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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes lugares, diferentes países, ministros e iglesias y demás personas que están en esta ocasión conectados con esta actividad. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes y también conmigo. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén

Hoy es un día muy importante. Estuve escuchando el anuncio de la campaña de donación de sangre, la cual se efectuará en este mes próximo que comienza mañana. El mes de abril será de donación de sangre en Puerto Rico y otros países. Puerto Rico será el día 20 de abril de este próximo mes, y en otros países pues se pueden comunicar las personas con la Embajada de Activistas por la Paz de su país, con el coordinador, para que les indique cuándo será el día de donación de sangre en su país.

La sangre es indispensable para vivir. Al donar estás ofreciendo una oportunidad de vida a personas que han sufrido alguna enfermedad o accidente. Con una sola donación se pueden salvar hasta tres vidas.

La sangre no puede fabricarse, sólo se obtiene a través de la donación. La fábrica la tiene cada persona. Recuerden que el ser humano, la persona, tiene un laboratorio dentro; y la sangre, ningún otro laboratorio la ha podido fabricar; así que usted tiene el laboratorio más importante, el laboratorio donde está la vida; porque la vida está en la sangre.

Por eso es tan importante para la participación y compromiso de toda la sociedad. Es un acto altruista, y no requiere de condiciones especiales, puede ser donante cualquier persona con buen estado de salud.

Al donar sangre habitualmente, dos o tres veces al año, se mejoran los procesos de oxigenación y exalta su grandeza humana al saber que contribuyó a salvar la vida de muchas personas.

A todos los voluntarios y activistas que desean participar, les pedimos que entren en contacto con los coordinadores de la Embajada de Activistas por la Paz en sus respectivos países.

Recuerden que el Donante de Sangre más importante, que la donó para salvar la vida de toda la humanidad, se llama el Señor Jesucristo; la donó en la Cruz del Calvario, para salvar vida.

La donación de sangre es para salvar vida, porque la vida está en la sangre, la sangre tiene la savia de la vida; por lo tanto, bien pueden participar de la donación de sangre que se llevará a cabo este mes próximo de abril en Puerto Rico, todo Estados Unidos, toda la América Latina, España también y demás lugares.

Y hablando del Donador de Sangre más grande: Jesucristo, el cual la donó y luego estuvo tres días —como Él había dicho— en el sepulcro, resucitó glorificado. Por lo tanto, Jesucristo está muy satisfecho de haber donado Su Sangre para la familia humana. Era el único que lo podía hacer y salvar al mundo; por eso se esperaba la salvación del mundo por medio de la Venida del Mesías Príncipe; y Él sabía cómo tenía que hacer para salvar al mundo; porque el Hijo del Hombre no vino para perder el mundo ni para condenar al mundo, sino para salvar al mundo.

Dice el verso 10 de Isaías 53, verso 10 al 11, dice:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”

Cristo está muy satisfecho por haber llevado el Sacrificio de Expiación por el pecado en la Cruz del Calvario; y está vivo, joven como cuando subió al Cielo, y vivirá eternamente. Y todos los que le han recibido como Salvador también vivirán eternamente; porque la Sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado, nos ha redimido con Su Sangre.

Él había dicho que subiría a Jerusalén, sería tomado preso, sería juzgado y condenado, y sería crucificado, pero al tercer día se levantaría, resucitaría.

El viernes vimos: La Crucifixión de Cristo en la Biblia; y el domingo anterior al viernes, el domingo anterior a este, habíamos visto: La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Y en esta ocasión vemos, estamos viendo: La Resurrección de Cristo en San Mateo, capítulo 28, versos 1 en adelante, donde dice:

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana (o sea, domingo), vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.

Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,

he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”

“JESUCRISTO HA RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS,” el primer día de la semana, domingo de esa Semana Santa, allá en Jerusalén.

La resurrección de Cristo es el Sello que garantiza la salvación y vida eterna para todos los seres humanos. Y luego Él sella con Su Espíritu a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Si Jesucristo no resucitaba, en vano era la fe de Sus discípulos y la nuestra también. Él había dicho que iba a resucitar, y si no resucitaba entonces Su profecía no era correcta.

La resurrección está señalada para el tercer día, que viene a ser el día domingo. El día domingo vino a ser el tercer día de esa semana, porque el primer día de esos tres días fue viernes, el segundo fue sábado y el tercero fue domingo. Al tercer día de haber muerto, Él resucitaría.

Ese día, siendo domingo, y el domingo es el primer día de otra semana, de la semana que está comenzando… la semana siempre comienza domingo y termina sábado; el domingo nos habla de eternidad. Él resucitó para nunca más morir.

Por eso la resurrección —también para todos los creyentes en Cristo— será para una etapa representada en el día domingo, que no es otra sino la Etapa de Oro de la Iglesia, la etapa de Edad de Piedra Angular, luego que han transcurrido las siete etapas de la Iglesia.

Es importante entender estas cosas para así comprender por qué en otras etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo no podía ocurrir la resurrección de los creyentes que han muerto físicamente y la transformación de los que estén vivos. Aunque en todas las etapas los creyentes en Cristo tenían que estar esperando la resurrección de los muertos creyentes y la transformación de los vivos para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que es un Programa Divino lo que está siendo llevado a cabo con todos los creyentes en Cristo, con los cuales es formado el Templo espiritual de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual estaba en Cristo, así como en Adán estaba Eva, estaba en Adán aun antes de Adán tener un cuerpo de carne; porque Dios creó a Adán varón y hembra, o sea, masculino y femenino; por eso, luego que le da el cuerpo físico a Adán, en Adán estaba también Eva. El espíritu masculino de Adán y el espíritu femenino de Eva estaban en Adán.

Y luego Dios toma de Adán, de su costado, se dice que una costilla, y de ahí formó un cuerpo femenino, y ahí pues colocó el espíritu femenino que estaba en Adán; y por eso se le llama a la compañera que Dios le dio: Ishshah o Varona; y luego se le coloca el nombre de Eva a través de la Escritura, porque ella viene a ser la madre de todos los vivientes.

Y ahora, encontramos que Eva tipifica la Iglesia del Señor Jesucristo y Adán tipifica a Cristo. Así que el Día de Pentecostés, así como Dios sacó de Adán a Eva (la compañera de Adán), Dios saca de Cristo la compañera de Cristo, que es Su Iglesia, y coloca el Espíritu de Cristo en ella; porque en Cristo estaba también el Espíritu que tendría la Iglesia, así como en Adán estaba el espíritu masculino y el espíritu femenino.

Las personas que formarían parte de la Iglesia del Señor Jesucristo están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y cuando Cristo estuvo creando el universo, ahí estaba el Espíritu que estaría en la Iglesia; o sea, que la Iglesia estaba en Cristo eternamente; por eso son restaurados a la vida eterna.

Por ellos es que Cristo murió en la Cruz del Calvario: Tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esas son las ovejas que el Padre le dio para que las buscara y les diera vida eterna, conforme a San Juan, capítulo 10, versos 14 al 30, y de las cuales dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Por lo tanto, esas personas son llamados a través de la Escritura (por ejemplo en Romanos) como los predestinados, los elegidos. Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39, y también Efesios, capítulo 1, versos 10 al 14, y capítulo 2, versos 11 al 22.

Esos son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, esas son las personas que escucharían la Voz de Cristo, del segundo Adán, por medio del Espíritu Santo a través de la predicación del Evangelio de Cristo, y nacería la fe de Cristo en su alma, creerían y lo recibirían como Salvador.

O sea que Dios sabe desde antes de la fundación del mundo quiénes iban a creer, porque Dios es omnipresente y omnisciente; por lo tanto, Él nos conoce desde antes de la fundación del mundo: estábamos en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios, éramos un atributo en la mente de Dios.

Así como cuando los jóvenes piensan: “Cuando ya me case voy a tener con mi esposa tantos niños; al mayor le voy a poner por nombre fulano de tal, al segundo fulano de tal; y por si hay algún problema, entonces escogeré un nombre para varón y un nombre para niña.” Y ya era un pensamiento en la mente de ese joven; y luego ve su pensamiento materializado cuando tenga el bebé.

En la mente de Dios éramos un atributo, un pensamiento divino; así que vean desde cuándo Dios pensó en usted y en mí: desde antes de la fundación del mundo. Eternamente estábamos en el pensamiento divino.

Y lo que Dios ha estado haciendo es materializando esos pensamientos: A través de las profecías habla Dios Su Palabra profética, que son los pensamientos de Dios, dándolos a conocer por medio del Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo el Ángel del Pacto.

Por eso Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” ¿Cómo era? Era el Ángel del Pacto. Aparecía en una Columna de Fuego y algunas veces podían verlo también en un hombre de otra dimensión, llamado el Ángel de Dios o Ángel del Pacto, porque un espíritu es un cuerpo teofánico de otra dimensión. Era Cristo el Ángel del Pacto, en Su cuerpo angelical, cuerpo teofánico.

Y Él vino a la Tierra: El Espíritu Santo creó una célula de vida, de sangre, en el vientre de María, y ahí comenzó la vida a formarse, la vida física del cuerpo físico, en el vientre de María; hasta que se formó y, digamos, a los nueve meses nació el bebé del cual el Ángel Gabriel le dijo a la virgen María que le pusieran por nombre Jesús. Jesús es la traducción pero en hebreo pues viene a ser Yeshua. Suena raro, pero es así.

Es igual que, usted va a China o a Rusia o algún país que usted no conoce el idioma, y toman el nombre suyo y lo hablan en idioma chino o ruso; pueden estarlo llamando a usted y usted escuchando y no sabe que es usted. Así sucede también con estos nombres de la Biblia. Pero lo importante es saber, conocer la historia y saber que han sido traducidos al español, al inglés y a todos los idiomas de la Tierra.

En algunos idiomas suena igual el nombre Jesús, y eso es bueno; y ojalá que en todos los idiomas sonara igual, la pronunciación fuera la misma y se escribiera en la misma forma; pero cada país tiene su idioma, las naciones tienen sus idiomas y ellos son los que deciden cómo hay que escribir las cosas.

Ahora, lo más importante es saber que Jesucristo es Yeshua en hebreo, y es el Salvador del mundo, el cual obtuvo una vida terrenal acá en la Tierra, para morir. Él sabía que ese cuerpo estaba creado para morir, pero que sería resucitado glorificado. Así como nosotros sabemos que hemos venido a la Tierra con un cuerpo mortal, corruptible y temporal, en la permisiva voluntad de Dios, el cual tiene que morir; porque “la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.” Este cuerpo corruptible no puede heredar el vivir eternamente así como está; necesitamos una transformación. Y los que murieron, si resucitan en el mismo cuerpo, volverían a morir.

Vean ustedes, Lázaro fue resucitado en el mismo cuerpo y después tuvo que morir; tiene que ser una resurrección en un cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad, un cuerpo perfecto como el que tiene el Señor Jesucristo.

Por lo tanto, siendo esa una promesa, va a ser cumplida en el Día Postrero, en el ciclo divino que está representado en el domingo de resurrección. No sabemos en qué mes del año ni en qué semana del año; del año en que se cumpla no sabemos en qué semana y día y mes va a ocurrir la resurrección; pero todos sabemos que será en la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero, en el tiempo final.

Ya han transcurrido las siete etapas de la Iglesia y ahora nos estamos enfrentando el entrelace del domingo espiritual como etapa, como edad, que corresponde a la Etapa de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular; porque para la Venida del Señor tiene que haber una etapa que sea representante de Piedra Angular. Y la Piedra Angular es Jesucristo, la Piedra del Ángulo que estamos esperando. Y Él vendrá para nuestra transformación, porque Él resucitó glorificado; y por consiguiente, podía decir: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

Él lleva alrededor de dos mil años o dos mil años y algo (contando los años a razón de 360 días y los meses contándolos a 30 días), ya llevamos más de dos mil años, ya hemos pasado un poquito; y Él ha prometido regresar.

Y vendrá con el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis, capítulo 5, y Apocalipsis, capítulo 10, donde desciende del Cielo con Su rostro como el sol y con el arco iris alrededor de Su cabeza, envuelto en una nube y con un Librito abierto en Su mano, el cual es el Libro sellado con siete sellos, que ya lo abrió en el Cielo; en Apocalipsis, capítulo 5, lo toma; en Apocalipsis, capítulo 6, lo abre; y en el capítulo 8 abre el Séptimo Sello.

Primero tiene que hacerlo en el Cielo, eso; lo cual será cuando Él termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, donde está como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, el cual recibe a Cristo como Salvador en el tiempo que le toca vivir.

Mientras no estén listas esas personas Él no puede salir del Trono de Intercesión, donde está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. El Sumo Sacerdote del Templo celestial es Jesucristo, y Él efectuó el Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario por el pecado. Y él cuando resucitó, subió al Cielo y presentó Su Sangre en el Lugar de Intercesión, el Lugar Santísimo celestial, del Templo celestial, así como hacía el sumo sacerdote el día diez del mes séptimo de cada año, conforme a Levítico, capítulo 16, verso 1 en adelante; y también encontramos en Levítico, capítulo 23, versos 26 en adelante, que el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo para efectuar esa intercesión con la sangre del macho cabrío de la expiación.

O sea, que Cristo está representado, no solamente en el sacrificio del cordero pascual sino también en el sacrificio del macho cabrío de la expiación del mes séptimo de cada año, y en el sacrificio del cordero pascual del primer mes del año religioso judío; sacrificio que se efectuaba el día 14, y ya el día 15 era la Pascua.

En la víspera de la Pascua se efectuaba la muerte del cordero pascual; por eso Cristo murió el día antes del día de la Pascua: murió a las 3:00 de la tarde, la hora de efectuarse el sacrificio.

Es importante entender la bendición tan grande que Cristo ganó para todos los que le recibirían como su único y suficiente Salvador; allí fue la victoria más grande de Cristo: la resurrección.

Él había sido crucificado, había descendido al infierno, la quinta dimensión, donde están, estaban y están todavía, las almas en cuerpos espirituales de los que fueron desobedientes en el día de Noé. De eso es que habla San Pedro en Primera de Pedro, capítulo 3, versos 18 al 22. Dice:

“…En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Algunas personas dicen: “Dios es tan bueno y tan amoroso que Él no puede destruir a la humanidad.” Pues miren, en el día de Noé, en el tiempo de Noé, con el diluvio fueron destruidos los habitantes de la Tierra, y solamente quedaron Noé y su familia.

También encontramos que Él puso un pacto con la Tierra: de que no la destruiría más con agua; por consiguiente, será con fuego.

Malaquías 4, versos 1 al 6, dice: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

O sea que viene un tiempo de fuego atómico, fuego volcánico y todo tipo de fuego que puede ser encendido; más los terremotos, maremotos y demás problemas, lo cual está incluido en las siete plagas que se estarán repitiendo; acompañándole a todo eso: una Tercera Guerra Mundial atómica que será inevitable.

Pero esperamos que cuando eso ocurra, ya la Venida del Señor a Su Iglesia, la transformación de los vivos en Cristo y la resurrección de los muertos, se haya llevado a cabo, y hayamos sido llevados a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, en lo que el cristianismo conoce como el rapto o arrebatamiento de la Iglesia del Señor Jesucristo.

San Pablo nos dice en Primera de Tesalonicenses… Esto es para todos los creyentes en Cristo, que son los beneficiarios de la Obra Redentora de Cristo nuestro Salvador: muerte, sepultura y resurrección de Cristo, lo cual muestra que fue una Obra perfecta, la Redención, porque Él fue el Redentor semejante de la raza humana, y por eso es el Intercesor entre Dios y el ser humano; y por eso Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6.

No hay otro Intercesor. Hay solamente uno y Su Nombre es Señor Jesucristo. Por eso Él decía: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.”

Ahora, en Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante, dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche…”

O sea, que será un secreto la Venida del Señor para Su Iglesia, para la transformación y el arrebatamiento; pero nos da una señal aquí, dice:

“…que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

Por eso este tiempo se habla mucho de paz, y se está buscando la paz, porque el mundo está muy violento. Las naciones están bajo tensión, y la humanidad, las naciones, están llenas de violencia en los diferentes campos de la sociedad; pero habrá una paz temporal que va a ser establecida.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.”

O sea, que habrá un pueblo creyente en Cristo, que va a estar al tanto de todas estas cosas que estarán sucediendo y estarán viendo estas señales que anteceden a la Venida del Señor, a la resurrección de los muertos en Cristo, a la transformación de los creyentes en Cristo que estarán vivos, y al rapto o arrebatamiento de la Iglesia para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y esto será así porque Cristo resucitó de entre los muertos; resucitó el día octavo o primer día de la semana, que es domingo. Y luego aparecía, digamos, los domingos aparecía a Sus discípulos; la segunda vez que apareció a Sus discípulos fue domingo también. Y eso nos muestra que a lo menos en ocho ocasiones apareció a Sus discípulos. Y el día que ascendió al Cielo también tuvo que ser domingo. Y el Día de Pentecostés también fue domingo.

El Año de Pentecostés también es un año dominical representado en el día domingo. Y la Edad de Piedra Angular es también Edad de Domingo o Dominical, representada en el día domingo, y por consiguiente, en el domingo, que corresponde al año 50, o sea, representado en el año 50; como el Día de Pentecostés ocurrió el día 50, contando desde la resurrección de Cristo: 50 días después ocurrió la Venida del Espíritu Santo a los discípulos del Señor Jesucristo en el aposento alto, donde estaban esperando la Venida del Señor en Espíritu Santo.

Y ahora, los creyentes en Cristo, vean cómo los muestra San Pablo aquí… No van a pasar por los juicios divinos de la gran tribulación, porque la Sangre de Cristo los ha limpiado de todo pecado y no tienen el porqué pasar por la gran tribulación para ser purificados.

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.”

Por lo tanto, tenemos que estar despiertos espiritualmente, como nos dice San Pablo en Efesios, capítulo 5, verso 14:

“Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

Tiene que, espiritualmente, la persona estar despierta, así como para recibir a Cristo y obtener la salvación y vida eterna, tuvo que despertar, hubo un despertamiento del alma de la persona; ocurrió cuando escuchó la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibió como Salvador.

El Señor Jesucristo dijo que los muertos escucharían la Voz del Hijo de Dios, el Hijo del Hombre; y esas personas, en el campo espiritual encontramos que son los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

“Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.”

[San Juan 5: 25-26]

Y ahora, vean, nos da vida eterna cuando escuchamos la Voz del Hijo de Dios, de Jesucristo, por medio de la predicación del Evangelio de Cristo; y despertamos, somos despertados. Eso es una resurrección espiritual del alma, donde recibimos vida eterna, despertamos a la vida eterna.

Y cuando llegue el momento para el despertamiento físico de los que murieron, lo cual será la resurrección, vendrán a la Tierra para obtener esa resurrección y glorificación; así como Cristo pasó por el Paraíso y trajo en la resurrección, cuando resucitó, trajo con Él a Abraham, a Isaac, Jacob y los profetas, todos esos santos del Antiguo Testamento, los cuales resucitaron con Él y aparecieron a muchos en la ciudad, en cuerpos jóvenes, y luego subieron con Él al Cielo cuando Él se fue. Y eso cumplió el Salmo 24: Subieron con Él.

Así también será: Cristo pasará por el Paraíso en Su Venida y traerá con Él a los que durmieron, los que murieron físicamente, y los resucitará en esta Tierra en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos nos transformará.

Y todo esto es así porque Cristo resucitó y está llevando a cabo un Programa de vida eterna para restaurar a todas esas personas que estaban en Dios y que estaban en Cristo cuando apareció; porque era Dios velado en un cuerpo de carne llamado Jesucristo, en el cual estaba la plenitud de Dios, la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso Cristo podía decir: “El Padre que mora en mí, es mayor que yo.” Así como nosotros podemos decir: “Nuestra alma, que mora en nuestro cuerpo, es mayor que nuestro cuerpo físico.” Es lo más importante, es el lugar santísimo de nosotros como templo espiritual.

Y ahora, Cristo venció la muerte allá en el infierno y obtuvo las llaves del infierno y de la muerte, las cuales se las quitó al diablo, el cual las tenía; Cristo se las quitó; y por eso salió juntamente con los santos del Antiguo Testamento de allá, de la tumba; salió del infierno primero, Cristo, y pasó por el Paraíso; y luego salió de la tumba con todos los santos del Antiguo Testamento.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 1, nos dice Cristo… Porque nos preguntamos algunas veces: “¿Cómo será que va a suceder la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos?” Veamos… El que lo va a hacer tiene el poder. Dice Apocalipsis capítulo 1, verso 17 en adelante:

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies.”

O sea que Juan cuando vio a Jesucristo en la visión aquí, cayó como muerto a Sus pies.

“Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

O sea que Él tiene las llaves del infierno y de la muerte, Él tiene las llaves de la muerte y del sepulcro, del Hades; y Él fue el que murió pero también el que resucitó glorificado. Por lo tanto, Él nos libertará físicamente dándonos la transformación para los que vivimos y la resurrección en cuerpos glorificados para los que murieron; o sea, que lo mismo que sucedió con Él sucederá con todos los creyentes en Él, sucederá con Su Iglesia-Novia, la segunda Eva; así va a suceder.

Con los hijos de la segunda Eva, Su Iglesia, sucederá como sucedió con Jesucristo. Por lo cual, yo estoy esperando mi transformación. ¿Y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

Y los que murieron le dijeron al reverendo William Branham cuando él estuvo visitándolos, cuando estuvo allá y los vio, le dijeron: “Nosotros estamos aquí esperando la Venida del Señor.”

Así como Abraham, Isaac y Jacob estaban esperando la Venida del Señor allá en el Paraíso, los que murieron en Cristo están esperando la Venida del Señor al Paraíso; y dice que va a haber un juicio allá, y dice que luego regresarán a la Tierra y tomarán cuerpos aquí, y entonces podrán comer; por lo tanto, los invitaremos a comer. Eso mostrará que están ya resucitados en cuerpos glorificados porque como espíritus no pueden comer, en el cuerpo angelical no comen, le dijeron a él allá. “Aquí ni comemos ni bebemos ni dormimos; pero cuando regresemos a la Tierra, entonces podemos comer, comeremos entonces.”

Es como Cristo cuando resucitó, creían que era un espíritu Sus discípulos. Él les dijo: “Un espíritu no tiene cuerpo – no tiene carne y huesos como yo tengo. ¿Tienen algo de comer?” Le dieron un pedazo de pescado, un pez o un pedazo de pescado y panal de miel, y comió delante de ellos. Esa fue la evidencia de que estaba, no en cuerpo angelical o teofánico sino en cuerpo glorificado, ya resucitado. Por lo tanto, esa misma señal van a traer, van a dar, los que van a resucitar.

Y nosotros, cuando estemos transformados también podremos comer, aunque no tengamos necesidad de comer en el cuerpo eterno y glorificado.

Y ahora, el que murió dice: “Yo soy el que estuve muerto y he aquí que vivo para siempre, por los siglos de los siglos.” Él mismo ha dado testimonio de que Él murió pero resucitó; y Sus discípulos también dieron testimonio de que murió y resucitó; y el Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés hacia acá ha estado dando testimonio de que Jesús murió y resucitó; y todos los creyentes en Él, en Cristo, han estado dando testimonio de que Cristo murió y resucitó.

Y nosotros que vivimos en el tiempo final, continuamos dando testimonio que Jesucristo murió y resucitó. Por lo tanto, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo, conforme al Orden de Melquisdec, como Sumo Sacerdote intercediendo por todos nosotros, el cual no puede salir del Lugar de Intercesión hasta que complete Él Su Iglesia; y la completará en esta etapa final, la etapa de Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde la mayoría de los que estarán viviendo cuando se complete la Iglesia, la mayoría que estén viviendo en la Tierra, no tendrán que ver muerte sino que serán transformados, los creyentes en Cristo; pero no sabemos en qué año se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo. Y aun pueden estar escuchando el Evangelio de Cristo pero todavía les puede faltar ser preparados, estar listos para su transformación. Por lo tanto, es importante estar bien agarrados de Cristo nuestro Salvador en este tiempo final en el cual estamos viviendo.

Los creyentes en Cristo de nuestro tiempo tendrán también como señal el cumplimiento de la Visión de la Carpa que vio el reverendo William Branham, a donde el Espíritu Santo lo llevó y vio todo lo que estaba allí aconteciendo. Esa será una señal para los escogidos de Dios.

Esto será una señal que va a despertar completamente a los creyentes en Cristo que van a ser transformados, porque esa señal va a ser vista mundialmente, porque estamos en un tiempo en que hay televisión, hay satélites, hay todas estas cosas; y por consiguiente, se podrá ver cuando esté siendo cumplida esa visión.

Y va a ser de mucho regocijo, de mucha alegría, para todos los que habrán trabajado y continuarán trabajando en esa promesa divina. Porque siempre hay que trabajar basados en las promesas de Dios para el tiempo en que uno está viviendo.

Trabajar y cumplir las promesas divinas es hacer la voluntad de Dios, es estar trabajando y haciendo, por consiguiente, la voluntad de Dios, cumpliendo la labor que hay que llevar a cabo en el tiempo en que uno está viviendo.

No es solamente llegar a la Iglesia y sentarse, oír e irse y no hacemos nada más. Cristo en una ocasión dijo: “La mies es mucha y pocos los obreros, pedid al Padre de la mies que envíe más obreros a Su viña, o a Su hacienda.”

Por lo tanto, recordando las parábolas de los talentos y de las… de los talentos, que era dinero que Él les daba, lo cual representa, puede ser un don, un ministerio, un talento o dinero, para trabajar en la Obra del Señor. Después Él va a pedir cuentas de todo lo que nos dio a nosotros y cómo lo usamos. Él viene para recompensar a cada uno según sea ¿qué? su Obra, dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 12.

Y todos sabemos que Él no quiere vagos ni tiene vagos en Su Reino, ni vagos entrarán a Su Reino; por lo tanto, Él tendrá un pueblo trabajador en nuestro tiempo como lo ha tenido en todas las etapas de Su Iglesia.

La buena noticia de la Semana Santa es que Cristo ha resucitado de entre los muertos, glorificado, y subió al Cielo y se sentó a la diestra de la majestad de Dios, y recibió todo poder en el Cielo y en la Tierra.

San Mateo, capítulo 26, verso 64, Él dijo que se sentaría a la diestra en las alturas, a la diestra de Dios, a la diestra del poder de Dios.

Y también en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20, dice: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”

Ya resucitado, cuando le aparece a Sus discípulos y ya tenía que irse, les dice: “Y estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto, el que tiene el poder de todo el universo tiene un Nombre, y Su Nombre es Señor Jesucristo.

Él sabía por lo que estaba luchando. En ese tiempo era la conquista del Trono celestial, y lo obtuvo Él. El enemigo de Dios, el diablo, también quería obtenerlo pero no lo logró.

Para este tiempo la lucha será por el Trono de David. Lo he dicho en otras ocasiones. El anticristo va a tratar de conquistar ese Trono, va a tratar de que lo sienten en el Trono de David y lo declaren como el Mesías que está esperando Israel. Les prometerá la paz temporal: esa es la paz que él, única paz que él puede ofrecerle porque no tiene la paz eterna y permanente para Israel. Pero eso lo vamos a dejar quietecito ahí, sabiendo que Cristo ha resucitado de entre los muertos, y por consiguiente nos ha conquistado, para todos nosotros, la restauración a la vida eterna, al Reino eterno, y por consiguiente, a la herencia eterna de todo lo que perdió Adán y Eva en la caída.

Con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y ascensión al Cielo, todo lo que perdió Adán y Eva, lo conquistó Jesucristo; ahora solamente falta que Él lo reclame y establezca Su Reino en esta Tierra.

En lo espiritual ya estamos disfrutando de Sus bendiciones, pero falta la parte física, para lo cual también la parte física nuestra será transformada, nuestro cuerpo, para estar con Cristo como reyes, sacerdotes y jueces en Su Reino, el Reino del Mesías.

Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que durmieron ha sido hecho; luego resucitarán los que son de Cristo, en Su Venida, todos los creyentes en Cristo. Para lo cual, la persona habrá escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y lo habrá recibido como único y suficiente Salvador, habrá sido bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo habrá bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y habrá producido en la persona el nuevo nacimiento.

Y si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino; porque todos queremos la bendición de la vida eterna que otorga Cristo a los que escuchan Su Voz.

Para lo cual, puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted; y los que están en otras naciones también pueden venir a Cristo para que Cristo les reciba como Salvador; donde se encuentren pueden pasar al frente en la iglesia, auditorio o el lugar donde se encuentre, allá en el país donde se encuentren, también, para recibir a Cristo como Salvador.

Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Cristo dijo [San Marcos 16:15-16]:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Cristo ha resucitado, y ahora lo podemos recibir como nuestro único y suficiente Salvador. Hay un sepulcro vacío: el de Jesucristo, porque Él resucitó.

Hay muchos sepulcros de grandes líderes religiosos donde le van a llevar flores, porque allí están los restos de esa persona; pero al sepulcro de Jesucristo no se puede ir a llevarle flores porque Él no está allí, Él ha resucitado. Él ha resucitado y por consiguiente lo que podemos llevarle, no al sepulcro sino a Él, es nuestra vida, nuestra alma, para que nos dé vida eterna.

Vamos a estar puestos de pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión. Y luego oraremos por las personas que estén viniendo a los Pies de Cristo en diferentes países; luego los bautismos y después la Santa Cena y Lavatorio de pies.

La Santa Cena en donde recordamos, conmemoramos, la muerte de Cristo y Su resurrección. A través de la Santa Cena: el pan representando el cuerpo y el vino representando Su Sangre; lo cual comemos y tomamos en memoria de Cristo.

Él dijo: “Haced esto en memoria de mí.” Dando el pan a Sus discípulos para comer, dijo: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo que por muchos es partido.” Y tomando la copa de vino y dándola a Sus discípulos, después de dar gracias al Padre, dijo: “Tomad de ella todos porque esta es mi sangre que por muchos es derramada, o por vosotros es derramada, o por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Eso fue lo que Él dijo, y dijo que lo hicieran en memoria de Cristo: es un mandamiento del Señor Jesucristo.

“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto.”

[San Mateo 26:28]

Vean, del Nuevo Pacto. No hay Pacto nuevo ni está una persona en un Nuevo Pacto sin la sangre de Cristo, para lo cual tiene que creer en la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario donde derramó Su Sangre, la Sangre del Nuevo Pacto, y en donde Su cuerpo fue crucificado.

Y tomando la Santa Cena estamos recordando, conmemorando y recordando, memorando, el cuerpo de Cristo y la Sangre de Cristo, que fue crucificado y derramada la Sangre de Cristo allí en la Cruz del Calvario, por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

No hay remisión de pecados sin la Sangre de Cristo. Tan sencillo como eso. Esa es la diferencia que hay: que los creyentes en Cristo tienen el Sacrificio de la Expiación por el pecado, tienen la Sangre de la Expiación, la Sangre del Nuevo Pacto que nos limpia de todo pecado. Y sin ese Sacrificio y sin esa Sangre, nadie tiene la expiación por sus pecados; y Dios no acepta otra cosa: para la persona estar reconciliada con Dios necesita ese Sacrificio de Expiación por sus pecados.

Vamos a inclinar nuestros rostros para orar por los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones.

Padre nuestro que estás en los cielos en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti trayendo a todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, en diferentes lugares:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego, Señor, me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Haz una realidad Tu Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para todos los que te recibirían como Salvador.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino por cuanto ustedes lo han recibido como único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, en el Nombre del Señor. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo; pero es un mandamiento de Cristo el bautismo en agua, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Así está establecido en la Palabra de Dios.

Y por consiguiente, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad  en el Reino de Cristo nuestro Salvador. Y también nos veremos en la Santa Cena, y también nos continuaremos viendo en todos los días que nos faltan en esta Tierra, en el Milenio, en la Cena de las Bodas del Cordero, en el Milenio y por toda la eternidad.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar esta primera parte.

Y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para continuar e indicarle a las personas que han recibido a Cristo, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos, una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“JESUCRISTO HA RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS.”

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