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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y también los que están en otros países, ministros, iglesias: Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en San Juan capítulo 3, versos 1 al 7, donde nos dice:

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LOS REQUISITOS PARA ENTRAR A LA TIERRA PROMETIDA.”

Lo que leímos fue tipificado también en diferentes Escrituras y en diferentes eventos en medio de la familia de Abraham, de Abraham y su descendencia.

Toda persona desea entrar al Reino de Dios, toda persona desea la salvación y vida eterna, pues somos conscientes de que existimos, de que somos seres humanos y queremos vivir muchos años y en buena salud; y sobre todo, queremos vivir eternamente.

Si por medio de alguna vitamina, de algún medicamento, la persona pudiera obtener la vida eterna, toda persona daría todo lo que tiene, todas sus riquezas, para comprar ese producto y vivir eternamente, daría todo; porque lo más importante es la Vida.

Le podrían preguntar a la persona: “¿Pero cómo tú vas a dar todo lo que tienes? ¡Te vas a quedar sin nada!” La persona le diría: “Yo daría todo lo que tengo, y después, si en tan poquitos años obtuve todo esto, ¡cómo será viviendo eternamente!”

O sea, que la vida eterna es lo más importante, lo más que tiene valor. Tiene tanto valor que Dios envió a Jesucristo Su Hijo, para morir por nosotros en la Cruz del Calvario y otorgarnos vida eterna:

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Así que no hay precio para la vida eterna. Y para darnos vida eterna Él pago el precio con Su propia vida. Ese fue el propósito de Su Venida a la Tierra, dos mil años atrás, en medio del pueblo hebreo. Él vino como el pariente redentor de la raza humana.

A través de la Escritura encontramos que nos dice que Jesús es el Salvador del mundo. Si Jesucristo no moría en el día que lo hizo, toda la raza humana tenía que morir.

Por eso en la parábola que Él dio en San Juan, capítulo 12, verso 24, donde dice: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si (cae en tierra) muere, lleva mucho fruto.”

Mucho fruto: muchos hijos e hijas de Dios. La planta de trigo es la Iglesia y el grano de trigo que tenía que morir era Jesucristo; y los granos de trigo (todo el fruto que llevaría) son los creyentes en Cristo que han nacido en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, que ha producido el nuevo nacimiento en toda persona que ha recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, y ha sido bautizado en agua en el Nombre del Señor; y Cristo lo ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en la persona el nuevo nacimiento; y así ha sido añadido a la Iglesia del Señor Jesucristo (la planta de trigo) como un grano de trigo en la planta de trigo, igual al grano de trigo que fue sembrado en tierra, igual a Jesucristo.

Por eso Cristo llama a los creyentes en Él, que forman Su Iglesia: Sus hermanos más pequeños; los cuales y de los cuales dice que son como los ángeles en el Reino de Dios, en la resurrección; y también dice que su Padre celestial ve – que los ángeles de ellos ven el rostro de su Padre celestial. Sus ángeles: sus cuerpos angelicales.

Y ahora, eso está por ahí por el capítulo 10 de San Mateo, donde habla de los ángeles que tienen los creyentes en Cristo. Los ángeles —de cada creyente en Cristo— los cuidan en sus etapas de peligro.

Y ahora, cada creyente en Cristo teniendo su ángel es identificado como un miembro de los cielos, como nos dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21: “Porque vuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, el cual transformará el cuerpo,” nuestro cuerpo. ¿Y cómo lo dejará? Dice: “Para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya.”

“…El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para transformar nuestros cuerpos y para resucitar a los muertos creyentes en Él, lo cual Él representó resucitando a Lázaro en San Juan, capítulo 11, versos 21 en adelante; y dijo que todo aquel que en Él cree, no morirá eternamente.

Por lo tanto, estas personas que han recibido a Cristo como Salvador: han entrado al Reino de Dios. “El que no nazca de nuevo, del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios,” le dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3; y el que nace del Agua, o sea, del Evangelio, y del Espíritu Santo, sí entra al Reino de Dios; el que no puede entrar es el que no nace del Agua y del Espíritu.

Por lo tanto, se requiere el nuevo nacimiento para entrar a la Tierra Prometida del Reino de Dios. La Tierra Prometida como reino: Reino de Dios. Ese es el Reino que Cristo dijo que les sería dado a los creyentes.

En San Lucas dice: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.”

El Reino de Dios, dice San Pablo en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

Así como en un granito de trigo está creado una planta de trigo con muchos granos de trigo; y no solamente una planta, sino toda la reproducción que se haga de ese grano de trigo; toda la reproducción que siga como producto de ese grano de trigo, es parte de lo que estaba creado en el grano de trigo. Como en una semilla de aguacate hay un árbol de aguacate con muchas hojas, muchas ramas y muchos aguacates, pero usted lo que ve es una semilla de aguacate.

Igual que en un huevo de gallina (que sea del gallo y de la gallina), hay un pollito con muchos huevos y muchos pollitos que se van a reproducir en más pollitos, y luego cuando llegan a su tiempo de reproducción se reproducen en más pollitos, y así por el estilo.

O sea, que con un sólo huevo (que sea de un gallo y de una gallina) se puede llenar un país completo, de muchos pollitos, muchas gallinas, gallos y así por el estilo; y con un árbol – con una semilla de aguacate, se puede poblar el planeta Tierra de árboles de aguacate con aguacates. Lo que se necesita es uno sólo.

Y para la reproducción y manifestación de los hijos e hijas de Dios, se necesitó un sólo hijo de Dios: Jesucristo. Y para la creación del universo completo, del mundo visible y del mundo invisible, se necesitó uno sólo: a Jesucristo, en el cual y a través del cual Dios en Su cuerpo angelical, que es Cristo en Su cuerpo angelical, habló a existencia todas las cosas. Por eso, vean lo que dice:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas...”

“Toda planta que no sembró mi Padre celestial, será desarraigada (y echada al fuego).” [San Mateo 15:13] O sea, todo lo que no estaba en Cristo, va a desaparecer.

Cristo le imparte vida eterna a todo lo que estaba en Él desde antes de la fundación del mundo. Esos son los hijos e hijas de Dios que estaban escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Y así como de Él surgió toda la Creación, de Él también hemos nosotros venido porque estábamos en Él. Por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” ¿A quién le da vida eterna Cristo? A Sus ovejas que el Padre le dio, las cuales estaban en Cristo.

Por eso cuando las Escrituras nos hablan de que estábamos en Cristo: estábamos en Él, éramos un pensamiento divino colocado por Dios en Cristo para venir a existencia; y hemos venido a existencia en este tiempo que nos ha tocado, pero hemos venido con cuerpos mortales para pasar esta temporada aquí en la Tierra y hacer contacto con la vida eterna, con Cristo; porque este es el lugar donde está el Programa Divino de la creación de esa raza con vida eterna, de esa reproducción de Cristo, el Hijo de Dios; es aquí en la Tierra donde está el Programa Divino llevándose a cabo.

Por eso hemos tenido que venir a esta Tierra, aquí es donde Él nos ha colocado en alma y espíritu y cuerpo: para hacer contacto con Cristo por medio de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y saber para qué hemos venido a la Tierra y para qué Él vino a este planeta Tierra y murió en la Cruz del Calvario.

Es por medio del Evangelio que el ser humano puede saber, puede conocer la Primera Venida de Cristo y la Obra que llevó a cabo en la Cruz del Calvario; y puede, por consiguiente, saber que toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo tiene la oportunidad de obtener la vida eterna.

El mismo Cristo dijo [San Marcos 16:15-16]:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

O sea, que uno de los requisitos para ser salvo y entrar, por consiguiente, a la Tierra Prometida del Reino de Dios, es escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, escuchar el Evangelio de Cristo, creer en el Evangelio de Cristo y recibirlo como único y suficiente Salvador.

Algunas veces la persona está escuchando la predicación del Evangelio de Cristo leyendo la Escritura, otras veces lo está escuchando a través de algún predicador; pero normalmente es a través de un predicador en donde se le da la oportunidad de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para luego ser bautizado en agua en el Nombre del Señor. La persona misma no se puede bautizar; es una persona asignada para bautizar, la que lo puede bautizar.

En una ocasión San Pablo estuvo preso con su compañero de ministerio, Silas, y estaban cantando en la cárcel, y el carcelero escuchando. Y hubo un temblor o terremoto, las puertas se abrieron, de la cárcel; y el carcelero sacó la espada para matarse, pensando que ya se habían ido todos los presos y eso era pena de muerte en el imperio romano.

Y Pablo y Silas le dicen: “No te hagas daño, todos estamos aquí.” Y entonces vino el carcelero a los pies de Pablo y Silas y les pregunta: “Señores, ¿qué haré para ser salvo?” San Pablo le dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Y esa misma noche se lo llevó a su casa, les lavó las heridas (de los azotes que le habían dado a Pablo y a Silas), fue bautizado en el Nombre del Señor, él y su familia, a la cual San Pablo les habló también el Evangelio, y luego cenaron allá en la casa del carcelero.

Toda persona desea saber cómo ser salvo, desea saber cómo puede vivir eternamente; porque la vida en estos cuerpos mortales es muy corta.

Hemos escuchado que la ciencia ha dicho que le ha alargado la vida a los seres humanos. Los seres humanos, luego del pecado en el Edén, vivieron 900 y algo, de años, como Matusalén: 969 años; así por el estilo, Adán también: 800 y algo, de años; también encontramos a Noé, que vivió unos 800 y algo, de años, como 850 años; y así por el estilo, vivían más de 500 años.

Después del diluvio fue bajando la cantidad de años, pero Noé como vivió antes del diluvio, luego le fueron añadidos unos 350 años más. Cuando el diluvio, Noé tenía 600 años, y luego vivió 350 años después del diluvio. Y luego así por el estilo, encontramos diferentes personas que vivieron sobre 500 años.

Luego fue bajando la cantidad de años para las personas, hasta que hubo un tiempo en que bajó tanto el tiempo de vida de los seres humanos, en muchas naciones, que hasta bajó de los 70 años; y todavía hay naciones que no llegan a 70 años la mayoría de las personas.

La ciencia luego, ha ayudado mucho a aumentar un poco la cantidad de años, porque han logrado combatir enfermedades que acortan la vida del ser humano; y por consiguiente, ha ido aumentando del nivel tan bajo que había llegado. Pero la ciencia no ha logrado que el ser humano viva 500 años o 900 años, solamente Dios es el único que lo puede hacer.

Tenemos a Enoc que siguió viviendo, se lo llevó Dios; tenemos al profeta Elías, que continuó viviendo; tenemos a Moisés, que se lo llevó el Arcángel Miguel, y luego apareció con Elías en el Monte de la Transfiguración; tenemos a Jesucristo que murió, fue sepultado y resucitó, y en Su cuerpo resucitado, glorificado, está tan joven como cuando subió al cielo; porque la resurrección es en cuerpo glorificado, de Cristo hacia acá, para los creyentes en Cristo que mueren y son resucitados, y serán resucitados conforme a Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 en adelante, y también Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58. Y esto será para el Día Postrero, conforme a como el mismo Jesucristo lo enseñó en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40 cuando dijo… versos 35 al 40 vamos a leer. Dice:

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Cuándo Cristo resucitará a los creyentes en Él que hayan muerto? Él dice que será en el Día Postrero. Por eso es que cuando estuvo hablando con Marta la hermana de Lázaro, en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 en adelante, Cristo le dice a Marta: “Tu hermano resucitará.”

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. (Capítulo 11, verso 23 en adelante).

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

O sea que Marta, una discípula de Jesucristo, al igual que María su hermana y Lázaro, sabían que la resurrección será llevada a cabo en el Día Postrero, que es el milenio postrero para los seres humanos; y el Día Postrero delante de Dios es ese séptimo milenio. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Un Día delante del Señor, para los seres humanos es un milenio.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Es importante saber y creer que Jesucristo es el hijo de Dios que ha venido al mundo, ¿para qué?, para morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Para esas personas es que está prometida la otorgación de la vida eterna; si muere físicamente, no morirá eternamente, será resucitado en el Día Postrero. No sabemos en qué año del Día Postrero, en qué año del milenio postrero, del séptimo milenio. No sabemos en qué año, pero en alguno de los años del séptimo milenio ocurrirá la resurrección.

¿Cuándo? Le voy a decir cuándo: Cuando haya entrado al Cuerpo Místico de creyentes el último escogido. Cuando haya entrado el último que está escrito en el Libro de la Vida del Cordero al Cuerpo Místico de Cristo, Cristo habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo, saldrá del Trono de Intercesión, cambiará de Sumo Sacerdote a Rey y Juez, y tomará el título de propiedad, el Libro sellado con siete sellos (de Apocalipsis capítulo 5), lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo; y lo traerá a la Tierra en Apocalipsis 11 para colocarlo en el Cuerpo Místico de Cristo, Su Iglesia.

Juan representa a la Iglesia del Señor recibiendo el título de propiedad, el Libro sellado con siete sellos, el título de propiedad de la vida eterna, el título de propiedad de toda la Creación.

Y Cristo en Su Iglesia siempre ha tenido diferentes mensajeros y siempre ha venido la Palabra para cada etapa —de parte de Dios por medio del Espíritu Santo— al mensajero que Él tiene para ese tiempo; él la recibe y la predica, la da a conocer a la Iglesia de esa etapa; y así la Iglesia viene a obtener la Palabra correspondiente a su tiempo. Así será para nuestro tiempo también.

Dios tiene los canales, los ministerios correspondientes, para cada tiempo traer Su Palabra: “Porque no hará nada el Señor sin que antes revele sus secretos a sus siervos sus profetas.”

Por eso ha tenido en Su Iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Cuando viene la Palabra para una edad, entonces de ahí, del que la recibe (que es el mensajero de esa edad), pasa a todos los demás que tienen los diferentes ministerios para que sea colocada en medio de la Iglesia, para que todos estén al tanto de la Palabra de Dios para ese tiempo.

Así será para nuestro tiempo y así será la forma en que estaremos recibiendo la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Entraremos a la Tierra Prometida del cuerpo eterno, inmortal y glorificado, así como hemos obtenido la redención espiritual y hemos obtenido la vida eterna; tenemos vida eterna en nuestra alma y también vida eterna en nuestro espíritu, y nos falta vida eterna en el cuerpo físico.

Ya hemos entrado al Reino de Dios en la esfera espiritual, espiritualmente estamos en el Reino de Dios, en esa Tierra Prometida, y ahora nos falta la forma física, que será cuando seamos transformados: Entraremos a esa tierra nueva, a esa tierra prometida, a ese cuerpo prometido, y por consiguiente entraremos físicamente al Reino de Dios, a la Tierra Prometida también del Reino de Dios.

Estamos viendo la Tierra Prometida como el nuevo nacimiento, la Tierra Prometida como la entrada al Reino de Dios en la esfera espiritual; y también estamos viendo la entrada a la Tierra Prometida: la redención del cuerpo o transformación del cuerpo y también el rapto, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Tierra Prometida del Reino de Dios, a la Casa del Padre celestial, para estar en la fiesta más importante que se ha llevado a cabo en el Cielo: la Cena de las Bodas del Cordero, la Cena de la unión de Cristo con Su Iglesia-Novia. Y eso está muy cerca de suceder.

Estamos vigilando por Su Venida y estamos vigilando por todo lo que Él ha prometido para Su Iglesia para el Día Postrero, para este tiempo final.

Él vindicará, vivificará, todo lo que Él ha prometido; lo vivificará, lo cumplirá, lo hará una realidad, lo materializará para todos los creyentes en Cristo, los cuales están en el Reino de Dios en la fase espiritual. Porque hemos salido del reino de las tinieblas, del reino del enemigo de Dios, el diablo, así como salió Israel de Egipto y fue llevado por el desierto hasta que fue colocado en la tierra prometida.

En lo espiritual ya hemos entrado a la Tierra Prometida. Estamos, en otro sentido también, en la etapa del recorrido desde el Día de Pentecostés, del recorrido de Israel por el desierto, que corresponde a las siete etapas o edades de la Iglesia; y hemos entrado a la Tierra Prometida de la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Edad de la Piedra Angular; y la Piedra Angular es Cristo. Y por consiguiente, esta es la edad para la Venida del Señor Jesucristo en el Día Postrero.

Las otras edades no pasan al Día Postrero, sino que se quedan antes del Día Postrero; pero la Iglesia pasa a la edad que entra al Día Postrero, que es la Edad de la Piedra Angular.

Y así como a Moisés le sucedió Josué, y Dios le dijo a Josué que él pasaría el pueblo a la tierra prometida y le repartiría la herencia el pueblo... Josué representa al Espíritu Santo y Caleb representa a los creyentes en Cristo que siguen con Josué, con el Espíritu Santo, en la trayectoria para la entrada a la Tierra Prometida.

Les dije que en el campo espiritual ya hemos entrado a la Tierra Prometida del Reino de Dios, pero nos falta la entrada en lo físico; para lo cual seremos transformados. Estando vivos, habrá un grupo de creyentes en Cristo que no verá muerte, sino que pasará como Israel pasó a través del Jordán, en seco, sin ver muerte. Y esos serán los creyentes del Día Postrero que estarán en la edad correspondiente a la adopción, la edad para la adopción, que es la Edad de la Piedra Angular.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, estamos en el tiempo como los días de Noé, en un tiempo como los días de Lot, en un tiempo, por consiguiente, como los días de Abraham; y en un tiempo como en los días del Señor Jesucristo.

En los días del Señor Jesucristo se estaba viviendo en la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular de Israel; Israel estaba en la etapa de la Piedra Angular, y por eso llegó la Piedra Angular, o sea, Cristo, la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, que estaba prometida para venir en aquellos días.

Él es la piedra no cortada de manos que vio Daniel en el capítulo 2 de su libro, y esa piedra angular es la Segunda Venida de Cristo que está prometida para el Día Postrero. Eso va a causar un cambio de gobierno mundial en este planeta Tierra: cambiará del reino de los gentiles al Reino de Dios, al Reino del Mesías.

Hay un Programa Divino que se ha estado llevando a cabo; y algunas personas no se han dado cuenta o no han comprendido lo que está pasando, y piensan que Dios se olvidó de la raza humana, piensan que Dios no está haciendo nada; pero sí, ¿qué está haciendo Él? Llevando a cabo Su Programa, cumpliendo lo que Él ha prometido para cada tiempo, para cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo, así como hacía con Israel.

En Israel se reflejó la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea, que Israel es el tipo y figura, la sombra, de la Iglesia del Señor Jesucristo bajo un Nuevo Pacto, así como ellos estaban bajo el Pacto que Dios les dio por medio del profeta Moisés.

Y ahora los requisitos para entrar a la Tierra Prometida: escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en su alma, creer, recibirlo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre, y que Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona el nuevo nacimiento.

Se requiere entonces, el nuevo nacimiento: el que no nazca de nuevo del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.

Hay personas que quieren entrar al Reino de Dios y quieren vivir eternamente sin cumplir o sin tener el cumplimiento de los requisitos para entrar al Reino de Dios y obtener la vida eterna. No es como la persona quiera sino como Dios ya estableció.

Hay personas que están escritas en el Libro de la Vida del Cordero, eso corresponde a los que recibieran a Cristo como único y suficiente Salvador. También está la otra parte del Libro de la Vida, donde hay personas pero que pueden ser borradas algunas personas. Pero los que están en la parte o sección del Libro de la Vida del Cordero, esos son los elegidos, los hijos e hijas de Dios que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo. Esos no se pueden perder.

Si no se comportan bien, tendrán problemas; dice San Pablo que son juzgados por el Señor y son castigados para que no se pierdan sino que vengan al arrepentimiento, y entonces Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado.

Ahora, habrá también algunos en otra sección que pueden ser borrados de esa parte del Libro de la Vida. Todo el libro es el Libro de la Vida, pero tiene secciones.

Y ahora, los requisitos para entrar a la Tierra Prometida ya los hemos visto. Sabemos que Josué representa al Espíritu Santo, el reverendo William Branham también dice que representa al mensajero del tiempo final. Es que el Espíritu Santo estará obrando en esa forma, “porque no hará nada el Señor sin que antes revele sus secretos a sus siervos los profetas.” Pero la Obra será siempre del Espíritu Santo, que es Jesucristo en Espíritu Santo.

Los requisitos para entrar a la Tierra Prometida: estar en el camino que corresponde a la Tierra Prometida. ¿Y cuál es ese camino? Cristo lo dijo cuál es: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” Dice Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6.

Por lo tanto, es importante estar en Cristo, que es el camino al Padre, es el camino de la vida eterna, que nos lleva a la vida eterna, nos otorga la vida eterna, y nos lleva al Padre.

¿Quiénes son los que entrarán a la Tierra Prometida? Yo soy uno de ellos. Esto ya está ordenado por Dios desde antes de la fundación del mundo, porque Dios sabe desde antes de la fundación del mundo quién creería y quién no creería.

Por lo tanto, para Dios no hay ninguna sorpresa. Los que se sorprenden algunas veces son los seres humanos, por algunas cosas, pero a Dios no le sorprende nada: Él sabe todas las cosas que pasarán en este tiempo, lo sabe desde antes de la fundación del mundo; por lo tanto, Él sabía que usted y yo recibiríamos Su Palabra, creeríamos en Él y lo recibiríamos como Salvador, seríamos bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en nosotros el nuevo nacimiento.

La evidencia de haber recibido el Espíritu es que la persona recibe la Palabra de su tiempo, la Palabra de su edad. Tan sencillo como eso. Porque esa es la Palabra de Cristo por medio de Su Espíritu Santo, para cada edad y cada dispensación; y el que es de Dios, la Palabra de Dios oye. Esa es la evidencia de que una persona es de Dios y de que tiene, que ha recibido, el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el cual lo guía a toda justicia y a toda verdad.

“LOS REQUISITOS PARA ENTRAR A LA TIERRA PROMETIDA.”

Cuando uno ve, entiende estas cosas, puede estar tranquilo porque ha descubierto que es un hijo o una hija de Dios y que va a estar en la Cena de las Bodas del Cordero, va a ser transformado, llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y por consiguiente, va a entrar en su cuerpo, en cuerpo glorificado, al Reino celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por ejemplo, de edad en edad, se pasa de una edad a otra; o sea, en términos espirituales las personas son raptadas de una edad a otra edad, tipo y figura del rapto que viene, en donde Cristo se llevará a todos los creyentes a la Cena de las Bodas del Cordero; y después de la séptima edad son colocados más arriba: a la Edad de la Piedra Angular, un rapto espiritual también; y después viene el rapto físico con cuerpos glorificados, para estar con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero.

De edad en edad, todos esos que han estado en la edad que les corresponde, en el tiempo vigente de esa edad, habiendo recibido el mensaje de su edad, son los que formaron la Iglesia del Señor en el tiempo que les tocó vivir, o sea, son las vírgenes prudentes de su tiempo. Así es para nuestro tiempo también.

Es tiempo de que estemos conscientes de quiénes somos, porqué estamos en esta Tierra, cuál es el Programa de Dios y qué ha prometido Dios para nuestro tiempo; y ver cómo gradualmente Él va vivificando, o sea cumpliendo, haciendo realidad lo que Él ha prometido para nuestro tiempo; y Él usa Su propia Iglesia en todo el Programa que Él lleva a cabo.

Cada persona tiene una porción de trabajo para llevar a cabo en la Obra del Señor. Los creyentes hacen su parte; los que son como el que recibió un talento, no hacen nada, pierden la bendición que Dios le dio. Está en el cristianismo completo, está formado de vírgenes prudentes y vírgenes fatuas.

Las vírgenes prudentes son los que entran a la Tierra Prometida en lo espiritual, entran a la edad que les corresponde, tienen el mensaje de su edad, tienen el Espíritu Santo en su edad, que es el que les trae el mensaje para su tiempo, para cada edad; porque ese fue el que Cristo dijo que enviaría, el cual nos guiaría a toda justicia y a toda verdad, y nos daría a conocer todas las cosas que han de suceder. Ese es el Espíritu de Verdad, el Espíritu Santo. Ese es el que han tenido las vírgenes prudentes, de edad en edad, manifestándose en Su Iglesia como Cuerpo Místico a través del mensajero de cada edad y manifestándose en cada individuo con el bautismo del Espíritu Santo para cada individuo. Así es para nuestro tiempo también.

Por lo tanto, hemos visto los requisitos para entrar a la Tierra Prometida; y estamos deseosos de entrar a la Tierra Prometida del cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado; y luego ir en el rapto o arrebatamiento, para entrar a la Tierra Prometida del Reino de Dios en el Cielo, a la ciudad de nuestro Dios, donde será la gran Cena de las Bodas del Cordero.

Y cuando estemos allí, diremos: “Antes había oído. (¿Y luego qué más diremos?) Ahora veo. Ahora veo lo que leí en la Biblia, ahora veo lo que se predicaba acerca de la santa ciudad celestial.” Y veremos a todas esas huestes celestiales en el Cielo, porque Juan el apóstol cuando estuvo arriba en el cielo vio todas estas huestes celestiales: ángeles, querubines, serafines, y así por el estilo. Vamos a verlo porque para eso hemos sido elegidos por Dios y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

El Josué de aquel tiempo, con el cual y en el cual estaba el Espíritu Santo, ha Estado con Su Iglesia, de edad en edad; y continúa en nuestro tiempo: está con nosotros en este tiempo final. Recuerden que San Mateo, capítulo 28, verso 20, dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Por lo tanto, Él está con nosotros, Él está dándonos la revelación de Su Palabra correspondiente a nuestro tiempo, y preparándonos para la entrada a la Tierra Prometida del nuevo cuerpo, del cuerpo glorificado. Y cuando tengamos el nuevo cuerpo, de ahí en adelante las cosas serán más fáciles para nosotros. Y los que han partido resucitarán, y ya nunca más morirán, porque estarán en el cuerpo eterno, en el cuerpo glorificado, un nuevo cuerpo que Él tiene para todos los creyentes en Él, en Cristo.

Para lo cual, la persona tiene que comenzar: escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, conforme al mandato de Cristo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido Cristo como Salvador y nació la fe de Cristo en su alma, puede recibirlo en estos momentos como su Salvador, y Cristo le recibirá en Su Reino. Por lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo los reciba en Su Reino.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Estamos muy cerca de que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo con los que faltan por venir, y estamos muy cerca de que Su Iglesia esté lista para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, cada persona como individuo ocúpese de su salvación con temor y temblor.

Nadie quiere estorbar al Programa Divino, nadie quiere que por causa suya se esté atrasando el Programa Divino; por lo tanto, todos estemos listos esperando Su Venida y esperando nuestra transformación; porque Él viene para transformar nuestros cuerpos y llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, el Cielo, nuestros ojos cerrados, en todos los países y aquí también:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra; el pan nuestro de cada día dánoslo hoy y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, vengo a Ti con todas estas personas que te están recibiendo como único y suficiente Salvador. Señor, recíbelos en Tu Reino, oh Padre celestial. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Creo, Señor, en Tu Nombre, como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Sálvame, Señor. Haz realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, hazla una realidad.

Te lo pido en Tu Nombre glorioso, Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIO DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIO DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIO DE TODO PECADO! AMÉN.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, en diferentes naciones, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bauticé con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico y fue ordenado por Cristo nuestro Salvador, el cual también fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia.

En el bautismo en agua, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando el ministro sumerge a la persona en agua, eso está tipificando la sepultura; cuando la persona ha recibido a Cristo como Salvador, murió al mundo; cuando es sumergido en las aguas bautismales, ha sido sepultado tipológicamente; y cuando resucita – cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo, en Su Reino eterno. Por lo tanto, esa es la tipología, el simbolismo del bautismo; y es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Por eso desde los tiempos de los antiguos se bautizaban las personas. Juan el Bautista estuvo bautizando, Jesús fue bautizado, los discípulos de Jesucristo también bautizaban en las actividades que tenía Jesucristo; y luego, el Día de Pentecostés, comenzó el bautismo en el Nombre del Señor Jesucristo para todos los que recibían a Cristo como Salvador; y comenzó el Espíritu Santo a ser derramado sobre todos los que recibían a Cristo como Salvador. Luego, también, de haber recibido el Espíritu Santo, los 120 que allí estaban esperando la Venida del Espíritu Santo.

Y así ha continuado por alrededor de dos mil años: cada persona que cree en Cristo, que ha recibido a Cristo, bajo la predicación del Evangelio de Cristo, luego han estado siendo bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo; y Cristo ha estado bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego, y produciendo el nuevo nacimiento en las personas. Y todavía se continúa bautizando a las personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador, hasta que entre hasta el último escogido, hasta el último que formará parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que están en diferentes naciones, que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos; y así identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; y que Dios los bendiga a todos ustedes, que están presentes, y los que están en otras naciones.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y será, como siempre les digo, hasta el próximo domingo, Dios mediante. A los que estarán por la – por el canal de televisión y los que estén en el lugar donde sea en vivo, en persona, entonces ahí también estaré.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejó con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez; y en cada nación dejó al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer, a las personas que van a ser bautizadas.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LOS REQUISITOS PARA ENTRAR A LA TIERRA PROMETIDA.”

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