también de la Iglesia, es llevada a cabo por medio de Dios, por Dios a través o por medio de Cristo en Su cuerpo angelical y Su cuerpo físico.

O sea, que es un Programa en donde está incluido el cuerpo angelical de Dios, que es Cristo en Espíritu Santo, y Su cuerpo físico creado por Dios a través de Su Espíritu Santo en el vientre de María, para llevar a cabo la Obra de Redención.

Es un misterio, pero es sencillo. Es todo sencillo si la persona no lo complica. Si lo complica, nunca lo va a entender. Si no lo complica, lo va a entender; porque Dios es simple, obra en simplicidad; y las personas tienen que ser simples para recibir la revelación de Dios por medio de Su Espíritu Santo en el tiempo que les toca vivir.

Fue simple la forma en que Dios se manifestó desde el Génesis hasta Malaquías, por medio de Sus profetas. A través de Su Espíritu, Dios por medio de Sus profetas, le habló al pueblo; y por medio de un profeta: Jesús, se reveló en toda Su plenitud y llevó a cabo la Obra de Redención.

Vean lo sencillo que fue la Primera Venida de Cristo, la Venida del Mesías, y pocos entendieron porque todo fue tan sencillo, tan simple, que no lo podían creer. Es que Dios es tan grande, que siendo tan grande se hace tan simple, para que los sencillos puedan obtener la revelación divina.

Así va a ser, sencilla, la Segunda Venida de Cristo para Su Iglesia y después para Israel; por eso es que los judíos están esperando al Mesías, a un hombre del tiempo en que se cumpla esa promesa; y por eso es que Cristo dice que también iban a surgir muchas imitaciones, muchos falsos cristos, falsos ungidos.

Cristo lo que significa es ungido; por lo tanto aparecerían muchas falsos cristos. Pero no puede haber una imitación, no puede haber algo falso si no hay algo verdadero. Para que usted consiga un billete, sea del país que sea, falso, tiene que haber uno genuino del cual hayan hecho una copia.

Por lo tanto, cuando surgen muchos anticristos, es porque hay algo correcto que va a venir; y para los días de Jesús antes de Jesús aparecer, hubo falsos cristos, falsos mesías (Teudas y Judas), que llevaron muchos discípulos; murieron y todo se terminó. Pero el verdadero Mesías, Cristo, vino, murió, resucitó, subió al Cielo, se sentó en el Trono de Dios y Su Obra permanece para siempre; cada día son más los creyentes en Cristo.

Todo tendrá una culminación en el Día Postrero, como hubo una culminación allá en el tiempo de Jesús. En el Templo humano se cumplió la redención; a través de ese cuerpo humano se llevó a cabo la redención. Para este tiempo final es la Iglesia del Señor Jesucristo la que tiene la promesa de la Venida del Señor para llevarla a la Cena de las Bodas del Cordero, para lo cual tiene que transformar a los creyentes que estén vivos, y a los que murieron los tiene que resucitar para todos tener cuerpos iguales al de Jesucristo, a imagen y semejanza de Cristo, cuerpos glorificados para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Iglesia tiene la promesa de que va a recibir la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; la fe, la revelación, que está contenida en los siete truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que Juan escuchó y le fue prohibido escribir.

Eso le va a ser dado a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo; porque los Siete Truenos, la Voz de Cristo hablando consecutivamente por siete ocasiones, contiene el misterio de Su Segunda Venida, contienen el misterio por lo cual hubo silencio en el Cielo como por media hora en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante; y Apocalipsis, capítulo 10, ya Él tiene el Libro en la mano, abierto, el cual toma en el capítulo 5 del Apocalipsis, y lo trae a la Tierra para Su Iglesia, para darle la revelación contenida en esos Siete Truenos; y darle, por consiguiente, la fe, la revelación para Su transformación y rapto o arrebatamiento al Cielo para estar o ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

También la Iglesia tiene la promesa de que la Tercera Etapa, lo cual vendrá por la Palabra creadora siendo hablada, será, ya no en un idioma ni alemán, ni inglés de Inglaterra, ni inglés de Norteamérica, sino en un idioma desconocido al inglés; y por lo tanto, habrá un idioma que estará siendo usado, a través del cual Cristo estará hablándole a Su Iglesia todo eso que contienen los Siete Truenos de Apocalipsis, y le estará dando así la fe para ser transformados.

O sea, que la Tercera Etapa donde la Iglesia recibe la fe para ser transformada, será en un idioma desconocido al reverendo William Branham, porque no hablaba ese idioma donde los Truenos emiten sus voces en otro idioma, y donde la Tercera Etapa estará hablándole a Su Iglesia.

Y él vio una gran Carpa-Catedral en donde se estaba llevando a cabo un culto, una actividad de predicación y llamamiento al altar. No era su tabernáculo, no era su iglesia, no era su carpa, pues él llegó allí y estaba en el aire, lo cual muestra que estaba en otra dimensión; no estaba en cuerpo físico, sino que él fue a un lugar, fue llevado a un lugar donde estaba llevándose a cabo, se estaban llevando a cabo actividades bajo una gran Carpa-Catedral, de la cual dice que parecía una carpa y parecía una catedral, un edificio.

O sea, que tenía características de un edificio, de una catedral, y tenía características de una carpa; si hubiera sido solamente una carpa, entonces ya no era un edificio sino una carpa de lona, de lo que lo hicieran, pero diferente a un edificio.

Por lo tanto, él dice que será en una gran Carpa-Catedral donde la Tercera Etapa va a estar manifestada, y también él dice que la Tercera Etapa, en la Tercera Etapa se van a ver las cosas que fueron vistas en parte, el poder de Dios manifestado a través del ministerio del reverendo William Branham, dice que eso que fue visto en parte, va a ser visto, va a ser manifestado en toda Su plenitud cuando venga la apretura.

Por lo tanto, vigile la apretura; pero antes que llegue la apretura oremos para que aparezca la Carpa-Catedral que está prometida, porque es ahí donde va a haber una gran bendición para los creyentes en Cristo para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Es ahí donde el poder de Dios va a estar presente, donde Cristo en Espíritu Santo va a estar presente, donde el Ángel que acompañaba al reverendo William Branham va a estar allí presente también; y va a estar también ahí presente el reverendo William Branham, pero eso no lo vamos a explicar por el momento; eso vamos a dejar que llegue el momento correcto para hablar de ese tema, o cuando todo esté ocurriendo saber que algo grande se estará moviendo.

Habrá un cuarto pequeño, lo cual ya está señalado en la Visión de la Carpa; por lo tanto, en algún lugar... y no puede ser donde se cumplió la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, porque ya el Espíritu Santo se fue de esos lugares. Hay que localizar a dónde se fue el Espíritu Santo, porque ahí va a estar el ministerio que Dios va a usar para el cumplimiento de esa visión, y ahí se va a cumplir todo lo que está prometido porque es un programa, un proyecto divino.

Serán bendecidos todos los que estarán brazo a brazo en ese Programa Divino, en ese proyecto divino; y tenemos que ser conscientes también que habrá personas que se levantarán en contra de lo que Dios ha prometido para este tiempo final, para ser llevado a cabo en medio de Su Iglesia en el territorio al cual corresponda la etapa final de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Pero los hubo en el tiempo de Moisés, los que se levantaron en contra, y algunos se los tragó la tierra; en este tiempo se los tragará la gran tribulación o también se los puede tragar la tierra en un terremoto, o en un maremoto se los puede llevar el maremoto o tsunami, como se llevó a los que no creyeron en el tiempo de Noé; y así por el estilo va a suceder con los que se levantarán en contra.

Pero los que estarán brazo a brazo con el Programa Divino serán bendecidos y serán reconocidos como los hijos e hijas de Dios que serán preparados para ser transformados y raptados, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos en el tiempo correspondiente al Día Postrero, o sea, al milenio postrero o séptimo milenio. Es en este séptimo milenio que todas esas promesas van a ser cumplidas; por lo tanto, la Iglesia tiene que subir de la séptima edad a otra etapa de la Iglesia, que es la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular. Y así como hubo un territorio para cada edad en donde surgía la edad, y de ahí se extendía a otras naciones, habrá un territorio donde surge, donde tiene que surgir la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, y de ahí extenderse a otras naciones.

Están escritos en el Cielo los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete sellos que Cristo toma en Apocalipsis 5, lo abre en Apocalipsis 6 al 8, y luego en Apocalipsis 10 lo trae a la Tierra abierto y lo entrega a un hombre; allá lo entregó a Juan el apóstol, el cual representa a la Iglesia y sus mensajeros.

Por lo tanto, en alguna etapa de la Iglesia, la etapa de Edad de Piedra Angular, ahí lo traerá Cristo y lo entregará a Su Iglesia en la forma que Él está acostumbrado a hacerlo, como el mensaje de cada edad lo trajo y lo entregó al mensajero, y el mensajero lo entregó a la Iglesia. “Porque no hará nada el Señor sin que revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas.” Y el contenido de esos Truenos es el secreto más grande, por lo tanto lo va a hacer en la misma forma. Y habrá un pueblo que escuchará, creerá y recibirá esa Palabra revelada para este tiempo final.

Por lo tanto, lo primero que veremos en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, será la Palabra siendo revelada; y Dios más adelante respaldará con señales y maravillas esa Palabra que estará siendo revelada. Eso se los digo para que sepan que primero tiene que venir la Palabra: la Palabra ser hablada, ser revelada, y después es que vendrán las señales que fueron vistas.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

Hemos visto cómo fue el principio de la creación de los Cielos y de la Tierra, Dios por medio de Su cuerpo angelical teofánico, Dios por medio del Verbo, que es Cristo en Su cuerpo angelical; y la creación, el principio de la creación, la creación de Dios, como nos dice Apocalipsis 3, verso 14.

El principio de la creación de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo creado por Dios para Él habitar en él como una persona, como un ser humano, y por consiguiente como un profeta, como Hijo del Hombre.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

La Creación ha continuado: Dios por medio de Cristo creando, llevando a cabo esa nueva Creación, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, a la cual pertenecen todos los que son una nueva creación, una nueva criatura. Nueva, es nueva.

Si no fuera por medio de creación divina, si no fuera por medio del nuevo nacimiento, sería la misma creación mortal; pero esta nueva creación es con vida eterna, la cual imparte Cristo a todos los creyentes en Él que lo escuchan, que escuchan Su Palabra: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 1 al 30).

Si hay alguna persona que todavía no había escuchado la Voz de Dios o no había nacido la fe de Cristo en su alma, y ahora al escuchar la Palabra nació la fe de Cristo en su alma y quiere vivir eternamente con Cristo, puede pasar adelante para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Todavía no se ha cerrado la puerta de misericordia y por consiguiente se le da la misma oportunidad de siempre a todas las personas. Cuando se cierre la puerta, cuando el Padre de familia se levante y haya cerrado la puerta, ya no habrá oportunidad para entrar a formar parte del Templo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, ya no habrá tiempo, oportunidad para entrar a la Casa de Dios.

Por lo tanto, pueden pasar al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Casa, en su Cuerpo Místico de creyentes.

Los que están en otros países también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Casa, en Su Cuerpo Místico de creyentes.

Recuerden que Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Cristo está en Su Casa, en Su Iglesia, y por consiguiente en Su Palabra, la cual está en Su Iglesia, recibiendo a todos los que le reciben como único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en diferentes naciones, diferentes lugares. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti. Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí, el nuevo nacimiento.

Señor, sálvame. Haz realidad Tu salvación en mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona escucha la predicación del Evangelio, recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque estábamos en Cristo eternamente, como simiente de Dios, semilla de Dios; pasamos por esas etapas y ahora hemos aparecido en este tiempo en esta Tierra; nuestra alma estaba en Cristo, de Cristo hemos venido a esta dimensión terrenal.

Por lo tanto, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Y el domingo próximo nos veremos nuevamente para... viernes también estaremos aquí ¿a las 6:00 de la tarde...? (Ahí él les hace el anuncio de nuevo porque veo una mano y un dedo... ¡Ah! Es que puso unos números... eso es como que dice cinco menos uno).

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde; y ya sabemos, conocemos el principio de la creación de los Cielos y de la Tierra cómo fue hecha: Por medio de Cristo en Su cuerpo angelical Dios la hizo, Dios habló por medio del cuerpo angelical, cuerpo teofánico; y el cuerpo físico de Dios, de carne, el cuerpo, la semejanza física de Dios, ya sabemos que es Jesucristo el principio de la Creación de Dios, Él es ese principio de la Creación de Dios; y luego cada creyente en Cristo ha venido de ahí: estábamos en Cristo.

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” Esa nueva criatura pertenece a una nueva Creación, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, la simiente de Dios, los elegidos de Dios, predestinados de Dios, escogidos de Dios, como les quieran llamar.

¿Y esos son quiénes? Los creyentes en Cristo. Todos nosotros. Los que estamos aquí y los que están en otras naciones o en otros lugares, en diferentes sitios del planeta, creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar; y hasta el viernes y domingo, Dios mediante; y si hay algún otro día, él les dirá también.

Así que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter