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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países: ministros e Iglesias. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Eclesiastés, capítulo 3, versos 1 al 8, y el capítulo 3, verso 14 al 15. Dice:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado…”

Y el verso 14 al 15 nos dice:

“He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

“TODAS LAS COSAS DEBAJO DEL CIELO TIENEN SU TIEMPO.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.

En el Programa Divino encontramos que ha sido establecido tiempo para cada cosa: tiempo para trabajar y tiempo para descansar, para dormir; tiempo para comer, y luego tiempo para hacer la digestión de lo comido y obtener fuerzas para trabajar, para vivir; tiempo para nacer y después tiempo para morir.

En el tiempo para nacer el niño llora, o niñita llora, pero sus padres y sus familiares ríen; y luego, en el tiempo de morir, si es un creyente, los familiares lloran pero el que se va con Cristo ríe y disfruta en el Paraíso su estadía hasta que ocurra la resurrección.

Para todo hay tiempo. Tiempo para sembrar y tiempo para cosechar. En el tiempo de sembrar se pasa mucho trabajo y es una temporada larga, pero luego viene el tiempo de la cosecha y ahí está el gozo, la alegría, del sembrador: que su cosecha ha sido buena, y eso llena de gozo al que hizo la siembra.

Por eso se habla en la Biblia del gozo, de la alegría de la cosecha; porque si la cosecha no es buena, entonces el que sembró no se goza de haber sembrado, no se goza de haber trabajado, porque el resultado no fue positivo.

Y ahora, vean ustedes cómo nos enseña la Biblia que para todo, debajo del cielo, hay tiempo, tiene un tiempo. La Escritura nos dice (lo que leímos hace unos momentos):

“Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

Por ejemplo, pasó la hora doce hasta la hora sexta del día de ayer; pero ya hoy estamos nuevamente en ese ciclo, ¿ve? Cada día restaura el horario, cada día restaura los días de la semana, y se restauran los días del mes y se restauran las semanas, los meses, y así por el estilo, del año; y se completa el año, y después viene otro año, ¿ve? Eso es una restauración de algo que ya pasó; y lo que va a venir, pues ya eso es lo que se está viviendo, va a volver, pero en un nuevo ciclo.

Por eso a esos ciclos les han puesto por nombre, números: los números de las horas (antes se llamaban vigilias); y también le han puesto nombre a los días para hacer la diferencia de cada día, y han puesto nombres a los meses, y así por el estilo, y a los años le han puesto números también. Pero podemos ver que todo es una restauración de algo que ya sucedió: vuelve, y se van cumpliendo ciclos; y es muy importante saber en el ciclo en que uno está viviendo.

Si usted piensa que está viviendo en el día miércoles por la mañana, en vez de venir para la Iglesia se va para el trabajo; o si piensa que es domingo, se queda durmiendo o sale para la Iglesia y tenía que ser para el trabajo; y eso muestra que no está bien, se le están olvidando las cosas. Y puede llegar al tiempo en que se ponga muy mal la persona y se le olviden las cosas, se le olviden los ciclos, en qué día está, en qué mes está, en qué año está; y se le olviden las cosas que tiene que hacer en cada tiempo, se le olvida el tiempo, el momento que está viviendo. Y así es en lo espiritual.

Y ahora, en los días de Jesús se estaban repitiendo ciclos pasados. Y luego le piden señal a Jesús, y Jesús les dice, en el capítulo 16 de San Mateo:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!

La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”

Ahora no le dijo… no le explicó la señal; en otro de los Evangelios explica. Vamos a ver en San Lucas, capítulo 11, verso 29 en adelante, dice:

“Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás.

Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del Hombre a esta generación.”

Y ahora, en San Mateo*, capítulo 12* [verso 40], vamos a ver lo que nos dice allí… Ahí nos dice que no les será dada señal sino la señal de Jonás, que como estuvo Jonás en el vientre de la ballena por tres días, así el Hijo del Hombre estará en el corazón de la Tierra. Y eso está hablando que, Jonás estar en el vientre de la ballena por tres días y tres noches, está representando a Cristo muriendo, siendo sepultado y estando en el corazón de la Tierra por tres días. Era un tiempo paralelo al de Jonás; y así ha estado aconteciendo en diferentes ocasiones.

Ahora, el caso de Jesús hablándole allá a los fariseos y saduceos, de la señal de Jonás, también Él les habla acerca de las señales de los cielos y les muestra que cuando ven que la nube se levanta del Oeste, del Occidente, dicen: “lluvia viene,” la nube levantándose del Occidente. Y esto nos muestra que hay algo importante en el Occidente que pasará.

Cuando del Occidente se levanta la nube, Cristo dice que ellos dicen: “Agua viene, lluvia viene.” Cuando Elías decretó (por ahí por el capítulo 17 a 18, de Primera de Reyes) que no habría lluvia sobre la Tierra sino por su palabra, esto fue una declaración muy grande.

Capítulo 17 de Primera de Reyes, verso 1, dice:

“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”

Y no dijo por cuántos años, y se detuvo la lluvia. Los cielos quedaron después como bronce: juicio divino. No sabían cuándo volvería la lluvia, pero sí podían saber: “No habrá lluvia, sino por mi palabra.”

La lluvia física representa la Lluvia espiritual, la Lluvia de bendición, la Lluvia temprana y la Lluvia tardía, la Lluvia de la Palabra de Dios revelada para el pueblo. El Evangelio de Cristo como la Lluvia temprana, el Evangelio de la Gracia; y el Evangelio del Reino como la Lluvia tardía. Ambos giran alrededor de la Venida del Señor: la Lluvia temprana alrededor de la Primera Venida de Cristo, y la Lluvia tardía alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Y hasta que Elías allá oró… le dice a Acab, allá en el capítulo 18, luego de una demostración grande de la manifestación de Dios, luego que Elías restauró allí el lugar para hacer el sacrificio…

Elías restauró todo allí, porque el altar estaba arruinado. Él juntó las piedras, 12 piedras, que representan las 12 tribus de Israel. Elías restaurando el altar donde va a caer el fuego y donde se hace – se coloca el sacrificio, se lleva a cabo el sacrificio, es Dios por medio de Elías restaurando a Israel para que venga el fuego divino, la Columna de Fuego regresando a Israel.

Habrá una manifestación grande en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, del poder de Dios; y luego le tocará a Israel la parte para ellos, para lo cual tiene que ser restaurado Israel, las 12 tribus de Israel, que es representado en las doce mil personas, doce mil de cada tribu de los hijos de Israel.

Y luego Elías le dice a Acab: “Ve, sube.”

“Entonces Elías dijo a Acab…”

Esto fue después de que el poder de Dios fue manifestado y luego él mató, degolló, a los falsos profetas, 450* de Baal y 400* de Asera; y luego de eso, la lluvia vendría sobre Israel.

Vean porqué se requiere la restauración de las 12 tribus, de los dos palos, unidos en la mano de Dios para la restauración de las 12 tribus, y por consiguiente, la restauración también del Reino de Dios, que en la Tierra es el Reino de David. Es importante saber estas cosas.

Vean, de Baal hay 450 profetas que estaban de acuerdo con el rey y el rey con ellos; pero Dios no estaba de acuerdo con ellos, eran profecías mentirosas que le daban al rey; pero había un profeta, hubo un profeta genuino: Elías, que no se dejaba comprar. Aunque le costara la vida, él profetizaría lo que Dios le decía.

Es importante saber que después Elías le dice: Capítulo 18, verso 41 en adelante:

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.”

Y los cielos estaban sin nubes pero Elías las estaba escuchando en otra dimensión, está viendo lo que Dios va a hacer; y para que sea hecho, Elías lo tiene que hablar.

“Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.

Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada (no habían nubes; porque para que llueva tienen que aparecer las nubes, que son las que están cargadas de agua). Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.

A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.

Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.

Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.”

Una lluvia grande. Elías pidiéndola ¿dónde?, en el Monte Carmelo, orando y mandando a su siervo a mirar ¿hacia dónde?, hacia el Occidente, porque recuerden que de la tierra de Israel y del Monte Carmelo para mirar hacia el mar tiene que mirar hacia el Oeste. Y la nube que sube del mar: el mar representa naciones, pueblos y lenguas. Y él mira hacia el Oeste, hacia el mar grande.

Ahora recordemos que el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, con el espíritu y virtud de Elías manifestado por cuarta ocasión, dijo que han habido dos retos y el tercero es en el Monte de Sion. El primero, en el monte Carmelo, fue con Elías; el segundo fue en el Monte de la Transfiguración con Jesús, y a su lado Moisng2058 és y Elías, uno a cada lado; y el tercer reto es en el Monte de Sion, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, está el Monte de Sion literal, allá en Israel; y está el Monte de Sion espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, que es también la Jerusalén celestial. Pero siempre en la tipología bajo el Nuevo Pacto, el Monte de Sion es la Iglesia del Señors28 Jesucristo, de la cual el apóstol Pablo nos habla en el capítulo 12, verso 18, de Hebreos. De ahí en adelante dice:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar (o sea, ‘no os acercáis – no os habéis acercado al monte Sinaí’), y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad…”

Cuando Dios le estaba dando la Ley a Moisés, el monte estaba encendido en fuego, había una tempestad, allí habían truenos, la trompeta sonando fuertemente, había oscuridad también, porque la luz resplandece en las tinieblas y sobre las tinieblas; y las tinieblas eran densas, pero allá donde estaba Moisés estaba el Fuego de Dios, la presencia de Dios, la Columna de Fuego.

“…al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Nos hemos acercado al Monte de Sion espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y tenemos el monte literal, que es allá en Jerusalén, donde hay grandes bendiciones para Israel.

Tenemos que ver lo que son los tipos y figuras, y ver que hay una bendición grande, tanto para la Iglesia del Señor Jesucristo como para el pueblo hebreo; por lo cual, oramos por la Iglesia del Señor Jesucristo y oramos también por el pueblo hebreo, son nuestros hermanos.

En Apocalipsis, capítulo 14, nos habla del Monte de Sion. Dice:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”

Ahí, vean ustedes, dice:

“Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;

y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.”

Ahora vean cómo sobre el Monte de Sion estarán ciento cuarenta y cuatro mil que siguen al Cordero. En lo espiritual el Monte de Sion es la Iglesia, en lo literal: un monte allá en Jerusalén.

Estamos en un tiempo en que tenemos que ver y entender, conocer cuáles son las señales que están en las Escrituras que van a estar indicando el tiempo del fin, el tiempo para completarse la Iglesia del Señor Jesucristo y para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; por lo tanto, no podemos ignorar las señales de los tiempos.

El mismo Cristo dice que las personas de aquel tiempo no conocieron el tiempo que estaban viviendo, ignoraron las señales que indicaban que aquel era el tiempo mesiánico, el tiempo para la Venida del Mesías; y por consiguiente, se cumplió y no lo supieron.

Él decía [San Mateo 16:2-3]:

“Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! Que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”

Hemos visto lo importante que es conocer las señales de los tiempos para poder reconocer el tiempo en que uno está viviendo. Si no reconocemos las señales de los tiempos, perderemos lo que Dios estará haciendo en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Capítulo 12, verso 54 al 56 dice, de San Lucas:

“Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente…”

Poniente es el Occidente, el Oeste. ¿Y nosotros dónde estamos? En el Occidente; por lo tanto, nos toca ver esa señal: La nube de Agua, la nube de la Lluvia del Evangelio del Reino, de la Lluvia tardía, levantándose del Occidente, del continente americano, sobre todo de la parte de América Latina y el Caribe. El mar representa pueblos, naciones y lenguas, el mar literal pues es el de agua.

Y ahora, ¿de dónde se levantará la nube de Agua espiritual, de Lluvia tardía? Del Occidente. “Como relámpago que sale del Oriente (la tierra de Israel) y se muestra (¿dónde?) en el Occidente, así será la Venida del Hijo del Hombre.” [San Mateo 24:27].

Por lo tanto, lo que anunció el cuarto Elías que sucedería y la señales que dio, así como las dio Cristo también, se van a cumplir en el Occidente, en el Monte de Sion espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y de ahí pasará al Oriente, al Este, así como pasa el sol del Oeste al Este.

Y el sol que se ve en la tarde, después de la caída del sol, que puede ser de 5:00 a 6:00 de la tarde, o de 5:00 a 8:00, depende de la temporada (si es verano o invierno), es el mismo que va a salir por el Este. Por lo tanto, los primeros que tienen la bienaventuranza, la bendición de ver el sol que va a salir por el Este (¿Qué está esperando Israel? La Venida del Señor), lo va a ver la Iglesia del Señor Jesucristo en el Occidente; porque donde resplandecerá la Venida del Hijo del Hombre será en el Occidente, como el relámpago que sale del Oriente y se muestra (¿dónde?) en el Occidente. Así que vamos a ver con anticipación lo que va a suceder en Israel.

Elías miró y mandó a su siervo a mirar: “Ve y mira hacia el mar,” o sea, hacia el Occidente, que está el Mar Mediterráneo.

Por eso dice el reverendo William Branham que Apocalipsis, capítulo 10, es la Venida del Ángel Fuerte, del Señor, del Ángel del Pacto; y dice que ese es el mensajero a Israel.

Es el Ángel del Pacto, siempre, el mensajero a Israel; el que le dio el Pacto allá en el Monte Sinaí y luego dio el Nuevo Pacto, estableció el Nuevo Pacto allá en el monte en Jerusalén: en la Cruz del Calvario derramó la Sangre del Nuevo Pacto.

En la última cena que tuvo con Sus discípulos, por ahí por el capítulo 26, versos 26 al 29, dice [San Mateo]: “Esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, así como el sol comienza su recorrido en el Este y lo termina en el Oeste, termina el tiempo de alumbrar el día: el Día de la Dispensación de la Gracia comenzó alumbrando allá en Israel, en el Este, Medio Oriente, y termina Su recorrido el Sol de Justicia, ¿dónde?, en el Occidente. ¡Tan simple como eso!

El sol representa a Cristo, la luna representa a la Iglesia también, y el Monte de Sion representa también a la Iglesia.

Y ahora: “Vendrá de Sion el Libertador,” dice San Pablo en Romanos, capítulo 11, versos 25 al 27. Y en Isaías dice: “Vendrá el Libertador a Sion,” capítulo 59, verso 20, de Isaías.

Ahora, podemos ver que una es Sion espiritual y otra es Sion literal; y hay una Jerusalén espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…”

De eso es que nos habla San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

“Transformará el cuerpo de la humillación nuestra;” porque en estos cuerpos, siendo príncipes y princesas del Reino de los Cielos, de lo cual Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 1 y el capítulo 5, y capítulo 20 del Apocalipsis, que son – que Él nos ha limpiado con Su Sangre, nos ha redimido con Su Sangre y nos ha hecho para nuestro Dios, Reyes y Sacerdotes. Y también San Pablo dice: Jueces. Y Apocalipsis, capítulo 20, dice que juzgarán también, los que les es dada potestad para juzgar.

Por lo tanto, podemos ver que así como un príncipe o una princesa de algún país, donde todavía la monarquía esté en efecto (aunque sea en la forma en que algunos países lo tienen, que son reyes pero no mandan, sino que el Gobierno que establecieron – que fue establecido, democrático, es el que tiene el mando político); vean, pero si usted ve a hijos de la realeza vestidos en forma harapienta, están degradando – están en una forma de vestir degradada para la posición que a ellos les corresponde como príncipes y princesas; y si los ven haciendo ciertas cosas que se supone que ellos no hagan, también están haciendo mal.

Y los hijos e hijas de Dios están en la Tierra en cuerpos mortales, temporales; y por consiguiente, nacieron en un día para morir otro día, hasta que ocurra nuestra transformación y ya no veamos muerte, y los que murieron ser resucitados en cuerpos glorificados; y eso es una promesa también para el tiempo en que estamos viendo las señales correspondientes a este tiempo final: señales en el cielo y en la Tierra también; y en la Tierra, tanto en el medio ambiente como también en el mundo espiritual, religioso y político.

“TODAS LAS COSAS DEBAJO DEL CIELO TIENEN SU TIEMPO.”

Tenemos que reconocer el tiempo que nos ha tocado vivir, reconocer las señales que corresponden a nuestro tiempo, y agarrarnos bien del Ángel del Pacto, de Jesucristo; porque el que suelte a Cristo y se aparte de Cristo, se apartó del Nuevo Pacto y ya la Sangre de Cristo no es efectiva para él, queda bajo maldición. Por lo tanto, es importante reconocer las señales del tiempo que nos ha tocado vivir.

Para este tiempo en que vivimos está la promesa de que enviará a Elías como precursor de Su Segunda Venida; y ya lo envió y ya se fue, ya es historia; pero tenemos la promesa que ese ministerio de Elías se repetirá por quinta ocasión; y esa será una señal grande para todos los seres humanos, tanto para el cristianismo también, como para los judíos, que están esperando a Elías, que precursa la Venida del Señor para ellos y anunciará la paz imperecedera; por lo tanto, viene con un mensaje en el cual estará hablando de la paz imperecedera; y la paz imperecedera está enmarcada dentro del Reino del Mesías.

No puede venir hablando de la paz imperecedera: que podrá ser obtenida por tratados internacionales, no. La paz imperecedera la traerá el Mesías Príncipe en su Reino. Fuera de eso, será Tratado de Paz para la paz temporal, de la cual dice San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante:

“Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

Eso es lo que pasará durante el tiempo de la gran tribulación.

Están tratando con diferentes líderes políticos y religiosos para traer una paz temporal, lo cual no está mal, porque en lo que llega la perfecta, tener paz aunque sea temporal, es buena, para que nuestros niños estén tranquilos y las personas puedan ir a trabajar tranquilos, y así por el estilo.

Pero dentro de ese tiempo que va a estar esa paz temporal, de repente se va a desatar un conflicto grande, tanto militar como político, como diplomático, y también en el medio ambiente, en la naturaleza: esos serán los juicios divinos que caerán sobre la raza humana durante la gran tribulación.

Por lo tanto, hay que reconocer las señales correspondientes a este tiempo final y lo que estarán indicando en este tiempo en el cual estamos viviendo; porque si no, nos pasarán por encima sin que nos demos cuenta lo que está pasando en este tiempo final.

Miren allá, con el Mesías en medio de ellos y no lo reconocían, excepto algunos que se dieron cuenta por revelación divina. “No te lo reveló carne ni sangre (le dice Cristo a San Pedro), sino mi Padre que está en los cielos.”

Es por revelación divina que baja directamente de Dios al corazón, al alma de la persona, por medio del mensaje correspondiente al tiempo que la persona está viviendo, y despierta a la realidad:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

Los muertos espirituales, los muertos a la vida eterna. Resucitar a vida eterna, por medio de recibir a Cristo como Salvador y nacer de nuevo, del Agua y del Espíritu: nace a la vida eterna. Es restaurado a la vida eterna espiritual primero, y después, en la resurrección y la transformación de los vivos, a la vida eterna física que Él ha prometido para todos los creyentes en Él; por lo tanto, no descuidemos las señales de los tiempos.

Tenemos terremotos, maremotos, volcanes, todo eso está profetizado. El reverendo William Branham en la página 373 del libro de “Los Sellos” dijo que cuando veamos que estén ocurriendo terremotos así, muchos terremotos, uno por acá y otro por allá, así consecutivos, recordemos que así será el tiempo para la resurrección de los creyentes que han partido, y por consiguiente para la transformación de los que estemos vivos.

Es importante estar despiertos a la realidad. Estemos despiertos a la realidad del tiempo que nos ha tocado vivir, despiertos a las promesas que hay y despiertos para ver esas promesas siendo cumplidas gradualmente, cada una en su debido tiempo, porque para todas las cosas hay tiempo, y por consiguiente, para las cosas de Dios hay tiempo señalado por el mismo Dios.

“TODAS LAS COSAS DEBAJO DEL CIELO TIENEN SU TIEMPO.”

Y usted y yo, para venir a la Tierra tuvimos el tiempo señalado por Dios. No vinimos en un tiempo que nosotros deseamos vivir en la Tierra, porque nosotros no tuvimos para elegir; eso fue elección de Dios. Gracias a Dios que Él eligió para nosotros vivir en este tiempo, el tiempo de las grandes promesas y de las grandes señales para recibir todas las bendiciones divinas y llegar a la resurrección de los muertos y a la transformación de los vivos.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted.

Y también los que están en otras naciones, que no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos y estaremos orando por usted.

Y los que se habían apartado de Cristo y han sentido la necesidad de regresar a los Pies de Cristo porque Dios les ha hablado al corazón, y por consiguiente su nombre no ha sido borrado del Libro de la Vida, puede venir a los Pies de Cristo para ser reconciliado con Cristo.

Y los niños de 10 años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo.

Para lo cual, pueden pasar acá al frente, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente donde se encuentren, allá en las congregaciones, en las Iglesias donde estén.

Lo más importante es la vida eterna. Sin vida eterna no hay esperanza para el ser humano. Sin vida eterna, vivir en esta Tierra por una cantidad de tiempo que ni sabe la persona cuánto será, no es vida.

La vida eterna es recibir a Cristo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo, y así es como recibimos la vida eterna y entramos al Reino de Cristo, al Reino de Dios, que es donde único hay vida eterna, en el Reino de Cristo.

Dios nos ha dado vida eterna y esta Vida está en Su Hijo Jesucristo. El que tiene al Hijo, a Jesucristo, tiene la Vida, la vida eterna; el que no tiene a Cristo, el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida eterna; lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a terminar. Eso está en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13.

Y la buena noticia es que Dios nos ha dado vida eterna. ¿Y esta vida está en quién? En Su Hijo Jesucristo. Para eso es que estamos en la Tierra: para obtener la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. Y asegurar la vida eterna es lo más importante que uno puede hacer en la Tierra, recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Todavía continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo, por lo cual estamos esperando un momentito. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Vamos a estar puestos de pie para orar para las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, nuestros rostros inclinados y ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. En Tus manos los encomiendo, recíbelos en Tu Reino, oh Padre celestial. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, todos los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos.

Te pido, Señor, reconociendo que soy pecador y necesito un Salvador, que, Señor, manifiestes en mí la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario, y perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego, Señor, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo que dice: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Usted me dirá: “Yo creí. Escuché el Evangelio de Cristo predicado y creí en Cristo como mi Salvador, lo he recibido como mi Salvador, y quiero ser bautizado lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado como Cristo fue sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la vida eterna.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso Él dio el mandamiento de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura: “Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Hemos visto el significado del bautismo en agua en el Nombre del Señor. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; por lo tanto, es importante que toda persona creyente en Cristo, que reciba a Cristo, sea bautizado. Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Y ahora dejo al ministro aquí correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados, al reverendo Porfirio Ramón Tillería. Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Con ustedes el reverendo Porfirio Ramón Tillería, aquí presente. Y en cada país el ministro correspondiente.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“TODAS LAS COSAS DEBAJO DEL CIELO TIENEN SU TIEMPO.”

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